EL VALOR DE LA GENEROSIDAD
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Razón de sobra tenían nuestros antepasados al decir que la generosidad y el desprendimiento son un buen negocio, y es que “hacer el bien sin mirar a quien” es un punto clave para tener éxito en la vida, no hay que dar esperando una recompensa, pero Dios todo lo ve y seguramente en el momento que más lo necesitemos nos tenderá su maravillosa mano para sacarnos de esos apuros que se presentan en el momento menos esperado de nuestras vidas.
Sin duda alguna el valor del desprendimiento nos enseñará a poner el corazón en las personas, y no en las cosas materiales, porque la generosidad bien entendida consiste en saber utilizar correctamente nuestros bienes y recursos evitando apegarse a ellos y, si es necesario, ponerlos al servicio de los demás.
El desprendimiento como valor se origina al reconocer que todos tenemos necesidades y en algunos casos encontramos personas con carencias. En cualquier situación debemos superar nuestro egoísmo e indiferencia para colaborar en el bienestar de los demás, no importa si es mucho o poco lo que hacemos y aportamos, lo significativo es tener la conciencia de ofrecer algo, de aportar. En la generosidad que requiere el desprendimiento no cabe ofrecer algo que nos sobra, debemos colaborar pero con cosas útiles en lugar de regalar “las cochinadas que nadie ocupa”.
Porque el verdadero valor del desprendimiento tiene que ver con varios aspectos, entre ellos: la importancia que le damos a las cosas, el uso que hacemos de ellas y la intención que tenemos para ponerlas al servicio de los demás. En ocasiones vivimos y trabajamos sin descanso para poseer aquello que tanto nos ilusiona (carros, joyas, ropa, aparatos, viajes, etc.) y nuestra vida se mueve a ese ritmo, sin embargo, si no tenemos cuidado llegará el momento en que a pesar de la satisfacción que nos produce llenarnos de cosas, estaremos vacíos internamente.
A veces en broma, pero la mayoría en serio, hemos escuchado decir de alguien: “quiere más a su carro que a (...)”, “ni se le ocurra tocar sus (...) porque tendrás problemas”, “ni se lo pidas, jamás presta lo que tiene”, “ todo su dinero lo ocupa para (...)”, etc., y todas ellas reflejan a una persona con apego inmoderado por lo que tienen. Debemos recordar que en el orden de los afectos, las personas y su bienestar ocupan el primer lugar antes que nuestra persona misma o las cosas materiales.
Tengan muchísimo cuidado porque existen personas que ponen todo su corazón en las cosas materiales, y cuando caen en desgracia “todo el mundo les da la espalda” porque ellos se encargaron de matar la amistad.
Los egoístas consideran que las cosas materiales están por encima de las personas, por eso les parece absurdo compartir lo que tienen, a ellos jamás se les ocurre que el desprendimiento supone un esfuerzo para superar ese sentimiento de posesión y exclusividad de lo que poseen para ofrecerlo gustosamente a los demás.
A partir de hoy hagamos un esfuerzo para entregar lo que los demás necesitan... no debemos confundir el desprendimiento con el hecho de deshacernos de todo aquello que no utilizamos, que es inservible o se ha convertido en un estorbo, esta actitud manifiesta poco respeto por la persona que lo recibe, independientemente de su condición y situación actual. Intente mejorar porque el valor del desprendimiento ayudará a nuestra sociedad a convertirnos en personas más bondadosas y generosas, brindará un mejor ambiente en nuestras relaciones con amigos y familiares y nos convertirá en personas que tienen el corazón puesto en el lugar correcto.
Diario Extra 12 abril 2008.