Columna PRISMA
EL SACO DE PLUMAS Y DAÑOS IRREPARABLES
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Se imaginan que felices seríamos si nunca tuviéramos remordimientos de conciencia porque hicimos daño a alguna persona, muchas veces cometemos errores que difícilmente podemos superar porque “la torta” ya está hecha y no hay marcha atrás, por eso lo mejor es que cada vez que vamos a actuar... meditemos un instante, porque ahí puede estar la diferencia entre la felicidad y la infelicidad. Intentemos no generarle angustias a los demás, aunque tengamos la razón, más vale un gran silencio que un escándalo, es mejor que digan ese tipo no se mete con nadie, que “ahí viene el metiche”, recuerde que al final de cuentas las personas de las que hablamos se terminan perdonando, y nosotros quedamos apartados, por eso desde hoy apliquemos aquella frase que repetían nuestros padres: “Si quiere estar bien con todos... no se meta en lo que no le importa”.
¿Verdad que dispersar un saco de plumas es sencillo? Lo difícil es volverlas a recoger... es por eso que hoy les adapté un lindo mensaje para que lo lean detenidamente y lo compartan con sus familiares y amigos, quizá les ayude a no meterse en dificultades innecesarias, con solo eso estoy seguro que usted será más feliz, recuerde no mortificarse por los demás, cada uno sabrá como hacerle frente a sus propios problemas, porque como decía mi abuelito. “Cada quien tiene su forma de matar las pulgas”.
Resulta que había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que había alcanzado. Tiempo después se arrepintió de la ruina que ocasionó con sus calumnias a aquel amigo, acongojado por lo que estaba ocurriendo tomó la decisión de visitar a un hombre sabio a quien le dijo: “Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?”, a lo que el hombre respondió: “Toma un saco lleno de plumas de gallina y suéltelas por donde vayas”.
El hombre -después de un día- las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: “Ya he terminado”, a lo que el sabio contestó: “Esa es la parte más fácil. Ahora debe volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltó. Vaya a la calle a buscarlas”.
Por supuesto que aquel angustiado hombre se sintió impotente y muy triste, pues sabía que eso era imposible, fue entonces cuando el sabio le dijo: “Así como no pudo juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hizo voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Por eso mi humilde recomendación es que sea humilde y reconozca el daño... pidiendo perdón a su amigo, y jamás vuelva a repetirlo”.
Aunque hay algunas personas que perdonan de verdad, lo mejor es no hacer nada de lo que tengamos que arrepentirnos... ¡Viva feliz, no sea metiche!
Diario Extra 2 febrero 2008

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