LA TIMIDEZ
Juan Luis Mendoza
El diccionario define la timidez como la calidad de tímido. Y ser tímido equivale a ser temeroso, medroso, encogido y corto de ánimo.
Hay quienes son tímidos por herencia; otros lo son por una deficiente educación. En ocasiones todos lo somos, en más o menos grado. Por ejemplo, al hablar en público sobre un determinado tema, y aunque lo dominemos bastante bien. ¿Qué ocurre? Que se nos viene a la cabeza que el mundo entero nos está mirando en ese momento y que los oyentes nos pueden contradecir en sus adentros mientras hablamos, y abiertamente después, sea allí delante de todos o en otro lugar. No es que creamos que se trata de algo indebido lo que afirmamos. No. Simplemente nos preocupa lo que los demás puedan opinar. Sin percatarnos de que es lo más normal que ocurra esto: a unos les parece bien, a otros mal, y a muchos ni una cosa ni otra. Así que, ya lo sabe usted, hay gustos para todo. ¿Por qué preocuparse, entonces?
Bernabé Tierno Jiménez define la timidez como “una falta de respuestas asertivas y de comunicación”; y añade que, “en su lugar, se colocan unas respuestas de evitación de la interacción o de retraimiento que nos hace sentir más tímidos e inseguros”.
¿Cómo proceder? No echar en olvido que la gente va a opinar sobre lo que somos y lo que hacemos. Es normal. Tiene su derecho, sobre todo si se ejerce un cargo público. ¿Y usted? Téngalo en cuenta. Actúe del mejor modo que le sea posible -es su obligación- y después aténgase a los comentarios de los demás sólo en la medida en que le sean provechosos para mejorar su manera de ser y de hacer. En lo que no merezca la pena, no haga caso, déjelos estar. No se preocupe. Hasta aquí por hoy. En un próximo escrito, Dios mediante, completo el tema. En él, le indicaré varias pautas para superar la timidez.
Diario Extra 4 de agosto de 2007.

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