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RESONOCO

Categoría: Historia

08/10/2008 GMT 1

Un visionario triunfador

marfuerte @ 03:22

Benemérito El humanista y educador Luis Demetrio Tinoco Castro fue el creador de la UCR
Yamileth González García | rectoria@rectoria.ucr.ac.cr
En 1886, las antiguas puertas de la Universidad de Santo Tomás se cerraron por última vez y solo sobrevivieron pocas facultades. Muchos jóvenes quedaron deseosos de aprender diversas profesiones, y nuestro país que se perdió así talentos capaces de dar mucho por la patria. Los años pasaron, y otras generaciones se sucedieron en la frustración de obtener una carrera profesional.

Una minoría pudo seguir estudios fuera de Costa Rica, pero ¿y los más, carentes de dinero o de becas? En ellos justamente pensaba otro joven, Luis Demetrio Tinoco. Ya entonces bullía en él una idea luminosa: crear una universidad estatal moderna, científica y solidaria.

Educador. El 26 de noviembre de 1905, hace un poco más de cien años, nace en la ciudad de Cartago Luis Demetrio Tinoco Castro, uno de los hombres más cultos y polifacéticos de la Costa Rica del siglo XX. En sus 81 de vida productiva, don Luis Demetrio asume con interés y responsabilidad la educación costarricense y, específicamente, a la pionera de los centros de estudios superiores de nuestro país, la Universidad de Costa Rica.

Humanista por formación, educador por interés, abogado de profesión, político liberal y socialcristiano, economista por vocación y universitario por convencimiento, don Luis Demetrio tuvo la oportunidad de participar activamente en un largo período de la historia y la cultura nacionales.

De la Escuela de Cervantes, la Buenaventura Corrales y la Juan Rafael Mora, del Colegio San Luis Gonzaga y la antigua Facultad de Derecho, el joven Luis Demetrio adquiere una formación que le permite asumir con éxito sus estudios en Estados Unidos, donde se especializa en Economía Política, Derecho Mercantil y Derecho Internacional.

Su larga vida se construye en un diálogo permanente entre el derecho y la economía, la escritura académica y periodística y la historia, la vocación docente y la investigativa, la enseñanza universitaria y la función pública.

De familia conservadora y con antecedentes políticos que marcan una de las épocas más controvertidas de Costa Rica, el joven estudiante plantea, ante el Congreso Constitucional, en 1925, la necesidad de crear “una universidad para bien de todos nosotros, los jóvenes de entonces y del futuro de nuestra patria”.

Diez años después, como diputado por Cartago y siendo profesor de Economía Política y Finanzas en la Facultad de Derecho, Tinoco presenta el proyecto de creación de la Universidad de Costa Rica que había preparado la Misión Pedagógica de Chile.

Ya en los gobiernos de Cleto González y Ricardo Jiménez ocupa cargos políticos, pero es durante la gestión de Rafael Ángel Calderón Guardia cuando se desempeña como Ministro de Educación, de Relaciones Exteriores y ministro Encargado de Hacienda y Economía, cuando participa activamente en la génesis y constitución de la Universidad de Costa Rica.

Luego continúa su carrera de funcionario público con el Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Presidencia durante los gobiernos de Mario Echandi y José Joaquín Trejos. Tinoco representa al país como diplomático en varias embajadas europeas y americanas y ante las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos.

Su espíritu rebelde, su interés por la lectura, las lenguas y la historia lo llevan a escribir y a participar en debates sobre temas políticos, valores éticos, economía y finanzas, derechos humanos, legislación, garantías sociales, educación, relaciones internacionales…

Académico. Don Luis Demetrio será el primer rector (interino) de la Universidad de Costa Rica, miembro del Consejo Universitario, profesor emérito y doctor Honoris Causa, primer decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

A fines de los años 30, Tinoco levanta una amplia campaña a favor de la creación de la UCR y, como ministro de Educación Pública, redacta un código de educación, apoya la formación de la ANDE, de la Academia de Geografía e Historia y del Conservatorio de Música. Asimismo, promueve la Escuela de Enseñanza Especial, de escuelas granjas, escuelas talleres y de artes domésticos…

El licenciado Tinoco condiciona su llegada al Ministerio de Educación al establecimiento de “una Universidad de Costa Rica como punto fundamental de su programa en el ramo de la educación, una universidad nueva […], autónoma […], facultada para administrar bienes y rentas […]; una universidad donde los estudiantes tengan representación en los órganos de decisión […], laica y pluralista”.

Don Luis Demetrio quiso una institución humanista, que brinde cultura general y especialización, que estimule los afanes de la investigación y se mantenga actualizada, abierta a todas las corrientes de pensamiento, abierta a lo novedoso.

Además de ser un centro de investigación científica que trasmita los conocimientos a las nuevas generaciones, Tinoco habla de la “universidad del aire”, sin paredes, que se acerque a la mayoría que no puede realizar una carrera formal.

Con el propósito de capacitar, actualizar y revalorar los conocimientos, Tinoco propone cursos breves sobre temas históricos, científicos, literarios y artísticos, audiciones musicales, conferencias, exposiciones, cursos para graduados, etcétera.

Para Luis Demetrio Tinoco, la UCR debe ser una Universidad que forje “el hombre [hoy diríamos “el hombre y la mujer”] nuevo para los tiempos nuevos […], que sienta la satisfacción de sentirse solidario con sus connacionales en el esfuerzo común de lograr que la sociedad costarricense sea cada día más próspera, sí, pero también cada vez más justa […], para que fortalezca los cimientos de la democracia y asegure el futuro de la patria”.

En su propuesta de universidad se visualizan las tres actividades sustantivas de la institución: la docencia, la acción social y la investigación.

Se establecen también los fundamentos de la autonomía, la libertad, la democracia y la justicia, y ya se perfila la universidad que, muchos años después, merece el título de institución benemérita de la educación y la cultura costarricenses.

Hace más de cien años, en la ciudad de Cartago, nace un niño que joven y hombre maduro deja huellas indelebles en nuestra institución y en nuestro país. Rindámosele homenaje.

La autora es historiadora y rectora de la Universidad de Costa Rica.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 7 setiembre 2008.

03/10/2008 GMT 1

La generación del 48

marfuerte @ 03:14

Teoría y práctica Jóvenes intelectuales y políticos prepararon la Segunda República
David Díaz Arias | ddiazari@indiana.edu
La publicación en 1955 del libro Los 8 años, del entonces joven escritor y diplomático Alberto Cañas, causó revuelo en Costa Rica. Con un estilo narrativo envidiable, Cañas contó –como testigo y participante oposicionista– lo ocurrido en el país durante el periodo 1940-1948.

Ese libro se convirtió en un éxito editorial y se agotó tan rápidamente que se volvió difícil de encontrar. Seguramente por esto, Ricardo Esquivel Fernández se encargó de guardar y dar un ejemplar a Otilio Ulate, justo en el momento en que iba de viaje al extranjero.

El 5 de diciembre de 1955, desde Nueva Orleans, Ulate remitió una carta a Esquivel; en ella le avisó que había terminado de libro de Cañas. De acuerdo con don Otilio, la lectura le “produjo alivio”, y dijo más: “A la agrupación gobernante, de cuyas filas ha salido esta producción y a la cabeza creadora y conductora del grupo, las favorece, sin ninguna duda, que al fin se haya cumplido en esas filas el primer esfuerzo intelectual con probidad mental, con altura, criterio objetivo y limpia dicción”.

Ulate se había distanciado de sus antiguos socios políticos, casi inmediatamente al finalizar la Guerra Civil de 1948. Ya para 1955, había organizado un ataque sistemático a José Figueres y sus seguidores desde las páginas de su periódico, Diario de Costa Rica : de ahí su temor ante lo que pudiera encontrar en el libro de Cañas.

Sin embargo, y a pesar de su “alivio”, las siguientes páginas de la carta de Ulate se encargan de juzgar fuertemente lo que ya se llamaba la “Generación del 48”. ¿De quién hablaba Ulate al referirse a ese grupo?

Orígenes. En 1939, volvió al país Roberto Brenes Mesén, quien había permanecido cerca de veinte años fuera de Costa Rica enseñando primero en la Universidad de Syracuse (Nueva York) y luego en la de Northwestern (Illinois).

Junto con Joaquín García Monge, Brenes Mesén desempeñó un papel muy importante en la organización de una generación de jóvenes costarricenses que a principios del siglo XX abrazó el anarquismo y otras ideas libertadoras, entonces en boga en América Latina. Sin embargo, abandonó el país en 1919 luego de caer la dictadura de Tinoco.

A pesar de su ausencia, Brenes Mesén siguió publicando sus opiniones sobre Costa Rica. Además, sus libros y su puesto como profesor en los Estados Unidos contribuyeron a expandir su fama como uno de los más importantes intelectuales costarricenses.

Esa popularidad llegó incluso hasta un nuevo grupo de jóvenes que creció en las décadas de 1920 y 1930. Para su dicha –como indica Carlos Bermejo–, Brenes Mesén no venía a disfrutar de su jubilación, sino a plantear un examen de la situación del país.

Enterado de ello, un grupo conocido como la Asociación Cultural de la Escuela de Derecho (ACED) visitó a Brenes el 12 de julio de 1939. Los miembros de la ACED poseían una tremenda desazón acerca de la sociedad en la que vivían. La mayoría de ellos había leído Costa Rica, Suiza Centroamericana (1935), de Mario Sancho, un texto crítico de la democracia costarricense cuyas ideas los impactaron y terminaron compartiendo.

El encuentro de la ACED con Brenes Mesén fue el preludio de una conferencia que el viejo intelectual impartió en la Escuela de Derecho unos días después.

En esa actividad, Brenes Mesén objetó todos los pilares que sostenían el edificio del liberalismo costarricense. Al final, recomendó a los jóvenes lanzarse a conocer Costa Rica y enfrentar los males que la aquejaban.

CEPN. Unos meses después, el 3 de abril de 1940, los muchachos increpados por Brenes deshicieron la ACED y crearon el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales (CEPN). En el CEPN se congregaron un conjunto de talentos juveniles que se sentían insatisfechos con la forma en que se manejaba la cosa pública. Según el acta de fundación, el CEPN se identificaba como “un grupo de tendencia esencialmente cultural y de orientación cívica y democrática que habrá de ocuparse, con preferencia, del objeto que se indica en su nombre”.

La mayoría de veces, esos muchachos compartían una historia común ya que habían crecido juntos, habían asistido a escuelas y colegios similares y algunos eran familiares. Además, tenían casi la misma edad. Por si fuera poco, se sentían interpelados por profesores como Carlos Monge Alfaro o Isaac Felipe Azofeifa, que los estimularon desde la secundaria a explotar sus dones analíticos, narrativos y científicos.

Antes de la fundación del CEPN, es manifiesto el liderazgo intelectual de Rodrigo Facio dentro del grupo. Desde la secundaria, Facio había demostrado ser sumamente inteligente. Su maestro Carlos Monge Alfaro lo descubrió y lo motivó a explotar todo su potencial. Facio lo hizo sin tardanza. En su obra analítica, que comienza claramente en 1939, se observa un marcado interés por la historia de Costa Rica y Centroamérica, que explora para formular una respuesta a los desafíos del presente.

No obstante, el trabajo más importante de ese joven intelectual será su tesis de licenciatura en derecho, que defendió en 1941: Estudio sobre la economía costarricense . Como ha indicado Carlos Molina Jiménez, en la disertación de Facio reside el fundamento filosófico de la modernización capitalista costarricense que se echaría a andar después de 1948.

El sentido de ser una generación aparece en la tesis de Facio. Esta identidad se fortalece en los intentos por evaluar y luchar contra la administración Calderón Guardia (1940-1944). En este sentido, es probable que el hecho fundacional de ese grupo haya sido la guerra que hicieron en mayo de 1943 a una propuesta de reforma electoral.

El 48. En ese contexto, en una reunión de esos muchachos con el octogenario Ricardo Jiménez Oreamuno, este ratificó el sentido generacional de los miembros del CEPN. Por otra parte, en sus memorias, Alberto Cañas escribe que, en la lucha de mayo de 1943, “se pusieron las bases para que el movimiento de oposición que culminó en 1948 se estructurara”.

Facio era un intelectual, pero –o quizás por esto– su figura como político era menos fuerte. Ese espacio llenó José Figueres.

Desde 1942, cuando fue expulsado del país, Figueres se convirtió en una figura importante para el CEPN. A su regreso, en 1944, se afirmó cada vez más como el líder de la línea dura que ya se decidía por las armas para acabar con lo que luego llamarían el “régimen de los ocho años”.

Así lo hicieron. Temprano o tarde, la mayoría de quienes fueron miembros del CEPN se unieron a las fuerzas armadas que bajaron de las montañas del sur combatiendo al gobierno de Picado en 1948. Esa lucha fue lo que hizo que, en lugar de ser bautizados como la “generación del 43”, los jóvenes que tomaron el poder en 1948 fuesen identificados con ese año. Entonces, su presencia pública se afirmó.

En 1957, en México, Hugo Navarro Bolandi publicó el libro La generación del 48 . En él, tendió a confirmar la identidad generacional de quienes habían fundado el CEPN y que, a partir de 1951, organizaron el Partido Liberación Nacional. En el trabajo de Navarro se nota además un deseo por creer que Costa Rica, efectivamente, había iniciado una nueva etapa histórica con esos muchachos.

EL AUTOR ES PROFESOR DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA Y CANDIDATO A DOCTOR EN HISTORIA EN INDIANA UNIVERSITY.

Suplemento Áncora. periodico La Nación 17 agosto 2008.

02/10/2008 GMT 1

Aquel color local

marfuerte @ 03:08

Siglo XIX El libro ‘Tropical Travel’ ofrece una curiosa mirada foránea sobre Centroamérica
Juan Durán Luzio | duranluzio@hotmail.com
Desde el 12 de octubre de 1492, y aun antes de poner pie en tierra en un islote que él llamó San Salvador , Cristóbal Colón dejaba, en su Diario de navegación , las primeras impresiones escritas sobre unas costas que él creyó parte de la India; inauguraba así la serie de cronistas que se entregarían a la ardua tarea de describir y situar, para audiencias lejanas, los territorios hallados. Su carta de 14 de marzo de 1493, relata a los Reyes Católicos su recién concluido viaje y se cuenta entre los primeros bestsellers de la naciente imprenta.

Fechada en Jamaica el 7 de julio de 1503, envía Colón a los reyes la extensa carta donde relata su cuarto viaje de descubrimiento, incluido un detallado recuento de lo visto y hecho en Cariai o Cariairi (hoy, Puerto Limón), donde permaneció unos cuarenta días en amistosa convivencia con los aborígenes.

Un par de décadas después se hizo célebre el nombre de Hernán Cortés, tanto por sus hazañas portentosas que sometieron al imperio azteca, como por sus extensas cartas de relación –las cuales, por cierto, incluían detalladas descripciones de tales campañas–.

El gran Carlos V era el destinatario de tales cartas, quien gustoso las mandaba a imprimir para legitimar así su autoridad sobre esa rica región, hasta que en 1527 decidió no enviar a la imprenta nada que llevase el nombre de Cortés e incluso prohibió que circulasen sus escritos por España: la fama del conquistador advenedizo y plebeyo comenzaba a sobrepasar a la del propio rey emperador.

De otros ámbitos. Un año antes de esa inusual medida, Gonzalo Fernández de Oviedo estaba de vuelta en la Corte luego de vivir por varios años en el Nuevo Mundo. Para mejor informar a las autoridades sobre sus funciones como veedor de la Corona, se da a la misión de escribir un largo informe sobre lo visto de gentes, flora y fauna de estas provincias; es la primera de una clase particular de obra que hoy se llamaría “geografía física y humana”; la tituló Sumario de la natural historia de las Indias y apareció en Toledo, en 1526.

Otros grandes historiadores cronistas continúan esa tradición, como Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el jesuita Joseph de Acosta, o el cuzqueño Inca Garcilaso de la Vega, primero de los cronistas historiadores nacidos en América –y escribe en castellano con un lector europeo en su mira–.

El Siglo de las Luces es abundante en escritores viajeros, y estos elaboran ya sus obras con fines más científicos o más prácticos.

Se suceden las primeras misiones científicas españolas, y, al concluir el período colonial, un joven sabio prusiano consigue permiso real para viajar a América y realizar observaciones desde Venezuela hasta el Perú: Alexander von Humboldt, quien llega a Caracas en 1799 acompañado de su colega Aimée Bonpland. De esta expedición nace un libro célebre entonces por lo influyente y leído: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, escrito en francés y publicado en París en 1816.

Los relatos de viajeros escritores aumentan, y las nacientes revistas de Europa y Estados Unidos acogen con agrado las relaciones descriptivas de todo el resto del mundo poco conocido, considerado entonces como exótico.

Razas. Esta vez, la Editorial de la Universidad de Costa Rica da a conocer una obra mayor de viajeros escritores; se trata de una serie de 21 artículos escritos por anglohablantes que recorrieron la América Central durante la segunda mitad del siglo XIX y luego publicaron sus descripciones y opiniones en conocidas revistas de Estados Unidos de Norteamérica.

La búsqueda, selección y edición de estos artículos la realizó el profesor Juan Carlos Vargas, quien es autor también del magnífico estudio introductorio de este libro escrito todo en inglés y cuyo título es Tropical Travel. The Representation of Central America in the 19th Century.

Se trata de una edición facsimilar de los artículos; es decir, de una reproducción fotográfica exacta de los textos, y esto, con el fin, sobre todo, de conservar idénticas las bellas y sugerentes ilustraciones que adornan con abundancia este notable trabajo.

En el sólido estudio que prologa esta selección, el profesor Vargas se detiene en particular en el tema de las razas, muy recurrido en buen número de los artículos.

El gran debate que comenzaba a desatar el libro de Charles Darwin On the Origin of Species by Means of Natural Selection or the Preservation of Favores Races in the Struggle for Life , publicado en Londres en 1859, no podía estar ausente del trasfondo de estas páginas.

En los artículos de Tropical Travel se manifiesta con abundancia el espinoso tema de la superioridad de la raza blanca sobre las otras –idea que ronda ya antes de Darwin–, y se deja ver igualmente que, en esa lucha por la vida, los pueblos angloparlantes parecían tomar una delantera tan lógica como esperada.

Eran años durante los cuales se empezaban a aplicar nociones de la biología a asuntos políticos y sociales, con deducciones tan candorosas como atrevidas. Juan Carlos Vargas le dedicada una ilustrativa y muy documentada sección de su prólogo a este debatido problema.

Similitudes. En la lectura de los textos resaltan otros varios puntos, cuya importancia el lector moderno descubre pronto: aunque tratan de un mundo visto hace al menos cien años, mantienen viva actualidad.

Así, por ejemplo, resalta la visión utilitaria que comparten los autores de estos escritos: para ellos, el istmo centroamericano reaparecía como un gran campo de promisorios negocios, especialmente en la minería; sin embargo –se desprende por igual de la lectura–, el nativo parece siempre ignorar esas grandes posibilidades económicas.

También de polémica actualidad es la atracción que las mujeres de estas tierras despiertan entre los viajeros estadounidenses, y el lugar ancilar que estas ocupan ante la visión de los viajeros. Son de particular interés al respecto los artículos escritos por Ephraim George Squier, quien se ocupó con dedicación tanto en conseguir objetos precolombinos para museos de Estados Unidos como en observar con deleite a coffee-colored señoritas.

No puede menos que felicitarse a la Editorial de la Universidad de Costa Rica por la publicación de esta obra, que abrirá nuevas vías a la investigación del mundo centroamericano decimonónico, generalmente considerado solo desde la perspectiva de lo escrito en castellano. Así pues, la tendencia descriptiva iniciada por Cristóbal Colón ha tenido las más variadas y controversiales expresiones, aunque algunos de aquellos rasgos primeros continúan presentes.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LITERATURA HISPANOAMERICANA EN LA UNA. ENTRE OTROS LIBROS, HA PUBLICADO ‘SENDEROS DE IDENTIDAD: DIEZ ENSAYOS SOBRE LITERATURA COSTARRICENSE’ (EDITORIAL COSTA RICA).

Suplemento Áncora. periódico La Nación 17 agosto 2008.

30/09/2008 GMT 1

Sueño de libertad, pesadilla de guerra

marfuerte @ 03:09

Esclavitud Un caso judicial llevó a los estados unidos más cerca de la guerra civil del siglo XIX
David Díaz Arias | ddiazari@indiana.edu
El 6 de marzo de 1857, un juez de la Suprema Corte (SC) de los Estados Unidos, Roger B. Taney, leyó una opinión de la mayoría del tribunal en un salón de la SC en Washington, D. C. Por mucho tiempo, los estadounidenses habían esperado la lectura de esa decisión ya que se refería a un asunto crucial, conocido hoy en la historia legal norteamericana como el caso Scott contra Sandford . Lejos de allí, en Missouri, Dred Scott permanecía trabajando para la persona a la que se enfrentaba judicialmente en Washington.

El caso de Scott. Dred Scott fue un esclavo afroamericano que viajó con su dueño, el doctor John Emerson, a lo largo de la Unión Americana. Debido a esto, Scott pasó varias temporadas con su amo en bases militares en Illinois y en Fort Snelling (lo que hoy es Minnesota), dos sitios donde la esclavitud estaba prohibida. En 1820, el Congreso nacional había eliminado la esclavitud al norte del paralelo 36º 30’.

Luego, Emerson regresó al sur, de donde era originario. Después de la muerte de él en 1843, Scott ofreció, a la viuda de Emerson, comprar su libertad, pero ella rechazó la oferta. La desesperación por conseguir su autonomía llevó a Scott a tramitar su petición como un asunto legal. Esto no era extraño; ya en 1835, el francés Alexis de Tocqueville había dicho que, en los Estados Unidos, todas las disputas políticas y personales se resolvían finalmente en un tribunal.

Así, Scott llevó a su dueña a un juicio alegando que él se había convertido en un hombre libre mientras vivió en jurisdicciones donde la esclavitud estaba prohibida. De acuerdo con ese argumento, él seguía siendo libre a pesar de su retorno a Missouri, donde la esclavitud era legal.

El ambiente en el que ello ocurría era tenso. Las antiguas 13 colonias se habían expandido hacia el oeste, y esto había colocado, en el centro de la opinión pública, el debate sobre la extensión de la esclavitud a los nuevos territorios. Los estadounidenses estaban divididos al respecto, y así lo expresaban los dos partidos políticos: el Demócrata y el Whig.

Los demócratas pensaban que la expansión hacia el oeste era un requisito necesario para la extensión del concepto del gobierno republicano. En cambio, el partido Whig sostenía que la meta nacional no era la extensión de sus fronteras, sino el mejoramiento del sistema político-social que ya se desarrollaba dentro de los bordes de la Unión Americana.

Para los demócratas, prohibir la extensión de la esclavitud o restringirla en algunos estados era una afrenta a la libertad de los “ciudadanos blancos” y una muestra de la tendencia despótica que crecía en el seno del Congreso nacional (su presunta injerencia en las decisiones de los estados). En ese clima, apareció la opinión de la SC sobre el caso Scott.

La decisión. Taney leyó la decisión del tribunal. En la primera parte, los jueces consideraban que los esclavos (incluidos los libertos) no eran ciudadanos estadounidenses; por eso, no tenían el derecho de llevar a juicio a nadie en el interior de los Estados Unidos. A esto se agregaba un recorrido histórico en el tribunal trató de probar que la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776) no incluyó a los esclavos como “parte de la gente” de ese país; por tanto, ni Scott ni ningún otro afroamericano tenía derechos constitucionales.

Muchos historiadores del derecho en los Estados Unidos, han recalcado que la decisión de la SC pudo haberse detenido en esas consideraciones si lo que pretendía era negar la libertad a Scott. No obstante, Taney avanzó más y leyó una segunda parte que puso en jaque el frágil sistema de convivencia entre el Norte y el Sur.

Así, Taney declaró que el desplazamiento de Emerson a Minnesota no tenía ninguna significancia legal porque la prohibición de la esclavitud en esos territorios era inconstitucional. De acuerdo con el juez, el Congreso de los Estados Unidos no podía prohibir la esclavitud porque los esclavos eran propiedad privada y, por tanto, estaban protegidos por la cláusula de debido proceso garantizada por la Quinta Enmienda. Además, agregó Taney, la única potestad que la Constitución daba al Congreso sobre la propiedad privada era la de guardar y proteger los derechos del propietario.

Cuando Taney terminó de leer su decisión, una cosa fue completamente cierta: la primera memoria del caso Dred Scott había sido acuñada. Como señala el historiador estadounidense Don E. Fehrenbacher, un día después de la lectura de Taney, la gente comenzó a recordar que “cinco distinguidos hombres blancos, por una votación de siete contra dos, habían decidido que un insignificante y viejo hombre negro y su familia seguían siendo esclavos y no ciudadanos libres como ellos reclamaban ser”.

Sin embargo, algo más estaba en juego. La decisión de la SC sobre el caso Dred Scott pretendió ser también el punto final de la larga lucha sobre la esclavitud en los Estados Unidos y sobre los problemas entre el Norte y el Sur sobre ese asunto. Empero, apenas se reveló el fallo, la discusión se politizó más y más hasta que hizo, de la guerra civil, la única salida para resolver el problema.

Scott y la guerra civil. En 1978, Fehrenbacher publicó el más importante estudio que existe sobre el caso Scott; él afirmó que “mucho del pasado estadounidense cuelga del caso Dred Scout, y algo del futuro norteamericano tomó forma en él”. ¿Por qué?

En noviembre de 1956, en un discurso que dio ante la Asociación de Ciencias Políticas Sureñas (Tennessee), Carl Brent Swisher (autor de una biografía de Taney en los años 30) defendió la idea de que el caso de Scott es importante para los norteamericanos “porque hace eco de los problemas de las relaciones étnicas”.

La historia legal estadounidense siempre ha insistido en vincular el caso de Scott con la explosión de la Guerra Civil. De acuerdo con este argumento, el estallido de la guerra fue el resultado de una mala interpretación legal que llevó a la SC a un periodo de extrema debilidad. En 1911, Edward S. Corwin defendió esa idea y dijo que la SC únicamente se recuperó de ese periodo de debilidad en la década de 1870.

En 1920, después de preguntarse qué hubiera pasado si la decisión en el caso Scott hubiese sido diferente, F. H. Hodder planteó que “el curso completo de la historia estadounidense hubiera cambiado”. Esta visión se llevó muy pronto a la prensa. En 1957, The New York Times sostuvo que el caso de Scott “contribuyó al clima de opinión que llevó a la Guerra Civil”.

En 1961, un libro publicado por la SC aseguró que el intento de Taney de finalizar la controversia sobre la esclavitud con una decisión legal, “prácticamente inició la guerra”.

Más recientemente, el historiador Dennis K. Boman ha indicado que dicha decisión exacerbó la controversia sobre la extensión de la esclavitud y se combinó con la elección de Abraham Lincoln como presidente. Ambas cosas llevaron inexorablemente a la Guerra Civil, opina Boman.

Los estadounidenses han estado recordando y conmemorando a Dred Scott por más de 150 años. Junto con los casos Marbury contra Madison (1803), Lochner contra New York (1905), Brown contra la Junta de Educación (1954) y Roe contra Wade (1973), Scott contra Sandford (1857) permanece como una de las más importantes decisiones sobre teoría constitucional en la historia legal norteamericana.

EL AUTOR ES PROFESOR DE HISTORIA EN LA UCR Y CANDIDATO A DOCTOR EN HISTORIA EN INDIANA UNIVERSITY.

Suplemento Áncora. Periódico La Nación 20 julio 2008.

26/09/2008 GMT 1

Morazán reinventado

marfuerte @ 02:44

Preterido El político y militar hondureño no fue siempre héroe de la izquierda de Costa Rica
Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
En los últimos años, la figura de Francisco Morazán (1792-1842) ha empezado a ser revalorada por algunos sectores de la izquierda costarricense, para los cuales el general hondureño es un prototipo del patriota centroamericano. De acuerdo con esta interpretación, Morazán, el infatigable luchador por la unión de Centroamérica, fue un enemigo del impe-rialismo y del subdesarrollo, un defensor de la democracia y de las libertades ciudadanas y un promotor de la educación popular. Debido a lo anterior, fue asesinado por la oligarquía cafetalera que dominaba Costa Rica.

Tal enfoque de la experiencia de Morazán llama la atención porque supone una ruptura con lo que fue la interpretación original de la izquierda costarricense. En junio de 1942, semanas antes de conmemorarse el centenario del fusilamiento del caudillo hondureño en San José (15 de septiembre), el periódico Trabajo , órgano del Partido Comunista de Costa Rica, expresó:

“Sobre el movimiento morazánico comenzaremos por decir, que estuvo fuera de su época. Es decir, que para cuajar, era preciso que la idea unionista, antes que en el cerebro más o menos genial de Morazán, se arraigase en las realidades materiales de su realización. La Centro América de 1842 estaba dividida, aislada por la naturaleza. Cualquier unificación, y muy particularmente la nuestra, con el resto de las repúblicas hermanas, resultaba artificial”.

La argumentación de los comunistas acerca de los factores estructurales adversos a la unión del istmo, en particular la ausencia de bases económicas, seguía estrechamente el análisis publicado en 1939 por Rodrigo Facio sobre las causas del fracaso de la Federación Centroamericana.

De seguido, destacaron que los sectores populares costarricenses no tenían razones para identificarse con el proyecto de Morazán: “Ningún interés material tenían los campesinos costarricenses en 1842 para ir a derramar su sangre en una guerra unionista”.

Por último, señalaron: “Respecto a las opiniones de don Ricardo [Jiménez] sobre el problema de la unidad centroamericana vale decir que él tiene razón cuando afirma que Costa Rica lo único que hubiera conseguido con la unidad habría sido la pérdida de su libertad y en general de sus conquistas políticas, amén de su paz, todas las cuales hubieran naufragado bajo el peso de las satrapías que aun sufren las hermanas repúblicas de allende el San Juan”.

Sublevación. En agosto de 1942, los comunistas reprodujeron en el periódico Trabajo las conclusiones a las que llegó la Sociedad de Geografía e Historia sobre las razones por las cuales fue fusilado Morazán. Según este documento, preparado por Ricardo Fernández Guardia y Rubén Iglesias, una vez que Morazán fue electo jefe supremo del Estado de Costa Rica (julio de 1842), intensificó la presión para obtener dinero y soldados con los que emprender –militarmente– su proyecto unionista.

Al enfrentar la oposición a ese proyecto con medidas cada vez más represivas, el régimen de Morazán fomentó un descontento creciente, que estalló el 11 de septiembre de 1842, cuando los sectores populares de San José se levantaron en armas contra el caudillo hondureño.

De acuerdo con la versión de Fernández Guardia e Iglesias, “la plebe sublevada, al sentirse victoriosa, se desenfrenó, apoderándose de ella una cólera terrible ante el espectáculo de los montones de cadáveres de sus hermanos que cubrían las calles de San José”. Incapaz de ser contenida por sus caudillos, esta plebe exigió que Morazán y su general, [Vicente] Villaseñor, fueran ejecutados, “con dolor de los que en tan terribles circunstancias no habían perdido el juicio [las elites]”.

El interés principal de Fernández Guardia e Iglesias era demostrar que Morazán no fue fusilado por unionista, sino por los excesos en los que incurrió su régimen; pero dichos autores también perseguían un segundo objetivo de igual importancia. Este consistía en evidenciar que la muerte del general hondureño fue responsabilidad de los sectores populares costarricenses, no de la llamada oligarquía cafetalera, un tema enfatizado por algunos liberales costarricenses ya desde finales del siglo XIX. Tal fue, pues, la versión que los comunistas difundieron en las páginas de su periódico.

Un año después, en 1943, la versión anteriormente expuesta sería ampliada, al publicar Fernández Guardia su libro Morazán en Costa Rica . Uno de los aspectos más interesantes de esta crónica es que, según lo expuesto por Fernández Guardia, las elites de San José y Alajuela fueron las que iniciaron y dirigieron la revuelta contra Morazán; pero luego, por razones que no quedan claras, perdieron el control sobre los sectores populares, de lo que resultó el fusilamiento de Morazán y Villaseñor.

Testigo. Sin embargo, esa interpretación de Fernández Guardia puede ser puesta en duda con base en una interesantísima carta de Francisco de Paula Gutiérrez publicada en El Redactor Oficial de Honduras el 30 de diciembre de 1842. Dicha epístola expresa:

“El domingo 11 de Septiembre, resuenan por todas partes los vivas á la santa libertad, nuestro padre San José, Nuestra Señora de los Ángeles… La fuerza de los pueblos no sería fácil atinar; pero podré deducir con seguridad que entre armados de palos, machetes, fusiles y piedras, (incluso) mujeres, pasaba el número de 5,000. Los oficiales muy pocos y casi no fueron necesarios… Tres ó cuatro días después de enterrados [Morazán y Villaseñor] fueron algunas del pueblo á exhumar los cadáveres, dudando que Morazán efectivamente hubiera muerto, y por la corrupción en que lo encontraron se acabaron sus dudas. De suerte que en la sentencia no hubo más que el pueblo era juez, cuerpo del delito, acusador, testigo y ejecutor”.

En la descripción de Gutiérrez, la caída de Morazán se presenta como producto de una sublevación popular, en la cual las elites tuvieron una participación muy limitada. De esta manera, la clara intención de Fernández Guardia e Iglesias de responsabilizar a los sectores populares del fusilamiento del caudillo hondureño y de Villaseñor parece corresponder básicamente con el curso de los acontecimientos.

Ciertamente falta investigar a fondo el proceso por el cual Morazán pasó de ser enaltecido por los liberales centroamericanos del siglo XIX (en particular por el guatemalteco Lorenzo Montúfar) a ser recuperado por la izquierda latinoamericana en el siglo XX.

Cabe recordar que el gran poeta comunista chileno Pablo Neruda le dedicó pasajes en su célebre Canto general . Sin embargo, todo parece indicar que la reciente cotización del caudillo hondureño entre parte de la izquierda costarricense ha estado asociada en lo fundamental con el proyecto bolivariano del presidente venezolano Hugo Chávez.

En su afán por construir un pasado heroico de lucha contra el imperialismo, que pueda asociarse con ese proyecto, un sector de la izquierda latinoamericana se apropió de una figura de Morazán que ha sido claramente deshistorizada. Al sumarse a ese esfuerzo, una parte de la izquierda costarricense ha demostrado una falta de conocimiento histórico y de sentido crítico del que sí disponían sus predecesores de la década de 1940.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR.

Suplemento Áncora. Periódico La Nación 20 julio 2008.

18/09/2008 GMT 1

Preguntas en 15 de septiembre

marfuerte @ 01:14

Víctor Hugo Acuña Ortega (*)
Las repúblicas centroamericanas, con excepción de Panamá y Belice, celebran el 15 de septiembre como día de su independencia en recuerdo de que en esa fecha, en 1821, un grupo de autoridades y notables de la ciudad de Guatemala declararon la independencia de España de esa ciudad, e invitaron a las otras provincias del hasta entonces Reino de Guatemala a seguir su ejemplo.

A inicios de 1822, entre presiones, temores y, también, convicciones, estas provincias mantuvieron su decisión de emanciparse de España, pero decidieron unirse al imperio mexicano; experimento que feneció un año después. Así, no fue sino hasta mediados de 1823 que las provincias de la que empezó a llamarse Centroamérica declararon su independencia absoluta, en el marco de un congreso constituyente. Fue dicho congreso quien decretó que el 15 de septiembre de 1821 sería recordado para siempre como fecha de la independencia de la naciente República Federal Centroamericana.

Una vez desaparecida la federación en 1838, los estados que la integraban, luego convertidos en repúblicas, siguieron conmemorando el 15 de septiembre como día de su emancipación política.

Como se ve el 15 de septiembre, como tantas fechas asociadas a conmemoraciones, fue seleccionado como día memorable en forma más o menos arbitraria, y fue fruto de una definición oficial de un estado-nación en formación, el cual fracasó en poco tiempo. En ambos casos, tanto en la fallida federación, como en las un poco más exitosas repúblicas centroamericanas, la fecha escogida ha sido tanto un recuerdo como, sobre todo, la definición de un proyecto, es decir, la afirmación de que estas repúblicas tienen o deben tener un lugar, incluso un lugar destacado, en el concierto internacional de estados-naciones. Así, la conmemoración oficial del 15 de septiembre es una reafirmación formal de la viabilidad como proyecto estatal y nacional, una forma de articular desde el presente el pasado y el futuro de estos estados.

Las vicisitudes de la historia de los dos últimos siglos han mostrado los límites de esta proclama de viabilidad: desde el siglo XIX, por la dificultad de varios de estos estados para articular un orden político interno duradero y, desde inicios del siglo XX, por la presencia hegemónica de Estados Unidos en la región centroamericana. Así, los estados centroamericanos tienen ya un siglo de existencia como “estados-clientes” de esa potencia, lo cual deriva en una situación en la cual su soberanía es más o menos reducida y su subordinación más o menos profunda.

No obstante, la celebración oficial del 15 de septiembre por parte de los estados centroamericanos se ha mantenido, quizás no tanto para celebrar su independencia con I mayúscula, sino para señalar su continuidad histórica, y para enfatizar su autoridad frente al conjunto de la población, ambas periódicamente puestas en entredicho por conflictos sociales y políticos y, más recientemente, por reivindicaciones étnicas y territoriales.

A pesar de su persistencia casi sin sentido, cabe preguntarse cual puede ser el significado de esta celebración oficial a inicios del siglo XXI, cuando estas repúblicas han profundizado su integración asimétrica con Estados Unidos. Es previsible que en los próximos días un par de gobiernos eleven voces demagógicas de denuncia del imperialismo, pero lo cierto es que, en todos los estados del istmo, la cuestión de su viabilidad se plantea en forma aguda, en el marco de los actuales procesos de articulación económica desigual a escala global.

Quizás, este 15 de septiembre sea un momento propicio para preguntarse si en los países centroamericanos todavía se conserva alguna noción de proyecto nacional y si tiene actualmente algún valor el siempre presente y nunca plenamente alcanzado proyecto regional centroamericano.

*Catedrático universitario, historiador
Suplemento Página abierta. Diario Extra 16 setiembre 2008.

Saber asumir las consecuencias

marfuerte @ 00:52

Juan Rafael Quesada C.

Historiador

Cuando se le debe mucho a la educación pública, hay que ser agradecido. Esto implica que, una vez que se haya obtenido una profesión, no se piense solo en el beneficio personal, sino que también se asuma un compromiso real con el bienestar general del país. Igualmente, significa adoptar una actitud de crítica y autocrítica constructivas respecto a la universidad que nos forjó, cuando esto sea preciso.

Ser agradecido exige, también, reaccionar cuando se hacen generalizaciones o se emiten criterios vagos que puedan dañar la integridad de una institución pública que ha sido verdadera “madre nutricia” para muchas generaciones.

Dolor y asombro. Por eso nos ha causado dolor y asombro el que en este mismo periódico se dijera de manera imprecisa que un sector de la “izquierda costarricense” presenta a Francisco Morazán “como un enemigo del imperialismo y del subdesarrollo”.

Esta afirmación, que solo podría interesar a un reducido sector de la población, adquirió otra dimensión al agregarse que esa nueva valoración del caudillo hondureño establecía un puente con “el proyecto bolivariano del presidente Hugo Chávez”.

En efecto, pocos días después, un destacado columnista de este matutino afirmó que Chávez –ese personaje que ahora ocupa para algunos el papel que antes desempeñaban, por ejemplo, los “chinos rojos” de Pekín– “influye en algunos de nuestros historiadores a punto de tergiversar la historia patria”.

Es obvio que las vaguedades mencionadas dieron pie para que se pusiera en entredicho el prestigio justamente ganado por las universidades públicas, formadoras de la casi totalidad de los historiadores costarricenses. Por ello, esperábamos, tal vez ingenuamente, que la cuestión fundamental expresada en un artículo de nuestra autoría fuera contestada con hidalguía y claridad, o sea, para decirlo a lo tico, que se precisara con pelos y señas quiénes integran esa “izquierda costarricense” que liga a Morazán –personaje histórico– con el temible Hugo Chávez –proyecto político del presente–.

En lugar de eso, nuestro comentario provocó que se buscara descalificarnos en lo personal y profesional, con base en nimiedades o referencias fuera de contexto. Ante ese comportamiento somos enfáticos al sostener que no responderemos a quienes, en vez de asumir las consecuencias de sus palabras, se dedican a lanzar cortinas de humo, semejantes a la de los repartidores y beneficiarios de la piñata de las asesorías palaciegas. No nos dejaremos llevar a una discusión de dimes y diretes, a una búsqueda con lupa de pelos en la sopa, que, dicho sea de paso, se encuentra en todas partes. No descenderemos, para decirlo en términos futbolísticos, a una gresca de canchas abiertas.

Preguntas. Continuaremos con lo que hemos hecho hasta el momento, esto es, preguntar a quienes hacen investigaciones de carácter histórico, o son docentes de las escuelas de Historia de las universidades públicas, cuál es ese sector de la izquierda costarricense que establece una relación entre Morazán y Chávez. ¿Son, como se dijo después del referendo, con propósitos claramente denigratorios, los “burgueses” opositores al TLC? ¿Son historiadores de profesión o de vocación? ¿Son sindicalistas? ¿Son estudiantes? ¿Son profesores de la UCR o de la UNA o de la UNED?

Estamos seguros de que, al igual que nosotros, habrá lectores interesados en que se den respuestas a esas interrogantes, aunque para ello sea necesario esperar pacientemente. En realidad, la mayoría de los ticos se ha visto obligada a cultivar la paciencia, pues durante mucho tiempo ha confiado en que se ejecute el “plan vial”, en que Costa Rica se convierta en país desarrollado, en que los peces gordos también vayan a la cárcel, o en que se concluya la Costanera; o, más recientemente, en que un Hyundai se transmute en un BMW, o al menos en que las autoridades pertinentes tomen conciencia de la necesidad de cambiar las luces de señalización del Aeropuerto Juan Santa María. ¿Verdad que vale la pena esperar a que se aclaren otros asuntos?
periódico La Nación 14 agosto 2008

16/09/2008 GMT 1

COSTA RICA SE PREPARA PARA CELEBRAR 187 AÑOS DE VIDA INDEPENDIENTE

marfuerte @ 02:56

• Recopilación sobre cómo se dio la independencia

Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos: Archivo

Costa Rica está de fiesta al celebrarse los 187 años de ser un pueblo libre e independiente.
Las banderas en las casas, y las calles no se deben solo a la fiesta del fútbol que se vive en este momento debido al proceso eliminatorio hace el mundial, sino al patriotismo que debe reinar en los corazones de los ticos, al celebrar los 187 años de vida independiente.
Las principales autopistas ya lucen con sus banderas, y en muchas instituciones ondea la bandera tricolor, mientras los padres de familia corren para comprar o elaborar en algunos casos el farol para los desfiles que este año serán en domingo, por lo que se espera tengan una mayor participación.

Pero la independencia no es algo aislado ni debe dejarse pasar como cualquier día, dado que un pueblo que pierde el amor a su pasado, también pierde su identidad, por ello, revivamos la historia con base en la información recopilada por los escritores Juan Cevo, Florencio Magallón, Claudio Segura y Chester Zelaya, y que publican en 1988, en un libro que explica ampliamente la historia del país.

Es importante revivir la historia de la independencia, y el ambiente político de la época, ese documento recoge los antecedentes del clima político en Centroamérica, el acta del 15 de septiembre redactada en Guatemala, y el acta del 29 de octubre elaborada en Cartago, que se ha quedado un poco en el olvido, con base en él presentamos esta recopilación con valor pedagógico sobre la independencia.

MALESTAR CONTRA BONAPARTE INFLUYÓ EN LA INDEPENDENCIA
La independencia de Centroamérica es un proceso histórico complejo que se desarrolló en forma paulatina, no fue un hecho aislado. Las primeras manifestaciones surgen hacia la última década del siglo XVIII, cuando se funda en la ciudad de Guatemala la Sociedad Económica de Amigos del País, donde van evolucionando ideas y hechos que culminan con la independencia el 15 de septiembre de 1821.

Se suma también el decaimiento de la monarquía española al abdicar el rey Carlos IV y el heredero, a favor de José Bonaparte, hermano del emperador francés Napoleón Bonaparte, y la reacción que se da en la península Ibérica contra Bonaparte, lo que dio pie a la formación de juntas provisionales de gobierno, que se unieron convocaron a las Cortes de Cádiz.

Una de las principales resoluciones tomadas en las Cortes de Cádiz es la libertad de imprenta, lo que da pie a que nazcan en Guatemala dos periódicos que tuvieron gran influencia al transmitir las ideas de independizarse, creando el clima necesario para el cambio político.

El 24 de febrero de 1821 el Virreinato de Nueva España, en México, declara la independencia con base en un documento conocido como Plan de Iguala o Trigarante, firmado en la ciudad de Iguala, en que se reconoce la religión católica, la unión de españoles y mexicanos y la independencia de México. Fue firmado por Agustín de Iturbide, oficial del ejército del virrey de Nueva España y Vicente Guerrero, patriota que luchó por la independencia, posteriormente lo ratificó el virrey Juan O Donojou, en el Tratado de Córdoba, el 24 de agosto de 1821.

CENTROAMÉRICA SE INDEPENDIZA EN GUATEMALA
La noticia de la independencia corrió rápidamente por toda el área y poco a poco otros territorios cercanos como Chiapas, Comitlán y Tuxtla se unieron.

Pero fue hasta el 14 de septiembre que llegó la noticia a ciudad Guatemala y Gabino Gainza, Capitán General, decidieron convocar a una junta de notables para tomar una decisión.

A la junta asistieron autoridades civiles eclesiásticas y militares, así como representantes de la universidad y los colegios profesionales; sin embargo, los asistentes desconocían el asunto que se iba a tratar.

Quedaron en evidencia dos tendencias claras, la de los más moderados, encabezados por José Cecilio del Valle y los radicales, liderados por Pedro Molina, ambos grupos coincidían en independizarse de España, pero no estaban de acuerdo en cómo y cuándo hacerlo.

Al finalizar la junta se redacta el Acta de la Independencia de Centroamérica, o Acta del 15 de Septiembre de 1821, con un texto ambiguo, en el cual solo queda clara la decisión de independizarse de España, y sentaba las bases para realizar un congreso que definiría el futuro político de Centroamérica.

Esta decisión fue comunicada a las autoridades de las demás provincias del Reino, pero Costa Rica y Nicaragua estaban regidas por la diputación provisional con sede en León, donde el Intendente Miguel González trató de manejar la situación diferente.

Condenaron lo actuado en Guatemala y ratificaron la fidelidad a la monarquía, pero días después, el 28 de septiembre, cambiaron de posición y decidieron esperar, así lo indican en el Acta de los Nublados, en la cual acuerdan ser independientes de Guatemala, y también del gobierno español, “hasta tanto se aclaren los nublados del día”, que en su momento significaba hasta que Fernando VII envíe fuerzas para sofocar los movimientos independentistas.

Esta frase se hizo famosa porque marcó la forma de actuar de estos pueblos, dando un compás de espera antes de tomar una decisión importante, mientras se aclaran más los hechos o las cosas se resuelven solas.

ACTA LLEGA A COSTA RICA UN MES DESPUÉS
Mientras, en León se mantenía retenida el acta de independencia de Centroamérica firmada en Guatemala, a la espera que León tomara una decisión para dársela también a Costa Rica, en nuestro país, los ayuntamientos de las provincias estaban en la disyuntiva de que camino tomar. Al fin, el acta de independencia llegó a Cartago, capital de Costa Rica, el 13 de octubre de 1821, casi un mes después de que se había acordado la independencia, luego que León decide definitivamente adherirse al imperio mexicano, siguiendo el Plan de Iguala.

Los pobladores de Cartago, San José y Heredia se inclinaron a favor de la independencia absoluta tal como estaba en el acta llegada de Guatemala, pero pronto la idiosincrasia de esperar se hizo presente, y los ayuntamientos de Cartago y San José optaron por mantenerse al margen de los hechos, hasta que hubiera mayor claridad.

San José propuso formar una junta provisional de gobierno. Alajuela hizo causa común con Cartago y San José, mientras Heredia seguía fiel a las autoridades de León.

Al final, se forma la junta de gobierno que se reúne por primera vez el 25 de octubre en Cartago, para decidir la forma de gobierno que adoptarían.

En esa reunió se debate el tema de la soberanía popular, planteado por Rafael Francisco Osejo, legado de Ujarrás, ya que ellos habían sido electos por los ayuntamientos y no por el pueblo.

COSTA RICA SE ANEXA A MÉXICO POR UN MES
El 29 de octubre de 1821 se realiza un cabildo abierto en Cartago donde se acuerda la independencia absoluta del gobierno español y en el mismo acto decide anexarse al Imperio Mexicano. Algunos historiadores consideran el acta del 29 de octubre como la verdadera Acta de Independencia de Costa Rica, pero es un hecho discutible, ya que aunque en ella se mana a jurar la independencia absoluta del gobierno español, a renglón seguido se acuerda la anexión al imperio mexicano.

Desde ese momento se refleja en el país la polarización en los puntos de vista entre las dos principales ciudades de la entonces provincia de Costa Rica.

Por un lado Cartago, la capital, se inclinaba por la monarquía y San José, más liberal, era partidaria del sistema republicano. El enfrentamiento entre estos dos puntos de vista fue causa de la guerra civil de abril de 1823 que tuvo como escenario el Alto de Ochomogo.

La segunda Junta de Legados que comenzó actividades en Cartago el 12 de noviembre de 1821, nombró una comisión encargada de elaborar un documento que le sirviera a Costa Rica para organizar un gobierno propio.

La propuesta titulada Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica, también conocido como Pacto de Concordia es aprobada por los legados el 1˚ de diciembre de ese año y viene a ser la primera Constitución Política.

En él se establece una junta superior gubernativa compuesta por siete miembros propietarios y tres suplentes que se encargaría de regir los destinos de Costa Rica, realizadas las elecciones, la primera Junta Gubernativa queda instalada el 13 de enero de 1822 y se mantuvo hasta el 1˚ de enero de 1823.

SAN JOSÉ DESPLAZA A CARTAGO
Por varios días Costa Rica estuvo sin un gobierno legalmente constituido, por lo que Gregorio José Ramírez como comandante general de las armas ejerció el poder en forma interina, hasta tanto se reuniera el Congreso convocado en San José.

Un mes después de los enfrentamientos en el Alto de Ochomogo, en que los republicanos vencieron, el Congreso instalado en San José dictó un nuevo Estatuto Político, el cual establecía en uno de sus artículos que las autoridades superiores de la Provincia de Costa Rica residirían en San José.

Esto fue la culminación de un proceso que comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, que fue desplazando a Cartago como principal centro socioeconómico del país.

Aunado a la derrota de las fuerzas cartaginesas en Ochomogo. Con la Declaración de la Independencia y los hechos que le siguieron, expuestos en este material, tomado de la antología de Estudios Sociales (de Ediciones Guayacán), para ilustrar la forma en que se dio la independencia, se inicia el periodo republicano en Costa Rica, el cual se extiende hasta nuestros días.

En el sistema republicano la soberanía reside en el pueblo, y la ejerce mediante el voto popular para elegir a sus representantes y gobernantes, así como tomar decisiones importantes por la vía del referendo.

Diario Extra 13 setiembre 2008

10/09/2008 GMT 1

La Costa Rica que veo

marfuerte @ 02:45

¿Qué encontraron los españoles en el 1502?
Alberto Cañas
Costa Rica, creo, es un país muy especial. Lo ha sido siempre. Pero al decir esto no pretendo proclamar que sea un caso raro ni que deba interesar más que los otros (salvo a sus hijos); porque es un país muy especial en el mismo sentido en que todos los países del mundo son muy especiales. Cada uno a su manera, todos pueden ufanarse de poseer ciertas características que los hacen únicos. El ser humano curioso querría conocerlas, porque el ser humano curioso aspira a comprender. Y qué mejor actitud que la de querer comprender a nuestros semejantes.

¿Qué es Costa Rica? ¿Cómo nació? ¿A qué razones debe sus características particulares? Como es natural, común y corriente, las debe a razones geográficas e históricas, incluyendo, entre las históricas, las culturales. Cuando llegaron los españoles al territorio que hoy es Costa Rica, lo encontraron relativamente deshabitado.

Los estudios que se han realizado sobre la población indígena de entonces, concretamente los realizados por el obispo Bernardo Augusto Thiel a finales del siglo XIX, que son los que mayor aceptación han tenido, la calculan en poco menos de 30.000 Esto no hacía del territorio un sitio atractivo para afincarse. Por otra parte, aquí no abundan las riquezas minerales.

El oro con que estaban adornados los indígenas que recibieron a Cristóbal Colón, en 1502, y que provocaron el nombre que le dio de Costa Rica, venía de los ríos, y no de una mina que en vano buscaron los europeos por todos los rincones, y a la que dieron el nombre de Tisingal, sin ocuparse aparentemente de explorar los ríos. Además, esos objetos de oro eran antiguos ya; la época de auge y riqueza, de posible encuentro de las culturas incs y azteca, durante la cual los fabricaron, había terminado (historiógrafos del siglo XX la han fijado el final cinco siglos antes de la conquista española).

Era, pues, pobre, el territorio bautizado como rico. Y transcurrió casi medio siglo después de la visita de Colón a Cariari antes de que los españoles se decidieran a establecerse en él.

Fue, así, una colonia pobre y poco atractiva. Quienes aquí llegaron, hubieron de dedicarse a cultivar la tierra, sin el concurso de grandes cantidades de peones. Y surgió entonces la pequeña empresa agrícola familiar. Los 30.000 indígenas resistieron la conquista, y la historia habla de varios alzamientos y registra los nombres de Garabito y Pablo Presbere como caudillos de alzamientos contra el dominio español. Pero las verdad es que los aborígenes abandonaron los valles centrales y se escondieron, dejando a los españoles sin mano de obra, y obligándolos a importar negros (pardos los llamaron), y fue a una parda a la que se le apareció la Virgen de los Ángeles.

Continuaré en las semanas siguientes dando a ustedes mi visión personalísima de lo que ha sido Costa Rica.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 12 agosto 2008.

Dictador Tinoco, dos visiones

marfuerte @ 02:40

Julio Suñol
Alfredo González Flores asumió la Presidencia de Costa Rica el 8 de mayo de 1914. Federico (Pelico) Tinoco le dio un golpe de Estado el 27 de enero de 1917. En 1919 fue depuesto con el mismo entusiasmo y adhesión que le habían mostrado quienes lo ungieron en el puesto. Y en toda esa trayectoria de los años 14 al 19 se reflejaron los patriotismos, los oportunismos y los sometimientos al poder avasallador de los Estados Unidos, que los costarricenses fueron capaces de adoptar con una conducta camaleónica. Esto, por lo demás, no parece extraño -hasta la fecha- al comportamiento político histórico de muchos dirigentes y dirigidos de nuestro país.

Hemos podido profundizar un poco más en los acontecimientos de esos aciagos años, gracias a dos excelentes trabajos que fueron tesis de grado de los licenciados Hugo Murillo Jiménez y Jesús Fernández Morales. El aporte del primero se convirtió en libro en algún momento, y el del segundo está esperando un editor que desee contribuir a llevar más luz a los nefandos sucesos de una época, espejo fiel de las virtudes y los vicios políticos que no han abandonado el escenario nacional.

Dictador y traidor. Debemos empezar por recordar que Pelico Tinoco fue el mago político que, con la participación de Ricardo Jiménez Oreamuno, llevó al poder a Alfredo González Flores en mayo de 1914. Don Alfredo no había sido candidato a nada, pero en razón de que para esa fecha hubo un vacío poselectoral, se la ingeniaron para que el ilustre herediano entrara al poder por la ventana. Esto no demerita al personaje, ni autoriza a ignorar que González hizo un buen gobierno y que asimismo fue traicionado por Tinoco, quien era su ministro de la Guerra, como se le llamaba entonces a esa cartera. González fue depuesto por la oligarquía cafetalera, que estuvo en contra de las iniciativas del gobernante para introducir nociones y prácticas bancarias y tributarias, que se pueden resumir en la frase: que el rico pague sus impuestos como rico y el pobre como pobre.

Tinoco fue para muchos un dictador y un traidor y su caída se inicia no únicamente por la acción de los mismos intereses económicos y políticos que lo elevaron, sino por la presión inmensa y pertinaz que aplicaron el presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos, su secretario de Estado Robert Lansing y el audaz y atrevido intervencionista Benjamín Chase, quien como cónsul, con síntomas de paranoia, se daba la libertad de dirigir discursos al pueblo desde la sede diplomática norteamericana y de encabezar desfiles contra Tinoco. Ello satisfacía a los enemigos de éste y molestaba a la United Fruit Company y a su personero principal, Minor Keith, furibundo avalador de Tinoco y beneficiario del régimen. La intervención llegó a ser descarada y violatoria de las normas del Derecho Internacional.

González tenía varios factores en contra, como la profunda crisis económica de la primera posguerra, aparte de que buscó la justicia tributaria, lo cual incomodó a grupos de gran poder. Paralelamente se le había hecho una imagen de proalemán, lo cual equivaldría en nuestro tiempo reciente a haber sido prohitleriano o procomunista. Como no había nazismo, sí existía el kaiserismo, y como tampoco había el fantasma del comunismo, surgía el germanismo. Y en Costa Rica laboraba una influyente colonia alemana que supuestamente apoyaba a González. Es más: en aquellos tiempos decían que don Alfredo tenía una estación de radio en Heredia para comunicarse en secreto con el Kaiser. A esos absurdos llegaron las campañas contra él.

Wilson y el derrocamiento de Tinoco. De ambos estudios y de otros conocimientos se deriva la convicción de que la testarudez del idealista presidente Wilson fue lo que llevó al derrocamiento de Tinoco. Wilson soportó presiones de colaboradores directos que en algún trecho de su accionar recomendaron reconocer al dictador, entre ellos el mismo Secretario Lansing y John Foster Dulles, quien por esos días ya asomaba sus inclinaciones a instigar y resolver, como si estuviera preparándose para los años en que ocuparía la Secretaría de Estado. Dulles estuvo en Costa Rica para rendir un informe a Wilson.

La política wilsoniana del no reconocimiento, firme hasta el final, condujo al aislamiento económico de Tinoco (del país), lo que vino a crear problemas fiscales y sociales graves. Algunos daban por descartado que algo hubieran tenido que ver los intereses petroleros, aunque para entonces subsistían contratos de exploración y explotación petroleras, relacionados con Lincoln G. Valentine y Greulich-Pinto, compromisos inicialmente apoyados por González, pero después rechazados por él alegando que había propuestas mejores.

Quienes ven a Tinoco con otros lentes, argumentaban que éste accedió al poder de la misma forma en que él había hecho presidente a don Alfredo. Y alegaron que éste quería reelegirse, y que había existido un fraude en los comicios parlamentarios de medio período en 1915, atribuyéndole al gobierno sobornos y otros pecados capitales. Tampoco se negaban los esparcidos rumores de sobornos petroleros que habrían sido dados a prominentes figuras de la política nacional.

En el ínterin, siempre estuvo presente el fantasma de la intervención armada norteamericana, sobre todo por las pretensiones del cónsul Chase, quien pidió la presencia de barcos de guerra en Limón y Puntarenas, e incluso solicitó el desembarco de marines, lo que no sucedió porque el Secretario de Estado Lansing se negó, al igual que lo hizo el presidente Wilson.

Finalmente, Wilson se opone a la transacción que facilitaría la toma de la presidencia por el general Juan Bautista Quirós y veta a éste, pero impone la figura de don Francisco Aguilar Barquero, lo que sucede una vez que Tinoco ha salido hacia Europa por vía marítima desde Limón. Luego vendría la elección de Julio Acosta, quien junto con Alfredo y Jorge Volio y otros seguidores se habían atrincherado en Nicaragua, con el apoyo decidido del presidente, general Emiliano Chamorro. Éste temía una alianza de los tinoquistas con los liberales de su patria. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, parecía ser la inspiración chamorrista.

La conclusión es que aunque Wilson, respondiendo a su idealismo democrático y antidictatorial ayuda a tumbar a Tinoco, su intervención aparentemente buena para las instituciones, se convierte en rechazable para la mayoría de los costarricenses. La razón es que violenta e irrespeta nuestra soberanía. Eso explica por qué el país se levanta al unísono contra el mandatario cuando el presidente José Figueres Ferrer bautiza la carretera que conduce al aeropuerto El Coco (hoy Juan Santamaría), con el nombre de Autopista Wilson. Esta designación desapareció con rapidez.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 12 agosto 2008.

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