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RESONOCO

Categoría: Historia

08/11/2008 GMT 1

La Costa Rica que veo

marfuerte @ 19:26

•La década de los militares, Jesús Jiménez y Julián Volio

Alberto Cañas
La caída de Mora le trajo a Costa Rica una extraña y paradójica década: como narré el otro día, dos militares, los generales Máximo Blanco y Lorenzo Salazar (el primero de ellos el héroe del San Juan) se apoderaron del gobierno, pero no por cuenta propia sino de los cafetaleros, y el gobernante que sucedió a Mora fue José María Montealegre (médico, uno de los hijos que el precursor de la exportación educó en Inglaterra). Se ha dicho que los dos generales respondían, uno a los hijos de Montealegre y el otro a Aguilar (la cuarta familia, Bonilla, se había arruinado como Mora). Lo cierto es que, después de Montealegre, los militares colocaron en el poder a dos verdaderos estadistas: El Dr. (médico) Jesús Jiménez y el Dr. (abogado) José María Castro, que le dieron un gran impulso a la libertad y a la educación. La breve administración de Castro, salvo el esplendor de la libertad de prensa y de expresión, no fue tan brillante como las dos de Jiménez, y es de ellas que voy a hablar hoy.

Jesús Jiménez no sólo decretó, porque era la moda, la obligatoriedad de la enseñanza primaria, sino que la hizo cumplir con la policía, multando a los padres de familia remisos, medida que se aplicó durante veinticinco años, y comenzando en serio la gran tarea de la alfabetización. No se debe hablar de Jesús Jiménez sin mencionar a su gran Ministro Julián Volio. Sobrino del Obispo Monseñor Anselmo Llorente, Julián Volio Llorente siguió a su tío en el anti-morismo desenfrenado que le acometió en sus últimos años. Por esa razón, era una figura de confianza para el régimen que se instauró en 1859, y se destacó con brillo en las administraciones de Jesús Jiménez. En la primera de ellas, con Volio como Ministro de Relaciones Exteriores, apareció en Costa Rica el general Gerardo Barrios, expresidente de El Salvador, se instaló en Cartago y pidió asilo político. Desde la Presidencia de El Salvador, había ayudado y protegido al exiliado Juan Rafael Mora, y a su gran amigo y colega José María Cañas, a quien había nombrado Jefe de su Estado Mayor. Y fue él quien ayudó y en cierta forma financió la aventura de Puntarenas, que culminó con el fusilamiento de ambos próceres. Ahora venía a Costa Rica y pedía asilo aquí, porque aquí se sentía seguro, aunque Costa Rica estuviera aún gobernada por los que fusilaran a Mora y a Cañas. El Presidente Jesús Jiménez se declaró partidario de conceder el asilo, pero el Ministro Julián Volio se pronunció en contra. En otros tiempos y en otros países el presidente simplemente habría despedido a su Ministro y a otra cosa. (Una situación similar llevó a León Cortés en 1937 a prescindir de su Ministro de Relaciones Exteriores Manuel Francisco Jiménez).

Pero Jesús Jiménez actuó de manera que vale la pena relatar y que todos nos enteremos. Le propuso a Volio convocar una Junta de Notables, a la cual el Presidente y el Ministro explicarían las razones que cada uno tenía para sostener su posición. Y ambos se comprometieron a hacer lo que al Junta de Notables decidiera después de escucharlos a los dos.

La Junta de reunió. La escasez de periódicos en aquella época nos impide saber quiénes la formaron, Y la decisión de esa Junta fue que se concediera el asilo. Julián Volio no sólo bajó la cabeza como es costumbre decir, sino que el documento que preparó para conceder el asilo a Barrios ha sido la base que ha tenido Costa Rica para ser país de asilo, y para haber consignado en su Constitución ese principio. Todo, para conceder un asilo que Volio no habría querido conceder, a favor de un expresidente que falleció en Cartago pocos meses después.

De Jesús Jiménez y Julián Volio se puede y se debe hablar mucho. Cartagineses ambos, algo importante hicieron por la ciudad que había perdido la condición de capital en 1823, y fue convertir el Colegio San Luis Gonzaga. municipal en la primera institución educativa de Costa Rica, contratando profesores españoles, que querían emigrar tras el fracaso de la Primera República en 1868. Los hermanos Fernández Ferraz, Campabadal, Gámez, encabezaron la lista de esos hombres que, junto con el cubano Antonio Zambrana, formaron a la generación liberal que los costarricenses llamaron del Olimpo, y cuya cabecilla y cerebro mayor fue precisamente el hijo menor de don Jesús: Ricardo Jiménez Oreamuno.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 7 octubre 2008.

Dedicatoria inestable

marfuerte @ 19:24

Añadidos El célebre discurso de Joaquín García Monge de 1921 presenta cambios sorprendentes
Iván Molina Jiménez | ivan.molina@ucr.ac.cr
El 15 de septiembre de 1921, Joaquín García Monge (1881-1958) pronunció un discurso ante el Monumento Nacional. La versión escrita de lo que expuso se publicó poco después en el Repertorio Americano y se convirtió, en las últimas décadas del siglo XX, en un texto clásico, frecuentemente citado por los investigadores sociales y literarios, y por organizaciones de muy diversa orientación ideológica.

Ante el Monumento Nacional
En 1995, la Cámara de Industrias de Costa Rica utilizó un extracto de ese discurso para promover un consenso político que favoreciera la puesta en práctica de políticas económicas consideradas neoliberales por algunos. En 1999, el presidente Miguel Ángel Rodríguez invocó tal texto para impulsar su proyecto de “modernización” del Instituto Costarricense de Electricidad. En los años 2006 y 2007, lo expuesto por García Monge fue recuperado por los opositores al Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (TLC).

En el marco del debate nacional sobre el TLC, el discurso de García Monge circuló en Internet con esta dedicatoria:

“A la memoria de Juan Rafael Mora , víctima de la ‘perversa política costarricense’, como él certeramente la calificó antes de morir. Presidente despierto de Costa Rica, y libertador de Centro América, en los años memorables del 56-57. Militares a sueldo de la oligarquía capitalista costarriqueña, ignominiosamente lo fusilaron en Puntarenas, Costa Rica, el 30 de setiembre de 1860. Por supuesto, ahora tiene estatua”.

Radical. Curiosamente, sin embargo, tal dedicatoria está ausente en la versión original del discurso, que circuló en la edición del Repertorio del 19 de septiembre de 1921. En dicha versión, Mora no es mencionado en el texto principal, y su vínculo con el tema del discurso apenas es sugerido por la inclusión de una ilustración de Mora. En pocas palabras: en la versión original, nada indica que el discurso esté dedicado a Mora. ¿Cuándo fue escrita esa dedicatoria y quién lo hizo? La respuesta se encuentra en la edición del Repertorio del 23 de febrero de 1935. Allí, García Monge señala:

“Algunos lectores preocupados nos han pedido que así como hemos recordado a Sandino en el primer aniversario de su muerte, exaltemos también la memoria de otro de nuestros libertadores, Juan Rafael Mora, víctima de la ‘perversa política costarricense’, como él certeramente la calificó antes de morir. Nos parece que podríamos complacerlos reproduciendo estas palabras dichas en la mañana del 15 de setiembre de 1921”.

La explicación precedente fue acompañada por la misma ilustración del exmandatario utilizada en la versión original, pero con un pie muy distinto:

“Presidente despierto de Costa Rica y libertador de Centro América, en los años memorables del 56-57. Militares a sueldo de la oligarquía capitalista costarriqueña, ignominiosamente lo fusilaron en Puntarenas, Costa Rica, el 30 de septiembre de 1860. Por supuesto, ahora tiene estatua”.

Los dos textos añadidos en 1935 proporcionaron, al discurso pronunciado en 1921, una connotación radical de la que originalmente carecía, al tiempo que lo convertían en un verdadero homenaje a Mora. Sin embargo, no debería perderse de vista que esto último fue, en esencia, secuela de un homenaje anterior a Sandino.

Anacronismo. El carácter ocasional de ese homenaje a Mora se manifestaría de nuevo unos veinte años después, cuando García Monge publicó por tercera y última vez el discurso de 1921. En la edición del 20 de enero de 1956 del Repertorio , García Monge reprodujo el texto original, eliminó los agregados que había introducido en 1935 y sustituyó la ilustración de Mora por un dibujo del Monumento Nacional realizado por Juan Manuel Sánchez. De esta manera, en vísperas de la conmemoración del centenario de la guerra de 1856-1857, García Monge se sumó a esa efeméride con una versión de su discurso en la cual prescindió de toda referencia a Mora.

Después de fallecido García Monge en 1958, el discurso de 1921 fue recuperado en dos momentos decisivos. En 1971, Victoria Garrón y Luis Ferrero reprodujeron el texto original. En 1974, el hijo de García Monge, Eugenio García Carrillo, lo reprodujo en una antología de su padre con una dedicatoria (la ya citada), elaborada a partir de los textos añadidos en 1935.

El anacronismo en que incurrió García Carrillo se evidencia en que, al proceder de la manera indicada, unificó un discurso pronunciado en 1921 con una dedicatoria que hacía referencia a la estatua de Juan Rafael Mora inaugurada en 1929.

¿Por qué García Monge no le dedicó el discurso a Mora en 1921 y por qué evitó mencionar al expresidente en el texto principal? Su proceder quizá haya estado motivado porque ese 15 de septiembre (cuando se conmemoraba el centenario de la independencia de Centroamérica) se inauguraría la estatua de Juan Mora Fernández, el primer jefe de Estado de Costa Rica (1825-1833).

En tales circunstancias, mencionar a Juan Rafael Mora tal vez habría sido contraproducente, no solo por el riesgo de opacar al primer jefe de Estado, sino porque evidenciaría que aún no tenía un monumento propio el presidente que digirió la lucha contra los filibusteros conducidos por William Walker, la guerra que consolidó la independencia.

Política. En este punto se hace necesaria una nueva pregunta: ¿por qué, en 1956, García Monge decidió eliminar el homenaje a Mora y toda referencia al exmandatario? Aunque es necesaria más investigación para aclarar este punto, una explicación posible es que el editor del Repertorio prefiriera contribuir a la conmemoración del centenario de la guerra de 1856-1857 con un texto esencialmente conciliador.

Al omitir los contenidos más radicales que había agregado en 1935, García Monge habría evitado que, en el marco de la Guerra Fría, su discurso de 1921 pudiera ser vinculado con los comunistas, cuyo partido Vanguardia Popular acababa de ser ilegalizado tras el conflicto armado de 1948.

En relación con lo anterior, se debe recordar que, en 1952-1953, García Monge había sido postulado candidato a diputado por el Partido Progresista Independiente, una organización con la cual los comunistas procuraron, sin éxito, reinsertarse en la política electoral.

El 19 de septiembre de 1921, el periódico La Prensa informó de que el discurso pronunciado cuatro días antes por García Monge ante el Monumento Nacional era “conceptuoso” y que le valió “una manifestación de simpatía”. Un día antes, el Diario del Comercio describió dicho discurso como una “sentida oración dedicada a los mártires de aquellos días de gloria y al simbolismo clásico y filosófico del monumento que perpetúa las horas más solemnes y graves que ha vivido nuestra patria”.

Menos ceremonioso, pero más certero, fue el expresidente Ricardo Jiménez. En una carta que le envió a García Monge en los días posteriores al discurso, le reconocía haber entregado “a la admiración una obra que no desaparecerá con el momento y que será leída y releída con entusiasmo por los costarricenses”.

Precisamente, por la importancia que ha alcanzado ese discurso en la cultura costarricense de finales del siglo XX e inicios del XXI, resulta fundamental considerarlo crítica e históricamente, es decir, como un legítimo objeto de análisis más que como un objeto de culto.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR.

Suplemento Áncora. periódoco La Nación 14 setiembre 2008

Día de la democracia cotarricense.

marfuerte @ 00:12

En esta fecha, por primera vez en la historia de Costa Rica, el pueblo se lanzó a las calles para hacer valer su voluntad electoral.
Precedentes
En 1889 se enfrentaron electoralmente en Costa Rica, dos partidos políticos. Por un lado, estaba el Liberal Progresista que impulsaba la candidatura de Ascención Esquivel, quien formaba parte del gobierno. Por el otro, se hallaba el Partido Constitucional Democrático, cuyo candidato era José Joaquín Rodríguez. Bernardo Soto, a la sazón presidente de la República, tomó la decisión de separarse del poder para imponer al candidato Esquivel. Este último era el segundo designado a la presidencia de la república, algo así como un vicepresidente actual.
Los hechos
El 7 de noviembre de 1889, siete mil costarricenses, organizados y armados con palos y machetes, salieron a las calles dispuestos a hacer valer su voluntad. Ellos, al mando de Rafael Yglesias, sitiaron la ciudad de San José. Pero Bernardo Soto, en lugar de desatar la guerra, abandonó el poder y lo dejó en manos de Carlos Durán. Este último era el tercer designado a la presidencia de la República y gobernó durante seis meses. Al cabo de ese tiempo asumió el poder el presidente electo, José Joaquín Rodríguez.
Votos hablan
Los resultados de las elecciones primarias, favorecían al candidato opositor al gobierno José Joaquín Rodríguez. Cuando el pueblo se enteró de que su voluntad sería irrespetada, rechazó la imposición de un presidente. Al mismo tiempo, exigió el respeto a los resultados electorales.
Por la democracia
Aunque después de esa fecha se dieron nuevos fraudes electorales e incluso, dictaduras, aquel 7 de noviembre de 1889 se considera el Día de la Democracia Costarricense, porque, por primera vez, el pueblo se levantó en armas para exigir que se respetara el criterio emitido en las urnas. De esa forma, Rodríguez Zeledón, un eminente abogado nacido en San José, el 8 de enero de 1838, logró acceder a la presidencia como candidato de los grupos conservadores; gobernó al país de 1890 a 1894.
tomado de www.nacion.com

Maravillas arqueológicas: embajadoras de Costa Rica en Québec

marfuerte @ 00:09

“Tierra de Maravillas”, la primera muestra costarricense presentada en suelo canadiense
Arqueólogo

Ricardo Vázquez, Departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica

Gigantescas figuras precolombinas se asoman por sobre una de las calles más emblemáticas de la ciudad de Montreal: la Rue de la Commune. Se trata de un formidable rótulo que cuelga de la fachada principal del Museo de Arqueología e Historia, Pointe-à-Callière. Entre las dos bellas y sorprendentes figuras de barro y piedra volcánica, visibles a cinco cuadras, se lee con claridad “Costa Rica: Tierra de Maravillas”, como anuncio de la exhibición del mismo nombre.

Este evento cultural es el resultado de una cooperación entre el museo Pointe-à-Callière y el Museo Nacional de Costa Rica. Forma parte de una serie de exhibiciones que ofrece al público canadiense una sobrevista mundial sobre la historia antigua. Costa Rica está entre las cuatro localidades de América que incluye la serie.

En este contexto, las maravillas producidas por los grupos prehispánicos de nuestro territorio ocupan el mismo escenario expositivo que han tenido los iroqueses del Canadá, los aztecas de México y los mochicas del Perú. Esto sin contar magníficas muestras de Egipto, Japón y Siria, entre otras. “Tierra de Maravillas” es la primera muestra costarricense de su tipo especialmente presentada en suelo canadiense.

Ambiciosa proyección. La proyección del museo Pointe-à-Callière es, por lo tanto, ambiciosa lo que genera un público expectante y ávido de conocimiento cultural. Esta actitud puede muy bien ser la puerta que lleve a querer conocer el país de donde procede la muestra de hermosos artefactos. Si esto no se cumpliera, la imaginación quedaría estimulada y sensibilizada en torno a una pequeña nación hermana, soleada, exuberante en su naturaleza y con un pasado lleno de maravillas en piedra, cerámica y orfebrería. Mucho de ese patrimonio ha sido degradado y nos toca la ineludible responsabilidad de salvaguardar los yacimientos que aun quedan: como “biblioteca en las capas del suelo”.

Enclavado en el Viejo Montreal, justo donde esta importante ciudad nació en una isla junto al río San Lorenzo, Pointe-à–Callière constituye uno de los museos más exitosos del Canadá. Evidencia de ello es la gran cantidad de visitantes que anualmente recibe en sus impresionantes instalaciones. Varios edificios especialmente construidos complementan hermosos inmuebles históricos en un solo complejo de museos, interconectado por amplios recintos subterráneos. Los estratos dentro d el complejo cuentan la historia sepultada de la ciudad, con cimientos, calles, muros, acueductos, hasta el nivel de la ocupación indígena. Pointe-à–Callière es un museo de sitio.

La exhibición arqueológica costarricense se alberga en una sala superior del edificio principal. Contornos calados de gran tamaño que perfilan motivos de algunos de los objetos exhibidos, como ranas y figuras humanas, brindan los accesos entre divisiones temáticas de la exhibición. Estos íconos son umbrales a 2000 años de historia que es contada por 225 maravillosos artefactos, ayudados por coloquiales textos, e ilustrativas fotografías y mapas. En la sala predominan tonalidades de verde y amarillo, como se encontraría dentro de un bosque costarricense y, de igual manera, en el jade y el oro precolombino. Vitrinas especialmente montadas e iluminadas, realzan las características de las piezas bajo estudiadas medidas de conservación y seguridad.

La muestra viajó, luego de un año de planeamiento y preparación por parte de ambos museos, que involucró aspectos diversos de selección, restauración, convenio legal, seguros y cuidadoso embalaje. Todo para propiciar cuatro meses de exposición, a partir del 3 de noviembre 2008, y el retorno sin tropiezo del patrimonio a su país de origen. El guion temático, los textos e ilustraciones son también producto mancomunado, bajo la guía de arqueólogos del Museo Nacional y la Universidad de Montreal. Varios de los objetos son exhibidos por primera vez y otros no habían sido antes mostrados fuera de Costa Rica.

Asombrosa destreza artística. “Tierra de Maravillas” abre con una sección acerca del diverso marco geográfico y ambiental de Costa Rica en un pequeño territorio ístmico. Representaciones animales precolombinas se comparan con fotos de las especies biológicas en un asombroso contraste. Luego, la secuencia de períodos arqueológicos, reconocida en tres regiones del país, canaliza la veta principal del guión temático, a saber: el surgimiento, apogeo y caída de sociedades cacicales en un contexto geopolítico extraordinario.

El pequeño territorio ístmico, equidistante entre grandes centros de desarrollos indígenas en Mesoamérica y Suramérica, obtuvo influencias de ellos, pero generó una trayectoria propia que decae con la intrusión española. Algunos dirían que el sur de Centroamérica fue parte de un mundo amerindio marginal, así podría catalogarse, pero con alcances maravillosos que se expresan en asombrosas destrezas artísticas e intrigantes dimensiones simbólicas. Como es posible percibir, son grandes los paralelismos con la actual Costa Rica.

El momento es adecuado y la expectativa existe. Canadá se apresta a iniciar su larga y fuerte temporada invernal. Así, mucho público interesado busca el beneficio de edificantes actividades bajo techo.

Costa Rica no es desconocida entre la gente de Québec, merced al turismo y a ciudadanos canadienses que han establecido casa en Costa Rica. La expectativa radica en saber más sobre un país ya conocido o que hay posibilidad de visitar. El lugar de donde viene muy buen café, gustosas frutas tropicales y gran variedad de otros productos, algunos inclusive de alta tecnología. El país sin ejército, pero muchas playas, imponentes volcanes y numerosas áreas silvestres protegidas. Tierra que ofrece una dimensión paradójica en variedad de aspectos, pero con gente cargada de esperanza.

Quizá la mejor manera de definirlo sea en concordancia con lo que indican los arqueólogos: un diverso pero pequeño territorio donde no se alcanzaron altos niveles de centralización política, económica e ideológica, pero, por ello, acaso en un ambiente social muy humano.

Son los bienes patrimoniales nuestros muy dignos embajadores culturales.
periódico La Nación 3 noviembre 2008.

El significado de la independencia hoy

marfuerte @ 00:01

Juan Rafael Quesada C. | juanquesada@costarricense.cr

Gracias a la independencia, Costa Rica “nació republicana”
Historiador

El asunto de las célebres “consultorías pagadas por el BCIE” ha evidenciado la participación de un magistrado suplente y la contralora de la República en actividades propias del Poder Ejecutivo. Esto ha llevado a la abogada Marina Ramírez a afirmar que “nuestros altos jerarcas institucionales han perdido la conciencia sobre la importancia y trascendencia de su investidura y de los papeles que les corresponde cumplir en una democracia que tiene como fundamento la división de poderes y los pesos y contrapesos en el ejercicio del poder”. ( “Quiero creer” , La Nación , Foro, 25/08/08)

Esta aseveración es muy significativa, pues, justamente, gracias a la independencia, Costa Rica “nació republicana”, según la expresión del abogado e historiador Hernán Peralta. En efecto, desde que el país dio los primeros pasos como “cuerpo político soberano” adoptó la república como forma de gobierno, o sea, un sistema contrapuesto a la monarquía y que se caracteriza porque los gobernantes son elegidos y tienen un mandato limitado y temporal, y porque tiene como esencia la división de poderes.

Cambios profundos. Para comprender la trascendencia de ese orden de cosas, es necesario tener presente que al poner en práctica las doctrinas políticas de los teóricos de los siglos XVII y XVIII, las revoluciones estadounidense y francesa convirtieron en actores políticos fundamentales a las naciones modernas o políticas.

En el caso del imperio hispánico, esta posibilidad se presentó cuando se hizo la convocatoria de las Cortes en 1810. En ese marco territorial, la nación moderna no fue producto de ningún invento. Fue el resultado de cambios profundos en el orden político, social y económico acaecidos entre 1810 y 1814. En ese lapso, esas Cortes llevaron a cabo una profunda labor legislativa: decretaron la libertad política de la imprenta; abolieron el régimen señorial; suprimieron la Inquisición y acabaron con el absolutismo.

En un acto de ruptura radical con el pasado, proclamaron el principio de la soberanía nacional, de lo que se deducía que la nación no podía ser patrimonio de ninguna familia ni persona. Al contrario, los constituyentes de Cádiz determinaron que la nación era el sujeto esencial de la soberanía, con lo que se destruía el basamento teórico más importante de la monarquía.

Educación. Asimismo, al visualizarse la nación como soberanía colectiva, el conjunto de sus miembros, los ciudadanos, pasaron a ser los nuevos soberanos, y a la educación se le otorgó gran importancia y se le asignó como tarea “educar para que la población pudiera gozar del honroso título de ciudadano”.

La obra legislativa realizada por los constituyentes gaditanos quedó plasmada en la Constitución de Cádiz de 1812, con la cual se incorporó como eje rector de la vida colectiva el constitucionalismo, esto es, el conjunto de principios y normas que determinan los derechos y obligaciones de los ciudadanos y delimitan el ámbito de acción de los poderes públicos.

Pues bien, todos esos cambios radicales influyeron decisivamente en la alejada y bucólica provincia de Costa Rica. Desde que un correo llegó a Cartago en 1812 con un ejemplar de la Constitución de Cádiz, esta provincia, a pesar de la oposición abierta o solapada de los nostálgicos del absolutismo, empezó a ser permeada por los valores de la modernidad política (soberanía popular, división de poderes, republicanismo y constitucionalismo).

Independencia y democracia. En adelante, aunque no de manera lineal, los “costaricas” organizaron su vida en torno a lo establecido por la “sabia constitución”. Esa transformación había calado tan hondo en 1821, que pocas semanas después de conocerse el acta de Guatemala del 15 de setiembre, los habitantes de Costa Rica fueron capaces de elaborar un nuevo contrato social, punto de partida de la construcción de ese “cuerpo político soberano” llamado Estado costarricense.

Desde 1821 hasta hoy, generaciones de costarricenses han tratado de que esos valores concuerden con la realidad. Si bien la independencia es algo por lo que se debe seguir luchando, 187 años después de iniciado el “año primero de la libertad”, el resultado global es bastante positivo.

Desafortunadamente, en los últimos años, al surgir el empeño por la reelección, el Poder Ejecutivo ha realizado acciones que han minado el principio del equilibrio de poderes o sistema de frenos y contrapesos... Ese comportamiento de los funcionarios públicos es lo que, en palabras de Marina Ramírez, contribuye a “menoscabar la institucionalidad democrática”.

Debemos reaccionar contra esa situación para que Costa Rica que “nació republicana” lo siga siendo y para que, así, la independencia y la democracia no pierdan nunca su significado.
periódico La Nación 13 setiembre 2008.

06/11/2008 GMT 1

La imagen de La Soledad

marfuerte @ 00:26

Ana Isabel Herrera Sotillo.

Investigadora

Deseo hacer unas aclaraciones en relación con el artículo del 15 de julio de La Nación titulado “Barrio de La Soledad celebra hoy los 150 años de su patrona”.

En una intensa investigación en el Archivo Histórico Arquidiocesano Monseñor Bernardo Augusto Thiel, logré reunir los datos para el libro “Descubriendo la Catedral de San José” (inédito). El trabajo más difícil fue ubicar todos los referentes a la Virgen de la Soledad.

Imagen de la Virgen. En la parte superior de la espalda, la imagen tiene esta leyenda: “Devoción de Pedro Gallardo 1853”. Gallardo era guatemalteco. Es probable que en 1855, cuando el doctor Nazario Toledo trajo de Guatemala la imagen de san Juan Evangelista para la catedral, haya traído también la de La Soledad. Feliciana Sáenz Ulloa –vecina de Toledo– fue la donadora de la imagen a la catedral, donde por muchos años tuvo su altar. Ella fundó cuatro capellanías en la catedral –la primera en mayo de 1856– y los réditos se usaban en el altar y la imagen de La Soledad.

En el inventario de 1864 de la catedral aparece el altar de La Soledad con su imagen, crucifijo, resplandor de plata y sus andas para la procesión. Durante la visita pastoral de 1881 a la catedral, el obispo Thiel solicitó que se revisaran los documentos de “las reliquias que halló en el altar de Nuestra Señora de Soledad y del privilegio ad perpetuam de este altar”.

Se ignora cuándo el Cabildo prestó la imagen a la iglesia de La Soledad en construcción; en el inventario de 1884 de la catedral, aparece el altar de La Soledad, pero no mencionan la imagen. Se supone que estaba prestada. El 28 de octubre de 1888 –fiesta de la Virgen de la Soledad –, en la catedral limpiaron el piso, asearon las bancas, adornaron el coro y el altar de La Soledad. A las 10.30 a. m. se cantó una solemne salve; la imagen debe haber estado todo el día en la catedral.

A principios de 1898, el mayordomo de la iglesia La Soledad manifestó que la imagen debía permanecer en la iglesia de su nombre, pues el altar de La Soledad en la catedral había sido de la imagen de San Pedro.

Discutida imagen. Ahí empezó un gran altercado entre las dos iglesias. En junio de 1898 monseñor Bernardo Augusto Thiel le dijo al Cabildo que el asunto había sido sometido a la Sagrada Congregación del Concilio en Roma, donde enviaron los documentos correspondientes a las capellanías, para demostrar la propiedad de la imagen.

En octubre de ese año fue anunciada la resolución que decidió que la imagen pertenecía a la catedral. De inmediato se ordenó al capellán de La Soledad la devolución de la imagen –que estaba en calidad de depósito– a la catedral.

Después de tanta polémica, el 7 de noviembre en reunión del Obispo con el Cabildo, luego de ser “discutido larga y detalladamente el asunto, convinieron unánimemente todos los capitulares que se deje la nueva (sic) imagen a la iglesia de La Soledad, con la indispensable condición que se pague a la iglesia Catedral la cantidad de $500 (quinientos pesos)”. Es de suponer que pusieron un precio alto, difícil de reunir; pero los vecinos de La Soledad lograron recoger la suma para poder tener la ansiada imagen.

Sin embargo, lo más interesante es que la tan discutida imagen la llevan cada Viernes Santo al frente de la catedral, donde espera la salida del Santo Sepulcro para la solemne procesión, y el Sábado Santo la imagen desfila en la Procesión del Silencio, junto con san Pedro y san Juan; frente a la catedral, la banda interpreta el Duelo de la Patria .
periódico La Nación 25 agosto 2008.

24/10/2008 GMT 1

Crisis económica y experiencia histórica

marfuerte @ 00:22

David Díaz | ddiazari@indiana.edu

Profesor de Historia, UCR

Tendría que tener uno casi 90 años para recordar personalmente, con algún detalle, la terrible experiencia histórica que para el mundo significó la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929 y su catastrófica consecuencia: la Gran Depresión Mundial. Por eso, son pocos los costarricenses vivos que podrían contarnos, de primera mano, la manera en que sus familias sufrieron y enfrentaron esos años.

Una de las cosas que aparecen como referencia general en las historias de algunos de esos viejos es que la generación que vivió la Gran Depresión siempre temió su retorno y, por consiguiente, sabía valorar como un tesoro hasta una migaja de pan.

Traumas. Lo anterior es importante. Existe un conocimiento popular acerca de la existencia de una severa crisis económica en 1929. Incluso quienes nunca se hayan interesado en el tema, podrían citar ese acontecimiento en cualquier entrevista en la calle. En cambio, hay poca conciencia acerca de la forma en que el mundo entero tuvo que enfrentar esa crisis y, especialmente, el sacrificio que significó sobrevivirla.

Probablemente, fue el desempleo el elemento principal del trauma producido por el fantasma de la Gran Depresión. En su libro The Age of Extremes (1996), el historiador inglés Eric Hobsbawm, quien vivió la crisis siendo adolescente judío en Alemania a principios de la década de 1930, recuerda que un editorialista del London Times escribió en medio de la II Guerra Mundial que, después de la guerra, el desempleo era “la enfermedad más extendida, insidiosa y destructiva de nuestra época” (p. 94).

Sin embargo, Hobsbawm recuerda algo más. De acuerdo con él, fue la inexistencia de soluciones en el marco de la vieja economía liberal lo que hizo tan dramática la situación de los responsables de las decisiones económicas que conducirían al mundo fuera de la Depresión. En efecto, los economistas liberales no habían enfrentado –aunque existían algunos antecedentes– algo como lo que ocurría a principios de la década de 1930.

Hobsbawm es todavía más perspicaz al decir : “Más específicamente, la Gran Depresión obligó a los gobiernos occidentales a dar prioridad a las consideraciones sociales sobre las económicas en sus políticas estatales. El peligro de no hacerlo así –la radicalización de la izquierda y, como lo demostraron Alemania y otros países, de la derecha– era excesivamente amenazador” (p. 95). Ese claro viraje en las políticas económicas hacia lo social es uno de los fenómenos más importantes de la historia económica del capitalismo mundial.

Cine y literatura. Probablemente son el cine y la literatura, más que los libros especializados de historia, los principales educadores populares con respecto a la década de 1930. Se pueden sugerir, al respecto, varios libros y filmes. Para sintetizar ambas cosas, para mí es fundamental la película de John Ford Grapes of Wrath (1940), basada en una novela de John Steinbeck, e interpretada magistralmente por Henry Fonda. Aquellos pobres granjeros estadounidenses, viajando hacia California, en busca de trabajo, horadados por la rapiña de los especuladores y maltratados por el hambre y la falta de techo, son el símbolo de lo que significó la crisis económica mundial.

Traigo a colación esta reflexión por efecto de la crisis financiera que atormenta a los Estados Unidos en estos momentos. Nuestra falta de experiencia histórica, es decir nuestra lejanía temporal de la década de 1930, combinada con los efectos de vivir una “época de pasarela” (donde la exhibición de los glúteos es más valorada que la cultura) nos puede volver insensibles frente a la idea de una posible crisis mundial por efecto de lo que ocurre en el norte y la necesidad de prepararnos para enfrentarla. De ahí la importancia de aprender de la historia. Empero, muy pocos han tomado en cuenta ese consejo y son todavía menos los que lo han acogido como un emblema.
periódico La Nación 4 octubre 2008.

23/10/2008 GMT 1

La Costa Rica que veo

marfuerte @ 00:39

•De Mora Fernández a Morazán

Alberto Cañas
Probablemente San José era, en 1823, la más atrasada de todas las capitales del mundo. Carecía de aceras. Las calles no estaban siquiera empedradas y eran de polvo entre diciembre y mayo, y de lodo entre junio y noviembre. No se conocían las herramientas de metal y hasta los martillos eran de madera. Las ventanas no tenían vidrieras sino rejas. Los relatos de los viajeros que por allí pasaron en esos días son escalofriantes. Además, el estado de la educación era lamentable. Apenas en 1814 se había abierto en San José una “casa de enseñanza” que pasara del tercer grado. Sin embargo, el ojo certero de los padres fundadores, una vez que se organizó por fin un gobierno, nombró como primer Jefe de Estado en 1824 a un maestro: Juan Mora Fernández. Hecho sintomático.

Juan Mora Fernández repartió tierras aptas para el café, principalmente en los alrededores de San José, entre todos los que se comprometieron a sembrarlas, Cuando terminó su mandato, lo sucedió un hombre débil: José Rafael de Gallegos, a quien le tocó cumplir la ridícula ley llamada de la Ambulancia, ocurrencia de los cartagos, según la cual la capital estaría cuatro años en cada una de las ciudades del valle central, hasta terminar otra vez en Cartago, y ver entonces qué se hacía. Cumplidos los cuatro años de San José, le tocó a Gallegos llevarse la capital a Alajuela. En un agudo libro sobre el tema, Jorge Sáenz Carbonell ha contado que el problema del traslado consistió principalmente en que en Alajuela no había una casa donde cupiera el escritorio del gobernante.

A Gallegos le sucedió un joven abogado, Braulio Carrillo, que conocía los problemas de la región, porque los había vivido como diputado por Costa Rica en el Congreso Federal. El desastre de la Federación Centroamericana, especie de guerra civil permanente, preocupó a los “costarricas”. El problema era que nuestros tatarabuelos no estaban seguros de que, apartados de la Federación y por cuenta propia, pudiéramos subsistir. Por eso no querían dejarse convencer por Carrillo, a quien debemos reconocerle el haber sido el primero que pensó en la independencia absoluta. Esta idea suya no era muy popular. Sin embargo, en 1938, durante su segunda y dictatorial administración, tras un breve gobierno de su sucesor, el federacionista Manuel Aguilar, a quien derrocó el primer golpe de estado de nuestra historia, cuya paternidad se atribuyó a Carrillo pero no ha sido demostrada, Carrillo separó a Costa Rica de la Federación, para que fuera un Estado Libre e Independiente (diez años después José María Castro la proclamó República). De paso, conviene recordar que en ese momento Carrillo pagó la porción proporcional que le tocaba a Costa Rica en la deuda externa de la Federación. Entramos a la independencia total libres, pues, de polvo y paja. Y la Federación desapareció a poco correr.

A partir de 1838, Carrillo asumió la dictadura, y por supuesto, se llenó de enemigos. Pero organizó el Estado, dictó códigos nuevos y una constitución basada en la que Bolívar redactó para Nueva Granada, en la cual el gobernante era vitalicio. Esto ha servido para que todavía se acuse a Carrillo de haberse querido perpetuar en el poder, olvidando quienes tal cosa sostienen, que en aquella época la única experiencia que tenía el mundo de gobiernos de plazo fijo estaba en los Estados Unidos. De manera que cuando en abril de 1842 el último presidente de la Federación, el hondureño Francisco Morazán desembarcó en Costa Rica, tratando de establecer aquí una base de operaciones para reconstruir la Federación a la fuerza, buena parte de la gente lo recibió como un salvador. Carrillo tuvo que irse y fue asesinado en El Salvador en 1844 por razones no políticas.

De abril a septiembre de 1842, Morazán gobernó en Costa Rica, pero poco a poco los desmanes de la militarada que lo acompañaba, y su decisión de poner nuevos impuestos para financiar la invasión a Centroamérica que proyectaba, crearon un enorme descontento. El pueblo de San José se alzó, capitaneado por un portugués que vivía aquí desde tiempo atrás, aquí tenía propiedades y una gran familia, Antonio Pinto, el legendario “Tata Pinto”, que derrocó a Morazán, lo capturó en Cartago, y lo hizo fusilar en el Parque Central de San José el 15 de septiembre de 1842.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 9 setiembre 2008.

16/10/2008 GMT 1

INDÍGENAS, ENCOMIENDA Y EXPLOTACIÓN

marfuerte @ 02:42

Iván Molina Jiménez (IVAN.MOLINA@ucr.ac.cr) *
En un artículo publicado en Página Abierta el 12 de agosto, don Alberto Cañas reproduce la versión tradicional de la conquista de Costa Rica, versión que sido ampliamente superada por los estudios históricos.

Señala don Alberto que “los estudios que se han realizado sobre la población indígena de entonces [1502], concretamente los realizados por el obispo Bernardo Augusto Thiel a finales del siglo XIX, que son los que mejor aceptación han tenido, la calculan en poco menos de 30.000”.

En contraste, según las estimaciones de William Denevan y de Héctor Pérez, la población indígena, a inicios del siglo XVI, habría ascendido a unas 400.000 personas, cifra que, debido a las enfermedades, la conquista española y la explotación, bajó a unas 120.000 personas hacia 1569, y a unas 10.000 a comienzos del siglo XVII.

Plantea don Alberto que “…transcurrió casi medio siglo después de la visita de Colón a Cariari antes de que los españoles se decidieran a establecerse en él”.

Tampoco esto es correcto. Como lo muestran los estudios de Francisco Rivas y Juan Carlos Solórzano, desde la década de 1510 se iniciaron los intentos de conquista, particularmente violentos en la vertiente Caribe. Si los españoles sólo lograron consolidar su asentamiento hacia el decenio de 1560, eso obedeció en mucho a la tenaz resistencia indígena.

Finalmente, afirma don Alberto: “fue, así, una colonia pobre y poco atractiva. Quienes aquí llegaron, hubieron de dedicarse a cultivar la tierra, sin el concurso de grandes cantidades de peones”.

En contraste, el estudio de Claudia Quirós sobre la Costa Rica del siglo XVII muestra el papel fundamental jugado por la encomienda en la explotación de la mano de obra indígena. La expansión de la producción campesina, en el Valle Central, fue un fenómeno del siglo XVIII.

Como puede apreciarse, la historia de la conquista y del asentamiento inicial de los españoles en Costa Rica fue mucho más compleja de lo que don Alberto supone y, como en otras partes de América, inició con una catástrofe demográfica.

*Escuela de Historia, Universidad de Costa Rica
Diario Extra 21 agosto 2008.

15/10/2008 GMT 1

Columna DIGAMOSLO

marfuerte @ 03:49

Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
• Creo que se continúa cometiendo una gran injusticia con el costarricense más visionario y progresista que ha gobernado nuestro país: don Alfredo González Flores.

• Tal vez porque no fue un político de profesión, que desdeñó la creación de un movimiento o partido con fines electorales, su pensamiento y su valiosa obra como gobernante, fue quedando sin reconocimiento.

• Aunque no en el olvido, puesto que sus creaciones, en el campo económico y educacional, especialmente, marcaron el destino del país desde la segunda década del siglo XX. Los costarricenses no se olvidaron del milagro, pero sí del santo que los realizó.

• Tenía muy claro que un país sin educación no podía salir adelante y siempre consideró a la niñez y a la juventud como la mejor reserva de la nación. Ya desde su primer mensaje al Congreso, al asumir su cargo de presidente de la República, dejó claras sus ideas y propósitos sobre este tema:
• “El ciudadano de mañana —expresó— a quien estamos obligados a preparar hoy para las exigencias de entonces, merecerá en mi gobierno las mayores atenciones.” Y: “La escuela actual, de conformidad con apreciaciones.... debe tener un fin individual y otro colectivo.”
• Y dio el paso que signó la característica que habría de distinguir, desde entonces, al ser costarricense: la creación de una institución para formar maestros, que llevaran la instrucción y la cultura a todos los rincones del país, educando a los ciudadanos en los principios de la democracia y civilidad.

• Esa fue la inconmensurable y trascendental misión que cumplió la Escuela Normal de Heredia, faro de cultura de todo Costa Rica. Un verdadero hito en nuestra historia.

• Alfredo González Flores ha sido, también, el máximo precursor de la economía en Costa Rica. Fue quien primero se dio cuenta de que el país no podía seguir dependiendo de la banca extranjera ni de los vaivenes económico-financieros ajenos y por eso creó el Banco Internacional, que luego se transformó en el Banco Nacional, institución que llegó a convertirse en orgullo nacional.

• En otro de sus mensajes al Congreso, expresó: “La gestión del Banco Internacional ha venido a confundir a los numerosos enemigos de la institución que trataron, en una u otra forma, de ponerle obstáculos a su marcha y no se discuten ya los valiosísimos servicios prestados por el mismo a la economía nacional...”
• Y agregó: “Debemos defender la moneda (contra toda medida inflacionista) con el mismo talento, energía y sacrificio con que defenderíamos la soberanía nacional, ya que sus efectos en la vida de nuestro pueblo son tan funestos como cualquier amenaza a la integridad de nuestro territorio.”
• Debe reivindicarse la memoria de ese gran estadista y preclaro costarricense que fue don Alfredo González Flores. Su vida y su obra deben estudiarse a fondo, desde la escuela, hasta la universidad, a lo largo y lo ancho del país.

• Digámoslo: El pueblo que olvida a sus forjadores más preclaros, corre el riesgo de ser dominado por los mediocres...

Periódico La Prensa LIbre 19 agosto 2008

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