La Costa Rica que veo
•La década de los militares, Jesús Jiménez y Julián Volio
Alberto Cañas
La caída de Mora le trajo a Costa Rica una extraña y paradójica década: como narré el otro día, dos militares, los generales Máximo Blanco y Lorenzo Salazar (el primero de ellos el héroe del San Juan) se apoderaron del gobierno, pero no por cuenta propia sino de los cafetaleros, y el gobernante que sucedió a Mora fue José María Montealegre (médico, uno de los hijos que el precursor de la exportación educó en Inglaterra). Se ha dicho que los dos generales respondían, uno a los hijos de Montealegre y el otro a Aguilar (la cuarta familia, Bonilla, se había arruinado como Mora). Lo cierto es que, después de Montealegre, los militares colocaron en el poder a dos verdaderos estadistas: El Dr. (médico) Jesús Jiménez y el Dr. (abogado) José María Castro, que le dieron un gran impulso a la libertad y a la educación. La breve administración de Castro, salvo el esplendor de la libertad de prensa y de expresión, no fue tan brillante como las dos de Jiménez, y es de ellas que voy a hablar hoy.
Jesús Jiménez no sólo decretó, porque era la moda, la obligatoriedad de la enseñanza primaria, sino que la hizo cumplir con la policía, multando a los padres de familia remisos, medida que se aplicó durante veinticinco años, y comenzando en serio la gran tarea de la alfabetización. No se debe hablar de Jesús Jiménez sin mencionar a su gran Ministro Julián Volio. Sobrino del Obispo Monseñor Anselmo Llorente, Julián Volio Llorente siguió a su tío en el anti-morismo desenfrenado que le acometió en sus últimos años. Por esa razón, era una figura de confianza para el régimen que se instauró en 1859, y se destacó con brillo en las administraciones de Jesús Jiménez. En la primera de ellas, con Volio como Ministro de Relaciones Exteriores, apareció en Costa Rica el general Gerardo Barrios, expresidente de El Salvador, se instaló en Cartago y pidió asilo político. Desde la Presidencia de El Salvador, había ayudado y protegido al exiliado Juan Rafael Mora, y a su gran amigo y colega José María Cañas, a quien había nombrado Jefe de su Estado Mayor. Y fue él quien ayudó y en cierta forma financió la aventura de Puntarenas, que culminó con el fusilamiento de ambos próceres. Ahora venía a Costa Rica y pedía asilo aquí, porque aquí se sentía seguro, aunque Costa Rica estuviera aún gobernada por los que fusilaran a Mora y a Cañas. El Presidente Jesús Jiménez se declaró partidario de conceder el asilo, pero el Ministro Julián Volio se pronunció en contra. En otros tiempos y en otros países el presidente simplemente habría despedido a su Ministro y a otra cosa. (Una situación similar llevó a León Cortés en 1937 a prescindir de su Ministro de Relaciones Exteriores Manuel Francisco Jiménez).
Pero Jesús Jiménez actuó de manera que vale la pena relatar y que todos nos enteremos. Le propuso a Volio convocar una Junta de Notables, a la cual el Presidente y el Ministro explicarían las razones que cada uno tenía para sostener su posición. Y ambos se comprometieron a hacer lo que al Junta de Notables decidiera después de escucharlos a los dos.
La Junta de reunió. La escasez de periódicos en aquella época nos impide saber quiénes la formaron, Y la decisión de esa Junta fue que se concediera el asilo. Julián Volio no sólo bajó la cabeza como es costumbre decir, sino que el documento que preparó para conceder el asilo a Barrios ha sido la base que ha tenido Costa Rica para ser país de asilo, y para haber consignado en su Constitución ese principio. Todo, para conceder un asilo que Volio no habría querido conceder, a favor de un expresidente que falleció en Cartago pocos meses después.
De Jesús Jiménez y Julián Volio se puede y se debe hablar mucho. Cartagineses ambos, algo importante hicieron por la ciudad que había perdido la condición de capital en 1823, y fue convertir el Colegio San Luis Gonzaga. municipal en la primera institución educativa de Costa Rica, contratando profesores españoles, que querían emigrar tras el fracaso de la Primera República en 1868. Los hermanos Fernández Ferraz, Campabadal, Gámez, encabezaron la lista de esos hombres que, junto con el cubano Antonio Zambrana, formaron a la generación liberal que los costarricenses llamaron del Olimpo, y cuya cabecilla y cerebro mayor fue precisamente el hijo menor de don Jesús: Ricardo Jiménez Oreamuno.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 7 octubre 2008.

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