Vida heroica Manuela Sáenz, la compañera de Simón Bolívar, cursó una vida azarosa, pero no murió olvidadaHistoria
Sara Beatriz Guardia | sarabeatriz@telefonica.net.pe
Cuando Manuela Sáenz se dirigía al puerto colombiano de Santa Marta para reunirse con Simón Bolívar, recibió una carta de Louis Peru de Lacroix, auxiliar del general, en la que se le anunciaba la muerte del Libertador. Era el 17 de diciembre de 1830, y se abría así el episodio más dramático en la vida de Manuela Sáenz.
Pronto se trasladó a Bogotá y, haciendo frente a los ataques que lanzaban contra ella, manifestó públicamente su adhesión a los ideales bolivarianos. Vicente Azuero incitó la cólera y el desprecio contra “la Sáenz”, llenando las calles de carteles difamatorios. Los ataques concluyeron en el día de Corpus Christi con la quema de dos muñecos que personificaban a Manuela y a Bolívar.
“Nosotras, las mujeres de Bogotá, protestamos de esos provocativos libelos contra esta señora que aparecen en los muros de todas las calles [...]. La señora Sáenz, a la que nos referimos, no es sin duda una delincuente”, se leyó luego en otros escritos
Los ánimos se calmaron hasta la publicación de La Torre de Babel , un folleto escrito por Manuela Sáenz donde acusaba al gobierno de ineptitud para resolver los problemas más acuciantes y de actos de provocación y sedición. Ese folleto le costó la cárcel. Posteriormente, en abril de 1831, el general Rafael Urdaneta la expulsó de Colombia.
Cuando el general Francisco de Paula Santander fue elegido Presidente de Colombia, la desterró definitivamente de ese país el 1° de enero de 1834, y le confiscó sus bienes.
Maxwell Hyslop, comerciante inglés amigo de Bolívar, la acogió en Kingston (Jamaica). Allí vivió Manuela Sáenz durante un año hasta que recibió el salvoconducto que le permitía ingresar a su natal Ecuador, otorgado por el presidente Juan José Flores.
Sin embargo, no pudo ingresar a Quito. En octubre de 1835, Flores había perdido el poder, y Manuela debió trasladarse a Guayaquil, de donde fue expulsada el 18 de octubre de ese año por el gobierno de Vicente Roca-Fuerte.
Entonces se dirigió al Perú, acompañada de Jonatás, su esclava desde que era niña. Se instaló en Paita, un pequeño puerto en medio del desierto de la costa norte peruana.
Destino americano. Manuela llegó al mundo con el signo del amor ilícito y de la deshonra. Tal fue el escándalo que produjo su nacimiento que, con frecuencia, en Quito se hablaba más de la hija bastarda de don Simón Sáenz Vergara (miembro del Concejo de la Ciudad, capitán de la milicia del Rey y recaudador de los diezmos del reino de Quito) que del movimiento por la independencia que se gestaba, y en el que esa niña tendría gran presencia.
No en vano, ella presagió, muy joven: “Mi país es el continente de América. He nacido bajo la línea del Ecuador”.
En efecto, quienes creyeron que desterrando a Manuela Sáenz la habían vencido, se equivocaron. Era la misma Caballera de la Orden del Sol, condecorada el 11 de enero de 1822 por el general José de San Martín en reconocimiento por su entrega a la lucha independentista. Fue coronela del Ejército de la Gran Colombia por su destacada participación en la batalla de Junín (6 de junio de 1824). Entonces recorrió a caballo la agreste cordillera andina, con Simón Bolívar.
Luego prosiguió la campaña con el general Antonio José de Sucre, cuando Bolívar debió regresar a Lima para combatir un motín. El general Sucre le escribe a Bolívar detallando la batalla de Ayacucho y solicitando reconocimiento a Manuela Sáenz por su extraordinario valor:
“Ayacucho, Frente de Batalla, diciembre 10 de 1824. A Su Excelencia el Libertador de Colombia, Simón Bolívar: Se ha destacado particularmente Doña Manuela Sáenz por su valentía, incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando el avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos. La Providencia nos ha favorecido demasiadamente en estos combates. Doña Manuela merece un homenaje en particular por su conducta, por lo que ruego a Su Excelencia le otorgue el grado de Coronela del Ejército colombiano.
El vicepresidente de Colombia, general Francisco de Paula Santander, protestó y, en una carta, exigió a Bolívar que la degrade. Bolívar respondió indignado:
“¿Que la degrade? ¿Me cree usted tonto? Un Ejército se hace con héroes (en este caso heroínas), y estos son el símbolo del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en las contiendas, llevando el estandarte de su valor”.
Visitantes ilustres. Manuela Sáenz tenía 38 años cuando llegó a Paita en 1835, y allí permaneció hasta el 23 de noviembre de 1856. Durante estos años la acompañó Jonatás, con quien atendía una pequeña tienda en su casa y en cuya puerta se podía leer: Tobbaco. English spoken .
Nunca pudo recuperar sus bienes ni acceder a la dote que James Thorne, su esposo, le había devuelto en su testamento. Thorne fue asesinado en 1847, pero ella se negó a realizar cualquier trámite para hacer valer sus derechos.
Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar, vivía en un pueblo cercano a Paita, y con frecuencia la visitaba. También fue a conocerla el patriota italiano Giuseppe Garibaldi.
En su libro Las cuatro estaciones de Manuela , Victor W. von Hagen narra que la visita de Garibaldi coincidió con una de Simón Rodríguez: “Juntos pasaban sus años invernales estos dos enamorados de Simón Bolívar; juntos leían las cartas que les hablaban del pasado. Así estaban un día de 1851, cuando un caballero distinguido preguntó por la Libertadora... Se llamaba Giuseppe Garibaldi”.
Von Hagen agrega que los tres pasaron el día conversando de Bolívar: ella, en su cama, y Garibaldi, “recostado en el sofá pues sufría de una malaria contraída en las selvas de Panamá”.
Manuela conoció en este período a Herman Melville, cuando el futuro autor de Moby Dick arribó a Paita en 1841 a la edad de 22 años a bordo del ballenero Acushnet .
También llegaron a visitarla Carlos Holguín, político colombiano con quien ella recordó pasajes de su vida con Bolívar; Ricardo Palma, que recogió posteriormente la entrevista en sus Tradiciones , y el político y poeta ecuatoriano José Joaquín Olmedo, autor del Canto a Bolívar .
En Paita, rodeada del mar y de la arena del desierto, todos conocían a Manuela Sáenz, la respetaban y la querían. Ella estaba donde la necesitaban, con la fe y el coraje que caracterizaron su vida.
En noviembre de 1856, el puerto de Paita fue asolado por una epidemia de difteria, que pronto se propaló causando la muerte a gran parte de la población. Debido a ello, el 23 de noviembre murió Manuela Sáenz; unas horas antes había fallecido Jonatás, su fiel compañera.
El cadáver de la Libertadora fue incinerado a fin de evitar el contagio, y su casa, y sus pertenencias, quemadas.
LA AUTORA ES ESCRITORA Y PERIODISTA PERUANA. DIRIGE EL CENTRO DE ESTUDIOS LA MUJER EN LA HISTORIA DE AMÉRICA LATINA: HTTP://WEBSERVER.RCP.NET.PE/CEMHAL/
Suplemento Áncora. periódico La Nación 11 noviembre 2007