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RESONOCO

Categoría: Historia

10/09/2008 GMT 1

La Costa Rica que veo

marfuerte @ 02:45

¿Qué encontraron los españoles en el 1502?
Alberto Cañas
Costa Rica, creo, es un país muy especial. Lo ha sido siempre. Pero al decir esto no pretendo proclamar que sea un caso raro ni que deba interesar más que los otros (salvo a sus hijos); porque es un país muy especial en el mismo sentido en que todos los países del mundo son muy especiales. Cada uno a su manera, todos pueden ufanarse de poseer ciertas características que los hacen únicos. El ser humano curioso querría conocerlas, porque el ser humano curioso aspira a comprender. Y qué mejor actitud que la de querer comprender a nuestros semejantes.

¿Qué es Costa Rica? ¿Cómo nació? ¿A qué razones debe sus características particulares? Como es natural, común y corriente, las debe a razones geográficas e históricas, incluyendo, entre las históricas, las culturales. Cuando llegaron los españoles al territorio que hoy es Costa Rica, lo encontraron relativamente deshabitado.

Los estudios que se han realizado sobre la población indígena de entonces, concretamente los realizados por el obispo Bernardo Augusto Thiel a finales del siglo XIX, que son los que mayor aceptación han tenido, la calculan en poco menos de 30.000 Esto no hacía del territorio un sitio atractivo para afincarse. Por otra parte, aquí no abundan las riquezas minerales.

El oro con que estaban adornados los indígenas que recibieron a Cristóbal Colón, en 1502, y que provocaron el nombre que le dio de Costa Rica, venía de los ríos, y no de una mina que en vano buscaron los europeos por todos los rincones, y a la que dieron el nombre de Tisingal, sin ocuparse aparentemente de explorar los ríos. Además, esos objetos de oro eran antiguos ya; la época de auge y riqueza, de posible encuentro de las culturas incs y azteca, durante la cual los fabricaron, había terminado (historiógrafos del siglo XX la han fijado el final cinco siglos antes de la conquista española).

Era, pues, pobre, el territorio bautizado como rico. Y transcurrió casi medio siglo después de la visita de Colón a Cariari antes de que los españoles se decidieran a establecerse en él.

Fue, así, una colonia pobre y poco atractiva. Quienes aquí llegaron, hubieron de dedicarse a cultivar la tierra, sin el concurso de grandes cantidades de peones. Y surgió entonces la pequeña empresa agrícola familiar. Los 30.000 indígenas resistieron la conquista, y la historia habla de varios alzamientos y registra los nombres de Garabito y Pablo Presbere como caudillos de alzamientos contra el dominio español. Pero las verdad es que los aborígenes abandonaron los valles centrales y se escondieron, dejando a los españoles sin mano de obra, y obligándolos a importar negros (pardos los llamaron), y fue a una parda a la que se le apareció la Virgen de los Ángeles.

Continuaré en las semanas siguientes dando a ustedes mi visión personalísima de lo que ha sido Costa Rica.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 12 agosto 2008.

Dictador Tinoco, dos visiones

marfuerte @ 02:40

Julio Suñol
Alfredo González Flores asumió la Presidencia de Costa Rica el 8 de mayo de 1914. Federico (Pelico) Tinoco le dio un golpe de Estado el 27 de enero de 1917. En 1919 fue depuesto con el mismo entusiasmo y adhesión que le habían mostrado quienes lo ungieron en el puesto. Y en toda esa trayectoria de los años 14 al 19 se reflejaron los patriotismos, los oportunismos y los sometimientos al poder avasallador de los Estados Unidos, que los costarricenses fueron capaces de adoptar con una conducta camaleónica. Esto, por lo demás, no parece extraño -hasta la fecha- al comportamiento político histórico de muchos dirigentes y dirigidos de nuestro país.

Hemos podido profundizar un poco más en los acontecimientos de esos aciagos años, gracias a dos excelentes trabajos que fueron tesis de grado de los licenciados Hugo Murillo Jiménez y Jesús Fernández Morales. El aporte del primero se convirtió en libro en algún momento, y el del segundo está esperando un editor que desee contribuir a llevar más luz a los nefandos sucesos de una época, espejo fiel de las virtudes y los vicios políticos que no han abandonado el escenario nacional.

Dictador y traidor. Debemos empezar por recordar que Pelico Tinoco fue el mago político que, con la participación de Ricardo Jiménez Oreamuno, llevó al poder a Alfredo González Flores en mayo de 1914. Don Alfredo no había sido candidato a nada, pero en razón de que para esa fecha hubo un vacío poselectoral, se la ingeniaron para que el ilustre herediano entrara al poder por la ventana. Esto no demerita al personaje, ni autoriza a ignorar que González hizo un buen gobierno y que asimismo fue traicionado por Tinoco, quien era su ministro de la Guerra, como se le llamaba entonces a esa cartera. González fue depuesto por la oligarquía cafetalera, que estuvo en contra de las iniciativas del gobernante para introducir nociones y prácticas bancarias y tributarias, que se pueden resumir en la frase: que el rico pague sus impuestos como rico y el pobre como pobre.

Tinoco fue para muchos un dictador y un traidor y su caída se inicia no únicamente por la acción de los mismos intereses económicos y políticos que lo elevaron, sino por la presión inmensa y pertinaz que aplicaron el presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos, su secretario de Estado Robert Lansing y el audaz y atrevido intervencionista Benjamín Chase, quien como cónsul, con síntomas de paranoia, se daba la libertad de dirigir discursos al pueblo desde la sede diplomática norteamericana y de encabezar desfiles contra Tinoco. Ello satisfacía a los enemigos de éste y molestaba a la United Fruit Company y a su personero principal, Minor Keith, furibundo avalador de Tinoco y beneficiario del régimen. La intervención llegó a ser descarada y violatoria de las normas del Derecho Internacional.

González tenía varios factores en contra, como la profunda crisis económica de la primera posguerra, aparte de que buscó la justicia tributaria, lo cual incomodó a grupos de gran poder. Paralelamente se le había hecho una imagen de proalemán, lo cual equivaldría en nuestro tiempo reciente a haber sido prohitleriano o procomunista. Como no había nazismo, sí existía el kaiserismo, y como tampoco había el fantasma del comunismo, surgía el germanismo. Y en Costa Rica laboraba una influyente colonia alemana que supuestamente apoyaba a González. Es más: en aquellos tiempos decían que don Alfredo tenía una estación de radio en Heredia para comunicarse en secreto con el Kaiser. A esos absurdos llegaron las campañas contra él.

Wilson y el derrocamiento de Tinoco. De ambos estudios y de otros conocimientos se deriva la convicción de que la testarudez del idealista presidente Wilson fue lo que llevó al derrocamiento de Tinoco. Wilson soportó presiones de colaboradores directos que en algún trecho de su accionar recomendaron reconocer al dictador, entre ellos el mismo Secretario Lansing y John Foster Dulles, quien por esos días ya asomaba sus inclinaciones a instigar y resolver, como si estuviera preparándose para los años en que ocuparía la Secretaría de Estado. Dulles estuvo en Costa Rica para rendir un informe a Wilson.

La política wilsoniana del no reconocimiento, firme hasta el final, condujo al aislamiento económico de Tinoco (del país), lo que vino a crear problemas fiscales y sociales graves. Algunos daban por descartado que algo hubieran tenido que ver los intereses petroleros, aunque para entonces subsistían contratos de exploración y explotación petroleras, relacionados con Lincoln G. Valentine y Greulich-Pinto, compromisos inicialmente apoyados por González, pero después rechazados por él alegando que había propuestas mejores.

Quienes ven a Tinoco con otros lentes, argumentaban que éste accedió al poder de la misma forma en que él había hecho presidente a don Alfredo. Y alegaron que éste quería reelegirse, y que había existido un fraude en los comicios parlamentarios de medio período en 1915, atribuyéndole al gobierno sobornos y otros pecados capitales. Tampoco se negaban los esparcidos rumores de sobornos petroleros que habrían sido dados a prominentes figuras de la política nacional.

En el ínterin, siempre estuvo presente el fantasma de la intervención armada norteamericana, sobre todo por las pretensiones del cónsul Chase, quien pidió la presencia de barcos de guerra en Limón y Puntarenas, e incluso solicitó el desembarco de marines, lo que no sucedió porque el Secretario de Estado Lansing se negó, al igual que lo hizo el presidente Wilson.

Finalmente, Wilson se opone a la transacción que facilitaría la toma de la presidencia por el general Juan Bautista Quirós y veta a éste, pero impone la figura de don Francisco Aguilar Barquero, lo que sucede una vez que Tinoco ha salido hacia Europa por vía marítima desde Limón. Luego vendría la elección de Julio Acosta, quien junto con Alfredo y Jorge Volio y otros seguidores se habían atrincherado en Nicaragua, con el apoyo decidido del presidente, general Emiliano Chamorro. Éste temía una alianza de los tinoquistas con los liberales de su patria. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, parecía ser la inspiración chamorrista.

La conclusión es que aunque Wilson, respondiendo a su idealismo democrático y antidictatorial ayuda a tumbar a Tinoco, su intervención aparentemente buena para las instituciones, se convierte en rechazable para la mayoría de los costarricenses. La razón es que violenta e irrespeta nuestra soberanía. Eso explica por qué el país se levanta al unísono contra el mandatario cuando el presidente José Figueres Ferrer bautiza la carretera que conduce al aeropuerto El Coco (hoy Juan Santamaría), con el nombre de Autopista Wilson. Esta designación desapareció con rapidez.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 12 agosto 2008.

06/09/2008 GMT 1

La Costa Rica que veo 2

marfuerte @ 03:32

•De la Independencia a Ochomogo

Alberto Cañas
En octubre de 1821 llegó a Cartago, entonces la capital con 6.000 habitantes, la noticia de que en Guatemala habían proclamado la independencia de España. Y tras largos debates y esperas, los entonces llamados “costarricas” la aceptaron. Así nació este país sobre el cual esta columna aspira a hablarles.

Hasta hace muy poco los historiadores han coincidido en afirmar que en la estructura social que se fue formando durante la colonia, basada en la escasez de recursos humanos y minerales, cuya explotación pudiera enriquecer a los colonos, se origina la vida democrática que ha experimentado Costa Rica a lo largo de su historia. De esto no se puede deducir, naturalmente, que los indígenas hubiesen recibido un trato conforme con nuestras modernas concepciones de los derechos humanos, pero sí que el trato que recibieron fue menos cruel que ese que aún puede observarse en otros países de nuestra América hispana.

Lo importante es que Costa Rica, en 1821, no era una comunidad de encomenderos sino de agricultores. Mejor decir de campesinos. Había pequeñas aldeas en la sección central del país, una muy aislada, Nicoya, en la península que lleva su nombre, región en ese momento indefinida, pero que plebiscitariamente decidió en 1824 ser parte de Costa Rica. La mayor de esas aldeas, la que ostentaba el título de capital de la provincia, Cartago, tenía poco menos de 6.000 habitantes. La segunda en importancia: San José (fundada a mediados del siglo XVIII), no llegaba a esa suma. Las demás, las puede uno imaginar.

Cuando en octubre recibieron en Cartago la noticia de que en la ciudad de Guatemala se había proclamado la independencia el día 15 de septiembre, inmediatamente comenzaron los cabildeos, reuniones, discusiones y dudas. Los “costarricas” nunca habían considerado la posibilidad de ser independientes (de España, se entiende); independientes de Guatemala sí habían querido ser durante el siglo XVII, cuando pidieron al rey que los adscribiera al Ducado de Veragua –hoy Panamá– y al Virreinato de Nueva Granada –hoy Colombia–).

De tal manera que lo primero que se suscitó fue un gran debate, donde la expresión “esperar que se aclaren los nublados del día”, importada de Nicaragua, fue clave. Finalmente, se firmó al Acta de Independencia que conocemos. Yo creo que no la firmaron todos los presentes sino únicamente aquellos que sabían firmar.

Sin embargo, esto no descorazonó a los no pocos que preferían seguir dependiendo de España, lo cual planteó el primer gran debate político en Costa Rica, entre éstos, los que aceptaban formar parte de la Federación Centroamericana, y los que se inclinaban por anexarse a México, donde Agustín de Iturbide se había proclamado Emperador. Estos últimos tuvieron éxito momentáneo. Los partidarios de España también, cuando en una especie de cuartelazo se apoderaron de Cartago en 1823. En la ciudad más independentista de todas, Alajuela, se inició la marcha contra los imperialistas, encabezada por un joven de ideas avanzadas, Gregorio José Ramírez. Los josefinos se les unieron, y en las alturas de Ochomogo, tras un tiroteo de pocas consecuencias, los republicanos vencieron, tomaron Cartago, y trasladaron la capital a la ciudad de San José (punto geográfico e ideológico intermedio entre Cartago la reaccionaria y Alajuela la revolucionaria). Meses después vino la adhesión a la República Federal de Centroamérica.

Ramírez, marino de profesión y con apenas 27 años de edad, que había viajado por la América del Sur, es el primer caudillo y primer prócer democrático de Costa Rica. Tras su victoria político-militar y haber ejercido una dictadura durante quince días, se retiró, muy enfermo, y pocos meses después falleció en su ciudad natal.
Suplemento Página abierta. Diario Extra 2 setiembre 2008.

La Costa Rica que veo

marfuerte @ 03:27

•Los siglos coloniales

Alberto Cañas
Como no había gran riqueza ni aborígenes que explotar, ya que hemos visto que se escondieron por Talamanca y otras regiones norteñas, los españoles que aquí llegaron, más que conquistadores, fueron colonos.Y existe la hipótesis de que en buena parte eran individuos interesados, por decirlo de algún modo, en desaparecer. Judíos, se ha pensado. Algunos han dicho que quizá delincuentes.

Lo cierto es que a Costa Rica se llegaba por el norte, por vía terreste, y que los españoles pasaban primero por Guatemala, porque aquí no había donde atracar un barco en el Atlántico; lo cierto es también que los recién llegados se esmeraron en poblar de primera la vertiente del Pacífico (entre las dos en que una cordillera divide a Costa Rica); que las primeras instalaciones portuarias las construyeron en la costa del Golfo de Nicoya y que Costa Rica no tuvo puerto en el Caribe sino hasta que, durante la dictadura de Tomás Guardia (1870-1882) se construyó el puerto de Limón, donde estuvo el Cariari que Colón visitó.

Quienes en los años postreros del período colonial querían llegar a este país por el Caribe sin pasar por Guatemala, desembarcaban en San Juan del Norte, llamado más tarde Bluefields (Nicaragua), y se internaban desde allí por distintas rutas semi-fluviales y, pasando por Sarapiquí, hasta llegar a la región habitada de Costa Rica, en cuya vertiente atlántica sólo existía una aldea importante: Cartago, capital de la provincia, y en algún momento un poblacho llamado Turrialba (Torre Blanca, nombre sobre cuyo origen hay varias teorías más bien leyendas).

Tan aislados de la Corona vivieron estos colonos, que cuando en España declinó, hasta desaparecer, el trato personal de “vos”, para ser sustituido por el trato de “tú”, los habitantes de Costa Rica no se enteraron, y siguieron hablando de vos (como ocurrió también en el Río de la Plata, otra plaza colonial prácticamente abandonada por la Corona española).

Costa Rica fue el extremo sur de la Capitanía General de Guatemala, y durante casi tres siglos sus habitantes vivieron principalmente de la cría de caballos y su venta (totalmente ilegal y por lo tanto clandestina y contrabandística) en Veragua (hoy Panamá), a donde llegaban por veredas paralelas a la costa del Pacífico (que se presume serían las mismas transitadas por los revolucionarios que en 1918 se alzaron contra el gobierno tiránico de Federico Tinoco). También cabe apuntar que la vertiente del Pacífico es más seca que la muy húmeda del Atlántico y, por lo tanto, más sana y más atractiva para viajar por ella y hasta para vivir.

En Costa Rica se vivía en pobreza extrema. Existe un curioso documento, en el cual algunos enemigos suyos acusan al Gobernador español de que su familia no acude regularmente a misa los domingos, a lo cual el Gobernador contestó que, siendo padre de muchos hijos, no tiene ropa dominical adecuada para todos, de suerte que los turna en el uso de la ropa y en la asistencia a la misa. El puesto de Gobernador no debe de haber sido muy atractivo, y el último de ellos, significativamente, no fue un español sino un criollo; Juan Manuel de Cañas (sin parentesco alguno con el autor de estas líneas, pero antecesor en línea recta del prócer Ricardo Moreno Cañas).

En todo caso, quien quiera saber cómo se vivía en Costa Rica en 1821 cuando sobrevino la independencia de España, no tiene más que indagar si en este país existe alguna edificación que recuerde el poder político de la colonia. Y encontrará que sólo dos iglesias importantes (la de Nicoya y la que en 1821 estaban construyendo en Heredia) y una muy pequeña (en Orosi, acaso una ermita entonces) nos quedan de ese período. No existen manifestaciones físicas del poderío político español. Tampoco referencias, recuerdos o tradiciones que digan que alguna vez existieron.

Suplemento Página Abierta. Diario Extra 26 agosto 2008.

03/09/2008 GMT 1

Braulio Carrillo Colina

marfuerte @ 03:01

De Wikipedia, la enciclopedia libre
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Braulio Carrillo Colina
Presidente de Costa Rica

Período presidencial:
– Primer período

– Segundo Período
mayo de 1835 a
febrero de 1837
mayo de 1838 a
abril de 1842
– Precedido por: Manuel Fernández Chacón
– Sucedido por: Francisco Morazán
Fecha Nacimiento: 20 de marzo, 1800
Lugar Nacimiento: Cartago, Costa Rica
Fecha Deceso: 15 de mayo, 1845
Lugar Deceso: San Miguel, El Salvador
Don Braulio Carrillo Colina fue Jefe de Estado de Costa Rica (nombre con que se conocía al Presidente de la República antes de la reforma de la Fundación de la República en 1848) en dos períodos: el primero entre 1835 a 1837, y el segundo de facto entre 1838 y 1842.

Antes de ser Jefe de Estado, desempeñó varios cargos públicos, entre ellos: Magistrado y Presidente interino de la Corte Superior de Justicia, Diputado a la Asamblea Legislativa y Diputado al Congreso de la República Federal de Centroamérica.

Biografía [editar]Don Braulio hizo sus estudios de Derecho en la Universidad de León en Nicaragua. A la temprana edad de 28 años fue elegido Diputado por un período de dos años y durante un breve período fue Presidente de la Asamblea Legislativa de Costa Rica.

Siendo el año de 1834 fue enviado como representante de Costa Rica al Congreso Federal Centroamericano, en El Salvador.

A la renuncia de don José Rafael de Gallegos en 1835, fue electo Jefe de Estado para terminar el período de Gallegos. Debido a su carácter fuerte y a que la Asamblea derogó en agosto de ese año la ley de la Ambulancia, las ciudades de Cartago, Heredia y Alajuela se alzaron en armas contra el gobierno en mediados de septiembre, pero fueron derrotadas después de una guerra civil que se prolongó por quince días. Posteriormente, en 1836, también se rechazó una invasión organizada por emigrados costarricenses desde Nicaragua.

Fue candidato a la reelección en las elecciones de 1837, pero fue derrotado por Manuel Aguilar Chacón. Éste fue derrocado en 1838 por un cuartelazo que llevó nuevamente a Carrillo a la Jefatura del Estado, con facultades omnímodas. Se reunió una asamblea constituyente, que en noviembre declaró que el Estado se separaba de la República Federal de Centroamérica y así Costa Rica se convirtió en un país soberano. La constituyente suspendió sus sesiones en diciembre de 1838, para que una comisión preparase un proyecto de Constitución, pero aunque éste fue concluido en abril de 1839, el plenario no volvió a reunirse.

En 1841 emitió la Ley de Garantías, donde nuevamente, por su gran don de mando que poseía, se declaró Jefe vitalicio e inamovible del Estado la cual le concedía más poder para hacer las reformas necesarias para el desarrollo del país.

Una vez aprobada, impulso varios cambios en la vida social de Costa Rica, tanto que se le conoce como el Arquitecto del Estado Nacional costarricense. Prohibió la vagancia, el vicio y el crimen, y a la vez, hizo que todos los ciudadanos vivieran bajo un código de honradez, moralidad y trabajo. Impulso enormemente el desarrollo de Costa Rica e introdujo el orden en la Administración Pública.

Su gran empeño en abrir un camino para que comunicase el Valle Central con Matina en la costa caribeña, no pudo culminarse satisfactoriamente, ya que el gobierno de Francisco Morazán hizo detener los trabajos cuando ya estaban muy avanzados. Debido a este esfuerzo, el Parque Nacional situado entre las provincias de San José y Limón y una carretera entre San José y Guápiles llevan hoy su nombre.

En 1842 Francisco Morazán, ex Presidente federal centroamericano, invadió Costa Rica y se apoderó del poder. Carrillo hubo de marchar al exilio y se radicó en El Salvador, donde fue asesinado en 1845.

La Asamblea Legislativa de Costa Rica lo declaró Benemérito de la Patria, por acuerdo No. 1091 del 28 de abril de 1971.

Principales logros de sus gobiernos [editar]Se pagó la cuota de Costa Rica en la deuda británica de la Federación centroamericana.
Se inició la construcción de una carretera entre San José y la costa caribeña.
Se abolió la Ley de Ambulancia y se estableció la capital en San Juan del Murciélago, hoy Tibás.
Se redujo el número de días feriados en 1836.
Se impulsó el trabajo y combatió la vagancia y los vicios.
Se promulgó el Código General del Estado de Costa Rica en 1841.
Se desarrolló un plan de impulso agrario.
Costa Rica se separó de la Federación Centroamericana y asumió la plenitud de su soberanía.
Se dio una nueva organizó los Tribunales de Justicia.
Se fomentó el cultivo del café.
tomado de wikipedia.

27/08/2008 GMT 1

¿Sólida formación y probada trayectoria?

marfuerte @ 02:10

Iván Molina Jiménez | IVAN.MOLINA@ucr.ac.cr

Historiador

En un artículo que recientemente publiqué en Áncora ( 20/7/2008 ), señalé que ciertos sectores de la izquierda costarricense habían iniciado una revalorización de la experiencia de Morazán en Costa Rica, la cual contrasta con la perspectiva que sobre ese proceso histórico tenían los comunistas en la década de 1940.

Indiqué, además, que esa revalorización parecía estar relacionada con la interpretación de Morazán difundida por sectores de izquierda latinoamericanos identificados con el proyecto bolivariano.

Con base en mi artículo, don Julio Rodríguez, en su columna En Vela (25/7/2008) , señaló que Hugo Chávez “…influye en algunos de nuestros historiadores a punto de tergiversar la historia patria”.

En respuesta a esa afirmación, don Juan Rafael Quesada ( La Nación , Foro , 2/8/2008 ) se permitió aclararle a don Julio lo siguiente: “en días pasados un número significativo de historiadores de sólida formación y de probada trayectoria profesional… se preguntaba con vivo interés acerca de esa tendencia historiográfica ‘morazanista-chavista’ denunciada en el artículo de marras”.

No consultan las fuentes. Si don Juan Rafael y esos “historiadores de sólida formación y de probada trayectoria” hubieran leído mi artículo, lo primero que habrían notado es que, en ninguna parte, afirmo que hay historiadores costarricenses comprometidos con esa revalorización de la experiencia de Morazán en Costa Rica.

Tampoco menciono en mi artículo que exista una tendencia historiográfica “morazanista-chavista”; son esos “historiadores”, que don Juan Rafael cita, quienes lo hacen.

Parece claro, entonces, que don Juan Rafael y esos “historiadores” incurrieron en un manejo descuidado –por decir lo menos– de las fuentes que consultaron. En don Juan Rafael esto no es inusual. En su libro, Clarín patriótico (pp. 195-196), afirma que un estudio que José Gil publicó en 1985 encontró inspiración teórica en un libro que el historiador Eric Hobsbawm publicó ¡en 1990!

Tampoco es inusual en don Juan Rafael cuestionar el trabajo de sus colegas a partir de criterios no académicos. En su respuesta a don Julio, don Juan Rafael asocia mi artículo sobre Morazán con el macartismo y el “memorando Sánchez-Casas”. Tal procedimiento recuerda el cuestionamiento que don Juan Rafael hizo a algunos de los principales aportes del historiador Robert May por el solo hecho de ser May estadounidense ( Semanario Universidad , 7/9/2006).

De acuerdo con don Juan Rafael, esos “historiadores de sólida formación y de probada trayectoria” se preguntan acerca de las fuentes en que me baso. Con mucho gusto responderé a esa inquietud una vez que don Juan Rafael, para evitar incurrir en “generalizaciones y vaguedades”, los identifique.

Si lo hace, don Juan Rafael –quien ni siquiera es capaz de nombrar a las personas con las que debate– podrá empezar a reducir la brecha entre lo que predica y lo que practica.
periódico La Nación 5 agosto 2008.

20/08/2008 GMT 1

Pablo héroe

marfuerte @ 02:34

Recuerdo El viernes 4 de julio se cumplió otro aniversario de la muerte de Pablo Presbere

Juan Rafael Quesada Camacho | juanquesada@costarricense.cr
En el cantón central de Limón hay un monumento dedicado a Pablo Presbere, egregia figura de nuestro país, y un busto lo representa en las instalaciones de la Asamblea Legislativa. Hace unos años, un colegio de nuestra capital llevó su nombre, pero –en un acto inexplicable– fue sustituido por un nombre anodino.

Los símbolos visibles de Presbere no son, pues, muchos: menos que los merecidos. Sin embargo, pese a eso, debemos ver siempre a ese líder indígena como el ancestro que supo encarnar los valores de libertad, identidad y soberanía de nuestro país.

¿Cuántos costarricenses saben qué se recuerda el 4 de julio? ¿Qué porcentaje de la población está enterado de que el 4 de julio es el Día de Pablo Presbere, Defensor de los Pueblos Originarios de Costa Rica? Para no olvidarlo, veamos quién fue este personaje.

A la llegada de los españoles a lo que luego sería llamado Costa Rica, este territorio estaba poblado por decenas de miles de seres humanos, o sea, por las los habitantes autóctonos.

Muchos españoles se creían con el derecho de apoderarse de tierras y personas; impulsados por el afán de enriquecerse, conquistaron el continente americano por medio de dos instrumentos: la espada y la religión.

Poco después de 1502, la población indígena concentrada en el Pacífico Norte y el Valle Central fue objeto de varios tipos de violencia: muchos fueron esclavizados y algunos exportados a varios lugares del continente. A otros se los utilizó como mano de obra gratuita, y la mayoría fue obligada a pagar tributos y a proporcionar alimentos y servicios a los españoles.

Aunque una parte de la jerarquía indígena colaboró con los invasores, el resto de la población, amistosa al principio, empezó a rebelarse ante los abusos de los conquistadores. Es significativo que, en Cartago, algunos indígenas fueran descuartizados cuando osaron rebelarse.

Sin bien el dominio español se consolidó en el Valle Central a finales del siglo XVI, aquellos autóctonos que no se sometieron se refugiaron en las montañas.

Así, en particular, la vertiente atlántica permaneció inconquistable debido a su lejanía, al rigor de su clima y, especialmente, a la notable resistencia indígena, a pesar de que los métodos de conquista fueron allí más violentos que en el resto del país.

La brutal explotación a la que fueron sometidos los habitantes originarios de Costa Rica por parte de las autoridades político-militares y eclesiásticas, más las enfermedades importadas por los españoles, dieron como resultado un abrupto descenso de ese grupo humano (catástrofe demográfica).

Entonces, los conquistadores debieron buscar afanosamente mano de obra en las áreas ocupadas por los llamados “indios bravos”, ubicados en la región atlántica, sobre todo en Talamanca.

En consecuencia, desde principios del siglo XVII, a las acciones militares se unió la actividad misionera con el propósito de fundar poblaciones estables y, así, apoderarse de los aborígenes.

Ese proceso se inició en 1605, cuando se fundó Santiago de Talamanca, y culminó en 1709. Durante todo este periodo fueron comunes toda clase de tropelías contra los indígenas, desde el azote hasta el corte de las orejas y la destrucción de sus creencias religiosas.

Rebelión. La reacción de los nativos talamanqueños no fue sumisa; al contrario, opusieron una feroz resistencia. Cada acto de rebeldía era seguido por la represión, lo que fortalecía, entre los indígenas, cada vez más, el ansia de rebelarse ante a la opresión extranjera, de defender su libertad y cultura.

El 28 de setiembre de 1709, bajo la conducción del cacique Pablo Presbere, comenzó un enorme levantamiento que agrupó a miles de indígenas.

Armados de arcos, flechas y lanzas de pejibaye, se enfrentaron con españoles provistos de arcabuces y los pusieron en dificultades. Durante varios meses, los primeros pobladores de nuestro país mantuvieron el control de sus tierras, desde la frontera con Panamá hasta las cercanías de Cartago. En realidad, se podría afirmar que recuperaron su derecho a ser soberanos.

Sin embargo, el gobernador de entonces, Lorenzo Antonio de Granda y Balbín, pidió ayuda militar a Guatemala, y con ella fue aplastada aquella insurrección.

Vencidos los indígenas, centenares de ellos fueron amarrados y conducidos a Cartago, donde fueron convertidos en mano de obra gratuita.

A la vez, se sometió a juicio a sus caciques e inspiradores, entre ellos Pablo Presbere, considerado el “principal motor” de esa rebelión, según documentos de la época.

Presbere fue sentenciado a ser arcabuceado y decapitado. Una vez muerto, con el fin de amedrentar a sus seguidores, sus restos fueron exhibidos.

Para comprender mejor los alcances de estos hechos, se debe tener presente que Pablo Presbere era reconocido como el guerrero más respetado de la región talamanqueña.

No es de extrañar entonces que, al ser condenado, Pablo Presbere diera pruebas de altivez porque, a pesar de ser torturado para que delatase a los otros dirigentes, prefirió callar y aceptar él solo las consecuencias de su gesta liberadora.

Sin duda, Pablo Presbere es digno merecedor del título de Defensor de los Pueblos Originarios de Costa Rica.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN CIUDADANA ACTIVA, QUE DEFIENDE EL CARÁCTER PLURICULTURAL Y MULTIÉTNICO DE COSTA RICA.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 6 julio 2008.

Dos ‘brujas’ en Costa Rica

marfuerte @ 02:26

Secretos y mentiras El único juicio por brujería que se incoó en el siglo XVIII, revela mucho de nuestro pasado
Jorge Arroyo | jorgearroyo2000@yahoo.es
La sección Complementario Colonial del Archivo Nacional de Costa Rica guarda un grueso fajo de 60 folios, que tiene que ver con hechicería. Es el único caso que se conoce de una acusación por brujería durante el periodo colonial costarricense. Recoge la acusación contra dos mulatas cartaginesas, María Francisca Portuguesa y Petronila Quesada, a quienes un militar, Matías Quesada, culpó de haberle hechizado el miembro viril.

En la primera página se lee que, estando Matías gravemente accidentado de los testículos , difamó públicamente a las muchachas y luego llevó su clamor hasta el gobernador, Juan Manuel de Casasola y Córdova, ante quien pidió castigo contra las presuntas nigromantes.

En aquella estructura provincial, el gobernador no se encargaba de tales asuntos, así que Casasola delegó el proceso en José Romualdo de Oreamuno, miembro del cabildo español, nombrado alcalde de la Santa Hermandad (equivalente de la Policía).

El alcalde de la Santa Hermandad “se ocupaba, con procedimiento sumario, de los casos de violencia, resistencia a la justicia, violación y allanamiento producidos en zonas despobladas” y trataba “los delitos y excesos que se cometían en el campo”, según explica la historiadora Carmela Velázquez en su Diccionario de términos coloniales (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005).

Por las atribuciones de su puesto, a Oreamuno competía indagar la verdad o la falsedad de hechos como el expuesto, y, cumpliendo con sus obligaciones, se dio a las pesquisas sin imaginar que legaría a la posteridad un caso que muestra interesantes formas de atender la justicia en la Colonia.

Pobres y casi honrados. La Gobernación de Costa Rica era la más alejada de la Capitanía General de Guatemala. Nuestra sociedad no era ajena a los valores con los que la monarquía española engranaba sus colonias, pero sus habitantes vivían en condiciones muy diferentes de las de los otros lugares (virreinatos o capitanías).

En nuestra provincia, para subsistir, tanto foráneos como naturales creaban nexos de dependencia, aunque no necesariamente igualitarios.

Las diferencias sociales y culturales existían, pero se disimulaban más que en otros territorios. Aunque los indios, mulatos y mestizos trabajaban para sus dominadores, la nobleza y el clero apenas lograban superar las precarias condiciones imperantes.

La ciudad de Cartago era una aldea deprimente, alrededor de un lodazal llamado Plaza Mayor. Faltaban trabajadores. Los que labraban la tierra, precisaban de mes-tizos o mulatos esclavos, y en la vida doméstica también se requerían brazos para el oficio.

En los hogares, la mano de obra libre era cara. Había que ingeniárselas para obtenerla gratuitamente, o al menos más barata que lo que costaba comprar una esclava. Las mitas ya no existían, pero algunos encontraron cómo beneficiarse de las dudosas penitencias legales que facilitaban empleados gratis, aunque fuera por poco tiempo.

Dentro de las posibilidades de contar con empleados sin salario estaba el depósito . Esta forma legal consistía en ubicar a una acusada en una casa donde ofreciera trabajo doméstico no remunerado, como parte de la purga por su condena. De aquella forma, gente de las clases altas se procuró esclavas sin mayor costo que alimentarlas.

Tal artimaña era inaccesible para otros estamentos, que para ganar dinero recurrían a la prostitución y la brujería.

La Colonia tenía fuertes sistemas de control represivo, pero en la plaza raramente había crueles espectáculos de castigo; por lo que los pretendidos hijosdalgos como los indígenas, y hasta dignatarios monárquicos o eclesiales, iban contra lo establecido para paliar sus carencias y para agenciarse dinero o servicios.

La pobreza unificaba. Hasta el gobernador vivía en una casa austera. Para sufragar gastos debía dedicarse al comercio o a actos ilícitos, impensables en sus pares de los virreinatos, como el contrabando.

No convenía que los afuerinos supieran de esas prácticas, por lo que se recelaba mucho de la mirada externa. En las antípodas de la escala social, indios, mulatos, mestizos y negros vendían su cuerpo o practicaban el curanderismo para ganarse unos cuartos. Por ambos oficios acusaron a las mulatas María Francisca Portuguesa y Petronila Quesada.

Brujas en depósito. Los autos contra las muchachas se iniciaron en junio de 1775. La causa se abrió por solicitud de Joaquín Quirós, padrastro de María Francisca, quien pidió la libertad de su hijastra, apresada y puesta en depósito. El oficial Oreamuno comenzó los interrogatorios, que compusieron un proceso donde se refleja la vida de la periferia cartaginesa colonial.

Las mulatas vivían marginales al principal asentamiento cartaginés. En su chabola servían sexualmente a algunos hombres, y también practicaban el curanderismo, común entre los indígenas.

Aunque las declaraciones arrojan que el mal del querellante era una enfermedad venérea, el cargo de brujería era grave y podría acarrear un castigo muy fuerte. El expediente, engrosado con los testimonios, se agrandaría más con las ratificaciones.

El tiempo corría, mientras las dos muchachas seguían presas de oficios domésticos gratuitos. Quienes deseaban verlas libres reclamaron con fuerza. Un año y tres meses después de iniciado el proceso, el expediente fue remitido con apuro a Nicaragua para que las autoridades de León dirimiesen el caso. Pasarían nueve meses antes de que llegase la esperada resolución.

Resolución conveniente. Los cartagineses no desearon emitir una sentencia tan delicada y prefirieron pasarla a esferas superiores. Preveían que si León no se pronunciaba, el asunto iría a Guatemala, y eventualmente sería elevado al virreinato de Nueva España (México). Al fin, podría haber funestas consecuencias.

En el mejor de los casos, habrían de mandar a las encartadas hasta México; en el peor, México enviaría a un inquisidor, con los costos económicos, sociales y emocionales que traería a estas alejadas tierras, donde la ausencia de miradas externas era garante de tranquilidad.

Entonces, desde León, el licenciado Enrique de Aguilar finiquitó el problema con una larga carta.

Luego de resumir el delito, el documento se extiende en admoniciones transcritas casi textualmente del discurso V del tomo II del Teatro crítico universal . Este era una colección de extensos artículos sobre distintas materias, incluida la magia, publicados por el español Jerónimo Feijoo entre los años 1726 y 1740.

Con docta retórica, Aguilar desestimó que las reas fuesen hechiceras; para él, lo único probable era que no supieran la doctrina cristiana, lo que no ameritaba quitarles la libertad. Así pues, las absolvió y las declaró libres. Al juez de Cartago, Aguilar pidió que no alargase tanto estos asuntos pues, por su tardanza, “los inocentes padecen o los delincuentes quedan sin castigo”.

Al final de los autos seguidos contra María Francisca Portuguesa y Petronila Quesada por brujas, se las dio por instruidas en el Catecismo y se las liberó de la sujeción del depósito; al fin, se las entregó nuevamente a sus padres.

Habían transcurrido dos años de depósito de dos mulatas y de un juicio extensivo, pero quedó un importante testimonio de la época colonial frente a la hechicería: la colonia costarricense no sacrificaría su tranquilidad ni sus entuertos por un par de presuntas brujas.

Según apuntan los documentos, también Martín Quesada fue feliz: un indígena le curó el impedimento que originó tan singular juicio.

EL AUTOR ES DRAMATURGO Y AUTOR DE ‘FIGUEROA, NOTARIO DE LA PATRIA INÉDITA’ Y ‘LA TEA FULGURANTE’, ENTRE OTRAS OBRAS. GANÓ EL PREMIO AQUILEO J. ECHEVERRÍA EN 1996, 2003 Y 2004.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 3 agosto 2008.

19/08/2008 GMT 1

Darwin en Costa Rica

marfuerte @ 03:48

Polémica Hace cien años, la teoría evolucionista suscitó debates entre periodistas y profesores
Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
En 1907, la ciudad de Heredia se convirtió en el epicentro del más importante conflicto religioso experimentado por Costa Rica en el siglo XX. Una denuncia de que en el Liceo de dicha ciudad se enseñaba la teoría de la evolución, desencadenó un choque cada vez más intenso entre la feligresía católica y el círculo de jóvenes intelectuales radicales articulado en torno del escritor y educador Roberto Brenes Mesén.

En el curso de ese proceso, y para alarma del gobierno de Cleto González Víquez (1906-1910), la sociedad costarricense fue escenario de movilizaciones populares en defensa de la fe, excomuniones y quemas de textos impíos, al tiempo que la moral católica era objetada sistemáticamente con base en los abusos sexuales atribuidos a algunos sacerdotes.

El conflicto realmente había empezado en 1905, cuando Brenes Mesén fue contratado por la Municipalidad de Heredia para dirigir el colegio de esa ciudad, pero su fase más aguda se desarrolló en 1907. Según Brenes Mesén, el 9 de mayo de ese año ocurrió lo siguiente:

“[…] el señor Cura [de Heredia], en una de sus pláticas, delató el hecho de que en el Liceo se enseñaban doctrinas contrarias al dogma católico, y á la salida de las niñas del Colegio una señorita –cuyo nombre me reservo– atravesó la calle para decir á las alumnas algo parecido á esto: «de monas las trataron y monas se quedaron». Como el asunto era de ninguna importancia, no le presté atención; pero poco á poco, á medida que transcurrían los días, fuí adquiriendo conocimiento de las versiones calumniosas que circulaban, primero entre gentes santurronas, luego entre los malquerientes del Liceo, y aun entre personas que por su posición estaban en el deber de mostrarse recatadas”.

‘Monos’. Rápidamente, el conflicto pasó de una dimensión local y oral a una escrita y pública. El 11 de mayo de 1907, el periódico católico El Orden Social, impreso en la ciudad de Heredia y dirigido por el presbítero Rosendo de Jesús Valenciano, publicó un suplemento titulado “Cartas a una señorita colegiala”, en el cual se impugnó la teoría de la evolución.

El principal argumento esgrimido contra tal teoría –el cual a su vez revela una limitada comprensión de la teoría misma (que no postula que el hombre descienda del mono)– fue una doble pregunta: ¿por qué no todos los monos se transformaron en hombres y por qué se detuvo esa transformación? El autor del artículo, bajo el pseudónimo de Tío Perilla , le advertía a la joven anónima a la que iba dirigido su escrito:

“[...] amiguita mía. Eso que te insinúa tu sabio embaucador, digo profesor, sólo por desmentir la revelación cristiana, es muy tonto... Si te vuelve con tales majaderías dile sencillamente ¿cuándo aconteció, eso que usted me pinta con tantos pelos y señales? ¿Cómo sucedió y en virtud de qué ley ó procedimiento? ¿Por qué no dura hoy la moda y por qué causas cesó? Como seguramente el chilenoide de marras no sabrá que responder á esas tres preguntitas, dile además que se goce él y se gloríe muy enhorabuena en tenerse por descendiente de bestias y por ende bestia como ellas, que nosotros los católicos nos estimamos algo más y tenemos en mejor estima la dignidad del género humano”.

Hasta donde se conoce, el texto escrito por Tío Perilla fue la primera publicación referida al hecho de que, en una clase realizada el 20 de abril en dicho colegio, un profesor de Ciencias Naturales del Liceo de Heredia, José María Orozco Casorla, supuestamente había afirmado que el hombre descendía del mono. El calificativo de ‘chilenoide’ era una forma despectiva de referirse a los jóvenes costarricenses que habían estudiado en Chile; podía referirse tanto a Orozco Casorla como a Brenes Mesén, ambos graduados en esa nación sudamericana.

A raíz de lo anteriormente expuesto, el corresponsal en Heredia de El Noticiero, un periódico liberal que se editaba en San José, escribió una nota en la que indicó:

“[...] mal estamos en esta ciudad, que en lo futuro no se llamará ‘ciudad de las flores’, ni del ‘órgano’, sino la ciudad de ‘los monos’; así tal como se oye y sin lugar á reclamo. Un señor profesor desenterró la lata vieja [la teoría darwiniana. I. M .], combatida, desacreditada por lo inaceptable, y hete aquí con ella de nuevo”.

Sin embargo, la dirección del periódico encontró inaceptable lo escrito por su colaborador en Heredia, y demoró su impresión hasta el día 16 de mayo, cuando publicó dicho artículo con una nota, en la cual se advertía: “No estamos de acuerdo con nuestro corresponsal en cuanto a la teoría darwiniana. Nosotros aceptamos la teoría evolucionista como una de las más bellas conquistas de la observación científica”. Esta aclaración provocó una respuesta violenta de El Orden Social, fechada el 18 de mayo, en la cual se atacó a esos

“tipos que no teniendo otra cosa mejor que hacer, se meten á reporteres de tres al cuarto en un diario liberal cualquiera, escriben unas cuantas crónicas de burdel y ya después se creen periodistas de veras, se dan humos de intelectuales y le hablan á Ud. de esto y de lo otro con tono magistral sin entender maldita la cosa”.

Otras heridas. Lo publicado por El Orden Social era una obvia declaración de guerra ya que descalificaba a los periodistas de El Noticiero al asociarlos con la prostitución. Además, El Orden Social acompañó su respuesta con un suplemento en el cual atacaba al darwinismo.

La réplica de El Noticiero no se hizo esperar y señaló satíricamente en su edición del 22 de mayo:

“[…] no vemos la razón que tengan los creyentes en sulfurarse contra los incrédulos, ni la que éstos tengan para hacer mofa de la religiosidad de las gentes, máxime si se piensa que este sentimiento es inherente del primer período de la evolución... En gracia, pues, de la teoría evolucionista disculpamos la intolerancia del señor Valenciano [director de El Orden Social ]”.

En las semanas siguientes, el conflicto se agudizó cada vez más hasta que, hacia mediados de agosto, el interés por el asunto empezó a decaer. Tal conflicto no alcanzó la duración ni la profundidad que tuvieron los enfrentamientos entre liberales y católicos en las décadas de 1880 y 1890, mas por un momento pareció como si la sociedad retrocediera en el tiempo. En 1907 no habían cicatrizado las heridas abiertas menos de veinte años atrás.

La intensidad del conflicto cultural de 1907 se explica en parte por los cambios experimentados por la sociedad costarricense desde fines del siglo XIX.

Con la creciente alfabetización popular y la expansión de la cultura impresa (en particular de la prensa), se configuró una esfera pública que propiciaba que confrontaciones en principio locales se profundizaran y extendiesen más allá de su lugar de origen.

Recuperar en toda su complejidad el conflicto de 1907 tiene su importancia en la actualidad debido a la expansión experimentada por las corrientes creacionistas, especialmente en los Estados Unidos, y a los esfuerzos realizados por sus simpatizantes para prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución. ¿Será el sistema educativo costarricense escenario de una nueva confrontación de esta índole en un futuro cercano?

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO SINTETIZA ASPECTOS DE SU LIBRO ‘LA CIUDAD DE LOS MONOS’.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 3 agosto 2008.

12/08/2008 GMT 1

De generalizaciones y vaguedades

marfuerte @ 02:25

Juan Rafael Quesada C.

¿Cuál es esa tendencia historiográfica “morazanista-chavista” de la izquierda tica?
Historiador

A propósito de lo expresado por don Julio Rodríguez en su columna En Vela, del 25 de julio , quisiera compartir con el autor, y supuestos lectores, algunas reflexiones. Coincido plenamente con la afirmación de que “nada referente a las universidades nos puede ser ajeno”. En realidad, nada de lo concerniente a la educación en general nos puede ser indiferente, pues desde la Ilustración nadie duda de la trascendencia de la actividad educativa para la sociedad como un todo, y para los individuos en particular.

Prestigio de universidades. El señor Rodríguez se refiere a dos cuestiones tratadas, en distintas fechas, por un historiador y por un músico y escritor , las cuales contienen aseveraciones que comprometen seriamente el prestigio y credibilidad de las universidades, especialmente de las públicas.

Efectivamente, ambos comentarios, en los cuales aparentemente el columnista se fundamenta, se caracterizan por su generalidad, por no aportar elementos probatorios. Es cierto que en las universidades no todas las tesis son de óptima calidad, como no lo es todo lo que está a disposición en el mercado, pero de ahí a afirmar categóricamente, por ejemplo, que en las universidades “se regalan títulos”, existe una enorme diferencia.

Es mi criterio que, si a ese destacado músico lo impulsa una genuina preocupación por la vida universitaria, debería aportar, al menos, indicios, pistas que sirvan a las autoridades universitarias para que, de acuerdo con los propios términos del señor Rodríguez, analizar, rebatir, aceptar “y, sobre todo para rectificar”. Esto dicho, a propósito del encuentro que se inició el 1.º de agosto entre las cuatro universidades públicas y 50 privadas.

Chávez y Morazán. Mucho más grave es, sin embargo, lo sostenido por el historiador, pues él asegura que “un sector de la izquierda” presenta a Francisco Morazán como “un enemigo del imperialismo y del subdesarrollo”. Establece una amalgama entre la “nueva” valoración del caudillo y “el proyecto bolivariano del presidente Hugo Chávez”. (¿Estará aún vigente la lógica macartista del célebre memorando Sánchez-Casas?).

Todo este “aporte” le permite, al periodista citado, emitir graves acusaciones contra ese gobernante, como si él fuese la personificación del “eje del mal” en América Latina. Eso, en verdad, no me interesa. Lo que sí me preocupa seriamente y me impulsa a escribir estas notas es el hecho de que se afirme de manera contundente que Chávez “influye en algunos de nuestros historiadores a punto de tergiversar la historia patria”. A partir de esos supuestos hechos, la acusación y condena a las universidades cae por su peso. A ellas correspondería, según su razonamiento, probar que no son culpables.

No dudo de que a don Julio lo motive una sana preocupación por el quehacer de las universidades. Por eso, con el fin de que tenga más elementos de análisis me parece necesario hacer de su conocimiento lo siguiente. En días pasados un número significativo de historiadores de sólida formación y de probada trayectoria profesional, que también sabe “de tesis doctorales en serio”, se preguntaba con vivo interés acerca de esa tendencia historiográfica “morazanista-chavista” denunciada en el artículo de marras (Áncora, “Morazán reinventado”, 20/7/07).

Existía consenso en preguntarse: ¿Cuál es ese sector de la izquierda costarricense? ¿Quién lo representa? ¿Cuál es su domicilio? ¿En qué artículo periodístico ha expuesto esas alocadas tesis? En vista de que no surgieron respuestas a esas interrogantes, uno de los colegas expresó en tono jocoso: ¿Se tratará de una célula tupamara criolla? ¿Acaso estará más escondida que la “lista” de políticos de Fernando Berrocal?

Contentarse con generalizaciones, con hablar de “algunos sectores” en forma imprecisa, es sucumbir a lo que, justamente se denuncia con firmeza, es decir, que las “palabras” intercambien “la razón por la servidumbre”.
periódico La Nación 2 agosto 2008.

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