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RESONOCO

Categoría: Historia

24/06/2008 GMT 1

Neonazis no saben de historia.

marfuerte @ 02:51

rsolera@hotmail.com
Un sector de la juventud alemana, una minoría incómoda e indigesta a más no poder, vienen desde hace unos años para acá con la disparatada idea de reivindicar (¿de qué?) al partido nazi, de aberrante memoria y vergüenza para el mundo civilizado. Los llamados neonazis planean, otra vez, seguir en sus andanzas, llevando a cabo unas marchas antisemitas con la consigna de continuar apoyando a Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, para el cual el exterminio de judíos nunca existió, el mismo que busca desaparecer al pueblo de Israel.

Estos neonazis se las traen, aparte de dibujar la cruz gramada con arma blanca en el cuerpo de personas, ahora pretenden echar fuego a la hoguera apoyando y atizando el odio contra el pueblo judío, ese pueblo que emergió fuerte y altivo desde las cenizas de los que sucumbieron en los hornos y el gas, y este año celebran orgullosos los 60 años de creación como nación del Estado de Israel Los dispositivos para controlar a estas huestes neonazis será competencia de la seguridad y policía alemana; la historia nos compete a todos.

La negación del Holocausto en el mundo árabe, según pregonan Mahmud Admadineyad y el francés Róger Garaudy (convertido al Islam y uno de los más influyentes contra la existencia del Holocausto judío), este último en su artículo “Los mitos que fundaron la política israelí”, como burlándose del mundo civilizado confirma que las cámaras de gas fueron usadas para esterilizar la ropa personal de los soldados y el equipo para prevenir el brote de epidemias”. Percibo que alguien se burla de la inteligencia del mundo civilizado.

Además, “los hornos crematorios que fueron encontrados allí no fueron usados para el exterminio, sino más bien para quemar los cuerpos de los muertos” —ambos de prisioneros y aquellos de los alemanes— para prevenir el brote de enfermedades, según pregona el islámico Garaudy.

El párrafo anterior viene a demostrar una irónica desfachatez ante una página en la historia de la humanidad llena de dolor, sangre y lágrimas de un pueblo que se resistió a morir, esto lo desconocen los pobres ingenuos neonazis en busca de un “nuevo orden” al mejor estilo del “exterminador” Fuhrer alemán. El iraní Ahmadineyad niega el Holocausto, un invento del sionismo para negociar la fundación del estado de Israel, dice, pero omite reconocer que tantos árabes y musulmanes no son ninguna excepción, siempre han creído que son la mejor nación de todas y el resto del mundo lo conformamos una sociedad de herejes.

Evitan mirar sus contornos y vecindades donde los grupos extremistas, terroristas aliados sumisos con Al-Qaeda en Iraq y sus actos contra los shiitas, comunidad compuesta por las dos terceras partes de los habitantes iraquíes han sido casi exterminados. En sus alegatos niegan el Holocausto, afirman que no existió algún programa alemán para el genocidio de los judíos en Europa. Niegan el cruel y criminal tratamiento masivo en las cámaras de gas, no existió, son falsos; como falsos son el estimado de los seis millones con cien mil judíos, seres humanos, masacrados sin piedad alguna. Estos neonazis niegan una lamentable verdad histórica, donde hay que sumar más muertes de 800 mil gitanos, cuatro millones de soviéticos prisioneros de guerra; más de tres millones de polacos incluyendo los discapacitados física y mentalmente y también homosexuales. Entre los millones de víctimas de los nazis, el 13,33% de ellos eran alemanes judíos.

Respecto al apoyo logístico, propagandístico y violento que los neonazis alemanes le brindan al enemigo declarado del estado de Israel, el mandatario iraquí Madmud Admadineyad el cual afirma que nunca existió ningún exterminio de los judíos en la Alemania nazi de la raza “aria”, llamada a dominar Europa; adecuando una “solución final al problema judío” ideada por una mente demencial hitleriana para masacrar a todos el judaísmo del viejo continente.

Niegan la realidad, dolorosa y vergonzosa de la exterminación de unos seis millones de judíos... ¡alrededor de un tercio de la población mundial de los descendientes de Abrahaan de esa época!
En algunos casos de persecución y asesinatos, dígase fusilados, calcinados en los hornos, asfixiados en las cámaras de gases o dejados morir por inanición, hacinados en campos de concentración, pueblos enteros desaparecieron, por citar algunos, la comunidad judía de Polonia con más de tres millones de miembros como también los sefardí de Salónica, en Grecia. Los irreverentes neonazis pretenden ignorar la historia retándola, negando el Holocausto, donde los muertos pasaron a ser parte de las estadísticas de las barbaries nazis porque los datos del genocidio demuestran que no podrán ocultar la verdad que marcó la vergüenza del ser humano contra el ser humano. Exterminaron 6.100.000 judíos de los cuales entre el 49% y el 63% eran naturales de Polonia; cuatro millones de prisioneros de guerra soviéticos; tres millones de polacos no judíos y millón y medio de disidentes políticos. También, entre los asesinados se suman 800 mil gitanos; 300 mil discapacitados y 250 mil homosexuales, agregándose a la lista 2 mil Testigos de Jehová.

El mundo se horrorizó y se avergonzó ante la masacre, ante este Holocausto, lo que motivó que países más civilizados buscaran, a toda costa, rescatar a los judíos sobrevivientes al exterminio nazi; de ahí surge la creación del Estado de Israel como nación libre y soberana, seccionándose una parte del territorio conocido como el Mandato Británico, a Palestina.

Cuando ascendió al poder el partido nazi en 1933, se establecieron los primeros campos de concentración en Alemania, y en el transcurso de la Segunda Guerra mundial se abrieron otros en Holanda y Polonia, hasta completar 47 centros de exterminio, ubicados en la República Checa, Estonia, Letonia, Trieste, Bielorrusia, Francia y Austria.

Los campos de la muerte de mayor exterminio fueron, el de Auschwist-Birkenau con un estimado de millón y medio de crímenes; Belzec con 600 mil; Chelmo con 340 mil; Sobibór ajustició a 250 mil; Treblinka registró 800 mil y Varsovia arriba de los 200 mil ejecutados. Todos estos situados en Polonia.

En el Sachsenhausen en Alemania acabaron con la vida de cien mil prisioneros judíos.

La mayoría de ellos eran enviados a ejecutar a los campos de exterminio de Polonia, donde el tenebroso Auschwitz-Birkenau en territorio polaco, ya en 1943 operaba con cuatro cámaras de gas donde usaban el ácido prúsico o Ziklon B. Hubo pocos sobrevivientes al hambre, al ostracismo, a la persecución y a la muerte; la derrota de los nazis evitó el exterminio de la totalidad de los judíos de Europa. Dichosamente se logró salvar a gran cantidad de judíos a punto de perecer, muchos narraron los horrores vividos en el Holocausto, para que el mundo aprendiera una lección; pero les podemos asegurar a nuestros lectores que los neonazis alemanes y el iraquí Ahmadineyad se están creyendo que la historia es ciencia ficción, se equivocaron, la historia está escrita, hay que conocerla y también leerla.

Lo importante de toda historia es que debe escribirse y citarla solamente con la verdad, por lo que casi me atrevo a asegurar que estos neonazis que viven incómodos —más con el 60 aniversario del Estado de Israel que se cumple este año— no saben absolutamente nada de los datos aportados en este artículo y por ende no saben nada de historia.
periódico La Prensa Libre 9 mayo 2008.

03/06/2008 GMT 1

El fantasma nazi

marfuerte @ 03:27

Espectroso propios Tras la estela del nazismo emergen las aristas autoritarias y antisemitas de nuestra política

Dennis Arias Mora | dennarm@yahoo.de
Tras el ascenso del nazismo en Alemania, en 1933, la consigna era clara: “De ahora en adelante, a una Alemania nacionalsocialista solo puede corresponder una alemanidad en el extranjero nacionalsocialista”, afirmaba Ernst Wilhelm Bohle, líder de la Organización para el Extranjero (Auslandorganisation , AO) del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP).

La AO tuvo la tarea de alinear a las comunidades alemanas por el mundo, bajo la bandera del nazismo. La creación, en el Tercer Reich, de una sociedad totalitaria, se acompañó de la prolongación hacia la política, de una visión racial según la cual la sangre germana debía unirse tras su nación y suFührer, Adolf Hitler.

Por eso, cada alemán era sometido a laGleichschaltung (igualación o nazificación). En América Latina, esa nivelación fue más o menos eficaz, pero llevó, en general, a profundas divisiones entre las comunidades alemanas.

Asomos del fantasma. De estos conflictos no se eximió Costa Rica. Las fricciones aparecieron con la creación del grupo local nazi, en 1932, y la extensión de su ideología a las instituciones germanas en el país, entre ellas la Escuela Alemana, fundada en 1912. Empero, parece que la nazificación fue conseguida hasta cierto grado.

Al buen asentamiento del nazismo en el país contribuyeron varios factores. Primero, la admiración nacional hacia la comunidad alemana era seguida de una imagen heroica de la germanidad, que hacía ver, en Hitler y el Tercer Reich, su destino histórico.

Segundo, buena parte de esa comunidad y de los afiliados al NSDAP eran inmigrantes o descendientes ya socializados en la atmósfera política de la Alemania derrotada de 1918. Los sentimientos de entonces fueron determinantes para que ascendiera el nazismo en ese país, y para la adscripción de sus compatriotas en otras partes del mundo.

Tercero, las concepciones autoritarias y caudillistas en la política nacional de los años 30 se tradujeron en simpatías profascistas. Por un lado, estas abrían paso a las manifestaciones propagandísticas de adherentes a los fascismos; por el otro, estrechaban el margen de maniobra a militantes comunistas y antifascistas, hecho que tuvo su mejor expresión en el anticomunismo de los días de la Guerra Civil Española (1936-1939).

El nazismo se extendió entre el conjunto de instituciones tradicionales de la comunidad alemana. La agrupación nazi, a pesar de tener su propio local desde 1934, organizaba sus actividades en el Club Alemán. Allí se celebraban los actos relacionados con la política exterior del Tercer Reich. Los pronazis difundían fotos y discursos de Hitler, y prestaban juramento alFührer para “seguirlo hasta donde fuese”.

En esa difusión propagandística parecieron cumplir un importante papel los representantes oficiales de la Alemania nazi. Entidades como el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Legación en Guatemala y el Consulado en San José, controlaron la exhibición de películas “antialemanas”, y enviaron películas, discos, libros y periódicos a instituciones como la Escuela Alemana y el Colegio Seminario, principalmente entre 1936-1938, justo al comenzar la oleada expansiva del régimen nazi por Europa.

Motivos del miedo. Al cierre del decenio de 1930 crecieron los temores acerca de la expansión hitlerista sobre el país y Centroamérica, sobre todo entre los comunistas, quienes denunciaban el “totalitarismo criollo” del “aspirante a Führer” León Cortés (1936-1940) y el “nazicalderonismo” de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) y su entorno político católico. Al menos, mucho de cierto había en cuanto a las simpatías profascistas y las tendencias autoritarias dentro del gobernante Partido Republicano Nacional (PRN).

Las importantes inversiones que tenía la comunidad alemana en el país desde décadas anteriores, comenzaron a describirse como el primer paso hacia la dominación ideológica y militar. Lo mismo se sospechaba de la presencia de alemanes en la administración pública, más cuando se denunciaba su injerencia en las restricciones migratorias de judíos al país, algo que involucraba aparentemente al alemán Max Effinger.

A su vez, la intensa política comercial nazi se basaba en un sistema de canje que obligaba, a los exportadores de café, a recibir por pago una moneda (askimark ) con la cual solamente podían adquirir productos alemanes.

El desequilibrio consecuente en las transacciones despertó fuertes críticas, incluso entre cafetaleros de trayectoria anticomunista, como Víctor Guardia, quien desde 1934 llamaba “colonialista” la modalidad que Alemania aplicaba a su comercio con Hispanoamérica y Europa del este.

El Tercer Reich tuvo firmes intereses comerciales en la región, pero en el alto mando del régimen nazi se tenía la certeza de que Hispanoamérica estaba bajo la esfera de influencia estadounidense, por lo que los fines propagandísticos se limitaron a la pretendida cohesión de la germanidad, y no a un proyecto imperial.

Sin embargo, la alineación hemisférica con Estados Unidos para la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue impecable; la declaración de guerra a Alemania a fines de 1941, y la emisión de listas negras de personas y negocios alemanes, originaron su persecución durante el gobierno de Calderón Guardia.

En realidad, la presencia de alemanes como funcionarios públicos en Costa Rica no era una novedad, como tampoco un artificio nazi. Algunos tenían puestos importantes en sectores como el de salud; fue el caso del Dr. Werner Rotter, del Hospital San Juan de Dios, cuyas opiniones abiertamente hitlerianas no provocaron mayores recelos.

El ensañamiento del PRN (de Calderón) contra la figura de Effinger (antiguo socio de León Cortés) para acusar de expansionismo nazi a los alemanes, se inscribió en la creciente atmósfera persecutoria, y procuraba fracturar la fórmula electoral cortesista para 1944.

De paso, se ocultaban vínculos y simpatías que los cercanos a Calderón Guardia, ahora rivales de Cortés, mantuvieron también con los totalitarismos europeos.

Espectros en casa. Muchos temores merodeaban la cuestión nazi, como el posible surgimiento de una dictadura en el país, la instauración de las políticas antisemitas, o la erradicación de la oposición, específicamente de izquierda.

Esos temores hallaron asidero en un contexto internacional que progresivamente se veía como enfrentamiento entre democracias y totalitarismos; no obstante, esos recelos tenían más que ver con una cultura política local tendiente al autoritarismo, el caudillismo, la xenofobia y la violencia.

Tales sombras cubrieron el orden político y social del país durante los años 30 y 40. Para las autoridades civiles y eclesiásticas, proteger la democracia, la familia y la propiedad implicaba, por ejemplo, tratar como contaminantes de la nación a judíos y comunistas, vistos como gérmenes producto de la crisis económica de inicios de los 30.

El anticomunismo y la figura del caudillo no desaparecieron con las reformas sociales de los 40, y el antisemitismo llevó a tratar de “raza indeseable” a los judíos que huían del nazismo.

Paradójicamente, las autoridades costarricenses debieron poner en orden a cónsules como Ronaldo Falconer quien, desde Hamburgo (Alemania), esquivaba las restricciones migratorias para conseguir visas a emigrantes judíos dispuestos a radicarse en Costa Rica. En la Conferencia de Evian (Francia, 1938), promovida por los Estados Unidos ante las oleadas migratorias judías en Europa, la posición de Costa Rica (en voz del maestro y representante en Francia, Luis Dobles Segreda) fue terminante: impedir el arribo de “elementos indeseables, peligrosos”, de “gentes maleantes cuyo ingreso está cerrado por leyes prudentísimas”. El fantasma nazi pudo ser ahuyentado, pero no los propios espectros.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE HISTORIA Y eS PARTE DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS DE AMÉRICA CENTRAL, EN LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA.

Suplemento Áncora. periodico La Nación 1 junio 2008.

27/05/2008 GMT 1

La guerra según Vanguardia

marfuerte @ 01:45

Desventajas Testimonios revelan las dificultades de sufridas por los comunistas en la guerra civil de 1948

David Díaz Arias | ddiazari@indiana.edu
En 1977, el periodista Guillermo Villegas Hoffmeister se entrevistó con el capitán Mario Fernández Piza, excombatiente de la guerra civil de 1948. Fernández Piza había sido el jefe del Estado Mayor de las fuerzas militares del gobierno durante ese conflicto bélico. En su testimonio, habló de las fallas de las tropas oficiales que las llevaron a perder la guerra.

Sin embargo, el énfasis del capitán se concentró en recalcar los errores cometidos por los combatientes de Vanguardia Popular (VP, comunistas), entonces aliados del gobierno. La reacción al testimonio de Fernández de parte de los líderes comunistas Manuel Mora, Arnoldo Ferreto, Eduardo Mora y Fernando Chávez dio como resultado la más clara sistematización testimonial de la versión comunista sobre los factores que determinaron su derrota en 1948.

Un vistazo a las memorias de esos líderes y otros combatientes vanguardistas permite reconstruir la forma en que, después de varias décadas, interpretaron su papel en aquel conflicto bélico.

Soldados y armas. A través de su esposa Addy Salas, Manuel Mora cuenta que tenía la sensación, “desde el año 1947 por lo menos, de vivir en guerra”. Esta sensación fue compartida por seguidores y por opositores del gobierno. Día a día la oposición, la policía y las brigadas de choque de VP se enfrentaban en las calles.

De acuerdo con Mora, el presidente Teodoro Picado y su grupo cercano conocían muy bien los planes de golpe del grupo radicalizado de la oposición. Mora dice que un dirigente campesino de VP sirvió como espía en la finca La Lucha de Figueres y los alertó del movimiento de hombres y armas en ese lugar. Empero, no se hizo nada para afrontarlos.

Los comunistas temían que, de realizarse un levantamiento, se pondrían en peligro no solo las reformas sociales que ellos habían apoyado, sino también su existencia como partido político y las organizaciones sociales que habían construido.

Al llegar las primeras noticias a San José sobre el levantamiento de Figueres y la toma de San Isidro de El General, VP buscó a Enrique Tijerino, veterano de la campaña emprendida por Sandino contra los norteamericanos en la Nicaragua de los años 20.

A pesar de no ser comunista, Tijerino aceptó trasladarse junto con Carlos Luis Fallas hasta Puerto Cortés (península de Osa) para organizar allí una tropa improvisada de soldados entre los linieros y los trabajadores bananeros.

En una entrevista con el escritor Nicolás Pérez en la década de 1990, Álvaro Montero Vega describió la situación. “El reto era grande. No teníamos experiencia militar, carecíamos de gente capacitada para enfrentar esa especie de guerra de guerrillas que nunca habíamos tenido”.

Los vanguardistas obtuvieron unos 150 rifles Remington y varios sacos de parque, guardados en el sótano del cuartel Bellavista. El material bélico no podía ser peor. Muchos testimonios de los “soldados” vanguardistas sostienen que los Remington eran una antigüedad. La mayoría estaba herrumbrada, algunos explotaban en las manos al tratar de dispararlos, otros no funcionaban del todo y los que lo hacían apenas podían lanzar una bala.

Guaro y sabotaje. José Luis Jiménez, participante calderonista, dijo que al recuperar San Isidro después de una tremenda lucha, las tropas dirigidas por Fallas y Tijerino pidieron al gobierno que enviara armas para sostener la ciudad.

Así lo recuerda: “Creo que por radio se había avisado a San José para que enviaran parque y armas, pues eran apenas cuatro tirillos los que teníamos. Al fin llegó un avión, pero tremenda sorpresa nos dimos. El aparato aterriza, descarga una llanta y después dos estañones de licor. Ni una bala, ni un arma. Nosotros, desesperados por armas y parque, y lo que nos mandan es licor. No sé qué cosa turbia era la de la gente de San José”.

Los “soldados” arrasaron con el licor. Entonces, las tropas de Figueres retornaron con más fuerza, empeñados en recuperar la ciudad y lo hicieron después de una gran lucha. Tijerino murió en esta refriega y su milicia corrió en retirada hasta Puerto Cortés. San Isidro quedaba de esa manera en manos de los oposicionistas.

¿De dónde había aparecido el licor? En realidad, el guaro estaba por todas partes. Las memorias de los líderes oposicionistas relatan la firmeza de José Figueres para impedir que sus tropas obtuvieran licor. En las tropas progobiernistas había menos disciplina para impedir el consumo de licor.

El sociólogo Manuel Solís ha identificado el papel fundamental que desempeñó la bebida etílica en la guerra. Para él, el guaro “atenuaba el miedo y ayudaba a soltar la agresividad”.

Las memorias de los líderes comunistas no se refieren al licor. Generalmente prestan más atención a dos factores determinantes de sus derrotas: el sabotaje y la presencia de personajes siniestros en los frentes.

Según los comunistas, el Ministro de Seguridad Pública actuaba siempre en su contra. No les proporcionaba armas y sus estrategias militares beneficiaban a las tropas de Figueres. Testimonios de militares del gobierno coinciden con esta versión.

Asimismo, la aparición de nuevos dirigentes enviados por el gobierno tendió a dañar a las tropas vanguardistas. Uno de los más infames fue Áureo Morales, quien se presentó ante Fallas en Dominical como comandante con poderes otorgados por el presidente.

Morales tomó el mando y llevó adelante crímenes de guerra, como el fusilamiento de inocentes. Fallas y otros debieron amarrarlo para deshacerse de él y lo devolvieron a San José.

La otra figura tétrica es la de Juan José Tavío, un comerciante cubano que ascendió meteóricamente como jefe de matones del gobierno después de la huelga de brazos caídos (julio y agosto de 1947).

Según los comunistas, Tavío se hallaba detrás de varios planes para sabotear su labor. Uno de sus planes consistió en tratar de asesinar a monseñor Sanabria cuando los vanguardistas lo conducían a dialogar con Figueres en La Sierra.

Empero, la tentativa más clara de sabotear a los comunistas fue elaborada por el jefe de la Guardia Nacional nicaragüense, Anastasio Somoza.

Enterado de que Figueres estaba aliado con un grupo de centroamericanos y caribeños que pretendía derrocar las dictaduras del istmo, Somoza propuso al gobierno de Picado abandonar la capital y dejarla bajo el control de los comunistas.

La segunda etapa consistía en permitir a Figueres entrar en San José para que se topase con las tropas vanguardistas y se entablara una lucha. Mientras tanto, Picado debía pedir ayuda a Somoza, quien movilizaría la Guardia Nacional hasta la capital aduciendo que estaba en manos de los comunistas.

Ese plan fue desechado por el gobierno, aunque en las memorias comunistas no está del todo claro si el gobierno les fue fiel al respecto.

En todo caso, la Guardia Nacional sí invadió el norte del país cuando Figueres se encontraba ya posesionado de Cartago. A su vez, el presidente Picado recibió la amenaza de que marines estadounidenses, ubicados en Panamá, entrarían a Costa Rica para combatir a los comunistas.

En esas circunstancias, según Manuel Mora, él propuso (en Ochomogo) a Figueres enfrentar juntos a la Guardia Nacional. Figueres se negó aduciendo que sus hombres nunca aceptarían una unión con los vanguardistas.

Por eso, Mora dijo entonces que ellos se rendirían (ya Picado había aceptado la derrota) si Figueres prometía respetar la reforma social, la legalidad del Partido Comunista y la seguridad de los caldero-comunistas. El trato se cerró, aunque no se cumplió en todas sus partes debido al marcado anticomunismo de una parte de la gente que apoyaba a Figueres y a Ulate y especialmente (de acuerdo con memorias de algunos comunistas) por orden de “una gran potencia”.

EL AUTOR ES PROFESOR DE HISTORIA EN LA UCR Y CANDIDATO A DOCTOR EN HISTORIA EN INDIANA UNIVERSITY.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 4 mayo 2008.

21/05/2008 GMT 1

Los sesenta años

marfuerte @ 03:39

Eladio Jara Jiménez

¿Se habrá dado cuenta usted de que después del 48 se acabaron los fraudes electorales?

ingeniero

Hace sesenta años, este viejito era un muchacho de veinte y la vida resultaba insegura, sobre todo para los que no queríamos que se repitieran en 1948, los escandalosos fraudes cometidos por el Gobierno en 1944, para impedir que León Cortés volviera a ser el presidente de la República.

Elecciones de 1946. La primera vez que participé en política fue en las elecciones para diputados que tuvieron lugar en 1946; entonces tenía solo 18 años, pero me pusieron de fiscal en una mesa de votación ubicada en la Escuela de Birrí de Santa Bárbara de Heredia. Llegué muy dispuesto a impedir que se cometiera algún fraude y, desde luego, pedí al presidente de la mesa que se abriera la urna de votación antes de empezar a recibir los votos para comprobar que estaba vacía. El policía armado que se encontraba cerca corrió a sentarse sobre la urna, exclamando, con la autoridad que le daba el revólver, que esa urna no la registraba nadie.

Desde ese momento me di cuenta de que estábamos nuevamente enfrentados a otro fraude parecido al del 44. Me dirigí al miembro cortesista de la junta receptora para preguntarle: “Y usted ¿qué piensa hacer?”. Me contestó: “Aquí, usted y yo, lo mejor que podemos hacer es quedarnos callados. Intentar otra cosa podría costarnos la vida y, además, no tenemos armas”.

Triunfo y alegría. Ante la impotencia, tuve la intención de abandonar la mesa, pero luego pensé que sería mejor quedarse ahí para ser testigo de lo que pensaban hacer.

La elección transcurrió en calma, los campesinos de la región llegaban, recibían las papeletas y se dirigían a la urna a depositar sus votos. No hubo ningún incidente. A las seis de la tarde se cerró la votación y comenzó el recuento de los votos emitidos. Yo me quedé tranquilo observando aquello y pude darme cuenta de que las primeras ciento y pico de papeletas extraídas de la urna venían medio arrugadas por el uso que les habían dado los votantes. Mientras salían esas papeletas arrugadas, la oposición iba ganando por un sesenta o setenta por ciento; en eso empezaron a aparecer unas papeletas limpias y bien dobladitas que, curiosamente, resultaron todas a favor de los diputados que serían elegidos por el partido del Gobierno.

Y con esas últimas papeletas blanquitas, los dirigentes del partido gobiernista lograron convertir la derrota en un triunfo que los llenó de alegría.

Así eran las elecciones en aquellos dorados tiempos de Calderón y Picado.

Esta fue la verdadera razón para que muchos costarricenses se vieran obligados a empuñar las armas para recupera el respeto a la voluntad mayoritaria.

¿Se habrá dado cuenta usted de que después del 48 se acabaron los fraudes electorales? El poder se le ha entregado siempre al candidato que obtuvo más votos.

En 1966, las encuestas favorecían al Partido Liberación Nacional; sin embargo, a última hora resultó que don José Joaquín Trejos, candidato de la oposición, estaba ganando las elecciones por solo cinco mil votos de diferencia. Algunos se atrevieron a insinuarle al presidente de la República, don Francisco Orlich, que no reconociera ese resultado. La respuesta de don Chico fue determinante: “Los que intenten desconocer el resultado de las elecciones me encontrarán en la acera de enfrente”.

En 1990 fue elegido presidente de la República el hijo del Dr. Calderón Guardia, y el poder se le entregó sin ninguna reserva ni condición. No cabe duda de que las cosas cambiaron después de la revolución del 48.

Me extrañó mucho que en el programa sobre esa revolución que trasmitió el canal 7 el lunes 28 de abril, no se mencionaran siquiera los fraudes electorales como uno de los motivos principales que justificaron aquella gesta libertaria.
periódico La Nación 2 mayo 2008.

Todo empezó un 2 de mayo…

marfuerte @ 03:37

Enrique Tovar

Hace 200 años, se sembró la semilla de la independencia de América Latina

Historiador

El 2 de mayo de 1808, hace hoy 200 años, se sembró la semilla de la independencia de los pueblos de América Latina. Ese día los franceses invasores hicieron una masacre en Madrid, a partir de lo cual se extendió por todo el territorio de España una lucha de insurrección contra Napoleón I, quien hizo renunciar a su favor al rey español Fernando VII.

Anhelo de autonomía. Las escenas de los brutales ajusticiamientos, en una locura de fusilamientos colectivos que hicieron los soldados de Bonaparte, fueron plasmadas en lienzos por el genial pintor Francisco de Goya.

Es prácticamente imposible no perturbarse ante esos cuadros en los que se observa a los fusileros, con sus rifles, apuntando fríamente a sus víctimas colocadas encima o al lado de los cuerpos de quienes lo precedieron en las ejecuciones, que se llevaron a cabo en represalia por el levantamiento que los madrileños hicieron en defensa de la realeza española y de la soberanía de su nación.

El efecto de esa matanza se propagó como incontenible onda por la Península Ibérica, donde emergieron grupos de combate contra el invasor.

Simultáneamente, en ese mes de mayo de 1808, en diversos pueblos de América Latina, surgió el apoyo a la Madre Patria, sembrándose poco a poco en el ambiente el anhelo de autonomía, el cual quedó impregnado en las mentes y los corazones de muchos colonos.

Un precursor cartaginés. Si bien la provincia de Costa Rica no se unió a ese movimiento porque, entre otras cosas, vivía ensimismada en su propio letargo, un costarricense, Pablo Alvarado Bonilla, hizo lo suyo y fue el primero en América Latina en lidiar contra la monarquía española, mucho antes de Bolívar, San Martín, Hidalgo, Morelos y tantos otros que empuñaron las armas para conquistar la libertad de sus pueblos. (Haití era libre desde el 1.º de enero de 1804).

El cartaginés Alvarado Bonilla, en ese mismo año de 1808, puso a circular una hoja calificada de sediciosa por las autoridades hispanas, en la cual clamaba por la separación de España. Por ese motivo pasó a ser el primer latinoamericano independentista encarcelado por la Corona española el 15 de septiembre de 1808. Curiosamente, también un 15 de septiembre –13 años después– los pueblos de México y Centroamérica alcanzaron la libertad.

Desde su prisión en Guatemala, Pablo Alvarado hacía circular en el Cartago colonial volantes en los que abogaba por acabar con el dominio de la Madre Patria.

Llama de la independencia. Cuando Napoleón fue sacado del escenario de España, la llama de la independencia ya estaba encendida en los corazones de patriotas de diversos pueblos latinoamericanos. Detrás vinieron los próceres conocidos y ensalzados por todos. Sin embargo, el nombre de “el ciudadano Pablo”, como se le llamó y que además fue el primer médico de Costa Rica, es desconocido prácticamente hasta en su propia tierra. ¿Por qué no hacer,entonces una campaña, primero en nuestro país, y luego en diversos foros del Hemisferio, para que este compatriota figure al lado de esos paladines que encabezaron el movimiento por la emancipación latinoamericana, pues Pablo Alvara- do lanzó el primer grito independentista, puso a circular el primer volante por la independencia y fue el primero en sufrir cárcel por sus deseos independentistas?

Sí, un 2 de mayo, hace hoy exactamente dos siglos, se sembraron las primeras semillas de la libertad latinoamericana…
periódico La Nación 2 mayo 2008.

10/05/2008 GMT 1

1948: participación universitaria

marfuerte @ 01:52

Patricia Fumero Vargas

Los estudiantes del recinto organizaron la 1.ª Semana Universitaria en julio de 1948

Historiadora

Debido al trastorno que provocó la guerra civil en el ámbito universitario, el Consejo Universitario (CU) consideró necesario acordar en mayo de 1948 que aquellos alumnos aplazados en los exámenes verificados durante el conflicto podían repetirlos si así lo deseaban. En relación con la participación de alumnos en el conflicto se sabe que lo hicieron 57 alumnos de Farmacia. La mitad prestó servicios militares o de milicia, y el resto brindó servicios de atención médica con la Cruz Roja.

De la Escuela de Agricultura participaron 150 estudiantes. De las demás facultades de la Universidad de Costa Rica (UCR) no se tienen datos exactos por no disponerse precisamente de las actas en las que se consignara la cantidad de alumnos participantes en el conflicto. El total de matrícula de la UCR en 1948 fue de 1.285 estudiantes, por lo que los 207 alumnos de las facultades de Farmacia y Agricultura representaron el 16,1% de estudiantes matriculados en ese año.

Considerable participación. Según el estudiante Mario Rueda Porras, la cantidad de alumnos universitarios que participaron en la guerra civil fue considerable, al punto que, pese a las disposiciones con respecto a la reposición de exámenes, en la práctica se dieron por ganados los cursos a la mayoría del estudiantado.

Las declaraciones de Rueda Porras son apoyadas por los acuerdos tomados por el CU en enero de 1949, en vista de los efectos del conflicto sobre el curso normal de las actividades académicas.

El CU acordó que “los estudiantes que estuvieron prestando servicios relacionados con la emergencia bélica serán calificados por nota de concepto que será dada en sesión especial de [cada] Facultad. Quienes tengan que presentar exámenes conforme al resultado de esa calificación, tendrán derecho a facilidades especiales para hacerlo posteriormente en la forma que la Facultad determine. [Además] Los estudiantes que estuvieron prestando servicios, como distinción por la gallarda actitud asumida recibirán un pergamino que la Universidad les otorgará en Asamblea Especial.”

El CU también determinó hacer un pergamino de distinción a aquellos profesores universitarios que participaron activamente contra el gobierno durante la confrontación.

La UCR reanudó sus actividades habituales a partir del primer semestre de 1949, no sin antes solicitar apoyo a la Junta Fundadora de la Segunda República para ampliar el presupuesto universitario con el fin de mejorar los ingresos de los profesores y continuar las obras de construcción de la nueva sede ubicada en San Pedro de Montes de Oca. En ese momento la UCR aún tenía su sede en el sitio en que hoy se encuentra la Corte Suprema de Justicia en barrio González Lahmann.

Semana Universitaria. Pese a lo traumático del conflicto bélico, el triunfo del Ejército de Liberación Nacional devino en ciertos beneficios para la UCR. Uno de ellos fue el apoyo económico a la construcción de las instalaciones de la UCR, lo cual supuso la posibilidad de ampliar la matrícula. Otro, se materializó en el fortalecimiento del fondo de bibliotecas a partir de aquellas bibliotecas confiscadas en ese período, como fueron las de Rafael Ángel Calderón Guardia y la de Teodoro Picado. Además, Manuel de la Cruz González vendió a la universidad su biblioteca privada debido que tuvo que exiliarse por la persecución política de que fue víctima junto con otros docentes y estudiantes.

La matrícula para los cursos de verano de julio de 1948 en la Universidad de Costa Rica (UCR) se vio drásticamente reducida como consecuencia del enfrentamiento y los problemas políticos en Costa Rica durante la Guerra Civil de 1948. Incluso, con el objetivo de aliviar las tensiones que se produjeron durante el conflicto militar, los estudiantes del recinto organizaron la primera Semana Universitaria en julio de 1948. Al respecto, el entonces representante estudiantil de Ingeniería, Walter Sagot, cuenta que esta semana universitaria se organizó “…para borrar, la angustia y los odios y toda esa cosa… un jolgorio interesante, incluso se paró las actividades por tres semanas o cuatro, …en julio de 1948, …fue la primera que hicimos [la semana universitaria], de ahí en adelante siguió la tradición… fue formidable la ayuda [que recibimos]… Para muchos, nosotros habíamos quitado al Gobierno, por eso nos daban dinero para la semana universitaria, un desfile de carrozas extraordinario, lindo… toda la actividad linda, toda la gente trabajando, se quitaron muchos odios…”.

En efecto, la Semana Universitaria se organizó para aliviar las tensiones políticas al interior de la UCR ya que en meses anteriores los conflictos internos habían crecido hasta obligar a renunciar a profesores y sancionar alumnos como consecuencia de la Guerra Civil de 1948.

En total, producto del conflicto armado, la Universidad estuvo paralizada de toda actividad por tres meses. Sin embargo, pese al esfuerzo universitario, las consecuencias de la Guerra Civil se sintieron por décadas.
periódico La NAción 21 abril 2008.

08/05/2008 GMT 1

Preludios de miedo y violencia

marfuerte @ 01:23

Historia

Antes de 1948 Profascistas y antifascistas revelaron tendencias autoritarias HistoriaPreludios de miedo y violencia

Dennis Arias Mora | dennarm@yahoo.de
El gobierno nazi comenzó en enero de 1933; no había pasado un año, y ya en Costa Rica se conocía su rumbo antidemocrático. Eran constantes las noticias sobre sus tendencias militaristas y expansionistas, y sobre persecuciones contra judíos, socialistas y comunistas. A la vez, se sabía cómo se idolatraba al Führer al frente de la “nueva Alemania”.

Pese a esas alarmas, la Alemania nazi despertó el interés y la simpatía de no pocas personas corrientes y de algunos grupos de políticos.

Desde el siglo XIX, la comunidad alemana en el país gozaba de prestigio debido a sus éxitos económicos, sociales y políticos. En la prensa, durante la era nazi (1933-1945), esa “colonia” despertaba elogios de políticos como Ricardo Jiménez y de intelectuales como Roberto Brenes Mesén y Rafael Obregón Loría.

Tal admiración favoreció el que, en los años 30, los valores atribuidos a la germanidad hicieran ver al nacionalsocialismo y a Adolf Hitler como su derivación natural. La relativa recuperación económica de Alemania bajo su mando, invitaba a fantasear con la virilidad, el vigor racial, la disciplina y la grandeza con que se definía lo alemán.

Mientras tanto, la sección costarricense del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei) se había creado alrededor de 1932 y realizaba actividades públicas en el Club Alemán (Guadalupe, San José) y en otras instituciones germanas, de larga tradición, haciendo creer que el nazismo y los alemanes constituían una sola identidad.

En su mayoría, el partido estaba formado por alemanes veteranos de la Gran Guerra (1914-1918) residentes en el país; llegó a sumar 66 miembros, y era liderado por Herbert Knohr y Karl Bayer. Sus actividades para “nazificar” a la comunidad alemana causaron divisiones en esta. En el Club Alemán (presidido por Knohr) se celebraban los aniversarios del Tercer Reich y el cumpleaños del Führer . En una ocasión, la hija del maestro Luis Dobles Segreda, la niña Margarita, declamó allí su poesía Adolfo Hitler, el libertador de la tierra alemana .

Choques. En ese tiempo, Costa Rica sufría una grave crisis económica y había un descontento general que podía favorecer al Partido Comunista (fundado en 1931) en las elecciones y en las calles.

Así, los comunistas podrían afectar el tradicional apoyo dado a partidos liberales, como el dominante Republicano Nacional (PRN). La crisis económica y el comunismo parecían recrear los escenarios que, como reacción, derivaron en gobiernos nacionalistas autoritarios en Europa y Latinoamérica.

Unos pensaban que el comunismo debía ser destruido porque amenazaba la democracia, la propiedad y la familia; para otros, ubicados en la izquierda, el anticomunismo (cuyo sesgo nacionalista desembocaba también en el antisemitismo) originaría un gobierno de fuerza, semejante al nazismo.

El ascenso de Hitler alimentó el debate y el vocabulario político costarricenses. Así, en 1936, para los comunistas, la candidatura presidencial del “aspirante a Führer”, León Cortés, conduciría a un gobierno de “mano dura”.

Cortés era un liberal anticomunista, germanófilo por lazos familiares y económicos, y de carácter austero, puritano y autoritario. Él imprimió a su administración (1936-1940) los aspectos más rígidos de su personalidad.

Asimismo, el escenario costarricense se nutrió de la agitación de la política mundial. Pronto surgió una versión propia del antifascismo intelectual.

A las organizaciones y congresos de ese movimiento internacional estaban ligadas reconocidas figuras de nuestro medio, como el escritor y editor Joaquín García Monge, la escritora y comunista Carmen Lyra, y el socialista y latinoamericanista Vicente Sáenz.

En Costa Rica, el antifascismo estuvo influido por la Guerra Civil Española (1936-1939). Se fortaleció un vanguardismo intelectual que rechazó el “arte por el arte” y que imprimió un fuerte compromiso político a sus labores artísticas y literarias.

Ese movimiento, heterogéneo, defendió a la República Española contra la sublevación militar de Francisco Franco, y protagonizó choques con las autoridades civiles y eclesiásticas. Estas dos, no pocas veces, se mostraron afines al franquismo español y a los totalitarismos alemán e italiano.

Sin embargo, no tuvieron éxito los intentos por traducir el movimiento antifascista en una alianza política semejante al Frente Popular que había triunfado en las elecciones francesas de 1936.

Las protestas acabaron con frecuencia en despidos y procesos judiciales. De aquella época se recogen innumerables textos de izquierda: estos relacionaban las tensiones mundiales con las tendencias autoritarias del gobierno cortesista.

‘Mano de hierro’. Una segunda etapa del antifascismo se configuró al iniciarse la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la salida de los cortesistas del partido gobernante (PRN), con el acercamiento oficial al panamericanismo de los Estados Unidos (enemigos de los nazis), y con la alianza del gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) con los comunistas, pacto que impulsó las reformas sociales de inicios de los años 40.

Para entonces, el vanguardismo intelectual mostró los límites de su pasión contestataria. Los comunistas de Costa Rica, por ejemplo, se aliaron con el catolicismo político de los calderonistas y con la Iglesia católica, sus antiguos adversarios.

Tras esta alianza, los comunistas dejaron ver sus fibras también nacionalistas, caudillistas y autoritarias.

De denunciar, en 1936, el riesgo de un gobierno de “mano dura” de Cortés, los comunistas pasaron –con un discurso violento y militarista– a exigir de Calderón Guardia una “mano de hierro” (1942) que se deshiciera de una vez por todas de opositores y alemanes, vistos como una “quinta columna” dispuesta a dar el zarpazo de la expansión nazi en el istmo.

Bajo los estandartes del caudillo nacional (Calderón Guardia) y del continental (Franklin Roosevelt), el antifascismo consolidó el término nazismo como un insulto y una villanía política. La acusación de “quintacolumnismo” pasó a ser una estrategia de descalificación político-electoral con fuertes rasgos chauvinistas.

Una atmósfera de redención y civismo cubrió la transformación real del nazismo, de fantasía a villanía, y del antifascismo, de vanguardia intelectual a movimiento nacionalista.

Todo ello sugiere que la política costarricense se había polarizado tempranamente, y que además contenía elementos de autoritarismo y violencia, prontos a activarse al calor de las luchas y miedos políticos, y en la frialdad de los cálculos electorales.

Eso ocurrió mucho antes de la ebullición de los odios que, a fines de los años 40, desembocaron en una guerra civil.

El autor es profesor de la Escuela de Historia de la UCR y miembro del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la UCR.

Suplemento Áncora. Perioódico La Nación 19 abril 2008.

03/05/2008 GMT 1

Año de revueltas

marfuerte @ 01:57

En 1968 el mundo vivió numerosas marchas y luchas estudiantiles como nunca antes, matizadas por la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y la defensa de los derechos civiles de los negros.

Patrick Rahir/AFP
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Era 1968: un viento de revuelta surgido en California barre el planeta y subleva a la juventud que, de Berlí­n a Varsovia y de Parí­s a México, pone en entredicho el orden social de la posguerra.
Los jóvenes creen poder cambiar el mundo y rechazan toda forma de autoridad, opuestos a sus padres, profesores y gobiernos.
En abril de 1968 es asesinado Martin Luther King, defensor de los derechos humanos y lí­der de la comunidad negra en Estados Unidos (EE. UU.). Pero la militancia pací­fica de los afrodescendientes continúa.
Los estudiantes se niegan a ir a la guerra de Vietnam. La revolución sexual se pone en marcha con la pí­ldora anticonceptiva. “Haz el amor y no la guerra”, dicen los hippies.
La protesta impera también en las universidades alemanas y se radicaliza cuando, el 2 de junio de 1967, la policí­a mata a un estudiante durante una manifestación contra el sha de Irán en Berlí­n.
En enero de 1968, el Vietcong lanza la ofensiva de Tet (año lunar vietnamita) contra las fuerzas aliadas lideradas por EE. UU. El Ejército norteamericano la contrarresta, pero la violencia de los combates desacreditan al presidente Lyndon Johnson.
El movimiento contra la guerra se extiende a las universidades europeas y a Japón, donde están basados los bombarderos estadounidenses.
Las manifestaciones se suceden en Parí­s, Berlí­n y Roma. En Londres, el 17 de marzo, los manifestantes se pelean con policí­as a caballo delante de la embajada de EE. UU.
Un intento de asesinato, el 11 de abril, del lí­der estudiante Rudi Dutschke amotina Berlí­n y la revuelta se extiende a ciudades alemanas.
El Barrio Latino de Parí­s vive una insurrección la noche del 10 de mayo y dos dí­as más tarde una huelga general paraliza el paí­s. En la Universidad de la Sorbona florecen eslóganes como la imaginación al poder.
En México, la revuelta estudiantil degenera en matanza el 2 de octubre. El gobierno, que prepara los Juegos Olí­mpicos inaugurados el 12 de ese mes, manda disparar contra los manifestantes en la plaza de Tlatelolco, con un saldo de 200 a 300 muertos.
En el podio de México, dos atletas de EE. UU. negros saludarán puño en alto para reivindicar el poder para los negros, primera manifestación polí­tica en unos Juegos Olí­mpicos.
periódico Vuelta en U. 16 abril 2008.

01/05/2008 GMT 1

Aliados muy inesperados

marfuerte @ 00:12

Años 30 y 40 Diplomáticos de los Estados Unidos simpatizaron con las actitudes de los comunistas ticos

Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
Ubicados cerca del campus de la Universidad de Maryland, los Archivos II son un moderno complejo de edificios que forman parte de la red de Archivos Nacionales de los Estados Unidos. Después de pasar sus estrictos y sofisticados controles de seguridad, es posible atisbar algunos de sus secretos, como la simpatía que el comunista Manuel Mora despertó entre los diplomáticos norteamericanos antes de la guerra civil de 1948.

Aquellos documentos, antes confidenciales, revelan igualmente las opiniones de los diplomáticos de Estados Unidos, destacados en San José, sobre las medidas dictadas por los gobiernos costarricenses para afrontar la crisis económica de 1930. Revelan también qué pensaban de las reformas sociales del decenio de 1940, y de la alianza de la administración de Calderón Guardia con los comunistas.

Un análisis de los informes que enviaron al Departamento de Estado muestra tres tendencias principales: 1) una actitud muy crítica frente al orden social y político prevaleciente en Costa Rica; 2) una identificación con aquellas políticas públicas que, de acuerdo con esos diplomáticos, eran afines con las impulsadas por el gobierno de F. D. Roosevelt para reducir el desempleo y la pobreza en Estados Unidos; 3) una clara simpatía por los comunistas costarricenses.

‘Abran los ojos’. Tan temprano como en mayo de 1933, Charles Eberhardt, jefe de la legación estadounidense desde 1930, expresaba que una de las razones de la expansión del comunismo en Costa Rica eran “los bajos salarios pagados por los grandes productores de café” (en diciembre de 1932, los comunistas acababan de ganar sus primeros asientos en la municipalidad de San José).

En esta misma línea se expresó el sucesor de Eberhardt, Leo R. Sack (1933-1937), en febrero de 1934, luego de que los comunistas ganaran sus primeras dos diputaciones. Según Sack, su llegada al Congreso podía contribuir a renovar la reaccionaria política costarricense, al obligar a los diputados de otros partidos “a abrir sus ojos a problemas e injusticias que han sido ignorados por décadas”.

Igualmente, en julio de 1934, Sack señaló: “El futuro del comunismo en Costa Rica, en mi opinión, será absolutamente determinado por la propia política del gobierno hacia las reformas sociales y económicas [...]. De hecho, siento que, a menos a que el gobierno encuentre inspiración en las políticas del presidente Roosevelt e intente hacer algo similar por las grandes masas de la población, simplemente estará propiciando el día en el que los pobres se levantarán contra los agiotistas”.

Fiel a lo anterior y a la política de buena vecindad que la administración Roosevelt promovió en sus relaciones con América Latina, Sack rechazó la solicitud del gerente de la United Fruit Company para que el gobierno estadounidense interviniera en la gran huelga bananera de agosto-septiembre de 1934.

Cuando Sack fue sustituido por William H. Hornibrook (1937-1941), los comunistas costarricenses habían abandonado su ultraizquierdismo inicial y enfatizaban una política de defensa de la democracia para enfrentar al fascismo y al nazismo. A tono con este cambio, Hornibrook empezó a “descomunistizarlos”.

En marzo de 1939, Hornibrook señaló que Manuel Mora era “un orador capaz [que] es escuchado con respeto”. Añadió que el Partido Comunista era “principalmente un partido laborista interesado en mejorar la suerte de las clases más bajas”.

‘Liberalismo’. Poco tiempo después, el nuevo jefe de la legación estadounidense, Arthur Bliss Blane (1941-1942), diría de Mora: “Su comportamiento es inatacable. [...] actúa ante todo en defensa de los intereses del hombre común”.

La tendencia descrita cambió brevemente durante la gestión de Robert M. Scotten (1942-1943), fuerte crítico del acercamiento entre el gobierno de Calderón Guardia y el Partido Comunista. Este proceso culminó en septiembre de 1943 con la formación del Bloque de la Victoria, que postuló como aspirante presidencial a Teodoro Picado.

Sin embargo, Fay A Des Portes (1943-1944), sucesor de Scotten, pronto recuperó el enfoque más abierto de sus predecesores. Des Portes (con cuya gestión la legación fue transformada en embajada), indicó en un informe de mayo de 1944:

“Es bastante curioso que haya habido poca discusión seria acerca del programa [de gobierno del Bloque de la Victoria], y la mayoría de las críticas sigue la línea de que ‘el país ha sido entregado a los comunistas’. A la luz de este marco intelectivo por parte de la oposición, es interesante notar que el programa no es decididamente radical ya que está compuesto en su mayor parte por una combinación de liberalismo decimonónico y el tipo de legislación social que caracterizó a la década de 1930 en los Estados Unidos”.

Antes de formar el Bloque de la Victoria, en junio de 1943, los comunistas disolvieron su partido y fundaron uno nuevo, Vanguardia Popular. Hallett C. Johnson (1944-1947), sustituto de Des Portes, procuró determinar cuán comunista era esta nueva organización. Su conclusión fue que, aunque desconocía las conexiones de Vanguardia Popular con la Unión Soviética, creía que no se le podía considerar una organización comunista.

La simpatía de Johnson por ese partido era evidente todavía en mayo de 1946, cuando lo definió como un “partido ex comunista”. Además, enfatizó que, aunque sus vínculos con Moscú eran difíciles de verificar, parecían “algo tenues” y que su programa “podría ser definido en la mayor parte de los países como meramente [...] progresista”.

‘Inobjetable’. Walter J. Donnelly, quien reemplazó a Johnson entre abril y octubre de 1947, procuró distanciarse del gobierno de Picado; no obstante, todavía creía que el comunismo en Costa Rica no era un peligro inminente. Su sucesor, Nathaniel P. Davies (1947-1949), era un individuo cuya carrera diplomática incluía el desempeño de funciones en Pernambuco (Brasil, 1926-1929), Manila (Filipinas, 1946-1947) y Moscú (Unión Soviética, 1947). Se lo tenía por especialista en comunismo.

Según algunos investigadores, Davies era de línea dura, autoritario e impulsivo; pero llama la atención lo que manifestó en un informe del 22 de abril de 1948, en vísperas de que los principales líderes comunistas fueran encarcelados o expulsados tras la terminación del conflicto armado iniciado el 12 de marzo anterior y encabezado por José Figueres. En ese informe, Davies expresó:

“En todas mis muchas conversaciones con Mora, tanto reuniones del comité de conciliación como en privado, me ha impresionado como el ponderado e inteligente líder de un partido dedicado a un progresista e inobjetable programa de legislación social. En sus maniobras políticas en apoyo de este programa, por otro lado, él parece partir de que el fin justifica los medios y usa todas las técnicas bien conocidas del comunismo internacional”.

Con base en la información considerada, resulta evidente, que desde la década de 1930 por lo menos, los diplomáticos de los Estados Unidos se identificaron con la tendencia del sistema político costarricense a dar respuesta a los problemas sociales por medios institucionales.

El hecho de que el Partido Comunista compartiera ese enfoque, facilitó que jefes de legación y embajadores simpatizasen con los esfuerzos socialmente reformistas de dicha organización. De esta manera, la legislación social aprobada en Costa Rica en los decenios de 1930 y 1940, lejos de ser impugnada por los representantes del “imperio”, encontró en ellos algunos de sus más inesperados aliados.

EL AUTOR ES HISTORIADOR E INVESTIGADOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO SINTETIZA ASPECTOS DE SU LIBRO ‘ANTICOMUNISMO
Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 abril 2008.

15/04/2008 GMT 1

Un país desgarrado

marfuerte @ 23:58

Secuelas La violencia política y las venganzas siguieron durante varios años después de la guerra de 1948

David Díaz Arias | ddiazari@indiana.edu
El 13 de octubre de 1954, Manuel A. R. asistió a una reunión en la Jefatura Política de Goicoechea. Manuel, de 50 años de edad, trabajaba entonces como agente principal de policía en Ipís de Guadalupe, por lo que su convocatoria a esa sesión le parecería normal; pero no lo era. Apenas tomó asiento, el jefe político lo sometió a una serie de preguntas, formuladas y transcritas en papel como en un juicio.

Así, el jefe político interrogó a Manuel exigiéndole revelar su identidad política. Manuel A. R. respondió: “Soy figuerista y estoy de lleno con el gobierno actual y me siento muy honrado en servirle”; pero su jefe insistió: “¿Es cierto que anteriormente o sea en el régimen de Picado Ud. era de reconocida filiación calderonista?”. Manuel aseguró: “En ese tiempo yo estaba de policía en San José y por lo tanto tuve que ser de ese color pero eso fue hace muchos años”.

En los siguientes días, el jefe político llamó a tres personas para interrogarlas sobre la identidad política de Manuel A. R.; todas confirmaron que él había sido caldero-nista antes de 1948. Entonces, el jefe político envió la información recolectada al Ministro de Gobernación para que resolviera qué hacer con su subalterno. De esa manera, cinco años después de la guerra civil de 1948, un ciudadano común que trabajaba para el gobierno pasó por un “juicio” solamente por ser sospechoso de haber apoyado al calderonismo en el pasado. ¿Por qué?

Memorias. Costa Rica experimentó una tremenda tensión social entre 1940 y 1948. Una alianza entre los gobiernos de Rafael A. Calderón Guardia y Teodoro Picado junto con el Partido Comunista, enfrentó a otro grupo de políticos y jóvenes intelectuales; todo ello dio como resultado una guerra civil.

La gente común participó activamente en ese enfrentamiento, en cada actividad política, desfile, campaña y batalla. La violencia desempeñó un papel fundamental en esos movimientos sociales.

Empero, como ha sostenido el sociólogo Manuel Solís, los crímenes acontecidos en el marco de la violencia política del 48 no tienen un lugar central en la memoria oficial de la guerra.

Esa memoria presenta la violencia solamente como una acción defensiva y nunca mal orientada, de modo que su ejecutor queda libre de cualquier responsabilidad.

No obstante, la violencia fue un componente central y creció como consecuencia de la polarización política, especialmente después de 1944. Una parte de la oposición empleó un lenguaje violento para atacar al gobierno y sus simpatizantes. Este lenguaje violento se convirtió en actos terroristas una vez que el gobierno y sus aliados comenzaron a enfrentar con fuerza (cinchas y garrotazos) a la oposición.

En ese contexto, la gente común insertó sus problemas y desavenencias personales en la lucha política y la usó como una vía para canalizar sus disputas cotidianas.

Desde ese punto de vista, muchos costarricenses utilizaron la guerra civil como un evento legítimo para practicar la “ley” del ojo por ojo y diente por diente.

La guerra no acabó con esa visión; al contrario, el final del conflicto armado propició actos de violencia algunas veces disfrazados de revanchismo político.

Represión. Varios testimonios y memorias de la guerra civil escritos por líderes comunistas-vanguardistas sostienen que ellos dejaron las armas y entregaron San José solamente porque Figueres les prometió respetar las reformas sociales y la legalidad de su partido. Por su parte, los líderes calderonistas insistieron en que se respetasen sus vidas, trabajos y propiedades. Sin embargo, tan pronto como tomaron el poder político, los ganadores de la guerra organizaron la represión.

Primero, esta represión apareció institucionalizada bajo un traje judicial. La Junta Fundadora de la Segunda República organizó los tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas para juzgar a los líderes y simpatizantes “calderocomunistas”.

Muchas pruebas escritas y orales indican que, en varias ocasiones, esos tribunales sirvieron para falsificar cargos contra connotados líderes y contra gente común.

Por ejemplo, el sindicalista y escritor Carlos Luis Fallas fue acusado de robar 54 “gallinas finas”; pero otros casos ni siquiera llegaron a los salones judiciales.

Apenas terminó el conflicto armado, tres personas fueron llevadas a un lugar llamado “La Cangreja” (Cartago) y allí fueron asesinadas. Asimismo, los líderes vanguar-distas de Limón fueron muertos en el “Codo del Diablo”, sin juicio de por medio y sin que ellos representasen amenazas para nadie.

Junto a eso, se presume que los vencedores habían elaborado un plan para matar a la cúpula dirigente del Partido Vanguardia Popular.

Dicho plan no funcionó gracias a la intermediación del arzobispo Víctor Manuel Sanabria y a la rápida movilización de la familia de Jaime Cerdas, uno de los vanguardistas.

Empero, muchos de esos líderes y sus familiares experimentaron torturas, dolor psicológico y persecución después de la guerra. Por ejemplo, la escritora comunista Carmen Lyra pasó sus últimos días de vida deseando regresar a Costa Rica desde México, pero la Junta nunca la autorizó a hacerlo.

Ese tipo de represión se reprodujo en las clases bajas y modeló las identidades políticas y los recuerdos que heredaría la generación de niños y niñas que nació alrededor de 1948.

En ese sentido, el ciclo represivo posterior a la guerra civil tuvo dos fases: una muy fuerte entre 1948 y 1949, y otra más moderada durante el primer gobierno de José Figueres (1953-1958).

Mediando entre esos ciclos, se encuentra el periodo presidencial de Otilio Ulate (1949-1953). Al parecer, el periodo de Ulate propició la disminución de las tensiones sociales producidas por la guerra y la invasión calderonista de diciembre de 1948, aunque esto necesita una investigación más a fondo.

Nueva moral. Además, la primera administración de Figueres comenzó una campaña moralizadora. Esta fomentó un enfrentamiento con varias prácticas populares que no habían sido prohibidas en el pasado o que habían sido toleradas.

Así, se empeñaron en extender una “nueva moral”, que intentaba controlar la música en las cantinas, los bailes, las películas y hasta las “novelas pasionales”. Muchos figueristas utilizaron este marco para ajustar cuentas con sus enemigos políticos, como fue el caso presentado al inicio de este artículo.

La idea del control social era consecuente con la visión que Figueres y sus seguidores tenían de los gobiernos de Calderón y Picado. Para aquellos, esas administraciones representaban una era inmoral en la que Costa Rica había perdido sus buenas costumbres.

Por tanto, su meta era recobrar un pasado mejor. En medio de esto ocurrió la segunda invasión calderonista (1955): esta probó que los anhelos de violencia de los vencidos también estaban vivos.

Años después, tras la tensa elección de Mario Echandi (1958), se inició un proceso de reconciliación nacional cuyo punto más visible fue el regreso de Calderón Guardia al país. Con este proceso, se cerró el ciclo de inestabilidad que se había iniciado en la década de 1940.

Al fin, en agosto de 1961, la Asamblea Legislativa indultó a todos los costarricenses condenados por el Tribunal de Sanciones Inmediatas.

El autor es profesor en las escuelas de Historia y Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica.

Aclaración

Escritor humillado

En el artículo “La UCR en Guerra civil” ( Áncora , 30/3/2008), de la historiadora Patricia Fumero, hay una cita textual de mi madre, Cecilia Trejos viuda de Dobles, que lamentablemente contiene una inexactitud. Mi madre sí dijo la frase, pero no refiriéndose al pintor Manuel de la Cruz González, sino a la dolorosa experiencia de mi padre, el escritor Fabián Dobles: “Le dolió muchísimo que lo pasearan en un camión de carga por toda la avenida Central. A todos los habían agarrado de la Universidad… Era una cosa espantosa”. Esa humillación, que compartió con su amigo Manuel de la Cruz, marcó al joven intelectual que era Dobles, sincero y auténtico en su identificación con las luchas sociales en las filas de la izquierda. Tanto lo afectó que, años después, cuando la UCR le propuso integrarse a la institución como profesor invitado, declinó el honor por sentir que esta había permitido aquel ultraje. Aurelia Dobles Trejos.

Suplemento Áncora periódico La Nación 6 abril 2008.

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