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RESONOCO

Categoría: Libros

21/02/2009 GMT 1

Acuses de recibo

marfuerte @ 00:47

Garantías ambientales

Autor: Gabriel Quesada A.

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

El libro Garantías ambientales. Un nuevo modelo ecológico-político para Costa Rica y el mundo propone un plan político para “garantizar la vida y cuidarla”, según describe la presentadora del libro, Vilma Peña.

El libro consta de ocho capítulos, en los que se analizan temas como el ecologismo y la ciencia.

Se abordan la energía, la teoría y la ecología de los sistemas, así como los antecedentes de las garantías ambientales.

Cienfuegos, 17 de agosto

Autores: Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo

Editorial: Roca

Pedidos: 2522-4848

Esta es una novela histórica ambientada pocos años antes de la independencia de Cuba.

La contratapa adelanta: “Cuando, en 1873, Agustín Goytisolo decide volver a Cuba después de años en España, lo hace con el convencimiento de que su llegada ayudará a poner en orden el, a su juicio, delicado estado de los negocios familiares. Además de las constantes preocupaciones, un hecho inesperado vendrá a sumarse a sus desvelos: el asesinato de su sobrina”.

El siglo de China

Autor: Oded Shenkar

Editorial: Norma

Ped.: 2507-8184

Este libro analiza el crecimiento económico de China durante los últimos decenios.

La contraportada del libro reza: “Una ‘tormenta perfecta’ se levanta en Oriente: una sociedad con recursos sin par, una aptitud extraordinaria para los negocios, una posición de negociación cada vez más formidable... y aspiraciones equiparables. el surgimiento de China transformará la política global, la economía mundial y las sociedades en todo el mundo”.

Supelemnto Áncora. periódico La Nación 8 febrero 2009.

20/02/2009 GMT 1

Librero

marfuerte @ 02:00

Voces que vienen a cuento
Myriam Bustos Arratia
Nuestros escritores y nuestros libros. Treinta y dos años en la literatura costarricense (1974-2006). Vols. I y II.
Editorial Tecnociencia
Pedidos: 2224-7793
Mía Gallegos
Escritora

Casi al descender del avión que la trajo desde Chile, a fines de 1974, Myriam Bustos comenzó a leer con profundo interés las obras literarias de los escritores nacionales y a escribir sobre ellas. Sus comentarios –al comienzo simples reseñas o breves artículos que se publicaron en le prensa escrita de entonces– fueron haciéndose más extensos, más rigurosos y más precisos a medida que su pluma se “soltaba”; y también más regulares y empeñados en abarcar un ámbito más abundante y variado de escritores.

Cuentistas, novelistas, poetas, periodistas, ensayistas y hasta profesionales estudiosos de temas de su especialidad fueron abordados por ella en sus obras y comentados críticamente para conocimiento del público costarricense. Más adelante, la escritora y filóloga no solo dedicó minuciosos prólogos a libros que iban editándose, sino que se incorporó como presentadora de obras en los actos públicos pertinentes.

También de esta actividad nacieron textos que, en algunos casos, se publicaron en periódicos y revistas. La cantidad de escritos que hablan de nuestros literatos y de sus productos llegó a ser tan copiosa, que muchas personas entendidas en la materia la instaron a publicarlos.

Su autora dedicó un par de años completos a recoger el material disperso, a revisarlo y a organizarlo para constituir con él cuatro volúmenes que tituló Nuestros escritores y nuestros libros. Treinta y dos años en la literatura costarricense (1974–2006) , dedicados al cuento, a la novela, a la poesía y a la no ficción.

Los dos primeros volúmenes se encuentran ya circulando y recogen estudios críticos sobre obras de nuestros más representativos cuentistas y novelistas.

El lector encuentra allí páginas dedicadas, entre otros, a los cuentistas Yolanda Oreamuno, Carmen Naranjo, Fabián Dobles, Julieta Pinto, Alberto Cañas, Samuel Rovinski, Marco Retana, Ricardo Blanco Segura, Alfonso Chase, Francisco Zúñiga Díaz, Fernando Durán, Oscar Álvarez, Hugo Rivas, Dorelia Barahona, Anacristina Rossi, Gerardo Campos y Gregorio Escalante,

También figuran Rodolfo Alvarado Herrera, Marco Lamugue, Alí Víquez, Carlos Cortés, Uriel Quesada, Guillermo Fernández, Jacques Sagot, Camilo Rodríguez, Guillermo Barquero; a los novelistas José Marín Cañas, Joaquín Gutiérrez, Carmen Naranjo, Julieta Pinto, Alfonso Ulloa Zamora, Virginia Grutter, Alfonso Chase, Julio Suñol, Tatiana Lobo, Quince Duncan, Miguel Arturo Ramos, José Ricardo Chaves, Carlos Morales, Rafael Cuevas y unos cuantos más.

Por cierto que en estos volúmenes no pueden aparecer todos los que son –hecho que la autora lamenta en las páginas introductorias– porque ella dedicó sus críticas tan solo a los libros que las casas editoriales o sus propios autores le pidieron comentar, y porque este tipo de texto requiere mucho trabajo previo, tiempo y dedicación.

Sin embargo, los escritores analizados brindan una visión bastante amplia –en muchos casos, sorprendentemente profunda– de lo que ha sido nuestra literatura, de manera que esta obra irá constituyendo –a medida que termine de publicarse– un riquísimo e imprescindible material de consulta sobre el tema para profesores, estudiantes, escritores y público en general. Hay que incorporarla a la propia biblioteca.

Suplemento Áncora. periódico LA Nación 8 febrero 2009.

Más allá de ‘Juan Varela’

marfuerte @ 01:58

Literatura

Escritor múltiple Adolfo Herrera García es más que el autor de una breve novela de denuncia social
Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com
La primera edición de Vida y dolores de Juan Varela (1939) se publicó con el apoyo financiero del embajador colombiano Plinio Mendoza, mas pareció condenada al olvido. La historia cambió gracias a una elogiosa carta de Ricardo Jiménez Oreamuno, quien resaltó el realismo de la novela. En virtud del respaldo del prestigioso expresidente, el libro se agotó por completo en solo tres semanas y, desde entonces, es pieza de coleccionistas.

El éxito de la novela de Adolfo Herrera García (1914-1975) condicionó su puesto en nuestra historia literaria. En el mejor de los casos, las nuevas generaciones de costarricenses lo reconocen como autor de Juan Varela , la brevísima novela que inauguró la narrativa social dominante en la escena literaria de la década de 1940.

Herrera García es el precursor de quienes, con el tiempo y la consagración de las instituciones literarias, se convertirían en figuras prominentes de la literatura nacional: Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez.

Para sus contemporáneos, Herrera García –conocido como Fofa – fue, ante todo, un periodista de larga trayectoria en medios escritos y radiales y un destacado miembro del Partido Comunista. Durante su vida, esa faceta literaria fue opacada por su condición de periodista. Hacia fines de la década de 1950, incluso, Abelardo Bonilla afirmaba que, tras escribir Juan Varela , Herrera García “abandonó las letras o no ha publicado otro libro”.

Esa percepción no es exacta, pero tiene asideros. Al igual que otros escritores de su generación y de su tendencia política, Herrera García concibió la literatura como una herramienta al servicio de la lucha partidista.

Según esa idea, el escritor debe emplear su talento para denunciar la injusticia del orden social capitalista, para oponerse a la explotación de las clases pobres por parte de los grupos privilegiados y para propiciar una profunda transformación de la sociedad de modo tal que se brinde igualdad y justicia para todos.

Así, el arte debe ser un arte comprometido y, por ello, subordinado a las directrices de la actividad del partido. Por tanto, no resulta extraño que la escritura periodística de Herrera García sea abundante, en contraste con lo limitado de sus obras literarias.

De manera paradójica, tras su muerte, el Adolfo Herrera García periodista y político se ha diluido, en tanto que se ha consolidado su imagen como autor literario menor. A esto ha contribuido el carácter efímero, circunstancial, de la escritura periodística. Este empobrecimiento –como novelista juvenil– no hace justicia a la rica y compleja actividad de Herrera como escritor, la que abarca cerca de 45 años y diversos géneros.

En 1933, sin haber concluido el bachillerato en el Liceo de Costa Rica, Herrera García se dedicó por entero al periodismo. Hizo sus primeras armas en el Diario de Costa Rica , pero pronto pasó a La Hora , el nuevo vespertino que dirigía el novelista José Marín Cañas. Allí se hizo cargo del denominado Tarjetero , sección que reunía las crónicas de hechos sociales y que constituía el peldaño más bajo de la carrera periodística.

Joven periodista. Durante seis años, el joven redactor se destacó por su desbordante imaginación –que le permitió inventar “noticias” sensacionalistas de profundo impacto– y por su escritura ágil y llena de matices. Durante ese periodo escribió una amplia gama de textos, como entrevistas reales o imaginarias, reportajes, algunos relatos burlones de corte romántico –como Una carta absurda y Carta a una exnovia – e incluso un poema.

Además, le correspondió actuar como “cronista sanguinario” (redactor de las noticias de notas policiales). Fue el autor de las columnas Croniquilla policíaca y Líos de Justicia , y esta última fue el espacio propicio para el despliegue de sus inclinaciones literarias. Con un tono humorístico, Herrera convirtió la narración de los pequeños delitos que perturbaban la urbe josefina en una reflexión sobre los límites de los géneros escritos: sus Líos de Justicia diluyen y confunden las fronteras entre la crónica periodística y el relato literario.

La columna del 21 de marzo de 1934 pretende demostrar que el amor es el causante de la proliferación de “las rojas amapolas del delito”:

“Según estadísticas que han elaborado graves y doctos caballeros, la mayoría de los delitos (crímenes, robos con escalamiento y sin escalamiento, hurtos, abusos de autoridad, matrimonios y garrotazos) tienen como principio o fin el licor. A esta innegable y experta información, nosotros agregamos modestamente una frase que la corrobora y que viene a ahondar más en el asunto: la gente es muy amiga de los tangos argentinos. Y como en los tangos argentinos siempre se toma ‘para olvidar a la mujer amada’, tendremos que el alcohol es consecuencia del amor”.

Compromiso político. Durante la década de 1940, Herrera asumió un mayor compromiso como militante comunista, al tiempo que laboraba en algunos de los periódicos más destacados: La Tribuna , Última Hora , La Razón y el semanario Trabajo .

Buenas muestras de la creciente vinculación entre su labor política y su vocación literaria son los relatos Gente que espera y La refrigeradora , publicados respectivamente en Vanguardia (vocero de las organizaciones obreras) en diciembre de 1941 y junio de 1942.

En La refrigeradora , “Las personas se dividen en dos grandes grupos: los que tienen refrigeradora y los que no tienen refrigeradora”, como metáfora de una sociedad consumista que impone a los individuos patrones de comportamiento autodestructivos.

Durante los siguientes años, publicó varios cuentos en Brecha , La Nación y La República . El pueblo de “San Rafael”, un espacio nebuloso, apenas insinuado, pero siempre vital y cotidiano, sirve de fondo a la acción en Lorenza (1953), Doña Anita (1959), Los novios (1959), El gamonal (1959), La tertulia espiritista (1959), y Se llamaba don Maurilio (sin fecha). Este universo rural le sirve para representar –en ocasiones en forma maniquea– las contradicciones de clases y la miseria del campesinado costarricense.

Múltiple. Después de la guerra civil de 1948 y a causa de la represión sufrida por los comunistas, Herrera García debió buscar refugio en el periodismo radiofónico. Durante varios años escribió y produjo programas radiales de gran éxito para la emisora Nueva Alma Tica ( La Campaña de 1856 , Tradiciones costarricenses , El príncipe Oshima , Así nació el Himno Nacional ) y, en 1952, fundó y dirigió durante ocho años el radioperiódico La Palabra de Costa Rica en Radio Monumental.

Uno de los aspectos más olvidados de la trayectoria periodística de Herrera García es su faceta como crítico literario y humorista.

Hacia el final de su vida publicó más de una veintena de comentarios sobre libros nacionales en su columna Al margen en el semanario Pueblo , y fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez en 1975 por su Columna subversiva en el semanario Libertad. En esta última, el veterano periodista demostró su capacidad de observación y de crítica mordaz, llena de humorismo y de sincera preocupación por señalar los puntos débiles de la política nacional.

El objeto de emprender un recorrido que tiene mucho de biográfico no es exaltar la figura del “gran hombre” o, al decir de Carlyle, del héroe, sino evidenciar que la obra periodística y literaria de Adolfo Herrera García ofrece múltiples posibilidades para la investigación, tanto desde la crítica literaria como desde la historia.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y LITERATURA de la UCR Y MIEMBRO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS DEL LA UCR.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 8 febrero 2009.

17/02/2009 GMT 1

Fallas: Esa luz en sus palabras

marfuerte @ 02:36

Alfonso Chase
Celebramos este año el centenario del nacimiento de Carlos Luis Fallas (1902-1966), una de las figuras señeras, sin roce con el “imaginario” social de Costa Rica, en la literatura, la política y con contextura de líder entre los obreros de nuestro país, desde que en 1932 empezara su largo perigranaje al lado de la clase trabajadora de Costa Rica. Siendo un hombre de naturaleza discreta, en hablar de sus orígenes y su formación, es, sin embargo, el escritor que trazó con manos propias los primeros rasgos de su biografía.

Desde su nacimiento en El Llano de Alajuela, hasta algunos apuntes finales, cuando tuvo conocimiento certero de su enfermedad, en Rusia, allá por los meses finales de 1964.

Todos esos rasgos biográficos los podemos encontrar explícitos en sus obras literarias, dos o tres conferencias, algunas entrevistas en la prensa cubana, posterior a 1959, cuando en la cúspide de su gloria, percibida modestamente por él, podía codearse con Pablo Neruda, Nazim Hikmet, Nicolás Guillén o cartearse con Miguel Ángel Asturias, Ilya Ehrenburg, Konstantin Fedin o Mario Monteforte Toledo.

Se dice, a manudo, que la resonancia literaria de Carlos Luis Fallas se debió solamente a su importancia como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Costa Rica. Pero si revisamos la prensa de la época, 1940 principalmente, podemos comprobar que por esa misma militancia se le excluyó de las obras que iban a ser premiadas en el concurso sin ser siquiera tomada en cuenta, particularmente por sus contenidos sociopolíticos, al ser una de las primeras obras contra el poder y las actuaciones de la United Fruit Company, y cuando al fin fue editada, en 1941, la mayoría de sus lectores estuvieron seguros de que era una obra relevante y sujeta a una lectura diferente a como se tenía la idea de lo que eran las obras de contenidos nacionales o costumbristas. Fue Emilia Prieto, en el periódico “Trabajo” de ese año, quien escribió el artículo más brillante, independiente y lúcido sobre la obra de Fallas y sus personajes, en el cual dijo, para la posteridad, que Fallas había construido allí, la posibilidad de tener y darle forma a una patria intelectual.

Detalles olvidados, dignos de tener en cuenta. Según el propio autor lo definió en entrevistas, dos personas le ayudaron a mejorar su “prosa”, como él decía, con sorna y humildad expresiva: Carmen Lyra, que lo obligó a escribir Mamita Yunai en 25 días y Adolfo Herrera García, “Gentes y Gentecillas” en tres meses. Para escribir ambas se le liberó un poco de sus labores y se le dejó en libertad para darle forma a la estructura de sus obras, más las correcciones propias al lenguaje, su lucha contra las palabras, contando él que muchas veces le sangraban los dedos, de aporrear, era su término, las teclas de su maquinilla, en la segunda versión de sus obras.

Podemos decir que Mamita Yunai caminó sola desde 1942 cuando se inició su difusión internacional. Neruda le dio el gran espaldarazo al citar al personaje Calero en su “Canto Gereal”, pero ya había recibido elogiosos comentarios en Chile, Cuba, México y Venezuela y don Vicente Sáenz la usaba como texto para sus estudiantes, en México, así como en Argentina era conocida y citada junto a otras novelas.

A diferencia de lo que se supone fue la novela “Gentes y Gentecillas (1947)”, la que afirmó el gran valor literario de Carlos Luis Fallas, logrando, como obra emblemática del primer Festival del Libro Latinoamericano, y escogida por Alejo Carpentier, un tiraje cercano al millón de ejemplares, pocas veces alcanzada esa cifra por un autor centroamericano (1962).

Como dirigente político, líder de la clase trabajadora de Costa Rica, intelectual sólido y apreciado por todas las clases sociales a partir de los años sesenta, Fallas definió su importancia, desde la Gran huelga Bananera de 1934, su participación, relevante, en los hechos políticos de 1948, y luego en la etapa de ilegalización del Partido Vanguardia Popular. Además, su propia labor como político de plaza Pública, las relaciones respetuosas que supo establecer con todas las clases sociales, salvándole la vida a específicas personalidades de nuestra burguesía, valorando la nobleza de carácter antes que los antagonismos políticos.

El que esto escribe, resumiendo la labor artística, literaria, política y social de Carlos Luis Fallas, tuvo el honor de proponerlo para el Premio Magón 1965, asunto que no tuvo discusión alguna entre nosotros los jurados, hasta que el elemento mediático, bajo la ominosa frase: “La dignidad democrática de nuestros premios nacionales”, puso sobre el tapete el asunto político y los contenidos de la obra y la vida de Fallas en la cultura costarricense, en una polémica absurda y un resultado injusto para nuestro autor, todo esto por una infidencia, no perversa, pues en el ámbito periodístico se informó, antes de que ocurriera, que el premio le había sido otorgado. Eso dio por sentado cinco largas votaciones en que se declaró empatado, entre Carlos Luis Fallas y el ilustre historiador don Hernán G. Peralta, ignorantes los dos de lo que allí estaba ocurriendo.

Estas y muchas otras cosas se pueden dar a conocer en el año del centenario de Carlos Luis Fallas, que si se recogieran en libros darían para una vasta obra, tal como iniciaron Víctor Arroyo y Emilia Prieto, en los detalles de la petitoria para el otorgamiento del galardón. La respuesta a este reconocimiento fue una de las más bellas expresadas por autor alguno en Costa Rica. Hizo suyas las frases de su maestro, Máximo Gorki, con las siguientes palabras:
“El corazón del escritor debe ser una campana de amor y todos los corazones vivos del país escucharán sus sabios y potentes sones”.

Me imagino que por eso estamos aquí, esta noche. Y lo estaremos siempre ante el escritor, el dirigente, el amigo fraterno, benemérito de nuestras letras patrias. Con todos los dolores, angustias y restricciones sociales de sus héroes, que han sido y serán los mejores hombres y mujeres del pueblo de Costa Rica.
periódico La Prensa Libre 2 febrero 2009.

07/02/2009 GMT 1

Acuses de recibo

marfuerte @ 01:40

María, esa gran desconocida

Autor: Juan Arias

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Editorial: Maeva Ediciones

Pedidos: 2522-4848

El periodista y escritor Juan Arias ofrece una biografía de María, la madre de Jesús. El investigador plantea este libro tomando como insumos los evangelios (canónicos y apócrifos), así como otras fuentes y teorías desarrolladas por otros autores. La contratapa del libro adelanta: “Juan Arias nos invita a un recorrido apasionante, muy bien documentado y en ocasiones polémico, entorno a una figura puente entre lo divino y lo humano”.

Los problemas del gato y otros cuentos

Autor: Virgilio A. Rodríguez

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

El autor nacional Virgilio A. Mora Rodríguez presenta una colección de tres cuentos bajo el sello de la editorial de la UNED.

La contratapa reza: “Una vez más, la maestría narrativa de Mora devela y revisa críticamente la realidad social costarricense. La pulpería, la telenovela y la canción popular son las prácticas comunitarias por medio de las cuales el autor nos va a internar en lo más recóndito de los anhelos y frustraciones de los actores sociales”.

Historia Natural del Parque Nacional Chirripó

Autora: Adelaida Chaverri Polini

Editorial: Inbio

Ped.: 2507-8184

Esta es una publicación póstuma de la obra de la científica y académica de la Universidad Nacional Adelaida Chaverri Polini.

El editor científico de la obra, Alfonso Mata, resalta que este libro “fortalece el conocimiento científico de los recursos naturales del país y la región mesoamericana, con información básica y suficiente para adentrarnos con seriedad en la historia y las bellezas del Parque Nacional Chirripó y las regiones aledañas”.

Mi Guanacaste lindo

Autor: Carlos Arauz

Editorial: Publicación del autor

Pedidos: 2229-1686

Esta obra se presenta como un diccionario de citas, términos y expresiones de Guanacaste. Asimismo. el autor formula una breve presentación de cómo se ha configurado el habla en esa provincia.

La contraportada reza: “ Durante más de diez años, Carlos Arauz Ramos tesoneramente recogió, para esta obra, gran cantidad de términos y expresiones propias del habla popular guanacasteca, acompañados de muchas citas y datos de su querida provincia”.

La dieta del té

Autor: Mark Ukra

Editorial: Norma

Ped.: 2507-8184

Este libro es una guía para acelerar el metabolismo, reducir el apetito y perder peso mediante luna dieta de té.

Según la publicación, esta sustancia tiene beneficios para la salud como fortalecer el sistema inmunitario, disminuir los niveles de azúcar y colesterol en la sangre, prevenir las caries y el deterioro de los dientes, retardar el proceso de envejecimiento, disminuir la presión sanguínea y prevenir la artritis.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 1 febrero 2009.

Librero

marfuerte @ 01:38

Contrapuntos
Alfredo Aguilar
El amor es eterno mientras dura
Novela
EUNA, 2008
Pedidos: 2237-9239
Rodrigo Soto
paralelo10@correo.co.cr

Alfredo Aguilar (San José, 1959) ha publicado hasta la fecha dos cuentarios notables: Morir dos veces (EDUCA, 1988) y Los gatos negros (Perro Azul, 2006). En ellos ya había evidenciado su talento y sus dotes narrativas; ahora, Aguilar los confirma con la publicación de su primera novela, merecedora del premio UNA Palabra del año 2007.

Valiéndose de una estructura contrapuntística en la que hija y madre, madre e hija, alternan sucesivamente la voz cantante o narradora, Aguilar nos sumerge desde el inicio en un universo a la vez íntimo y convincentemente femenino. Más que el conflicto generacional entre madre e hija, la novela despliega, poco a poco, la trayectoria existencial de las dos protagonistas, con sus búsquedas, sueños rotos, fracturas intempestivas, frustraciones y expectativas…

Desde luego, el amor y el desamor tienen un papel determinante en sus vidas, como desde el inicio nos lo sugiere el título y como nos lo recuerda el autor, reiteradamente, con los epígrafes que encabezan los diferentes capítulos de la obra.

Aún cuando se trata de la historia de una madre y de su hija, la perspectiva que adopta cada una de ellas para relatarnos su vida, no es exactamente la misma. Así, la madre se extiende sobre sus antecedentes familiares y refiere con detalle las circunstancias de su crianza y formación como miembro de una familia acomodada de Cartago.

Particularmente relevante será la historia de uno de sus hermanos, que por momentos se constituye en eje de esta narración. La hija, a quien el autor nos presenta sumida en plena crisis de media vida, nos refiere su historia desde una perspectiva mucho más cercana, más íntima, ciñendo los términos de su narración a la búsqueda de su vocación y del amor. De esta forma, el autor termina presentándonos, así sea a grandes trazos, la historia de tres y no de dos generaciones de una familia (los padres de la madre, la madre y la hija).

Necesariamente, el relato se transforma así en una suerte de crónica familiar que atraviesa buena parte del siglo XX, aunque solo algunos acontecimientos de la historia del país –particularmente la Guerra Civil de 1948 y el ostracismo al que son condenados los vencidos– irrumpen en la narración por afectar de manera sensible la vida de la familia. De la misma forma, los aires de los años 70 perfuman por momentos la narración de la hija.

Así pues, el autor despliega un universo temporal y narrativo muy amplio dentro de un relato más bien breve y condensado, en lo que se evidencia su vocación original hacia el cuento, pero esto no limita el disfrute de su lectura.

Como cualquier historia familiar, la que aquí se nos relata tiene sus secretos inconfesables velados por el silencio y el olvido. La demencia senil que sufre la madre precipita a la hija en una reflexión sobre su propia vida, llevándola a redescubrir, con mirada adulta, episodios velados de la historia familiar…

Sin embargo, la posibilidad de un reencuentro entre madre e hija queda vedada por la senilidad que sufre la primera, tiñendo con un aire melancólico lo que de otra forma podría haber sido un final distinto y quizás demasiado edulcorado.

Novela de la intimidad que lanza una mirada sobre algunas transformaciones de la sociedad en lo que respecta a la posición de de la mujer y de lo femenino, El amor es eterno mientras dura es también y ante todo una novela sobre el amor y el desamor como eje de dos vidas.

Por último –pero no menos importante– El amor es eterno mientras dura es una novela escrita con frescura y sensibilidad, que en ningún momento descuida la precisión de la frase ni renuncia al hallazgo de metáforas felices, de las cuales hay muchas. Con su publicación, Alfredo Aguilar se suma a un nutrido grupo de autores y autoras costarricenses que, en los últimos años, vienen recreando con imágenes literarias y palabras vivas las transformaciones recientes de nuestra sociedad.

ESTA OBRA SE PRESENTARÁ EL LUNES 12 DE FEBRERO, A LAS 7 P. M., EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA.

Suplemento Áncora. periódico La Nación. 1 febrero 2009.

06/02/2009 GMT 1

Centenario del indomable

marfuerte @ 01:33

Escrito por Manuel Bermúdez, Editor de Forja
Cuando estaba en primer grado en la escuela Mauro Fernández, en San José, a donde lo había mandado su madre, ya dio su primera muestra de una rebeldía indómita. Una maestra, la niña Sofía Pochet, trató de pegarle y “con una regla que yo le había robado a mi tío, para andar jugando de grande, me subí al pupitre y le pegué en la oreja”.
Por eso tuvieron que regresarlo a Alajuela donde hizo los primeros años con la niña Isolina Herrera. Luego tuvo que repetir en cuarto grado en el Porfirio Brenes.

Entonces se comió unas higuerillas para enfermarse y no tener que terminar el curso, pasaje que cuenta en su novela Marcos Ramírez.

El mundo era ancho, pero no ajeno para aquel muchachillo que parecía que quería comérselo todo. Entrador, conversaba con cualquiera y no le arrugaba la cara al trabajo. Lo que sí lo encendía era la necesidad de libertad y su intolerancia a la injusticia.

Se metió a aprendiz de varios oficios, pero luego fue a buscar mejor fortuna en la zona Atlántica, lo que marcaría el resto de su vida y especialmente su obra literaria.

Calufa y los intelectuales comunistas
¿Por qué los comunistas eran gente vinculada al arte y la cultura? ¿Por qué algunos de los más grandes escritores que tiene la historia de Costa Rica fueron comunistas o simpatizaban con esa causa, ese partido o esa ideología? No se necesita quemarse mucho el coco ni andar revolcando bibliotecas para comprenderlo.

Especialmente durante la primera mitad del siglo pasado algunas de las personas más comprometidas con las causas justas y la búsqueda de una mejor sociedad abrigaron los ideales comunistas, socialistas o revolucionarios. Fue un proceso natural que personas particularmente sensibles como son los artistas respondieran a los desmanes de una sociedad deshumanizada que aplaudía a quienes formaban capitales a costa de explotar a otros seres humanos, ya sea poniendo en entredicho su misma condición humana o escamoteando sus opresiones tras supuestas cruzadas civilizatorias.

A finales del siglo XIX en Europa, algunos de los escritores más importantes clamaban por una sociedad más justa y señalaban las barbaridades que el proceso de la sociedad industrial dejaba caer sobre las espaldas de la clase trabajadora.

Las novelas realistas volcaron su interés por las condiciones del ser humano en la sociedad moderna y el resultado no esperó. El francés Emile Zolá consideraba que la literatura debía estar comprometida y el escritor al servicio de una sociedad más justa.

Al iniciar el siglo XX, el mensaje de Zolá había calado en jóvenes autores a uno y otro lado del Atlántico. El desarrollo de la prensa en Estados Unidos también despertó a escritores y periodistas como John Reed y sus famosas obras México Insurgente y Los diez días que estremecieron al mundo. En Latinoamérica autores como el venezolano Rómulo Gallegos con su novela Doña Bárbara denunciaba los contubernios de una clase explotadora y terrateniente con las transnacionales estadounidenses, mientras el colombiano José Eustacio Rivera, con La vorágine, contaba las crueles condiciones de los trabajadores en la explotación del caucho.

Muchos de los que abrazaban las causas sociales a favor de las mayorías explotadas se sintieron convocados por aquella llamada del Manifiesto Comunista. La clase trabajadora era una sola y era planetaria, sin distingos de cultura o país.

Los países latinoamericanos, la mayoría sociedades preindustriales, de explotación extractiva de materias primas, padecían de sociedades campesinas terriblemente explotadas y miserables. El tema agrario surgió en la novela latinoamericana como una necesidad histórica.

En Costa Rica, un joven de 19 años, apenas bachiller, dotado de gran habilidad literaria e impresionado por autores como Zolá escribió tres novelas que pusieron al país en la corriente novelística del continente: El moto, Hijas del Campo y Abnegación. Las tres eran obras sociales donde se denunciaba la injusticia y las diferencias de clase. El autor se llamaba Joaquín García Monge, quien luego viajó a Chile donde se formó como educador. Apenas 7 años menor, en el Colegio de Señoritas se encontró con una adolescente llena de brillos e inquietudes, la que sería otra importante escritora y educadora costarricense: María Isabel Carvajal, quien usó el seudónimo de Carmen Lyra. Ella y otras figuras, como la también escritora y educadora Luisa González, fundaron años más adelante la Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera. Y con el gremio de ebanistas y carpinteros también la Universidad Popular.

El interés de de una clase trabajadora que leyera era muy grande. Los gremios de obreros y trabajadores en general contaban con periódicos y talleres donde escuchaban conferencias acerca de temas que les competían directamente.

Los intelectuales lograron transmitir a los obreros que en el estudio y la lectura tenían una vía de liberación y mejorar sus condiciones.

No es de extrañar que las vocaciones literarias de algunos trabajadores prendieran en aquel ambiente de organización de lucha mezclado con lecturas y discusión política.

Uno de ellos fue precisamente aquel muchacho de Alajuela. Inquieto, había abandonado los estudios de secundaria obligado por la necesidad y se había empleado en las más diversas labores como aprendiz en los ferrocarriles al Pacífico, en San José. Como muchos otros, en medio de muy duras condiciones económicas en el Valle Central, supo que en Limón había más posibilidades de trabajo. Para allá marchó a emplearse en lo que se pudiera con su mediana fuerza física de muchacho adolescente, su astucia y su valentía. Fue cargador en los muelles y obrero en la bananera donde conoció y padeció, como miles de trabajadores, las condiciones infrahumanas que engrosaban las finanzas de la United Fruit Company.

Las diferencias sociales en las dos primeras décadas del siglo pasado en Costa Rica eran muy marcadas y el descontento en la clase trabajadora era creciente.

Fallas tuvo que regresar a su natal Alajuela porque su madre agonizaba. Así se vinculó a uno de sus primeros oficios aprendidos, la zapatería, para ayudar a sostener a sus seis hermanas. Pero la plata no alcanzaba y se volvió a ocupar en un tajo, en Alajuela, como barretero.

“Cuando estaba trabajando ahí, un domingo me tropecé en el parque de Alajuela con Claudio Alvarado, que había sido compañero mío de colegio, aunque él era mayor, porque se había hecho barbero y luego había vuelto a terminar la secundaria ya grande y luego siguió en la Escuela de Derecho. Claudio me dijo: Mirá, ¿no has oído hablar vos de comunismo? Para mí era una palabra desconocida, como seguramente lo era para la gran mayoría de los trabajadores costarricenses. Yo había leído mucho, pero nunca me había tropezado con un libro que hablara de esas cosas. Entonces me trajo el Manifiesto Comunista. Me fui para la casa y esa noche me puse a leerlo. Y esa noche cambió mi vida completamente. Ese libro fue una revelación.”

Aunque era aficionado a la lectura, especialmente de los libros de historia, la vinculación de sus experiencias de vida en la bananera y lo que leyó esa noche le resultó muy clara.

Así se vinculó con un grupo en Alajuela que sería el comité de esa provincia del Partido Comunista de Costa Rica y fue nombrado secretario de actas. En esa función tenía que escribir informes que luego le corregían en San José y él veía esas correcciones y fue aprendiendo.

“Obligado por el partido aprendí a escribir y medió una nueva moral que no me ha fallado nunca, ni en los momentos más difíciles de la vida. Una moral que me llevó a oponerme al fusilamiento de los prisioneros, a tener una vida limpia, honesta. El partido ha sido para mí una escuela, una universidad donde me gradué de hombre y de ciudadano.”

Rápidamente destacó en la que sería su mayor vocación, la de revolucionario. Luchó por los derechos de los trabajadores, enfrentó la represión y en 1933 fue sentenciado a destierro a 50 kilómetros de San José y de Alajuela, él escogió la zona Atlántica.

Fallas juntó a su sagacidad el conocimiento que ya tenía de la organización de los trabajadores y con el liderazgo del partido y su entrañable amigo y líder Manuel Mora Valverde encabezó la gran huelga bananera de 1934.

Como líder comunista, Carlos Luis Fallas cumplía con una de las labores esenciales en su función, escribía en las publicaciones de los trabajadores. Él conocía muy bien las necesidades y la importancia de esas lecturas para los obreros y campesinos.

A su gran capacidad de observación, su personalidad dicharachera muy propia del alajuelense nato, su mentalidad soñadora se unió la convicción de la literatura como instrumento para educar y buscar la justicia social.

Fallas tenía facilidad de palabra, habilidad para contar historias y guardaba en su memoria hasta los mínimos detalles de imágenes y pasajes que había visto en la vida obrera y campesina. Esas características se dejaban ver en los informes que escribía y en sus crónicas y artículos en los periódicos del partido.

Así fue como, de los informes sobre el proceso electoral en Talamanca en 1940 y de sus recuerdos de los años de trabajador en la bananera, surgió el germen de su primera novela.

Había muchas cosas para contar, momentos y personajes, condiciones de explotación por dar a conocer, rasgos de la vida humana que merecían contarse. Fallas lo reunió todo, modeló algunos personajes y armó Mamita Yunai.

Aunque la novela se publicó sin pena ni gloria en 1941, mientras todos, incluso el mismo Fallas estaban más ocupados y preocupados por su trabajo político, él mismo fue electo regidor municipal, lo cierto es que ahí nacía una obra fundamental en la historia literaria costarricense y latinoamericana, y salía a la luz uno de los más importantes novelistas del país.

El valor literario
Las novelas y cuentos de Carlos Luis Fallas muestran un claro desarrollo y la consolidación de un escritor, pero desde el inicio su vena literaria es incuestionable.

El manejo del humor, las fieles y cautivantes descripciones, los personajes, las escenas, el desarrollo narrativo, son definitivamente las de un buen contador de historias.

El estilo eficaz evidencia la franqueza del autor y su profundo sentido humano, pero también la sensibilidad poética de su pluma.

Al retomar las voces populares de sus personajes no lo hace desde el intelectual que rescata la tradición, sino desde la proximidad y el honesto compromiso de quien nunca dejó de ver el valor poético que tenía ese decir.

El problema que nos presenta a los lectores es que siempre le pedimos más. Su obra parece un abrebocas queremos más de ese mundo y esa forma narrativa. Su obra es claramente autobiográfica: Marcos Ramírez (1952), basada en su niñez, Mi madrina (1954) en su adolescencia, Gentes y Gentecillas (1947) se temprana adultez de trabajador campesino y Mamita Yunai (1941) su etapa madura como activista político.

La persecución política de que fue objeto junto con sus otros camaradas comunistas después de la guerra civil de 1948 y precarias condiciones de salud producto de las enfermedades que padeció en su vida como trabajador campesino, acortaron su tiempo de vida.

Carlos Luis Fallas, novelista mayor costarricense murió apenas a los 57 años de edad el 7 mayo de 1966.
Fue diputado en 1944 y siempre consideró la literatura con una función social.

En 1962 obtuvo el Premio Iberoamericano de la Fundación William Faulkner de EEUU por su obra Mamita Yunai, y en 1964 el Premio Nacional de Cultura Magón y Benemérito de la Patria en 1977.

Suplemento Forja. Semanario Universidad enero 2009.

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 01:29

Los días que fueron
Daniel Gallegos Troyo
Alfaguara 2008

Daniel Gallegos (1930) prosigue la trayectoria de su saga novelesca, la cual le ha deparado un lugar de privilegio en nuestra literatura. Aunque las obras publicadas tienen un hilo conductor, la historia ficcional familiar, cada una nos presenta una visión autónoma, y completa, de un determinado sector narrativo. La presente novela tiene una visión particular y nueva en su trabajo creativo: los diferentes estratos narrativos son contados por personajes femeninos, los cuales muestran sus específicos puntos de vista, a veces en contrapunto, pero en secuencias donde la lógica de la interpretación muestra una particular intensidad, según sea el lugar que ocupen en la obra. A la vez que expresan lo que son, como sujetos-personaje, podemos encontrar diferentes aspectos de la totalidad de la novela, dividida en dos partes y treinta y siete capítulos compactos, por narrar, la mayoría de ellos, parte de la historia familiar que es múltiple, en los diferentes lazos que se van estableciendo.

El largo período donde ocurren los acontecimientos, que ocupa casi todo el siglo XIX, con desplazamientos geográficos, bodas, nacimientos, defunciones, calamidades, le permiten al autor darnos un fresco extenso, bien documentado y de soberana belleza poética, escrito en un lenguaje, así lo creo, que recoge las diversas tendencias literarias de ese tiempo, a partir de un romanticismo épico, tardío, hasta engarzar gran parte de la obra con un cierto tono modernista, impuesto por las relaciones entre los personajes, la época, la manera de expresarse y descubrir su propio mundo interior, más los sucesos externos que influyen en la vida de todos los escogidos. Es una obra épica, dentro de lo que podemos comprender con una saga familiar, en donde se mezclan los detalles familiares, de un grupo específico, con la ficción lo que le permite al autor incluir personajes reales, vistos bajo el manto de la fantasía, los residuos históricos que nos han legado, con la experiencia que va logrando Rafael Arnesto, imagen real, ficcional, poética, de lo que significa ser escritor, conformar una manera de ser, especial por su particular naturaleza artística. Todo lo cual se refleja en la prosa del autor, rica en detalles, morosidades leves, intermitencias del corazón, detalles en el uso de sustancias psicotrópicas, alegrías y esperanzas, infortunios y asechanzas de los hados tutelares. Todo esto da fin, como en una especie de apoteosis, provinciana y catastrófica, con el terremoto del 4 de mayo de 1910 y el cometa Halley visible al crepúsculo. Es el fin de un personaje entrañable pero también de una época, en el Cartago de aquel entonces. Para la familia protagonista, espejo del mestizaje real, del trabajo de una familia para fomentar su fortuna, de un grupo social que terminará dispersándose por diversos rumbos, no sólo en la novela sino en la mente de todos los lectores. Pero persiste el Rincón de la Vieja ciudad, para que lleguen los otros días, de seguro tema para otra novela de Daniel Gallegos Troyo, que asume, no sólo su herencia histórica, sino el valor de lo ficcional para darle forma a una obra realmente importante en la narrativa actual. Una hermosa obra de arte, cubierta por la bruma de nuestra hermosa Cartago, pero también por el Sol, enhiesto sobre el Irazú, para mostrarnos que el tiempo, en su prisa, nos confirma días que no sólo fueron, sino que allí están. ¿Los personajes, las tramas, los infortunios, las alegrías, las fortunas que se alzan y se derrumban? Eso es tema de la novela, como tal, y no sólo los desvaríos del reseñador al internarse por una obra verdaderamente relevante en nuestra narrativa.

Huérfanos del mal
Nicolas d’Estienne d’Orves
Plaza Janes Editores 2008

Nicolas d’Estienne d’Orves (1974), es autor de ocho libros de ficción, ha recibido valiosos galardones en Francia, desde su meteórico ascenso, 2001, en el universo literario de su país. Retoma un tema que se ha convertido en un auténtico mito literario: el Lebensborn, el programa de la SS hitleriana para darle forma a una posible raza “pura”, que pudiera darle perpetuidad a su poder hacia el futuro en el mundo. Se dice que 25 mil niños nacieron en esas maternidades, las cuales se diluyeron en la historia y desastre del Reich.

El autor investigó por más de dos años para darle sustento y estructura a esta novela, que constituye realmente un auténtico thriller del siglo XXI, en donde la multiplicidad de personajes se confunden en uno solo: el destino de esos niños, desgraciados engendros de una visión mórbida de lo que debe ser el racismo, en su múltiple expresión, situado en Alemania, pero que puede estar en cualquier otro lugar de la tierra.

Toda la novela es la búsqueda a la pregunta qué fue de esos niños, su convivencia, la relación con otros infantes y su crecimiento luego que fueran convertidos en el futuro de la humanidad, según el proyecto inicial, producto de la unión de una doncella con un soldado, esa es la historia repetida, con un certificado de pureza aria de doce generaciones, y con el contacto, previsto, en escasos instantes, apenas lo que dura un beso.

Al ser el tema terrorífico, la novela se convierte en un acertijo, en un laberinto, donde los años, el tiempo, es algo suspenso sobre el destino, iniciada la narración con un extraordinario primer capítulo, ¿lo es? para situarnos luego en el año 2005, todo contado en París, un 29 de agosto. Es verdad que esta novela es el rostro del mal, la historia ficcional más horrible que uno pueda imaginarse, con sucesos que trastornan todo el devenir de los protagonistas, Clement y Anais, sujetos de desarrollo ficcional por medio de una investigación periodística que los arroja en brazos de una historia sobre la que se ha escrito mucho, y variadamente, siempre desde una perspectiva diferente, que engloba el experimento racial, pero también el destino de aquellos niños, sujetos de un trazo escrito al margen de su acta de nacimiento. Es la historia de lo que se dio en llamar el “matrimonio biológico”, uno de los aspectos más sórdidos del nacional socialismo, usando en esta novela todos los recursos mediáticos –fotos, imágenes de archivo, recortes de periódico– para darnos una idea de lo que está sucediendo ahora, en este tiempo, con las víctimas del experimento.

Como en otras novelas sobre el tema, las hay muchas ahora en Europa, y aún la última de Norman Mailer se ocupa de estos asuntos en lo mórbido del nacional socialismo, sus relaciones con la ciencia, la medicina, la biología, para perpetuar ese sueño macabro de mil años de poder, sostenido en la “pureza racial”. Visto todo décadas después, en los albores de este siglo, donde una investigación periodística pone sobre la mesa las relaciones personales, textos perdidos y axilares, crímenes, suicidios, más la idea, nunca desechada del todo , de esa fascinación que ejerce el Tercer Reich, con sus componentes de misterio, ritos de iniciación, trastornos que se perciben a lo largo de la narración, que logra mezclar lo real fantasmagórico de la historia, con lo ficcional devenido del tratamiento del tema. Es tal la carga emocional del libro que la historia de la periodista Anais, Clement, Venner, y esa novela dentro de la novela, que busca ubicar la ficción de la ficción, se diluyen, todo admirablemente ensamblado para darnos la idea central del trágico experimento que, cincuenta años después, en un aparte del año 2006, sigue la pauta de la contemporaneidad en cuanto a lo que debe ser la novela, según las propuestas europeas, o de los más jóvenes autores latinoamericanos. Las páginas finales, que reproducen lo que se sabe del mito de Rudolph Hess, los planes secretos, reales, de Otto Rahn, la denuncia final del proyecto, usando verdades repetidas o mentiras convertidas en ficción, haciendo lo que una vez se propuso hacer, pero nunca pudo, el maestro de Nicolas d’Estienne, Stephen King, en “Verano de Corrupción”. Una obra que combina el suspenso, el horror, la intriga política, la literatura como una de las armas de la historia. Más una historia de amor. Y una figura inolvidable: Vidkun, el siempre echado de menos. El Vikingo del siglo XXI.

Gertrude y Alice
Diana Souhami
Tusquets Editores 2008

La autora ha logrado escribir la historia conjunta de Gertrude Stein y de Alice B. Toklas, la pareja literaria más conocida de los Estados Unidos, durante todo el siglo XX.

No es una historia convencional de dos damas no convencionales. La primera una especie de genio de las letras, con opiniones sobre pintura, la experimentación verbal, una figura artística que dominó parte de la primera mitad del siglo XX, como expatriada en París. La segunda, su compañera desde 1907 hasta 1946, constituyéndose una de las parejas más conocidas y valoradas en la historia de las relaciones sentimentales y el patrocinio artístico. Diana Souhami ha sabido penetrar en la historia intelectual de ambas, su infancia, sus peculiaridades como personas, su complementación sentimental y la devoción de la señorita Toklas por la escritora, convirtiéndose en su mecanógrafa, editora, defensora y hasta cocinera. Es la historia de un genio, la señorita Stein, con pleno convencimiento de que lo era en el valor de sus múltiples libros, sus opiniones, sus polémicas, su ayuda a los jóvenes escritores de la época, así como su lucha contra todo signo de aldeanismo o provincialismo, y todo aquello que podía limitar el desarrollo de un escritor en el siglo pasado,. Aunque el centro de la biografía es Stein, la entereza y la inteligencia de Alice B. Toklas parecen establecer un balance entre iguales, con tortuosas relaciones personales que suben y bajan, pero todo cimentado en una relación de amor-amistad, que las convirtió, así queda expresado, en una biografía conjunta. La prosa de Diana Souhami es abierta, chispeante, escrito todo con infinita admiración y cariño, sin dejar de lado la polémica relación de ambas con León Stein, el hermano “maldito” de Gertrude Stein. París realmente era una fiesta. Y el mediodía francés. Y las dos guerras mundiales una tontería, y los editores unos aprovechados, y el genio de las dos, estamos seguros, sustento para un libro inolvidable, certero, franco, sin tapujos o escondidos sortilegios. Una mujer, un genio, y un complemento para seguir existiendo, en el caso de Toklas, hasta 21 años después de la muerte de su amiga.

Una historia de lealtad, opiniones relevantes, sexo a hurtadillas y chismes desde Picasso hasta Hemingway. Algo para recordar.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 29 enero 2009.

04/02/2009 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 01:35

Historias familiares
Fragmento de ‘El amante imperfecto’, ganadora del Premio de novela ‘La otra orilla’ 2008.
1

A Guillermo las mujeres le daban un poco de pena; le parecían muy vulnerables en su búsqueda de amor. Este sentimiento se le agudizaba en las fiestas; lo conmovía observarlas en sus momentos de brillo, cuando circulaban con soltura entre los hombres, con las espaldas desnudas asomando de sus vestidos y sonriendo confiadas.

Helenita Vega lo invitó a su fiesta de quince. Iban al mismo colegio, él cursaba quinto año, y Helenita, tercero. Guillermo la había preparado para rendir el examen de matemáticas de marzo, y, desde entonces, tenía intenciones de conquistarla. Con el monto exacto que los padres de Helenita le pagaron por las clases, Guillermo le compró una orquídea. Transformó ese dinero en una flor; le fascinaba la idea de efectuar operaciones sin resto.

Cuando criaba peces tropicales, Guillermo contemplaba con asombro cómo, luego del parto, las hembras perseguían a sus hijos recién nacidos para comérselos. Intentaban volver a incorporar lo expulsado, como si se tratara de un simple circuito de la materia. Algunos alevines escapaban de sus madres y por azar no se convertían en alimento.

Más allá de su afición por estos juegos con números redondos, regalarle una orquídea había sido una ocurrencia de la madre de Guillermo. Al tonto de los sentimientos de su hijo hacia Helenita, le había recomendado “un regalo romántico, algo que nunca te va a fallar”. Guillermo protestó, le parecía un gesto anticuado, pero ella insistió y, ya fuera porque confiaba en el saber de su madre acerca del corazón femenino o simplemente porque era un hijo obediente, Guillermo decidió enfrentar su miedo al ridículo.

Helenita desgarró el papel de seda del envoltorio y se quedó mirando la flor con perplejidad; ninguno de sus amigos regalaba orquídeas. Ocultar su decepción le costó un esfuerzo adicional: en esa época de su vida, a Helenita las flores no le interesaban. No comprendía por qué al resto de las mujeres las emocionaban tanto. Esta apatía la preocupaba; temía que fuera un signo de frialdad para el amor; escondía el asunto con cuidado, consciente de que se trataba de un rasgo impropio en una mujer. Se sentía como si careciera de una fe religiosa. La orquídea en su caja de celuloide le provocaba, a lo sumo, cierto respeto por su precio; también le despertaba reminiscencias de opulencia fúnebre, como si la caja fuera un ataúd transparente.

Mientras Helenita se demoraba en examinar la orquídea, a Guillermo lo devoraba el suspenso. “¡Qué linda!”, dijo al fin su amada, con un entusiasmo burocrático que solo cumplía con su custodiada educación.

La madre de Helenita, que se había acercado a la puerta a saludar a Guillermo, captó el desplante de su hija e intentó disimularlo. Elogió la flor con vehemencia y llamó a su marido para decirle con un tono rezongón que todavía quedaban hombres que sabían como tratar a una dama. Guillermo se ruborizó. [...]

Suplemento Áncora. priódico La Nación 25 enero 2009.

Acuses de recibo

marfuerte @ 01:33

A través de mi vida

Autor: Carlos Gagini

Editorial: ECR

Pedidos: 2253-5354

Como parte de la celebración de su quincuagésimo aniversario, la Editorial Costa Rica reedita la primera obra que salió bajo su sello: Al través de mi vida , las memorias del autor Carlos Gagini.

La contratapa del libro exalta al autor como una de las figuras más relevantes de fines del siglo XIX e inicios del XX en Costa Rica, dados su calidad humana, su compromiso social, su labor docente, sus obras literarias y sus investigaciones lingüísticas.

El fin de la teleserie en Costa Rica

Autor: Gabrio Zapelli Cerri

Editorial: EUNA

Pedidos: 2253-9349

El especialista Gabrio Zapelli elabora un análisis histórico y semiótico de la ficción televisiva costarricense.

El estudio abarca las series transmitidas entre 1995 y el 2000, período durante el cual el autor fue director de los guionistas de la Productora La Mestiza, de San José.

El análisis se detiene en los cambios producidos por la globalización de los medios masivos y por la extensión de estos a un público más diferenciado.

Construcciones supranacionales e integración...

Autor: Jaime Delgado Rojas

Editorial: EUCR

Pedidos: 2207-5957

En Construcciones supranacionales e integración regional latinoamericana , Jaime Delgado analiza tres integraciones: Comunidad Andina, Mercosur y Centroa-mérica, con un apartado teórico, un contexto histórico y una sección filosófico-jurídica sobre la supranacionalidad y el derecho comunitario de la región. El autor termina con una reflexión sobre la filosofía en América Latina como compromiso y defensa de los derechos de las personas.

Gentes y gentecillas

Autor: Carlos Luis Fallas

Editorial: Legado

Pedidos: 2280-8007

La editorial Legado reedita la novela Gentes y gentecillas (1947), a propósito del centenario del nacimiento (21 de enero) del premiado autor Carlos Luis Fallas.

La solapa del libro reza: “Con una pizca de humor y otro tanto de tragedia, Gentes y gentecillas narra las duras condiciones de vida de los trabajadores en una hacienda cafetalera a principios del siglo pasado en Pejibaye de Turrialba y en los fatídicos socavones de los montes de Milla 48”.

Templos patrimoniales

Autor: ICOMOS

Editorial: EUCR

Pedidos: 2258-0552 ó 2207-5957

La representación nacional del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) ha publicado un calendario para el 2009 que reproduce fotografías de 13 templos patrimoniales de Costa Rica. La investigación estuvo a cargo de Ofelia Sanou.

El calendario viene acompañado por un texto que explica la historia de los edificios y las distintas tradiciones constructivas según la época en la que fueron erigidos.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 25 enero 2009.

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