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RESONOCO

Categoría: Libros

05/09/2008 GMT 1

La vida de un poeta

marfuerte @ 02:08

Enric Castelló | 31/08/2008 - 19:53 horas
Hay escritores, hay libros, que siempre estarán ahí. Son long sellers porqué siempre tendrá sentido reeditarlos, comprarlos y sobretodo leerlos. Había leído poemas de Neruda, pero no su biografía. Por suerte encontré la edición reciente en formato de bolsillo de Confieso que he vivido, memorias y recuerdos de uno de los más grandes escritores latinoamericanos; la vida del poeta escrita por su puño y letra. No dudé de que iba a ser una de las lecturas de este agosto -junto a la Nueva guía de la ciencia de Isaac Asimov, absorbente tocho al que estoy abonado en los últimos tiempos.

Supongo que Pablo Neruda es diferente para cada lector, para cada seguidor de su poesía. Porqué el poeta se desdobla en sus versos y el lector se queda con algunos en mente y quizás descarta otros en consonancia con su estado de ánimo, con sus conocimientos. Para mí Neruda es, como a él mismo le gustaba entenderse, un "poeta del pueblo", del chileno, pero también del "pueblo universal". Es ejemplo de consciencia social y política, modelo lírico en jaque en la tour de force entre compromiso ideológico creativo y despreocupación hedonista posmoderna.

Pablo Neruda se crió en la Araucanía chilena y estudió en Santiago donde empezó muy pronto a despuntar como escritor. Con veinte años publicó Veinte poemas de amor y una canción desesperada, trabajo que lo hizo popular y del que el propio autor dice que es un libro "doloroso y pastoril": "Contiene mis más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de mi patria". Inició entonces carrera diplomática que lo llevó a descubrir países como Birmania, Sri Lanka, Singapur, España y Francia. De su estancia en Oriente me quedo con su crítica al colonialismo británico y con su descripción de las calles de Rangún. Fue una etapa de la que Neruda guarda la memoria de "la soledad de un forastero trasplantado a un mundo violento y extraño".

Conexión del 27
Durante su paso por Madrid, Neruda conoció a los poetas españoles de la generación del 27 y estableció amistades y contactos con escritores como Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández. En aquella época publicó España en el corazón, su relato lírico de la guerra española. En sus memorias Neruda dice que este libro se imprimió "cerca de Gerona, en un viejo monasterio". En realidad se trata de la Abadía de Montserrat, donde Manuel Altolaguirre instaló una imprenta durante la Guerra civil. Este es uno de esos libros extraños y muy valorados. Se dice que existen poquísimos ejemplares repartidos entre la librería del congreso de los Estados Unidos, la Biblioteca de Cataluña, la de Montserrat y la Universidad de Barcelona, y en estanterías de algún coleccionista.

El espíritu crítico de Neruda está presente en sus páginas. Para él la poesía y el arte deberían estar al servicio del pueblo y detestaba a los que consideraban la cultura como una especie de objeto de lujo, artículo de vitrina o exquisitez solo apreciable desde alturas estéticas. Explica en este libro que entre los coches lujosos y los pobres hambrientos, se decantó por abanderar las luchas de estos. Fue una voz contra la cultura canina y servil: "La burguesía exige una poesía más y más aislada de la realidad. El poeta que sabe llamar al pan pan y al vino vino es peligroso para el agonizante capitalismo".

Destierro y guerra fría
A su vuelta a Chile, Neruda se afilió al Partido Comunista en 1945 y fue elegido senador. Su partido ayudó a González Videla a alcanzar la presidencia; más tarde los desencuentros y conflictos llevaron al nuevo presidente a ilegalizar a los comunistas. Neruda adoptó una actitud muy crítica y fue perseguido. El poeta terminó en esta etapa el Canto general, su obra más completa y la que seguramente le hizo ser merecedor del Premio Nobel en 1971.

En estas memorias el poeta también relata su truculenta huída, su paso por escondites y la travesía por los Andes hacia el exilio. Ya en Argentina, tuvo que salir también del país rumbo a Europa. Francia, la Unión Soviética, India, China, Mongolia y después Italia… Neruda va relatando lugares y personas con las que se encontró, gente que le ayudó y sus actividades literarias y políticas. En estos años de guerra fría Neruda conoció a Fidel Castro o al Che Guevara. Confieso que he vivido es un libro que destila el palpitar histórico del siglo veinte, tamizado por la sensibilidad y el perfil ideológico de un gran poeta.

Neruda dijo que el pueblo chileno "ha sido el más traicionado de este tiempo", explotado, engañado y sometido por déspotas. Quizás él mismo, que se sentía poeta del pueblo, experimentó el sentimiento de decepción o engaño al final de su existencia. Su vida, sus memorias, terminan justamente con el asesinato de Salvador Allende y el inicio de una de las etapas más negras de la historia de Latinoamérica. Este mes de septiembre hará 35 años de la desaparición de Neruda, un gran poeta comprometido.
tomado de la Vanguardia. es. 31 agosto 2008.

El mundo literario celebra los 125 años del nacimiento de Franz Kafka

marfuerte @ 02:03

Como un surrealista anclado al mundo pasó a la historia el escritor checo, autor de obras inmortales como "La metamorfosis" y "El proceso".
Jueves 3 de Julio de 2008
10:23
DPA

HAMBURGO.- Tres imágenes de la casa de campo de Goethe: Una bordada con esmero por Felice Bauer, prometida dos veces con Franz Kafka. Otra dibujada con meticulosidad por Max Brod, amigo del escritor y quien incumpliría su testamento publicando sus obras. Y otra del propio Kafka, sin esmero ni meticulosidad, sino extraña y de algún modo inquietante.

Kafka causa turbación con sus dibujos, con la expresión seria e intensa de su rostro en las fotografías, pero sobre todo con su literatura. Hace 125 años, el 3 de julio de 1883, nació en Praga, y murió a los 40 años en 1924.

El sosiego no formaba parte de Kafka. "Los lectores de literatura cómoda no la tienen fácil con Kafka", afirma el especialista y editor Klaus Wagenbach, para quien sentirse a gusto no tiene por qué ser tarea de la literatura. Eso mismo pensaba Kafka. "Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en la cabeza, ¿para qué lo leemos? Un libro tiene que ser el hacha para el mar congelado en nosotros", escribió en una carta.

Y Kafka nos dejó muchas hachas. "La metamorfosis" por ejemplo, en la que Gregor Samsa se despierta convertido en un insecto. O "La condena", escrito en una sola noche, en la que un padre sentencia a su hijo a morir ahogado. Kafka inventó al mono que relata su conversión en humano. Y escribió historias breves, comprimidas y que sacuden al lector, como la frase: "Una jaula salió en busca de un pájaro".

La vida de Franz Kafka, el hijo mayor de una familia de comerciantes judíos, estuvo marcada por el negocio familiar, en el que se vendían paraguas, bastones, guantes y otros productos "galantes". Les dio para vivir y para ascender socialmente. Pero Kafka se sentía atrapado en esa vida. Su cama y su escritorio estaban en una habitación de paso entre la sala y la habitación de sus padres. Sus tres hermanas compartían otra habitación.

Después de la escuela, Kafka estudió derecho. Durante un tiempo incluso tuvo a mano la liberación, con planes de estudiar filología alemana en Múnich. Pero se quedó en Praga y con sólo 23 años se convirtió en doctor en derecho.

Para entonces ya había empezado a escribir hacía tiempo "Descripción de una lucha" y otros textos. En 1908 publicó sus primeros textos en prosa en una revista, en 1912 escribió "La condena" y "La metamorfosis", y en 1913 el volumen "Contemplación". A la vez hacía carrera como jurista en una aseguradora.

Tuvo dos vidas: de 8:00 a 14:00 horas se ocupaba de accidentes de trabajo en fábricas y en las formas de evitarlos. Y en la noche, cuando la casa por fin estaba en calma, escribió sus historias. Cuál de las dos vidas era la auténtica para él estaba claro, pero nunca pudo hacérselo entender a sus padres. "Tenía conciencia de que vivía en la lengua. La lengua fue su oxígeno, su material de vida", asegura su biógrafo Reiner Stach.

Escribir era su trabajo, casi una adicción. Escribir cartas fue su manera de amar a Felice, pero sufría a la vez por la posibilidad de tener que dejar de escribir si se convertía en marido y padre con una existencia burguesa. Un escritor "nunca debería alejarse del escritorio si realmente quiere alejarse de la locura, tiene que aferrarse con los dientes", escribió.

Su literatura conmueve hasta la actualidad. "Eso sólo puede significar que la capa que aborda en nosotros es más profunda que las improntas culturales", asegura Stach.

Kafka denota el miedo, pero no lo muestra, y ofrece por ello una superficie vacía en la que podemos colocar nuestras propias angustias. Kafka no estaba alejado del mundo. Sabía cómo vivían los obreros y relata en su diario las condiciones de su cuñado en una fábrica de asbesto en la que participaba por una inversión de su padre. Su literatura se alimenta de la realidad, pero se libera de lo cotidiano. Los problemas de los que habla son atemporales.

Tres veces estuvo comprometido pero no se atrevió a casarse. Este ir y venir fue un leitmotiv de su vida. Quería irse de Praga, pero se quedó. Odiaba el mundo de los negocios, pero estuvo 14 años en la aseguradora. En 1917 enfermó de tuberculosis y en 1922 ya no podía trabajar y fue jubilado. Casi fue como si la enfermedad lo liberara de la vida burguesa.

Entonces se mudó a Berlín y vivió con su último amor, Dora Diamant, hasta que tuvo que ser ingresado en el hospital. Murió el 3 de junio de 1924 en Kierling, cerca de Viena.

Su testamento literario incluye siete obras publicadas, y eso que en el lecho de muerte seguía escribiendo. Lo que le dolía era el fracaso en las novelas largas como "El proceso", "El castillo" y "América". Fueron éstas las que pidió destruir a Brod, así como sus cartas y diarios. Es posible que el escritor intuyera que su amigo no cumpliría con sus deseos. Pero que sus obras se convertirían en un éxito mundial, seguramente no.
tomado de Emol.com 3 julio 2008

Anticipo 2

marfuerte @ 02:02

Territorios ausentes
Fragmento del libro ‘Viajero que huye’, del escritor nacional Uriel Quesada.
Ayer, mi madre me contó por teléfono que papá se estaba quedando ciego.

“Él no dice nada, como siempre, pero ahora que le ayudo con las compras del mercado, lo noto”.

Su voz no transmitía emoción, no como quien da una mala noticia, sino como quien corrobora un hecho de por sí ya intuido.

“Se acerca al borde del caño y duda. Hasta hace poco, yo no entendía y pensaba que era otra necedad de viejo. Lo veía balancearse al filo de la acera, después dar un brinquito al pavimento. Quería regañarlo, pero decidí esperar. Vos sabés cómo es tu papá. Suspendió la suscripción del periódico, según yo porque la plata no alcanzaba, como siempre, pero ahora sospecho que no puede leerlo, aunque usa un lente que tiene escondido bajo llave... Tal vez te lo diga cuando hables con él... Hace poco lo mandé a comprar unas salsitas para adobar carne, pero trajo las incorrectas. Su excusa fue que los frascos se parecían...”.

Se detuvo un momento para tomar aire. Yo no había dicho nada hasta entonces, así que me preguntó si aún estaba ahí. “Sí, mi mama, dígame”.

Entonces empezó a hablar de otra cosa, las dolencias de una señora a quien yo no recordaba. Luego me explicó que el papá recién llegaba con los comestibles del día y, aunque también se estaba quedando sordo, aún podía oír lo que le interesaba.

“Un día de estos decidí preguntarle directamente si ya no veía”, continuó luego de otra pausa, seguro para asegurarse de que mi papá no se hallaba cerca. “Como te podrás imaginar, no me contestó con un ‘sí’ o un ‘no’. Se puso bravo, me dijo que lo dejara tranquilo, que no fuera metiche. ¿A vos qué te parece?”.

Creo haber respondido con una mezcolanza de resentimiento y cansancio. Seguidamente le ofrecí apoyo incondicional a mi madre pues, si era cierto que el papá se estaba quedando ciego, la responsabilidad de la casa y de la relación recaería al cien por cien en ella.

En aquel momento, en mi vida, “apoyo” significaba principalmente dinero, el que pudiera rescatar de una vida desordenada, deambulando de aquí a allá por ciudades y pueblos de Estados Unidos.

Mi mamá ya no tenía claro exactamente dónde yo residía, y a sus amistades les hablaba más bien del lugar desde donde le había hablado la última vez. Ella trataba de explicar mi comportamiento en términos de su falta de educación.

Le decía a la gente que no podía recordar el nombre del sitio donde yo me encontraba porque nunca aprendió bien geografía en la escuela. “Los Estados Unidos es tan grande”, solía justificarse. “Una ni se lo imagina”.

Mi madre venía de un pueblo tan pobre que en la escuela ni siquiera tenían un buen mapa de América. El único a disposición de los alumnos estaba rasgado en varias partes, y el maestro apuntaba con su temible regla metálica el vacío y les pedía a los niños que imaginaran los territorios faltantes, sus riquezas, sus gentes.

Sin embargo, la verdad podía ser otra: mi madre pocas veces había salido de Cartago, una ciudad pequeña entre montañas, donde las nociones de distancia eran muy particulares.

Fuera de los límites de Cartago todo parecía estar aterradoramente lejano. Unos cuantos cientos de kilómetros conducían inevitablemente a otro país, es decir a ese extremo del mundo donde todo era diferente y amenazador.

Cuando era niño, yo mismo sentí esa sensación de extravío hasta que leí algunos libros, le creí a las películas y conocí gente que tenía otras experiencias. Esas personas me enseñaron a soñar con espacios que yo apenas podía entender pues me faltaban imágenes, sonidos y sabores. Después crecí y me harté.

Las hermosas alturas alrededor de mi ciudad empezaron a asfixiarme, y un día vendí mis discos, un viejo ‘pickup’ que adoraba, unos aretes de oro que pertenecieron a mi abuela, y me subí a un avión sin contarle nada a nadie. No hubo ceremonia de despedida ni deseos de buena suerte. Mejor así.

Horas después estaba en Los Ángeles, tan lejos de todo que la idea de distancia se fue deshaciendo rápidamente en su propio absurdo. Llegué, como la gran mayoría de los indocumentados, por la puerta grande de un aeropuerto, con una visa que me daba unos meses de libertad para explorar mis sueños y tomar decisiones.

Le dije al oficial de migración que apenas le entendía... Yo. ¿Yo? ¡A los parques de diversiones! ¿Yo? Mall. ¿Entiende? Shopping... Al rato crucé esas puertas que se abren como por encanto, que separan el mundo aséptico y refrigerado del aeropuerto de la ferocidad de la calle. Aún era noche cerrada, pero, al otro lado de los cristales del aeropuerto, algo bullía, algo terrible y hermoso [...].

Suplmento Áncora. Periódico La Nación 10 agosto 2008.

Librero 2

marfuerte @ 01:52

Bailar es vivir
Elena Gutiérrez
Al danzar: Apuntes
EUNA
Pedidos: 2277-3393
Alma Rosa Aguilar
almaraguilar@hotmail.com

Con una hermosa portada en rojo intenso, llega, al espacio de las letras costarricenses, Al danzar: Apuntes, libro de Elena Gutiérrez. Tan sugerente título y el atractivo diseño constituyen dos pistas clave con las que el texto invita a lo que será un mágico periplo en busca de los más intrincados rincones de la experiencia dancística.

La autora es una de las figuras más descollantes de la danza nacional. Ella propone un acercamiento al universo de la creación coreográfica desde esa rica y vasta vivencia artística que le permite plasmar en el texto, con claridad y precisión, una impecable correspondencia de códigos.

De tal manera, a la vez que destaca la primacía de la dimensión poética, Gutiérrez desentraña la esencia del fascinante lenguaje del movimiento, la creación artística y su entorno, y lo vierte felizmente, con preocupación de maestra, en un lenguaje accesible.

En un pionero y acabado esfuerzo de sistematización, su análisis es detallado y riguroso. Organiza su itinerario en cinco apartados que – con su habitual modestia– nombra “apuntes”; es decir, simplemente, lo que debe retenerse, lo que es importante, porque, “bailar e interpretar es vivir”, dice ella.

El punto de partida es la revelación del proceso creativo coreográfico: desde el momento en que surgen la percepción intuitiva y la impulsión primera, pasando por el fluir de motivaciones y reflexiones, hasta culminar en su concreción formal: en expresión estética de ideas y sentimientos.

La comunicación con el espectador orienta el enfoque de ciertos aspectos. Al abordar las características generales de la composición coreográfica, la autora enfatiza que la organización y la configuración de los elementos expresivos del lenguaje del movimiento deben producir un discurso comprensible y sugerente.

Elena Gutiérrez considera indispensable la cuidadosa atención de tales elementos con el fin de orientar al público hacia una percepción y aprehensión de las obras coreográficas.

Consecuentemente con su propósito metodológico, el tercer apunte corresponde a un minucioso análisis de las condiciones esenciales de todo acontecer: las coordenadas espacio-temporales. Se exploran aquí las posibilidades expre-sivas de esas dimensiones, íntimamente vinculadas con el lenguaje del movimiento.

El espacio y el tiempo ofrecen posibilidades para configurar secuencias de acontecimientos y conflictos. Se logra así proyectar un mundo de imágenes evocativas y simbólicas.

Particular atención merece el tratamiento de la dimensión medular del hecho artístico. Cuerpo, deseo, energía y movimiento –cuatro sugerentes palabras– inician el cuarto apunte. Evocan así una visión integral del individuo comprometido en la acción de proyectar la vida misma en el escenario.

“En la danza, la comprensión del cuerpo está centrada en la integración del movimiento, de la emoción y el pensamiento; es decir, el cuerpo como unidad psicosomática, es reflejo de una historia vivida y compartida” (p. 116).

A manera de conclusión, el libro termina con la referencia al recorrido creativo de la autora.

El texto se vuelve relato; Aurora, personaje de una coreografía reciente, cobra vida y asume la narración, descubriendo la intimidad de la tarea artística y el mundo reflejado a través de su subjetividad.

Los apuntes de Elena: artista bailarina-coreógrafa, investigadora; en fin, apuntes de maestra, logran una obra unitaria que, por su solidez conceptual y por la oportuna combinación con el soporte teórico necesario, es un valioso aporte para amantes y conocedores del mundo del arte y la danza, en Costa Rica y más allá de sus fronteras.

Así, cumplida plenamente la aventura de develar los significados que surgen al danzar, Elena Gutiérrez corona una larga y prolija trayectoria por los más diversos escenarios. Este libro, quizás su más profunda huella, contribuye definitivamente a asegurarle un merecido lugar en el escenario de la posteridad.

periódico La Nación 10 agosto 2008.

Anticipo

marfuerte @ 01:49

Noche de serenata
Fragmento de la novela Canciones a la muerte de los niños , escrita por Alexánder Obando.
La van negra se detuvo justo frente al edificio donde Lucy tenía su mini-chanante. Primero se bajó un hombre con botas y espuelas que tintinearon en el pavimento de la noche. Luego otro y otro hasta que hubo doce extraños frente a la casa donde Lucy veía tele con Cachi. El muchacho se había dormido por lo que no vio la llegada del Mariachi Chapulín Tapa-tío, pandilla de mariacheros que le hacían a todo, desde la samba “brasilera” hasta al crack. [...]

Como pudieron se acomodaron y empezaron a cantar canciones de Agustín Lara... que las rondas no son buenas, (hip) que hacen daño, que dan pena, que se acaba (hip) por llorar... y Gerber, más lloricón que cantor, se sonaba la nariz con cada estrofa que intentaba cantar. Luego vinieron los corridos de José Alfredo y Cuco Sánchez y ahí sí se soltó la buena.

El hijo de magistrada sacó la vieja .38 de sus tiempos de facho y empezó a soltar tiros al aire. El gran coro de perros no se dejó esperar, pronto seguido de gente que pegaba gritos desde todas las ventanas, Lucy no aguantó más el esperpento serenático y abrió la puerta de la calle con Cachi detrás de ella. Pero fue tarde, el joven amigo no pudo detenerla a tiempo. La enfurecida se dejó venir contra el borracho y lo agarró a pescozón limpio.

Los del mariachi seguían tocando por si las moscas y mientras los mal afinados violines le daban a novia mía, novia mía, cascabel d plata y oro, (hip) tienes que ser mi mujer... Lucy se enfurecía más y trataba de arrancarle el pelo al fachillo que a su vez trataba de refugiarse detrás de la escueta momia del guitarrón. Cachi, por su lado, le jalaba a Lucy la bata tratando de alejarla de Gerber, pero nada dio resultado hasta que la .38 sonó otra vez en la noche de Barrio Carmiol y el flaco cetrino del guitarrón hizo bizco mientras se iba contra el suelo.

En ese momento hasta los perros se callaron y la gente se escondió lo más rápido que pudo detrás de las cortinas o las puertas. Cachi seguía agarrando a Lucy y Lucy la camisa de Gerber. El flaco, boca abajo en el suelo, nada más eructó dos veces y se quedó quieto. Cuando vieron salir el pozo de sangre debajo de su apuntalado cuerpo los mariachis empezaron a gritar y a correr. Dejaron tirados violines, guitarras, maracas y hasta sarapes y sombreros tapatíos. Ni siquiera se montaron en la camioneta. Simplemente corrieron calle abajo como si aquella fuera la única forma de salvarse. [...]

Una vez concluida esta faena, el ex paramilitar se limpió la boca con la manga del traje de charro, apuntó de nuevo y entre zozobros por fin cayó desmayado. Lucy pudo ver entonces que el balazo que había matado a la momia también había herido a Gerber Rubén.

El poder infinito es infinitamente sutil. Por intercesión de doña Sugey, la magistrada, de parte de Gerber, y Patty-la-Belle Pendergast, de parte de Lucy y Cachi, todo quedó en un “lamentable accidente una noche de juerga”. Tan sutil fue la cosa que la crónica roja ni siquiera se enteró de los detalles.

La mujer se alejó de la ventana horrorizada. Uno de los enanos estaba chupando la sangre que desde alguna distancia había salpicado el vidrio. Volvió a ver a la mujer con una sonrisa juguetona, le sacó la lengua, y luego se fue jugando con un pedazo de algo. La mujer le dijo luego a los demás que era rojo, tal vez una “parte” del señor... “Ni qué repuesto de carro, señora”, interrumpió Sergio con cinismo, “¿no puede ser más específica?”. Pero la mujer no quiso hablar más y se puso a llorar. La gente la trató de consolar dándole a Sergio miraditas de muerte, pero el otro, como si nada. [...]

Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 julio 2008.

Acuses de recibo

marfuerte @ 01:47

Morazán en Costa Rica

Autor: Ricardo Fernández Guardia

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Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

La editorial de la Universidad Estatal a Distancia presenta Morazán en Costa Rica como parte de una colección que dedica a las obras del historiador y escritor Ricardo Fernández.

El libro se divide en diez capítulos; algunos son: El viaje misterioso de 1834 , El paso por Puntarenas en 1840 , La invasión de 1842 , La proclama de Caldera , La conspiración llamada Los Lagos , El gobierno de los cinco meses , La revolución del 29 de mayo de 1842 y La novela trágica del teniente coronel Molina .

Tres historias de amor a flor de piel

Autor: Miguel Rojas

Editorial: Costa Rica

Pedidos: 2253-5354

“Somos nosotros lo que hacemos los milagros en el matrimonio si es que hay matrimonio; no es fácil, nunca lo fue ni lo será”, escribe el actor y dramaturgo Miguel Rojas.

En el libro Tres historias de amor a flor de piel , el autor ofrece historias que entremezclan el drama, la tragedia y la tragicomedia.

La primera historia se llama “A cada quien su flor”; la segunda, “Donde canta el mar”, y se finaliza con “Mi media naranja”. Todas tratan sobre el tema del amor y las relaciones de pareja.

Dios está en el cerebro

Autor: Matthew Alper

Editorial: Norma

Pedidos: 2293-1333

El libro Dios está en el cerebro incursiona en la interpretación biológica de la espiritualidad humana y de Dios. Matthew Alper sostiene que existe una programación predeterminada en el cerebro de todos los seres humanos para que sea posible la creencia en un dios.

Sus argumentos se basan en explicaciones acerca de cómo se hereda esa predisposición evolutiva.

La obra de Alper se dirige a todos los que alguna vez se han preguntado sobre la existencia de Dios y por qué tantas culturas creen en uno o varios dioses.

Revista Repertorio Científico

Autor: UNED

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

Un repertorio de artículos científicos reúne los escritos de estudiantes, graduados y colaboradores de la Escuela de Ciencias Exactas y Naturales de la UNED.

El lector de Repertorio Científico (volumen 10) encontrará un análisis de experiencias de manejo de territorio que incluye artículos sobre cuencas, ordenamiento territorial y valoración paisajista.

Además de los cinco artículos científicos, se incluyen avances de investigación y propuestas de trabajos finales de graduación en ciencias.

Sociología urbana

Autor: Vladimir Mesén

Editorial: Dice Libros

Pedidos: 2566-1973

En Sociología urbana , de Vladimir Mesén , se trata el tema de la planificación reguladora y las disputas por la apropiación del espacio urbano en el caso del cantón de Montes de Oca.

El texto permite comprender la relación entre los elementos sociales, políticos, económicos y culturales del espacio urbano en Montes de Oca.

El libro se divide en dieciséis capítulos; entre ellos están El contexto histórico y social y La planificación urbana ambiental desde la perspectiva sociológica .

Suplemento Áncora. periódico La Nación 13julio 2008

Librero

marfuerte @ 01:44

Primeras voces
Joaquín García Monge y Roberto Brenes Mesén
Vida y Verdad (revista)
Fernando Herrera (ed.)
EUNED
Pedidos: 2234-7954
Juan Durán Luzio
duranluzio@hotmail.com

Durante 1904 aparecieron los cinco números de la primera revista que Joaquín García Monge dirigió: Vida y Verdad. Para que lo ayudara en las tareas de editor, invitó a su concuñado Roberto Brenes Mesén.

García Monge llegaba apenas a los 24 años de edad y Brenes Mesén estaba por alcanzar los 30. Hacía poco que ambos habían regresado a Costa Rica (en fechas diferentes) graduados como profeso-res de Castellano y Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

Además de repartir sus tareas entre el Liceo de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas, los dos amigos tenían la determinación de remover el ambiente cultural, dominado por el peso de tradiciones que les resultaban retardatarias.

Nada les pareció prestarse mejor para tal fin que una publicación periódica destinada a la reflexión, a la crítica y a la difusión de las últimas ideas americanistas, ya en circulación por el resto del continente. Encontraron el apoyo de los impresores Avelino Alsina, primero, y luego de Alfredo Greñas.

Así se dio curso a la aparición de una revista que ahora es reeditada (los cinco números en un volumen) por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia y bajo la responsabilidad del autorizado investigador Fernando Herrera.

Este volumen atraerá la atención de los interesados en el desarrollo del pensamiento de avanzada en el país, pero es también una magnífica colaboración para conocer los auspiciosos preparativos en la carrera de editor que Joaquín García Monge emprendía y culminaría, 15 años después, en 1919, cuando inició la publicación del célebre Repertorio Americano, que editó hasta su muerte, en 1958.

No se crea que la juventud de García Monge y Brenes Mesén produjo una revista ligera o inmadura; al contrario, lo aparecido en estos cinco números muestra la variedad de sus lecturas y la calidad de los textos reproducidos: aquí figuran escritos de León Tolstoi, Emil Zola y Herbert Spencer entre los europeos; de Manuel Ugarte y Manuel Díaz Rodríguez entre los hispanoamericanos; entre los autores costarricenses sobresalen José Fabio Garnier y José María Zeledón. García Monge y Brenes Mesén ocultaron sus colaboraciones bajo la firma de varios seudónimos.

La reacción contra ellos y contra la revista fue inmediata –como lo explica Fernando Herrera en su documentado prólogo–, sobre todo porque uno de los temas más recurrentes es el anticlericalismo. Es tan notorio que ello explica su efímera existencia: los jóvenes editores se toparon con un muro insalvable.

“Revista de ideas, compuesta por una minoría inconforme, promotora de una educación y una cultura libertarias, crítica del orden y del progreso liberal del siglo diecinueve”: así la define Fernando Herrera.

Vida y Verdad fue la rúbrica de la productiva unión de dos grandes talentos de la cultura nacional y confirma el grado de actualidad de editores y lectores de comienzos del siglo veinte.

Así, por ejemplo, de entre la variedad de artículos que encierran los índices, sobresale por su –digamos– actualidad el trabajo de José Fabio Garnier titulado “La liberación de la mujer” (números 3 y 4), que bien puede constituirse en un antecedente precioso de lo mucho que posteriormente se ha escrito y debatido al respecto.

Bien lo dice Fernando Herrera refiriéndose a todos los artículos: “A un siglo de distancia, una cosa parece clara: los asuntos del pasado son también parte del presente”.

García Monge, Brenes Mesén: estos nombres, hoy tan ilustres en la cultura patria, debutaban entonces como editores; eran jóvenes iconoclastas y desafiantes, y podría decirse que nunca dejaron de serlo a lo largo de sus vidas.

El impecable trabajo de la Editorial de la Universidad Nacional a Distancia, en su colección Letras Nacionales, ofrece al lector inteligente esta obra que, de otro modo, sería punto menos que imposible conocer.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 julio 2008.

03/09/2008 GMT 1

La gran voz contra el horror de Stalin

marfuerte @ 02:50

Novelas y memoria Alexandr Solzhenitsin hizo, de su obra, la denuncia más contundente del totalitarismo
Pilar Bonet | El País. Madrid@nacion.com
Alexandr Solzhenitsin no llegó al 11 de diciembre, fecha en la que el escritor más significativo del siglo XX en Rusia iba a ser objeto de un gran homenaje con motivo de su 90º aniversario. El anciano incansable que trabajaba en sus obras completas en su dacha, en las afueras de Moscú, hacía tiempo que no temía a la muerte pues sabía que había cumplido su gran misión incluso antes de partir para un exilio que, pese a prolongarse 20 años (febrero 1974-agosto 1994), no lo había apartado en ningún momento de su país. Mentalmente, Solzhenitsin permaneció siempre en Rusia y llevó su tragedia dentro de sí todos los días que pasó en el verde paisaje de Vermont (EE. UU.).

Veterano de guerra. La denuncia más contundente e inapelable que haya producido la literatura rusa contra la dictadura de Stalin surgió de la experiencia del capitán Solzhenitsin, que, tras ser condecorado en la Segunda Guerra Mundial, pasó ocho años en el Gulag (1945-1953) por criticar al tirano en la correspondencia con otro oficial. Un día en la vida de Iván Denísovich (1962) y Archipiélago Gulag (que se comenzó a publicar en 1973) son los dos pilares de su obra.

El primero es un relato escrito en clave de destino individual; el segundo, una sinfonía del horror, documento implacable y pormenorizado del destino de los pueblos que formaban la URSS.

La importancia de Solzhenitsin para la literatura y para Rusia no puede separarse, según Liudmila Saráskina, la biógrafa que más que más acceso ha tenido al premio Nobel de Literatura.

“Solzhenitsin no consideraba su literatura como un asunto privado, una diversión, un ejercicio literario o una forma de realizarse, sino como algo con más sentido, y él fue uno de los que mejor que nadie en el siglo XX confirmó la tradición de que un escritor en Rusia es más que un escritor ya que su literatura sale del marco del relato o la novela. Él se planteó y cumplió la tarea de devolver la memoria a Rusia. Por eso, es imposible dividirlo en escritor y activista social. En esto reside su grandeza”, señala.

Solzhenitsin fue un personaje polémico, tildado de excéntrico, conservador y trasnochado; pero las críticas por sus opiniones políticas pasan a segundo plano al valorarse su inquebrantable lucha contra el totalitarismo.

“Solzhenitsin es un gran escritor, un gigante, cuyas ideas sobre la política seguro que no comparte ni su mujer. Archipiélago Gulag es la única respuesta adecuada a la historia del siglo XX”, manifestaba Dmitri Bíkov en la presentación de la biografía de Saráskina en abril.

Objetor político. El escritor, que criticaba a Mijaíl Gorbachov por su ingenuidad y a Borís Yeltsin por permitir la depredación de la sociedad rusa, se llevaba bien con Vladímir Putin, lo que desconcertaba a muchos, por venir este del KGB, institución sucesora del NKVD, principal instrumento de la represión en la Unión Soviética.

Solzhenitsin opinaba que equiparar la Rusia de hoy con la Rusia de Stalin y el Gulag es “traicionar la memoria de todos los que perecieron por una futileza o un chiste. Ha sido el Estado el que vuelve su rostro hacia Solzhenitsin, y no al revés”, puntualizaba Saráskina.

A su manera, Putin ha traducido a política oficial algunas de las ideas del Nobel, y la campaña actual por atajar la crisis demográfica en Rusia puede verse como la interpretación del Kremlin de la necesidad de “conservar al pueblo” tras la política de exterminio del estalinismo; pero el mensaje de Solzhenitsin no se mide en elecciones ni partidos.

El escritor creía en la representación directa del pueblo mediante la autogestión local.

Por eso, aunque criticaba la rapacidad de los oligarcas surgidos de los noventa, no estaba a favor de una revolución para expropiar a los nuevos capitalistas, sino de dar la oportunidad de fortalecerse a los pequeños empresarios. Para revoluciones, le bastaba con el “golpe de Estado” de octubre de 1917.

La preservación de la memoria histórica, el mensaje de Solzhenitsin, es actual sobre el telón de fondo de la guerra de la memoria que se está fraguando con creciente virulencia entre las antiguas repúblicas de la URSS y Rusia.

Las primeras tratan de “fabricarse” un pasado propio a la medida de sus actuales ambiciones políticas, aunque ello implique la evasión de responsabili-dades, la exaltación de su papel de víctimas y la culpabilización de Rusia.

Los dirigentes rusos, con su retórica nacionalista y su tolerancia complaciente para con la imagen de Stalin, han creado dificultades para acabar de superar el pasado.

Consciente del problema, el escritor advertía contra la identificación de lo “soviético” y lo “ruso”. En su entrevista a Der Spiegel en 2007, exhortaba a Rusia a mirar el pasado con sobriedad para superar la nostalgia de ciertos sectores de la sociedad y prevenía a Occidente y las repúblicas exsoviéticas de los intentos de culpabilizar a Rusia.

Solzhenitsin sabía que “no se puede construir el futuro sin comprender las lecciones del pasado”, opinaba ayer Arseni Roginski, uno de los dirigentes de Memoria, organización que vela por el recuerdo de las víctimas del estalinismo.

A esa tarea se dedica también la Fundación Solzhenitsin, que dirige la esposa del escritor. Con los derechos de autor de Archipiélago Gulag, la fundación presta ayuda material y moral a miles de supervivientes de los campos, dispersos por la URSS.

“No tenemos fuerzas para el imperio, y no hace falta; liberémonos de él. Ahora debemos elegir de forma muy rigurosa entre el imperio, que sobre todo nos destruye a nosotros mismos, y la salvación espiritual y física de nuestro propio pueblo”. Lo escribió Solzhenitsin en 1990 en la obra Cómo arreglar Rusia, cuando aún existía la URSS y en ella, muchos dispuestos a un baño de sangre por conservar las “colonias”.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 10 agosto 2008.

Ilustre peregrino

marfuerte @ 02:49

Geografía interior El escritor José Marín Cañas publicó un detallado y poético libro de viajes por España
Gabriel Baltodano Román | jgbaltodanor@costarricense.cr
Entre enero y octubre de 1969, José Marín Cañas visitó buena parte del territorio español. Su recorrido incluyó ciudades como Granada, Málaga, Cádiz, Algeciras, Sevilla, Córdoba, Madrid, Toledo, Segovia, Zaragoza y Barcelona. En la mayoría de las ocasiones, el viaje le permitió contemplar maravillas casi olvidadas. Su desplazamiento implica un tránsito por la geografía interior, un recorrido por la memoria.

Marín Cañas publicó esas crónicas en La Nación , en un estilo atractivo, mezcla de descripciones y tono poético. Todas revelan el singular talento del escritor costarricen-se y son una muestra de un género poco común en las letras nacionales: el libro de viajes. A casi cuatro décadas de su aparición, conviene recordar algunas de las visiones del ilustre peregrino.

Las murallas. Por donde vague la mirada, aquel viajero descubre un mundo áspero y mustio. Por doquier, las ciudades recuerdan fortalezas. Para el visitante, resulta imposible no descifrar un pasado de gesta en el entorno. Esta justa impresión no nace a causa de los edificios. En verdad, se trata de un asunto telúrico. Por sí sola, la Sierra Nevada es la más tremenda muralla. El español construye en la cima porque trae en la sangre el estar alerta contra la invasión del moro, afirma Marín Cañas.

El carácter de la comunidad guarda vínculos con las calidades del medio. La feroz sobriedad del monte y el muro sirven como coraza para un interior tenue y dispuesto. El español es seco, pero amistoso. En este sentido, la Alhambra resume tal dualidad: “Toda la senci-llez y austeridad de la Alcazaba, muro castrense que la circunda, evitando la irrupción de enemigos ayer y de miradas curiosas hoy, se torna en sensual búsqueda del adorno en el interior”.

Las claves halladas ante el monumento se transforman en indicios acerca del temperamento ibérico. A modo de alegoría, señala el escritor: “Si bien la Alcazaba está dispuesta para la guerra, el interior de los palacios está dispuesto para el amor”. Añade: “Todo lo sencillo que es el edificio por fuera, medio cubierto a los ojos del transeúnte por los altos muros de la Alcazaba, tiene de pasional por adentro”. Sin embargo, el español –vástago de pueblos guerreros– es hijo de la suspicacia.

Iglesias. El vigor con que se responde a las amenazas y la reticencia devienen contemplación. La intimidad de los templos y altares convoca la tranquilidad y adormece el recelo. Frente al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Marín Cañas reflexiona sobre los propósitos de Felipe II y acerca de su afán por hacer una iglesia del Imperio. Próximo al pensamiento de Unamuno, el autor costarricense está convencido de que España prefiere sentir a pensar. En esta actitud se oculta la simiente de su catolicidad, de su espíritu trágico.

“¿De dónde salió aquel monarca, cuya alma estaba atravesada por el tránsito del dolor humano y hacia la divina altura? ¿Quién sopló sobre su gorguera el consejo de acercarse al Creador haciéndole un templo, monasterio, abadía y cuarto humilde para él?”, se pregunta el escritor.

El sentido religioso de la obra alcanza mayor dramatismo si se lo considera en sus circunstancias: el instante crítico de la obra de cruz y espada. En el vértice de la caída, el sabio rey presiente la muerte y procura permanecer. La fe insoslayable, la fe española, no supone confianza sino angustia.

“En Castilla , Azorín escribe su más alto pensamiento: ‘¡Eternidad, insondable eternidad del dolor!´ Progresará maravillosamente la especie humana; se realizarán las más fecundas transformaciones. Junto a un balcón, en una ciudad, en una casa, siempre habrá un hombre con la cabeza, meditadora y triste, reclinada en la mano. No le podrán quitar el dolorido sentir’. Así habló Garcilaso. Así actuó, de primero en España, el taciturno monarca”, recuerda. Con iglesias, conventos y capillas, el paisaje del interior se colma se sensaciones, tan altas como catedrales.

Tumbas. “La muerte en mármol es un adorable sueño, un quieto cerrar los ojos, un permanecer inmóvil, despojado todo esto del verdadero horror del término”; así describe Marín Cañas las esculturas que, en la Capilla Real de Granada, rememoran a los Reyes Católicos. Desde la perspectiva del ilustre costarricense, la cripta donde descansan Isabel, Fernando, Felipe el Hermoso y Juana, más que una sepultura, implica una señal. En sus trazos, los cuatro sarcófagos esconden la línea de proa de un barco. Ansia y amor los arrojan hacia la historia. Sus tumbas son baúles donde el pasado descansa impoluto.

“Caminar por España es trotar por cementerios de gloria y huesos de gesta, levitarse hacia cornucopias apolilladas, techos infinitos, artesonados que los años pudrieron y ahora huelen a malva, mortandad e incienso”, aclara el narrador.

Prosigue: “España es un cúmulo de empresas alocadas y bárbaras que dejó, en las memorias de su gente, un reguero interminable de héroes y de mártires a los que continuamente se les está cantando un réquiem silencioso”. Bajo esta lógica, morir equivale a adquirir una existencia más profunda y limpia.

Palacios, baños y plazas. A la vez, el legado material del pueblo español implica un legado moral. Su variedad y riqueza brindan un certero informe acerca de lo heterogéneo de las raíces. El patrimonio morisco se conserva porque recubre una enseñanza de orden filosófico, una ética.

Marín Cañas explica al lector la naturaleza de tal ética: “La Alhambra no es un templo, sino un palacio, que no se hizo para pensar en Alá, ni para que el muezín cante su rezo, sino para vivir la vida, para gozar de los encantos de la creación, para beber, con sibaritismo de raza, todo el duende que encierra el enigma del sexo, para calmar la gran sed del desierto, absorber el trasudar del paisaje y del río, de los pinares, de la floresta”.

Entregadas las llaves de la ciudad a los católicos, el español penetró en la sabiduría mudéjar y la amó. El escritor costarricense se sorprende: por lo general, los edificios del derrotado acaban en ruinas. Sin embargo, en la península, no existen como añicos; por el contrario, siguen vivos, vivos porque su significado sigue vigente. Pasión por la vida, al modo de las Mil y una noches , es la lección aprendida. El otro ocioso placer lo heredan de los romanos, quienes, con sus termas, enseñan cómo el baño, más que una práctica ordinaria, supone un ritual, una actividad ajena al vértigo de los horarios.

De entre gitanos, y en plazas, las ferias adquieren una dimensión particular. Durante el baile, “la hembra se retuerce en un callado dolor de amor, en una desesperación íntima, sin reproches ni promesas”, comenta el cronista. Durante las festividades de Sevilla, las plazas y calles huelen a “carne de membrillo, turrones de Girona, pasta, café tierno de almendras molidas, huevos, miel y gloria”. Los licores dulces y amargos abundan. Cientos son los que se sostienen, de ebrios, tan sólo con la mirada. La España propuesta por Marín Cañas surge de la convivencia.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LITERATURA EN LA UNA. HA REALIZADO INVESTIGACIONES SOBRE LETRAS COSTARRICENSES Y CENTROAMERICANAS.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 10 agosto 2008

Herederos de Joaquín

marfuerte @ 02:44

Dos hombres siguieron el ejemplo de García Monge con las pequeñas editoriales.
David Delgado Cabana | ddelgado@nacion.com
El sueño de Joaquín García Monge Quizá no fue ser benemérito de la patria, mucho menos cuando lo “disfrutó” muy poco. Murió seis días después de concedérsele tal homenaje: el 31 de octubre de 1958, hace casi 50 años. Se le otorgó tal reconocimiento por su aporte general a la cultura, pero no puede obviarse su gran contribución al mundo editorial.

Aparte de las revistasVida y Verdad yRepertorio Americano , García Monge publicó dos colecciones de libros: Ariel (iniciada en 1906) y El Convivio (comenzada en 1917). En esta salió la primera edición mundial deVisión de Anáhuac (1917), del humanista mexicano Alfonso Reyes.

En efecto, su afán individual por promover la lectura continúa hasta hoy en dos personajes –entre otros– que mantienen a flote un sueño de García Monge. Así como él creó su propia editorial, Sebastián Vaquerano y Óscar Castillo son dos “hijos” de García Monge.

Vaquerano es el fundador de la Editorial Legado, y Castillo, el de Uruk Editores. Si bien ninguno de ellos es benemérito de la patria, comparten la afición que Joaquín tuvo por el mundo editorial.

Legado. La labor editorial de Sebastián Vaquerano comenzó luego de haber arribado a Costa Rica por los conflictos políticos que sufría El Salvador, su país natal. “Yo llegué como exiliado; aquí terminé mis estudios de economía, pero mi desempeño profesional se realizó en el campo editorial”, explica.

Él comenzó dirigiendo una imprenta, luego la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), y las editoriales del Instituto Centroamericano de Administración Pública y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Así transcurrieron 25 años de dirigir una y otra empresa, pero Vaquerano decidió luego erigir la suya, Legado, en noviembre de 1999. Ya han pasado casi nueve años desde su fundación.

Sebastián afirma que su mayor aspiración es canalizar la herencia que distintas generaciones han dejado al desarrollo cultural de Centroamérica, a través de su editorial. Entre esas generaciones de escritores está Miguel Ángel Asturias, un guatemalteco que ganó el premio Nobel de Literatura en 1967 y es autor de la novelaEl señor Presidente (2001).

Vaquerano recuerda la amistad que mantuvo con Joaquín Gutiérrez Mangel, ganador del premio Magón en 1975, y afirma: “La confianza entre ambos permitió que Legado pudiese publicar la mayoría de las obras de Gutiérrez ya que nos concedió los derechos sobre ellas. De Joaquín Gutiérrez hemos mejorado la publicación de novelas comoPuerto Limón ,Murámonos, Federico yCocorí ”.

Asimismo, Vaquerano editóLimón Reggae (2007), de Anacristina Rossi, yCuentos de mi tía Panchita, de Carmen Lyra. Este último libro fue ilustrado por Hugo Díaz. En las paredes de su casa, en Curridabat (San José), Vaquerano exhibe las pinturas originales de las portadas de libros comoCocorí yEl señor Presidente .

Para Vaquerano, “las portadas contribuyen a difundir otros campos artísticos; por esto, en cada libro se incluye la obra de artistas como Max Jiménez, Federico Quirós, Rafael Cuevas y Hugo Díaz”. “Este es un valor narrativo al trabajo del autor”, añade.

El diseño es un elemento que distingue a cualquier editorial, y, según Vaquerano, las características deben ser constantes.

La producción masiva no es el objetivo de la Editorial Legado. En una pequeña habitación de la casa de Sebastián se realiza el trabajo de escaneo, revisión lingüística, diagramación y diseño de los escritos; luego se envía el trabajo a la imprenta.

La selección de los títulos es muy importante; por esto, Vaquerano manifiesta que todos los libros publicados por su editorial deben pasar por sus ojos.

Desde que se fundó, la Editorial Legado ha publicado 321.000 ejemplares, es decir, más de 35.000 por año. Sin embargo, Vaquerano asegura: “En los treinta años que llevo de ser editor, no tengo la necesidad de publicar muchos libros, sino los mejores”.

Uruk. Otro aventurero en el mundo de las pequeñas editoriales es Óscar Castillo Rojas, creador de Uruk Editores en 1983. El término ‘Uruk’ significa “árbol de cedro” en bribri. Según Castillo, los bribris utilizan el árbol de cedro para crear tambores, guitarras y otros instrumentos que permiten la comunicación entre ellos.

Uruk es también una ciudad de Irak de donde proviene la narración escrita más antigua de la historia: el poema de Gilgamesh, escrito en tablillas de arcilla.

Hace casi 20 años, Castillo se vinculó al mundo editorial. Ha sido director de la Cámara Costarricense del Libro y fue uno de los creadores de las ferias del Libro.

Ahora, en Uruk, Castillo trabaja con algún colaborador, pero él es un “hombre-orquesta”. Metafóricamente, así como el francés Luis XIV dijoL’État, c’est moi (El Estado soy yo), Castillo afirma con humor: “Uruk, c’est moi”.

Óscar quiere “aportar bibliodiversidad a los lectores”. Desea que estos se enfrenten a dos actividades creativas: escribir y leer. Para él, con la creatividad se logran libertad y autonomía.

Uruk Editores no se especializa en publicar textos que piden en los programas de estudio de escuelas y colegios, aunque sí incluye obras comoHamlet ,Marianela ,El principito ,Cuentos de mi Tía Panchita yLa vorágine . Publicarlas permite que unos ejemplares puedan subsidiar otros libros, de menor demanda.

Entre los libros publicados por Uruk Editores estánMás allá del Parismina , de Carmen Lyra;Viajero que huye yEl atardecer de los niños , de Uriel Quesada, yEl Diablo sabe mi nombre, de Jacinta Escudos.

Otro escritor de Uruk es el español Juan Bonilla, con su novelaBasado en hechos reales (2006). Él conversó conÁncora (véase la nota adjunta).

Por ahora, luego de haber presentado la Colección Sulayom, Castillo desea tener lista otra, en la que dará a conocer los cuentos del escritor nacional Warren Ulloa. Así como Joaquín García Monge fue un editor de ‘goma y tijeras’, todavía quedan valientes como él. Aunque ya transcurrieron 50 años de la muerte de García Monge, el esfuerzo de Sebastián Vaquerano y Óscar Castillo recuerda la labor que había comenzado don Joaquín.

´Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 julio 2008.

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