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RESONOCO

Categoría: Libros

06/02/2008 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 02:16

Esos buenos tiempos…

Un día llegó a Costa Rica un gran locutor chileno: Jorge Valenzuela, un tipo simpático de muy buena voz y saltones ojos.

En la Estación –como se denominaba a la radioemisora– San José, situada en la Calle del Cementerio, muy cerca del restaurant La Chavelona, en el barrio Los Ángeles, Valenzuela, quien además era un gran animador, fundó la Corte Suprema del Arte , programa que durante las noches se transmitía “en vivo” por radio.

Por la Corte desfilaban los cantantes aficionados, y por ahí pasaron tres chiquillos o muchachillos que eran muy buenos: Edwin Chacón Madrigal, Trino Vargas y Eduardo Blanco; y las hermanas Chavarría y un montón más, entre ellos, mis dos primos, Carlos Alberto y Zaida Oconitrillo Soto.

La novedad era que el programa de radio, además, podía ser visto pagando una modesta “entrada”, y yo fui algunas veces con mamá.

El programa comenzaba y se despedía con el himno de la Corte , que cantaban todos los participantes, y al final también el público, acompañados al piano por el maestro Octavio Urroz:

“Somos los grandes concursantes / de la Corte Suprema del Arte/ que noche a noche está radiando / la potente Estación San José, / y solo pedimos, oyentes, / vuestro aplauso cariñoso / para siempre seguir adelante / en pos del arte y de nuestra nación”.

Una noche, Valenzuela anunció que la Corte Suprema del Arte iba a enviar a cantar a uno de sus cantantes “estrella”, a La Habana, Cuba, nada menos que a los estudios de la CMQ.

La gente pensó que iría Eduardo Blanco, el más benjamín del grupo y también el más popular, que además cantaba muy bien. Pero, al final, quien viajó a la isla fue Trino Vargas.

Esa noche, todos fuimos a la Radio San José, porque, como lo había anunciado Valenzuela, íbamos a oír a nuestro cantante en su debut internacional. Por supuesto, la sala se llenó.

A la hora señalada entró la conexión con Cuba, y todos los ruidos de la estática de la radio de entonces se escucharon, y, finalmente, medio se oyó, entre toda aquella tormenta de truenos, rayos y “fusilínganos” –como decía mi madrina–, una vocecita muy débil. Era la de Trino Vargas, apagada por aquel infernal escándalo...

Por cierto, siempre se dijo que Eduardo Blanco, el chiquillo de la voz maravillosa, al pasar a la pubertad había perdido la voz...

No sé si fue cierto, pero, la que se acabó un día para siempre fue la Corte Suprema del Arte, sin ninguna duda, precursora del famoso y conocido programa de televisión Sábados Gigantes . ¡Pero Valenzuela era mejor que don Francisco!... ¡Me lo van a decir a mí, que conocí a los dos!...

En estos años nos acompañó una trinidad, que se nos hizo muy familiar: Roosevelt, Churchill y Stalin. Eran los héroes de la guerra. (Por el contrario, los malos, los enemigos, eran Hitler y Mussolini y, los chinos, mejor dicho, los japoneses.)

Fueron también figuras muy familiares en otros campos, el papa Pío XII –alto, enteco, como salido de una pintura del Greco– y Joe Louis, el campeón mundial de los pesos pesados, un negrote llamado “el Bombardero de Detroit”.

Las peleas eran transmitidas o retransmitidas por radio. Shirley Temple, una simpatiquísima chiquilla, pero a la vez una gran estrella de cine de Hollywood, hacía las delicias de chicos y grandes por estos años.

También eran astros muy populares Laurel y Hardy, mejor dicho: el Gordo y el Flaco, y los Hermanos Marx, así como el Tarzán, interpretado por Johnny Weismüller, para nuestra generación, “el verdadero Tarzán” [...].

Extracto del libro ‘Con perfume de lejanos recuerdos’, del escritor nacional Eduardo Oconitrillo

Autor: Eduardo Oconitrillo

Editorial: Editorial EUNED

Pedidos: 234-7954

Suplemento Áncora Periódico La Nación 2 febrero 2008.

Voces andinas

marfuerte @ 02:10

Visiones Novelistas ecuatorianos escriben del sueño al desencanto político

Gilberto Lopes | gclopes@racsa.co.cr
Acunada en el seno del volcán Pichincha, parece inevitable comparar: la ciudad de Quito está enclaustrada en su valle, como San José está en el suyo. Guayasamín veía la ciudad arropada de colores, y la pintó verde, blanca, azul, roja, negra. Pero se trataba, más bien, de estados de espíritu, aunque no se puede descartar el color de las estaciones, que van iluminando la ciudad con tonos diversos. La diferencia es que Quito es andina, y eso tiene que ver con una herencia indígena de la que carece San José, así como sus noches, más frescas que las nuestras, después de haber vivido, en un solo día, una pincelada de cada estación.

Lloviznaba, mientras recorríamos sus calles, subíamos sus cerros, la mirábamos con una inevitable sensación de caminar por una familiar ciudad desconocida.

¿Cómo asomarse también a su literatura? ¿Por dónde comenzar? ¿Qué se publicaciones recientes se encuentran en las librerías de Quito?

Desencanto en Poso Wells. Quizás lo más reciente sea Poso Wells , de Gabriela Alemán, una quiteña nacida en Río de Janeiro. Ella cumplirá 40 años y tiene ya una trayectoria reconocida en la literatura ecuatoriana. Poso Wells es su segunda novela y se presentó en Ecuador en octubre.

El año pasado, Alemán participó en la reunión, celebrada en Bogotá, de 39 autores latinoamericanos menores de 39 años, parte de lo que, de más nuevo y mejor, se está publicando en la región.

“Una sátira”, dice ella, en reciente entrevista, para explicar su novela, ubicada en los barrios marginales de Guayaquil, pero cuyo escenario es, en realidad, una caricatura del submundo de la política, resumida en el divertido capítulo inicial titulado “El candi-dato”. “Quería inicialmente que el libro saliera como un folletín, y para que esto funcionase debía existir un deliberado intento por crear suspenso”, explica.

El resultado de la novela es algo disparejo. Gabriela Alemán construye una trama en la que se combinan, con cierta tensión, temas como la desaparición de mujeres en medio de un laberinto de túneles subterráneos que recorren la ciudad; la mezcla de corrupción, política y negocios, que mantienen en vilo al lector hasta algo más de media novela. Es en el desenlace, en los dos capítulos finales (de los tres que tiene la obra) donde esa tensión se diluye, se pierde algo del ritmo que nos mantenía atrapados mientras se describía el escenario.

Gabriela Alemán precisa una de las razones por las que escribió Poso Wells : “Como varios cientos de miles de ecuatorianos, estaba cansada, de la manera en la que el discurso de la crónica roja se ha filtrado en toda narración de la realidad. Ese discurso se alimenta de la escena del crimen y después desaparece. En la isla Trinitaria en Guayaquil, en la Jaime Roldós, el Comité del Pueblo en Quito, ¿solo se experimenta la muerte, el odio, la droga, la venganza? ¿Nadie vive, ríe, aprende, sueña, desea, crea, también en esos barrios?”.

Son los personajes rebeldes, los que se niegan a aceptar la arbitrariedad y el abuso del poder, los que dan vida a esa otra cara de la realidad; los que, de algún modo, sobreviven a la catástrofe.

Poso Wells , metáfora de la novela En el país de los ciegos , que H. G. Wells sitúa en Ecuador, fue recibida con una crítica mixta, que destaca su “prosa ágil”, sin dejar de señalar que “no es una novela que conmueva o apasione”.

La alucinación en El hacha enterrada. Si Alemán representa una nueva generación, Iván Oñate (de 60 años) es la generación intermedia. Sus cuentos, se publicaron originalmente en 1987 bajo el título El hacha enterrada y llevan ya siete ediciones. Ciertamente, son mucho más lúdicos e incursionan casi siempre con gran acierto en el terreno de los sueños, donde las cosas no son lo que parecen.

De los ocho cuentos que lo integran, ninguno atrapa tanto como “La media estocada”, una melancólica conversación en un bar, en la que Manolo, el “torero”, y su mozo de estoques, reconstruyen sus patéticas presentaciones por los pueblos del interior, hasta construir un escenario desolador que los amigos deshilvanan en medio de unos tragos de mala muerte.

Sin embargo, Oñate no afloja la tensión, muy lograda en todos los cuentos (salvo en uno, “Por entre los árboles”, confuso). Notables resultan “En el límite” y “La fiel literatura”, en los que se va construyendo paulatinamente lo equívoco de la situación, que conduce a desenlaces inesperados.

Oñate juega con maestría en el terreno impreciso en el que se traslapan el sueño y la realidad, dejando al lector el espacio necesario para aportar a la historia con su propia imaginación. “Libro emblemático de una de las voces más originales de la literatura ecuatoriana”, dijeron algunos críticos. Oñate tiene también una vasta obra, sobre todo de cuento y poesía.

Concierto de sombras. Este recorrido se cierra con Concierto de sombras , de Alicia Yáñez Cossío (79), una de las escritoras más reconocidas del Ecuador. Publicado en el 2004, Concierto de sombras es una especie de libro de memorias, en el que los recuerdos se hilvanan mientras se viaja de Miami a Quito en un vuelo en el que la narradora encuentra a un viejo amigo de la infancia, transformado en un diplomático presuntuoso, que ha perdido todo el encanto de la juventud.

Escrito en tercera persona, el relato hace un recorrido por el mundo del Quito de hace algo más de medio siglo, poblado de personajes cargados de un catolicismo antiguo, paño de fondo de toda la vida social. En todo caso, no es la obra principal de la escritora, quien en estos días acaba de publicar otra novela. Alicia Yánez ha escrito más novelas que cualquier otro ecuatoriano.

Tres propuestas, de tres generaciones distintas, nos ofrecen un panorama de una literatura desconocida en San José, pese a la cercanía geográfica y a la hermandad del paisaje.

Suplemento Áncora 3 febrero 2008

03/02/2008 GMT 1

La Ronda de los Libros

marfuerte @ 00:17

Alfonso Chase
El hombre del salto
Don DeLillo
Seix Barral Editores, 2007

DeLillo ha entrado ya en la prestigiosa colección Formentor, de Seix Barral, y lo hace con este libro, comentado por prestigiosos críticos, como la obra más representativa de la madurez de este autor, nacido en 1936, y que empezara su carrera literaria en 1971, con una obra relevante: “Americana”.

“El hombre del salto” es la existencia de Keith Neudecker, inmerso en la historia del 11 de setiembre de 2001, dentro de la idea de que el mundo ha cambiado para siempre desde ese mismo día y del instante que hace que el protagonista emerja de una nube de humo, y camine por toda la ciudad hasta llegar a la casa de su mujer (está separado) y de su hijo. Como en otras novelas del autor, este hombre forma parte de la cadena de seres normales, ordinarios tal vez, que ven su vida transformada por el suceso, en un fascinante periplo por lo que ocurre en su derredor, y dentro de su propia mente.

Siguiendo las otras obras de DeLillo, aquí la prosa corre casi con la facultad de hipnotizarnos, en un recorrido lineal por lo que va ocurriendo, mezclando la realidad de lo que sucede con los tropismos internos que lo empujan hacia delante, registrando, segundo a segundo, la tragedia desde la calle, pero con los ojos abiertos para percibir lo que sucede en lo alto.

Es la historia de una familia, trastornada por los sucesos, pero el arte del autor le permite mostrar y darnos de cada uno un retazo de su existencia, relacionada con la ciudad, Nueva York, y el espacio concreto de Mannhattan, convertida en ombligo del mundo, donde convergen todas las culturas y un nuevo acontecimiento está signado por el terror, el miedo, el fracaso, no solo de los habitantes, sino también de los terroristas suicidas, que cometen el acto por un temor interno de lo que pueda sucederle a sus países en el futuro. La novela también le sirve a DeLillo para presentarnos diversas opiniones de los protagonistas, que pueden situarse en la clase media alta de la ciudad y sus relaciones cotidianas. Pero el hombre del salto no es ninguno de ellos, aunque todos parecieran haberse lanzado al abismo desde un sitio en la cumbre, sino que es una especie de artista callejero, cuyo último acto, tirarse de altos edificios, se cumple sin el arnés protector, extraordinario acierto del novelista para darnos la idea del salto en el vacío que presupone la vida de los protagonistas después del 11 de setiembre.

Los diversos elementos del suceso han producido cambios en los protagonistas. Esto es común en otras novelas que se refieren al 11 de setiembre, pero ninguna de las escritas y publicadas, desde la óptica norteamericana, logra un conjunto de ideas narrativas como esta. El autor, que tiene su propia visión del acto creativo de novelar, pareciera haber llevado al extremo sus concepciones y lo logra, con esa materia que es la historia cotidiana norteamericana, que constituye la esencia de su narrativa anterior, sobre todo a partir de “Jugadores” (1977) y que lo ha convertido, a la fecha, en uno de los creadores más importantes de su país.

“El hombre del salto” es una obra de arte que mezcla lo estético con lo artesanal, la historia externa con la vida interior de sus personajes, todo ocurrido en el segmento de una clase media neoyorquina, con divergencias y acercamientos, pero donde todo está signado por el desastre externo y sus consecuencias en la conducta íntima de los personajes.

Pareciera que la auténtica protagonista es en verdad la ciudad. Que los personajes deambulan por ella, marcados por un suceso espectral. Un segmento extraño, incluido en la novela, nos muestra al protagonista/terrorista, cutler en mano, antes de precipitarse sobre su objetivo. Luego el principio se aúna con el final, en esa camisa que llega del cielo, viva por sí misma, testigo de algo que acaba de ocurrir.

Una obra maestra que no será la última novela de Don DeLillo, en su conciso peregrinar por la narrativa de nuestro tiempo.

Windows on the world
Frederick Beigbeder
Anagrama Editores, 2007

El autor es reconocido en Europa, Francia y España principalmente, como uno de los novelistas más importantes de nuestro siglo naciente. Ha escrito, desde 1995, algunas de las novelas más reseñadas y aceptadas por los lectores, entre las cuales se encuentra esta sobre la catástrofe de las Torres Gemelas, desde una óptica de distanciamiento, con elementos de realidad y fantasía, usando material de diarios, revistas y su propia visión del acto de novelar.

“Windows on the World” fue el célebre restaurante ubicado en el piso 107 del edificio del World Trade Center. Estableciendo un paralelo, el autor hace su novela desde el piso 56, el restaurante Le Ciel de Paris, Torre Montparnase, en la capital francesa, todo dominado por la hora y cuarenta y cinco minutos que dura el infierno neoyorquino. Minuto a minuto asistimos al desarrollo del drama, para contarnos la historia de Carthew Yorston y sus dos niños, que minutos antes del suceso han llegado a desayunar allí, uno de los lugares más visitados y emblemáticos de la ciudad, antes del siniestro.

La novela, que puede parecer a simple vista compleja, es en realidad una obra de plenitud absoluta en su visión de un mundo lineal: ese minuto a minuto que desplaza a la narración y a los personajes de ficción sentados en el restaurante, cuyo nombre proviene de una antigua canción de Dionne Warwick y que el novelista
—¿será también ficción?— desciende de norteamericanos. Así que el suceso, la escritura del libro, es un puente tendido entre dos países, dos culturas, dos genealogías, ocho generaciones atrás. La trama está montada de manera ingeniosa, pues la novela, según las propias palabras del autor, utiliza la tragedia como muletilla literaria, pero los resultados muestran que si bien eso es cierto, puede contarse entre las más sobresalientes escritas por los ya numerosos escritores que han tocado el tema. Los minutos que dan origen a la obra toman en cuenta la historia de quien escribe, como personaje, minuto a minuto, más lo que sucede en ambos países, en un poderoso ejercicio de narración, que hace que realidad y ficción se unan, como lo quería Flaubert, y como pareciera que logra el autor. Los elementos autobiográficos de Frederic Beigbeder, que se encuentran dispersos por toda la novela, muestran esa simultaneidad de todos los tiempos, gracias a la información que se presenta de la cultura actual, dando a la obra una prosa concisa, especie de diario de viaje fantástico, que buscar hacer de la materia narrativa una visión concreta de que los hechos son reales. No se cuenta solo la historia de un padre y sus dos hijos, sino también de instantes mismos de las personas atrapadas en las Torres, hechos ya solo fragmentos de palabras, sucesos, deseos, empujados todos por el miedo, o la posibilidad de rescate, casi inmediato, de la conflagración.

Parte de la novela parece estar descrita en blanco y negro, luego en color, hasta que queda envuelta en el humo blanco, el polvo gris, todo visto como en una pantalla de plasma, como dice un certero protagonista, antes de ignorar que va a morir pronto.

Todo puede resumirse en una frase puesta por allí, de Marilyn Manson: “La función del artista es adentrarse en el corazón del infierno”. Y vaya que se consigue en este libro poderoso, convincente, espléndido. Tragedia, humor, visión personal del mundo, humo, ceniza, en la conflagración del terror. El novelista en su torre de cristal, en el Ciel de París, escribe. Y eso es lo que importa.

Interrogatorios
El Tercer Reich en el banquillo
Richard Overy
Editorial Tusquets, 2007

Es un libro que se ha traducido a casi todos los idiomas, en menos de siete años, y que recoge la trascripción de los interrogatorios previos al Juicio de Nuremberg, buscando orientaciones más amplias sobre lo que había ocurrido en la Alemania nazi, por el testimonio de algunos de los sobrevivientes con responsabilidad política en el mantenimiento del régimen.

Richard Overy (1946) ocupa el prestigioso cargo de catedrático de Historia Moderna en el King’s College de Londres, y es doctor en Historia por la Universidad de Londres, con especialidad en Alemania entre los años 1900 y 1945.

Con acceso a información privilegiada, dadas las características de su importancia, y con base en documentos consultados anteriormente, ha dado forma a un libro fascinante sobre la historia personal y política de algunos de los más célebres personajes del Tercer Reich, en su propia voz, de acuerdo con los apuntes que llevaron los interrogadores antes del Juicio de Nuremberg y que quedaron, muchos de ellos, olvidados en los archivos.

La obra busca, pretende y lo logra mostrarnos desde el punto de vista de los responsables de la debacle, unas audaces pinceladas de su manera de ver el mundo según sus ideas, la vida personal entre ellos, el papel de Adolfo Hitler de acuerdo con sus criterios, aspectos desconocidos sobre la seguridad, las relaciones íntimas, la economía de guerra, las tácticas militares y la llamada “solución final”, más los antecedentes reales de su vinculación con el régimen. El libro contiene una primera parte como introducción a los testimonios, más una segunda con los interrogatorios y sus transcripciones, todo ordenado de acuerdo con los intereses que el investigador pudo comprobar en las declaraciones de los señalados como criminales. Los límites de sus responsabilidades quedan claramente expuestas en sus declaraciones, la mayoría de ellas oscilando entre su negación de algunos asuntos relevantes, la mentira como arma para evadir asuntos atingentes a los cargos que ocupaban y detalles odiosos sobre su propia iniciativa en muchos de los asuntos que ocurrieron, desde los campos de concentración, el antisemitismo declarado, la confiscación de bienes, el trabajo esclavo y detalles muy particulares sobre el papel del ejército en la guerra expansiva.

Los grandes ausentes son, lógicamente, Hitler, Himmler y Borman, y los más claros en su discurso Hess, Von Papen y Speer, más otras figuras secundarias que tienen muchas cosas que contar, entre detalles íntimos y verdades a medias.

Es una obra monumental que recoge testimonios, notas del compilador, contradicciones entre los prisioneros, el futuro inmediato para cada uno: la muerte, el confinamiento, la proscripción social; todo parece convergir en Adolfo Hitler, al cual buscan convertir en responsable único de todo el desastre, mediante la estrategia de amnesias selectivas, conversaciones irrisorias, mentiras piadosas y máscaras asumidas al enfrentar los prolegómenos de la historia que podemos ver muy clara, luego en el Juicio de Nuremberg. Lo esencial queda descrito en medio de un escenario disparatado, donde resulta víctima y verdugo el pueblo alemán, responsable, según muchos de ellos, del ascenso de Hitler, más las intrigas palaciegas que parecen salidas de una obra teatral y que discurren sobre el destino de cada uno de ellos. Todo se define en el sentido más claro: obedecían órdenes, algunas de las cuales les parecían demenciales, pero ejecutan a gusto y disgusto. Un libro monumental por el contenido, por la sabia manera de exponer los testimonios, los detalles de las conversaciones, así como una inmensa bibliografía, fuentes de las transcripciones y literatura axilar, más ilustraciones inéditas, reproducidas en la obra. El final está determinado por los testimonios de Robert Ley y Hjalmar Schacht sobre el futuro de Alemania, basado en sus propias ideas y como si no hubiera ocurrido nada. Los interrogatorios tienen una relación muy estrecha con los perfiles psicológicos que se habían hecho de muchos de ellos, durante la propia guerra (1939-1945) y definen algunas de sus características, tanto en estos preinterrogatorios como en las transcripciones del Juicio de Nuremberg. El autor, mostrando la probidad que lo caracteriza, también cuenta de los criminales bombardeos de los aliados sobre ciudades alemanas, además de los estropicios de los ganadores para con la población civil de Alemania. Un libro que ha sido calificado de sensacional, por lo que contiene y para dar forma a la historia testimonial de sus responsables, que fueron definidos en su momento como “una caterva de payasos y rufianes”, luego de ser observados en su campo de detención, previo al juicio.
Suplemento Abanico. Peeriñodico La Prensa Libre 31 enero 2008

30/01/2008 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 00:40

En pocas palabras

Extractos del libro ‘Esto no tiene nombre (microrrecurrencias)’, de la autora Myriam Bustos.

Comprobación

Su hermana le había dicho repetidamente, en sus cartas, que tenía un perro muy parecido al hijo de él, a su hijo preferido, para mayor insulto.

Entonces decidió viajar para conocer al famoso animal. Cuando lo vio, no tuvo más remedio que estar de acuerdo.

–Sí, tiene el mismo color de pelo de Jaime... Y las mismas orejas grandes... Hazlo ladrar ahora, para ver si también existe semejanza en la voz.

Amuleto

Ella, que había nacido bajo el signo de Leo, a partir de la adolescencia comenzó a usar una cadena de la cual pendía, en oro, la imagen de un león.

–Es mi protector –decía, y no se la quitaba ni siquiera para bañarse.

Cuando debió someterse a una delicada cirugía y la despojaron, en la clínica, de su cadena y de cuanto objeto metálico portaba, esa misma noche, y en su cama, la atacó un tigre.

Desengaño

Fue devoto irrenunciable de los horóscopos, hasta el día en que debió extraerse la uña del dedo grande del pie derecho, y el horóscopo ni siquiera mencionó –para ponerlo sobre aviso– la del meñique.

Necesidades mínimas

Mis deseos de comer son como mis ganas de hacer el amor: sólo mentales. Gracias a eso, me mantengo delgado y célibe. Y, como consecuencia lógica, tengo muy pocos gastos y estoy solo.

A veces me preocupa la idea de que, cuando muera, no habrá nadie que se beneficie con mis ahorros.

Nulo aprendizaje

En su infancia, se puso muy feliz cuando le regalaron a Micifuz. Lo mantenía en brazos casi el día completo, lo acariciaba sin parar, le hacía declaraciones de cariño a cada rato y dormía abrazada con él.

Pero, un día, el gatito amaneció muerto. Su madre le aseguró que ella lo había matado con tanto sobajeo y mimos.

Muchísimos años después, cuando su marido le confesó que ya no la amaba y le pidió la separación, recordó –sólo ella sabía por qué– la inevitable y dolorosa muerte de Micifuz.

Machista, pero generoso

Ella escribía microficciones y las publicaba periódicamente. Ahora tenía una gran cantidad de ellas, pero no se sentía segura de su calidad literaria. Entonces le pidió a su marido que las leyera críticamente y apartara las que le parecían menos logradas, para intentar mejorarlas.

Luego de revisarlas, el marido se las devolvió.

–Y, bueno... ¿Qué opinas? –quiso saber ella.

–Demasiado subidas de tono para ser obra de una mujer –contestó él–. ¿Qué te parece la idea de publicarlas con mi nombre, para salvar tu reputación?

Literatura comprensiva

Tanto lo enervaban los ruidos, que El sonido y la furia le parecía una reacción más que explicable. Por eso admiraba a William Faulkner.

¿Cómo saberlo?

¿Qué sucedería si en la vida –como suele ocurrir en la literatura– los hechos no se desarrollaran en orden cronológico?

Reincidencia

Tenía una intranquilidad tan intolerable allí abajo, que no tuvo más remedio que subir piso tras piso. Una vez en el último, decidió bajar, para experimentarla de nuevo.

Autora: Myriam Bustos Arratia

Editorial: Tecnociencia

Pedidos: 224-4506

Suplemento Ancora. periódco La Nación 27 enero 2008

Acuses de recibo

marfuerte @ 00:37

Invisible ink

Autor: Carlos Francisco Monge

Editorial: Universidad Nacional

Pedidos: 261-0101

El poeta y crítico literario costarricense Carlos Francisco Monge presenta 32 poemas en su más reciente libro, Invisble ink (La tinta extinta) . Los poemas se exponen de forma bilingüe, en inglés y en español. “Este homenaje a la poesía que ha transcurrido durante años hace referencia a grandes poetas, como Fray Luis de León y Jorge Luis Borges (…). En mi opinión, el mejor ejemplo de eso está en los primeros versos de El poeta lee sus manuscritos ”, comenta en el prólogo Victor S. Drescher, el traductor.

Las dudas que nos empujaban en la noche

Autor: Otto Apuy Sirias

Editorial: Editorial de la UNED

Pedidos: 234-7954

En Las dudas que nos empujaban en la noche , el escritor y artista costarricense Otto Apuy expone un ejercicio crítico de la masa cultural hacia la definición de contemporaneidad. La narración está segmentada en tres partes, que son simbolizadas con dibujos realizados por el mismo autor.

La contratapa del libro reza: “La narración está conducida por un hilo estético que se hace cordón umbilical de lo original y lo circundante. Es una pequeña puerta hacia lo universal, hacia la expresión de una múltiple identidad”.

El amor en los tiempos del cólera

Autor: Gabriel García Márquez

Editorial: Grupo Editorial Norma

Pedidos: 293-1333

La nueva edición de El amor en los tiempos del cólera llega al mercado paralelamente a su producción cinematográfica. La obra fue publicada en 1985, tres años después de que Gabriel García Márquez obtuvo el Premio Nobel de Literatura gracias, en gran parte, a su novela Cien años de soledad .

Un extracto de la contratapa manifiesta: “Florentino Ariza permanecía en vela la mayor parte de la noche, creyendo oír la voz de Fermina Daza en la brisa fresca del río, pastoreando la soledad con su recuerdo, oyéndola cantar…”.

Guía de aves de Costa Rica

Autores: Gary Stiles y Alexander Skutch

Editorial: Editorial del INBio

Pedidos: 507- 8100

El libro Guía de aves de Costa Rica es un solo volumen de 572 páginas sobre la avifauna tropical de nuestro país.

La enciclopedia adjunta más de 19 registros nuevos descritos por el ornitólogo costarricense Julio Sánchez, así como ilustraciones realizadas por Dana Gardner y Fernando Zeledón. Además, la guía incluye 56 láminas en colores.

“Es una pequeña y amena enciclopedia de las fascinantes y siempre sorprendentes aves de Costa Rica”, expresa un informe de la Editorial INBio.

Revista Geológica

Autor: Escuela de Geología de la UCR

Editorial: UCR

Pedidos: geologia@geologia.

ucr.ac.cr

La Revista Geológica de América Central, N.° 34-35, presenta once artículos científicos, resúmenes de tesis presentadas en la Escuela Centroamericana de Geología de la UCR durante los años 2005 y 2006, así como la publicación de un resumen de la actividad sísmica durante el 2006, presentado por la Red Sismológica Nacional.

Algunos de los temas expuestos son Cálculo de la recarga potencial de acuíferos mediante un balance hídrico de suelos y El terremoto del 29 de mayo de 1879.

Suplemento Ancora. periódico La Nación 27 enero 2008.

Librero

marfuerte @ 00:35

Enigma capital

Tomás Saraví (ed.)

San José oculto (v. II)

Cuentos

Editorial Andrómeda

Guillermo Fernández Á.
Escritor

Hace unos años, el escritor Tomás Saraví ideó la publicación de la primera antología titulada San José oculto . Había reconocido que en ciudades latinoamericanas como La Habana, Santiago, Buenos Aires y Bogotá, eran frecuentes las publicaciones “cómplices” sobre el tema de la ciudad: la ciudad como motivo de inspiración, la ciudad celebrada en literatura. Aquella idea se concretó finalmente con el editor y cuentista Alfonso Peña, editor del sello Andrómeda.

Esa primera antología lleva ya cuatro reimpresiones y se prepara la quinta. Los lectores agradecieron el proyecto y parece que se inauguró una tradición.

La Editorial Andrómeda presenta ahora el segundo volumen, San José oculto, una vuelta de tuerca . Este comienza con Así de fácil , relato de un nuevo libro de de Alfonso Chase, quien, como prosista, ha ejercido los estilos más heterogéneos. Así de fácil es un cuento sobre un jubilado que de pronto despierta de un sueño. El que toda la vida trabaja y vuelve a su hogar puede que, viéndolo todo lentamente, ya no encuentre nada en su sitio. El descubrimiento es traumatizante; es más, el descubrimiento “exige” el crimen.

En familia , de Myriam Bustos, una de las autoras más prolíficas del país, es un cuento con resabio freudiano. El tema del incesto, tratado en otros de sus trabajos, aquí se vela. La autora espera que el lector sea desprevenido y que no imagine el desenlace. En realidad, uno no lo imagina y se resiste a que suceda lo que está por suceder.

Alfonso Peña propone un relato de una singular belleza narrativa, La amatista perfecta . Casi se puede leer sin detenernos en la trama. También es el cuento que más nombra a San José, ciudad donde la mujer amada existe, desaparece, retorna. Este cuento ha sido construido con baldosas finas del Castillo del Moro, no con rústico concreto.

El siguiente trabajo es ¿Quién me ha robado el mes de abril? , de Adriano Corrales. Es una pieza sobre un intelectual que pasa del taller de poesía a la juerga y viceversa. La historia deviene en raptos de sectas y ofuscación amorosa cuyo final es algo hollywoodense, todo en la Calle de Amargura. Adriano experimenta con giros coloquiales (tal vez excesivos) de jerga universitaria. Rescatamos la forma de presentar el estrés del personaje: una versión moderna de la tensión actual.

Las nieves del tiempo , de Alberto Cañas, es un relato que se inicia con una frase escrita (presumimos) en la pared de algún muro de la ciudad: “Pito: Jennie la del colegio nocturno, necesita verte otra vez. Teléfono: 522-9008”. La inscripción urbana coincide con una historia del pasado. ¿Será que quiere una cita la misma Jennie que se amó en un protegido y lejano reino colegial? La situación es absurda, pero el viejo y aburrido viceministro se decide. Marca el número, incluso esperamos que la mujer conteste…

Recompensas es el cuento que yo escribí. Me inspiró un mendigo que toca una guitarra por el Parque de la Cultura. Uno siempre lo mira hecho un ovillo, tratando de expeler una canción. En el cuento lo apodan Pavarotti y ha cometido un asesinato monstruoso.

Alexander Obando participa con Sinus Roris , relato que forma parte de su primera novela El más violento paraíso . Las chicas que se tocan en un apartamento de la calle Cáustica (de la Amargura), mientras miran el entierro de Diana de Gales, conforman una escena de las que sabe tejer Obando: fino escritor de un erotismo que es como una tabla de salvación en el universo impersonal en que vivimos.

Laura Fuentes experimenta con Tríptico . Algunos no querrán llamarlo ‘cuento’, sino tan solo ‘poema en prosa’ o ‘prosa poética’. Gérard de Nerval es quizás su otra fuente de inspiración, además de la calle de la Amargura (por lo visto, la musa de muchos que escriben hoy en el San José oculto).

No estaría completo este paso por el segundo volumen emprendido por el escritor Saraví –el menos oculto de los josefinos y el más humano de los hombres cultos que conozco–, si no nos refiriéramos a Marco Chía, el ilustrador del libro.

El pintor Chía es el otro narrador que interpreta las estancias de los relatos con óleos, collages , pasteles, acrílicos: toda una orgía de imágenes que hacen, de este libro, una obra particular, una tradición literaria del gran Chepe.

SWuplemento Ancora. periódico La Nación 27 enero 2008

El poeta de los niños

marfuerte @ 00:31

Ejemplo y amigo Una semblanza de l escritor y maestro Carlos Luis Sáenz, admirable ser humano

María Eugenia Dengo
Educadora, Premio Magón

¿Cómo se hace el poeta? ¡El poeta nace, no hay duda: su alma tiene una sensibilidad especial; ve la belleza en todo, pero también quiere expresarla y comunicarla! No se contenta con contemplarla, no le basta con admirarse y admirarla, sino que, por un imperativo de su espíritu, se siente impelido a capturarla, a transformarla en acto creador, y ese mismo impulso de su creatividad necesita manifestarse, demanda tener vida propia: es la objetivación de la belleza contemplada internamente, es la externalización del espíritu.

Pero ¿para qué grabar esa percepción, para su propio deleite o para satisfacer su necesidad de perdurarse? Creo que no; al menos en este caso estoy segura de que no. El poeta lo hace porque el alma creadora es generosa, quiere participar a otros sus hallazgos de las cosas bellas, de las situaciones de que alguna manera la inspiran, de sus penas, de su amor.

El poeta, para serlo, tiene que ser comunicativo: quiere hacer a los demás partícipes de su visión de mundo, sin teoría, sólo sintiéndolo, vivir los dolores de la gente, disfrutar de lo que él o ella disfruta, sufrir lo que sufre o pensar en su propio lenguaje poético, que hay que aprender a penetrar y a convivir.

Pero este poeta escogió la alegría de la infancia, y así continuó a lo largo de su vida, no obstante las luchas, las destituciones, persecuciones, e inclusive la prisión por unos meses y exilio por varios años, a los que tuvo que enfrentarse por causa de la defensa de sus ideas políticas.

Y, con todo ello, hasta sus últimos años permaneció cultivando esa alegría con aquella creatividad juguetona y fogosa que solo es propia de los niños. Entonces escribió cuentos al modo del abuelo y recreó sus memorias de ensueño.

Carlos Luis Sáenz nació poeta: el 9 de junio de 1899, en Heredia, en la vieja casona de sus padres, media cuadra al sur de la iglesia de El Carmen.

Muy significativo, para sus símbolos expresivos, el vecindario en que nació y vivió su infancia y juventud, y que quedó plasmado, especialmente, en la que es la más representativa de sus obras: Mulita Mayor . Como él mismo lo decía: “Había nacido el siglo pasado y debajo de la torre de El Carmen”.

No pretendemos analizar, ni siquiera presentar, todos ni los más de los libros que Carlos Luis escribió específicamente para los niños, que son numerosos: en poesía sobresalen Nido de la canción , El viento y Daniel , Memorias de alegría y, por supuesto, Mulita Mayor , que también contiene cuentos y rondas; en teatro infantil, especialmente Navidades , Estampas guanacastecas y Papeles de risa y fantasía ; en cuento, El Abuelo cuentacuentos , El gato tiempo , El libro de Ming y, de manera muy particular, Yorustí , que es un fantasioso relato, deliciosamente bien ambientado sobre un niño talamanqueño y su iniciación en la vida independiente, con la mención bien informada de sus dioses y cosmogonías; de semejante tipo es Las semillas de nuestro Rey : leyendas de los aborígenes de Costa Rica.

Sin tener esa pretensión, decíamos, indudablemente forzoso es referirse a Mulita Mayor que, en el juicio de su esposa Adela Ferrero, es “la mejor de las obras de Carlos Luis”. “ Mulita Mayor es el poema de las rondas y juegos infantiles, un poema de poemas, pues cada tema tratado: ronda, juego, cuento, dicho o canto, es un poema en el que el niño viaja, jinete en su mulita de palo, por cielos de luceros y mundos encantados…”. Este poeta no sólo escogió a la infancia, sino que, a través de todos los medios expresivos que empleó, mantuvo, pura como una flor recién brotada, el alma de niño; por eso pudo conservar esa frescura, esa alegría en su expresión poética.

La PATRIA (así, con mayúscula) fue otro de sus grandes temas: amaba todo lo más entrañable de Costa Rica: su tierra, su geografía, su historia, su gesta heroica en la Campaña Nacional (con sano orgullo narraba que su abuelo, don Matías Sáenz, había combatido en la Guerra del 56), sus símbolos, sus indios, sus animales, sus relatos tradicionales, y así trasladaba todo esto a los niños, combinando la vena poética con su profundo sentido de educador, sin contradicción ninguna, y sin pose didáctica, pues enseñaba con su persona misma, con su conversación, con sus anécdotas sobre valores del país con los que le había tocado en suerte compartir en la vida, como fue el caso de Omar Dengo. Cuando hablábamos, siempre tenía alguna anécdota simpática sobre “don Omar”, como le decía, que presentaba algún rasgo de su carácter en forma risueña, y que encerraba alguna enseñanza agradable: él disfrutaba contando aquello, pues era un insigne conversador, y riendo él mismo al revivir el recuerdo: poseía un notable sentido del humor. […]

Cómo conocí a Carlos Luis Sáenz

Durante mi infancia la casa de Carlos Luis y Adela fue para mí uno de los lugares más gratamente frecuentados. Estando Carlos Matías, el mayor de sus hijos, de unos dos años de edad, Carlos Luis nos llevaba a él y a mí, un poco mayor, a caminar por los alrededores de Heredia y nos hacía, con cuchilla, figuritas de palitos que recogíamos por el camino.

Pasamos una temporada juntas las dos familias en San José de la Montaña: Carlos Luis, que por entonces era teósofo, tenía cierta reserva de adoptar la ideología socialista, en la que Adela estaba más iniciada. En 1936, en casa de ellos supe de la Guerra Civil Española, pues la seguían con gran interés.

Los acompañé cuando a Carlos Luis se le otorgó el Premio Magón, en 1966; a veces conversaba con él en la Universidad. Participaron activamente en el cincuentenario de la muerte de Omar Dengo; estuve con ellos en la celebración de sus bodas de oro, en 1979. Ese año Carlos Luis fue condecorado por el presidente Carazo.

Yo los visitaba con cierta frecuencia en su casa de Barrio México, y también en su acogedora casa del Monte: si bien mi relación era mayor con Adela, que era una lectora insigne y siempre comentábamos libros. Carlos Luis participaba en la conversación contando anécdotas ricas en reminiscencias y en su humor juvenil, que él disfrutaba de primero.

Y también pude palpar cercanamente cómo ambos habían regresado a las raíces de un auténtico espíritu cristiano, que quizá nunca abandonaron, sino que había permanecido suplantado por la fuerza impactante de las ideologías.

Cuando Carlos Luis murió, en 1983, yo no estaba en el país, y, al regreso, ya la amistad se concentró en Adela, con quien compartí tantas horas agradables y enriquecedoras, hasta el final.

No puedo rememorar a uno sin traer al otro al recuerdo, pues en la relación estrecha ambos eran admirables: por lo que hacían, por lo que enseñaban, por su ejemplar sentido de la vida, de lo humano, de la creatividad que se da a los demás –en su caso, especialmente a los niños– como un regalo sin igual.

LA AUTORA ES UNA DE LAS MÁS IMPORTANTES EDUCADORAS DE COSTA RICA. ESTA SEMBLANZA SE PUBLICÓ EN LA ‘REVISTA NACIONAL DE CULTURA’ EN AGOSTO DE 1999. SE REEDITA CON PERMISO DE LA AUTORA.

Suplemento Ancora. periódico La Nación 27 enero 2008.

Treinta años a cuatro voces

marfuerte @ 00:29

Hecho historia A fines de 1977, el ‘Manifiesto trascendentalista’ formuló una poética que suscita debates

Natalia Rodríguez Mata | nrodriguez@redcultura.com
Hace 30 años, la Editorial Costa Rica publicó un libro de 191 páginas que llevó por nombre Manifiesto trascendentalista . Firmado por cuatro poetas, la edición de dos mil ejemplares se esparció; se publicaron un par de reseñas en diarios de la época y algún otro comentario en revistas literarias internacionales.

Es oportuno recordar aquel Manifiesto y sus repercusiones, en especial poco antes de que, este jueves 31, se celebre el Día Nacional de la Poesía, creado en homenaje al nacimiento del poeta Jorge Debravo (1938-1967).

Laureano Albán, Ronald Bonilla, Julieta Dobles y Carlos Francisco Monge suscribieron aquel documento, el cual abogaba por una poesía que empleara al máximo el lenguaje literario, la metáfora, y que captase los aspectos esenciales de la existencia humana.

Ellos continúan activos en el mundo literario o académico y se han dado a la tarea de aplicar el Manifiesto a través de su obra. Al menos tres de ellos han sido premiados nacional e internacionalmente. Sin embargo, para muchos, el Manifiesto trascendentalista , como tal, no tuvo mayor impacto en la historia de la literatura nacional.

Poesía trascendental. El Manifiesto trascendentalista fue redactado por Albán luego de la muerte de su amigo y compañero de las letras, el poeta Jorge Debravo, como una manera de volver a lo que para ellos eran las bases de la poesía, contrarias a la poesía exteriorista imperante en la época.

“En toda la región estaba de moda la poesía de Ernesto Cardenal, muy sencilla, desprovista de lenguaje literario, de metáforas”, dice Julieta Dobles. “Por eso Laureano escribió el Manifiesto , y luego entre todos lo revisamos y lo firmamos”.

Sin embargo, para Albán, su escrito no fue una reacción ante aquella poesía. “Nosotros veníamos trabajando bajo estos parámetros desde los años sesenta. Simplemente queríamos plasmar nuestro punto de vista y compartirlo”, afirma el poeta.

“La poesía trascendentalista tiende a tratar más los temas del ‘espacio interior’ del que hablaba Rilke, a hablar de todo aquello que es esencial”, afirma Dobles. “Somos el grupo que cambió la poesía costarricense”, añade Albán.

Los cuatro escritores concuerdan en que no inventaron nada nuevo, y en el mismo libro así lo dejan claro. “Lo único que hicimos fue sistematizar lo que pensábamos en un libro y agregarle una pequeña antología poética de cada uno de nosotros; en ningún momento nos propusimos inventar algo nuevo”, apunta Ronald Bonilla.

Asimismo, los firmantes dejaron plasmada su opinión sobre la cultura de masas, el racionalismo, y el papel del poeta en la sociedad, entre otros puntos. “Hablamos profusamente de la intuición como forma de conocimiento, de la imagen como instrumento estético-lingüístico, de superar la evidencia racionalista y limitada y media docena más de ideas”, afirma Carlos Francisco Monge.

Impacto. Contra lo que esperaban sus autores, el Manifiesto trascendentalista no tuvo una repercusión importante. Además de un par de críticas y comentarios en algunos medios, el documento no ha alcanzado mayor divulgación más que la que sus propios firmantes le han hecho. “Es el primer y único manifiesto literario que se ha hecho en Costa Rica, y, sin embargo, no hubo interés en estudiarlo formalmente”, afirma Dobles.

Los autores concuerdan en que la falta de crítica especializada ha sido una de las razones para que eso sucediera, además de la ausencia de una tradición sólida de grupos representativos de tendencias estético-ideológicas.

Para Carlos Francisco Monge, el propósito con ese manifiesto nunca fue figurar. “Lo que pasa –y hablo por mí– es que tampoco era un asunto de convertir aquello en un estallido espectacular, que nos lanzaría a la celebridad o a la fama”, precisa Monge, a lo cual Bonilla agrega: “Tampoco esperábamos mucho; este es un pueblo que lee poco y que, para peores, lee best - sellers ”.

“El Manifiesto trascendentalista siguió las pautas de los grandes aportes: lento en su publicación, eterno para reconocerse”, opina Albán.

Críticas. Una de las críticas formuladas al Manifiesto considera que propuso abandonar la poesía social impulsada por Jorge Debravo. Para el escritor Adriano Corrales, el Manifiesto “aboga por una poesía metafórica y de lenguaje figurado donde la intuición sería el centro de la acción poética, en contraste con el legado debraviano. Propuso que la poesía no tuviera nexos con la realidad social, una búsqueda más purista de la poesía dejando de lado la investigación y la experimentación, elementos indispensables de toda actividad artística”.

Para Albán, la realidad es distinta. “Nosotros no abandonamos la poesía social, y ahí están muchos libros que lo constatan. Seguimos el ejemplo de dedicación y lucha de Jorge Debravo, de búsqueda de la excelencia, aunque, por supuesto, nuestra poesía siguió evolucionando. Los últimos poemas de Debravo fueron muy cercanos al trascendentalismo”, sostiene.

“No veo qué tiene que ver esto con Debravo, a quien ni siquiera conocí”, dice Carlos Francisco Monge. “Leo y conozco su poesía, que es lo único que queda de él. En todo caso, la poesía social debraviana es una opción estético-ideológica entre docenas más. Para mí, Debravo no es una verdadera referencia, si bien es la voz poética más conocida y consolidada en el ambiente literario costarricense”, agrega.

“Basta leer lo que hemos escrito para mostrar que aquella acusación es insostenible: Ronald Bonilla es autor de Consignas en la piedra ; Albán, de Chile de pie en la sangre y Biografías del terror ; Julieta Dobles, de Los pasos terrestres , de Los delitos de Pandora ; yo, de Los fértiles horarios y de Enigmas de la imperfección ”, detalla Monge.

Corrales afirma que el Manifiesto “es un texto contradictorio, con generalidades y repeticiones incluso antagónicas, y la práctica de su redactor y firmantes buscó lo contrario: ocupar los pedestales del canon y la fama”.

Luego añade: “Se oficializó una forma de hacer poesía acartonada y desvinculada del entorno sociohistórico, pero con la complicidad de los círculos literarios más conservadores, de la academia y los premios oficiales. En los últimos 25 años, ellos han sido los poetas oficiales; y la academia, los premios oficiales y el canon oficializaron el trascendentalismo como la manera de hacer poesía en el país”.

Ante ello, Bonilla replica: “El Manifiesto no propone una forma única de escribir poesía; todo lo contrario, propone que cada cual debe descubrir su propia voz. Entre nosotros mismos existen estilos muy diferentes, aunque es lógico que haya cosas en común”.

“Más bien, siempre hemos sido perseguidos por los Ministerios de Cultura. Nos ha pasado lo mismo que a Yolanda (Oreamuno), Eunice (Odio) o (Francisco) Zúñiga”, dice Albán.

Monge hila más fino: “Si se está pensando en la cercanía de un poeta con el poder político establecido, pues yo nada tengo que ver con eso; todo lo contrario. Nunca he sido, por ejemplo, jurado de premios nacionales, ni agregado cultural, ni embajador, ni oficial mayor de algún ministerio; nada de eso. Hablo por mi caso; que otros defiendan el suyo”.

Legado. A pesar de las críticas, el Círculo de Poetas Costarricenses continúa activo ofreciendo talleres y recibiendo a nuevos miembros. Laureano Albán coordina dos talleres, los días martes y jueves, por los que han pasado muchos escritores de verso y narrativa, como Mía Gallegos y Alfonso Chase. Muchos, como ellos, se han retirado del taller por distintas razones; sin embargo, otros continúan activos.

Ronald Bonilla, Lucía Alfaro, Virginia Pineda, Alexander Alvarado y Laura Novoa son algunos de los talleristas activos. Alvarado es uno de los más jóvenes, y asegura: “Hace unos cinco años ingresé en el Círculo de Poetas. Mi manera de ver la vida es muy afín a lo que está ahí, más allá de lo fenomenológico, lo eterno, lo universal”.

Laura Novoa ha publicado un libro bajo el sello Líneas Grises, del Círculo de Poetas Costarricenses. “La visión del Manifiesto es totalmente acorde a mi manera de ver la vida. Para mí, la poesía no debe ser mostrar un mundo definido y elementalmente material y fenomenológico; la poesía debe acercarnos a ese tránsito esencial en donde la palabra del poeta se transmuta en revelación profunda e inefable”, afirma la autora de Conclusiones de la noche .

Sobre la crítica a la manera “acartonada” de hacer poesía, Novoa sostiene: “No se impone una manera de escribir; esto ya se trae. El taller es un encuentro de personas que tenemos la misma vivencia trascendental. Nos acercamos y nos divertimos. El taller es un lugar donde uno se siente libre”. “Se defiende una estética, pero no se impone”, complementa Alvarado.

Fuera de nuestras fronteras, específicamente en España, existe un taller trascendentalista que lleva por nombre Grupo Aranjuez. Fue llevado a España por Dobles y Albán en 1977, y desde el 2001 es coordinado por la poetisa Monserrat Doucet.

Según su página de Internet, actualmente tiene seis autores activos, y el taller se ofrece gratuitamente a “todas aquellas personas que conciban la escritura como una carrera de fondo y no como un vehículo para la fama, que tengan capacidad de crítica y también humildad y consciencia de la propia valía para aceptar la misma”.

Finalmente, y aunque los mismos autores discrepen en cuanto a si existe o no un movimiento trascedentalista, todos están de acuerdo en los contenidos de ese Manifiesto que firmaron hace 30 años.

Al fin y al cabo, como indica Monge, “la poesía no es un asunto de dogmas, programas, ni preceptos; es un espacio abierto que invita a explorar, a imaginar, a liberarse”.

LA AUTORA ES PERIODISTA Y EDITA LA REVISTA DE INTERNET REDCULTURA.COM

Los manifestantes

Laureano Albán: El más laureado de los trascendentalistas ha tenido una prolífica carrera como escritor. Se desempeñó también como embajador en varias oportunidades, y obtuvo dos veces el Premio Nacional de Poesía, así como el Adonáis de Poesía (España) y el Premio de Cultura Hispánica (España) (1981). Es miembro de la Academia Costarricense de la Lengua. En el 2007 se le concedió el Premio Magón.

Julieta Dobles: Una de las poetisas más conocidas en el país, ha ganado el Premio Nacional de Poesía en cinco ocasiones, así como el Primer Accésit del Premio Adonáis por su libro Hora de lejanías (Madrid, 1981), entre otros galardones.

Ronald Bonilla: Aunque por casi 20 años no publicó, el 1995 se reincorporó a los talleres del Círculo de Poetas Costarricenses y volvió a crear poesía. Fue Premio Nacional de Poesía en el año 2001 y Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2001-2002 por su poemario A instancias de tu piel . Anteriormente, en 1974, había ganado el Premio Joven Creación.

Carlos Francisco Monge: Su actividad ha sido sobre todo académica. Además de poesía, ha escrito ensayo y crítica literaria, y ha ofrecido medio centenar de conferencias sobre literatura, cultura y lingüística. Su más reciente libro, Enigmas de la imperfección , acaba de traducirse al inglés, publicado por la Indiana University of Pennsylvania.

Suplemento Ancora. Periódico La Nación 27 enero 2008.

29/01/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 02:38

Alfonso Chase
Una historia de amor y oscuridad
Amos Oz
Editorial Siruela, 2007

Amos Oz (Jerusalén, 1939) se ha convertido con los años en una lúcida consciencia de su país y de su pueblo, creando algunas de las obras más sobresalientes de la literatura mundial, lo cual lo ha empujado a diferentes propuestas de premios internacionales, incluido el Premio Nobel.

Es el autor israelí más traducido, analizado o entrevistado, y cuyas opiniones son tomadas en cuenta a la hora de manifestar cómo piensa y actúa un reducido sector de los escritores judíos que viven en Israel. Esta obra está escrita en hebreo, como si el manejo de su lengua fuera lo apropiado para dar forma a su propia historia, su biografía novelada, que es la radiografía de un alma, la acción de un cuerpo físico y su proyección en la historia de este tiempo. No es un texto que empieza consigo mismo, sino que se remonta a sus padres, raíz esencial para dar forma al escritor, al activista, a las luces y sombras que determinan la existencia de un hombre que cuenta su biografía, que es la del movimiento que en el siglo XX confluye hacia Israel, con todos los conflictos que trae el desplazamiento de sus parientes, los grandes desafíos internos entre ellos, la repercusión en el niño y el joven y su posterior manera de ver la vida, y hacerla, en el conjunto de las circunstancias que determinan su presencia como escritor, como activista por la convivencia, alzando su voz por entre la de los políticos y militares pero buscando, en la lucha entre Eros y Tánatos, la esencia misma de su destino.

La obra plantea 100 años de la historia y de sus ancestros, y el producto de sus luchas en el Israel moderno, antes y después de su creación como estado. Al reflejar una visión épica, de la construcción de un pueblo y una personalidad, el autor tiene que referirse al pasado como sustancia, donde campean cuatro generaciones de personas, un poco a la manera de Isaac Bashevis Singer, admirado por él, pero con el cual guarda las debidas distancias. En la configuración de esta novela-autobiografía, de infancia y adolescencia principalmente, confluyen casi todas las técnicas literarias, lo que nos permite entender la admirable cultura del autor, escrito todo con un sentido lineal pero haciendo de los recuerdos y las fijaciones un gran cuadro mural, de extraordinaria belleza y una prosa detallista de gran calidad estética.

Escrita en 2001, es también una suma de todos los temas anteriores del autor, que parecen aquí ser el sostén de una vida casi completa, que termina en la etapa final con la muerte de su madre, admirablemente descrita en sus términos de contradicciones, convergencias y los pequeños detalles que establecen que la vida se conforma a sí misma con los trozos de esos instantes que mejor quedaron sostenidos en la memoria.

No es una autobiografía convencional, sino la historia de un personaje que es él mismo, pero también su familia, sus ancestros, su pueblo, la vida cotidiana y las repulsiones y amores que van dando forma a esta extensa obra de 63 capítulos.

La presencia de Amos Oz en la literatura mundial actual lo ha hecho acreedor de
numerosos premios, que tienen una especie de contacto con esta autobiografía, a partir de sus ediciones sucesivas en 2002, hasta repercutir en su candidatura de 2007 al Premio Nobel, por el conjunto de sus libros, pero particularmente por el valor de su autobiografía. Novela de personajes que están construidos al detalle, más los sucesos reales que se describen con morosidad y descripción
plena. La Editorial Siruela ha publicado las obras más recientes de Oz a partir de 1998, en número de diez libros, todos los cuales presentan los temas de un creador, en el tiempo de su propia aventura existencial, con el mérito de constituir la historia general de su país, así como la de una gesta familiar, que se trasluce en el destino de todos ellos como parte de la génesis de una nación. El carácter contestatario de Amos Oz le da una libertad admirable para mostrarnos las contradicciones de todos ellos, incluido quien escribe su autobiografía en forma de novela, y que logra describir la vida y aventuras de sus padres y construirles un monumento vital, que es el de su propia historia.

Bajo palabra
Akira Yoshimura
Editorial Emecé, 2007

Akira Yoshimura (Japón, 1927) es uno de los escritores más renombrados de su país, autor de más de 20 libros de cuentos, novelas y algunos ensayos sobre el arte de escribir. Ha sido dirigente de los autores de su patria, fundador y animador del Pen Club, y algunas de sus obras han sido adaptadas para el cine. En Occidente se lo conoce a medias. La edición original de este libro es del inglés, atribuida al escritor argentino César Aira, el cual logra su cometido en español.

El centro de “Bajo palabra” es la historia de Shiro Kikutami, un modesto profesor de escuela japonés que mata a su infiel esposa, hiere al amante y por último incendia el hogar donde ocurren los hechos.

La historia que se cuenta no se centra solo en la vida del recluso, que pasa ligera, para
luego llegar a la libertad condicional y allí empieza la fuerza de la novela, mostrando los avatares de un ex presidiario, su relación con el mundo, pero principalmente con el responsable de esa libertad, condicionada en lo interno y lo exterior, que define lo que arrastra de su tragedia, los tiempos de su detención y condena, y todos los otros mecanismos psicológicos que hacen que la vida fuera del penal sea tan dura, en lo real, como toda la desgracia que le aflige. La obra parece estar centrada en las relaciones humanas. En la consciencia de la desgracia del personaje principal y sus relaciones con su amigo Takasaki, homicida familiar también y de cómo sobreviven, ya no a los recuerdos de la prisión, sino a incluirse en una sociedad a la cual temen, al guardar cada uno su culpa en lo más hondo de su mente.

La novela describe, de manera profunda, los trabajos de Shiro, todos de un bajo nivel, insoportables para un hombre medianamente culto, la bondad y la maldad de sus nuevos conocidos. Y lo hace muy bien el escritor: del miedo profundo de que un hecho del pasado se pueda repetir en el presente.

Convertido en un don nadie, Shiro Kikutami vive la aflicción de su desgracia con hermosa dignidad, lo que le permite al arte de Akira Yoshimura crear un universo oscuro, con pequeñas lagunas de felicidad, concordia consigo mismo, describiendo también el mundo de la clase media baja, y más aún el que rodea la libertad bajo palabra del protagonista. El mundo es agónico, con pequeños resquicios de luz, para enfilar todo a las sugerencias de quienes lo rodean, de que se case de nuevo, lo que hace meditando levemente el acto. El intercambio epistolar con su amigo logra que el personaje muestre algunas de las características de su vida pasada y presente, con las limitaciones de su queja constante por existir. Dieciséis años de cárcel los han marcado para siempre, aunque ahora disfruten de la libertad. Ese abismo es lo que muestra la novela de manera gradual y grandiosa. Pero la vida es una noria y todo pareciera repetirse en su nueva situación. Kikutami mata a su nueva esposa, de la misma manera que lo había hecho con la primera: por un acto de furia incontrolable. Un hombre aparentemente tranquilo y apocado se convierte en doble criminal. No hay explicación literaria al hecho: el protagonista pertenece a las clase de personajes fuera de lo común o del espacio de esa libertad que se le otorga. Todo el proceso de creación del escritor es una obra maestra para penetrar en los mundos internos del protagonista. Desprecio y resentimiento es lo que habita en la mente de Shiro Kikutami. Eso es lo que constituye la esencia de una obra maestra editada en 1998, y en la cual se muestran todas las facultades narrativas del autor japonés. Una locura homicida momentánea, como dijo la sentencia, es el sentido de una obra maestra de nuestro tiempo.

Un tema que se ha tratado antes, muchas veces, resulta totalmente nuevo en las manos de un maestro, casi totalmente ignorado por nuestros lectores.

Delirio
Douglas Cooper
Editorial Andrés Bello, 2007

No tenemos ni idea de cuántas veces se ha editado esta novela del canadiense Douglas Cooper (1957), uno de los autores que pertenecieron a la vanguardia de autores de la editorial Hiperión (Nueva York), que los diera a conocer a partir de los años 90 y cuyas primeras obras han tenido un gran éxito de público en diversos sitios retirados de sus países de origen. En el caso de Cooper, se le conoce por su presencia en la red, desde la cual ha proyectado sus primeros trabajos y ha establecido una reputación que va más allá de Canadá o Estados Unidos.

Forman una generación que ha sido divulgada por la Editorial Andrés Bello (Chile) desde los años 90 y muchas de estas obras relevantes no han tenido la circulación que merecen entre el público hispano.

“Delirio” es la historia del reputado y equívoco arquitecto Ariel Price y la biografía a escribir, no autorizada, por Theseuss Crouch, un hombre que parece amenazar la reputación herida del célebre arquitecto. Toda la novela es, en realidad, una metáfora de nuestro tiempo, en el cual concurren los plagios, el servilismo a los nuevos amos, la idea del laberinto como indicio hacia un algo, la presencia de los malles como imagen de lo que realmente está existiendo, más los misteriosos avatares del arte y la cultura al servicio de la venalidad privada o estatal, según sea el caso. Un protagonista inusual son las paredes construidas de palabras que acusan la historia o recrean nuevos mitos, para darnos una novela aterradora sobre una biografía en curso, que muestra el lado oscuro de una historia de frenesí y mentiras, donde la suprema posición del arquitecto de edificios es, en realidad, un arquitecto de almas, siendo la suya el principio y final de la historia biográfica. Con este libro Douglas Cooper es el siglo pasado, y desde sus primeras obras, da inicio a lo que podría ser la novelística del futuro, del siglo XXI concretamente, muy alejada de la novela que hacen nuestros autores latinoamericanos, con fondo de “color local” o la arrogancia de escribir sobre una Europa distante, como tema de fondo y resultados de mampostería.

Ariel, Arianna, María de Magdala, Cósimo, Theseuss son símbolos rescatados de la historia natural del mito antiguo, para dar forma a una novela de futuro -que es el hoy- y configura el arte novelístico de este hijo de su tiempo, habitante de un Manhattan hecho visión laberíntica, para todo el que se adentre en esta historia.

“Delirio” es una novela de apertura. De una síntesis de lecturas e influencias que dan origen a un escritor de renombre, de un estilo profundamente original donde encontramos la presencia de los grandes escritores del siglo XX: Nabokov, Paul Auster, Ítalo Calvino, Philiph Roth, más el laberinto del laberinto, que significa esta nueva escritura que deberíamos leer, más a menudo, y no como saldo de edición que llega al país por medio de un sabio comprador, en esta época de contenedores adquiridos sin ver realmente lo que tienen dentro. En este caso auténticas joyas con obras de Pascale Roze, Steven Milhauser, Anne Fine, Richard Selzer, los cuales marcan la eterna vanguardia de la escritura del hoy, que es la del porvenir.

peridico La Prensa Libre 24 enero 2008

26/01/2008 GMT 1

Columna Pido la Palabra 2

marfuerte @ 21:06

Mae, a leer

Roxana Zúñiga
ropazu@racsa.co.cr

Algún estudio por ahí concluyó que los jóvenes costarricenses no emplean más de 100 palabras en sus conversaciones habituales.

Y no hay que ser un genio ni Madame Ghandara (¿la recuerdan?) para adivinar cuáles son algunas.

Mae (apócope de maje) encabeza la lista. Es muy interesante escuchar (que no vinear) algún diálogo en la fila del banco o de otra institución. Ese vocablo “roba más cámara” que ciertos personajes del “set jet” tico.

“Mae, estaba yo en la calle y mae, se lo juro, mae, me salió una mujer divina, mae. Mae y yo que le digo un piropo, mae, y ella que me mira, mae, con esos ojazos negros, mae.

Mae casi me derrito, mae, palabra, mae, fue una emoción, mae. Mae, ¿vas a ir a Palmares...?”. ¿Suena familiar?

Da tristeza saber que tenemos un idioma tan rico, pero tan paupérrimo en su uso.

La juventud no lee y de allí esa precariedad. Ahora todo son videojuegos, mensajes por teléfono (que asesinan el español) y demás entretenciones electrónicas.

Cuando un muchacho lee es un “nerd” o un bicho raro. ¡Qué horror! Deslizar los ojos por un texto es tan edificante como estar en el Paraíso… celestial (lo aclaro para evitar suspicacias mundanas).

Sé que estoy en la cresta de la vieja ola, pero por nada cambio el gozo inmenso de un buen libro al calor de un té de manzanilla y menta.

Debía señalarlo, aunque nada cambie.
periódicoAl Día 24 enero 2008.

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