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RESONOCO

Categoría: Libros

04/02/2009 GMT 1

Librero

marfuerte @ 01:29

Cuestión moral
Álvaro Zamora
De Federico y l’Agüela. Propedéutica de ética y sociedad
Filosofía
Editorial EUNED
Pedidos: 2253-9349
Rafael Ángel Herra
rafaelangel.herra@gmail.com

La EUNED acaba de publicar un manual de uso didáctico en sus cursos, escrito por Álvaro Zamora, y con un título particular: De Federico y l’Agüela. Propedéutica de ética y sociedad . En sus 413 páginas impresas a dos colores, Zamora expone y explora los alcances de la disciplina ética y las prácticas morales.

El libro se divide en cinco grandes capítulos, desglosados así: Primero : I. Ser humano: naturaleza y cultura; II. De lo social y lo individual; III. Mediaciones y agentes sociales. Segundo : I. De moral y teoría; II. Otras distinciones conceptuales. Tercero : I. ¿Se puede ser libre?; II. Responsabilidad en sociedad; III. De las normas a las instituciones. Cuarto : I. Moral de todos y de cada cual; II. Moral en obras y palabras; III. Del diario vivir. Quinto : I. De la ética aplicada; II. Las profesiones y otros espacios de reflexión.

Como buen texto orientado a la enseñanza, la publicación también intercala cuadros con vocabularios, explicaciones, sugerencias y tareas muy útiles para el lector al que se dirige la obra, sin excluir por ello a otros lectores ávidos de lectura sobre los temas enfocados ahí; es decir, el campo moral y materias relacionadas (el libre albedrío, la felicidad, el ambiente, la bioética y asuntos concretos como el gulaj, el terrorismo, la tortura o la responsabilidad que exige el ejercicio profesional, para citar unos pocos ejemplos).

Al concebir y redactar el texto, su autor ha recurrido a una fórmula ingeniosa. Cada capítulo se ve precedido del relato de un niño y su familia, impreso en tinta azul. Con bastante frecuencia, el análisis remite al relato los asuntos tratados.

Sin duda, es ese un original recurso de alto valor didáctico puesto que permite anclar las cuestiones abstractas en acontecimientos cotidianos; o, para verlo a la inversa, los hechos de todos los días –el uso del rotulador de pizarras acrílicas o la pequeña mentira del niño cuando aprovecha la romería para irse a otra parte, o las compras en la pulpería–, son ejemplos dirigidos a sentar un punto de apoyo práctico a las consideraciones teóricas.

El lector observará otra particularidad tipográfica cuando vea aparecer la tinta azul dentro del texto teórico: el fin es acentuar la correlación entre lo cotidiano y la teoría.

Podemos hablar de un método de exposición regresivo y progresivo, y a la inversa: se va del hecho específico (comprar un helado al vendedor ambulante) a la reflexión sobre las relaciones complejas que amarran el tejido social; o bien, estudiando la teoría de la mediación se retorna al acto específico de comprar o vender.

Hay que insistir en ello: la técnica de combinar la ficción y el ensayo didáctico es un acierto de artesanía filosófica: por un lado, facilita la exposición de los temas recurriendo a ejemplos y teorías, y, por el otro, ayuda al lector a comprender hechos concretos y sus alcances teóricos, aparte de que le aporta instrumentos para mejorar el rigor de sus propias reflexiones. El hecho de diferenciar la función de los textos con colores es un acierto editorial.

El libro introduce teorías y autores, sitúa problemas, aclara términos, actualiza debates tradicionales de la ética. Aparte de su intención escolar, y aunque el autor trata de no pronunciarse, no esconde tampoco su perspectiva crítica.

Hablar de derechos humanos no es neutral; referirse a la fuerza nuclear, tampoco, mucho menos en el horizonte de investigación al que se consagra esta obra. Casi podría afirmarse, en presencia del libro, que el discurso sobre la moral no puede ser a-moral. Álvaro Zamora lo reivindica.

Si bien este libro es una introducción a los problemas de ética y sociedad, también puede leerse como introducción a la filosofía. Además de abrir perspectivas a la reflexión, suministra elementos para contrastar puntos de vista críticos sobre la mayoría de los asuntos morales, sociales y políticos que ocupan al hombre contemporáneo. Es un privilegio contar con este libro.

Suplemento Áncora. 25 enero 2009.

Los huesos de Poe

marfuerte @ 01:26

Literatura
Recordado En su bicentenario, se reanima el culto por el excéntrico y notable escritor Edgar Allan Poe
Uriel Quesada | urielq@hotmail.com
El 19 de enero se celebraron 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe: fecha simbólica, aunque por las vísperas parece que es más importante la de su muerte, acaecida en el año 1849. Poe murió en la ciudad de Baltimore, donde se encuentra enterrado en un modesto cementerio adyacente a una iglesia. La tumba es un notable lugar de peregrinación –por ejemplo, Borges se retrató ahí–, y todo aquel que acuda a las oficinas de turismo de la ciudad puede hallar la tumba del poeta y narrador entre los puntos importantes que deben visitarse.

De un tiempo acá, varias ciudades pelean el honor de albergar lo que quede de Poe. Boston lo reclama porque nació allí, pero algunos intelectuales del estado de Virginia aseguran que el mejor lugar es Richmond, donde el futuro escritor pasó parte de su niñez y su juventud. Nueva York tiene el argumento más débil: “Aquí fue feliz”, aunque aún no está claro en qué sentido la felicidad es un criterio para apropiarse de unos huesos.

Un intelectual del área de Penn-sylvania ha intentado probar que la mayoría de los cuentos policíacos –en español los hemos conocido tradicionalmente por Historias extraordinarias – fueron escritos por Poe en Filadelfia, lo cual la acredita como depositaria indiscutible del cadáver.

Aquella persona incluso ha argumentado que el clima de crimen generalizado en Filadelfia en el siglo XIX fue fundamental para inspirar esas narraciones que hoy se consideran fundadoras de toda una corriente estética y comercial. Vaya uno a saber cómo se puede probar el detalle de la inspiración, aunque el argumento de los altos índices de delincuencia ha dejado muy mal parada a Filadelfia y ha dado munición a otros contendientes.

Por ejemplo, los curadores del museo Poe, en Baltimore, se han manifestado dispuestos a ofrecer a Philly no el cuerpo de Poe, sino el de algunos malandros de poca alcurnia, entre ellos el asesino de Abraham Lincoln: John Wilkes Booth, nacido cerca de Baltimore.

Competencia. La apropiación de figuras culturales importantes –a veces simplemente pintorescas– no es rara en los Estados Unidos. Cada abril, Nueva Orleans organiza un extenso programa dedicado a Tennessee Williams, con teatro, conferencias y hasta concursos callejeros. Parte de la obra de Williams tiene como escenario Nueva Orleans, pero él no nació ni murió en esa ciudad, sino que fue un asiduo visitante. También lo fueron Truman Capote, a quien no se le dedica nada, y Mark Twain.

Twain iba de cuando en cuando al Garden District a visitar a un amigo cuya mansión los turistas deben atisbar desde la calle y entre las rejas cubiertas de higuera.

Nueva Orleans también celebra a Ignatius Reilly, uno de sus hijos más conocidos. El problema es que Ignatius es un personaje de ficción, el excéntrico y siempre hambriento protagonista de la novela La conjura de los necios.

Las personas se toman fotos junto a la estatua de Ignatius, a las puertas de un edificio en Canal Street; hacen el recorrido de cantinas del personaje, comen los famosos lucky dogs y hasta toman cocteles bautizados con el nombre de Ignatius. Del autor de la novela, John Kennedy Toole, apenas sobrevive una placa en una modesta casa en el área de Black Pearl, pero llegar a la casa requiere voluntad y paciencia pues muy pocos la tienen presente y menos aún recuerdan su dirección.

Dama gótica. Una de las escritoras que hizo del culto a sí misma todo un aparato comercial y literario fue Anne Rice, quien rescató la tradición erótica de los vampiros y, en general, del mundo de las tinieblas del Sur de Estados Unidos.

Antes de enviudar, convertirse en católica renovada y finalmente retirarse a una casa en el campo, Rice poseía una mansión frente a la que todo tipo de persona aguardaba por horas esperando saludarla.

La escritora mandó construir un enorme balcón protegido con ventanales hasta el primer piso, donde a veces se la podía ver desde la calle, aunque parecía más una de las sombras de sus libros que una persona de carne y hueso.

Ella también diseñó colecciones de joyería, pero su mejor producto fue Anne Rice. La pasión por los vampiros se fue extendiendo por todo el país. Se crearon cofradías que en Nueva Orleans organizaban congresos y encuentros de vampiros reales y ficticios, fanáticos de lo oculto y expertos académicos en dichos temas.

Esos grupos salían a las calles tarde en la noche, se colaban en algunos cementerios para asistir a rituales con los espíritus y visitaban sitios relacionados con historias de sangre y sucesos sobrenaturales.

Para rematar los encuentros, Rice ofrecía fabulosas fiestas en alguna de sus muchas propiedades. La más notable era un antiguo orfanato –de por sí suficientemente tétrico para albergar espíritus sufrientes y leyendas de horrores– cuyas puertas de cancel estaban resguardadas por dos ángeles.

Todos los asistentes vestían de negro, y quienes se tomaban el asunto verdaderamente en serio incluso parecían seres siniestros.

El antiguo orfanato –luego lugar de encuentro de vampiros– se ha transformado en un condominio de lujo. Nadie volvió a hablar de los espíritus que convocaba Anne Rice.

Doble Poe. A pesar de su importancia cultural, las celebraciones de Poe tienden a ser más discretas, menos festivas. Hay actores que lo personifican, algunos actos oficiales, pero parece incluso que, a tantos años de su muerte, sigue siendo un autor de tonalidades grises.

Su obra policíaca tuvo gran impacto a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero, hacia 1890, las narraciones de Arthur Conan Doyle empezaron a ganar terreno hasta convertir la escuela de literatura policial inglesa en el referente para muchos autores y lectores alrededor del planeta.

Hoy no hay un Edgar Allan Poe, sino al menos dos. El primero, el escritor, tiene sus propios círculos de adeptos, quienes formulan serios análisis y se reúnen para discutirlos. El segundo, el personaje popular, vive del aura de misterio y desgracia de la persona real. Como tal, es un ser cambiante.

Poe ha inspirado películas, un viejo y hermoso álbum del grupo de rock progresivo The Alan Parsons Project y personajes de novelas y cuentos. Alguna vez, los dos se cruzan, como cuando Borges posó para hacerse un retrato junto a la tumba en la esquina de Greene con Fayette.

Ambos personajes también se cruzaron este 19 de enero, cuando docenas de personas esperaron a la intemperie, con temperaturas bajo cero, para asegurar a los huesos de Poe que no abandonarán su sitio de descanso en Baltimore.

EL AUTOR ES ESCRITOR COSTARRICENSE. ACABA DE PUBLICAR EL LIBRO DE CUENTOS ‘VIAJERO QUE HUYE’.

Suplemento Áncora. periódico LA Nación. 25 enero 2009.

03/02/2009 GMT 1

El Calufa desconocido

marfuerte @ 02:08

Personaje

No solo escritor Lector, melómano y aficionado a la caza fue Carlos Luis Fallas en la vida privada
Rosibel Morera Agüero | rosibelmorera@costarricense.cr
Mamá me lo presentó con timidez y sonrojo. Camisa blanca, traje café, sin corbata, el saco de corduroy, los zapatos sin cordón, impecables, el cabello negro peinado hacia atrás. Era enorme, pero no amenazante, se veía cálido, honrado y protector. En mis escasos once años de existencia, aparte de mi padre –yo tendría un año cuando mamá y él se divorciaron–, era el segundo novio que le conocía.

Valga decir que Zahyra Agüero no era mujer de novios ni de amores, a pesar de su indiscutible belleza. Era más bien mujer de inteligencias, enamorada de la palabra culta e incisiva. Calufa era, pues, el indicado; incluso se parecía a mi abuelo, José María, en lo fuerte, lo caballeroso y lo solidario, y en lo orgulloso de su hombría.

Cuando se casaron, Calufa vino a vivir con nosotros. Desde la casona de los Fallas trajo lo poco que le pertenecía: escritorio, colección de discos y biblioteca. Nuestra sala (esas impolutas habitaciones que sólo utilizaban las visitas) se transformó en su estudio, y nuestro comedor en sala-comedor. Un carpintero lo dividió con una armazón barnizada para poner adornos. Fallas cupo bien, como si nuestra modesta casa lo estuviera esperando.

La televisión en blanco y negro y de un solo canal no se volvió a encender. La voz de ambos, alternada, se escuchaba por horas, reclinados sobre la cama, leyendo los autores que Calufa seleccionaba para ella. Le hacía notar los recursos estilísticos, las imágenes bellas, la maestría descriptiva de Eça de Queiros, el terror filtrándose serpentinamente en La anaconda , de Horacio Quiroga.

Años después, yo misma me sorprendería, no por ellos, sino por Calufa, al observar la hermosa caligrafía de sus paisajes.

Mamita Yunai y Gentes y gentecillas transpiran vegetación, no sólo verdad humana. Nunca me atreví a interrumpir aquella mezcla de Eros y Logos que eran sus horas de reposo.

Legados. En cuanto a mí –una preadolescente llena de preguntas–, Carlos Luis me ofrecía libros suficientemente ateos como para equilibrar mi insobornable misticismo, y conversaciones de sobremesa que ponían al rojo mis convicciones religiosas. Como buenos comunistas, ambos eran ateos.

Por el contrario, en primer año de colegio (María Auxiliadora, por imposición de mis tías), yo planeaba una vida monjil al estilo de sor Juana Inés: rodeada de libros, propios y ajenos. Luego de tres años de angustias filosóficas, Calufa me convenció de pasarme al Castella.

Sin embargo, no sólo leí Así se templó el acero ; también me inició en la literatura simple y pura, y en la música clásica fácil al corazón: Grieg, Brahms, Gershwin, Chopin, Tchaikovski. A todo pulmón coreábamos los tres Madama Butterfly y Los gavilanes .

Hoy pienso que Calufa se parecía a Ernest Hemingway y al actor John Wayne por las cañas de pescar y por la carabina de caza que elogiaba, limpiaba y aceitaba con amor, colocada en partes sobre la mesa. En el garaje mandó construir un banco de carpintería, y su colección de herramientas era tema obligado con amigos y camaradas.

Cuando enfermó, mamá y él viajaron a Moscú, donde estuvieron varios meses. Al regreso, la muerte había sellado su rostro.

En la Clínica Bíblica firmó, en el protocolo de Manuel Mora y con Jaime Cerdas como testigo, la cesión a mamá –como pago por una deuda de gratitud y otra de dinero que no sé si era real o imaginaria– de los derechos de autor de sus libros. Fue su manera de asegurar su voluntad de protegerla.

Le gustaba cantar mientras mamá conducía hacia San José. Le lanzaba miradas cuando la letra decía algo especial. Una vez nos llevó de caza de noche. Aterrorizadas, sólo se veían los ojillos de los animales encandilados por la lámpara que llevaba en la frente. Otra vez fuimos de pesca. No pudo convencernos de meter las lombrices en el anzuelo, ni de la enorme belleza de los anzuelos artificiales, ni de repetir semejantes aventuras.

Su deseo insatisfecho: que el partido le diera unos meses sabáticos para contar la revolución del 48. Sus pasiones: la literatura y el partido. Su compromiso: la justicia social, que en su caso –leal a sus convicciones– encarnaba el Partido Comunista. Con su Poema a Calero (personaje de Mamita Yunai ), Pablo Neruda lo lanzó al mundo.

Hay nombres que saltan al mencionar países. Shakespeare, Wilde (Gran Bretaña), Asturias (Guatemala), Borges (Argentina), Darío (Nicaragua), Mistral, Neruda (Chile). Cuando pensamos en Costa Rica, en su lista de autores-icono inevitablemente surge Carlos Luis Fallas, CA-LU-FA.

En el centenario de su nacimiento (21 de enero de 2009), quise recordar públicamente al hombretón que asoma en mi memoria.

LA AUTORA HA PUBLICADO ‘LA PROYECCIÓN ESCÉNICA’ (ENSAYO), ‘TESTIGO INTERIOR’ (NOVELA), ‘LAS RESURRECCIONES Y REENCARNACIONES DE LÁZARO FUENTES’ (CUENTOS), ‘A PESAR DE MUJER (NOVELA) Y ‘YO SÓLO SÉ DECIRME A LOS AMANTES’ (POESÍA).

Suplemento Áncora. periódico La Nación 25 enero 2009.

Germinal

marfuerte @ 02:04

Año III No. 99

Alfonso Chase
Carlos Luis Fallas (1909-1966) es uno de los escritores de más recia construcción en lo que fuera, y sigue siendo, el realismo naturalista costarricense, para darle la acertada inclusión que hicieron de él los críticos de su época. Su infancia y adolescencia, en un hogar proletario, le formaron en el conocimiento del pueblo costarricense, en sus raíces más profundas. Su militancia en las ideas de la clase obrera, el marxismo de su época y su inclusión en las actividades del Partido Comunista, desde sus inicios, le dieron una cultura política enraizada en la actividad misma de las transformaciones sociales y, como lector impenitente, formó en su mente una cultura vasta, de lector crítico en el aprecio por libros, ensayos, artículos o conversaciones con sectores populares, así como con el trabajo de su padre adoptivo, un obrero zapatero, que le puso en contacto con la vida misma en su labor diaria. Como el siempre tuvo la voluntad de expresarlo, su maestra en la creación literaria fue Carmen Lyra, que lo puso en contacto, a los 22 años, con los grandes creadores de la literatura francesa y rusa, de finales de siglo XIX. Y el resto de la historia. Los primeros esbozos literarios de Fallas fueron informes de sus labores en el activismo social de su partido, luego del que hizo sobre las elecciones en la lejana Talamanca, 1940, nació su trabajo como escritor: Mamita Yunai fue su resultado inicial como libro, y no como colección de artículos de periodismo. Siendo una persona de una sensibilidad excepcional, siguió escribiendo con maestría en la creación de caracteres, luego convertidos en personajes, la mayoría producidos por su convivio con obreros, barreteros, niños en su infancia, teniendo todos un toque autobiográfico notable y lleno de sus propias anécdotas. Su obra culmina con “Gentes y Gentecillas”, uno de los libros más hermosos de nuestra narrativa, más algunos otros opúsculos de menor intensidad literaria. Para los que seguimos siendo sus amigos, protegidos por el halo de su personalidad inolvidable, celebrar su primer centenario es obligación y mandato.

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• Carlos Luis Fallas
El diluvio
©Del texto: Rosibel Morera Agüero
© Fotografía: Archivo personal del compilador
Quince días de furioso temporal.
El valle se ahoga en una tristeza desesperante. El sol, la luna, las estrellas, todo se ha borrado del cielo, sombrío, gris oscuro en el día y de profunda negrura por las noches. Allá lejos, las montañas y los cerros emergen de cuando en cuando como negros fantasmas, para hundirse luego y esfumarse otra vez entre el espeso neblinaje.

Agua sucia y barro pegajoso. En los cafetales se forman inmensos pantanos oscuros y dormidos; la plazuela es un lago turbio que se extiende y se mete por debajo de las humildes casillas, por el carril de la línea baja un arroyo lodoso. Y los ríos, hinchados y revueltos, arrastran grandes palizadas y mugen amenazantes día y noche.

Llueve, Pasan silbando ráfagas de viento frío y cortante. Y cuando el trueno ronca sordamente en la oscura lejanía, el aguacero arrecia y golpea con furia los techos de zinc.

Se han paralizado todos los trabajos de la hacienda. Los hombres dormitan el día entero acurrucados en sus camastros, o se agrupan en los corredores, muy encogidos, envueltos en sus gangoches, y cobijas y conversan en voz baja; de vez en cuando algún viejo se arrima a la baranda, estira el pescuezo, husmea detenidamente el cielo y moviendo afligido la cabeza se acuclilla de nuevo junto a los demás.

-Hum, esto va pa largo, ¿saben? Y los ríos se van a botar ajuera… Carambas, y si la cosa tupe nos vamos a tener que comer hasta los perros.

-Ujum…
Y fuman o mascan tabaco.

Felipe aprovecha el temporal haciendo hermosos trabajos: ya terminó el famoso ramo de doña Rosita. Jacinto se entretiene contando cuentos, que arregla a su manera. Nunca le falta auditorio, y los sencillos vecinos se divierten oyendo sus grandes mentiras. Los muchachos se arrodajan en el corredor y pasan las horas pendientes de los labios de Jacinto que, acurrucado sobre un banco, arrollado hasta las orejas en su cobija colorada, va hilvanando sus fantasías, no sin hacer de vez en cuando a sus oyentes la misma advertencia.

-No me echen cuechas en el piso. Estiren un poco el pescuezo y escupan ajuera.

Y vuelve a su relato:
-¿Por ónde iba? Ah, si, güeno… Entonces Tatica Dios le dijo a su pariente: “Así que ya sabés, Nue: lloverá cuarenta mil días y cuarenta mil noches, contadas con la mano. Te hacés el Arca y te metés allí con sólo una pareja’e cada animal. ¡Cuidado con la cuenta…”! Y el Hombre Güeno y Justo contrató a todos los carpinteros de la vecindá y ‘hicieron un Arca‘e puro cedro amargo, que era como un barco grandisísimo, como todas estas casas juntas. Y ya comenzaron a llegar, una tras de la otra, todas las parejas de animales habidos y por haber: hormiguitas, caballos, tigres, leones, elefantes…
Desde el interior interrumpe Felipe, burlón:
-¿Cómo hicieron pa’ que entraran los elefantes, que dicen que son del tamaño de una montaña?
-Esos son cuentos –afirma Jacinto- Los elefantes coloraos, que son los más grandes y juertes, apenas serán del tamaño de un cerro. Y el Hombre Güeno escogió dos acabaos de nacer, tan chiquiticos que tenía que darles chupón, y esos apenas serían como dos casas de éstas, encajadas una encima‘e la otra.

-Yo que Nue hubiera dejao a los bichos malos por juera, pa que se ahogaran- apunta uno de los oyentes.

-¡Ahí sí que no! Esos jueron los primeros que entraron. El Hombre Güeno y Justo no podía matar a sus nigüitas, ni sus piojitos, ni sus pulguitas, ni sus alepaticos…
Ríe el auditorio y se rascan algunos como si estuvieran tirados en sus camastros soportando, como siempre, a los bichos que el Hombre Güeno y Justo se empeñó en salvar.

-… y ya estaban todos los animales reuníos y acomodaos. Pero, ora verán: resulta que Jue tenía una suegra que era un demonio, como casi todas. Era muy vieja y fea y se ponía muchos polvos y colorete pa taparse las arrugas, y usaba unos vestidos con más colores que un arcu‘iris. ¡Y qué lengua que se gastaba la suegrita! Cuentos, enredos y habladas desde por la mañana hasta que anochyecía que ya el pobre Nue estaba azurumbao. Y el Hombre Güeno y Justo, quería aprovechar la oportunidad pa quitársela de encima. Entonces se jue a consultar con Tatica Dios. Y el Señor, onde lo vio llegar al Cielo, se puso a reír y le preguntó: “Idiay, ¿qué andás haciendo por aquí? ¿Ya tenés todos listo, como te lo dejé ordenao?” “Si, señor”, contestó Nue, “pero hay una cosa: yo podré estar encerrao los cuarenta mil días y las cuarenta mil noches con los tigres y los liones y las culebras; eso está bien. Pero lo que es con mi suegra no me encierro ni una semana. ¡eso si que no! Y alguna consideración le debe tener usté a su pariente, que está viejo y muy enfermo”- ”¿Y qué querés?” le preguntó el Señor. “Pos, que se la traiga pa acá de una vez”, dijo él. “¡Ave María Purísima!”, dijo el Señor, muy asustao; “¡Eso si que no te lo concedo, Nue! Yo tengo aquí cien mil vírgenes que están aguardando apenas que les toquen la lengua un poquito. ¡Dios guarde!, ¿si me las alborota esa vieja ónde me meto yo?” “Pos, mandémola entonces pal infierno”, dijo Nue. “Tampoco”, contestó el Señor; “vos sabés que aquél es enemigo mío, y no quiero que mañana, vaya a decir que yo me ando desquitando con cochinadas”, Y como el Hombre Güeno se puso muy afligido, el Señor después de pensar un rato, le dijo: “Andá vete tranquilo, que ya todo está arreglado. Y corré, porque ya voy echar el agua”. Y cuando Noe llegó al Arca, se encontró allí con un pajarraco muy raro; tenía plumas de todos colores, la cara arrugada y blanca, una lengua negra y gruesota, y estaba haciendo gran escándalo y peliando con las gallinas y con todos los animales. “Esta no es otra que mi suegra”, se pensó Nue. Y cogió el tal pajarraco, lo metió en una jaula de alambre y lo puso en el último rincón. Así jue como resultaron los papagallos, que no se conocían antes del Diluvio.

“Y entonces comenzó a llover y llover, mucho más juerte que ora. Y el agua comenzó a subir y subir, y el Arca también. Y el Hombre Güeno se puso muy triste y se pasaba arrecostao a la ventana, viendo la lluvia y mascando su cuecha. Vinieron entonces los elefantes que se habían quedao por juera, le dieron grandes cabezazos al Arca y le dijeron: “ Nos dejás entrar a nosotros también o te aplastamos el Arca” Y él les dijo: “No. Es orden de mi pariente‘e que sólo una pareja deje entrar”. Y todos los elefantes dijieron: “Que se haa su Santa Voluntá”, y se juegon y se ‘ hogaron. Llegaron después las hormiguitas y se pusieron a rogale: “Señor Nue, que nosotras somos muy chiquiticas y que en cualquier rinconcito nos acomodamos”. “No. Es orden de mi pariente‘e que sólo una parejita deje entrar”. “Que se haga su Santa Voluntá”, dijeron las hormigas y se jueron y se‘hogaron. Y lo mismo pasó con todos los animales. Después llegaron los hombres y mandaron el abogao, con gran bombín y todo, y él llegó a la ventana con muchos libros y leyes haciendo grandes alegatos y enredos. Pero Nue le dijo: “No. Por orden de mi pariente sólo yo me puedo salvar”. El abogao se puso muy bravo y dijo que esas preferencias estaban contra la ley y que él iba a poner gran pleito ante la Corte Celestial; y eso mismo aconsejó a los hombres. Pero éstos dijeron: “No. Que se haga la Santa Voluntá del Señor”. Y también se jueron y se‘hogaron todos.

“De último llegaron las mujeres y se acercaron a la ventana con muchas mañas y haciéndole ojitos al viejo. “¿Verdá, corazón, que vos tenés tu rinconcito pa tu negrita que te quiere tanto?”, y le jalaban el bigote y le hacían cosquillas en las orejas. Pero Nue era gallo-muy jugao y les dijo: “No, Con una mujer tengo y me sobra; y ojalá se juera con ustedes y se‘hogara también”. Entonces las mujeres se pusieron furiosas y comenzaron a llorar y hablar, y hablar y más hablar. Y pasaban los días y llovía y más llovía y el Arca iba subiendo, y ellas pegadas a la ventana, dele que dele con su lloradera y habladera, hasta que el pobre Nue se puso como loco y salió corriendo pa onde su pariente. El Señor, onde lo vió llegar, le preguntó: “¿Qué es lo que andás buscando por aquí?” “Nada”, dijo el hombre Güeno; “es que vengo a que me quite esas viejas de encima, no es tanto lo que lloran como lo que joden con su habladerea. Yo ya no las soporto”. “¿Y qué querés que haga yo? Ya sabés que a mí no me gusta meteme en esas vainas”, dijo el Señor muy disgustao. “Pos, usté se las trae pa acá y las acomoda por ahí, en algún rincón”. El Señor, al oír eso, se puso que echaba fuego‘epuro bravo; “¿Qué‘s lo que estás diciendo? ¡Eso nunca lo haré yo! ¡Aquí no quiero quebraderos de cabeza!” “Caramba, qué vaina”, dijo Nue muy afligío, “pos, mandémolas más que sea pal infierno” Y el Señor dijo: “Tampoco. No quiero qué aquel diga que yo me aprovechyo pa echarla la basura”. Y como el Hombre Güeno se puso muy triste, el Señor, después de pensarlo un ratico, le dijo: “Andá vete tranquilo, que ya todo está arreglao, Y no me vengás más aquí con tus jodederas, porque tenés que saber que yo estoy muy ocupao…”

Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 24 enero 2009.

30/01/2009 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 00:56

Alfonso Chase
Chesil Beach
Ian McEwan
Editorial Anagrama 2008

Ian McEwan (1948) ha escrito una historia de amor, en su última novela, dotada de la perfección de mostrarnos un universo sentimental, Florence y Edward son los protagonistas, el entorno social también lo es, en el tiempo suspenso, 1962, con todos los detalles de personajes secundarios, ambientes refinados, pero con la audaz propuesta de dos seres que se atraen, pero también se repelen, en esos dos universos mentales, físicos y afectivos, que determinan las relaciones humanas. Esta novela ha sido recibida por los lectores, y la crítica, con la recepción unánime de ser perfecta en su forma y en sus contenidos y en diversos países, incluido España, parece ser el libro del año. No es una obra de la melancolía o el desgaste de un tiempo que se abre a otra época, los sesenta, sino también un texto histórico que nos muestra el comportamiento íntimo de dos seres que se aman, se buscan en sí mismos, descubren su cuerpo, por medio del beso, la caricia mutua, eso que llamó desde su primer libro, el primer amor, todo descrito con una profundidad literaria admirable, aunque sus adversarios, creen que abusa de una frivolidad latente, en los cinco capítulos que le dan existencia.

¿Qué es lo que tiene de notable esta novela, breve podemos decir, y qué la diferencia de las otras obras de McEwan? Pienso que es una especie de síntesis de toda la anterior novelística del autor, pero en esta el pensamiento de los protagonistas, del pasado hacia el presente en su lectura, nos propone penetrar también en ese narrador que todo lo ve y lo describe: eran jóvenes, vivían, acababan de…, nos permite establecer una cierta distancia, sumergida en la época, en donde las costumbres, históricas, se adecuan también a una especie de silencio establecido entre los jóvenes, que habla mejor por lo que ellos se dicen, lleno de un lenguaje a veces hipócrita, convencional o discreto.

Como en toda la obra narrativa de este autor, incluidos sus cuentos, pareciera irrumpir, en esta obra, hacia una historia contada como una propuesta de lenguaje, así lo señaló la crítica, donde lo que se dice tiene un evasivo significado y solo la relación sexual, el tacto, el beso, la mirada, lo convencional de un matrimonio amoroso, con acercamientos y repulsiones, casi obviadas en el cortejo, terriblemente expuestas en la convivencia, casi súbita, diferida, en esa teoría narrativa de lo accidental como descubrimiento y desenlace, en una especie de mentira largamente meditada, que encubre la realidad de Florence. Lo realmente trascendente, y en lo que radica su perfección, es en la calidad de la prosa, el sentido histórico de la época, con sus confusas transformaciones, siendo también una visión de la sexualidad, cuando empezaban una serie de cambios hacia una mayor libertad compulsiva. Hacia el final, el narrador omnisciente toma el control de la narración y en frenéticas páginas conocemos, no solo el desenlace de la historia, sino el destino posterior de los protagonistas. El frío y ofendido silencio entre los que se quieren es quizás la más alta cima artística de la obra de un maestro, bella como todas las obras del autor, incluida una de mis favoritas: “Expiación”, que parece ser el término, también, para esta hermosa y entristecida narración.

La región mas transparente
Carlos Fuentes
Edición
Conmemorativa
Asociación de Academias de la Lengua Española 2009

Todos conocemos, afirmo, el valor de ruptura de esta novela, editada en 1958, por el Fondo de Cultura Económica, del autor Carlos Fuentes (1928). La que ahora se nos presenta es básicamente la misma, con algunos detalles de revisión del autor, más esclarecedores ensayos sobre el libro, detallados signos de valor cronológico, análisis de la obra, algunos ordenamientos, por sectores sociales, de los protagonistas, no ya personajes, en la materia viva de darnos una completa edición de una obra que lo amerita, como signo paradigmático de un cambio en el narrar latinoamericano de inicio de los años sesenta del siglo pasado, como que cumple cincuenta de haber sido editada y es un reconocimiento a los ochenta años de su autor.

Siendo una obra que conmovió a una época, por su gran valor literario, por el sentido de la experimentación, por su importancia social en la vida de México, el amplio valor político que allí se presenta, la descripción humana y de tensión psicológica del texto, el abrumador acopio de información sobre la historia de un país, más riqueza del léxico y la audacia de afirmarlo, la lectura, nueva, de la obra nos pone delante del valor real de Carlos Fuentes y el talento de combinar una gran cultura con todo aquello que, en diferentes niveles, constituye un fresco social, con dejos de la gran novela decimonónica europea, con las variadas y audaces tendencias de la vanguardia universal del siglo veinte, todo esto engarzado con personajes reales, deben de haberlo sido, caricaturas de la fauna urbana, nacimientos y endogamias familiares, que se van mezclando, todo a lo interno de lo que se pudo llamar, en su tiempo, los restos de la familia revolucionaria, 1910 a 1950, más los grandes temas amorosos, financieros, de oportunismo y arribismo psicológico social, a lo Balzac, por ejemplo. Obra que también debe leerse junto a las de Martín Luis Guzmán, José Revueltas, Luis Spota o Elena Garro, en diferentes niveles, para tener ante nuestros ojos un mural excepcional de un México que sigue inventándose a sí mismo, en la propia obra de Fuentes.

Esta edición tiene esclarecedores estudios, ensayos o comentarios de Gonzalo Celorio, José Emilio Pacheco, Vicente Quirarte, Nélida Piñón, entre otros, que aportan diferentes enfoques sobre la obra y la propia labor literaria de Fuentes, en un texto revisado por el autor, especialmente para esta edición.

Siendo una obra fundacional de un estilo de narrar, su valor parece ser perecedero y un acierto del propio autor el revisar, acomodar, clarificar, los lazos sociales entre los diversos protagonistas, dando pistas históricas, perfiles y detalles de personajes emblemáticos que pueblan esa antigua región más transparente, transformada por Fuentes en un paraíso tropical, según sea la intensidad de lo que se narra. para los que amamos esta novela, Ixca Cienfuegos, Gladys García, Rodrigo Pola, Norma Larragoiti, forman parte de nuestra propia historia. Una bella edición para un gran autor y de una obra considerada ya clásica, no solo de la literatura mexicana, sino universal.

La casa de Dostoievsky
Jorge Edwards
Premio Iberoamericano de Narrativa
Planeta Casa América 2008
Editorial Planeta 2008
Jorge Edwards (Chile, 1931) es un autor en la plenitud de su eficacia narrativa, con una obra anterior de relevancia, Premio Miguel de Cervantes 1999, escritor de esta novela, dentro de lo que ahora puede llamarse narrativa generacional, o de la melancolía, según estudiara brillantemente Svetlana Boym en su famoso, ahora, libro “The future of nostalgia”, que en el nuevo/viejo orden político ella llama como “hipocondría del corazón”. Es la historia del poeta, uno de esos personajes latinoamericanos que hemos visto vagar por diferentes capitales europeas, principalmente París, Madrid, Roma, procedente de algún país latinoamericano, signado por el amor, las utopías, los desastres, pero lejano de esos textos quejumbrosos, o lánguidos, sobre el desarraigo y el fracaso, pues la maestría narrativa de Edwars ha logrado crear un personaje reconocible, dudoso, a veces risible, pero siempre entrañable, viviendo momentos de su existencia, primero enamorado, luego desdeñado, con la imagen de Teresita, su amada, recorriendo los círculos de la memoria en París, La Habana y Santiago, previo a la caída de Pinochet. Lo importante del texto radica, a mi entender, en el valor histórico del mismo, del análisis del alma, si la tuviera del Poeta, así como su formación como un exitoso bueno para nada, cuya pasión más importante son la cultura y el amor. La novela transcurre con los detalles de la vida del protagonista, vastos para entender la época, las lecturas de las lecturas, las intermitencias del corazón y la intensa profusión de emociones que dan forma a un personaje de los más inolvidables en la narrativa de este autor.

Algo tiene de mágico este libro. No solo la maestría, la capacidad para crear un mundo y un ambiente que creíamos perdido, sino la pieza histórica que el autor ha creado, en un universo dramático, frívolo, a veces descarnado, todo ubicado en la precariedad de un hombre que escribe, ama y disfruta con ciertas reservas, propias de un espíritu bohemio. Las anécdotas no interesan tanto, pero dan forma a la historia, que resulta la de los múltiples latinoamericanos en París, más el peso del paisaje, la cultura, las reuniones, los amores amasados en la esperanza, donde Eulalio, Ernesto, Armando, tal vez solo se prepara para morir. Jorge Edwars ha escrito una novela sobre un personaje inolvidable, sin concesiones, donde el fracaso de hacer la obra, se derrite para dar paso a la gloria personal de haber vivido, amado, con intensidad, con humor y con sarcasmo, en lucha siempre contra los convencionalismos, la pobreza, la enfermedad.

El autor ha creado una obra de extraña limpidez literaria. Una historia del Chile intelectual, con detalles que solo él conoce y nosotros hacemos nuestros por la febril lectura de un libro hermoso, humorista y testimonial.

Revista Abanico, periódico La Prensa Libre 22 enero 2009.

27/01/2009 GMT 1

Acuses de recibo

marfuerte @ 01:58

Dichos y refranes costarricenses

Autor: Carlos Arauz

Editorial: Publicación del autor

Pedidos: 2229-1686

El autor Carlos Arauz hace un compendio de las sentencias habituales en el habla popular costarricense en el libro Dichos y refranes costarricenses .

En la contratapa del libro se llama la atención sobre la riqueza y variedad en las manifestaciones en el habla de los ticos: “Muchas son expresadas en frases floridas, divertidas y jocosas, sugestivas y significativas, joyas puras del común del pueblo, oralidades cotidianas creativas y elocuentes que enriquecen profusamente nuestro criollo acervo lingüístico”.

La noche de la iguana

Autor: Tennessee Williams

Editorial: Losada

Pedidos: 2522-4848

En el verano de 1940, cinco personas entrelazan sus vidas en un puerto mexicano. Entre el desborde de una naturaleza acuciante y el eco lejano de la angustia que se extiende por Europa, buscan un sentido para su existencia, una explicación del misterio que les impone buscar el dolor y aceptar la soledad. Así se presenta esta nueva edición del clásico de la obra de teatro de Tennessee Williams.

En la contratapa se resalta que esta es una de sus obras más hermosas y maduras, la cual cuenta con una gran calidad literaria.

Tramas y senderos

Autor: Fernando Araya

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

Este libro recoge las ideas del autor Fernando Araya –con respecto a temas relacionados con desarrollo humano y cultura– dados a conocer en artículos, conferencias, entrevistas y otros textos publicados desde 1978. Araya afirma que el denominador común de los escritos es la crítica a la “racionalidad totalitaria” en todas sus formas.

“El aporte central de esta obra es complementar, enriquecer y desarrollar el pensamiento filosófico, político y social que he venido expresando en varios de mis libros”, afirma Araya en la presentación.

Nosotros

Autores: Fernando Cerdas y Alicia Albertazzi

Edit.: Publicación de los autores

Pedidos: 2223-0484

Este libro recoge memorias, fotografías, dibujos y escritos literarios elaborados por los esposos Fernando Cerdas y Alicia Albertazzi.

La primera parte incluye algunas historias de Barrio Luján, recogidas de varias conversaciones que tuvieron los autores con Francisco Solano Morales. Una segunda parte recoge los poemas de Albertazzi, de los cuales Carmen Naranjo opina: “Es en sí una palabra pasada de moda, casi cursi: dulzura en esta época de violencia del ‘yo puedo y quiero más’”. Completan el libro un grupo de relatos y semblanzas.

Breve historia de la literatura costarricense

Autor: Álvaro Quesada Soto

Editorial: ECR

Pedidos: 2253-5354

La Editorial Costa Rica ofrece una reedición del ensayo del filólogo Álvaro Quesada Soto, quien hace un breve (144 páginas) repaso por la literatura nacional.

Albino Chacón destaca la manera ágil, amena y completa en que el autor emprende un recorrido por cien años de literatura.

“Los análisis, comentarios y observaciones de Quesada nos ofrecen, desde la literatura y mediante una visión de conjunto, una contextualización social, política y cultural que será de sumo provecho”, sostiene Chacón.

Suplemento Áncora. periódico LA Nación 18 enero 2009.

Librero

marfuerte @ 01:56

Esta música nuestra
Otto Castro (ed.)
Cartografías sonoras
Editorial Perro Azul
Pedidos: 2280-7990
Alberto Zúñiga
betofono65@gmail.com

¿De dónde viene la música calypso? ¿Qué aventuras sociales y culturales la anteceden? ¿Qué relación tienen estos calypsos con la identidad nacional costarricense? ¿Quiénes cantan y por qué cantan? ¿Por qué no figuran estas canciones en el repertorio de música nacional?

“Las posibles respuestas a estas interrogantes me guiaron a la necesidad de llevar a cabo algunos asomos a la investigación sobre esos temas”, ha dicho Manuel Monestel, sociólogo de profesión, musicólogo por vocación y director del grupo Cantoamérica.

Monestel se plantea aquellas preguntas en el texto por él titulado “Experiencia personal en un proceso investigativo musical del calypso limonense”, incluido en el libro Cartografías sonoras. Del tambito al algoritmo. Una aproximación a la música en Costa Rica .

Así como Montestel, otros profesionales de la música, la educación y la producción artística abordan el tema de nuestros ritmos nacionales en ese reciente libro, parte de la colección Miradas Subjetivas, de la Editorial Perro Azul. El libro se realizó por encargo del Centro Cultural de España.

La obra nos pronostica ligeros pero intensos claros en los nublados del día que existen por doquier sobre el caso de las músicas nacionales. En un momento de disgregación temática, este compendio exhibe dos valores singulares: la heterogeneidad de opiniones conteni-das, así como la abundancia de testimonios logrados en la música.

El compilador del libro es Otto Castro Solano, director del proyecto Oscilador, de música electroacústica. Él comentó respecto a su trabajo de compilación: “Tuvo por objetivo dar un panorama general de la música costarricense actual. Escogimos a críticos, artistas y gestores culturales que propusieran una ruta de contemplación de los sonidos: de los ecos que pueblan las aristas de la realidad musical costarricense. Todo está dentro de un contexto actual”.

Para Castro, el libro es un documento que resalta mucho de nuestro patrimonio intangible, desde la música emotiva de Guanacaste hasta las composiciones matemáticas realizada por medio de computadoras y lenguajes de programación, como la música electroacústica.

De todo eso trata este libro. Su lectura ofrece argumentos y orienta en la búsqueda de respuestas a las innumerables preguntas que siempre nos hacemos cuando hablamos de nuestras músicas.

En el libro hay un poco de todo, pero no todo está dicho. No todos los géneros o estilos de la inmensa producción musical, de la que hoy somos testigos y protagonistas, están expuestos en sus páginas; pero esta suma de opiniones es un buen inicio en el intento de ordenar y comprender nuestra expresión cultural en los terrenos de la música, sea esta de carácter popular o no, y de la que tanto oímos y tan poco sabemos.

Los artículos contenidos en este libro son:

“Entre el pasado y el presente se construye la cultura tradicional de Guanacaste”, de Raziel Acevedo.

“Música abierta. Apuntes necesarios para la memoria”, de Nerina Carmona.

“La música electroacústica en Costa Rica”, de Otto Castro.

“La cumbia en Costa Rica. El swing criollo”, de Bary Chaves Torres.

“Una perspectiva de cambio social por medio de la música en la educación de la juventud costarricense del siglo XXI”, de Guillermo Rosabal.

“Experiencia personal en un proceso investigativo musical del calypso limonense”, de Manuel Monestel.

“Quítate la paja del ojo. Una visión del rock tico en siete estaciones”, de Ana María Parra y Darren Mora.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 18 enero 2009.

Construir un escritor

marfuerte @ 01:54

Literatura

‘Calufa’ La obra del escritor Carlos Luis Fallas fue también una bandera de intensa lucha política
Iván Molina Jiménez | ivan.molina@ucr.ac.cr
En julio de 1942, el embajador de Estados Unidos, Robert M. Scotten, se refirió a Mamita Yunai , de Carlos Luis Fallas, como “una de las novelas más inteligentemente escritas que Costa Rica ha producido en este siglo”.

Aunque no se sabe si Scotten había leído la novela o solo la conocía por referencia, su punto de vista es un indicador del empeño de los comunistas por construir, a Fallas, una identidad literaria que complementara la que ya tenía de luchador social.

En la década de 1930, la reputación de Fallas entre los diplomáticos estadounidenses destacados en San José era muy distinta. El 26 de mayo de 1933, Charles C. Eberhardt, al informar sobre el enfrentamiento entre desempleados y policías ocurrido el día 22, señalaba: “Los desórdenes […] se dice que fueron iniciados por un tal Fallas, un líder comunista de Alajuela”.

A su vez, durante la gran huelga bananera de septiembre de 1934, Leo R. Sack advertía que las autoridades habían fracasado en capturar “a algunos de los líderes más violentos, incluido Carlos Luis Fallas, quien, con una cuadrilla de 50 alborotadores, logró escapar”.

Sack proseguía: “Se espera que Fallas ahora lleve a cabo una campaña de guerrillas, golpeando aquí, allá y en todas partes, con el propósito de causar tantos problemas como sea posible, incluida la quema de puentes, la destrucción de líneas ferroviarias, el saqueo y la quema de comisariatos, y el aterrorizar a los vecinos. Costarricenses que conocen la situación están comenzando a comparar ya la tarea de capturar a Fallas y sus hombres en un país montañoso y selvático con la tarea [de] capturar al finado líder revolucionario Sandino, en las distantes montañas de Nicaragua”.

A partir de 1935, el Partido Comunista de Costa Rica (PCCR) empezó a abandonar el “ultraizquierdismo” discursivo de sus primeros años, a medida que consolidaba su inserción en el sistema político. Fallas no se exceptuó de tales procesos: en 1940 fue postulado a regidor propietario a la Municipalidad de San José y a diputado, y se adjudicó la primera de esas plazas. Fallas podía intentar otra vez llegar al Congreso en 1942 puesto que las elecciones legislativas se efectuaban entonces cada dos años.

En ese específico contexto político y electoral de 1940, Fallas participó en un concurso para escoger la mejor novela latinoamericana convocado por la editorial estadounidense Farrar & Reinhart. En este certamen compitieron las obras previamente seleccionadas por los jurados designados en cada país.

Según indicó Emilia Prieto en diciembre de 1940, “ Mamita Yunai no obtuvo ni siquiera una mención de parte del Jurado que falló en el asunto”. Debido a lo anterior, los comunistas se preguntaron:

“¿Por qué […] el jurado pasó desapercibida la obra de nuestro compañero? Don Joaquín García Monge, miembro del Jurado, dijo que la decisión de este tribunal en el presente concurso, reflejaba la lucha política del momento. ¿Qué quiso significar el señor García Monge con estas palabras? Don Roberto Brenes Mesén, miembro del Jurado, al referirse el lunes pasado por radio, con frase elogiosa a la obra de Fallas, declaró que por ‘razones especiales’ no había sido considerada como novela. ¿Qué quiso decir con esto el señor Brenes Mesén? Mucho le agradeceríamos ampliara este concepto. ¿Habrá servido el Jurado –sin darse cuenta tal vez– a los intereses del imperialismo yanqui?”.

Homenaje. La descalificación de Mamita Yunai fue muy sentida por los comunistas por tres razones distintas, pero complementarias: primero, porque no ayudaba a la carrera política de Fallas; segundo, porque desconocía el desarrollo inte-lectual que un trabajador como él había tenido con base en su experiencia comunista; tercero, porque desvalorizaba la literatura socialmente comprometida que el PCCR impulsaba en el país.

Para agravar más la situación, en el jurado que descalificó la novela participaban dos de los intelectuales más reconocidos del país, Brenes Mesén y García Monge, este último editor del célebre Repertorio Americano .

Una valoración sistemática de Mamita Yunai y de su autor fue la respuesta inmediata de los comunistas a la descalificación indicada. En diciembre de 1940, Prieto terminó un extenso comentario de la novela con la siguiente afirmación: “Fallas con su libro, puesto en una posición creadora por revolucionaria, contribuye eficazmente a construirnos patria intelectual”.

Emilio Valverde, a quien los comunistas definieron como “uno de nuestros mejores críticos literarios”, señaló que la obra de Fallas “recuerda al Don Segundo Sombra , la mejor novela latinoamericana”. Por su parte, Carmen Lyra expresó: “La novela de Fallas es la novela de más recia musculatura escrita dentro del ambiente costarricense que yo he leído”.

La campaña anterior se intensificó tras la publicación de Mamita Yunai . El 28 de julio de 1941, la dirigencia del PCCR organizó una presentación-homenaje, al tiempo que el semanario Trabajo promovía la venta del libro. Una de las células de Alajuela decidió lo siguiente:

“Como algunos compañeros no pueden comprar la novela del camarada Fallas [valía dos colones, el salario diario de un peón], han resuelto rifar, cada vez que se reúnen, un ejemplar entre los asistentes […]. Están propuestos los camaradas de Alajuela a que Fallas sí sea profeta en su tierra y a que se conozca bien en esa provincia la obra escrita por un trabajador, que según opinión autorizada, no vale menos que la de Ciro Alegría [ El mundo es ancho y ajeno ] que fue el vencedor en el Concurso del Continente”.

Identidad. El énfasis en la doble identidad de Fallas –luchador social y escritor– fue enfatizada por los comunistas en enero de 1942, cuando lo postularon otra vez al Congreso: “Fallas, el Gorki nuestro, tan inteligente y tan abnegado que lo mismo se pone al frente de la Huelga del Atlántico que escribe la novela más fuerte de Centroamérica: Mamita Yunai ”.

Sin embargo, fuera del círculo comunista, fue limitado el reconocimiento dado Fallas y al tipo de literatura que él escribía. Esto se evidenció de nuevo en 1946, cuando Fallas presentó su segunda novela, Gentes y gentecillas , en un concurso patrocinado por la Universidad de Costa Rica.

De acuerdo con los comunistas, “si se tratara de otro país […], la novela de Fallas habría ocupado lugar preferente. Igual podríamos decir de la novela de Fabián Dobles. A las dos las premiaron con una cosa que, para no enojar a las gentes, han dado en llamar ‘Mención Honorífica’”.

A este resultado, los comunistas respondieron con una nueva campaña para resaltar la identidad literaria de Fallas, quien fue calificado de “gran escritor”, “celebrado autor” y, “a juicio de la crítica extranjera y nacional, el mejor novelista de Costa Rica”.

Los comunistas consideraron Gentes y gentecillas (1947) “el mejor libro salido de su pluma”, pero su promoción fue mucho más limitada que la de Mamita Yunai . Probablemente, a esto contribuyó la intensa lucha política que concentró los esfuerzos y recursos del PCCR en esos años. Construir la identidad literaria de Fallas y legitimar la literatura que él producía fueron otras más de las tantas luchas que los comunistas libraron en el decenio de 1940.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 18 enero 2009.

Viajero que cuenta

marfuerte @ 01:52

Literatura
Nuevos relatos Uriel Quesada presenta un libro y conversa sobre las letras de consenso y de disentimiento
Darío Chinchilla Ugalde | dariochinchilla@nacion.com
Uriel Quesada (1962) vuelve con historias en el equipaje. El autor costarricense trae su más reciente “cuentario” Viajero que huye , el cual presentó esta semana en el país bajo el sello Uruk Editores. Sus relatos les dan peso y volumen a personajes que, en una sociedad conservadora, viven en el más allá de las “buenas costumbres”.

“Las lectores y los lectores chauvinistas, homofóbicos, misóginos y racistas verán en los cuentos contenidos en Viajero que huye un peligro para el precario y estrecho refugio de sus miedos”, reseña la escritora Tatiana Lobo.

Compañero de generación de Dorelia Barahona, Carlos Cortés y Rodrigo Soto, a Quesada le gusta zafarse de las etiquetas generacionales y, más bien, defiende la pluralidad de estilos e intereses.

Uriel Quesada reside en Estados Unidos desde 1997. Actualmente vive en Baltimore, en el estado de Maryland. Confiesa que allí escribe y lee, y que en sus tiempos libres enseña español en una pequeña universidad en Westminster.

El Café Latino, en San José, fue sitio para conversar con el autor sobre literatura. Al pie del negocio –situado en la Librería Lehmann–, el torrente de personas de la calle hacía competencia al desfile de personajes de sus relatos.

Después de su novela El gato de sí mismo, usted vuelve al cuento. ¿Cuál valor narrativo encuentra en este género?

El cuento ofrece desafíos que me atraen: sus especificidades técnicas, su estructura, y hacerlo todo en el menor espacio posible. En él encuentro todas las posibilidades narrativas con un control muy grande que impone la forma y la economía de medios. Dicen que a la novela todo le cabe; yo creo que al cuento también.

¿Hay algún tema recurrente en Viajero que huye ?

Sí; vuelvo a explorar el tema del viaje como en Lejos, tan lejos . También hay una mayor diversidad de personajes, referencias a espacios geográficos concretos y a acontecimientos históricos, como la muerte de Yolanda Oreamuno, los procesos de reforma del Estado de principios de los 90 y el cambio que ha sufrido el país en cuanto a sus percepciones de ‘lo moral’.

Sus personajes suelen vivir al margen de lo dictado por el statu quo . ¿Hay una relación de esos personajes marginales con el viajero autoexpatriado?

Ahora es más evidente que vivimos en una sociedad que está llena de “otros”. Al igual que el expatriado, el homosexual, el negro, la mujer, el indígena, la persona que no es religiosa también son los “otros”. La literatura que me parece más interesante es la que se cuestiona la homogeneidad social, política o cultural desde la diferencia, desde una voz que diga que los consensos pueden ser violentos y que ciertas nociones que creíamos que eran viables o deseables quizá ya no lo sean.

¿Cuáles son algunos ejemplos de esa literatura?

Parte de la obra del colombiano Fernando Vallejo es así; él escribe con una furia que dice: ‘Sí, yo soy todas estas cosas que se recriminan pero, desde allí, disparo mis tiros a lo establecido’. Pedro Lemebel, en Chile, es un escritor que ha hecho una crítica feroz no solo del proyecto de Pinochet, sino del proyecto democrático posterior, también desde su diferencia.

“Otro es Junot Díaz, autor de La breve y maravillosa vida de Oscar Wao , una novela sobre el dictador Trujillo, pero que no cae en ninguna forma de glorificación de él. Es un relato que no parte desde ese tipo de acuerdo que considera al dictador como un ser excepcional –incluso Vargas Llosa lo construye así en La fiesta del Chivo –, sino que lo plantea como un consumado criminal.

¿Identifica otros autores que dan la palabra a minorías sociales de Costa Rica?

Lo han hecho Alexander Obando, Anacristina Rossi y Tatiana Lobo, pero me parece que falta más. Yo no tengo un buen acceso a los libros costarricenses más recientes; sin embargo, en lo poco que leo siento que hay relatos muy bien escritos, pero que parten de una base muy conservadora, de cierto consenso ideológico. Extraño una mayor presencia y visibilidad de las minorías. Por ejemplo, ¿quién escribe literatura afrocostarricense? En muchos sentidos, nuestra visión de ese grupo humano es todavía del Valle Central, con su especificidad étnica y racial.

La temática gay aparece recurrentemente en su obra. ¿Cuáles consensos rompe esta presencia?

El hecho de asumirme como intelectual homosexual fue muy importante para esa ruptura. En Costa Rica había antecedentes de una literatura en la cual uno podía entender, o sobreentender, que implicaba el tema de las minorías sexuales; sin embargo, los autores y los pocos críticos evitaban hablar de ello: ese era el consenso.

“Así se constituyó lo que yo llamo una ‘literatura del closet ’. Por ejemplo, José Ricardo Chaves tiene un cuento muy hermoso en el que un personaje constantemente se traviste. Sin embargo, yo he leído análisis que lo abordan como una historia sobre las relaciones de pareja, dejando por completo de lado la problemática del travestismo o la homosexualidad.

¿Cuáles otros autores practican este tipo de literatura en Hispanoamérica?

El concepto de literatura gay es bastante reciente, aunque los libros sobre personas homosexuales –hombres o mujeres– han existido desde siempre. En Latinoamérica ha habido personajes muy notables, como Salvador Novo en México, Cristina Peri Rossi en el Uruguay, y Fernando Vallejo en Colombia. La visibilidad que llega a obtener una literatura que reflexiona sobre las minorías sexuales le debe mucho al feminismo de los años 60 y 70, el que fue evolucionando y abriendo espacios hacia otro tipo de reflexión.

De hecho, un proyecto exitoso en cuanto a la apertura de espacios en la literatura, fue el emprendido por las autoras costarricenses…

Exacto; eso se corresponde con un proceso de lucha y apertura política. Esa literatura femenina no surge de la nada: existían preocupaciones que empezaron a calar. La literatura es un producto cultural y político. Es buena esa reflexión que han hecho las mujeres, que en ocasiones fue radical; pero muchas veces es sano ser radical. Cuando hay que romper con algo, no se puede actuar con paños tibios.

¿Sobre cuáles temas de la Costa Rica actual le gustaría leer?

Me parece que el tema de las migraciones y el de las nuevas redes sociales son interesantes. Por otra parte, a mí me encantaría leer una extraordinaria novela policiaca costarricense. Desde el punto de vista de la corrección política, todos deberíamos rechazar la violencia, pero creo que hay una fascinación muy grande por ella aquí en Costa Rica.

“Tal vez sea más interesante leer una novela policiaca fallida que seguir leyendo novelas sobre los abuelitos o el valor de la familia. El país es más sofisticado de lo que la gente percibe. Costa Rica es lo suficientemente compleja como para proveer una literatura muy rica, excitante y rebelde; pero no sé si realmente queremos ser rebeldes.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 18 enero 2009.

20/01/2009 GMT 1

El viaje del elefante

marfuerte @ 02:19

Este es el inicio de la más reciente novela del escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago, El viaje del elefante”, basada en un viaje de Lisboa a Viena realizado por un elefante asiático llamado Salomón en el siglo XVI. Un libro de alrededor de 250 páginas, editado por Alfaguara.
Por más incongruente que le pueda parecer a quien no ande al tanto de la importancia de las alcobas, sean éstas sacramentadas, laicas o irregulares, en el buen funcionamiento de las administraciones públicas, el primer paso del extraordinario viaje de un elefante a Austria, que nos proponemos narrar, fue dado en los reales aposentos de la corte portuguesa, más o menos a la hora de irse a la cama. Quede ya registrado que no es obra de la simple casualidad que hayan sido aquí utilizadas estas imprecisas palabras, más o menos. De este modo, quedamos dispensados, con manifiesta elegancia, de entrar en pormenores de orden físico y fisiológico algo sórdidos, y casi siempre ridículos, que, puestos tal que así sobre el papel, ofenderían el catolicismo estricto de don Juan, el tercero, rey de Portugal y de los Algarbes, y de doña Catalina de Austria, su esposa y futura abuela de aquel don Sebastián que irá a pelear a Alcácer-Quivir y allí morirá en el primer envite, o en el segundo, aunque no falta quien afirme que feneció por enfermedad en la víspera de la batalla.

Con ceñuda expresión, he aquí lo que el rey comenzó diciéndole a la reina, Estoy dudando, señora, Qué, mi señor, El regalo que le hicimos al primo Maximiliano, cuando su boda, hace cuatro años, siempre me ha parecido indigno de su linaje y méritos, y ahora que lo tenemos aquí tan cerca, en Valladolid, como regente de España, a un tiro de piedra por así decir, me gustaría ofrecerle algo más valioso, algo que llamara la atención, a vos qué os parece, señora, Una custodia estaría bien, señor, he observado que, tal vez por la virtud conjunta de su valor material con su significado espiritual, una custodia es siempre bien recibida por el obsequiado, Nuestra iglesia no apreciaría tal liberalidad, todavía tendrá presente en su infalible memoria las confesas simpatías del primo Maximiliano por la reforma de los protestantes luteranos, luteranos o calvinistas, nunca lo supe seguro, Vade retro, satanás, que en tal no había pensado, exclamó la reina, santiguándose, mañana tendré que confesarme a primera hora, Por qué mañana en particular, señora, si es vuestro hábito confesaros todos los días, preguntó el rey, Por la nefanda idea que el enemigo me ha puesto en las cuerdas de la voz, mirad que todavía siento la garganta quemada como si por ella hubiera rozado el vaho del infierno. Habituado a las exageraciones sensoriales de la reina, el rey se encogió de hombros y regresó a la espinosa tarea de descubrir un regalo capaz de satisfacer al archiduque Maximiliano de Austria. La reina bisbiseaba una oración, comenzaba ya otra, cuando de repente se interrumpió y casi gritó, Tenemos a salomón, Qué, preguntó el rey, perplejo, sin entender la intempestiva invocación al rey de Judea, Sí, señor, salomón, el elefante, Y para qué quiero aquí al elefante, preguntó el rey algo enojado, Para el regalo, señor, para el regalo de bodas, respondió la reina, poniéndose de pie, eufórica, excitadísima, No es regalo de bodas, Da lo mismo. El rey aseveró lentamente con la cabeza tres veces seguidas, hizo una pausa y aseveró otras tres veces, al final de las cuales admitió, Me parece una idea interesante, Es más que interesante, es una buena idea, es una idea excelente, insistió la reina con un gesto de impaciencia, casi de insubordinación, que no fue capaz de reprimir, Hace más de dos años que ese animal llegó de la india, y desde entonces no ha hecho otra cosa que no sea comer y dormir, el abrevadero siempre lleno de agua, forraje a montones, es como si estuviéramos sustentando a una bestia que no tiene ni oficio ni beneficio, ni esperanza de provecho, El pobre animal no tiene la culpa, aquí no hay trabajo que sirva para él, a no ser que lo mande a los muelles del tajo para transportar tablas, pero el pobre sufriría, porque su especialidad profesional son los troncos, que se ajustan mejor a la trompa por la curvatura, Entonces que se vaya a Viena, Y cómo iría, preguntó el rey, Ah, eso no es cosa nuestra, si el primo Maximiliano se convierte en su dueño, que él lo resuelva, suponiendo que todavía siga en Valladolid, No tengo noticias de lo contrario, Claro que hasta Valladolid salomón tendrá que ir a pata, que buenas andaderas tiene, Y a Viena también, no habrá otro remedio, Un tirón, dijo la reina, Un tirón, asintió el rey gravemente, y añadió, Mañana le escribiré al primo Maximiliano, si él acepta habrá que concretar fechas y realizar algunos trámites, por ejemplo, cuándo pretende marcharse a Viena, cuántos días necesitará salomón para llegar de Lisboa a Valladolid, de ahí en adelante ya no será cosa nuestra, nos lavamos las manos, Sí, nos lavamos las manos, dijo la reina, pero, en su fuero interno, que es donde se dilucidan las contradicciones del ser, sintió un súbito dolor por dejar que se fuera salomón solo para tan distantes tierras y tan extrañas gentes.

Al día siguiente, por la mañana temprano, el rey mandó llamar al secretario Pedro de Alcáçova Carneiro y le dictó una carta que no le salió bien a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, y que tuvo que ser confiada por entero a la habilidad retórica y al experimentado conocimiento de la pragmática y de las fórmulas epistolares usadas entre soberanos que adornaban al competente funcionario, el cual en la mejor de las escuelas posibles había aprendido, la de su propio padre, Antonio Carneiro, de quien, por muerte, heredó el cargo. La carta quedó perfecta tanto de letra como de razones, no omitiéndose siquiera la posibilidad teórica, diplomáticamente expresada, de que el regalo pudiera no ser del agrado del archiduque, que tendría, aun así, todas las dificultades del mundo en responder con una negativa, pues el rey de Portugal afirmaba, en un párrafo estratégico de la carta, que en todo su reino no poseía nada más valioso que el elefante salomón, ya fuera por el sentimiento unitario de la creación divina que relaciona y emparienta a las especies unas con otras, hasta hay quien dice que el hombre fue hecho con las sobras del elefante, ya fuera por los valores simbólico, intrínseco y mundano del animal. Fechada y sellada la carta, el rey dio orden de que se presentara el caballerizo mayor, hidalgo de su plena confianza, al que le resumió la misiva, luego le ordenó que eligiese una escolta digna de su condición pero, sobre todo, a la altura de la responsabilidad de la misión que le había sido encomendada. El hidalgo le besó la mano al rey, que le dijo, con la solemnidad de un oráculo, estas sibilinas palabras, Que seáis tan rápido como el gavilán y tan seguro como el vuelo del águila, Sí, mi señor. Después, el rey cambió de tono y dio algunos consejos prácticos, No necesitáis que os recuerde que podréis mudar de caballos todas las veces que sean necesarias, las postas no están ahí para otra cosa, no es hora de ahorrar, voy a mandar que refuercen las cuadras, y, ya puestos, si es posible, para ganar tiempo, opino que deberéis dormir sobre vuestro caballo mientras él va galopando por los caminos de castilla. El mensajero no comprendió el burlón juego o prefirió dejarlo pasar, y se limitó a decir, Las órdenes de vuestra alteza serán cumplidas punto por punto, empeño en eso mi palabra y mi vida, y se retiró sin dar la espalda, repitiendo las reverencias cada tres pasos. Es el mejor de los caballerizos, dijo el rey. El secretario decidió callar la adulación que supondría responder que el caballerizo mayor no podría ser ni portarse de otra manera, puesto que había sido escogido personalmente por su alteza. Tenía la impresión de haber comentado algo semejante no hacía demasiados días.

Ya en aquel momento le vino a la memoria un consejo del padre, Cuidado, hijo mío, una adulación repetida acabará inevitablemente resultando insatisfactoria, y por tanto será como una ofensa. Así pues, el secretario, aunque por razones diferentes a las del caballerizo mayor, prefirió también callarse. Fue durante este breve silencio cuando el rey dio voz, finalmente, a un cuidado que se le había ocurrido al despertar, Estaba pensando, creo que debería ir a ver a salomón, Quiere vuestra alteza que mande llamar a la guardia real, preguntó el secretario, No, dos pajes son más que suficientes, uno para los recados y otro para ir a enterarse de por qué no ha regresado todavía el primero, ah, y también el señor secretario, si me quiere acompañar, Vuestra alteza me honra mucho, por encima de mis merecimientos, Tal vez para que pueda merecer más y más, como su padre, a quien dios tenga en gloria, Beso las manos de vuestra alteza, con el amor y respeto con que besaba las suyas, Tengo la impresión de que eso sí que está por encima de mis merecimientos, dijo el rey, sonriendo, En dialéctica y en respuesta rápida nadie gana a vuestra alteza, Pues mire que hay quien va diciendo por ahí que los hados que presidieron mi nacimiento no me dotaron para el ejercicio de las letras, No todo son letras en el mundo, mi señor, visitar al elefante salomón en este día es, como quizá se acabe diciendo en el futuro, un acto poético, Qué es un acto poético, preguntó el rey, No se sabe, mi señor, sólo nos damos cuenta de que existe cuando ha sucedido, Pero yo, por ahora, sólo he anunciado la intención de visitar a salomón, Siendo palabra de rey, supongo que habrá sido suficiente, Creo haber oído decir que, en retórica, a eso lo llaman ironía, Pido perdón a vuestra alteza, Está perdonado, señor secretario, si todos sus pecados son de esa gravedad, tiene el cielo garantizado, No sé, mi señor, si éste será el mejor tiempo para ir al cielo, Qué quiere decir con eso, Viene por ahí la inquisición, mi señor, se han acabado los salvoconductos de confesión y absolución, La inquisición mantendrá la unidad entre los cristianos, ése es su objetivo, Santo objetivo, sin duda, mi señor, resta saber con qué medios lo alcanzará, Si el objetivo es santo, santos serán también los medios de que se sirva, respondió el rey con cierta aspereza, Pido perdón a vuestra alteza, además, Además, qué, Os ruego que me dispenséis de la visita a salomón, siento que hoy no sería una compañía agradable para vuestra alteza, No os dispenso, necesito absolutamente de vuestra presencia en el cercado, Para qué, mi señor, si no estoy siendo demasiado osado al preguntar, No tengo luces para comprender si va a suceder lo que llamó acto poético, respondió el rey con una media sonrisa en que la barba y el bigote dibujaban una expresión maliciosa, casi mefistofélica, Espero vuestras órdenes, mi señor, Siendo las cinco, quiero cuatro caballos a la puerta de palacio, recomendad que el que he de montar sea grande, gordo y manso, nunca he sido de cabalgadas, y ahora todavía menos, con esta edad y los achaques que trae, Sí, mi señor, Y elija bien los pajes, que no sean de esos que se ríen por todo y por nada, me dan ganas de retorcerles el cuello, Sí, mi señor.

Suplemento Los Libros. Semanario Universidad 14 enero 2009

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