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RESONOCO

Categoría: Libros

31/07/2008 GMT 1

La biblioteca infinita de Borges

marfuerte @ 03:06

Sergio Ramírez | www.sergioramirez.com@nacion.com

Declaro fidelidad eterna a mis libros

escritor

Apareció en el mercado el libro irreal que es capaz de contener todos los libros, como si se tratara de una vieja propuesta de Borges, que en sus sabias fantasmagorías inventivas, supo adivinar, entre otras cosas, el futuro de la lectura: el libro infinito que cabe en la palma de la mano, y se puede meter en el bolsillo. El libro que es a la vez una biblioteca. La biblioteca que a su vez es todas las bibliotecas, y no tiene límites.

Amazon ofrece su artilugio Kindle, que tiene el tamaño de un libro normal, 13x19 centímetros, y pesa 10 onzas. Su pantalla ofrece la textura del papel mate (libre de ácidos, deberíamos decir, y así nunca se pondrá amarillo), una superficie de lectura perfecta, que no brilla y no ofende los ojos. Pero en la página que uno tiene a la vista, además, se puede elegir el tamaño y el tipo de letra más adecuado al gusto propio, y a la propia capacidad de visión de cada quien.

Allí comienzan, apenas, los atractivos de este libro de los libros electrónico, pero estas no son ventajas exclusivas suyas. A mí me pasó hace poco, que buscando El banquete, de Platón, para una consulta, fui al tomo de mi biblioteca y me di cuenta de que no podía con aquella letra menuda impresa en papel cebolla.

Lo busqué, entonces, en línea en mi computadora, lo bajé, y pude poner sus páginas en la fuente de letra que más me gusta, que es la Georgia, y en 14 puntos, el tamaño definitivamente más agradable para mí.

Libro imperecedero. Me di cuenta entonces de que estaba trasponiendo una puerta prohibida, nada menos que sustituir la lectura de uno de mis viejos libros reales, por otro que de verdad no existe, que sólo es figurado, pero que, para los efectos, cumple con la misma función: informar, formar, transmitir conocimientos, divertir, deleitar. Y esto que aún no me hallaba en el reino del libro imperecedero, la biblioteca sin fin que es Kindle.

Porque volvamos al principio: Kindle es una terminal para bajar del espacio cibernético todos los libros que uno quiera, en el término de un minuto. La biblioteca de Borges. Podemos ordenarle un libro que queremos leer, y lo baja por sí solo, sin necesidad del auxilio de una computadora.

Tampoco necesita de cables ni alambres, pues opera a través de la red EVDO de alta velocidad, y por eso mismo uno puede bajar un libro en cualquier lugar donde se encuentre, en la calle, en la oficina, en su casa, en un aeropuerto, y bajarlo en ese brevísimo tiempo de un minuto, quizás unas diez veces menos de lo que tardaría el bibliotecario en localizarlo en los estantes de una biblioteca más que eficiente, y traérnoslo.

La existencia en los estantes virtuales a disposición de Kindle es, por el momento, de 120.000 libros, el tamaño de una biblioteca respetable, y al bajarlos, puede almacenar doscientos de ellos. Pero pregunten en un año y verán que esa cantidad ha crecido ya muchas veces, de modo que, cuando nos digan pronto que ya existe un millón de títulos disponibles, y que Kindle puede guardar mil, no habrá por qué extrañarse.

Derechos triplicados. Y es también una librería, algo que desborda ya al mismo Borges, que se imaginó perdido en los laberintos de una biblioteca infinita, pero no en los de una tienda virtual donde los libros se compra con tarjeta de crédito. Por el momento, se ofrecen a mitad de lo que valen en las librerías reales. Y en los estantes hay también periódicos, los más importantes del mundo en diversos idiomas, lo mismo que revistas; se puede consultar la Wikipedia, y acceder también a una lista de blogs. Y, buena noticia para los escritores, sus derechos de autor resultan triplicados.

Habrá mucha basura, seguramente, entre las ofertas de Kindle, libros mediocres, libros más o menos, y libros muy buenos, entre clásicos y modernos, que es lo mismo que ocurre cuando uno se enfrenta a las mesas de novedades y a los estantes de una librería real. Ya están enlistados, por el momento, los infaltables best sellers . E igual que en la librería real, en Kindle uno puede comprar viendo primero la portada, y lo que dice la contraportada, y leer un capítulo de manera gratuita. Un manoseo, eso sí, a través de la pantalla que hace de página.

Todos los libros que uno quiera en la palma de la mano, entonces. Comprar a mitad de precio, y evitarse salir de la librería cargado con bolsas que luego no halla uno donde colocar, y que siempre reclaman un lugar en los estantes ya agobiados de nuestra biblioteca, que ya no dan para más.

Solo memoria. Y, para mayor ventaja, ahora se trata de libros que no serán capaces de molestarnos recordándonos con su presencia que ya tenemos demasiados, y que no avanzamos más que lentamente en cumplir con leerlos. Entramos en ese sueño terrible de los estantes vacíos, o de los estantes desaparecidos por inútiles. Todo estará guardado en nuestro bolsillo, en las entrañas del libro compacto que no tiene páginas, solo memoria.

Lo dicho en los párrafos anteriores puede sonar como una propaganda entusiasta de mi parte, y además, gratuita. Pero hay un pelo en la sopa, aunque la sopa sea de letras, y es lo mismo que dice la vieja canción: un viejo amor, ni se olvida ni se deja. Debo fidelidad eterna a mis libros, los libros de verdad, y así lo declaro.

Libros reales que han andado conmigo por el mundo entre penas y exilios, comprados de segunda mano en viejas librerías, o nuevos, aún sus cuadernillos vírgenes, cuando aún se imprimían aquellos libros sin refilar que era necesario rasgar con un abrecartas. Libros cada uno con su peso y con su aroma, su olor a tinta en mis narices, la tersura de sus páginas en mis manos, la intimidad que ganamos entre ellos y yo desde hace tiempo siempre viva, compañía para siempre en la isla desierta.

Libros de tersa textura impresos en el viejo papel que nos deparan los bosques silenciosos, libros que abrimos y olemos por primera vez con esa sensualidad que sólo ellos nos regalan. Libros que produzcan entre nuestros dedos el mismo rumor familiar cuando pasamos sus páginas.

Madrid, mayo del 2008.
periódico La Nación 25 mayo 2008.

30/07/2008 GMT 1

La realidad invisible

marfuerte @ 02:24

Poeta esencial El jueves 29 se cumplirán 50 años de la muerte de Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de 1956

Carlos Francisco Monge | cfmonge@hotmail.com
“Al artista, en general, solo hay que buscarlo en su obra” dijo en alguna ocasión el poeta Juan Ramón Jiménez. Se había propuesto dedicar toda su vida al arte; la multitud de libros que llegó a publicar fue, al mismo tiempo, un caso de variedad y de unidad en la evolución literaria de un poeta. El gran proyecto de su vida fue la creación, vigilancia y perfeccionamiento de su Obra (tal cual, con mayúscula).

El andaluz universal. Pensando seguramente en su existencia y en lo que sería de su poesía cuando aquella acabase, escribió “El viaje definitivo”, cuyos primeros versos lo dicen todo: “Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco…”. De sí, solo podría aspirar a dejar lo esencial, los bienes intangibles, sus palabras dispuestas de cierta manera para darles perennidad.

Tal vez la crítica y algunos amigos cercanos exageraron un poco. Juan Ramón estaba convencido de haber nacido para la poesía y a ella destinó todo su tiempo. Alguien le hizo creer que era el gran poeta del siglo XX, o por lo menos uno de los tres pilares del arte contemporáneo, con Picasso en pintura y Manuel de Falla en música. Se sentía uno de los tres andaluces universales.

Fue –qué duda cabe– poeta famoso y popularísimo por algunas de sus obras. No solo por la abundancia y frecuencia de sus libros de poemas sino por su innegable valor, ya desde sus veinte años gozaba de prestigio y renombre. Sus viajes a América le dejaron no pocas satisfacciones personales; en los Estados Unidos fue invitado a dar charlas, cursos y recitales en varias de las mejores universidades; su estancia en Cuba y posteriormente en Puerto Rico también fue fructífera; en Argentina fue recibido por una multitud, hecho insólito en su tiempo para un poeta que venía de tan lejos.

Popular entre sus minorías. Ni la vanidad natural de su temperamento ni las urgencias del quehacer cotidiano le hicieron perder de vista que su destino era uno más esencial y hondo: su megaproyecto La Obra . Tal vez no muy tangible como un buen salario o la comodidad de una residencia suntuosa, pero sí una realidad a la que dirigió toda su energía.

Los datos que puede ofrecernos la crítica especializada son apabullantes por su complejidad y opulencia. Hasta 1958, año de la muerte del poeta, se habían publicado noventa y dos títulos suyos, entre primeras ediciones, refundiciones, reimpresiones y antologías. Habría que sumar al menos una veintena de traducciones de varias de sus obras al francés, al inglés, al italiano, al holandés, al sueco, al alemán, al hebreo y al eusquera. Esto puede explicar la idea que el poeta tenía de haber alcanzado la universalidad, situación paradójica, teniendo en cuenta que Juan Ramón siempre aspiró a escribirle a la que denominó “la inmensa minoría”.

Su libro más conocido y editado es Platero y yo ; apareció en 1914, cuando el poeta tenía 32 años. Son unos poemas en prosa de innegable valor literario, aunque de menor alcance que su obra de madurez. Aunque siempre es difícil clasificar o periodizar su obra, por abundante y constante, es desde La estación total (no publicada hasta 1946 con ese título) que el poeta se empeñó en darle a toda su literatura unidad y consistencia. La estación total reúne poemas escritos desde 1923.

El lector de sí mismo. Juan Ramón fue, quizá, el más asiduo y atento lector de sí mismo. Se hizo célebre por su obsesión de revisar y perfeccionar centímetro a centímetro sus escritos. “Corregir es crear, tanto como inventar” dijo en una ocasión.

Hoy es tarea de verdaderos devotos rastrear las enmiendas, supresiones y variantes que les hizo a muchos de sus poemas, sobre todo a aquellos que él consideró de su primera juventud . Un mismo poema aparece en dos o tres de sus libros; seleccionó con un rigor maníaco los escritos para sus autoantologías; recogió de aquí y de allá títulos, que pasaron a ser secciones de nuevas recopilaciones.

Los defectos benditos de la poesía. Juan Ramón vio en su poesía una doble oportunidad: por un lado, la de mostrar que la creación de una obra es un proceso inacabable; por otro, la de contemplarse a sí mismo en busca de la plenitud, si no de la perpetuidad. No lo inquietaban, sin embargo, ni el triunfo ni el fracaso en su labor de orfebre literario; por el contrario, sabía con plena conciencia que la labor del poeta no es alcanzar la perfección, sino tan solo avizorarla e intentar perseguirla: “¡Bendito el llamado defecto, que no lo es, y que nos salva de la odiosa perfección!”.

Su idea de llegar a una “poesía pura” se le malinterpretó con frecuencia. No buscaba el orden perfecto ni el impecable acabado del círculo; buscaba con los poemas una realidad invisible, ajena a los demás, pero segura y accesible por la música, la imagen o la palabra. Las impresiones antes que los conceptos: Monet escogió los colores, Debussy los sonidos, él la palabra. “La realidad invisible” es el nombre de la sección de uno de sus libros; en el fondo, la que el poeta siempre intuyó y a la que nunca le dio verdadero alcance.

Juan Ramón en Costa Rica. La poesía de Juan Ramón Jiménez penetró temprano en la poesía costarricense. Su mano –o su voz– se puede rastrear porque se lo citó o porque se reprodujeron poemas suyos en algunas revistas afines al modernismo.

Tal vez la prosa poética de Platero y yo dejó huellas en ciertas obras como Música sencilla (1928), de Blanca Milanés; en Atardeceres (1929), de Clara Diana; incluso en algunos poemas tempranos de Francisco Amighetti. La historia y el estudio del poema en prosa en las letras nacionales todavía está por hacerse, pero una de las más que posibles fuentes puede estar en la obra juanramoniana. Llamativo también podría ser el Platero y tú , que Victoria Urbano publicó en Madrid en 1962: ¿un diálogo con Juan Ramón?

Quienes mejor se alimentaron de aquel Juan Ramón juvenil fueron los poetas del intermedio entre modernistas y la vanguardia, que optaron por una poesía apegada a los paisajes marinos, campestres o intimistas, característicos del posmodernismo.

Hay que releer la obra –si bien escasa y hoy poco conocida– de Fernando Luján, Salvador Jiménez Canossa, Adilio Gutiérrez y Ricardo Segura. Los mares, cielos, senderos y entornos crepusculares, tan característicos de Julián Marchena o de Carlos Luis Sáenz, también son, a su medida, frutos de unas lecturas al poeta andaluz.

Estos escritores fueron cercanos al Repertorio Americano , de Joaquín García Monge. Ello llevó a su editor a dedicar un número a Juan Ramón, el del 27 de enero de 1940. Fue entonces el homenaje formal más llamativo de las letras costarricenses a la poesía española, que era la contemporánea, la más reciente. Uno de los poemas reproducidos allí, nos dice e interroga: “Tú que ves en tu balcón esta aurora, ¿es de este modo la gloria?”.

No hay respuestas. Juan Ramón solo aspiró a la realidad invisible de su obra, en sucesiva elaboración.

El autor es poeta, ensayista y crítico literario.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 25 mayo 2008

25/07/2008 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 03:17

Mujer en una ventana

Fragmento del relato Mujer en una ventana , aparecido en el libro Un domingo de palomas, del autor Louis Ducoudray.

Después de abrir la ventana, Stefanie humedece sus labios, pasa una mano entre sus cabellos y contempla el paisaje [...]. Ha disfrutado tanto durante la noche de interminables placeres con su amante. [...] El Sol le entibia los pechos [...].

Stefanie mira el ataúd. El viaje hasta el cementerio le ha parecido interminable. A ratos lo ha considerado innecesario. [...] Alejado de la multitud, un hermoso joven de cabellos rubios fuma un cigarrillo. Algunas personas miran a Stefanie como si se apiadaran de ella. Otras miran a Julio.

Desde sus gafas negras, él hace extrañas muecas y no se atreve a mirar a Stefanie. Ella voltea el rostro mientras el ataúd de su amante se hunde en la sepultura. [...]

Julio ha terminado de preparar el desayuno y nota un extraño cansancio en Antonio. Ha sido una noche larga, igual a tantas otras. [...] “No quisiera ni ducharme, pero tengo una cita en la oficina a las nueve. Además, tendré que sacar el tiempo para ir donde Stefanie. Ya sabes lo enfadada que está conmigo”. “No acabo de entender por qué. Ella siempre lo ha sospechado [...]”, dijo Antonio.

“Por supuesto que sí... ¿Pero tú te has vuelto súbitamente imbécil?”.

Antonio se estira y, mirándose al espejo, admira la sensualidad de sus ojos. Son azules, iguales a los de Julio, pero mucho más intensos, con un brillo infantil que los vuelve salvajes. [...]

La prensa ha publicado con grandes titulares el asesinato de Antonio, el empresario más importante de la región. La policía aún no tiene pistas. [...]

Ahora ha llamado Mónica y ha dicho que deben verse cuanto antes. Stefanie entra a la cocina. [...] Después de muchos halagos y muchas copas de vino, sentada en un diván, Mónica sintió la mano de Antonio que le acariciaba el cuello. [...] Luego la mano entró en sus cabellos, y, mientras ella veía que esos ojos azules se acercaban más y más, un beso inesperado la tendió hacia atrás. [...]

Desde que vio a Javier en la más fina sastrería de la ciudad, le pareció el adolescente más bello que había visto. El joven le mostró distintos trajes, le habló de las telas, de los colores, pero él sólo contemplaba esos labios que sonreían deliciosamente y ese cuerpo que caminaba con una esbelta elegancia. [...]

En declaraciones dadas a la prensa, el jefe de policía ha dicho que el asesino de Antonio nada sustrajo de la casa. [...] Sólo hallaron sábanas deshilachadas, almohadas rotas y restos de comida sobre la cama. [...]

Suplemanto Áncora. periódico La Nación 22 junio 2008.

Acuses de recibo

marfuerte @ 03:15

Ták mèwö

Autora: Macarena Barahona Riera

Editorial: Andrómeda

Pedidos: info@galeriandromeda.net

Macarena Barahona presenta el poemario Ták mèwö (‘trozo de corazón’, en bribri). El libro se divide en cinco secciones: la primera se llama Volar ; Böwö es la segunda; la tercera se titula Agua ; la cuarta Íbok , y la última Sibö y Bë . El poemario de Barahona es una compilación sintética donde la naturaleza y sus elementos cobran gran importancia: arena, oleaje, tacto del poró y montaña del deseo, entre otros. También menciona lugares del Caribe y del Pacífico, y entremezcla sus temas con el amor y el deseo.

1, 2, 3… Había una vez

Autora: Irene Castro Meléndez

Editorial: EUNED

Pedidos: 2234-7954

1, 2, 3… Había una vez es un libro sirve como una estrategia didáctica que mezcla la educación y el arte en ocho cuentos que permiten al lector soñar e imaginar.

“Loreta, la arañita coqueta”, “Mariluz, la estrellita enamorada” y “El hada que no sabía volar” son algunos de los cuentos acerca de historias fantásticas que incluyen pequeñas aventuras de distintos personajes. Para la autora, en el libro se mezclan sueños y valores porque, cuando el corazón está lleno de amor, el mundo se colma de ilusión.

El lado oscuro. Ensayos sobre la violencia

Editoras: A. Rossi y N. Garita

Editorial: Uruk

Pedidos: ocr@ urukeditores.com

Las editoras, junto con otros autores, tratan en sus ensayos el tema de la violencia. Nora Garita sitúa el tema de la violencia; Carmen Araya habla sobre un San José invisibilizado por el discurso oficial; Karina Fonseca muestra cómo la violencia se ha hecho natural, y Tatiana Beirute trata sobre la violencia contra las mujeres. Juan José Marín comenta cómo la violencia se reproduce en el futbol, y la novelista Anacristina Rossi cierra con un ensayo sobre el sexo, sexualidad y erotismo a modo de una historia de ignominia.

Al Danzar: apuntes

Autora: Elena Gutiérrez Nascimento

Editorial: Escuela de Danza, UNA

Pedidos: 2277-3387

Elena Gutiérrez relaciona metodologías artísticas basada en los referentes teóricos del arte de la danza. Gutiérrez adquirió su formación profesional como bailarina y coreógrafa en Chile, China y la URSS, y parte del fundamento de que la danza es una de las manifestaciones universales del espíritu humano.

Sus Apuntes estudian temas como la motivación y la creación de la danza; el lenguaje coreográfico; el tiempo y el espacio; el cuerpo, la energía y el movimiento, y la creación coreográfica de la autora.

A vuelta de correo

Autor: Joaquín Sabina y otros

Editorial: Visor Libros

Pedidos: 2225-8540

A vuelta de correo. Sabina epistolar es un compendio de misivas que ha intercambiado el poeta y cantautor Joaquín Sabina con importantes figuras de la cultura como Ana Belén, Rafael Alberti, Juan Gelman, Fito Páez y Rosa Montero, entre otras.

El autor explica que es un libro largamente postergado. El poeta inaugura el compendio con un intercambio de sonetos que sostuvo con su padre mientras Sabina hacía servicio militar, “para que sepan de qué polvos vienen estos lodos”, revela.

Suplemento äncora. periódico La Nación 22 junio 2008.

Librero

marfuerte @ 03:14

Herencia clásica

Clara Corneli y María E. Conejo

Poemas líricos de la Grecia antigua

Editorial UCR

Pedidos 2207-4610

Gilberto Castro
Escuela de Filología, UCR

Acaba de publicarse el libro Poemas líricos de la Grecia antigua . En él, los lectores disfrutarán de una exquisita selección de la literatura personal más arcaica de la tradición literaria en la cultura occidental.

El libro es obra de dos connotadas ex profesoras y ex académicas de la Escuela de Filología de la Universidad de Costa Rica: la doctora Clara Corneli Marocchi, quien hizo la traducción del texto griego, y la máster María Esther Conejo, quien escribió el estudio preliminar sobre el género lírico de la literatura griega arcaica.

Un aspecto llama la atención de dicho libro, y es el hecho de que nace como libro de texto. Esto constituye un hito en la historia de la Escuela de Filología por cuanto refleja la laboriosa dedicación y el interés en dar a conocer los resultados de la actividad investigadora del personal de esta Escuela.

En concordancia con ello, también resulta de gran importancia el hecho de que los estudiantes de los cursos de literatura griega en la UCR tendrán acceso a esa literatura, rica en variadas formas métricas y colorido temático, mediante un libro de texto de producción netamente nacional y con la certeza de que este libro se elaboró con el mayor esmero en dedicación e interés por parte de las autoras y los colaboradores.

Tal como se puede observar a través de la lectura de los poemas seleccionados, la riqueza temática de los distintos autores refleja la necesidad de expresión personal en una sociedad en constante desarrollo social, político y espiritual, y que se observa bien en el modo expresivo de cada uno de los poetas. Tres temas fundamentales abarca dicha temática, expuestos dentro de la clasificación en monodia y lírica coral:

1) lírica amorosa (hedonista);

2) lírica política (en el verdadero sentido de esta palabra ya que deriva de polis [estado, ciudad] y, por ta nto, es un tipo de poesía que enmarca al ciudadano dentro de un grupo claramente social);

3) invectiva personal, apoyada en un metro muy propio, como lo es el yambo, lo que constituye la poesía yámbica, poesía de tono satírico y cómico.

Una novedad introducida en el libro es el hecho de presentar a poetisas de poca difusión en los textos de referencia a la lírica arcaica.

Por lo común, se presenta a Safo como la máxima exponente de la literatura femenina en la antigüedad clásica, pero en este libro de texto aparecen además los nombres de Erina y Praxila.

Aunque con escasas líneas de su producción poética, su presencia en este libro confirma la importancia de la participación que tenía el sexo femenino en las actividades artísticas de la sociedad arcaica y que calan muy profundamente en la conciencia y la espiritualidad de la sociedad moderna.

Tomar en las manos el libro Poemas líricos de la Grecia antigua y hacer la lectura correspondiente, y obligatoria, sumerge al lector en un mundo de expresividad colectiva, constante y dinámica. Es una invitación a la toma de conciencia de los valores humanos transmitidos hasta nuestros días por la tradición clásica. Parece que esta hubiese dejado de tener vigencia; sin embargo, tales valores deben repercutir en un cambio de actitud de la sociedad moderna hacia la colectividad natural del ser humano.

Desde Calino hasta Licofrónides hay una constante, y no debe perderse de vista: la virtud humana de reflejar la idea de armonía entre los hombres por el alto grado de espiritualidad inmanente en ellos.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 22 junio 2008.

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 03:11

Alfonso Chase
Foreign Affairs (En español)

ITAM Volumen 8 No. 1\2008
Edición para Iberoamérica
(México)

Un número que puede interesar a los lectores de este tema, y que tan de moda en Costa Rica y en otros países, correspondiente a enero-marzo 2008, y que nos permite tomar conocimiento de aspectos poco conocidos del asunto, sobre todo aquellos que se relacionan con la tríada narco terrorismo guerrilla, convertida en un auténtico sancocho político, que atrae a los intereses internos, y externos, de un gran número de países, tomando la delantera mediática, para desvanecerse luego, dejando solo sobre la mesa un auténtico plato de babas. No es este el propósito de este número de la prestigiosa revista, al partir de la poco analizada Iniciativa de Mérida, que busca que México establezca una estrategia actual, nacional e integral, en las relaciones de esta con otros organismos internacionales y la bilateral con los Estados Unidos, en el complejo andamiaje del flujo de los aspectos más radicales de la tríada citada.

Dos artículos abren el tema: de Carlos Rico el primero, de Laurie Freeman el otro, en donde se plantea la Iniciativa de Mérida y se analizan las medidas puestas a discusión, y operación, por parte de los interesados, sobre el tráfico de drogas, principalmente, y las acciones que se deben tomar, o se toman como centrales, para lograr operativos importantes en este sentido, destruyendo el flujo de la droga, golpeando a los cárteles y poniendo sobre el tapete las relaciones entre los diferentes operadores de psicotrópicos, con base en su actividad, particularmente en el sentido del valor financiero y la cooperación interpaíses del proyecto, más las bases y costos del mismo. Por lo allí planteado y analizado, nos podemos dar cuenta de que puede ser una estrategia fallida, pues no toma en su análisis el punto final: la demanda de las drogas por los consumidores norteamericanos, que son los que dan base y sustancia al sistema de distribución, al menudeo o al mayoreo. Los dos artículos toman en cuenta los valores económicos, políticos y de cooperación entre todas las partes, sin valorar el grado de corrupción que existe, al interior de los cuerpos policiales de los países involucrados, en los diferentes estratos del negocio y su implicación social policial política.

El artículo que más nos puede interesar es el escrito, a dos manos, por Joel Kyke y Maureen Meyer, de la organización WOLA, una de las más conocidas en la institucionalidad de los Estados Unidos y la proyección de la Iniciativa Mérida respecto a los países de la América Central, penetrados todos por el marco en su vida cotidiana, aparatos gubernamentales, judicaturas y sistemas financieros, siendo el puente y vía de paso de la droga que procede del sur. Lo que puede leerse, casi entre líneas, es la conexión entre los aparatos de seguridad de los Estados Unidos, México y los países centroamericanos, los cuales son dotados, casi que exiguamente, por el apoyo financiero de la Iniciativa Mérida, para darle forma a la lucha contra el narco terrorismo guerrilla, pero lo que queda claro es el tener un aparato de información internacional de seguridad, que si se analiza bien, excede lo que allí se afirma, especie de un TLC policiaco, que toma en cuenta el adiestramiento de tropas, equipos sofisticados y el sueño de todos los interesados: vigilancia electrónica en todos los países involucrados.

Nicolás II

Marc Ferro
Fondo de Cultura Económica (México) 2008

Un libro extraño y detallado. De Marc Ferro, destacado historiador francés, escrito y reescrito a partir de 1990, sobre la vida de Nicolás II, el gobernante ruso que nunca aspiró realmente a dominar la política en su país y cuyo ideal de joven fue el viajar por el mundo y ampliar horizontes.

El estilo de Ferro es desenvuelto. Los detalles de la narración semejan, muchas veces, el reportaje periodístico, más los cotilleos propios de una corte en proceso de decadencia, con encantos y tragedias sucediéndose hasta dar por terminada su vida, con la zarina y sus hijos. Es el deseo del autor mostrarnos los lados humanos de quien fuera el zar de todas las Rusias, su desarrollo como joven, sus relaciones familiares, su formación, variantes de su carácter y sus humores, cambiantes, que inciden en la toma de decisiones a través de su vida.

No es la historia del infortunio de Nicolás II, sino más bien la narración de cómo se forma un gobernante en medio de la intriga palaciega, los problemas sentimentales, los odios intrafamiliares y la figura de la corte rusa, como caldo de cultivo para darle forma a un rechazo larvado para sus principales figuras. Es indudable que Ferro construye una estructura de acontecimientos que logra mostrar todos los antecedentes que dan fin a la dinastía y la llegada del Poder Rojo, en 1917, pero cuya fermentación había empezado en 1905. La rivalidad entre Moscú y San Petersburgo queda clara en la función de las obligaciones políticas, el clima cultural que rodea a ambas ciudades, el crecimiento de la subversión y el rechazo a la aristocracia, vista a través de la autarquía del Zar, más algunos detalles muy valiosos sobre las ilusiones de éste, respecto al papel de su país, con Europa principalmente, o su influencia en el Pacífico asiático. Como se hace necesario establecer varias formas de observación e investigación, éste es uno de los libros más completos sobre el tema, pues a la vez que define el perfil del Zar y su entorno personal, sus desventuras y alegrías, se estudia la vida del pueblo llano, el papel de la “intelligentsia”, los movimientos de los grupos socialdemócratas, mencheviques, bolcheviques, los judíos y los revolucionarios profesionales más la importancia de la prensa, las octavillas y los libros de ideas avanzadas, las advertencias de León Tolstoi, más los conflictos internacionales que desembocaron en la Guerra Mundial. Todo está hecho de manera muy sutil e inteligente, con pequeñas entradas a los sucesos, pero dominados por el inquieto Nicolás II, ya plenamente posesionado de su idea de ser un autócrata, invulnerable, pero acercándose a un abismo, sobre todo después de la aparición de Rasputín como genio tutelar maléfico, en torno a la familia real.

Andy Warhol

Mi filosofía de A a B
Tusquets Editores 2008

Es la tercera edición en español de una obra clásica de un tiempo ya clásico, que reúne los pensamientos, discrepancias y convergencias del afamado artista norteamericano, que tanta influencia ejerció en su tiempo, desde los años de dibujante, casi comercial, hasta su instalación en la Factoría, en Nueva York, desde donde marcó época. Se dice que fue esbozado por el autor, corregido por Gerard Malanga, su asistente, y sometido al escrutinio de quienes simbolizaron la segunda época de la vida de Warhol, luego del atentado de la feminista Valerie Solaris, en 1968.

También pareciera un juicio personal del autor a su trayectoria, “no puedes discutir con tu álbum de recortes”, que recoge las charlas impartidas a auditorios, llenos, en diversas universidades, para competir con Truman Capote y dividido en 15 capítulos, según el talento de Pat Hackett, la persona que mejor lo conoció según puede verse en las diversas biografías. El artista es solo un gran pretexto para que hablen a través suyo una serie de personajes que le rodeaban, en donde se impone el ingenio para ir desgranando los diversos estados de su vida, desde la pubertad hasta el año 1975, en el cual finaliza y se edita el libro.

Es una especie de espejo puesto ante la mirada del artista, más o menos al margen de sus cuarenta años, en soliloquios donde habla consigo mismo en lo que fue, es y quizás podrían ser, las diferentes facetas del amor, que dominan casi todo el libro, pero en donde se puede entender que pocas veces lo obtuvo a plenitud. En su charla autobiográfica, presentada bajo la máscara de devaneos filosóficos, se conjuga un patético mirarse a sí mismo, con los rasgos de una especie de idolatría, en esa hermosa monotonía en donde se esconde el destino de Warhol. Se entiende y percibe la gran capacidad del autor en el trabajo personal, sus cuadros, esbozos, dibujos, filmes, acontecimientos inventados por él, su visita y mirada despiadada a las fiestas de la época, las admiraciones, mutuas, sus contactos con celebridades, a las cuales detesta, y el mundo de los negocios con el arte, la publicidad y la imagen social de un hombre inteligente, odioso, tierno, chismoso y traidor, todo escrito o contado con gracia, espíritu fulgurante, aburrimiento y la resolución final: ¿por qué intento parecer horrible?
Hay asuntos que se leen concretamente, otros pertenecen al abismo de lo apenas sugerido, pero que tiene que ver con el hacer cola para recibir el reconocimiento y la fama, en la cual, según él, todos tienen sus 15 minutos de exposición pública.

Nada de un libro trivial. Es también una descarnada muestra del mundo artístico de la época, la red de amistades del artista y las opiniones de un hijo de inmigrantes primera generación que descubre su propia naturaleza y los diferentes valores de su sociedad, todo ello escrito con valentía, desparpajo y visión crítica, tal como hizo sus filmes, la pintura y las conferencias, o más bien charlas, las cuales casi siempre terminaban en grescas con el auditorio.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 22 mayo 2008.

24/07/2008 GMT 1

Los malos burgueses

marfuerte @ 02:56

Opuestos En sus obras, Joaquín Gutiérrez definió mejor a los ‘burgueses’ que a los pobres

Rodrigo Soto | paralelo10@correo.co.cr
En una escena reveladora de su novela Puerto Limón (1950), Joaquín Gutiérrez hace exclamar al joven Silvano, protagonista de la novela, que preferiría ser cargador, marinero o terrorista, “pero lo que nunca sería es un buen burgués”. A esto, su tía Elvira –para los efectos, su madre adoptiva– reacciona:

–Pues entonces tendrás que ser un mal burgués –contesta al fin sin mordacidad–. Eso es todo.

Desde luego, no es lo mismo un mal burgués que un burgués malo. Antes bien, podría decirse que, en la obra de Gutiérrez, vienen a ser contrarios. Ser un mal burgués es la única forma de ser un burgués decente.

Su obra –o al menos las que se consideran sus dos novelas emblemáticas: Puerto Limón y Murámonos, Federico (1973)– habla precisamente de eso: de malos burgueses; de burgueses desfasados y en conflicto con su clase, y, por tanto, investidos de cierto sino trágico.

Tal es el caso del joven Silvano, obligado por las circunstancias familiares a trabajar en la finca bananera de su tío, en medio de la gran huelga bananera de 1934. Tal es también el caso de Federico García, el protagonista de Murámonos, Federico , empresario bananero él mismo, sometido al acoso de la United Fruit Company, que desea comprarle su finca.

Parece inevitable mencionar aquí la cercanía y a la vez los contrastes existentes entre Murámonos, Federico y el Sitio de las Abras (1950), de Fabián Dobles. Esta última novela también trata de un cerco y un acoso, aunque no el de un abogado josefino metido a finquero en la Zona Atlántica, sino de campesinos descalzos en alguna región agreste en los confines del Valle Central.

Si es cierto que los personajes principales de Gutiérrez están delineados con maestría, no lo es menos que, del otro lado, los personajes populares resultan más bien lejanos y desdibujados.

Esquemáticos. En el caso de Puerto Limón, ello se justificaría por el hecho de que ese mundo es mirado, ante todo, a través de los ojos de Silvano, meseteño que cae en Limón como mosca en vaso de leche.

No obstante, en las escenas –por demás numerosas– en las que el punto de vista narrativo no es el de Silvano, sino el de un narrador omnisciente, el dibujo de los personajes populares, aún de los líderes de la huelga, es notablemente más pobre y esquemático que el de los protagonistas.

Es que, tal vez, la experiencia del joven Silvano no sea tan distinta de la del autor: “Desde niño le habían creado un mecanismo interior que lo hacía reaccionar con desconfianza instintiva frente a ellos [los obreros, los trabajadores]. Paralelamente, una gran curiosidad por conocerlos más de cerca, por saber más de sus vidas. Eran dos mundos separados por una valla”.

Esa misma valla también se percibe en Murámonos, Federico . En esta novela, la deliciosa riqueza de los protagonistas, Federico y su mujer, Estebanita, contrasta con la opacidad y distancia de los demás personajes –con la excepción de Colacho, farmacéutico, amigo íntimo de Federico–.

Aun la Guanacasteca –la mujer que precipita a Federico a la infidelidad y a su esposa en el lecho con la intención de “echarse a morir”–, es apenas una sombra dibujada con gruesos trazos: unos labios, unos dientes, unos pechos...

Esos “malos burgueses” que dominan la obra de Gutiérrez son personajes vívidos y convincentes: patanes, audaces, inteligentes, orgullosos y autosuficientes, en el caso de los varones adultos...

En cuanto a las mujeres –la tía Elvira de Puerto Limón y la Estebanita de Murámonos, Federico –, se nos ofrecen dos versiones distintas: mientras la tía Elvira –de una extracción social más humilde que la de su esposo– es una rebelde en pugna velada por el poder familiar, Estebanita aparece delineada con tragicómica ternura y crueldad como la fragilidad misma.

Diferencias. El caso de Silvano es diferente pues Puerto Limón es, en definitiva, una “novela de formación”, una de aquellas que nos relatan el paso de un joven a la madurez.

Tras fracasar estrepitosamente como “aprendiz de finquero”, el muchacho se embarcará de manera subrepticia en un carguero para ir a correr mundo. Es inevitable tentación tender un hilo entre este Silvano que se marcha de Puerto Limón al cumplir la mayoría de edad y el protagonista de La hoja de aire (1968), otra de las obras narrativas de Gutiérrez, como si el personaje principal de esta última fuera una versión del mismo Silvano que retorna a Costa Rica muchos, muchos años después...

Un apunte final: resulta sorprendente que la crítica literaria del país agrupe siempre a Gutiérrez con Dobles, e incluso con Carlos Luis Fallas, Adolfo Herrera García o Carlos Salazar Herrera, bajo el mote genérico de “realismo social”. En realidad, Dobles y Gutiérrez nos muestran caras muy diferentes de la sociedad costarricense.

En el caso de Fallas, diríase incluso que se trata de las caras opuestas de la moneda pues, mientras Mamita Yunai y la obra toda de Fallas se distingue por la maravillosa humanidad de sus personajes populares, la de Joaquín Gutiérrez nos ofrece una versión convincente de “los malos burgueses” costarricenses de la primera mitad del siglo XX.

La afinidad político-ideológica de estos autores no dice nada ni es relevante para argumentar su afinidad estético-literaria. Muy comunistas habrán sido todos, pero muy diferente fue el mundo y los personajes que nos legaron.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 22 junio 2008

Nuestra primera librería

marfuerte @ 02:54

Recreo y pensamiento Los catálogos de ‘El Álbum’ revelan los gustos de los costarricenses

Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
Con la ortografía de otros tiempos, en septiembre de 1848, el periódico El Costarricense indicaba: “No hai en Costarica bibliotecas, libreros i escritores... [pero] hoi abundan en los mercados de Europa los libros elementales i nuestro comercio es sin comparación mas activo que lo fue en las epocas pasadas, i ademas que la Universidad [de Santo Tomás, creada en 1843] ha establecido una Biblioteca pública, cada uno puede pedir las obras que necesite i obtenerlas á un precio bastante bajo. Los catálogos y los avisos de los periodicos extranjeros llegan á nuestras manos con mucha velocidad i frecuencia i por este medio pueden todos saber los libros que se publican...”.

Pocos años después, el país dispuso de su primera librería, El Álbum, abierta en San José en septiembre de 1856 y propiedad del costarricense J. Carranza y del inmi-grante inglés, G. F. Cauty. La apertura de ese establecimiento, que también vendía diversos artículos de escritorio, supuso un cambio importante con respecto a lo que había sido el mundo del libro.

En efecto, a finales del período colonial, la mayoría de los libros que existían en las pequeñas bibliotecas privadas de los habitantes de Costa Rica, eran religiosos. Predominaban catecismos, novenas y breviarios, así como libros con títulos tan piadosos como Alma al pie del calvario , El año cristiano y Gritos del purgatorio .

También había libros profanos, que versaban sobre comercio, política o temas filosóficos, pero tales obras eran inusuales entre artesanos y campesinos. Los dueños de los libros más caros y seculares eran comerciantes, funcionarios coloniales y algunos sacerdotes.

Algunos de esos libros figuraban en la lista de los que habían sido prohibidos por la Iglesia Católica, pero, en la Costa Rica anterior a 1821, no parecen haber sido frecuentes las obras de los clásicos de la Ilustración (Voltaire, Rousseau y Montesquieu, entre otros), ni las novelas escandalosas o pornográficas.

Vida independiente. Después de la independencia (1821), la situación cambió rápidamente en dos sentidos. Por un lado, con la expansión inicial de las exportaciones de café a partir de la década de 1830, se incrementaron las importaciones, y, como resultado de este proceso, la oferta de obras para la venta se amplió. Dado que constituía otra mercancía más, algunos comerciantes no dudaron en importar ejemplares de las obras de moda en Europa para venderlas en nuestro país.

Por otro lado, con la introducción de la imprenta en 1830 (la de La Paz, importada por Miguel Carranza), pronto se inició la producción de folletos, libros, periódicos y otros materiales impresos.

A diferencia de los comerciantes, que contribuyeron a diversificar la oferta de libros con sus importaciones de obras impresas en Europa, los impresores locales se concentraron en producir libros escolares y religiosos, de bajo precio y al alcance de los sectores populares. Dicha estrategia empresarial contribuyó a reforzar, más que a diversificar, los patrones de consumo de libros que prevalecían a finales de la colonia.

En el proceso de diversificar la oferta de obras, la Universidad de Santo Tomás desempeñó un papel importante pues, a pesar de su piadoso nombre, tal institución contribuyó a fortalecer la circulación del texto secular. Con base en varias compras directas efectuadas en Europa en las décadas de 1840 y 1850, la Universidad formó una biblioteca dominada por las obras de filosofía y ciencias (tanto sociales, como exactas y naturales).

Literatura. A tono con la creencia extendida entonces, de que la lectura útil era la de obras filosóficas y científicas, la literatura –novela, cuento, drama y poesía– tenía poca presencia en la biblioteca universitaria. Esto último era particularmente cierto en el caso de la novela, asociada entonces con el ocio y el entretenimiento.

Dicho prejuicio no fue extraño a los editores del periódico Mentor costarricense . En un editorial de octubre de 1845, ellos manifestaron su deseo de darse “una asomada á los salones que ocupan las primeras Autoridades, á las oficinas contiguas, i aun á la Imprenta [Nacional] misma [para] saber si todos los empleados están empleados las horas prevenidas en desempeñar su destino, si los aprendices asisten, i si se leen ó no se leen novelas en estos despachos”.

Un aspecto interesante de la cita anterior es que sugiere que la lectura de novelas se había extendido ampliamente hacia 1845, y el catálogo publicado por la librería de El Álbum en 1858 lo confirma. La librería tenía a la venta 423 títulos en 720 volúmenes (un título podía comprender más de un volumen o podían haber varios ejemplares de un mismo título). El 95% de estos libros estaba escrito en español, y pocos eran los que se ofrecían en latín, francés, inglés o italiano.

La librería se dirigía a una audiencia de lectores que era más diferenciada que los usuarios de la biblioteca universitaria. El peso de los textos literarios, en especial novelas, era decisivo ya que concentraban un tercio de todos los volúmenes. Entre otras piezas, la librería ofrecía, el clásico Las mil y una noches ; El castillo peligroso y El talismán, de Walter Scout, El corsario , de lord Byron, Gil Blas, de Alain-René Lesage; Cornelia Bororquia, de Fermín Araujo; El vizconde de Bragelonne, de Alejandro Dumas; El último abencerraje, de Chateaubriand, y El vampiro, de Polidori.

En contraste también con la biblioteca de la Universidad de Santo Tomás, la librería disponía de una importante provisión de libros religiosos, que constituían casi un 29% del total. Un análisis de los títulos revela pocas variaciones con los textos devotos que circulaban en Costa Rica desde, por lo menos, el siglo XVIII. Entre otras obras figuraban Coloquios con Jesucristo , Finezas de María y Manual de desagraviar a Cristo .

Finalmente, otro tercio del catálogo de la librería estaba compuesto por textos científicos y filosóficos similares a los existentes en la biblioteca de la Universidad. Sin embargo, cabe destacar que El Álbum disponía de títulos ausentes en las estanterías universitarias. En este sentido, las obras más interesantes eran Mis prisiones , memorias de Silvio Pellico; Economía política, de J. B. Say; Derechos del hombre, de Thomas Paine, y Cartas persianas, de Montesquieu.

Otros textos (de autor no especificado) también exhibían títulos muy sugerentes: Revolución de 1830 , Análisis del socialismo e Historia de la sociedad (quizá un ensayo de Adam Ferguson).

El catálogo de 1858 evidencia varias tendencias básicas: en un contexto de veloz secularización del universo librero, el texto devoto todavía se identificaba con el gusto popular, artesano y campesino; en cambio, las obras profanas empezaban a colmar las estanterías de los sectores urbanos acaudalados. No obstante, el grueso de tales lectores optaba por “divertirse” con diversas piezas literarias (cuentos, novelas), más que por “ilustrarse” con los serios escritos filosóficos.

El examen del catálogo de El Álbum muestra también un significativo desequilibrio: énfasis en las obras de europeos y ausencia de los escritores de Centroamérica. Este desinterés por las obras producidas en Centroamérica, incluidas las impresas en Costa Rica, sería una constante a lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR. ESTE ARTÍCULO SINTETIZA ASPECTOS DE SUS LIBROS ‘EL QUE QUIERA DIVERTIRSE’ Y ‘LA ESTELA DE LA PLUMA’.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 22 junio 2008.

23/07/2008 GMT 1

Gioconda Belli.

marfuerte @ 02:07

La poeta y novelista, Gioconda Belli nació en Managua. Participó, desde el año 1970 en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza,como miembro del Frente Sandinista. Vivió exiliada en Mexico y Costa Rica. Ocupó varios cargos partidarios y gubernamentales en la Revolución Sandinista en los 80. Es madre de cuatro hijos y desde hace algunos años divide su tiempo entre California y Managua.

Su primer libro “Sobre la Grama” (1972), ganó el premio de poesía de la Universidad Nacional de Nicaragua. En 1978, obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) por su libro “Línea de Fuego¨. Entre 1982 y 1987, publicó tres libros de poesía: “Truenos y Arco Iris”, “Amor Insurrecto” y “De la costilla de Eva”. En 1988, publicó su primera novela “La Mujer Habitada” que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes y el Premio Anna Seghers de la Academia de Artes de Alemania, en 1989.En 1990, publicó la segunda novela, “Sofía de los Presagios” y posteriormente el cuento para niños: “El Taller de las Mariposas” con el que ganó en 1992 el Premio Luchs del Semanario Die ZEIT. En 1996 publicó la novela “Waslala” y en 1998 otro libro de poemas: “Apogeo”. En 2001 apareció “El País bajo mi piel”, una memoria de sus años en el sandinismo, destacado como uno de los mejores libros del año por el Diario Los Angeles Times. En 2002 ganó el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 por su poemario, “Mi íntima multitud”.En 2005, publicó “El Pergamino de la Seducción” (2005) su cuarta novela y en Ocubre de 2006, ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla por su poemario “Fuego Soy Apartado y Espada Puesta Lejos”. También en 2005 se publicó en Alemania un nuevo cuento de niños para adultos: “El abrazo de la enredadera”. En 2008, su novel “El Infinito en la Palma de la Mano” ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral en España.

Sus novelas y poemas se han traducido a más de catorce idiomas. Es miembro del Pen Club Internacional y miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Escribe para diversos periódicos nacionales e internacionales y tiene un blog en el periódico nicaragüense El Nuevo Diario y en el diario The Guardian de Londres.

Gioconda es madre de cuatro hijos: Maryam, Melissa, Camilo y Adriana. Está casada con Charles Castaldi, productor de cine, y divide su tiempo entre Los Angeles y Managua.

Tomado Gioconda Belli. com

Un homenaje a José Marín Cañas.

marfuerte @ 01:52

prólogo que Alberto Cañas escribió en la obra "Valses nobles y sentimentales", una autobiografía de Marín Cañas.

Por Alberto Cañas

"Nací el día de San Agustín, el año en que Valle Inclán escribió "Sonata de Primavera". Asimismo, por el año, nacieron Neruda, Dalí, Carpentier, la teoría de la relatividad y el asesino de Trotsky. Un siglo antes había cerrado los ojos Kant. En la calle donde vine al mundo, la Municipalidad hizo colocar una placa. La placa dice "Calle 10". En ella, años atrás, había nacido un gran poeta: Julián Marchena."
Pongo por ejemplo el caso de un viejo y amable profesor que me orientaba -tendría yo 14 o 15 años? . en la lectura de los escritores costarricenses, haciendo que por mis manos pasaran Magón y El Primo; el Moto y La Caída del Aguila; y que en el momento en que fui (o vine) más lejos, me expresó: "pero si a ese muchacho no lo entiende nadie!". El muchacho era José Marín Cañas, y yo había mostrado cierto entusiasmo con los chistes de "Tú, la Imposible". Ahora no puedo reconstruir cuál fue la impresión exacta que me dejó esa primera lectura de la que años más tarde llamé -para provocar una sonrisa casi diabólica en su autor-la novela maldita de Marín Cañas; pero si recuerdo muy bien la fruición con que seguía (seguíamos todos, sin excepción), el folletín de "El infierno verde" que se publicaba en La Hora de Hoy, que ahora sé la escribía él a veces y a veces Adolfo herrera García, y en la que mis inquietudes de adolescente realidad de aquellos días. Recuerdo el placer que nos depararon dos de esas columnillas: una en la que se hacía guasa de cierta histeria contra las películas del oeste que desató un horrible asesinato que se cometió en San José por ese entonces, y otra que describía el estado lamentable en que los festejos populares allí celebrados dejaron en enero el llano de la Sabana. No sería raro que entre esos papeles viejos que nunca toco aparezcan un día esos artículos.
Nos aficionamos todos, pero lo que me importa decir es que me aficioné yo, a leer a Marín Cañas; fue muy simple, se trataba de un periodista, de un escritor ( la diferencia entre ambos no era muy clara y todavía no lo es) diferente; y leerlo era salirse de la rutina.
La intuición de muchacho puede razonarla el adulto. Ahora se sabe que José Marín Cañas provocó una ruptura en el desarrollo de las letras costarricenses. Entre otras cosas, le dio el golpe de gracia al costumbrismo.
Antes que él, Carmen Lyra y Luis Dobles Segreda se habían empeñado en que su prosa narrativa tuviese un valor literario autónomo. Haciendo "preciosismo" (como llamaban entonces a la prosa de clave modernista), y luego Carmen Lyra emprendiendo el arranque fenomenal hacia el empleo literario y sin intención folklórica dle lenguaje popular.

"A los 5 años entré a la escuela de las Sánchez. Mi madre me llevó a matricular, y la señorita Sánchez, que nos atendía, mostró su desolación de ver un niño tan desmirriado y palidejo. Mi madre le explicó: -Es que casi se nos muere. Tuvo una tifoidea terrible, ¿sabe usted? Teníamos que bañarlo en agua de hielo cuando la calentura le pasaba de cuarenta. Viera señora, a veces mi marido y yo lo bañabamos a media noche".
Marín Cañas no siguió ese camino, pero también nació a la literatura preocupado por el lenguaje y el estilo, buscando el suyo propio. Que no es cosa que se podría decir de Magón, o Gagini o del garcía Monge novelista.
Marín Cañas se apartó del costumbrismo, pero inicialmente no del tema campesino. Sus primeros cuentos (no sólo "Rota la ternura" como se cree, porque hay otro, de parecida tesitura que debemos rescatar y que está publicado en Diario de Costa Rica en 1930), tienen personajes, peripecia y paisaj costarricenses, pero difieren de la producción de los mayores en que se proponen describir sino crear; su antecedente más directo y él lo reconoció, es "La propia", lo menos costumbrista y lo más literario de Magón. Los dos cuentos de que hablo ( el que todo el mundo ha leído y el que sólo conocemos unos pocos) son los dos únicos textos campesinos de Pepe Marín.
El resto de su obra de ambiente costarricense discurre por la ciudad, pues a pesar de que pedro Arnáez nace en la costa del Pacífico y se forma en los bananales del Atlántico, sólo es comprensible como habitante urbano. y muy concretamente de la ciudad de San José.

"Corría, quizás, el año de gracia de 1910. Es decir, aquél de desgracia en que la patria vino a sufrir el severo drama de Cartago. Tenía yo, por aquellos rumbos del tiempo, unos 6 años mal aprovechados. Era un fifiriche de poco peso, no rumbosa estatura, pelo lacio, ojos de ratón con tendencias al estilo chino, desangelado y con poco porvenir, cosa que se vio despúes en una forma perfectamente demostrada.
Desde aquellos primeros tiempos, yo quería conocerlo. Pero en ese entonces yo era tímido e incapaz de visitar a un escritor mayor y presentarme. Lo vine a conocer cuando ya se había publicado "Pedro Arnáez"; o sea que no conocí al novelista, sino -¡ira de Dios!-al ex-novelista. Me tocaba llevar, los martes por la tarde, a Diario de Costa Rica, la columna semanal del Centro para el Estudio de problemas Nacional, que estaba a mi cargo; y había escrito en Surco una apreciación, que yo naturalmente jusgaba muy certera, sobre "Pedro Arnáez". Mi visita al Diario ocurría a las 5, y a las 5 se reunía -sentados Abelardo Bonilla y los que llegaban primero en el pretil que formaba una de las ventas del edificio, y de pie sobre la acera los demás- la famosa Tertulia de la ventana. de sus miembros, yo tenía relación con Emilio Valverde, mi profesor de derecho de Trabajo, y una tarde, cuando yo salía de entregar la columna, creo que la dio un codazo a Marín Cañas y me llamó.
¿Con que yo era el autor del artículo aparecido en Surco? Luego salió a relucir que muchos años atrás, su padre y mi abuelo (que acababa de morir esos días) habían tenido negocios juntos (a pesar de esto Cañas y Marín Cañas no estaban unidos por parentesco de ninguna especie), hasta que la empresa común quebró. Nació esa tarde una amistad yo no sé ahora si más intelectual que afectiva o viceversa; en todo caso, una inconmesurable admiración mía por el conversador, que sobrepasó la que ya traía por el periodista, y que se prolongó desde marzo de 1943, fecha del encuentro, hasta el 14 de diciembre de 1980, día en que murió José Marín Caas y el destino me hizo la jugarreta de tenerme a muchos miles de kilómetros de San José e impedirme acompañarle hasta su tumba.

"Tenía yo entonces unos 18 años y trabajaba en un almacén de por el mercado, al cual había venido a escorar bajo la nefasta necesidad de medios económicos. Mi oficio era el de "cajero". Pero no debe entenderse tal quehacer con la interpretación clásica de quien recibe y entrega los dineros de un negocio, sino con la verdadera acepción que la palabra tenía para mí; quien tiene que echarse al hombro las cajas desde la bodega hasta el carretón para cargarlo, con rumbo al cliente del inetrior"
Recorro esa larga amistad y le encuentro incisos curiosos. Por ejemplo: en casi 38 años, jamás le llevé a Pepe Marín un manuscrito mío para solicitarle su opinión; en 38 años, solamente una vez estuve en su casa y él nunca en la mía, ni yo en la finca que tuvo donde se reunían sus amigos. Políticamente, él pensaba de una manera -aquí y fuera de aquí- y yo de otra; pero la única vez que coincidimos, hicimo juntos, y sin una sola discrepancia, la campaña de prensa de la oposición de 1947, coyuntura esta que amaró mejor nuestra amistad que es profunda. Hizo espontáneamente por la prensa el elogio de uno de mis cuentos y de dos de mis libros ("Los 8 años" y "Feliz Año, Chaves, Chaves", este último con bastante reservas), y si no habló de los otros es porque, con toda seguridad, no le gustaron demasiado. Era un lector inteligente y exigentísimo.
la gente dice que era un hombre difícil. Tenía Fama de poco accesible. Pero los escritores jóvenes de Costa Rica (quiero decir los que han sido jóvenes y los que lo somos todavía) sabemos que era muy generoso y alentador y amigo de impulsar y de empujar a los que querían escribir. Y no había nada que le alegrara más el ánimo, que el descubrir una figura con talento nueva y comunicar su descubrimiento. De los últimos años, recuerdo con mucha claridad su entusiasmo ante Jorge Debravo y Mía Gallegos.

"Me tocó a mí, (refiriéndose a la dirección del periódico La Hora) joven enciclopédicamente inculto, iluso como una monja y ambicioso como un cocodrilo, ser lo que pudieramos llamar, imaginativa y falsamente, el sheriff del conjunto. Se trataba de un grupo mejor que el de las Repúblicas centroamericanas en el Monumento Nacional: Rubén Hernández, el más tenaz, copioso, inagotable y acucioso redactor que haya pasado por periódico alguno, Adolfo Herrera garcía, el más ingenioso periodista que haya tecleado una máquina de escribir. Abelardo Bonilla, una vida ejemplar y brillantísima tanto en los campos de la política como en los universitarios."
¡Y hay que ver lo que era estar frente a un pepe Marín entusiasmado! desgraciadamente lo mejor de él se va a perder, que era oírlo. Hablaba mejor que escribía, se expresaba con más claridad y contudencia verbalmente que por escrito. Y cada frase que profería era como un hachazo: definitiva y sin apelación. Estar con él era someterse a un torrente de ingenio, de deslumbrantes imágenes, de opiniones que no era lícito rebatir, y de potasa. Yo me imagino -cuando recuerdo algunas de sus frases memorables y todos los días pronunciaba una docena- que así debió de ser Oscar Wilde.
Algo pasó con su escritura cuando la reanudó, en 1968, después de 26 años de silencio. Se puso a escribir en serio. Lo hacía muy bien, pero dejó de ser el periodista juguetón de mil novecientos treinta y pico, para volverse reflexivo (bueno, ya en "El Infierno verde" se estaba poniendo reflexivo): y su cáustico humor, su nihilismo al acecho, su permanente pelea contra lo que le rodeaba, se los reservó para tertulias y conversaciones. El tertuliante no cambió; sólo el escritor. De columnista en malabares, pasó casi a ensayista. Lo hacía muy bien, pero sus amigos echamos de menos la otra vertiente.
Una de las cosas más admirables que tenía, era su facultad inenarrable para estar en contra. El periodista juvenil se manifestó contra la modosa y un poco somnolienta república de nuestros liberales; pero cuando esa república desapareció y sobrevino la de ahora, se plantó contra ella y recordó con nostalgia los tiempos de que juvenilmente se había reído. Aunque escribiese en otra tonalidad, no había cambiado; y esto hacía más terminante y convincente su figura, y permitía que brillaran mejor su talento y su ingenio.
En los últimos años se puso triste. Se le morían sus amigos y sus parientes más cercanos y queridos. Le temía a la muerte, pero en el fondo de su subconsciente parecía desearla. Comenzó entonces a escribir -primero en desorden, luego intentando encadenarlos-los recuerdos de su infancia y juventud. No sus memorias -término formal- sino sus recuerdos, que abarcaban muchas aventuras, muchos personajes, muchos episodios y muchos estados de ánimo. Como si quisiera ponerle (el término es de Alfredo Cardona Peña y puede encontrarse como título de uno de sus libros) una trampa al olvido. Esos recuerdos, llenos de fina observación, de viril nostalgia, de entrañable afecto para quienes figuran en ellos, constituyen su último libro, que ahora va a ser póstumo.

"Melico era grueso y avasallador. Tenía la fuerza bombástica del preludio de "Lohengrin". Sobre los anchos hombros, dilatados por el ejercicio de los pulmones, llevaba montada una cabeza de tamaño heroico. Su torax parecía fuerte como el de un caballo. Era la estatura de sí mismo. Las facciones, gruesas y dramáticas. El gesto, arrastrado a lo largo de la azarosa vida, remedada el del Moro ante el tálamo de Desdémona. Parecía que siempre estaba cantando o iba a cantar aunque permaneciera en silencio."
Me lo entregó una mañana de diciembre de 1979, la víspera del fallecimiento de su hermana Emilia, que fue el gatillo que precipitó su final. Pocos días después enfermó, o retrocedió, como ustedes quieran, y a lo largo de muchos meses fui cuidando con él la mecanografía deifinitiva, estableciendo cierto orden, despojando algunos capítulos -que habían aparecido aislados en figura de artículos periodísticos-, de los elementos que los fijaban como tales, de suerte que pasaran a ser indubitables capítulos de un libro. Como la tarea era grande y el autor podía participar cada día menos en ella, llamamos, de común acuerdo, a Víctor Julio Peralta para que nos ayudará. Así nació el libro "Valses nobles y sentimentales".
¿Qué sitio ocupará dentro del conjunto general de su extensa bibliografía? Si hacemos abstracción de su obra novelística, yo creo
que es una culminación; que dentro de una línea que no incluye sus cuatro novelas pero que arranca de "Los Bigardos del Ron", es la coronación de su carrera de escritor, de su mejor estilo periodístico, y de su destino de narrador. Aquí lo tenemos contando sucesos de su vida con la misma febril emotividad con que hasta 1940 narró sucesos imaginados. Muchos de los personajes que desfilan por estas páginas, cobran en ellas una nueva vida, una vida especial de personajes de literatura, distinta de la que tuvieron por las calles de San José. Rige aquí el paradójico dictum pirandelliano sobre la vida definitiva e inmutable que sólo se alcanza en al página escrita.
Nació parcialmente este libro en la página 15 de "La Nación". La búsqueda del tema es ardua para el articulista regular. Y un buen día, Marín Cañas se apoderó de su propia vida como tema. Un artículo periodístico es un origen tan noble como cualquier otro para un libro. Alguos de los capítulos de éste fueron inicialmente -como queda dicho- artículos de periódico. pero luego el autor siguió adelante, y comenzó a escribir sobre su vida sin la presión periodística, con vistas a un libro que incidentalmente incluiría a sus producciones autobiográficas de periódico, pero que sería lisa y llanamente eso: un libro.

"Hace más de medio siglo, en una noche de diablos sueltos, los libros exégetas cuajados de parábolas a la manera aristotélica, fueron arrojados al gran basurero municipal. Ahí están desde entonces. Sólo un peregrino de precaria fortuna podrá encontrarlos si raspa con la uña, como hozan los cerdos, y saca la luz aúrez de una apretada mescolanza de culos de botella, latas de sardina vacías y bacinillas rotas y ya desenlozadas. Serán ininteligibles sus folios porque al pergamino lo enmoheció el olvido. Es el trabajo del Tiempo. El hombre no podrá volver a leerlos nunca"
Lo fue escribiendo a trechos; los capítulos, sin orden cronológico, iban saliendo de su pluma. Pero un día -me lo declaró a mí casi llorando- no pudo más. Lo que había escrito, ahí estaba. No iba a seguir, porque se sentía enfermo. Pero lo que tenía escrito era, ya, un libro. Incompleto, pero un libro. Este libro.
Se hará a corto plazo la evaluaión sistemática de la obra de ese escritor. Habrá que leer de nuevo -que publicar de nuevo, primero- su inencontrable primera novela, "Lágrimas de Acero", error de juventud según él, relato emocionado, espontáneo y farragoso de sus experiencias de estudiante en España. Que revisar su estallido de 1928: una crónica periodística instrascendente y un cuento de profundo dramatismo premiados en un histórico concurso; su ingreso en el periodismo, la publicación de "Los Bigardos del Ron", esa extraña mezcla de cuentos y reportajes, crónicas y meditaciones; buscar y revelar de nuevo los dos únicos cuentos que escribió después del premiado, uno dramático del que ya hablé, y otro cómico y firmado con seudónimo (Juan de Espinel, que empleó mucho de joven) publicados ambos en Diario de Costa Rica en 1930, y que a estas alturas nadie conoce y su autor tenía olvidados hasta que uan vez lo enfrenté con la copia xerox de uno de ellos, habrá que justipreciar su comedia "Cómo tú" (versión de un acto, versión de tres), recientemente reprooducida por la revista Escena, en la cual el periodista y narrador que nos renovaba, se mostró como un dramaturgo extremadamente convencional; y las comedias y sainetes, noblemente sainetes, que vinieron despúes, despliegue y catarata de ingenio y chistes, profundamente locales, si es que los encontramos, porque con una excepción, todos aparentemente se perdieron; ni el autor guardaba copia de ellos. El Tesoro de la Isla del Coco, El Valor de Lamoneda, Un Pic Nic Delicatessen, y En Busca de Candidato. Solo se ha salvado milagrosamente, Una Tragedia en 8 Cilindros, breve farsa jardielponcelesca que conservaba Abelardo Bonilla, que me encargué de publicar en el suplemento Posdata del diario Excelsior, y que por esa razón no se perdió.
Cuando llegué ese momento de la revisión y la revaluación, quedará fijado su papel de renovador de la literatura costarricense; de hombre que escribió -y no había cumplido 30 años- como aquí nadie había escrito; que se apartó violentamente de los cánones casi académicos del costumbrismo y la "concherí" (entendida ésta por nuestros antepasados como un género y no como el hallazgo genial e inimitable de un gran poeta que nos acompaña todos los días)
Entonces veremos, valga como ejemplo, que "Tú, la imposible" su gran fracaso de 1931, la novela de que todos se burlaron ("Se burlaron hasta de mí", decía "y me llamaron Marín, el imposible"), pese a su trasfondo descomunalmente romántico y sentimental, está revestida de un atuendo humorístico de lenguaje, y cntiene -implícita, bien observada, captada y consignada- una impagable descripción interna del San José de 1930, en el momento en que se iniciaba la transición: el San José de lso primeros edificios de cuatro pisos, de los primeros cabarets, del cine parlante y las primeras convulsiones d ela crisis mundial; el que sustituyó sus nexos con al cultura popular española por nexos con las culturas populares nortemaericana y mexicana (cine, música, idioma). Allí está todo. No lo insertó Marín deliberalmente, pero allí está. Conforme transcurra el tiempo, esta novela (en cuanto a novela, eso sí, todo lo defectuosa que su autor decía) será fuente imprescindible para el estudioso de esa ápoca; además de lo que significa en la evolución estilística del autor, que en cuatro años más pasaría de la pirotecnia verbal de "Tú, la imposible", a la concentración reflexiva, ritms sinfónicos y feroces intuiciones de "El infierno verde", y en cinco más a la introspección y alardes de técnica narrativa de "Pedro Arnáez".
Sus contemporáneos no hamos abrigado la menor duda de que "El infierno verde" y "Pedro Arnáez" le garantizan a José Marín Cañas un sitio importante en al historia de nuestra literatura, como dos de las novelas costarricenses más importantes anteriores a la generación del 40 (la tercera podría ser "La esfinge del sendero" de Jenaro Cardona). Tampoco la hemos tenido sobre su condición de renovador del periodismo; la impronta de "La Hora" todavía se siente. Lo que sí ha ofrecido dudas es su trabajo posterior a 1968, fecha en que por circunstancias personales salió de su mutismo de 26 años para ingresar a un estado intermedio de articulista, de periodista literario. Tres libros surgieron de ese empeño y -parcialmente- éste es el cuarto. Yo me atrevo a predecir que "Tierra de Conejos, Ensayos y Realidad e Imaginación" quedarán como lo que son: como recopilaciones, auqnue el primero tenga un tema central y sea más que nada un libro de viajes. pero éste de hoy -con tener elementos periodísticos en su gestación- es una obra redonda aunque inconclusa, y la culminación lógica del narrador ue interrumpió sus labores después de "pedro Arnáez". Aquí tenemos otra vez a ese narrador, en plena madurez. Sólo que hablando de sí mismo y de lo que le rodeó; evocando, recordando con nostalgia, y contemplándose a sí mismo con humor (nuevamente y contemplándose a sí mismo con humor (nuevamente, con mayor profundidad, las comprobables antinomias de "Tú, la imposible") La prosa es tan imaginativa como la de sus mejores tiempos de joven.
Cuando se observe en conjunto su tarea de articulista de los últimos tiempos, indefectiblemente se incurrirá en cotejarla con la de León Pacheco (fallecido el mismo año) Ambos-juntos-contribuyeron a dar alta categoría literaria a la página 15 de La Nación. Sólo que -amigables rivales-se pudo anotar, y alguien que no recuerdo lo anotó en tertulias, que Marín parecía querer escribir como Pacheco, y Pacheco como Marín: Marín, buscando los temas profundos y trascendentales gratos a Pacheco; Pacheco, buscando el estilo juguetón, pintoresco y barroco propio de Marín. En todo caso, yo no creo que la labor periodíctica de Marín Cañas entre 1968 y 1979 pueda compararse con la que realizó de 1929 a 1937 (fecha de su separación de La Hora). Su algún día se pudieran recopilar sus escritos periodísticos de es primera época, esto se pondría en eviencia con mayor claridad.
El joven periodista se reía de todo. El periodista de 1968 en adelante fue un hombre más bien melancólico que-sin proponerselo- se había visto afectado de alguna manera por su propia importancia, por el respeto y el cariño que le concedieron a raudales sus estudantes de la Universidad, y por la convicción que tenía-porque la tenía y en buena hora-de que la historia de la literatura costarricense no podría escribirse sin él. Entonces se esmeró en ser profundamente serio. Muchas gentes, casi todas, pueden ponerse serias. pero como se ponía Marín Cañas en su primera época, así no se puede poner cualquier hijo de vecino. Herrera García, por ejemplo, lo entendía muy bien; y creo que muchos lo entendemos.
Quizá por eso, por lo que eso tiene de juventud irrecuperable y de evolución interrumpida, no escribió nunca esa novela que , en el fonde de su corazón y sin confesarlo ni a si mismo, llevaba dentro. A algunos nos esbozó un tema: el individuo formado en lso comienzos de siglo durante la república liberal, que no se logra orientar en la Costa Rica de ahora. ¿Nos habría dado un "Doctor Zhivago"? No lo dudo: al fin y al cabo su personaje favorito, Pedro Arnáez, es un desadaptado. Pero Pedro Arnáez no es José Marín Cañas; y el desadaptado de la novela que no quiso escribir sí lo habría sido. Por eso, en vez de la novela, comenzó a ecribir su autobiografía. Una autobiografía en la que José Marín Cañas aparece como el perro mojado de los humoristas judíos. "Yo no soy un escritor, soy un empresario cinematográfico", "Yo nosoy escritor, soy un criador de vacas", "yo no soy escritor, soy un gacetillero". Y lo que no dijo: "Yo no soy un escritor, soy el presidente dle Instituto de Cultura Hispánica". Pero no se deja de ser escritor para ser esas otras cosas, en la afirmación sobre las cuales hay un dejo de discipliscencia. No sé deja de ser escritor, ni para ser tantas cosas, ni para ser ninguna otra. Aun durante los veintiocho años que pasí sin escribir ( o escribiendo ocasionalmente, porque debemos rescatar dos piezas de esos veintiocho años: una sobre don Cleto González Víquez y otra sobre el Dr. Carlos Durán), siguió circulando por la vida en tesitura de escritor: pensando como escritor, discutiendo como escritor, hablando como escritor, comportándose como escritor, recibiendo a los jóvenes que buscaban al escritor. Escritor renegado, pero escritor. No empresario sinematográfic, ni criador de vacas, ni gacetullero. Y cuando regresó a lo suyo, lo hizo en tensión, a plena conciencia, y con el afán inconfesable, si no de recuperar, sí de resarcirse del tiempo perdido. orque un escritor con tanto que decir, cuando pasan muchos años sin decirlo provoce dentro de su ánimo un aluvión de temas que pugnan pr salirse y a veces no lo consiguen. Muchos se le quedaron dentro, y para siempre. Pongo dos ejemplos: la historia de cómo concibió y escribió "El infierno verde" y la de "Pedro Arnáez", del jurado nacional y del jurado internacional del concurso de novelas convocado por Farrar, Rinehart en 1940, historia que fue el detonador que determinó su alejamiento.
Una vez le dijo a un amigo en cpmún: "No me explico cómo García Márquez se ha atrevido a escribir otra novela despúes de Cien años de Soledad". Ahí puede estar el secreto de la novela que todos esperamos que Marín Cañas se sentaría a escribir en 1968: no valía la pena escribir otra despúes de Pedro Arnáez. Pero si meditamos, comprenderemos que sí la valía.
Trato de recapturar las numerosas conversaciones que tuve con él a partir de 1968 -la fecha de su reincorporación a las letras-, sobre su condición ineludible de escritor y lo que escribiría en el futuro. Y aparte su afirmación -que no le escuche- en torno a Cien años de Soledad, me parece haber adivinado en él, pasados los 60 años de edad, la manifestación de los traumas que en su personalidad de escritor y de hombre tiene que haber dejado la recepción absolutamente negativa que tuvo su obra por parte del establishment cultural costarricense de 1930. Es cierto: le premiaron en el histórico certamen de 1928: pero se negaron a aceptarlo. Los comentarios -citados por él casi taquigráficamente- que los daba por buenos y que él era lo suficientemente inteligente para saber que no debía escribir más.
"Dijeron que el imposible era yo, y reconozco que lo soy".Pero se olvidaba del cálido respeto que rodeó la aparición de "El infierno verde", y del entusiasmo que -no en el establishment de 1930 claro está, sino en las generaciones sucesivas de lectores -despertó "Pedro Arnáez". Lo que nunca quiso reconocer fue que, si bien lo rechazaron los viejos, sus contemporáneos y quienes vinimos detrás de pel sí lo aceptamos, hasta que sobrevino el momento biológico en que una nueva generación se dio el lujo de negarlo.Pero lo negó muy superficialmnete y sin desconocer su importancia. Lo negó superficialmente con esa superficialidad característica del joven que siente de pronto una especia de obligación generacional de negar, y termina por expresar su pensamiento -si pensamiento es- con frases como "cuertos viejillos ya aburren".
Lo que sucedió más bien, me parece, es que estilísticamente dejó e interesarles, y que no aprobaron la posición melancólica, nostáligica y espectacularmente reaccionaria que se complacía en adoptar en público, aun cuando, en el seno de la conversación amigable, denotaba puntos de vista diferentes, si no en política en literatura. Trinaba en público contra las izquierdas, pero mantuvo una amistad anquebrantable con Adolfo Herrera García y una dmiración que se le salía por los poros hacia Carlos Luis Fallas, el novelista y hacia Carlos Luis Fallas el ser humano. Nunca pudo dejar de ser espectacular. La prueba de que no era ese "viejillo que ya aburre" está en la devoción conmovedora que supo despertar entre sus estudiantes, durante los tres años que profesó en la Escuela de periodismo. Los estudiantes de periodismo de 1969-1971 constituyeron, como quien dice, la guardia de honor de su vejez, sus más fieles seguidores, defensores, y albaceas periodísticos.He ahí la prueba de que no se precisaba opinar de igual manera que él para quebrar el anillo y penetrar en su recinto. Es más me atrevo a decir que mejor ganzúa para penetrarlo que lo de pensar distinto, no existía.
Pedro arnáez y un poco detrás "El infierno verde" (por lo que tiene de proeza periodístico-literaria y de belleza en su concepción y ejeución) son los libros que le garantizan ese sitio de que he hablado en la historia de las letras costarricenses. pero junto a esos libros figurará -me atrevo a profetizarlo sin saber si más bien es que lo deseo profundamente- este libro póstumo de "Valses Nobles y sentimentales".
"Lagrimas de acero", "Cómo tú", "los bigardos del Ron", "Tú, la imposible", "Coto", "Rincón de olvido", "Pueblo Macho", "tierra de conejos, realidad e imaginación", Julio Sánchez, Ensayos" interesarán a los estudiosos y saldrán a relucir con mayor o menor frecuencia. Lo mismo, cuando se recopilen los artículos de "La Hora de Hoy", que acaso hayan envejecido, y aunque no se separen - y a lo mejor ni falta hará separarlos -los suyos de los de Herrera. resultará extraño y digno de consideración para el estudioso del futuro, el hecho de que sus tres libros claves (insisto en agregar éste), fueron concebidos, escritos y publicados años después del momento crucial en que Marín cañas quebró la trayectoria que traía la literatura costarricense y le abrió nuevos horizontes. Así ocurre. Están sus libros literariamente importantes, y también, claro está, los que tienen una importancia histórica. Estos últimos son "Los Bigardos del Ron" (principalmente por la incorporación a él del cuento "Rota la Ternura" que abre la brecha) y "Tú, la imposible", dígase lo que se diga, como la novela desenfadada de un escritor joven que no estaba, dispuesto a respetar iconos ni a procurar que lo respetaran a él. Cualquiera sea la calidad que en definitiva de posteridad le atribuya, esta novela fue, por decirlo con un término con que él alguna vez se refirió a otro cosa, una patada en la espinilla de nuestras letras.
Marín estaba convencido de que se le recordaría por sus ensayos. Yo le respondí que era muy pequeña aspiración, esa.
Pero a veces afirmaba tal esperanza, alimentando otra: la de que su interlocutor le respondiera con pedro Arnáez en ristre, y allí sí se producía una convergencia de ideas.
Nunca me imaginé que no podría asistir a sus funerales, encontrábame en Buenos Aires, viviendo una vez más la experiencia a que estoy acostumbrado en la América del Sur. La de que me preguntes: ¿Y usted es pariente de Marín Cañas el de Infierno Verde? Y contestándole esta vez a la escritora María de Vallarino, que quería saber de él y entiendo que hasta se carteaba con el: "Ay, doña María, me temo que cuando yo regrese a mi país, no lo voy a encontrar".
Así fue. Regresé y ya no estaba. pero sobre mi escritorio hallábase este libro, como un recordatorio, como un señalamiento. me tocaría a mí terminar, sólo, la tarea que un año antes había iniciado con él.
La cumplí, lo mejor que he podido, como un homenaje, no ya como el escritor, sino al periodista. Como un homenaje másbien a la convesación, a la tertulia ininterrumpida que sostuvimos durante casi treinta y ocho años. tertulia que, a diferencia de los textos escritors, si se terminó, definitivamente y para siempre. Y sin la cual me va a costar acostumbrarme a leer, a observar y a vivir. Sólo una cosa hay más triste que perder un interlocutor, y es perder a aguien a quien nos habíamos acostumbrado a escuchar. Lo que echaré de menos ahora, no será el conversar con él, sino el escucharle. Me quedará, claro, el recurso de releerle. pero la palabra escrita está fija y es invariable. Y José Marín cañas, por el contrario, era un hombre con quien el diálogo era siempre, absolutamente nuevo. tenía el don indescriptible e inapreciable de no repetirse. Era el río de Heráclito.

Tomado de la web del Club de Libros.

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