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RESONOCO

Categoría: Libros

01/05/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 00:14

Pasado presente

José Fidel Tristán

Diario de arqueología

Museo Nacional

Myrna Rojas G. (arqueóloga) y Gabriela Villalobos M. (historiadora)
De la infancia le viene a José Fidel el primer recuerdo de cuando escuchó hablar sobre arqueología. Ocurrió cuando su tío Mauro Fernández lo llevó a ver una “huaca” que apareció durante la construcción de un puente sobre el río Torres. De los objetos precolombinos hallados se atrevió a pedir uno, y lo llevó a su casa con sumo cuidado después de abrumar con preguntas a su influyente tío.

“De don Mauro recibí la primera lección de arqueología, y de labios de mi madre tantas explicaciones que desarrollaron en mí una gran afición por estos estudios, los que ya en un período muy largo de mi vida, me han hecho pasar muchas horas en divagaciones y muchas horas en inquietante expectativa al abrir otras sepulturas”, escribió Tristán en 1921.

Ese interés por la arqueología lo dejó plasmado en escritos, hasta ahora inéditos, que el Museo Nacional publica bajo el título de Diario de arqueología de José Fidel Tristán . Contiene textos obtenidos del Fondo José Fidel Tristán, custodiado por el Archivo Nacional de Costa Rica.

Lo valioso de esta publicación reside en que es casi inexistente una producción científica generada por nacionales sobre la arqueología costarricense durante las primeras décadas del siglo XX.

En sus escritos, Tristán retrata parte de nuestra primera historia, la precolombina, por medio de textos e imágenes de sitios arqueológicos, descripciones de colecciones y análisis de piezas, especialmente del Valle Central.

José Fidel Tristán Fernández nació el 6 de setiembre de 1874; su padre fue Fidel Tristán Céspedes, y su madre fue Práxedis Fernández Acuña, hermana de Mauro Fernández, figura clave de la reforma educativa costarricense de finales del siglo XIX. Cuando se graduó del Liceo de Costa Rica trabajó, entre 1894 y 1897, como asistente de mineralogía en el Museo Nacional.

Después partió a estudiar educación a Chile. A su regreso en 1900, se incorporó como docente y después como director del Colegio Superior de Señoritas (director entre 1908-1921) y posteriormente del Liceo de Costa Rica (director entre 1922-1929). A partir 1930 pasó a dirigir al Museo Nacional, labor súbitamente interrumpida cuando murió el 23 de enero de 1932.

Fascinado por el mundo de la ciencia y como hijo de su tiempo, tuvo un concepto del quehacer científico que no sufría los excesos de la especialización de la actualidad. Paralela a su labor docente, realizó un trabajo de investigación en varios campos (biología, física), aunque se destacó por sus investigaciones sobre vulcanología y la sismicidad.

En el caso de la arqueología, Tristán solo publicó tres notas, pálido reflejo de lo desarrollado en sus diarios de investigación inéditos. Algo sobresaliente para su época fue su preocupación de ir más allá del objeto, de tomar datos del contexto de las “huacas”, en ocasiones con ilustraciones de gran calidad y detalle.

En esa época existía un gusto por las “antigüedades” que se popularizó entre las élites costarricenses, especialmente a partir de finales del siglo XIX. Eran bellos objetos, símbolos de lo exótico y con un valor mercantil cuando eran vendidos a museos y coleccionistas extranjeros.

En el límite desdibujado entre la arqueología y el coleccionismo, Tristán se acercó a lo indígena, no con la connotación etnocéntrica común de su época, pero tampoco con un sentido de pertenencia.

En sus escritos, Tristán presenta notas de campo, analiza patrones funerarios, interpreta iconográficamente los objetos y su relación con el entorno natural; asimismo, se pregunta sobre el uso de tales objetos.

Esas actitudes todavía son válidas en la arqueología. Aunque Tristán no se aventuró a encontrar todas las respuestas, sí reflejó el accionar de una mente inquisitiva preocupada por entender su entorno. Esta es una búsqueda que algunos hacen por medio de la ciencia, otros por medio del arte, como bien lo retrató Francisco Amighetti en 1959, cuando habló de la sala en la que su profesor Tristán trabajaba:

“Parecía más bien el estudio de un pintor, con su caballete, su colección de objetos indígenas, sus pinturas, sus fotografías de volcanes, sus libros y sus papeles, donde acumulaba notas, observaciones y estudios”.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 abril 2008.

30/04/2008 GMT 1

De cómo recorrer el laberinto y no morir en el intento

marfuerte @ 00:27

Por Camilo Retana
Los Libros

Hacia una crítica de la razón mítica

El laberinto de la modernidad

Franz Hinkelammert

Ensayo

Editorial Arlekín

2007

Todo laberinto tiene sus propios monstruos. Los que habitan el nuestro incluso tienen apellidos: Reagan, Hitler, Bush. Sin embargo, ellos, los más recientes, dirigen su dedo acusador hacia otros sitios: Irak, Venezuela, Afganistán. El laberinto está también poblado de espectros que parecen verdaderos. Tenemos así un Dios despótico y poderoso que parece no haberse hecho humano nunca, el mito del progreso, el mercado erigido como mediador de salvación. Vamos de un lado para otro pero encontramos más y más senderos, paredes duras que nos dan en la cabeza, mercancías que nos auguran una estadía más placentera si dejamos de buscar una salida. Pero la salida existe y Franz Hinkelammert se encarga una vez más de recordárnoslo.

Con su más reciente libro, Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad (Editorial Arlekín, 2007), Hinkelammert aborda al sujeto contemporáneo como un nuevo Prometeo que se levanta, humanizándose, por encima de esas imágenes espectrales. Claro que no se trata de cualquier Prometeo. El autor retoma y amplía la interpretación del joven Marx de este personaje: "este Prometeo de Marx es muy diferente de todos los otros [porque] efectúa un discernimiento de los dioses, que no aparece en ninguno de los otros Prometeos. Pronuncia una sentencia sobre todos los dioses en el cielo y en la tierra, que no asumen al ser humano (…) como divinidad suprema. Se trata del ser humano como "un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable"". Este ser humano encarnado, de necesidades concretas, por ratos desespera, y entonces grita. Pero está dispuesto a no morir en el intento y por eso hurga por entre los rincones del laberinto buscando al menos un cabo del hilo de Ariadna. Y lo encuentra. Hinkelammert da cuenta de ese hallazgo a través de una frase de Desmond Tutu: "yo soy si vos sos". Pero ocurre que además de salvador, el hilo es el posibilitador del propio laberinto y de cualquier otra realidad posible. El "yo soy si vos sos" no es meramente un juicio de valor, si no que "expresa la condición de posibilidad de los juicios de hecho y de valor". El "yo soy si vos sos" desinfla los monstruos, disuelve los espectros y nos devuelve una imagen de ser humano alternativa a la de esa otra sensibilidad que pregona el "yo soy si te destruyo".

Ahora bien, existe una paradoja propia del laberinto moderno, y es que no es posible salir de él sin volver a entrar de nuevo. Para Hinkelammert no hay posmodernidad como alternativa histórica; de ahí que debamos andar y desandar los trillos de esta época, y hacerla nuestra. Los principales referentes del autor son, en este sentido, el cristianismo y el marxismo, pero no se trata de ser o hacerse creyente o marxista, si no de devenir sujeto. He aquí el Hinkelammert teólogo de la liberación. El Dios hecho hombre del evangelio y la crítica marxista al fetichismo convergen precisamente en ese lugar ético, político y epistemológico que Juan Luis Segundo denomina fe antropológica. Esta tesis, visiblemente moderna, nos devuelve al laberinto con un panorama renovado, a partir de la prerrogativa de convertirnos en sujetos.

Este libro de Hinkelammert, rico en reflexiones teológicas y en tesis sugerentes para la economía política, la antropología y la filosofía social, es un texto de referencia no solo para creyentes o académicos, sino también para todos aquellos que han sido humillados, sojuzgados, abandonados y objetos de desprecio.

Suplemento Los Libros. Semanario Universidad. Abril 2008.

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 00:11

Alfonso Chase
Mi abuelo volaba sobre robles amarillos

Minor Arias Uva
Ilustraciones de Rodni Cordero
Editorial Costa Rica, 2007

Se trata de del segundo libro del autor Minor Arias (1971), editado por la Editorial Costa Rica en el género de poesía para niños, jóvenes, personas mayores o para quien quiera acercarse a la lectura de hermosos y definidos ejercicios poemáticos de indudable valor literario, porque el autor es un poeta completo, con un estilo libre, desmañado, a veces coloquial, otras con cierto rigor semántico, lo que lo convierte en uno de los poetas más importantes de la actualidad.

La figura del abuelo es el motivo, no el pretexto, para dar a conocer una serie de actitudes de la relación entre abuelo, nieto y el entorno que hace que la poesía brote de manera franca, con plena espontaneidad, pero con la idea de ir definiendo una poética que se subraya en los temas, todos ellos construidos alrededor de las relaciones entre la naturaleza y los seres humanos, el entorno ecológico, que permite impulsarlos hacia la vida, la solidaridad, el disfrute de un mundo habitable para todos, pero disfrutable por cada uno.

Lo importante de Mainor Arias, en el panorama de la poesía costarricense, es la libertad formal para escribir sobre lo que desea, sin sujetarse a reglas fijas, dando a la palabra una libertad muy significativa, mediante el uso de un lenguaje que brota de lo coloquial y cotidiano, en esas tres partes en que se divide el libro, a partir de las llamadas maromas del abuelo, que responde a la energía que procede de su relación activa con las cosas, los animales, las celebraciones de la vida, que toman sentido en un presunto diario del anciano, donde la doble voz, protagonista temático-autor, nos permiten entrar a un mundo de conocimiento, secreto como un prisma, amplio como una ventana.

Los temas responden al universo poético de Minor Arias, que ya estaba presente en su primer libro editado, donde la poesía es también prosa que permite contar una historia, pues todos los poemas tienen una línea argumental que remite a la manera de pensar del poeta: lo telúrico, su relación con lo terrestre, con la armonía del universo, con la unidad de la enseñanza occidental y lo lejano del Oriente, que no mantiene sus signos apreciables o evidentes, sino del propio sincretismo de quien escribe, que ha forjado su manera de ser con la lectura externa, pero que se expresa con su propia idea de cómo deben ser los poemas, y cómo decirlos en la unidad de lo oral, el gesto y la palabra escrita.

El contenido de este libro es básicamente ecológico en sus dos vertientes reales: la mente interna y sus transformaciones y lo externo, la vida misma vibrando, para lograr una unidad, como se plantea en las nuevas formas de la experiencia creativa, y cuyo resultado podemos apreciar en la tercera parte del libro: El retorno al espacio cero, que puede significar mi propio yo en expansión. El difícil arte de escribir para jóvenes es original, porque los poemas no son didácticos, facilones, aniñados ni arrulladores, sino que son activos y proclives a impulsar la vida, a la acción de comprender al mundo y no al dormirse en los laureles, aunque se tenga sueño.

La herida
en el sol

Poesía contemporánea
centroamericana (1957-2007)
Universidad Nacional
Autónoma de México
UNAM, 2007

Por fin llega a nuestro país la tan
anunciada antología de poesía centroamericana, editada por la UNAM, seleccionada por Edwin Yllescas y bajo la acción editorial del
poeta Marco Antonio Campos, a quien le agradecemos la edición en la colección “Poemas y ensayos”, prestigiosa y atractiva editorialmente.

La presentación de Edwin Yllescas es completa y muestra un pleno dominio sobre los vectores de la poesía centroamericana, su desarrollo en los últimos 40 años en poetas nacidos a partir de 1939, como Jorge Debravo, José Roberto Cea, Roberto Sosa (1930), Octavio Robleto (1935) u Óscar Acosta (1933). La muestra nos remite a principios de los años 60, o un poco antes, para dar cumplimiento a lo definido por el antologador de que estos son los poetas de cambio en sus países, o en el conjunto de la América Central, como lo había propuesto quien esto suscribe, en 1973, en sus antologías de poesía centroamericana bajo el auspicio del Csuca, la Universidad de San Carlos, en Guatemala, o a la revista Horno, en Caracas, de la familia De la Cruz, y el particular interés de su hermano Vladimir de la Cruz.

Pero esta obra es la más completa y representativa, editada en una casa editorial de gran prestigio, como es la UNAM, proyecto que nació al calor del encuentro del III Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, en 2007.

La antología abarca casi 520 páginas y presenta poemas de los cinco países, para un total de 54 autores, con una muestra representativa de su trabajo y mención a sus libros editados.

Para quien ha andado en estas lides, la muestra es representativa, de acuerdo con lo expresado por el compilador, de ser factores de cambio, algunas veces de relevo generacional, dando forma en sus poemas a un mundo personal, “lúcido, irónico, desconsolado algunas veces”, pero expresando las coordenadas
históricas del desarrollo de la literatura centroamericana, presente en lo que se ha llamado
primera generación del 60 o, muchas veces, promoción de la revista La Pajarita de Papel, en sus inicios, o de la revista Alero, en sus finales. Pero lo más valioso es la importancia del valor literario de la muestra, reproduciendo algunos poemas que se consideran ya clásicos, en la obra de los antologados, con la misma intención de ruptura, que efectivamente se da en muchos de los autores, y que muchas veces es coincidencia entre autores de diferentes países, que puede decirse que se conocen y se tratan desde su adolescencia y la edición de sus
primeros a últimos libros.

La compilación muestras las variantes de lenguaje poético entre las diversas promociones, el impulso histórico o las transformaciones personales, en cada uno de los protagonistas de la poesía centroamericana entre 1957 y 2007, aunque en muchos casos se reproducen poemas escritos en los 60, 70 y hasta en los 90. La intención estética pareciera prevalecer lo que convierte a la obra en un deleite de
lectura, así como en una especie de encabalgamiento que permite afirmar que existe la poesía centroamericana como un conjunto real, y en muchos casos se pueden trastear sus enlaces con la poesía norteamericana y los focos culturales de México, Cuba, Bogotá o Brasil, en la formación intelectual de los diversos autores.

A diferencia de otras antologías, de las que se dice que sobran autores, en esta quizás
falten algunos: Mayra Jiménez, Isabel de los Ángeles Ruano, Leonor Garnier, Guillermo
Fernández o José María Zonta, o del poeta
Otoniel Guevara, a quien he visto en festivales europeos de gran reputación y reconocimiento para con su obra internacional y centroamericana. La inclusión de autores por país es variada: 6, 8, 9, 12 poetas y en el caso de Nicaragua 22 autores, demasiado complaciente la selección en este caso.

Diccionario de la literatura
centroamericana

Albino Chacón, coordinador
Editorial Costa Rica/EUNA, 2007

Por fin circula la tan esperada obra de reunir, en un solo tomo, un Diccionario de la literatura centroamericana, coordinada por el escritor Albino Chacón, y un equipo de ocho colaboradores, especialistas y estudiosos en la literatura de sus respectivos países, que en este caso incluye a Panamá.

Muchos otros diccionarios nacionales han circulado en los últimos años, pero adolecen de no ser tan completos como este que reseñamos, cuyo antecedente inmediato es el “Diccionario de autores centroamericanos”, del estudioso y escritor Jorge Eduardo Arellano, que por ser una obra unipersonal, luce incompleto y a veces desordenado, pero que contiene una bibliografía inmensa, necesaria para conocer la literatura centroamericana casi desde finales del siglo XIX.

Este diccionario de literatura centroamericana es el más completo que se haya realizado a la fecha, conteniendo casi toda la muestra de autores del área, desde la literatura genésica hasta los más nuevos autores, por estricto orden alfabético, con fichas relativamente ordenadas sobre la obra editada, las características de la misma en relación con la vida literaria, intelectual y proyección de los seleccionados en el desarrollo cultural de sus países, con opiniones específicas sobre el énfasis en el que se valora más determinantemente su propia inclusión en el diccionario, con la salvedad —y esto no es demérito— de la amplitud que ocupan muchos autores recientes en relación con los que los anteceden. La obra se inscribe en la tendencia de la importancia de la literatura centroamericana como un todo, donde los vasos comunicantes entre los autores, de país en país, de época en época, permiten establecer sus estadías en los diferentes países, lo que permite entender las relaciones entre las diferentes promociones, el intercambio de ideas y algunas veces las tendencias literarias que se manifiestan desde inicios del siglo XX, no solo como relevo generacional, sino también con el uso de los aportes que determinan las circunstancias históricas de las relaciones personales y aún el carácter emblemático de diferentes instituciones, a las cuales estuvieron vinculados, en los años 60 y 70 del siglo pasado, y que permitieron dar forma a esa idea de lo centroamericano, lo nacional y las tendencias universales de cambio, casi en todo sentido, a partir de la llegada de la Revolución Cubana, en 1959. Esto se refleja en la membresía política de muchos de los autores que empezaron a publicar en la mitad del siglo pasado, así como la aparición de movimientos literarios, compartidos en casa país y en el istmo como un todo.

Las fichas contienen detalles de la vida, la obra y la proyección laboral y social de los
creadores, así como sus lugares de origen, sus estudios, su pertenencia a grupos determinados, algunos con una trayectoria que ya es historia, lo que hace su lectura amena, enjundiosa y casi completa, a excepción de algunas que se detienen excesivamente en premios, reconocimientos o cargo ocupados, pero que son importantes para conocer la hoja de vida de los autores.

Una obra que nos permite tener a la vista todo el proceso literario de la América Central, desde la colonia hasta nuestros días.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 10 abril 2008.

25/04/2008 GMT 1

Libro reúne material literario de la región

marfuerte @ 23:57

• Diccionario de la Literatura Centroamericana
Fabio Mena Cordero
fmena@prensalibre.co.cr
Foto: Mariano Ramírez

Esta es la portada de “El Diccionario de la Literatura Centroamericana” que será presentado oficialmente el próximo jueves 10 de abril en el Instituto Cultural de Chile, a las 7 p.m.
Un libro que recopila información acerca del mundo literario de Centroamérica por medio de una guía organizada de consulta, que informa acerca de la línea y trabajos de los escritores, ya es una realidad.
“El Diccionario de la Literatura Centroamericana” es una coedición de la Editorial Universidad Nacional y la Editorial Costa Rica, convirtiéndose en un hito en la historiografia literaria centroamericana, tanto por su visión de conjunto como por la cantidad, calidad y exactitud de la información acerca de la producción literaria y de sus direcciones estéticas y temáticas.

Este libro es un homenaje a quienes pusieron un granito de arena en la literatura y una sistematización de sus logros principales como los poemas, narraciones, obras teatrales, crónicas, literatura testimonial, ensayos.

Durante cuatro años, un grupo de
personas expertas en la materia recopiló información sobre autores, sus obras y corrientes estético ideológicas. Se trata de una obra hecha con rigor y por tanto fiable para quienes buscan profundizar en el conocimiento de las letras de la región, de autores particulares o de información bibliográfica.

La responsabilidad de dar vida a esta obra literaria corrió a cargo de Carlos Cañas Dinarte, Marjorie Gamboa, Martín Jamieson, Carlos López, Francisco Méndez, Carlos Monge, Damaris Serrano, Helen Umaña, bajo la coordinación de Albino Chacón.

“Concebimos este diccionario como una obra en proceso constante de enriquecimiento” indica Chacón, al mismo tiempo que promete a los lectores una futura y no muy lejana nueva edición. “La idea es que el equipo de colaboradores se mantenga en una labor permanente de recopilación de nueva información, como corresponde a una obra de este tipo y como lo merece la riqueza, variedad y calidad de la literatura que hoy se escribe en Centroamérica” expresa en el libro.

De acuerdo con el coordinador, en el libro se han incorporado autores considerados clásicos, que constituyen lo que se podría llamar el canon mayor de las letras centroamericanas y, junto a ellos, una pléyade de escritores que siguieron sus pasos con una obra fundamental en sus países de origen y en la región como un todo.

En ese grupo es fácil localizar información sobre Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Augusto Monterroso, Ernesto Cardenal y muchos otros.

También se puede encontrar información de escritores jóvenes que han logrado un reconocimiento internacional y cuya obra se lee y estudia en los centros académicos, pero además a aquellos cuyo conocimiento hasta ahora había estado más bien restringido a sus fronteras, a pesar de su inobjetable calidad y producción.

En 525 páginas, estos autores esperan que su obra recorra muchas y diversas geografías, en manos de los lectores centroamericanos y de todo aquel que se interese por la cultura y la literatura centroamericana.

La presentación oficial de esta obra de colección será el próximo jueves 10 de abril en el Instituto Cultural de Chile, a las 7 p.m. con participación Mabel Morvillo, Carlos Cortés y Seidy Araya como presentadores.

A la cabeza
El coordinador de esta gran tarea es Albino Chacón, un costarricense, doctor en Literatura Comparada por la Universidad de Montreal de Canadá, quien se ha desempeñado como profesor en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje, de la Maestría de Estudios de Cultura Centroamericana y del Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes de América Central, todos programas de la Universidad Nacional.

Chacón ha impartido cursos de literatura costarricense, centroamericana y latinoamericana, así como de literatura colonial de América Central, áreas en las que ha publicado, individualmente o de manera conjunta, numerosos estudios en libros o revistas especializadas.

Entre su obra se destaca “La travesía azarosa de los textos: Folklore literario y literatura folklórica en Costa Rica”; “El discurso colonial: construcción de una diferencia americana” y la obra inédita “Literatura colonia de América Central”.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 8 abril 2008.

Día del libro

marfuerte @ 23:37

Alberto Fonseca
El 23 de marzo de 1968, el entonces presidente de la República, Prof. José Joaquín Trejos Fernández, y su ministro de Educación Pública, licenciado Guillermo Malavassi Vargas, decretaron el 23 de abril como el Día del Libro.

Se escogió esta fecha para recordar que un 23 de abril falleció el gran escritor de lengua española, don Miguel de Cervantes Saavedra.

Dicho autor nació en Alcalá de Henares, España, en 1541.

Sus padres fueron don Rodrigo de Cervantes Saavedra y doña Leonor de Cortinas. Hacedor de innumerables obras literarias, entre ellas la que le dio fama universal, como es el monumento de las letras Don Quijote de la Mancha, igualmente numerosas comedias, como “Pedro de Urdelamas”, “El gallardo español”, “El juez de los divorcios”, “El tratado de Argel”, “Numancia”, y sus otras novelas, entre ellas “Viajes de Parnaso”, “Novelas ejemplares”, “Trabajo de Persiles y Segismunda”.

Llevó una vida azarosa, e inclusive como soldado participó en varias batallas, entre esas la de Lepanto, donde fue herido en su brazo izquierdo y a partir de ese momento se le siguió llamando el Manco de Lepanto.

Fue famoso hasta después de muerto y su aporte a la literatura
universal es incuestionable, considerándosele creador de la novela contemporánea y figura importante en el sitial de los grandes escritores.

No existe una persona culta y deseosa de adquirir sabiduría, que pueda ignorar al maestro Cervantes y el mundo de sus páginas.

Conforme pasan los años, su nombre crece cada vez más y la prodigiosa selva de sus páginas nos embelesa, porque siempre encontramos una nueva enseñanza o moraleja.

Muchas veces, ante las adversidades de la existencia, acudimos al gran Alonso Quijada (don Quijote) para encontrar respuestas a nuestras inquietudes.

En otras circunstancias, es el famoso Sancho Panza quien llega a nosotros, con su visión realista de la vida.

Así transcurren nuestros días, a la espera de una Ínsula Barataria o jugando de Quijotes en nuestra lucha cotidiana, contra molinos de viento.

Fomentemos el hábito de la lectura, convirtiendo al libro en nuestro mejor amigo y recordando al gran Cervantes Saavedra, quien montado en su Rocinante aún recorre el mundo, con un mensaje de paz y fraternidad entre los hombres.
periódico La Prensa Libre 17 abril 2008.

16/04/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 00:03

Nombrespropios

Varios autores

Diccionario de la literatura...

EUCR y EUNED

Xinia Molina | xmolina@una.ac.cr
xmolina@una.ac.cr

Setecientos escritores de nuestro istmo “viven” juntos: todos están en el Diccionario de la literatura centroamericana . Este libro fue coordinado por el costarricense Albino Chacón y realizado por un equipo centroamericano. Lo han publicado la Editorial Costa Rica y la Universidad Nacional.

Los escritores provienen de épocas distintas y fueron reunidos al considerarse que han permitido fijar a Centroamérica dentro del mapa de la literatura mundial. Ellos son referencias inelu-dibles de lo que hoy se escribe y se lee en la región.

El Diccionario ofrece las líneas generales de la literatura de nuestra región a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Esta obra enciclopédica es la más completa que se ha publicado hasta ahora en Centroamérica: narradores, poetas y dramaturgos de la región, conocidos unos y casi desconocidos otros; algunos con un lenguaje refinado y didáctico, otros en la acera opuesta; unos más volcados al amor y la esperanza, otros al desamor y al desencanto; unos interesados en los temas rurales y campesinos, otros en los rincones más profundos y violentos de la ciudad.

El Diccionario incorpora autores clásicos, que constituyen lo que podría llamarse el “canon mayor de las letras centroamericanas”.

En este grupo es fácil localizar información sobre Sergio Ramírez, Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Jorge Debravo, Augusto Monterroso, Ernesto Cardenal, Manlio Argueta y Alfonso Chase, entre otros.

Albino Chacón percibe un segundo canon de clásicos nacionales, pero que no han alcanzado la irradiación regional o internacional de los primeros. De ellos, el Diccionario ofrece una información que aquilata su creciente importancia.

A partir de los conflictos bélicos del decenio de 1970, en el istmo surgen lo que algunos denominan escritores “de posguerra” y “del desencanto” por su manera de abordar la realidad de sus países.

Ellos aportan nuevos sujetos y un tratamiento inédito de asuntos como la identidad cultural y –sobre todo– la violencia. Se la ve de una manera ya generalizada en la cotidianidad de nuestras caóticas urbes, y no identificada con una fuerza política revolucionaria particular.

Algunos de esos escritores son Horacio Castellanos, Carlos Cortés, Franz Galich, Rodolfo Arias y Rodrigo Rey Rosa. Son autores que han logrado ya un reconocimiento internacional.

Asimismo, el Diccionario presenta a escritores jóvenes que tienen en común la intención expresa de entender las cosas y de hacer literatura de una manera completamente diferente. Piénsese por ejemplo en Alexander Obando o en Maurice Echeverría.

Se trata de una nueva generación que intenta afincar, en la literatura, su rebeldía, a menudo expresada en textos de una gran violencia en los temas y en el len-guaje. Todo ha derivado en textos ciertamente desiguales por su experimentación: a veces excesiva, pero innegablemente innovadora.

En este nuevo tipo de escritor se observa un alejamiento casi radical del espacio rural hacia el urbano. Prefieren los lugares más profundos de las ciudades, como los prostíbulos, las covachas, los bares de mala muerte, los espacios de los marginados.

De esos espacios surge una literatura en la que los protagonistas son prostitutas, chulos, trasvestis y drogadictos: todo un conglomerado urbano que durante mucho tiempo se ha considerado el ‘antisujeto’ propio del progreso y de los valores legitimados tradicionalmente.

En suma, el Diccionario ofrece una visión integral de la plurifacética producción literaria centroamericana. Del libro podrán sacar provecho, de manera particular, estudiantes, profesores e investigadores, tanto del área centroamericana como fuera de esta, donde se imparten cursos sobre cultura y literatura centroamericana.

Una cosa queda clara: las letras centroamericanas han comenzado a dejar de ser un continente ignoto para entrar con méritos propios en la geografía literaria mundial.

Suplemento Ancora periódico La Nación 6 abril 2008

15/04/2008 GMT 1

Tras el mito de Yolanda Oreamuno

marfuerte @ 23:55

Transformación En cinco años, una joven formal se convirtió en escritora y en activista política

Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com
Una noche, a principios de la década de 1930, en los alrededores del Colegio Superior de Señoritas, se escuchó un disparo y, de inmediato, el sonido de unos pasos que se daban a la fuga. Quien accionó el revólver era una adolescente que así respondía a un grupo de jóvenes voyeuristas: estos habían hecho, de la ventana de su dormitorio, una parada habitual en sus recorridos nocturnos.

Muchas otras historias, además de la anterior, circulan sobre la escritora Yolanda Oreamuno. Una de las más célebres es la de su fallido secuestro, tramado por un desesperado admirador que acabó vapuleado por otros admiradores, más comedidos.

También causaron sensación su matrimonio con un diplomático chileno, su viaje a Santiago, su regreso ya viuda, y su traslado con viso de escape a Guatemala y México. En este país se relacionó con muchos de los más destacados intelectuales latinoamericanos.

Todas esas anécdotas, casi elevadas al rango de elegante chismografía literaria, contribuyeron a forjar su imagen de mujer diferente, excepcional e inadecuada para la monotonía de la sociedad josefina de aquella época.

El encanto que convoca la excentricidad provocó que durante mucho tiempo se evitara leer el mensaje y el significado de los escritos de Yolanda Oreamuno, y que se los sustituyera –en palabras de Alfonso Chase– por una lectura “entre renglones de los despojos de su leyenda”.

Primeros pasos. Desde finales del siglo XIX, el discurso liberal del progreso había legitimado el acceso de las mujeres a la esfera pública mediante la redefinición del trabajo femenino en las áreas doméstica, comercial y educativa. Sin embargo, tal incorporación era restringida e implicaba la sujeción a las normas de la dominación masculina.

Por tanto, no debe causar extrañeza que las primeras incursiones de Yolanda Oreamuno en la prensa escrita se ajusten a las expectativas más tradicionales sobre la conducta femenina. Su primer ensayo conocido –recién “descubierto”– se titula ¿Puede la mujer tener los mismos derechos políticos que el hombre? y fue publicado por la Revista Costarricense el 16 de octubre de 1932.

En ese breve texto, la estudiante de dieciséis años del Colegio Superior de Señoritas sostiene que no resulta conveniente, desde ninguna perspectiva, que la mujer goce de los mismos derechos políticos que el hombre. La Liga Feminista, fundada en 1923, había hecho, de la aprobación legislativa del voto femenino, uno de sus principales objetivos. Sus constantes campañas en tal sentido mantenían el tema en el centro de la atención pública.

Demostrando una adscripción total al discurso patriarcal sobre los roles de sexo o género, Oreamuno despacha el asunto: “La mujer que quiera sentarse en las sillas del Congreso, la que quiera vivir esa vida agitada y pujante de la política, que selle las puertas de su casa y anule su personalidad”.

Tan solo un año después, en 1933, la joven fue candidata de La Hora , notable y polémico periódico dirigido por el escritor José Marín Cañas, en un concurso de belleza que despertó verdadera pasión. Como era de esperar, el popular diario desarrolló una intensa campaña a favor de su representante, en la que no se escatimó ninguna estrategia publicitaria.

El título principal de la portada de La Hora del 23 de diciembre de 1933 anunciaba: “Yolanda Oreamuno, arquetipo de belleza perfecta, mide exactas las medidas de Miss Universo”.

Las fotografías que ilustraban el artículo pretendían mostrar que la costarricense cumplía a la perfección con el prototipo de la mujer moderna, definido por los centros internacionales del glamour : “Hoy día podemos decir que el siglo veinte está representado por una mujer ágil, alta, fuerte, deportista, inteligente, elegante, sobria en el atavío, con naturalidad en todas sus facciones, de cierto peso, que, sin quitarle fortaleza, la mantenga ágil”.

Otro tiempo. Cinco años después, el 5 de noviembre de 1937, el vespertino La Hora publicó la crónica Su música , en la que Oreamuno reseña el concierto del pianista argentino Óscar Luis Karzag y la impresión que le produjo su música descriptiva. Este texto pasó inadvertido, y a ello contribuyeron los acontecimientos en los que se vio envuelta la escritora. Estos evidencian cómo la leyenda en torno a Yolanda Oreamuno supera y da forma a la realidad sobre su vida.

En la edición de ese mismo día, la portada de La Hora informa de la destitución de Yolanda Oreamuno de su puesto en Tributación Directa por haber participado en el “sabotaje” de la presentación de González Marín, un declamador franquista, en el Teatro Raventós.

La nota periodística lleva por título Yolanda Oreamuno despedida de Tributación Directa , aunque, en realidad, su despido laboral es apenas una consecuencia marginal de los sucesos que allí se relatan.

De hecho, el texto se centra en la descripción detallada de la forma en la que los miembros de la Liga Antifascista y algunos comunistas impidieron la realización del acto del declamador español y del posterior enfrentamiento de los manifestantes con la policía. En consecuencia, el título de la nota, resulta engañoso y cumple una función distractora: desplaza la atención del lector de los hechos políticos hacia la participación de la escritora.

Más de sesenta años después de los disturbios del Teatro Raventós, Joaquín Gutiérrez relató, en sus memorias, que Oreamuno era la encargada de dejar el teatro a oscuras. La versión de Gutiérrez se distancia en mucho de la consignada por los periódicos que dieron cuenta de los acontecimientos – La Hora y La Tribuna –, lo cual puede atribuirse a la gran distancia temporal entre los incidentes (1937) y el momento de la escritura de sus recuerdos (1999). También puede atribuirse al carácter mismo del escrito autobiográfico, que somete los hechos históricos a un particular tratamiento.

Lo cierto es que esa reconstrucción asigna a Oreamuno un papel protagónico muy diverso del que en efecto cumplió. De la información periodística se concluye que Oreamuno nunca llegó a apagar las luces del teatro, tal y como lo afirma Gutiérrez, sino que se limitó a increpar al declamador con un enérgico “¡Cállese!”.

De acuerdo con Emilia Macaya, a partir de 1938, Yolanda Oreamuno inició la búsqueda de una autoafirmación femenina que la distanciara de la ajena y engañosa mirada masculina, y que se fundamentase en “una definición de la mujer surgida desde ella misma”.

Por ello, no es sorprendente que en 1932 aún no se hubiese deslindado del discurso patriarcal que proyectaba a la mujer ideal como un ser que debía mantenerse al margen de la esfera pública.

Los cinco años transcurridos desde la publicación de su primer artículo hasta su participación en los incidentes del Teatro Raventós dan cuenta de un proceso vital hasta ahora poco conocido. En este último momento, la escritora da muestra de un compromiso que va más allá de la retórica y que afirma, con los hechos, la condición impostergable de la mujer como protagonista de la vida política.

Esa circunstancia define a Yolanda Oreamuno –más allá de su aura mítica y del tópico de su gran belleza– como una mujer valerosa y marcada por su espíritu de contradicción frente al poder.

El autor es profesor de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura e investigador del Instituto de Investigaciones Lingüísticas del la UCR. Prepara la publicación de los
Suplemento Áncora. periódico La Nación 6 abril 2008.

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 00:14

Alfonso Chase
Petróleo
Pier Paolo Pasolini
Seix Barral, 2007

Considerada la obra más completa de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), se empezó a escribir en 1967 y apareció póstumamente en 1992, concebida originalmente como en realidad fue: un texto inacabado y con comentarios críticos de autor, cosa que tuvieron que hacer los editores luego de su atroz asesinato. Es una obra en marcha, que duró veinte años en ser escrita, nunca enviada a editor alguno y planeada como un texto, ambicioso, que consigna la historia de Carlo, un prestigioso ingeniero con doble personalidad: un intelectual y un hombre de pueblo, vinculado a la historia cotidiana, como en su poesía y en sus narraciones hizo alguna vez el creador.

Es un retrato del autor, parece decirlo entre sus textos, pero es también el fresco de la historia de su Italia, con sus incongruencias, aciertos y destrozos psicológicos, que encarnan en un protagonista inolvidable, pleno de atracción, encanto y perversión, donde la sociología del comportamiento se convierte en fantasía erotónoma, que pareciera que está ocurriendo, pero que bien puede ser solo una visión de una historia que nunca acaba, fragmentada en tropismos, acciones, tonterías y aciertos íntimos, todo dentro de una especie de tejido social que engloba la corrupción, el nuevo fascismo, el consumismo, la fragmentación de las ciudades en centros comerciales, como si el autor fuera un profeta y el personaje su proyección, para así trazar una historia que pareciera convertirse en pedazo de un enorme rompecabezas, que acaba integrando y
desintegrando el cuadro final, simplemente porque el autor fue asesinado antes de terminarla, o porque nunca tendría fin.

Siendo una obra que solo alcanzó a recibir la última mirada del escritor, pero sin aprobarla ni darle un visto bueno para su edición, “Petróleo” es una obra de arte de los encargados de editarla, que han tenido acceso a las notas más íntimas tomadas por Passolini hacia 1973, para dar forma a lo que estimaba que sería un Satiricón moderno, a la manera de “El hombre sin atributos”, de Robert Musil, por ejemplo, o las últimas obras de Julieta Campos, Nélida Piñón, Norberto Fuente o Norman Mailer, para citar a los más recientes, Roberto Bolaño incluido.

“Petróleo” fue editada por esta misma editorial en 1993, con una vasta traducción de Atilio Pentimalli, que repite, y que produjo una especie de estupor entre los lectores en español, al penetrar en una obra majestuosa, que incluye reales y falsos prefacios, se indaga sobre qué es una novela, palabras sobre la formación de los personajes, influencias de otras obras escritas y leídas por el escritor, rompecabezas, crucigramas, fábulas, encuentros nocturnos que derivan hacia la perversidad, resplandores y visiones de santidad, confidencias para el lector, todo dado de una manera explícita y en secuencias quebradizas y digresiones ampulosas, con toda la pomposidad de un mundo que se enfila hacia su propia desgracia.

“Petróleo” es en verdad una iluminación hacia la comprensión de la desintegración de una personalidad y una clase social, como ya lo había intentado en el guión-novela del autor “Teorema”, una de las obras más influyentes del siglo XX, con todo el trabajo del equipo que le dio final, guardando las “indicaciones” del autor, según puede
percibirse en el texto que reseñamos.

Escrita en dos partes, o
bloques de narrativa, esta obra pareciera cerrar una propuesta novelística que tiene todos los visos de reflejar la segunda mitad del siglo XX, no solo en Italia, sino también en el mundo, y donde podemos verla como una iniciativa delictiva del poder, de una personalidad, de una multitud, del Estado, en la construcción de la propia prosa, en una crisis cósmica que él preveía al dar fin a la novela, que bien puede ser su propio asesinato, o el cataclismo propio de su país, dividido en múltiples fragmentos, tal como lo veía Reynaldo Arenas en sus últimas obras.

Un libro para ser leído serenamente, pero entendido de manera vertiginosa. Una obra maestra por inconclusa y por su capacidad de nuevas propuestas narrativas.

Ghost Wars
Steve Coll
The Penguin Press, 2007

Es el libro más exhaustivo sobre las llamadas guerras fantasmas, en el sur de Afganistán, a partir de la contrarrevolución a la invasión de los soviéticos y las maniobras de la CIA por despejar su colaboración e invención de Bin Laden y los talibanes, que luego de la retirada rusa hicieron gobierno e implantaron su régimen fundamentalista.

Podría ser un libro más, pero el periodista Steve Coll, laureado con el Premio Pulitzer, ha
logrado un acopio de información sobre los antecedentes de esos sucesos y su desarrollo entre 1979 y 1989, en lo que podría ser casi un informe secreto develado ahora, del conocimiento que tenía la CIA de las actividades de la familia Bin Laden, y los esfuerzos de la agencia por eliminar al
hermano díscolo, desde antes de 1998.

El impacto del libro está centrado en los esfuerzos de la CIA, la antigua KGB, los servicios secretos paquistaní y de Arabia Saudita, para trabajar dentro de Afganistán, tratando de descubrir y dar forma a las actuaciones y relaciones entre el terrorismo fundamentalista y la base establecida allí, como gobierno, para expandir sus ataques en centros neurálgicos determinados por los estrategas talibanes y sus centros de acción en Bin Laden.

El autor divide su libro en tres partes, siguiendo un orden cronológico, 1979-2001, donde podemos conocer la invasión soviética, las contradicciones internas de la misma en el manejo del país, la existencia de los señores de la guerra, los focos talibanes o saudíes y la expansión de proyectos, casi todos conocidos por los servicios secretos, principalmente por la CIA, pero que no logran integrar las informaciones, que muchas veces se conocen a miles de kilómetros de distancia, y el distanciamiento de los propios afganos de lo que significaba la invasión, los colaboracionistas marxistas del Gobierno, el Estado Mayor ruso en ese territorio, y los diferentes grupos instalados en las madrazas fundamentalistas, previendo en el futuro hacer todo un plan de ataque terrorista contra objetivos predeterminados con información efectiva desde 1998, pero inexplicablemente ignorada.

El libro está escrito en un estilo periodístico, como si fuera planeado en el propio sitio o yendo de un lugar a otro, en un sentido polifónico, en el cual las diferentes voces se alternan, para darnos las contradicciones y coincidencias que determina una frase casi casual: en “eso” muchos americanos van a morir, que prefigura los ataques del 11 de setiembre. Es, también, una historia secreta de los trabajos de espionaje de la CIA, sus planes, el acopio de la información y la historia personal y familiar de Bin Laden, y el liderato de este en su propio grupo, que muchas veces luce beatífico o agresivo, más los esfuerzos de los distintos servicios de espionaje para capturarlo o asesinarlo, antes de que ocurra un cataclismo.

Aunque el núcleo central está formado por el personal de la CIA y su rol en los sucesos de Afganistán, el libro incluye declaraciones y puntos de vista de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, los servicios de inteligencia de Afganistán, Pakistán y Arabia Saudita, en un extraño crucigrama de intereses que los une, los separa y hasta los aísla, para terminar sin saber realmente cuál es el pensamiento de la célula de Al Qaeda y su Jihad islámica. La obra contiene mapas importantes para conocer la importancia estratégica de Afganistán, en la región, más todo aquello que era preconocido por los servicios secretos norteamericanos, antes de la catástrofe del 11 de setiembre. Un libro apasionante para conocer los entretelones del conflicto, todo contado con gran propiedad, relacionando unos asuntos con otros, con elementos valiosos de las biografías personales de los protagonistas islámicos, sus ideas políticas, sin ningún prejuicio religioso, más las explicaciones de los diferentes protagonistas, antes y luego de los sucesos del 11 de setiembre. Un libro que luce de cabecera para los analistas internacionales, los estudiosos del fundamentalismo islámico y de las células Al Qaeda repartidas por el mundo.

The economist
March 15-21
The New Colonialist: China en búsqueda de recursos

Un especial de 14 páginas sobre la búsqueda de recursos de China en otros continentes, lo cual propicia lo que la publicación llama “los nuevos colonialistas”, que es también un reflejo de las nuevas relaciones políticas, sociales, diplomáticas con otros países, principalmente África, así como las ventajas de que los nuevos países realicen negocios con China, sobre todo aquellos que desean incrementar sus ingresos en exportaciones, de las cuales carece ese país continente. China es presentada como un país de nuevos exploradores en nuevas tendencias financieras, nuevas tecnologías y también ante unas relaciones diplomáticas. El controversial modo de acercamiento a África, el Congo como modelo de explotaciones, es presentado como paradigmático de un imperio secular en expansión, en ese modelo tan extravagante de marxismo en el papel y la retórica, dólares en los bancos y en el bolsillo. Interesante el futuro de Australia en las relaciones, así como el papel de la contaminación en su propio desarrollo interno.

The economist
La crisis de Wall Street
March 22-28

Un reporte de diez páginas sobre la crisis de Wall Street, comenzando por el editorial, repartido entre diversos temas el reporte especial, para darnos una sutil idea de la magnitud del problema, pasando por el uso de la palabra crisis, más detalles muy específicos sobre la posible contracción económica en Estados Unidos, léase el mundo, donde para salvar la vida financiera de las personas se tiene que echar mano de los recursos del Estado, para seguir repitiendo: ¿qué anda mal en el sistema financiero (mundial) y cómo eso afectará la vida de los seres humanos, países y el comercio mundial? Especial para ejecutivos temerosos, ignorantes ante el problema real de la guerra en Iraq, el endeudamiento de los ciudadanos y otros detalles del asunto. Impecable y analítico el informe sobre los sucesos del Tíbet, con un tono pudoroso, para no referirse de manera más detallada a la presencia de la población china dentro del territorio tibetano, la opresión social cultural y económica, así como el centro de los disturbios en Lahasa, a partir del antiguo barrio de Jokhang, centro espiritual de la vieja ciudad. El problema tibetano es solo un punto en la historia de la China actual, agobiada y temerosa de que estos disturbios se extiendan a otras minorías tibetanas, dentro de su territorio, así como afecten a otras minorías, musulmanas principalmente, en el futuro.

Revista Abanico, periódico La Prensa Libre 3 abril 2008

10/04/2008 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 23:59

Forja patriótica

Extracto del libro ‘Forja patriótica’ escrito por varios autores nacionales como Yamileth González García y Fernando Durán

Rodrigo Facio antes de la creación del Centro de Estudios de los Problemas Nacionales.

En el Liceo de Costa Rica, donde se gradúa en 1935, Rodrigo Facio se perfila como un indiscutible líder estudiantil, estudioso, interesado en la política internacional y en la realidad que lo rodea.

De mirada profunda y gruesas cejas que lo hacen parecer mayor, Facio discute, critica, se apasiona con la posibilidad de conquistar el mundo para cambiarlo.

Sus primeros escritos en el periódico estudiantil Rebelión son radicales, de izquierda, con la fuerza de la juventud, críticos y reflexivos. Le molestan las bases conservadoras y racionales del capitalismo y reniega de una educación elitista en la cual solo la clase dominante puede estudiar. Entre 1936 y 1940, cuando dirige el país León Cortés, se puede afirmar que las condiciones mejoran.

Superada la Depresión del 29, se inicia un nuevo período de bonanza económica que permite invertir en infraestructura. Admirador de Hitler, Mussolini y Franco por el orden en la economía y la mano dura en la política, negocia exportar a Alemania, país por el que tiene gran admiración.

Antijudío, amigo de los Somoza de Nicaragua, impositivo y celoso de su poder, León Cortés contó entre sus admiradores al Dr. Calderón Guardia, a Figueres Ferrer y a muchos de los que conformaron el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales, el grupo Acción Demócrata. Admirado por socialcristianos y socialdemócratas, se opone al comunismo, al socialismo y a cualquier ideología que coarte la libertad.

La Guerra Civil española explota en 1936, y muchos de los costarricenses conscientes le llevan el pulso a esa lucha que ya predice la Segunda Guerra Mundial y algunas de sus consecuencias más nefastas. En Costa Rica, el modelo liberal se agota en varios sentidos. La Iglesia pierde credibilidad, y los grupos de trabajadores e intelectuales se organizan. La concentración del capital comercial, de la industria incipiente, de las tierras con el agotamiento de la frontera agrícola, la crisis del café y el banano, la insuficiente diversificación agrícola, los abusos del poder político, hacen insostenible el modelo liberal. [...]

La posición revolucionaria en el quinto año de la secundaria se modera relativamente al iniciar sus estudios de Derecho, que finaliza en 1941 con la tesis Estudio sobre la Economía Costarricense , que se publica un año después.

La Asociación Cultural de Estudiantes de Derecho (1937) lo nombra su presidente en 1938, y esto le permite participar en la Junta Directiva del Colegio de Abogados. Después de intentar forjar una Federación de Estudiantes [...], se decide fundar el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales, del que Facio llega a ser uno de los teóricos y líderes relevantes.

Rodrigo Facio considera necesario formarse en economía, educación, historia, filosofía, teoría política, y pasa horas de horas estudiando, llenando los huecos que le deja una carrera memorística, tradicional y poco crítica.

La abogacía la interpreta más allá de la Ley y el orden. La interpreta como un modo de alcanzar la justicia y consolidar los derechos del hombre (recuérdese que, por aquel entonces, la mujer no tiene derechos ciudadanos y las llamadas feministas luchan por el voto). El Centro reúne estudiantes y jóvenes profesionales de Derecho, Agronomía, Medicina, Educación, además de otros ciudadanos. Jóvenes varones en su inmersa mayoría, se consideran una generación de hombres nuevos [...].

Yamileth González García

Autores: Varios

Editorial: EUCR

Suplemento Áncora periódico La Nación 30 marzo 2008.

Librero

marfuerte @ 23:57

El verbo y su enemigo

José A. Millán

Perdón, imposible

Gramática

Editorial RBA

Víctor Hurtado Oviedo | vhurtado@nacion.com
vhurtado@nacion.com

Los manuales de puntuación y los libros de mitología se parecen en que abordan cosas que no existen –o casi no existen–. De Zeus ya se sabe que fue un dios que nunca estuvo allí, mas la puntuación apenas pasa de ser la sombra de la sintaxis. Si no se parte de la sintaxis (el orden de las palabras), escribir un manual de puntuación equivale, con metáfora borgiana, a “contaminarse de irrealidad”.

Pese a todo, pervive la buena voluntad de explicar las cosas a la antigua. Ejemplo de este empeño es el libro Perdón, imposible (Guía para una puntuación más rica y consciente) . Su autor es José Antonio Millán, lingüista español dedicado a la divulgación gramatical. Entre sus méritos está la creación del excelente sitio en Internet del Centro Virtual Cervantes.

El título de Perdón, imposible se debe a una vieja anécdota: la que ejemplifica cuánto puede cambiarse un sentido si se mueve una coma: “Perdón imposible, que cumpla su condena”, “Perdón, imposible que cumpla su condena”.

Este libro es ameno; todos sus capítulos presentan ejemplos y curiosidades. Las ideas se manifiestan con suficiente claridad, y el juicio del autor es ponderado: no rechaza usos nuevos siempre que sean necesarios, pero acata los antiguos patrones didácticos.

Por todo ello, este libro es un útil tratado básico de la puntuación; tampoco pretende más.

¿Es ameno?; sí, pero también de método anticuado. El autor hace que los signos de puntuación formen una fila y luego los presenta al lector: “Este es el punto; aquí está la coma; salude a las rayas…”.

Millán explica cómo deben emplearse los signos, casi como lo han hecho los manuales de escuela durante doscientos años. Valdría la pena preguntarse ahora si no hay otra forma de presentar las cosas: una manera que supere la simple enumeración de características.

Existen muchos lenguajes: los matemáticos tienen uno; los poetas, otro; Cantinflas , el suyo; los locos, el de los locos, etc. La puntuación no se interesa en esos lenguajes, sino en el meramente comuni-cativo: el que nos sirve para comprar pan y para explicar la teoría cuántica. Nos referimos, pues, al lenguaje “normal”, en el que se escriben todos los periódicos y el 99% de los libros.

Ese lenguaje presenta infinidad de palabras y de signos; mas, si lo concentrásemos en su mínima estructura, reducido a huesos, ese lenguaje se limitaría al verbo y al punto . Así, el 99% de lo que se ha escrito en la historia se reduce a lo siguiente:

v . v . v . v . v . v . v . v . v . v.

El verbo es la palabra que expresa más sentidos. El término ‘le’ casi no significa nada; en cambio, ‘vengamos’ significa una acción (venir) a la que estamos obligados ustedes y yo (nosotros).

El verbo es la palabra más poderosa de una oración; tanto lo es, que funciona como una batería: da vida a las palabras que están antes de él y a las que lo siguen. Dibuje un verbo: una pila eléctrica con un cable de palabras a la izquierda y otro cable a la derecha.

¿Quién puede contra el verbo?: solamente el punto. El punto es el interruptor que mata la energía de un verbo. Seguir escribiendo es escribir otro verbo, al que matará otro punto; así, ad infinitum : v . v . v . v . v . v. Esta es la base de la puntuación, sombra de la sintaxis.

Los signos de puntuación se dividen en dos clases: a) el punto; b) todos los demás (todos los que aparecen entre un punto y otro). A su vez, estos admiten otras clasificaciones: signos que unen (comillas), signos que separan (comas y paréntesis), signos que subordinan (dos puntos), etc. Así, el orden de las palabras (la sintaxis) crea la puntuación. No basta con enumerar una familia: debemos señalar los parentescos.

Una lógica esencial se oculta tras los signos de puntuación. Sin ella, comprenderlos será difícil; no, perdón: imposible.

Suplemento Áncora, periódico La Nación 30 marzo 2008

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