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RESONOCO

Categoría: Libros

14/10/2008 GMT 1

Carlos Luis Fallas Sibaja

marfuerte @ 03:10

1909-1966

Nació en Alajuela el 21 de enero de 1909. Cursó cinco años de la escuela primaria y luego dos de la enseñanza secundaria. Tuvo que abandonar los estudios, fue aprendiz en los talleres de un ferrocarril y, a los dieciséis años, se trasladó a la provincia de Limón. En Puerto Limón trabajó como cargador, en los muelles, después trabajó en las bananeras de la United Fruit Company, en las que por años hizo vida de peón, de ayudante de albañil, de dinamitero, de tractorista, etc.

A los 22 años, regresó a Alajuela para ver morir a su madre. Entusiasmado por las ideas revolucionarias que por ese entonces comenzaban a agitar al país, ingresó al naciente movimiento obrero. Para poder vivir y luchar en las ciudades, aprendió en tres meses el oficio de zapatero, oficio que ejerció por largos años.

Intervino en la organización de los primeros sindicatos alajuelenses y en la dirección de las primeras huelgas; fue a la cárcel varias veces; resultó herido en un sangriento choque de obreros con la policía, en 1933, y en ese mismo año, con el pretexto de un discurso, los Tribunales lo condenaron a un año de destierro en la costa Atlántica, provincia de Limón. Ahí, intervino en la organización de la gran Huelga Bananera del Atlántico de 1934, que movilizó 15.000 trabajadores y que conmovió profundamente al país entero. Por su participación en esta huelga fue encarcelado una vez más.

Fue electo regidor Municipal en 1942 y diputado al Congreso Nacional en 1944.

Jefe Militar improvisado de los batallones obreros durante la guerra civil de 1948.

En esta vida de militante obrero, muchas veces tenía que hacer actas, redactar informes y escribir artículos, por lo que así mejoró su ortografía y redacción.

Se destacó como escritor. Entre sus obras literarias están: “Mamita Yunai” escrita en 1940, obra que pasó desapercibida hasta que Pablo Neruda se propuso que fuera conocida en el mundo entero. “Gentes y Gentecillas”, “Marcos Ramírez”, “Mi Madrina”, “Tres Cuentos”, “Un mes en la China Roja”.

En 1962 la Fundación William Faulkner le otorgó el Premio La Novela Iberoamericana por su libro “Marcos Ramírez” y el 11 de abril de 1966 la Dirección de Artes y Letras le otorgó el premio nacional de literatura “Magón”.

Marcos Ramírez, libro de aventuras infantiles ha sido traducido a varios idiomas como al francés, el alemán y al polaco. Mamita Yunai se ha editado en italiano, ruso, polaco, alemán, checo, eslavo, rumano, búlgaro y en húngaro.

La Asamblea Legislativa lo nombró Benemérito de la Patria, por acuerdo Nº 1793 del 14 de noviembre de 1977.

Murió en San José el 7 de mayo de 1966.

Autobiografía

Tomada del libro Marcos Ramírez.

"Nací el 21 de enero de 1909, en un barrio humilde de la ciudad de Alajuela. Por parte de mi madre soy de extracción campesina. Cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, mi madre contrajo matrimonio con un obrero zapatero, muy pobre, con el que tuvo seis hijas. Me crié, pues, en un hogar proletario.

Cursé los cinco años de la escuela primaria y luego dos de la enseñanza secundaria. Tuve que abandonar los estudios, fui aprendiz en los talleres de un ferrocarril y, a los dieciséis años, me trasladé a la provincia de Limón, en el litoral Atlántico de mi país, feudo de la United Fruit Company, el poderoso trus norteamericano que extiende su imperio bananero a lo largo de todos los países del Caribe. En Puerto Limón trabajé como cargador, en los muelles. Después me interné por las inmensas y sombrías bananeras de la United, en las que por años hice vida de peón, de ayudante de albañil, de dinamitero, de tractorista, etc. Y allí fui ultrajado por los capataces, atacado por las fiebres, vejado en el hospital.

Andaba en los 22 años cuando regresé a Alajuela para ver morir a mi madre. Entusiasmado por las ideas revolucionarias y anti-imperialistas que por ese entonces comenzaban a agitar al proletariado costarricense, ingresé al naciente movimiento obrero y, para poder vivir y luchar en las ciudades, aprendí en tres meses el oficio de zapatero, oficio que ejercí por varios años. Intervine en la organización de los primeros sindicatos alajuelenses y en la dirección de las primeras huelgas; fui a la cárcel varias veces; resulté herido en un sangriento choque de obreros con la policía, en 1933, y ese mismo año, con el pretexto de un discurso mío, los Tribunales me condenaron a un año de destierro en la costa Atlántica, provincia de Limón. Allí, entre otras actividades revolucionarias, intervine en la organización de la gran Huelga Bananera del Atlántico de 1934, que movilizó 15.000 trabajadores y que conmovió profundamente al país entero. Por mi participación en esta huelga fui encarcelado una vez más, me declaré en huelga de hambre y, gracias a la acción del pueblo, recobré la libertad. Fui electo por los obreros Regidor Municipal en 1942 y diputado al Congreso nacional en 1944.

Me tocó improvisarme jefe militar de los mal armados batallones obreros que derramaron su sangre durante la guerra civil costarricense en 1948. Derrotados por las intrigas imperialistas, y bajo la brutal y sangrienta represión que desataron nuestros enemigos, fui a la cárcel, estuve a punto de ser fusilado y me adobaron un proceso calumnioso e infamante, pero salvé la vida y recobré la libertad gracias a las protestas del pueblo y a la solidaridad internacional.

En mi vida de militante obrero, obligado muchas veces a hacer actas, redactar informes y a escribir artículos para la prensa obrera, mejoré mi ortografía y poco a poco fui aprendiendo a expresar con más claridad mi pensamiento. Pero, para la labor literaria, a la que soy aficionado, tengo muy mala preparación; no domino siquiera las más elementales reglas gramaticales del español, que es el único idioma que conozco, ni tengo tiempo ahora para dedicarlo a superar más deficiencias.

Mi labor literaria es muy escasa, porque la mayor parte de mi tiempo lo dedico a la lucha por la total liberación de mi pequeña patria. En 1940 escribí Mamita Yunai, publicada en Costa Rica en 1941, y que pasó desapercibida por años, hasta que el soplo poderoso del gran poeta Pablo Neruda la echó a correr por el mundo: hasta el momento se ha editado en italiano, ruso, polaco, alemán, checo, eslovaco, y rumano y pronto aparecerá también en búlgaro y en húngaro; se editó de nuevo en español en Chile en 1949 y en Argentina en 1955, donde actualmente se prepara su reedición. Y ahora esta edición mexicana que es la definitiva. En 1947 publiqué la novela Gentes y gentecillas, en una pésima edición que corregí luego pero que no he podido volver a editar. Ese mismo año escribí una novela y unos cuentos cortos, que me fueron robados y destruidos durante la represión de 1948. En 1952 publiqué aquí Marcos Ramírez, libro de aventuras infantiles traducido ya al francés, al alemán al polaco (actualmente se prepara una nueva edición española en Argentina). Y en 1954 publiqué aquí Mi madrina, en un tomo que contiene dos novelas cortas y un cuento y que se tradujo y se editó ya en Polonia. Y esto es todo hasta el momento.

Carlos Luis Fallas

San José, Costa Rica, 1957."
Tomado del Espíritu del 48. org

Anticipo

marfuerte @ 02:55

La fuga
Extracto de ‘El nudo’, libro que el autor presentará el martes 16 de setiembre a las 6:30 p. m. en Librería Internacional, de Barrio Dent.
“Aquí sucede solo lo que yo escribo, pero sin tu ayuda nunca llegaremos al final, y ese desgarbado, miserable harapiento que se dispone a cruzar la calle con las primeras insinuaciones del día –apenas la sospecha, la premonición de un amanecer–, nunca podrá hacerlo. Permanecería entonces el tiempo congelado, el amanecer en suspenso y el miserable ahí, a un lado de la carretera, paralizado como estatua de sal. Nada sucedería. Solo tu deseo y mi palabra, o tu palabra y mi deseo, o lo que nace de su encuentro, puede dar inicio al tiempo, poner en movimiento los hilos de la trama y empujar al Sol para que continúe su lento pero incontenible ascenso.

La que se anuncia, sin embargo, no es una mañana cualquiera, sino la del último día, del último año, del último siglo del segundo milenio –hay quienes dirán que el último–, de la cristiandad. De la misma forma, el paso que el miserable se dispone a dar tampoco es un paso cualquiera, pues marca el inicio de nuestra historia, o al menos el principio del fin. ¿Pero qué es el fin? ¿Y dónde está el comienzo? Reconozco que se trata de preguntas inoportunas que resulta preferible obviar.

Para él es solo un paso, anónimo y sin importancia, pero si supiera lo que enseguida va a suceder, probablemente reconsideraría su parecer y dudaría de darlo, o al menos lo dejaría de considerar un simple paso más, pues el auto que asoma a lo lejos iluminando la carretera, es conducido por hombre completamente borracho.

Nos encontramos en la carretera que comunica Santa Ana y San José, al oeste del Valle Central de Costa Rica, en el sitio conocido como el Alto de las Palomas. Hasta hace pocos años, aquí crecían milpas y frijolares, pastaban plácidos jamelgos y vacas descastadas, chillaban las piapias y los pájaros carpintero, y por la cresta de los árboles se deslizaban sigilosas ardillas y zarigüeyas. Y, naturalmente, abundaban las palomas que le dieron su nombre. Ahora proliferan familias de jóvenes profesionales e incipientes empresarios. La mayoría posee dos carros, los jardines de sus casas están al cuidado de los campesinos que cultivaban las milpas que antes crecían ahí; crían hijos por lo general sanos que envían a escuelas privadas; pagan televisión por cable y usan los teléfonos celulares con la discreción de la que carecen aquellos para quienes el celular es conquista o distintivo de estatus. ¡Ah! Y están bien familiarizados con la Internet.

La carretera es perfecta para correr, y el conductor no ve razones para no hacerlo ahora. Como casi todos los borrachos, tiene una confianza irracional en sus reflejos, y a medida que acelera el carro, despierta en él un viejo sentimiento de dicha y libertad. Cierto es que, en su caso, además de la confianza en sus reflejos, se ampara en la que le produce su automóvil, un BMW deportivo de color negro.

Y aunque descubre al miserable hasta el último instante, cuando ya lo tiene encima, consigue reaccionar y, dando un brusco giro al timón, evita el atropello. Lo que no puede evitar (ni yo tampoco, y ni siquiera vos) es que el auto derrape y salga de la carretera a más de cien kilómetros por hora, para ir a estrellarse, con gran estruendo de latas retorcidas y vidrios rotos, contra un gran árbol de poró plantado junto a la carretera, que por esos días comienza a florecer.

Luego de unos instantes en los que el motor todavía funciona y las ruedas giran por inercia, se establece un silencio inesperado y profundo. Paralizado en mitad de la calle, el miserable contempla el estropicio con el corazón a punto de saltar como un sapo inflado de su boca. Mira el auto destrozado, imagina lo peor y recuerda (o no recuerda, pero de alguna forma esto interviene en su decisión) la sabiduría milenaria que sostiene que las sogas se rompen siempre por el punto más delgado.

Para él es fácil comprender que ahora se encuentra en tan delicada posición, de modo que, tras asegurarse de que ningún carro se acerca y de que nadie se asomó desde las casas cercanas, arranca a correr.

No pasa mucho antes que lo dobleguen la debilidad y el cansancio. Es comprensible: ahora que la claridad aumentó, podemos ver la ruina estampada en su cuerpo. Se diría que una serpiente lujuriosa y voraz lo devoró, o, si fuera un edificio, que un terremoto u otra catástrofe lo redujo a escombros: las mejillas hendidas, los labios agrietados, los ojos enrojecidos, el cabello enmarañado y mugriento, de color indefinido, y la piel, en general, verdosa y cetrina. Todo en él recuerda la derrota, el dolor, la privación y, con toda probabilidad, una muerte prematura y terrible en camino.

Así las cosas, a lo sumo ha corrido un kilómetro cuando se desploma sobre el pasto de uno de los potreros que flanquean la carretera. El sapo dentro de su corazón infla y desinfla el cuello a toda velocidad.

El hombre se tiende de espaldas y por unos minutos contempla el cielo del alba, levemente azulado, en el que aún flotan algunas estrellas y los restos destrozados de la Luna. De pronto, una pequeña luz cruza veloz toda la extensión del firmamento y desaparece tras los cerros de Escazú...”

Suplemento Áncora. periódico La Nación 7 setiembre 2008.

08/10/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 03:24

Letra y escena
Roxana Ávila y David Korish
Dramaturgia invisible
EUNA
Pedidos: 2277-3204
Natalia Rodríguez Mata
nrodriguez@redcultura.com

Hace dos años, la agrupación independiente de teatro Abya Yala cumplió su decimoquinto aniversario; ahora, la EUNA publica Dramaturgia invisible: Quince años del Teatro Abya Yala, libro de ese grupo, con colaboraciones de otras personas.

En Costa Rica no es muy usual publicar escritos sobre dramaturgia, tal vez porque pocos compran libros de ese tema. Sin embargo, la presente obra constituye un interesante material sobre la historia de una agrupación teatral consolidada y referencia sobre una parte de la dramaturgia costarricense contemporánea.

Dramaturgia invisible comprende principalmente cuatro textos originales y representados de Abya Yala escritos entre 1994 y 2002: El caso Otelo , Romeo and Julieta in Concert , Sade y Nos esperamos . En cuanto a las colaboraciones, la primera es un prefacio del dramaturgo italiano Eugenio Barba (con traducción de Gabrio Zappelli); el autor profundiza allí en lo que para él es la dramaturgia y los niveles de organización de un espectáculo.

Luego, el costarricense Marco Guillén ofrece el ensayo Sobre una nueva dramaturgia , en el que discurre sobre las características del teatro surgido de las experiencias vanguardistas de fin del siglo XX. Según el autor, entonces se produjo un acercamiento hacia la superación de estructuras basadas en la concepción dualista entre obra dramática y obra teatral. Sin embargo, Guillén no menciona el trabajo de Abya Yala, de modo que no queda clara la relación de ese tema con el quehacer de la agrupación.

A manera de presentación en sociedad de Abya Yala, Roxana Ávila y David Korish cuentan el porqué de esta publicación, un poco de la historia de su grupo y sus distintas etapas: quinceañero que ha logrado llegar y sobrevivir a la adolescencia con una buena cantidad de textos propios, adaptados y en versiones libres, así como con talleres, colaboraciones, encuentros artísticos y residencias de trabajo.

El grupo Abya Yala concibe la dramaturgia como el texto de la escena, para ella y desde ella, y no solamente como lo que está en el papel; es decir, los actores y el momento de la puesta en escena –esa parte “invisible”– son parte fundamental del proceso de escritura dramática. En consecuencia, este libro no es un texto teatral típico; en muchos momentos, para ser entendido requiere de la representación escénica.

Es probable que lo más valioso de este libro sean los escritos que nos relatan el proceso que hubo tras cada montaje: el momento de la idea y el camino que se siguió para la construcción del texto. Todo ello es algo que pocos se detienen a contar y que resulta una parte valiosísima dentro de cualquier tipo de espectáculo.

Con respecto a las obras ya representadas, queda claro el carácter explorador de Abya Yala, actitud un tanto atrevida para quienes prefieren un teatro más convencional. Así, las puestas de este grupo se nutren de textos clásicos, noticias o autores contemporáneos ( El caso Otelo y Sade ).

Otras veces, Abya Yala construye un musical bilingüe ( Romeo and Julieta, in Concert ) con disco compacto incluido en el presente libro, y nos ofrece un texto construido mediante lo que ellos llaman “dramaturgia abierta” ( Nos esperamos ). Al final, algunos de estos textos incluyen artículos de académicos.

Finalmente, como anexos encontramos un artículo titulado El arte incierto , de Rodrigo Soto, donde el autor deja claro su interés por el teatro de Abya Yala; una carta a los directores escrita por uno de los anteriores miembros del grupo (según se presume ya que no hay explicación sobre quién es el remitente), y una breve historia del Teatro Abya Yala.

Este es un libro valioso para la historia de la dramaturgia costarricense. Vale la pena dar a conocer más otros textos editados por la EUNA que se mencionan en la solapa del libro, como Obras del Quetzal , de Juan Fernando Cerdas y Rubén Pagura; Hasta que la suerte nos separe , de Sergio Masís, y Ecos de mi sangre , de Dora Cerdas y Arnoldo Ramos.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 7 setiembre 2008.

07/10/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 02:39

Pasado actual
Ifigenia Quintanilla
Esferas precolombinas de Costa Rica
Fundación Museos del Banco Central
Pedidos: 2243-4202
Francisco Corrales Ulloa
corralesulloa@yahoo.com

Las esferas de piedra precolombinas son la punta de lanza de la reapreciación del patrimonio arqueológico por parte de los costarricenses. Este proceso empezó en los años 90 como parte del reconocimiento de nuestra sociedad como pluricultural y multilingüe con una historia profunda.

En la población existe una gran demanda de conocimientos debido a que la prensa divulga los resultados de las nuevas investigaciones, y gracias a la admiración internacional que las esferas generan por su particularidad y su relación con otros vestigios arqueo-lógicos.

Sin embargo, son muy pocos los textos disponibles que hablen a profundidad sobre las esferas; citemos los de Samuel Lothrop (1963), Doris Stone (1943, 1977), Claude Baudez y colaboradores (1993), algunos artículos técnicos publicados en revistas especializadas, y compilaciones hechas por personas no especializadas.

Ese faltante se llena ahora gracias a Las esferas precolombinas de Costa Ric a, libro de la arqueóloga Ifigenia Quintanilla Jiménez. Gracias al interés de los Museos del Banco Central y al apoyo de la empresa Holcin, tenemos una publicación en español e inglés que informa de manera impactante por su formato, fotografías y diseño.

De manera seria pero accesible, la autora brinda el conocimiento disponible sobre las esferas y las sociedades que las produjeron. La publicación no se detiene en los argumentos crípticos propios de los arqueólogos; se enfoca en explicar el panorama de lo que se conoce y de los resultados de cerca de dos décadas de investigaciones de la autora en el Museo Nacional y de modo independiente.

El libro aclara que las esferas son productos de las sociedades indígenas. Esto parece superfluo, excepto cuando se conocen las ficciones de oportunistas de diverso pelaje que, desde el eurocentrismo y el racismo, niegan aquel origen y lucran con una visión fantasiosa del pasado mediante textos de gran tiraje. Este fenómeno se replica en la Internet con la proliferación de sitios de pseudoarqueología.

Otro aspecto destacable es la presentación del contexto espaciotemporal del sur de América Central y de la Región Arqueológica Gran Chiriquí, donde se hicieron las esferas. Pese a lo llamativo que son, solo podemos entenderlas en su entramado histórico espacial.

La autora aborda con cautela los temas en los cuales especular puede ser una tentación (problemas asociados a la cronología, las fuentes de la materia prima y su relación con esferas terminadas, las asociaciones contextuales y el simbolismo).

Aun así, se dan algunas posibilidades, que se contrastarán con futuras investigaciones. Entre estas mencionemos la posible relación entre el tamaño de las esferas, la materia prima y el acabado en función del rango y del simbolismo.

Algunos de los mayores aportes del libro son el proceso de manufactura propuesto y la clasificación de las esferas según el acabado de su superficie.

Todo ello, aunado a las consideraciones sobre la materia prima, el tamaño y la distribución espacial, empieza a dibujar interpretaciones sobre el proceso de producción.

Nuevas investigaciones retomarán algunos de los planteamientos del libro y los contrastarán con los futuros hallazgos.

El libro reconoce los esfuerzos hechos por regresar esferas al delta del Diquís, y destaca la protección, la conservación, la investigación y la gestión de los sitios donde se mantienen esferas in situ , labor que realiza el Museo Nacional con el apoyo de la comunidad local.

Por su contenido y su calidad gráfica, este libro es una excelente carta de presentación de la particularidad de las esferas de piedra, testimonios excepcionales de las sociedades antiguas que habitaron nuestro territorio.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 17 agosto 2008.

02/10/2008 GMT 1

Guía literaria de China

marfuerte @ 03:10

Riesgos Los escritores chinos han sido testigos y víctimas de una turbulenta historia nacional
Carlos Cortés | carloscortes@racsa.co.cr
La curiosidad occidental por China data de 700 años y se remonta a los viajes que Marco Polo narra en su imaginativo Libro de las maravillas del mundo . Aun así, la literatura china, incluso la contemporánea, ha sido casi ignorada hasta hace dos décadas, con la excepción de Lu Xun (difundido en nuestro idioma como Lu Szin), introductor de la narrativa moderna en su país, con obras como Diario de un loco y La espada azul , y testigo de la caída del imperio y del fracaso de la primera república china.

Hasta hace poco, el I Ching , el Tao Te King de Lao Tse y El arte de la guerra de Sun Tzu (manual de primeros auxilios para ejecutivos) era todo lo que podía obtenerse en librerías. El célebre oráculo I Ching o Libro de los cambios , disponible de nuevo gracias a la moda de la New Age, no tiene traducciones directas al castellano, pero es posible encontrarlo en la excelente edición alemana de Richard Wilhelm, vertida al español por D. J. Vogelmann.

En el 2000, el novelista, dramaturgo y pintor Gao Xingjian, exiliado en Francia, obtuvo el Premio Nobel de Literatura con una síntesis entre ambas culturas que no satisfizo por completo las expectativas de los lectores occidentales. Su obra mayor es la novela La montaña del alma , un recorrido por los géneros y los motivos ancestrales de la literatura china en un esfuerzo por asimilar el momento presente a la tradición.

Éxitos de librería. El interés reciente por el país más poblado del mundo ha reeditado éxitos populares del siglo pasado, como La buena tierra (1931), de la norteamericana Pearl S. Back, y Las llaves del reino (1941), del olvidado novelista escocés A. J. Cronin –que en 1944 sirvió de base a una encantadora película de John M. Stahl, con Gregory Peck–.

Hace 75 años, el lector anglosajón descubrió China por medio de la señora Buck, una escritora mediocre con alma de preceptora del Ejército de Salvación. Llegó a ser tan famosa que, por razones aún incomprensibles, consiguió para Estados Unidos su tercer premio Nobel de Literatura, en 1938. No obstante, su trilogía sobre la convulsa historia china sigue siendo una buena introducción al tema.

Uno de los episodios más dramáticos de la sangrienta evolución política china da pie a una obra maestra de la literatura universal, La condición humana (1933), de André Malraux. El escritor francés, paradigma del intelectual comprometido, narra la matanza de comunistas que desencadenó Chiang Kai Shek en la ciudad de Shangai en 1927, con el objetivo de purgar al partido Kuomitang y de adueñarse del movimiento nacionalista.

El enclave inglés de Hong Kong originó una nada despreciable saga de bestsellers , entre los que sobresalen Tai-pan, de James Clavell (el célebre autor de la reeditada Shogun , sobre Japón), y las novelas históricas de Timothy Mo.

La figura controversial de Marco Polo –de quien aún se sospecha que imaginó y no vivió sus increíbles travesías– ha inspirado libros como El viajero, de Gary Jennings, y El turno del escriba, de las argentinas Graciela Montes y Ema Wolf (Premio Alfaguara del 2005).

En ese mismo rubro, Gavin Menzies sostiene la hipótesis de que el almirante Zheng He es el verdadero descubridor de América. Tal y como se narra en 1421: El año que China descubrió el Nuevo Mundo , la flota del emperador Zhu Di, constructor de la Ciudad Prohibida de Pekín, realizó el primer viaje de circunnavegación hasta los confines del mundo conocido por Oriente.

Joya de bolsillo. En el extremo de estas extensas obras épicas se encuentra “una pequeña maravilla”, como llamó la crítica a Historias de Pekín, de David Kidd, aparecida en reciente edición de bolsillo. Kidd, un especialista estadounidense en cultura china, vivió en Pekín dos años antes y dos años después de la revolución comunista y de la llegada de Mao Tse-tung al poder (1949).

Durante ese periodo se casó con la hija de uno de los clanes más antiguos y ricos de China y residió en una mansión señorial de 400 años, llena de antigüedades Ming que terminaron en un aserradero o en una fundición.

Desde esta perspectiva, Kidd es un testigo excepcional del fin de una época, de la extinción de la cultura tradicional y de las viejas costumbres, y del surgimiento, aún incipiente, del nuevo orden maoísta y de los primeros indicios del terror. En mínimos hechos cotidianos, la familia Yu sufre la agonía de un mundo milenario y de la casa que llegará a ser la residencia oficial del general Lin Biao, designado sucesor de Mao antes de caer en desgracia y desaparecer en un sospechoso accidente aéreo.

Revolución cultural. La familia Yu es uno de los escasos vestigios del pasado que sobrevivió al “agosto sangriento” de 1966, fecha en la que Mao lanzó la “Gran Revolución Cultural Proletaria” con un llamado a exterminar todo lo viejo y cualquier cosa que recordara a la China precedente, fueran seres humanos, clases sociales, monumentos históricos o naciones ocupadas –como ocurrió con el Tíbet–.

En las últimas dos décadas, conforme China se convirtió en el milagro económico que es ahora, y emergió el proyecto de sociedad de Deng Xiaoping, Occidente descubrió los acontecimientos siniestros de la revolución cultural y otros episodios ocultos del terror maoísta. Este es el tema de una serie de testimonios, autobiografías, estudios y novelas que, en su mayoría, están escritos en idiomas de adopción –en particular en inglés– y siguen prohibidos en China.

El más relevante es el libro de memorias Cisnes salvajes: Tres hijas de China , publicado en inglés en 1991 por Jung Chang, quien además es coautora de la biografía más importante escrita hasta el momento sobre el fundador de la República Popular China, el impresionante volumen Mao: La historia desconocida .

Jung relata su drama personal a la manera china: tres generaciones de mujeres, su abuela (concubina de un emperador), su madre y ella misma, sirven de hilo conductor de 80 años de acontecimientos que median entre el derrumbe de la China imperial y el genocidio de la revolución cultural.

Mao: La historia desconocida se encuentra en un registro completamente diferente del anterior, pero también se lee como una novela. Esta biografía es el resultado de una década de investigación exhaustiva de Jung y de su esposo, el historiador inglés Jon Halliday, y se sustenta en miles de entrevistas directas, documentos inéditos, archivos públicos y privados y materiales confidenciales. Si bien es imposible resumir el contenido de más de mil páginas, quizá lo más interesante sea la luz que arroja sobre algunos episodios confusos de la revolución cultural, como la pugna entre Mao y el jefe del ejército, el mariscal Lin Biao, la fuga de este de China y el misterioso accidente de aviación en el que murió, el 13 de septiembre de 1971, en un páramo de Mongolia.

Nuevos novelistas. Entre los novelistas recientes, el más notable es Han Ji, de expresión inglesa, autor de novelas excepcionales, como La espera y Despojos de guerra , todas traducidas. Despojos de guerra cuenta la guerra de Corea y la Guerra Fría desde lo profundo del corazón.

También disponibles en español son Lulu Wang, quien escribe en holandés (conocida por El teatro de los lirios ), Chi Li (autora de Triste vida ) y Diane Wei Liang (y sus novelas policíacas El ojo de jade y Mariposas para los muertos ).

El último escándalo literario lo protagonizó Wei Mei, quien ha vendido millones de ejemplares en ediciones clandestinas de sus obras censuradas en China. Zhou Wei Hui (famosa por Shangai Baby y Casada con Buda ) y Diane Wei Liang (ambas, traducidas al español) son las novelistas de la China globalizada y del impacto brutal de la modernidad sobre una sociedad que sobrevivió a todas las catástrofes del siglo XX.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 17 agosto 2008.

30/09/2008 GMT 1

Acuses de recibo

marfuerte @ 03:12

Derecho notarial y registral de la familia

Autor: Gerardo Trejos

Editorial: Juricentro

Pedidos: 2237763

El libro Derecho notarial y registral de la familia trata de las relaciones del notario y el matrimonio basado en los Códigos de Familia y Notarial y Registral.

En la introducción del libro se dice que “el notario, antes como ahora, no sólo debe observar las regulaciones del Código de Familia, sino también los requisitos y formalidades contenidos en el Código Notarial”.

Los trece capítulos del libro tratan del divorcio, los hijos, la simulación del matrimonio, el patrimonio familiar y adopciones.

Pablo Antonio Cuadra, poeta y pensador cristiano

Autor: Gloria Guardia

Editorial: Promesa

Pedidos: 2833033

Gloria Guardia es una novelista, ensayista y narradora que escribe sobre la figura del poeta Pablo Antonio Cuadra (1912-2002).

Cuadra fue un poeta iberoamericano muy destacado en su generación. Para la autora, Cuadra encontró, en Cristo, “el ser del hombre”. Gloria guardia fue amiga de Cuadra y estudió, por más de cuatro décadas, la obra de este poeta.

El libro se divide en seis secciones: Cristianismo y poesía en Pablo Antonio Cuadra, Canto atemporal, Libro de las hojas, Cantos de Cifar, Via Crucis y La ronda del año .

Las voces, los oficios y otras cosas

Autor: Erick Gil Salas

Editorial: C. R.

Pedidos: 2253-5354

El costarricense Erick Gil Salas recoge varios poemas donde confluyen oficios, personajes y animales. En la presentación del libro, Jorge Treval se refiere al autor y dice: “Razonablemente, el poeta Gil salas se revela como un organizador justo de los elementos con que realiza su acto creador, su ebanistería: lenguaje sin excesos y plenamente acorde con la imagen, ritmo/armonía, forma/fonética”.

El libro se divide en tres partes: Bitácora de un espejo, Las voces reunidas y Sumario de las cosas.

Espigando en el pasado

Autor: Ricardo Fernández Guardia

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

La colección de las obras completas de Ricardo Fernández Guardia, de la EUNED, presenta el libro Espigando en el pasado .

Según Eugenio Rodríguez Vega, “en los libros de Fernández Guardia hay estudios de invaluable calibre histórico, sólo que se presentan en la prosa admirable de un gran escritor”.

Espigando en el pasado incluye obras como De Palos de Moguer a Guanahaní, Don Joaquín Mora Fernández, Don Florencio del Castillo, Las minas del Aguacate, Quijano el malo y otras.

‘El pequeño Sadhivani’ y ‘Origen’

Autor: Néstor Molina

Editorial: P y V

Pedidos: editorial@plazayvaldes.com

El tema del origen del universo es muy comentado en la filosofía y en la física, dice la contraportada de este volumen de Néstor Molina, quien presenta dos obras: El pequeño Sadhivani y Origen. Incluye también capítulos que tratan de la teoría N (tercera materia) y la descripción elemental de la materia del universo. La introducción afirma que estas obras son coherentes con la ciencia moderna y un aporte a la espiritualidad.

Molina es autor de Mística en la física y La raíz del Mesías
Suplemento Áncora. periodico La Nación 20 julio 2008.

Librero

marfuerte @ 03:11

Viaje universal
Julián Monge-Nájera
El ser humano en su entorno
EUNED
Pedidos: 2234-7954
Zaidett Barrientos
zbarrientos@uned.ac.cr

Tras 30 años de labor, la UNED produce El ser humano en su entorno , de Julián Monge-Nájera: la primera obra que refleja, en todos sus aspectos, el concepto de unidad didáctica modular.

Queda atrás el libro de texto tradicional limitado a esquemas impresos en blanco y negro para explicar fenómenos tan dinámicos y coloridos como la reproducción celular. Las 433 páginas de texto en colores e ilustrado con cientos de fotografías y pinturas, se complementan con un disco compacto que incluye videos, animaciones y juegos.

Sin embargo, la novedad de la obra va más allá del espectáculo multimedial. Lo nuevo es su visión de combinar –para beneficio del estudiante– visiones diversas de la enseñanza, como la autorregulación del aprendizaje y el constructivismo tradicional.

Se trata de una “historia mínima”: lo mínimo que todos debemos saber sobre temas científicos para funcionar como ciudadanos activos en el mundo actual.

Lejos de presentar relatos áridos, cada sección comienza con una anécdota del autor que captura nuestro interés y nos hace seguir la lectura y pasar a los materiales de los multimedios.

Luego, el autor enumera los conceptos clave y utiliza la técnica de presentar un vistazo panorámico de toda la materia antes de entrar en ella, al contrario del libro tradicional que acaba con un resumen de cada capítulo. Este método permite “viajar” por el texto como por un territorio conocido.

Llama la atención la constante conexión con la vida diaria. Temas aparentemente ajenos al quehacer diario (como las fuerzas fundamentales del universo) se explican con el ejemplo de cómo interactúan el magnetismo y la gravedad sobre los adornos imantados que solemos colocar en el refrigerador.

El cáncer y su prevención, así como ejercicios interactivos en la computadora para aprender a rebajar de peso, son ejemplos de cómo el tema de la fisiología celular se trae también a la cotidianidad.

La teoría atómica está ilustrada con la fascinante historia de cómo el cerebro de Albert Einstein apareció en 1975 en una caja de cartón; pero también se presenta un video, elaborado en la UNED, donde una actriz japonesa repite el testimonio de una sobreviviente de Hiroshima a partir de transcripciones de la época.

Rompiendo la costumbre de repetir los experimentos tomados de viejos textos estadounidenses, esta obra presenta experimentos originales que se pueden hacer con objetos normales en los hogares costarricenses. Sigue aquí el autor la práctica que inició en obras anteriores como Introducción al estudio de la Naturaleza (EUNED) y Ecología (UCR).

Siguiendo el concepto tan en boga de “ejes transversales”, toda la obra está impregnada de un claro componente ideológico. Un ejemplo es la cantidad de casos que cita sobre mujeres científicas que han sido ocultadas o han afrontado obstáculos sociales. Así, con sus traducciones y trabajo de laboratorio, Marie Pirette hizo posible los descubrimientos fundamentales en química orgánica de Antoine Lavoisier; pero pasó a la historia simplemente como “Madame Lavoisier”.

Vera Rubin, la primera persona que logró medir la “materia oscura” del universo, tenía prohibida la entrada al Observatorio de Monte Palomar porque el acceso era “solo para hombres”.

María Sklodowska recibió dos veces el Premio Nobel de Física, pero, como era mujer, debió ser su esposo quien presentase sus trabajos ante la Real Sociedad de Londres. Ella también pasó a la historia como “la esposa de”, como Madame Curie.

Una sección que gustará a la mayoría es la de conservación ambiental pues, a diferencia de otras obras, da por hecho que todos conocemos los problemas ambientales; por esto se centra en consejos prácticos para mejorar la situación ambiental.

Por el contrario, la sección sobre sociobiología resultará controversial pues presenta al ser humano como un animal más, sujeto de estudio según la zoología evolutiva. Temas espinosos (como los tabúes sexuales y la guerra) se tratan desde ese punto de vista zoológico con ejemplos, curiosamente, tomados de la prensa nacional e internacional.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 20 julio 2008.

25/09/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 02:24

Alfonso Chase
Dios está en el cerebro
Matthew Alper
Grupo editorial Norma 2008

Matthew Alper ha escrito un libro que no se sabe si pertenece al campo de la espiritualidad, los estudios sobre el cerebro o simplemente la biografía de una idea de Dios instalado en el cerebro humano. O más allá: un libro de contacto con la experiencia personal del autor, en la búsqueda de ese dios conocido, o apreciable, que convive con el ser humano. Obviamente forma parte, escondidamente, de las diversas controversias que proceden de la Teoría de la Evolución, tan en boga en el último año, en medios de académicos clericales o en los medios fundamentalistas en Estados Unidos.

Tirarle piedras a Dios resulta un oficio perverso, tonto o insípido, pero básicamente autodestructivo, porque la querella siempre está en su contra y no en su aceptación, como ocurre a menudo. De allí que este libro de Alper nos presenta diferentes opciones cercanos a la psicología, pareciera que a partir de Jung, y en la puesta en marcha a partir de Kant, de un dios emocional que tiene mucho que ver con la idea de su existencia espiritual, lo cual fue sujeto de discusión, soterrada, en el siglo XX, y que nos dijo que cielo era el tener a Dios con nosotros, en la consciencia moral y sus relaciones con la función cerebral.

De todo esto parece que el autor ha inventado, o puesto a caminar a la bioteología, para darse una respuesta a la inquietud y pregunta de dónde está Dios, para llegar así a lo que podíamos llamar un “gen espiritual” que se trasmite en todas las culturas y está presente en cada individuo, de diferente forma. Pero lo importante es la experiencia límite de su presencia, o su ausencia, en esa función espiritual que tiene la humanidad en sus diferentes facetas y religiones, todo esto hecho de una manera un poco resumida pero legible, que une la idea de lo espiritual, lo biológico, las funciones cerebrales y las diferentes hipótesis biohistóricas, muy estudiadas en estos últimos veinte años, absolutamente ausentes en las discusiones teológicas oficiales de las diferentes vertientes religiosas que nos muestran la historia de Dios y sus relaciones con las diferentes culturas. ese Dios universal, propio de la formación socio-cultural, domina la historia de la humanidad en los últimos siete mil años, al menos en lo que conocemos. El libro de Alper nos permite ir conociendo y en 20 capítulos, prólogo y epílogo incluidos, darnos cuenta de todo se resume a una búsqueda y un encuentro, en donde se nos muestran aspectos tan importantes como la oración, la conversión, la culpa, el hablar en lenguas, hasta el vértice de todos estos antecedentes con la ciencia y darle un punto de armonía, a partir de las diferentes experiencias personales, incluida la del autor, que podría ser la acción espiritual de la función cerebral, dando por concluida la búsqueda en lo externo y en la cual toda experiencia debe tomarse como punto de partida, ese momento de iluminación, en donde se encuentre que la presencia divina es más cercana de lo que pensamos.

Es un libro muy personal, que combina la información con el conocimiento, en una definición terminante: si Dios existe yo tengo un propósito definido.

Siendo un libro que nace de la búsqueda, y la experiencia personal, de un ser humano ante la conciencia de lo existente inmortal, debe leerse como una propuesta, no concluida, sobre un largo peregrinaje para encontrar que todo lo que buscaba está dentro de mí, en mi cerebro, neuronas, física y química incluidas, para dar forma a algo trascendente, sometido al principio de incertidumbre, avivado por el propio encuentro con el yo, con la sociedad y el proceso que nos permite entender el mundo actual luego de tres mil millones y medio de vida en la tierra. La evolución cognitiva nos permite sobrevivir conscientemente y ser en los otros, inmortales. Un polémico y hermoso libro, que rompe con mitos y consejos que se interponen entre nosotros y la divinidad.

El alma está en el cerebro
Radiografía de la máquina
de pensar
Eduardo Punset
Punto de lectura 2008

Eduardo Punset ha hecho tanto por la divulgación de temas científicos que ya constituye, para algunos, autor de cabecera en estos temas. Este es un libro muy sutil y preciso: busca mostrarnos las complejas funciones cerebrales por medio de los descubrimientos de los últimos cien años, con esa imagen de laberinto donde hemos estado perdidos, buscamos conocer sus secretos o, simplemente, nos adentramos en ellos para saber más de la idea de que, realmente, el alma está en el cerebro, y por fin, ha abandonado el corazón donde la pusieron durante años poetas, investigadores o divagantes religiosos. Como Punset también ha trabajado en el programa televisivo Redes, ha logrado transferir opiniones que forman parte de un inmenso repertorio, el cual ha servido para despejar nubes que antes se consideraban inamovibles. Pareciera que en la máquina de pensar existen mecanismos, novedosos, que nos permiten acercarnos a nuevas concepciones afines de la idea de Dios y a este sentido de que el alma, quizás la consciencia, se encuentra definida en el cerebro, una idea que dentro de la compleja manera de expandirse la cultura, en diferentes versiones, el alma ocupa un lugar de referencia, probablemente tienen un millón de años, en leyes biológicas intrincadas, pero parte del desarrollo de las ideas en el mundo.

El alma en la naturaleza, un asunto complejo y diverso, es algo plural y propio del desarrollo humano, en esa relación entre anatomía, biología y psicología que es una de las conquistas más importantes del siglo XX y que nos permite alejarnos de las limitantes ideas religiosas que impiden el estudio de todo aquello que se relaciona con leyes biológicas establecidas. El estudio del cerebro, que es uno de los más interesantes proyectos actuales, se relaciona también con la genética, el estudio del genoma humano y tantos otros asuntos que, en laboratorios y sitios de observación, nos permiten tener una idea más amplia, en un tiempo en que las ideas creacionistas, de los fundamentalistas cristianos son sujetas de imposición, por parte de ellos, en una época que creíamos ya superada.

Eduardo Punset es un divulgador científico y un hombre que se compromete con todos los avances científicos para tratar de volverlos patrimonio colectivo por medio de su divulgación. El presente libro casi que busca darnos las últimas teorías científicas, o estudios especializados, para lograr ponernos en contacto con ellas, pero también se nota su aporte personal por medio de las preguntas que genera y la base bibliográfica que las sustenta. Es un libro que busca ponernos en contacto con los diferentes autores, pero también complementarlos con sus propias reflexiones, buscando convertir el conocimiento en respuestas que nos hagan superar límites impuestos por las instituciones sociales o religiosas, para reconstruir así el pensamiento humano en base a su propio Desarrollo, relacionado con el ser consciente, los aspectos recónditos del cerebro y las actuaciones que permiten a éste ponernos en contacto con nuevas opciones que siempre han estado presentes, desde el siglo XVI, Thomas Willis por ejemplo, al que se lee de refilón, situándolo entre extravagantes pensadores y no como un estudioso iluminado, en asuntos tan intrincados como son los que dan tema y base a este libro que parece de divulgación, pero más allá de su propuesta editorial logra estudiar el desarrollo de la mente, el cerebro y, particularmente, lo que se podría concebir como el alma. No es solo una radiografía de la máquina de pensar sino un trazado, muy claro, de un proceso que lleva más de 300 años en estudio y del que apenas se tienen los primeros rasgos.

Dios no es bueno
Alegato contra la religión
Christopher Hitchens
Editorial Debate 2008

Christopher Hitchens (1949) ha escrito un libro, ya clásico, entre los muchos que buscan discernir en la querella sobre la existencia de Dios, siendo un alegato contra la religión y menos a favor del ateísmo, aunque roza ese límite. Con elementos tomados del humor cotidiano, pero con la firme convicción de que se está ante, y frente, a un problema de nuestro tiempo, el autor va desbrozando varios temas, algunos verdaderos lugares comunes, que definen el papel de las religiones en el alma humana y los conflictos que se derivan de su institucionalización. Todo se refiere a la búsqueda de una Nueva Ilustración, podría ser en acuerdo a los descubrimientos científicos, o al análisis de la historia y la relación entre esta y los hechos humanos, en lo que el autor ve como pesadillas en el Nuevo y Antiguo Testamento.

Lo inteligente, y ya afirmado muchas veces, es el valor social de la religión como método de control social, al menos ahora, y la interacción de los diferentes cultos por organizarse al lado de los poderes políticos y militares, algo tan obvio que puede seguirse al través de las coordenadas históricas. El autor, prestigioso hombre de letras, siempre ha sido un disidente británico, periodista y removedor de ideas tenidas como tradicionales, y por eso escribe este libro: para darnos una versión integral del papel de las religiones en el mundo (moderno) y para mostrarnos que Dios no es tan bueno como parece, muy lejano del título en español que habla de la “bondad” de su naturaleza, en lo que esto tiene en su significado moral.

La verdad es que Dios no es tan malo como nos lo proponen estos estudiosos con grados académicos, de Oxford, en filosofía, economía y política, es su caso, así como en su ya clásico estudio sobre la Madre Teresa de Calcuta, o sus famosas “Cartas a un Joven Disidente”. Pareciera que este libro, que es convincente, lo que nos quiere decir es que en la relación de Dios con los seres humanos, éstos han escogido su lado más negativo y que la naturaleza humana, por ser divina también, está sujeta a contradicciones que terminamos atribuyendo a un “ser” ajeno a nuestra intimidad. El libro cumple su cometido en cuanto a ser un alegato en contra de las religiones establecidas, a partir de su negación como formas bondadosas de expresión y sí traumáticas experiencias colectivas, y personales, que han puesto al mundo patas arriba. Lo más importante es la manera cómo el autor pone a despacho de lectura las diferentes maneras de la expresión de las religiones, manipuladas por los seres humanos... sin mucha consulta a la autoridad divina y sí a sus propios intereses. Un buen libro sobre un tema que ya creíamos superado.

Revista Abanico. periódico La Prensa libre 4 setiembre 2008.

Benazir Bhutto. Hija del destino. Autobiografía

marfuerte @ 02:09

por Benazir Bhutto
Seix Barral

Benazir Bhutto. Foto: AFP

CAPÍTULO PRIMERO

EL ASESINATO DE MI PADRE

Asesinaron a mi padre a primeras horas de la mañana del 4 de abril de 1979, en el interior de la cárcel central de Rawalpindi. A pocos kilómetros de distancia, en la prácticamente desierta academia de policía de Sihala, donde estaba detenida junto con mi madre, sentí el momento de su muerte. A pesar de los valiums que mi madre me había administrado para intentar superar aquella noche de agonía, de pronto, a las dos de la madrugada, me incorporé en la cama.

-¡No! -chillé entre el nudo de mi garganta-. ¡No!

No podía respirar, no quería respirar. ¡Papá! ¡Papá! A pesar del calor tenía frío, mucho frío y no podía dejar de temblar. Nada podíamos decir mi madre y yo para consolarnos mutuamente. De algún modo transcurrieron las horas, abrazadas en aquel desolado cuartel de policía. Al amanecer estábamos listas para acompañar el cadáver de mi padre al cementerio ancestral de la familia.

-Estoy de Iddat y no puedo hablar con desconocidos -me dijo mi madre, cuando apareció el carcelero-. Habla tú con él.

Comenzaba la reclusión de cuatro meses y diez días, durante la cual la viuda no tiene contacto alguno con desconocidos.

Entré en el cuarto contiguo, con su suelo de hormigón quebrado, que en principio era nuestra sala de estar. Apestaba a moho y podredumbre.

-Estamos listas para acompañar al primer ministro -le dije al joven carcelero, nervioso, que tenía delante.

-Ya se lo han llevado para enterrarle -me respondió.

-¿Sin su familia? -le pregunté con amargura, sintiéndome como si me hubiera abofeteado-. Incluso los criminales del régimen militar saben que es la obligación religiosa de nuestra familia acompañar su cadáver, pronunciar las oraciones de los difuntos y ver su rostro antes del entierro. Se lo hemos solicitado al superintendente de la cárcel...

-Se lo han llevado -interrumpió.

-¿Dónde?

El carcelero guardó silencio.

-Ha sido muy pacífico -respondió finalmente-. He traído lo que quedaba.

Una por una, me entregó las lastimosas posesiones que mi padre guardaba en la celda de los condenados: su shalwar jameez, la camisa y el pantalón que había usado hasta el último momento, negándose como prisionero político a vestir el uniforme de los delincuentes, la fiambrera en la que le servían la comida, que había rechazado en los últimos diez días, las mantas que sólo le habían ofrecido después de que los muelles rotos de su catre le laceraran la espalda, su taza...

-¿Dónde está su anillo? -logré preguntarle al carcelero.

-¿Tenía un anillo?

Le observé cómo buscaba con grandes ademanes en su bolsa y en los bolsillos. Por fin me entregó el anillo de mi padre, que en los últimos días se le caía de sus demacrados dedos.

-Ha sido pacífico, muy pacífico -no dejaba de susurrar.

¿Cómo podía una ejecución ser pacífica?

Basheer e Ibrahim, sirvientes de la familia que nos habían acompañado a la cárcel porque las autoridades no nos proporcionaban comida, entraron en la sala. Basheer empalideció el reconocer la ropa de mi padre.

-Ya Alá! Ya Alá! ¡Han matado a Sahib! ¡Le han matado! -exclamó.

Antes de que pudiéramos impedírselo, Basheer cogió una lata de gasolina y se roció todo el cuerpo, dispuesto a quemarse a lo bonzo. Mi madre corrió para impedir su autoinmolación.

Yo estaba atónita, sin poder creer, sin querer creer, lo que le había ocurrido a mi padre. Era imposible que Zulfikar Ali Bhutto, primer presidente del gobierno de Pakistán elegido por sufragio universal, estuviera muerto. Donde había imperado la represión bajo el yugo de los generales que habían gobernado Pakistán desde su fundación en 1947, mi padre había sido el primero en introducir la democracia. Donde el pueblo había vivido a lo largo de los siglos a merced de los jefes de las tribus y de los caciques, había instaurado la primera constitución de Pakistán, para garantizar la protección legal y los derechos humanos. Donde el pueblo había tenido que recurrir a la violencia y a las masacres para derrocar a los generales, había garantizado un sistema parlamentario de gobierno civil y elecciones cada cinco años. No era posible.

-¡Jiye Bhutto! ¡Viva Bhutto! -le habían aclamado las multitudes, al visitar, por primera vez en la historia política de Pakistán, los lugares más remotos y olvidados.

Cuando su Partido del Pueblo de Pakistán ganó las elecciones, mi padre comenzó un programa de modernización, redistribuyendo entre los muchos pobres la tierra que a lo largo de muchas generaciones había estado en manos de los pocos señores feudales, educando a muchos millones oprimidos por la ignorancia, nacionalizando las industrias más importantes del país, garantizando salarios mínimos, seguridad en el trabajo y prohibiendo la discriminación contra las mujeres y las minorías. Sus seis años de gobierno habían traído la luz a un país estancado en la oscuridad, hasta el alba del cinco de julio de 1977.

Zia Ul Haq, jefe de estado mayor del ejército supuestamente fiel a mi padre, era el general que había mandado a sus soldados en plena noche para derrocarle y apoderarse del país amparándose en la fuerza. Zia Ul Haq era el dictador militar que a continuación no había logrado aplastar a los seguidores de mi padre, a pesar de sus armas, gases lacrimógenos y ley marcial, ni destruir el espíritu de mi padre aun aislado en una celda. Zia Ul Haq era el general desesperado que había ordenado la ejecución de mi padre. Zia Ul Haq, el general que gobernaría despiadadamente en Pakistán durante los siguientes nueve años.

Permanecí aterida frente al joven carcelero, con aquellos pocos enseres en las manos, que era lo único que quedaba de mi padre. Su ropa desprendía todavía el olor a su colonia, olor a Shalimar. Estrujé su shalwar en mis brazos, recordando de pronto a Kathleen Kennedy, que había seguido usando el anorak de su padre en Radcliffe, mucho después del asesinato del senador. Siempre se había comparado a nuestras familias en términos políticos. Ahora teníamos un nuevo y trágico vínculo. Aquella noche y durante muchas que le siguieron, yo también intenté conservar a mi padre cerca de mí, durmiendo con su camisa bajo la almohada.

Me sentía completamente vacía, mi vida destrozada. Durante casi dos años no había hecho más que luchar contra las falsas acusaciones levantadas contra mi padre por el régimen militar de Zia. Trabajaba con el Partido del Pueblo de Pakistán preparando las elecciones que Zia había prometido en el momento del golpe de estado y que a continuación había anulado, ante nuestra previsible victoria. Había sido detenida seis veces por el régimen mi litar y las autoridades me habían prohibido repetidamente visitar Karachi y Lahore. Mi madre estaba en la misma situación. Como presidente en funciones del PPP durante el encarcelamiento de mi padre, había sido detenida ocho veces. Habíamos pasado las últimas seis semanas detenidas en Sihala y los seis meses anteriores encarceladas en Rawalpindi. Sin embargo, hasta el último día, no había podido creer que el general Zia llegara realmente a asesinar a mi padre.

¿Quién les daría la noticia a mis hermanos menores, que estaban en Londres como exiliados políticos, luchando contra la sentencia de mi padre? ¿Y quién se lo diría a mi hermana Sanam, que estaba acabando sus estudios en Harvard? Estaba particularmente preocupada por mi hermana. Jamás se había mezclado en política. Sin embargo, había sido arrastrada a la tragedia con el resto de la familia. ¿Estaría sola? Recé para que no cometiera ninguna locura.

Me sentía como si mi cuerpo literalmente se despedazara. ¿Cómo podía seguir viviendo? A pesar de nuestros esfuerzos, no habíamos logrado salvar la vida de mi padre. Me sentía muy sola, terriblemente sola. "¿Cómo me las arreglaré sin tu ayuda?", le había preguntado en la celda de los condenados. Necesitaba su asesoramiento político. A pesar de mis diplomas de ciencias políticas de Harvard y de Oxford, carecía de experiencia política. Pero ¿qué podía responderme? Se había limitado a encogerse de hombros.

Vi a mi padre por última vez el día antes de la ejecución. El dolor de aquel encuentro fue casi insoportable. Nadie le había dicho que le ejecutarían en la madrugada. Nadie se lo había dicho a los líderes mundiales que habían solicitado oficialmente clemencia al régimen militar, entre los que figuraban Jimmy Carter, Margaret Thatcher, Leonid Brézhnev, el papa Juan Pablo II, Indira Gandhi y muchos otros del amplio mundo islámico, Arabia Saudí, los Emiratos y Siria. Ciertamente, ninguno de los cobardes del régimen de Zia se había atrevido a comunicarle al país la fecha de la ejecución de mi padre, por temor a la reacción del pueblo ante la muerte de su primer ministro. Sólo mi madre y yo lo sabíamos, y lo sabíamos por accidente y pura deducción.

Acababa de levantarme de mi catre militar, muy temprano por la mañana del 2 de abril, cuando mi madre irrumpió en mi habitación.

-Pinkie -dijo, llamándome por mi apodo familiar, pero en un tono que me dejó inmediatamente de una pieza-. Hay unos oficiales del ejército en la puerta, que dicen que ambas deberíamos visitar hoy a tu padre. ¿Qué significa eso?

Sabía exactamente lo que significaba. También lo sabía ella. Pero ni la una ni la otra nos atrevíamos a aceptarlo. Aquél era el día de visita de mi madre, que le permitían una vez por semana. La mía estaba autorizada para dentro de unos días. El hecho de que quisieran que ambas le visitáramos, sólo podía significar que aquélla sería la última visita. Zia estaba a punto de matar a mi padre.

Se me aceleró la mente. Era preciso comunicárselo al pueblo y a la comunidad internacional. Se había agotado el tiempo.

-Diles que no me siento bien -le dije apresuradamente a mi madre-. Pregúntales si se trata de la última visita, en cuyo caso evidentemente iré, pero que de no ser así iría mañana.

Mientras mi madre hablaba con los vigilantes, abrí rápidamente el mensaje que ya había preparado y escribí otro.

"Creo que nos están llamando para nuestra última visita", le escribí a toda prisa a una amiga en el exterior, con la esperanza de que se lo comunicara a los líderes del partido, quienes a su vez informarían al cuerpo diplomático y movilizarían al pueblo. El pueblo era nuestra última esperanza.

-Llévaselo inmediatamente a Yasmin -le dije a Ibrahim, nuestro leal sirviente, consciente de lo mucho que nos arriesgábamos.

No había tiempo para esperar a que entrara de guardia un vigilante amable y compasivo. Era posible que le registraran y le siguieran. No podría tomar las precauciones habituales. El peligro era enorme, pero también era mucho lo que estaba en juego.

-¡Vete, Ibrahim, date prisa! -le insté-. Diles a los vigilantes que vas en busca de un medicamento para mí.

Salió corriendo. Miré por la ventana y vi a los miembros del contingente militar que hablaban entre sí, transmitían el mensaje por la radio de que yo estaba enferma y quedaban a la espera de respuesta. En plena confusión, Ibrahim llegó al portalón.

-¡Rápido, tengo que conseguir un medicamento para Benazir Sahiba! ¡Rápido! -les dijo a los vigilantes, que acababan de oír hablar de mi enfermedad.

Milagrosamente, transcurridos cinco minutos escasos de la entrada de mi madre en mi habitación, le permitieron a Ibrahim que saliera. Mis manos no dejaban de temblar. No tenía ni idea de si el mensaje llegaría sin contratiempo a su destino.

En el exterior, oí voces por la radio.

-Dado que su hija no se siente bien, pueden hacer la visita mañana-le dijeron finalmente las autoridades a mi madre.

Habíamos ganado otras veinticuatro horas de vida para mi padre. Sin embargo, cuando se cerraron las puertas inmediatamente después de la salida de Ibrahim, sabíamos que algo terriblemente nefasto estaba a punto de ocurrir.

Luchar, teníamos que luchar, pero ¿cómo? Me sentía inútil, atada de pies y manos mientras se acercaba inexorablemente el momento de la muerte de mi padre. ¿Llegaría mi mensaje a su destino? ¿Se levantaría el pueblo a pesar de las armas y bayonetas a las que se enfrentaba desde el golpe? ¿Y quién les dirigiría? Muchos de los líderes del Partido del Pueblo de Pakistán estaban en la cárcel. Lo mismo les ocurría a millares de simpatizantes incluidas, por primera vez en la historia de Pakistán, muchas mujeres. Muchos otros, por el mero hecho de mencionar el nombre de mi padre, habían sido víctimas de los gases lacrimógenos y condenados a recibir un número determinado de latigazos, que se escribía sobre sus cuerpos semidesnudos. ¿Reaccionaría la gente ante esta última y desesperada llamada? ¿Llegarían siquiera a oírla?

Tomado de el Cultural 26 junio 2008.

19/09/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS 2

marfuerte @ 03:09

Alfonso Chase
Talamanca indomita
Ingemar Heström
Editorial DEI (y otras) 2006

El autor es uno de los estudiosos, e investigador más apreciable que hemos conocido, en sus labores en la América Latina y particularmente en Costa Rica, el cual nació en Suecia en 1945 y ha llevado a cabo diversos proyectos relacionados con el ecumenismo, la ecología, el apoyo a grupos comunitarios, manejo de recursos naturales. Además, como religioso de la Iglesia Reformada de Suecia, junto con sus labores de difusión en el DEI, en una biografía fascinante por su entrega a las labores de promoción de los valores sociales-ecológicos.

El presente libro se presenta como una guía de campo del Parque Nacional Barbilla, reconocido internacionalmente como uno de los más hermosos lugares de Costa Rica, eso para admiradores de la naturaleza. Pero este libro es también una especie de historia natural y social de Talamanca, de las más completas que conocemos, en su nombre de Talamanca Indómita, especie de relato del científico apoyado por fotografías de destacados amigos suecos, en un volumen de 40 apartes temáticos, 425 páginas, español e inglés, hermosamente diseñado por Clara Inés Angarita, en donde se combina la observación de la naturaleza, activa y hermosa, con los detalles que pueda darnos un científico de la categoría humanista de Hedström, en un tono coloquial en donde podemos entender por qué se le llama relato, perteneciendo a una especie de narración del lugar por sí mismo, en una prosa escueta, pero llena de detalles de estética descriptiva, que lo hace ameno, participativo, con un amor por la vida natural que termina siendo un texto para ser disfrutado como una historia real de la región.

La fascinación del texto tiene la suerte de ser complementado, o ser parte del mismo, por increíbles fotografías de Tore Hagman, Marine Heström-Rojas y del propio autor, lo que convierten al libro en algo inusitado, pues combina la majestuosa belleza de la región con esos detalles que nos permiten conocerla en su intimidad, en fragmentos de vida que se van uniendo para darnos un texto de gran soltura idiomática, gracias al talento narrativo del autor, que está a la altura de la grandeza natural del Parque Nacional Barbilla, en el cual se entremezclan los esfuerzos de la Fundación Nairi y del mítico, y siempre celebrado, Foro Emaus, una de las organizaciones más admiradas por los ecologistas, defensores de los derechos humanos, sociales y naturales de Costa Rica y de Nuestra América.

Tiene razón el autor en decir que Barbilla es un lugar mágico. Protegida por su propia naturaleza de la depredación y por las luchas de sus admiradores que lograron que fuera nombrada Reserva Biológica, figura como uno de los sitios más interesantes del universo, al menos así lo percibo, en su actual estado de Parque Nacional y en donde pareciera existir, ya definida, una especie de confluencia de toda la auténtica naturaleza costarricense en su esplendor.

El texto puede leerse como un diario. Como un deslumbramiento de un autor frente, y ante, la imponente naturaleza, desde frente al Río Dantas, donde quedaba, queda, estará su casita, que alguna vez vimos a lo lejos. También como un murmullo donde se cuenta la historia de una región, de un sitio maravilloso, no sólo por sí mismo, sino por la manera de descubrirla al escritor por sus propios ojos. Es una obra que adquiere un valor sinfónico en los 40 apartes de análisis, las observaciones del autor y la profusión de las ilustraciones, podríamos decir que únicas en su género, debido al gran valor informativo que contienen. En este libro podemos escuchar el lenguaje de los humanos, las plantas, los múltiples animales, más la serena presencia de un territorio de indómita belleza. Más el valor que tiene el libro como defensa de nuestros recursos naturales, ahora y en el futuro. Uno de los libros más hermosos que se haya podido editar en Costa Rica, en años recientes, y en el cual usted puede admirar, al menos en foto, esa belleza que es la mariposa Morpho pelieides que, una vez observada, se queda en la mente para siempre.

Sazonando recuerdos
Carolina Jiménez
Anécdotas, historia y recetas de cocina
de Puerto Viejo,
Talamanca
Editorial EUNED 2007

Carolina Jiménez (1950) es una artista que a su vez es como una duenda, ¿se dice así?, que es una investigadora, que también es historiadora del arte, pero sobre todo ama a la naturaleza y hace de la vida un impulso social hacia la armonía, según nos cuentan unos amigos de la Alta Talamanca, que me recomendaron este libro. Más allá de la literatura con carácter étnico, esta obra es una restitución al saber olvidado, por el paso de la falsa civilización en Puerto Viejo y uno de los sitios más emblemáticos del Caribe, antes de que Limón se convirtiera en un sitio de deprede por parte de los visitantes irresponsables y los propios habitantes, atacados sutilmente por la codicia y la desidia, obligados a ganarse la vida en la manera que todos sabemos: trabajando muchas veces al servicio de los otros. Por eso es importante este libro: porque delante, dentro y detrás de cada receta recopilada se expone una historia en una original manera de dar a conocer a los habitantes, los de siempre y aquellos que llegaron del afuera, para quedarse y amar a la región como sus propias tierras de origen. El método de organizar el libro es ecléctico pero nace de las especies y condimentos, los tubérculos y los frutos, para dar paso a asuntos más sofisticados como son los platos por sí mismos, en ese complejo arte de la cocina vernácula, la original del Caribe afrolimonense, con el toque de otras culturas que nos propone el mestizaje de las recetas. Algunas son raras, otras simples en el conocimiento más amplio, pero todas emergen como una forma artística, según puede percibirse por el proyecto final definido en las fotografía, pero sobre todo en el elemento humano que nos presenta Carolina Jiménez, que hace de la cocina limonense, puerto-viejana, algo existente por su propia presencia, el acopio del ingenio humano presente en cada receta, que es también, en colectivo, la historia de una región y sus gentes.

La autora escribe de manera coloquial, respetando algunas veces el habla regional, como es, combinando muchas veces el español criollo con el aporte del inglés más refinado, como sucede con las personas más ancianas de Limón. Los apartes 9 y 10 me parecen muy bien definidos: panes, pasteles y galletas primero y luego unas exquisitas, especiales, como ella lo afirma, que pertenecen a la cultura mestiza del Caribe, hasta las Guyanas y un poquito el Caribe, que todavía sobreviven al avance de la horrible comida chatarra que, por suerte, no logra arrinconarlas. Al rescatar la tradición gastronómica la autora también rescata las voces, las imágenes, los rostros de personajes entrañables que hacen de su labor un rito y los cuales forman parte de la historia de Puerto Viejo, en ese no solo sazone de recuerdos, sino también de sancochar la historia, para hacerla más libre, más múltiple, más voz colectiva de esa Costa Rica encerrada en el Valle Central.

El libro se complementa con las hierbas medicinales (bushes), la lista de colaboradores y un glosario más una bibliografía. Las fotografías, a color, son de ese mago que es Jorge Albán Dobles, que retrata a las gentes y a los platos como si fueran lo que son tesoros preciosos para la historia de nuestro tiempo. Un libro para chuparse los dedos, o más respetuosamente: hacerse la boca agua. Más un mapa, que hay que ver con lupa, y una pequeña historia de esos lares.

Despierta Abya Yala
Varios autores
Ediciones desde abajo 2008

Es una publicación que reúne las opiniones de la Red de Intelectuales y artistas en defensa de la Humanidad cuyas actividades, a partir de 2000, reúnen encuentros de pensadores, creadores, políticos, ambientalistas en búsqueda de alternativas de acción, y de gobierno, en América Latina, en una posible batalla de ideas que proponga pensamiento alternativo, para resolver los grandes problemas sociales de nuestro continente, en otras situaciones y en otros países y regiones.

Influidos por las transformaciones en el Cono Sur, los participantes en los diversos foros se organizan para llevar a cabo actividades, en esa red que significa el movimiento internacional en defensa de la humanidad, en un mundo en donde el armamentismo sigue rampante y las ideas neoliberales parecen estar ya en declinación, inútiles en sus propuestas económico-sociales. En realidad lo que se refleja es la ancestral lucha de los pueblos por su transformación y la unidad entre los estratos medios, los desposeídos y los intelectuales, para darle forma a una nueva propuesta social que en este caso apenas está esbozada, siguiendo los pasos de las diferentes maneras de organizarse los pueblos, bajo la conducción de nuevos ejecutores, con las ideas de Bolívar, Martí, Emiliano Zapata, Sandino y otros caudillos y pensadores de Nuestra América.

El libro es abierto, pero también recoge la antigua retórica ya superada, las “propuestas” que en el papel son unas y en la realidad otras, pero que señalan que sin el pluralismo político es imposible formar gobierno, o darle forma a una conducción acertada en los asuntos públicos. Lo importante radica en lo que se siente y vive en un nuevo renacer en las ideas políticas, las propuestas sociales y todas esas visiones de conjunto, que buscan mejorar y transformar a nuestros pueblos, en época de crisis, porque de ésta saldrán los nuevos líderes. No aparecen el texto del Dr. Pablo González Casanova, pero sí los excelentes de Theotonio Dos Santos y el del teólogo colombiano Javier Giraldo, una pieza de acertada luminosidad. Es una memoria. Un libro que dice presente, con todas sus limitaciones, demasiado optimista creo, pero entre los diferentes textos hay opciones muy valiosas, en otros prevalecen la vieja retórica de la esperanza de mampostería, sobre la cual no puede edificarse nada apreciable. Con América Latina despiertan otros pueblos. Eso es lo importante y que también hemos sentido en los diferentes Foros Sociales, centros de una solidaridad que se creía perdida.
periódico La Prensa Libre 14 agosto 2008

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