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RESONOCO

Categoría: Libros

08/05/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 01:25

Otros sueños

Dorelia Barahona

La ruta de las esferas

Novela

Editorial Farben

Ignacio del Valle
Escritor español
A medida que avanzaba yo en la novela La ruta de las esfera s, no hacía más que recordar la carta que escribió Goethe en 1827: “Me gusta echar un vistazo a lo que hacen las naciones extranjeras y recomiendo a cualquiera que haga lo mismo. Hoy día, la literatura nacional ya no quiere decir gran cosa. Ha llegado la época de la literatura universal, y cada cual debe poner algo de su parte para que se acelere su advenimiento”.

Pues bien, la autora ha puesto un mucho de su parte con esta novela para ese acelerón porque es consciente de que la novela, al igual que Costa Rica, tiene vocación mestiza: es ágora, punto de encuentro, de intercambio, de política; sana colectividad, mosaico de ideas, travestismo social.

Montaigne lo resume mejor que yo: sea cual sea la diversidad de hierbas que haya, se engloba todo bajo el nombre de ensalada.

La ruta de las esferas habla de esa ensalada, es decir, de todo lo que impulsa al ser humano: el amor, el erotismo, la desdicha, el odio, la frustración, el deseo, la carne, la herida, la existencia, la muerte, la belleza…, y lo ha hecho utilizando la lógica de los sueños para contar su historia.

Son sueños cuya textura mezcla el aliento épico de una historia tica llena de colonos, filibusteros, traficantes, indígenas, religiosos, amantes, héroes y canallas, máquinas, oro –el físico y el mítico–, sangre, agua, piedras y volcanes, junto a la magia, ese colibrí que nos guía, brillantísimo y azulado, entre los vivos muy vivos, y unos muertos con una diminuta llama, una chispa roja que los corona y que sólo deambulan ocupados en repetir los actos de cuando estaban vivos.

Se logra así un perturbador panóptico de Costa Rica, de la extrema complejidad de su mundo, de sus categorías, de sus relaciones, de su pluralidad de perspectivas.

No obstante, y en un primer momento, al lector que recorra sus páginas quizás pueda parecer que es una novela sobre la guerra atroz y borradora, un libro sobre las pugnas y enfrentamientos que conformaron el sangriento parto de la nación costarricense.

Puede sacar eso en limpio cualquiera que siga la trayectoria del colibrí –nuestro particular Virgilio aéreo, con su corazón que late 1.200 veces por minuto– y se encuentre las revueltas indígenas contra los españoles, o bien con el despótico y mesiánico William Walker y su lema Five o None , debido a su obsesión por conquistar las cinco repúblicas centroamericanas, o bien se mezcle en los zafarranchos de los mineros contra la explotación de The Costa Rica Pacific Gold Mining.

Sin embargo, esa sería una lectura incompleta porque Dorelia Barahona ha leído con aprovechamiento la afirmación de Scott Fitzgerald acerca de que toda vida consiste en acercarse y alejarse de una sola frase: “Te quiero”. En efecto, La ruta de las esferas es una novela de amor, de ese –como la autora escribe–, mundo complicado de afectos por expresar y palabras por decir.

Son el amor de Francisca por Gil, a pesar de borracheras e infidelidades; el de Nicolás por Mercedes, por mucho que esta se empeñase en que no se puede una dar el lujo de que un corazón mande sobre el destino pues esto sólo lo pueden hacer los ricos; el del héroe nacional Juan Rafael Mora por Inés, un amor hasta el último momento, justo antes de ser fusilado; el de Buenaventura por Josefa, que se comulgaban los secretos mirándose, o el de Buenaventura por Dulcehé o por Pilar; incluso el de Minor Keith por su esposa Cristina.

A la postre, siempre es la búsqueda de unos ojos donde mirarse, un corazón donde sentirse, una memoria donde recordarse: una parte que busca otra parte.

Sin embargo, en esta novela no sólo los personajes sienten: también el aire y el tiempo porque Barahona ha impuesto las manos a Costa Rica, como Buenaventura se las imponía a Cristina para invadir cada una de sus partículas.

Ha tallado un libro al igual que Buenaventura tallaba las piedras brutas a cincel y mazo, para poner orden en el caos, hasta conseguir, a fin de retratar el hermoso y terrible espectáculo de la vida humana, una gran y perfecta esfera de literatura.

IGNACIO DEL VALLE ES AUTOR DE LA NOVELA ‘EL TIEMPO DE LOS EMPERADORES EXTRAÑOS’, PREMIO DE LA CRÍTICA DE ASTURIAS del 2007.

Suplemento Áncora Periódico La Nación 20 abril 2008

La literatura plebeya de ‘Sinatra’

marfuerte @ 01:21

Voluntad y mito Alfredo Oreamuno superó el alcoholismo, y para algunos es hoy un ‘escritor de culto’LiteraturaLa literatura plebeya de ‘Sinatra’

Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com
En 1935, Clodomiro Picado acuñó una frase que aún hoy conserva mucho de su validez: “En Costa Rica resulta más difícil deshacerse de un libro que hacerlo”. A pesar de tan poco halagüeño panorama, durante la década de 1970, un escritor ajeno al medio intelectual y sin preparación formal fue el centro de un fenómeno que, en nuestro reducido espacio literario, bien podría llamarse “de masas”.

En tan solo un año se vendieron cinco ediciones (31.000 ejemplares en total) de Un harapo en el camino , la primera novela de Alfredo Oreamuno, conocido como “Sinatra” por su parecido con el cantante Frank Sinatra.

El éxito del libro fue tal que Radio Columbia transmitió una adaptación radiofónica durante los primeros meses de 1972. En enero de ese año, un grupo de diecinueve diputados publicó, en varios periódicos, una carta en la que instaban al jurado del premio nacional Aquileo J. Echeverría a tener en cuenta “los méritos del escritor nacional don Alfredo Oreamuno Quirós”.

Incluso, se llegó a afirmar que el escritor había firmado un contrato en México con la Editorial Novaro para lanzar una nueva edición, producir una telenovela y una película, esta última dirigida por René Cardona y filmada en Costa Rica.

Vida. Alfredo Oreamuno Quirós nació en 1922. Estudió en el Liceo de Costa Rica, de donde fue expulsado. Aún muy joven trabajó en el Canal de Panamá, se embarcó en un pesquero que se dirigía hacia las islas Galápagos y en un buque petrolero que recorría el Caribe. Regresó a Costa Rica en 1943 y participó en la construcción de la carretera Interamericana.

A partir de 1946 incursionó en el campo de las agencias de viajes, por entonces incipiente. Esta actividad le deparó crecientes ingresos, pero junto con el bienestar económico vino también la vida bohemia:

“Así, paulatinamente, como quien no quiere la cosa me fui adelantando en el vicio del licor, penoso y largo camino que recorrer y que estaba inmisericordemente destinado para mí. A pesar de todos los esfuerzos que hice para detenerme, no lo conseguía. Vivía en la antesala de la muerte sentenciado sin remedio, como todo aquel que bebe con ansias irrefrenables”.

Durante quince años, desde 1948 hasta 1963, Sinatra se convertiría en “un residuo de carroña”, según sus propias palabras.

Por fin, el 23 de noviembre de 1963, en un acto supremo de voluntad, Sinatra dejó el alcohol. Se encerró por tres meses en la Tercera Comisaría de la Guardia Civil en San José, donde inició el lento y doloroso proceso de desintoxicación. Colaboró durante la emergencia provocada por la erupción del volcán Irazú y, poco después, entró a laborar en el Departamento de Ingeniería de la Defensa Civil.

En 1976, Sinatra murió en forma repentina. Así acabó la meteórica carrera literaria de un hombre que escribió, según confesó, con el doble propósito de entretener y advertir a los jóvenes sobre las consecuencias de la adicción.

Sus libros. A lo largo de siete años, desde 1970 hasta su muerte, Oreamuno publicó anualmente un libro. Cada uno de ellos se adentra en el mundo de la plebe urbana, un espacio dominado por cantinas y prostíbulos, e intenta demostrar que la degradación alcanza todos los niveles sociales.

Un harapo en el camino (1970) relata las andanzas de Sinatra y sus amigos: Cailoto, Ñato Rigo, Juan Anafres y otros. Este recuento –que Alberto Cañas calificó de “picaresca macabra”– ofrece, desde la perspectiva de los sujetos marginales, la visión de una Costa Rica escindida que procura olvidar sus desechos humanos.

Noches sin nombre (1971) es la continuación de Un harapo en el camino . Durante una larga noche en una banca del parque Central de San José, el narrador –como una moderna Sherezade alcohólica en vías de recuperación– cuenta las peripecias de su vida de adicción e indigencia a un desconocido que lo ha increpado por un antiguo robo.

La narración se construye como un relato-marco a partir del cual se desgranan pequeñas historias; esta es la técnica que se conoce como “juego de cajas chinas”, de la cual Las mil y una noches es el más celebrado ejemplo.

El callejón de los perdidos (1972) continúa la misma línea de los dos libros anteriores. En una vecindad, cuyo apelativo da título al libro y da cuenta de su sordidez, se entrelazan personajes que tienen en común la marginalidad: drogadictos, pedófilos, proxenetas, prostitutas, delincuentes de todo tipo.

Mamá Filiponda (o Las princesas del dólar) (1973) es el primer texto de Sinatra que procura alejarse del recuento autobiográfico. La historia de Mamá Filiponda, desde muy joven famosa por su belleza, ofrece una reconstrucción del mundo de la prostitución en la zona bananera de Puerto Cortés y en los barrios del sur de San José durante las décadas de 1940 y 1950.

En la novela Terciopelo (1974) se relatan las andanzas de un ladrón solitario y atormentado que afronta tanto sus propios fantasmas como las intrigas de sus colegas. Este delincuente de buen corazón desnuda la doble moral de una sociedad carcomida por el vicio: “Y seguía conversando consigo mismo: ¿la verdad?: es que yo le robo al ladrón, yo escojo al que mal pudiera llamarse víctima; a otros peores que yo: a los burgueses con excepciones [sic], plagados de pecado, putería y mala entraña”.

El jardín de los locos (1975) reúne una serie de relatos escritos entre 1967 y 1974. En ellos, Sinatra se separa un tanto de su habitual reconstrucción de los bajos fondos y presenta una multiplicidad de historias que van desde el típico romance de oficina hasta la amistad entre un niño y un anciano.

Su última novela fue Las hijas de la carraca (1976), cuya acción transcurre en la región bananera del Pacífico Central durante la época de la fundación de Parrita y en la zona aurífera de la península de Osa; allí, una vieja prostituta, la “Carraca”, regenta un miserable burdel. En un ambiente degradado en el que se mezclan la violencia, la enfermedad y el desarraigo, el protagonista actúa como un héroe trágico en busca de venganza por una pena de amor.

Crítica. Ante la aceptación popular, la opinión de los críticos se dividió. Para unos, se trataba de los relatos autobiográficos de un hombre de valor singular que había tenido la entereza de sobreponerse a la adicción al alcohol y de desnudar su pasado en forma sobrecogedora.

Otros –entre los que destacaba el periodista Enrique Benavides– consideraban que los textos de Sinatra carecían de valor estético y que se limitaban a reproducir una realidad vulgar sin ningún tratamiento literario.

Sinatra se defendió alegando que él no era escritor: “Hago lo que haría un carpintero sin aspirar a ser un arquitecto. Yo tengo mi experiencia, otros, sus conocimientos literarios”. En efecto, el lector no debe esperar en ellos un muy logrado trabajo estético pues están lejos de ser un dechado de perfección formal: la escritura es descuidada, plagada de reiteraciones, e, incluso, de incoherencias sintácticas y gruesas faltas ortográficas.

Pese a sus limitaciones formales, estas novelas son de relevancia para la historia literaria costarricense pues representan una mirada privilegiada a una Costa Rica hasta ese momento casi invisible.

Sinatra se convirtió en el cronista de los costarricenses que no llegaron a gozar de la época de oro para la clase media impulsada por la brillante expansión económica de las décadas de 1950 y 1960 y las políticas sociales reformistas. En medio de ese ambiente confiado y de relativa opulencia, su universo narrativo muestra las contradicciones que bullían bajo la armónica superficie y que no pararían de crecer durante los años setenta.

Aunque sus narraciones fueron descalificadas como subliterarias y no han sido reeditadas desde su ya lejana primera publicación, son todavía objeto de culto para un sector de fieles lectores que las persiguen en las ventas de libros usados. Por su parte, la crítica literaria tiene por delante la tarea de efectuar el análisis de su persistente fama.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y LITERATURA Y MIEMBRO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS DEL LA UCR.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 19 abril 2008.

07/05/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 00:16

Alfonso Chase
Los cuadernos de Praga Abel Posse
Atlántida Editores, 2007

Abel Posse (1936) es un escritor de reconocidos méritos literarios, diplomático de profesión, ha recibido varios premios importantes, entre ellos el Premio Internacional Rómulo Gallegos, por “Los perros del Paraíso”.

La presente obra es una novela que tuvo en su momento visos de polémica, porque trata de un tema tabú: la estancia de Ernesto Che Guevara en Praga, y la presunta elaboración de unos apuntes, llamados “Cuadernos de Praga”, donde por escrito, o quizás solo haya pensado, los desvelos, raciocinios, desvaríos o angustias, de toda su experiencia vital como revolucionario y ser humano, así como su inmediato regreso de su aventura africana, que golpea terriblemente su manera de ver, desear y construir un mundo. Lo que se conoce como desastre del Congo, le permite varios meses de reclusión en Praga, en una especie de anonimato, en la cual su personalidad se compone y descompone, de acuerdo con lo que constituye la ficción, con trozos de puntos de vista de quienes conocen de la aventura, en sus aspectos de historia concreta, y que forman parte de la información reunida por el autor, que da forma a la construcción de un personaje en voluntad de cambio, indagación interna y con cierto distanciamiento de lo que constituye su aventura personal que, dado su involucramiento histórico, es de índole política.

No creo que sea una obra que altere los comportamientos del revolucionario de todos conocido, sino un intento de darnos una serie de enigmas que hasta la fecha permanecen ocultos sobre la personalidad de Guevara, y que lo hacen más humano y contradictorio, y que vienen a complementar mucha de la información publicada en el último decenio, en torno a sus ideas políticas, de economía o a su vida personal. Dado que una primera edición data de 1998, hace diez años, la obra de Posse reúne una serie de tropismos interiores que definen la obra de ficción, con las ideas sobre la novela de él como autor, más el testimonio reunido de múltiples personas que lo conocieron y que guardaron detalles con singular sigilo. Los cuadernos son, en realidad, un diario escrito en Praga en 1966, sobre el cual se dice, en la realidad histórica, que existió, fue destruido o confiscado por sus contenidos, que nos muestran detalles sobre ese extraño encierro de Ernesto Guevara, en el cual se expone una serie de asuntos de su vida cotidiana, pero con los cuales se construye un espíritu, una mente concreta, desde la cual habla Raúl Vázquez Rojas, pasaporte 114.145, ciudadano español, más el verdadero Guevara, con tenues alusiones a Adolfo Mena, uruguayo, o Ramón Benítez, consejero militar, que parecen que hablan, confundidos en el discurso o recursos del diario, para darnos una idea de lo que ha ocurrido en la mente del estratega, desde que salió de Cuba rumbo a África.

Los escritos de vida cotidiana, de circunstancias históricas, se mezclan en la ficción con un “discurso filosófico”, que reúne opiniones, digresiones o la búsqueda de respuesta a múltiples preguntas, en ese extraño personaje disfrazado de un alias, pero que conserva a lo interno lo mejor, y lo peor, del revolucionario.

Es, también, la crónica de una derrota plenamente anunciada, como una forma de autoinmolación, solidaridad o recurso para mantenerse activo, permaneciendo todos esos meses en la realidad fantasmagórica de Praga, que también estaba sumida en un oculto problema social que haría eclosión en agosto de 1968.

La novela contiene hermosos pensamientos de Guevara en su etapa de formación, como chico o adolescente, su afán de trotamundos, la creación de su sensibilidad social, sus amores, sus contradicciones, por lo que logra crear un personaje atractivo, convulso, tierno y duro como una roca, pero siempre vulnerable.

La obra permanece indemne a las críticas furiosas que despertó en su momento, pues logra mantener su esencia ficcional, más el marco histórico de ese Guevara humano, no el personaje de las camisetas o las biografías oficiales. Siendo un ejercicio de invención, es decir, una novela, sostiene todo un aparato de detalles que repercuten, se mueven alrededor de un alias, o varios, y la esencia real de Ernesto Guevara de la Serna, el hombre, el ser humano, el estratega revolucionario. El perdedor de una gesta en tierra boliviana.

Expiación
Ian McEwan
Anagrama, 2007

Ian McEwan (1948) está considerado uno de los más destacados novelistas ingleses, cuya obra ha circulado en español, gracias a las traducciones de esta editorial, y su influencia ha sido importante en muchos de los escritores más jóvenes, sobre todo en Argentina, Brasil o Chile. A primera vista, y dado el fervor de sus apologistas, esta es su mejor obra, de apertura ya en el nuevo siglo. Y parece serlo, pues estamos ante una obra extraordinaria que parte de una especie de homenaje a los novelistas clásicos ingleses, y propone una lectura muy actual de una visión de una familia (1935), con detalles de narración admirables, como esa introducción a la obra de Briony Tallis, la hija menor, con inquietudes artísticas y que pareciera que la persigue una historia romántica, a representar con sus primos para sus hermanos y amigos, que prosigue en toda la narración, como si fueran puertas que se nos abren a otros escenarios donde la guerra, las intimidades de los miembros de la familia, amores y traiciones nos permiten conocer todo el mundo de la sociedad inglesa de su tiempo, concentrada en un mundo familiar, cerrado muchas veces, pero inmerso en historias trágicas, la guerra y las variantes, atroces, del comportamiento humano. A diferencia de lo que dicen sus apologistas, me parece que esta novela cierra, pero a la vez abre, un ciclo de historias del autor, que como ya lo hizo en sus narraciones, logra mediante ellas adentrarse en la psicología de los personajes, al describir todo el encordio social que corroe a estas clases sociales, pero no en blanco y negro, sino también en los diferentes colores que denotan el paisaje de los protagonistas, todos descritos al detalle, más las ambiciones literarias de la observadora-personaje, conforme pasa el tiempo. La saga denota un periodo determinado: 1935 a 1999, con todo el peso del siglo pasado sobre los hombros del narrador, pero con la llegada del nuevo siglo, que es lo que nos muestra la novela en ese final extraordinario donde se representa, en familia, la obra de teatro que da origen a todo, y por fin esa mujer puede dar un final adecuado a una historia de amor, de la que ha sido testigo y personaje, durante más de 59 años.

Una frase maravillosa nos advierte: “No hay expiación para Dios, ni para los novelistas, aunque sean ateos. Esta tarea ha sido siempre imposible, y en esto ha residido el quid de la cuestión. La tentativa lo era todo”, antes de internarse, ya para siempre, en esa demencia vascular que le ha sido anunciada.

La historia de una mentira, y el infortunio que ello provoca, es la verdadera columna vertebral de esta novela maravillosa, y por la cual la protagonista pasa gran parte de su vida escribiéndola, convertida ya en famosa autora, pero que ella entrega a la posteridad, como penitencia, expiación y exorcismo.

Una obra literaria relevante, que nos retrae a la época de la novela clásica inglesa, pero nos define el camino hacia la novelística del siglo XXI.

Francisco Urondo
La palabra en acción
Pablo Montanaro
Homos Sapiens
Ediciones, 2007

Pablo Montanaro (1964) ha escrito la biografía, definitiva, del poeta y militante Francisco Urondo (1930-1976), tomando para darle forma la vida personal del escritor, más los testimonios de numerosas personas: familiares, amigos, compañeros, conocidos, miembros de su grupo político, los que se refieren a este como lo que realmente fue: un hombre excepcional, un poeta notable y una personalidad, dentro de un espacio vital, que nos lleva desde su nacimiento hasta los días más crueles de la dictadura argentina de los años 70. Es la historia íntima, pero también la formación intelectual de un creador, sus relaciones con el medio cultural, sus libros de poesía, sus obras de teatro, sus problemas emocionales, sus amores y rechazos, todo esto compuesto de una manera, donde la lectura del libro nos permite tener a Paco Urondo en toda la esencia y sustancia de su importancia como poeta, periodista, escritor testimonial, amigo y sobre todo conversador, amigable con el más, deslumbrado por un peronismo de hojalata, para pasar luego a ser un marxista militante, escogiendo la vía armada, para consumar, con su muerte, el destino de muchos otros intelectuales para los cuales el obviar otro proceso, que no fuera el de la insurrección armada, los condujo a la muerte, más un destino de infortunio, es el caso de Urondo, que aplicó para su familia y sus amigos más cercanos.

Es un libro que recoge los testimonios de su entorno, más la historia real del escritor en su crecimiento como persona, como creador, como intelectual y como político, donde también se define la importancia de Urondo como poeta, uno de los más representativos de su generación, inserto en la renovación poética de los años 50 y 60, no solo como eso, sino también como narrador y periodista, más las imágenes que se agregan como anexo, donde podemos percibirlo con su avasalladora personalidad y su alegría de siempre. Urondo, como Juan Gelman o Rodolfo Alonso, Horacio Salas, Juan Cedrón o Ernesto Jauretche, constituyen figuras emblemáticas de la cultura y el arte argentino de su generación, unidos todos por múltiples ideas y por el carácter de creadores de importancia mayúscula en sus diferentes disciplinas. El crecimiento intelectual, la beligerancia cultural, la amistad y el intercambio en ideas son parte de esta historia-biografía, donde todo parece centrarse en la figura del poeta, pero que muestra la acción de toda una generación en momentos importantes de su país. Es decir, perfilan y definen la historia con su país, con su historia personal, donde la biografía retoma aspectos casi desconocidos de Urondo, para darnos también una historia colectiva de un grupo de personas enfrentadas a las dictaduras militares, las clases políticas y culturales, con la plenitud que tiene la franqueza de elegir un destino propio, aunque ahora nos parece casi sepultado entre los múltiples muertos que determinó el proceso.

La biografía es clara, honesta, sin concesiones a los mitos establecidos. Urondo está presente en ella en cada capítulo y en casa párrafo, porque es la historia de un hombre-país, en sus transformaciones, sus debilidades, sus carencias y excesos políticos, llevados hasta el fin. La biografía, exhaustiva en algunos términos, es la más completa que conozco sobre Paco Urondo, que tanta influencia tuvo sobre muchos de los creadores de la generación del 60, por el valor de su obra en poesía, por su inolvidable presencia y por el valor sustancial de su personalidad.

No creo, como muchos argentinos, que la existencia misma de Francisco Urondo sea algo incompleto o sumergido en el olvido. Para eso se escribió este libro. Para tener a un gran poeta entre nosotros. Para recrear espiritualmente a su generación, para comprender la historia política de Argentina, el papel de los insurgentes, los detalles de sus últimos meses —que no conocíamos bien— antes de que fuera ultimado en Mendoza. Todo esto lo cumple Pablo Montanaro, en este libro capital, para el rescate de un gran poeta, de un hombre fuera de serie, para un creador que le dio a la palabra un destino histórico, quien vivió para y con la poesía, con sus limitaciones y excesos, pero con la plena conciencia de que cumplía un destino muy particular, inmerso en la historia de su colectividad. Podemos entender la vida creativa de Urondo, su real compromiso con la guerrilla, un asunto del que muchos no hablan con franqueza todavía, su pasión y su muerte en detalles que se le quedan cortos al que escribe sobre este creador argentino que, según sus propias ideas, y repetidas por el que escribe la biografía: vivió en sus propias palabras. Un rescate necesario y un homenaje a un poeta de gran categoría, el cual siempre tendremos entre nosotros.

Revista Abanico peridico La Prensa Libre 17 abril 2008.

01/05/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 00:14

Pasado presente

José Fidel Tristán

Diario de arqueología

Museo Nacional

Myrna Rojas G. (arqueóloga) y Gabriela Villalobos M. (historiadora)
De la infancia le viene a José Fidel el primer recuerdo de cuando escuchó hablar sobre arqueología. Ocurrió cuando su tío Mauro Fernández lo llevó a ver una “huaca” que apareció durante la construcción de un puente sobre el río Torres. De los objetos precolombinos hallados se atrevió a pedir uno, y lo llevó a su casa con sumo cuidado después de abrumar con preguntas a su influyente tío.

“De don Mauro recibí la primera lección de arqueología, y de labios de mi madre tantas explicaciones que desarrollaron en mí una gran afición por estos estudios, los que ya en un período muy largo de mi vida, me han hecho pasar muchas horas en divagaciones y muchas horas en inquietante expectativa al abrir otras sepulturas”, escribió Tristán en 1921.

Ese interés por la arqueología lo dejó plasmado en escritos, hasta ahora inéditos, que el Museo Nacional publica bajo el título de Diario de arqueología de José Fidel Tristán . Contiene textos obtenidos del Fondo José Fidel Tristán, custodiado por el Archivo Nacional de Costa Rica.

Lo valioso de esta publicación reside en que es casi inexistente una producción científica generada por nacionales sobre la arqueología costarricense durante las primeras décadas del siglo XX.

En sus escritos, Tristán retrata parte de nuestra primera historia, la precolombina, por medio de textos e imágenes de sitios arqueológicos, descripciones de colecciones y análisis de piezas, especialmente del Valle Central.

José Fidel Tristán Fernández nació el 6 de setiembre de 1874; su padre fue Fidel Tristán Céspedes, y su madre fue Práxedis Fernández Acuña, hermana de Mauro Fernández, figura clave de la reforma educativa costarricense de finales del siglo XIX. Cuando se graduó del Liceo de Costa Rica trabajó, entre 1894 y 1897, como asistente de mineralogía en el Museo Nacional.

Después partió a estudiar educación a Chile. A su regreso en 1900, se incorporó como docente y después como director del Colegio Superior de Señoritas (director entre 1908-1921) y posteriormente del Liceo de Costa Rica (director entre 1922-1929). A partir 1930 pasó a dirigir al Museo Nacional, labor súbitamente interrumpida cuando murió el 23 de enero de 1932.

Fascinado por el mundo de la ciencia y como hijo de su tiempo, tuvo un concepto del quehacer científico que no sufría los excesos de la especialización de la actualidad. Paralela a su labor docente, realizó un trabajo de investigación en varios campos (biología, física), aunque se destacó por sus investigaciones sobre vulcanología y la sismicidad.

En el caso de la arqueología, Tristán solo publicó tres notas, pálido reflejo de lo desarrollado en sus diarios de investigación inéditos. Algo sobresaliente para su época fue su preocupación de ir más allá del objeto, de tomar datos del contexto de las “huacas”, en ocasiones con ilustraciones de gran calidad y detalle.

En esa época existía un gusto por las “antigüedades” que se popularizó entre las élites costarricenses, especialmente a partir de finales del siglo XIX. Eran bellos objetos, símbolos de lo exótico y con un valor mercantil cuando eran vendidos a museos y coleccionistas extranjeros.

En el límite desdibujado entre la arqueología y el coleccionismo, Tristán se acercó a lo indígena, no con la connotación etnocéntrica común de su época, pero tampoco con un sentido de pertenencia.

En sus escritos, Tristán presenta notas de campo, analiza patrones funerarios, interpreta iconográficamente los objetos y su relación con el entorno natural; asimismo, se pregunta sobre el uso de tales objetos.

Esas actitudes todavía son válidas en la arqueología. Aunque Tristán no se aventuró a encontrar todas las respuestas, sí reflejó el accionar de una mente inquisitiva preocupada por entender su entorno. Esta es una búsqueda que algunos hacen por medio de la ciencia, otros por medio del arte, como bien lo retrató Francisco Amighetti en 1959, cuando habló de la sala en la que su profesor Tristán trabajaba:

“Parecía más bien el estudio de un pintor, con su caballete, su colección de objetos indígenas, sus pinturas, sus fotografías de volcanes, sus libros y sus papeles, donde acumulaba notas, observaciones y estudios”.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 13 abril 2008.

30/04/2008 GMT 1

De cómo recorrer el laberinto y no morir en el intento

marfuerte @ 00:27

Por Camilo Retana
Los Libros

Hacia una crítica de la razón mítica

El laberinto de la modernidad

Franz Hinkelammert

Ensayo

Editorial Arlekín

2007

Todo laberinto tiene sus propios monstruos. Los que habitan el nuestro incluso tienen apellidos: Reagan, Hitler, Bush. Sin embargo, ellos, los más recientes, dirigen su dedo acusador hacia otros sitios: Irak, Venezuela, Afganistán. El laberinto está también poblado de espectros que parecen verdaderos. Tenemos así un Dios despótico y poderoso que parece no haberse hecho humano nunca, el mito del progreso, el mercado erigido como mediador de salvación. Vamos de un lado para otro pero encontramos más y más senderos, paredes duras que nos dan en la cabeza, mercancías que nos auguran una estadía más placentera si dejamos de buscar una salida. Pero la salida existe y Franz Hinkelammert se encarga una vez más de recordárnoslo.

Con su más reciente libro, Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad (Editorial Arlekín, 2007), Hinkelammert aborda al sujeto contemporáneo como un nuevo Prometeo que se levanta, humanizándose, por encima de esas imágenes espectrales. Claro que no se trata de cualquier Prometeo. El autor retoma y amplía la interpretación del joven Marx de este personaje: "este Prometeo de Marx es muy diferente de todos los otros [porque] efectúa un discernimiento de los dioses, que no aparece en ninguno de los otros Prometeos. Pronuncia una sentencia sobre todos los dioses en el cielo y en la tierra, que no asumen al ser humano (…) como divinidad suprema. Se trata del ser humano como "un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable"". Este ser humano encarnado, de necesidades concretas, por ratos desespera, y entonces grita. Pero está dispuesto a no morir en el intento y por eso hurga por entre los rincones del laberinto buscando al menos un cabo del hilo de Ariadna. Y lo encuentra. Hinkelammert da cuenta de ese hallazgo a través de una frase de Desmond Tutu: "yo soy si vos sos". Pero ocurre que además de salvador, el hilo es el posibilitador del propio laberinto y de cualquier otra realidad posible. El "yo soy si vos sos" no es meramente un juicio de valor, si no que "expresa la condición de posibilidad de los juicios de hecho y de valor". El "yo soy si vos sos" desinfla los monstruos, disuelve los espectros y nos devuelve una imagen de ser humano alternativa a la de esa otra sensibilidad que pregona el "yo soy si te destruyo".

Ahora bien, existe una paradoja propia del laberinto moderno, y es que no es posible salir de él sin volver a entrar de nuevo. Para Hinkelammert no hay posmodernidad como alternativa histórica; de ahí que debamos andar y desandar los trillos de esta época, y hacerla nuestra. Los principales referentes del autor son, en este sentido, el cristianismo y el marxismo, pero no se trata de ser o hacerse creyente o marxista, si no de devenir sujeto. He aquí el Hinkelammert teólogo de la liberación. El Dios hecho hombre del evangelio y la crítica marxista al fetichismo convergen precisamente en ese lugar ético, político y epistemológico que Juan Luis Segundo denomina fe antropológica. Esta tesis, visiblemente moderna, nos devuelve al laberinto con un panorama renovado, a partir de la prerrogativa de convertirnos en sujetos.

Este libro de Hinkelammert, rico en reflexiones teológicas y en tesis sugerentes para la economía política, la antropología y la filosofía social, es un texto de referencia no solo para creyentes o académicos, sino también para todos aquellos que han sido humillados, sojuzgados, abandonados y objetos de desprecio.

Suplemento Los Libros. Semanario Universidad. Abril 2008.

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 00:11

Alfonso Chase
Mi abuelo volaba sobre robles amarillos

Minor Arias Uva
Ilustraciones de Rodni Cordero
Editorial Costa Rica, 2007

Se trata de del segundo libro del autor Minor Arias (1971), editado por la Editorial Costa Rica en el género de poesía para niños, jóvenes, personas mayores o para quien quiera acercarse a la lectura de hermosos y definidos ejercicios poemáticos de indudable valor literario, porque el autor es un poeta completo, con un estilo libre, desmañado, a veces coloquial, otras con cierto rigor semántico, lo que lo convierte en uno de los poetas más importantes de la actualidad.

La figura del abuelo es el motivo, no el pretexto, para dar a conocer una serie de actitudes de la relación entre abuelo, nieto y el entorno que hace que la poesía brote de manera franca, con plena espontaneidad, pero con la idea de ir definiendo una poética que se subraya en los temas, todos ellos construidos alrededor de las relaciones entre la naturaleza y los seres humanos, el entorno ecológico, que permite impulsarlos hacia la vida, la solidaridad, el disfrute de un mundo habitable para todos, pero disfrutable por cada uno.

Lo importante de Mainor Arias, en el panorama de la poesía costarricense, es la libertad formal para escribir sobre lo que desea, sin sujetarse a reglas fijas, dando a la palabra una libertad muy significativa, mediante el uso de un lenguaje que brota de lo coloquial y cotidiano, en esas tres partes en que se divide el libro, a partir de las llamadas maromas del abuelo, que responde a la energía que procede de su relación activa con las cosas, los animales, las celebraciones de la vida, que toman sentido en un presunto diario del anciano, donde la doble voz, protagonista temático-autor, nos permiten entrar a un mundo de conocimiento, secreto como un prisma, amplio como una ventana.

Los temas responden al universo poético de Minor Arias, que ya estaba presente en su primer libro editado, donde la poesía es también prosa que permite contar una historia, pues todos los poemas tienen una línea argumental que remite a la manera de pensar del poeta: lo telúrico, su relación con lo terrestre, con la armonía del universo, con la unidad de la enseñanza occidental y lo lejano del Oriente, que no mantiene sus signos apreciables o evidentes, sino del propio sincretismo de quien escribe, que ha forjado su manera de ser con la lectura externa, pero que se expresa con su propia idea de cómo deben ser los poemas, y cómo decirlos en la unidad de lo oral, el gesto y la palabra escrita.

El contenido de este libro es básicamente ecológico en sus dos vertientes reales: la mente interna y sus transformaciones y lo externo, la vida misma vibrando, para lograr una unidad, como se plantea en las nuevas formas de la experiencia creativa, y cuyo resultado podemos apreciar en la tercera parte del libro: El retorno al espacio cero, que puede significar mi propio yo en expansión. El difícil arte de escribir para jóvenes es original, porque los poemas no son didácticos, facilones, aniñados ni arrulladores, sino que son activos y proclives a impulsar la vida, a la acción de comprender al mundo y no al dormirse en los laureles, aunque se tenga sueño.

La herida
en el sol

Poesía contemporánea
centroamericana (1957-2007)
Universidad Nacional
Autónoma de México
UNAM, 2007

Por fin llega a nuestro país la tan
anunciada antología de poesía centroamericana, editada por la UNAM, seleccionada por Edwin Yllescas y bajo la acción editorial del
poeta Marco Antonio Campos, a quien le agradecemos la edición en la colección “Poemas y ensayos”, prestigiosa y atractiva editorialmente.

La presentación de Edwin Yllescas es completa y muestra un pleno dominio sobre los vectores de la poesía centroamericana, su desarrollo en los últimos 40 años en poetas nacidos a partir de 1939, como Jorge Debravo, José Roberto Cea, Roberto Sosa (1930), Octavio Robleto (1935) u Óscar Acosta (1933). La muestra nos remite a principios de los años 60, o un poco antes, para dar cumplimiento a lo definido por el antologador de que estos son los poetas de cambio en sus países, o en el conjunto de la América Central, como lo había propuesto quien esto suscribe, en 1973, en sus antologías de poesía centroamericana bajo el auspicio del Csuca, la Universidad de San Carlos, en Guatemala, o a la revista Horno, en Caracas, de la familia De la Cruz, y el particular interés de su hermano Vladimir de la Cruz.

Pero esta obra es la más completa y representativa, editada en una casa editorial de gran prestigio, como es la UNAM, proyecto que nació al calor del encuentro del III Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, en 2007.

La antología abarca casi 520 páginas y presenta poemas de los cinco países, para un total de 54 autores, con una muestra representativa de su trabajo y mención a sus libros editados.

Para quien ha andado en estas lides, la muestra es representativa, de acuerdo con lo expresado por el compilador, de ser factores de cambio, algunas veces de relevo generacional, dando forma en sus poemas a un mundo personal, “lúcido, irónico, desconsolado algunas veces”, pero expresando las coordenadas
históricas del desarrollo de la literatura centroamericana, presente en lo que se ha llamado
primera generación del 60 o, muchas veces, promoción de la revista La Pajarita de Papel, en sus inicios, o de la revista Alero, en sus finales. Pero lo más valioso es la importancia del valor literario de la muestra, reproduciendo algunos poemas que se consideran ya clásicos, en la obra de los antologados, con la misma intención de ruptura, que efectivamente se da en muchos de los autores, y que muchas veces es coincidencia entre autores de diferentes países, que puede decirse que se conocen y se tratan desde su adolescencia y la edición de sus
primeros a últimos libros.

La compilación muestras las variantes de lenguaje poético entre las diversas promociones, el impulso histórico o las transformaciones personales, en cada uno de los protagonistas de la poesía centroamericana entre 1957 y 2007, aunque en muchos casos se reproducen poemas escritos en los 60, 70 y hasta en los 90. La intención estética pareciera prevalecer lo que convierte a la obra en un deleite de
lectura, así como en una especie de encabalgamiento que permite afirmar que existe la poesía centroamericana como un conjunto real, y en muchos casos se pueden trastear sus enlaces con la poesía norteamericana y los focos culturales de México, Cuba, Bogotá o Brasil, en la formación intelectual de los diversos autores.

A diferencia de otras antologías, de las que se dice que sobran autores, en esta quizás
falten algunos: Mayra Jiménez, Isabel de los Ángeles Ruano, Leonor Garnier, Guillermo
Fernández o José María Zonta, o del poeta
Otoniel Guevara, a quien he visto en festivales europeos de gran reputación y reconocimiento para con su obra internacional y centroamericana. La inclusión de autores por país es variada: 6, 8, 9, 12 poetas y en el caso de Nicaragua 22 autores, demasiado complaciente la selección en este caso.

Diccionario de la literatura
centroamericana

Albino Chacón, coordinador
Editorial Costa Rica/EUNA, 2007

Por fin circula la tan esperada obra de reunir, en un solo tomo, un Diccionario de la literatura centroamericana, coordinada por el escritor Albino Chacón, y un equipo de ocho colaboradores, especialistas y estudiosos en la literatura de sus respectivos países, que en este caso incluye a Panamá.

Muchos otros diccionarios nacionales han circulado en los últimos años, pero adolecen de no ser tan completos como este que reseñamos, cuyo antecedente inmediato es el “Diccionario de autores centroamericanos”, del estudioso y escritor Jorge Eduardo Arellano, que por ser una obra unipersonal, luce incompleto y a veces desordenado, pero que contiene una bibliografía inmensa, necesaria para conocer la literatura centroamericana casi desde finales del siglo XIX.

Este diccionario de literatura centroamericana es el más completo que se haya realizado a la fecha, conteniendo casi toda la muestra de autores del área, desde la literatura genésica hasta los más nuevos autores, por estricto orden alfabético, con fichas relativamente ordenadas sobre la obra editada, las características de la misma en relación con la vida literaria, intelectual y proyección de los seleccionados en el desarrollo cultural de sus países, con opiniones específicas sobre el énfasis en el que se valora más determinantemente su propia inclusión en el diccionario, con la salvedad —y esto no es demérito— de la amplitud que ocupan muchos autores recientes en relación con los que los anteceden. La obra se inscribe en la tendencia de la importancia de la literatura centroamericana como un todo, donde los vasos comunicantes entre los autores, de país en país, de época en época, permiten establecer sus estadías en los diferentes países, lo que permite entender las relaciones entre las diferentes promociones, el intercambio de ideas y algunas veces las tendencias literarias que se manifiestan desde inicios del siglo XX, no solo como relevo generacional, sino también con el uso de los aportes que determinan las circunstancias históricas de las relaciones personales y aún el carácter emblemático de diferentes instituciones, a las cuales estuvieron vinculados, en los años 60 y 70 del siglo pasado, y que permitieron dar forma a esa idea de lo centroamericano, lo nacional y las tendencias universales de cambio, casi en todo sentido, a partir de la llegada de la Revolución Cubana, en 1959. Esto se refleja en la membresía política de muchos de los autores que empezaron a publicar en la mitad del siglo pasado, así como la aparición de movimientos literarios, compartidos en casa país y en el istmo como un todo.

Las fichas contienen detalles de la vida, la obra y la proyección laboral y social de los
creadores, así como sus lugares de origen, sus estudios, su pertenencia a grupos determinados, algunos con una trayectoria que ya es historia, lo que hace su lectura amena, enjundiosa y casi completa, a excepción de algunas que se detienen excesivamente en premios, reconocimientos o cargo ocupados, pero que son importantes para conocer la hoja de vida de los autores.

Una obra que nos permite tener a la vista todo el proceso literario de la América Central, desde la colonia hasta nuestros días.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 10 abril 2008.

25/04/2008 GMT 1

Libro reúne material literario de la región

marfuerte @ 23:57

• Diccionario de la Literatura Centroamericana
Fabio Mena Cordero
fmena@prensalibre.co.cr
Foto: Mariano Ramírez

Esta es la portada de “El Diccionario de la Literatura Centroamericana” que será presentado oficialmente el próximo jueves 10 de abril en el Instituto Cultural de Chile, a las 7 p.m.
Un libro que recopila información acerca del mundo literario de Centroamérica por medio de una guía organizada de consulta, que informa acerca de la línea y trabajos de los escritores, ya es una realidad.
“El Diccionario de la Literatura Centroamericana” es una coedición de la Editorial Universidad Nacional y la Editorial Costa Rica, convirtiéndose en un hito en la historiografia literaria centroamericana, tanto por su visión de conjunto como por la cantidad, calidad y exactitud de la información acerca de la producción literaria y de sus direcciones estéticas y temáticas.

Este libro es un homenaje a quienes pusieron un granito de arena en la literatura y una sistematización de sus logros principales como los poemas, narraciones, obras teatrales, crónicas, literatura testimonial, ensayos.

Durante cuatro años, un grupo de
personas expertas en la materia recopiló información sobre autores, sus obras y corrientes estético ideológicas. Se trata de una obra hecha con rigor y por tanto fiable para quienes buscan profundizar en el conocimiento de las letras de la región, de autores particulares o de información bibliográfica.

La responsabilidad de dar vida a esta obra literaria corrió a cargo de Carlos Cañas Dinarte, Marjorie Gamboa, Martín Jamieson, Carlos López, Francisco Méndez, Carlos Monge, Damaris Serrano, Helen Umaña, bajo la coordinación de Albino Chacón.

“Concebimos este diccionario como una obra en proceso constante de enriquecimiento” indica Chacón, al mismo tiempo que promete a los lectores una futura y no muy lejana nueva edición. “La idea es que el equipo de colaboradores se mantenga en una labor permanente de recopilación de nueva información, como corresponde a una obra de este tipo y como lo merece la riqueza, variedad y calidad de la literatura que hoy se escribe en Centroamérica” expresa en el libro.

De acuerdo con el coordinador, en el libro se han incorporado autores considerados clásicos, que constituyen lo que se podría llamar el canon mayor de las letras centroamericanas y, junto a ellos, una pléyade de escritores que siguieron sus pasos con una obra fundamental en sus países de origen y en la región como un todo.

En ese grupo es fácil localizar información sobre Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Augusto Monterroso, Ernesto Cardenal y muchos otros.

También se puede encontrar información de escritores jóvenes que han logrado un reconocimiento internacional y cuya obra se lee y estudia en los centros académicos, pero además a aquellos cuyo conocimiento hasta ahora había estado más bien restringido a sus fronteras, a pesar de su inobjetable calidad y producción.

En 525 páginas, estos autores esperan que su obra recorra muchas y diversas geografías, en manos de los lectores centroamericanos y de todo aquel que se interese por la cultura y la literatura centroamericana.

La presentación oficial de esta obra de colección será el próximo jueves 10 de abril en el Instituto Cultural de Chile, a las 7 p.m. con participación Mabel Morvillo, Carlos Cortés y Seidy Araya como presentadores.

A la cabeza
El coordinador de esta gran tarea es Albino Chacón, un costarricense, doctor en Literatura Comparada por la Universidad de Montreal de Canadá, quien se ha desempeñado como profesor en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje, de la Maestría de Estudios de Cultura Centroamericana y del Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes de América Central, todos programas de la Universidad Nacional.

Chacón ha impartido cursos de literatura costarricense, centroamericana y latinoamericana, así como de literatura colonial de América Central, áreas en las que ha publicado, individualmente o de manera conjunta, numerosos estudios en libros o revistas especializadas.

Entre su obra se destaca “La travesía azarosa de los textos: Folklore literario y literatura folklórica en Costa Rica”; “El discurso colonial: construcción de una diferencia americana” y la obra inédita “Literatura colonia de América Central”.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 8 abril 2008.

Día del libro

marfuerte @ 23:37

Alberto Fonseca
El 23 de marzo de 1968, el entonces presidente de la República, Prof. José Joaquín Trejos Fernández, y su ministro de Educación Pública, licenciado Guillermo Malavassi Vargas, decretaron el 23 de abril como el Día del Libro.

Se escogió esta fecha para recordar que un 23 de abril falleció el gran escritor de lengua española, don Miguel de Cervantes Saavedra.

Dicho autor nació en Alcalá de Henares, España, en 1541.

Sus padres fueron don Rodrigo de Cervantes Saavedra y doña Leonor de Cortinas. Hacedor de innumerables obras literarias, entre ellas la que le dio fama universal, como es el monumento de las letras Don Quijote de la Mancha, igualmente numerosas comedias, como “Pedro de Urdelamas”, “El gallardo español”, “El juez de los divorcios”, “El tratado de Argel”, “Numancia”, y sus otras novelas, entre ellas “Viajes de Parnaso”, “Novelas ejemplares”, “Trabajo de Persiles y Segismunda”.

Llevó una vida azarosa, e inclusive como soldado participó en varias batallas, entre esas la de Lepanto, donde fue herido en su brazo izquierdo y a partir de ese momento se le siguió llamando el Manco de Lepanto.

Fue famoso hasta después de muerto y su aporte a la literatura
universal es incuestionable, considerándosele creador de la novela contemporánea y figura importante en el sitial de los grandes escritores.

No existe una persona culta y deseosa de adquirir sabiduría, que pueda ignorar al maestro Cervantes y el mundo de sus páginas.

Conforme pasan los años, su nombre crece cada vez más y la prodigiosa selva de sus páginas nos embelesa, porque siempre encontramos una nueva enseñanza o moraleja.

Muchas veces, ante las adversidades de la existencia, acudimos al gran Alonso Quijada (don Quijote) para encontrar respuestas a nuestras inquietudes.

En otras circunstancias, es el famoso Sancho Panza quien llega a nosotros, con su visión realista de la vida.

Así transcurren nuestros días, a la espera de una Ínsula Barataria o jugando de Quijotes en nuestra lucha cotidiana, contra molinos de viento.

Fomentemos el hábito de la lectura, convirtiendo al libro en nuestro mejor amigo y recordando al gran Cervantes Saavedra, quien montado en su Rocinante aún recorre el mundo, con un mensaje de paz y fraternidad entre los hombres.
periódico La Prensa Libre 17 abril 2008.

16/04/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 00:03

Nombrespropios

Varios autores

Diccionario de la literatura...

EUCR y EUNED

Xinia Molina | xmolina@una.ac.cr
xmolina@una.ac.cr

Setecientos escritores de nuestro istmo “viven” juntos: todos están en el Diccionario de la literatura centroamericana . Este libro fue coordinado por el costarricense Albino Chacón y realizado por un equipo centroamericano. Lo han publicado la Editorial Costa Rica y la Universidad Nacional.

Los escritores provienen de épocas distintas y fueron reunidos al considerarse que han permitido fijar a Centroamérica dentro del mapa de la literatura mundial. Ellos son referencias inelu-dibles de lo que hoy se escribe y se lee en la región.

El Diccionario ofrece las líneas generales de la literatura de nuestra región a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Esta obra enciclopédica es la más completa que se ha publicado hasta ahora en Centroamérica: narradores, poetas y dramaturgos de la región, conocidos unos y casi desconocidos otros; algunos con un lenguaje refinado y didáctico, otros en la acera opuesta; unos más volcados al amor y la esperanza, otros al desamor y al desencanto; unos interesados en los temas rurales y campesinos, otros en los rincones más profundos y violentos de la ciudad.

El Diccionario incorpora autores clásicos, que constituyen lo que podría llamarse el “canon mayor de las letras centroamericanas”.

En este grupo es fácil localizar información sobre Sergio Ramírez, Miguel Ángel Asturias, Rubén Darío, Jorge Debravo, Augusto Monterroso, Ernesto Cardenal, Manlio Argueta y Alfonso Chase, entre otros.

Albino Chacón percibe un segundo canon de clásicos nacionales, pero que no han alcanzado la irradiación regional o internacional de los primeros. De ellos, el Diccionario ofrece una información que aquilata su creciente importancia.

A partir de los conflictos bélicos del decenio de 1970, en el istmo surgen lo que algunos denominan escritores “de posguerra” y “del desencanto” por su manera de abordar la realidad de sus países.

Ellos aportan nuevos sujetos y un tratamiento inédito de asuntos como la identidad cultural y –sobre todo– la violencia. Se la ve de una manera ya generalizada en la cotidianidad de nuestras caóticas urbes, y no identificada con una fuerza política revolucionaria particular.

Algunos de esos escritores son Horacio Castellanos, Carlos Cortés, Franz Galich, Rodolfo Arias y Rodrigo Rey Rosa. Son autores que han logrado ya un reconocimiento internacional.

Asimismo, el Diccionario presenta a escritores jóvenes que tienen en común la intención expresa de entender las cosas y de hacer literatura de una manera completamente diferente. Piénsese por ejemplo en Alexander Obando o en Maurice Echeverría.

Se trata de una nueva generación que intenta afincar, en la literatura, su rebeldía, a menudo expresada en textos de una gran violencia en los temas y en el len-guaje. Todo ha derivado en textos ciertamente desiguales por su experimentación: a veces excesiva, pero innegablemente innovadora.

En este nuevo tipo de escritor se observa un alejamiento casi radical del espacio rural hacia el urbano. Prefieren los lugares más profundos de las ciudades, como los prostíbulos, las covachas, los bares de mala muerte, los espacios de los marginados.

De esos espacios surge una literatura en la que los protagonistas son prostitutas, chulos, trasvestis y drogadictos: todo un conglomerado urbano que durante mucho tiempo se ha considerado el ‘antisujeto’ propio del progreso y de los valores legitimados tradicionalmente.

En suma, el Diccionario ofrece una visión integral de la plurifacética producción literaria centroamericana. Del libro podrán sacar provecho, de manera particular, estudiantes, profesores e investigadores, tanto del área centroamericana como fuera de esta, donde se imparten cursos sobre cultura y literatura centroamericana.

Una cosa queda clara: las letras centroamericanas han comenzado a dejar de ser un continente ignoto para entrar con méritos propios en la geografía literaria mundial.

Suplemento Ancora periódico La Nación 6 abril 2008

15/04/2008 GMT 1

Tras el mito de Yolanda Oreamuno

marfuerte @ 23:55

Transformación En cinco años, una joven formal se convirtió en escritora y en activista política

Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com
Una noche, a principios de la década de 1930, en los alrededores del Colegio Superior de Señoritas, se escuchó un disparo y, de inmediato, el sonido de unos pasos que se daban a la fuga. Quien accionó el revólver era una adolescente que así respondía a un grupo de jóvenes voyeuristas: estos habían hecho, de la ventana de su dormitorio, una parada habitual en sus recorridos nocturnos.

Muchas otras historias, además de la anterior, circulan sobre la escritora Yolanda Oreamuno. Una de las más célebres es la de su fallido secuestro, tramado por un desesperado admirador que acabó vapuleado por otros admiradores, más comedidos.

También causaron sensación su matrimonio con un diplomático chileno, su viaje a Santiago, su regreso ya viuda, y su traslado con viso de escape a Guatemala y México. En este país se relacionó con muchos de los más destacados intelectuales latinoamericanos.

Todas esas anécdotas, casi elevadas al rango de elegante chismografía literaria, contribuyeron a forjar su imagen de mujer diferente, excepcional e inadecuada para la monotonía de la sociedad josefina de aquella época.

El encanto que convoca la excentricidad provocó que durante mucho tiempo se evitara leer el mensaje y el significado de los escritos de Yolanda Oreamuno, y que se los sustituyera –en palabras de Alfonso Chase– por una lectura “entre renglones de los despojos de su leyenda”.

Primeros pasos. Desde finales del siglo XIX, el discurso liberal del progreso había legitimado el acceso de las mujeres a la esfera pública mediante la redefinición del trabajo femenino en las áreas doméstica, comercial y educativa. Sin embargo, tal incorporación era restringida e implicaba la sujeción a las normas de la dominación masculina.

Por tanto, no debe causar extrañeza que las primeras incursiones de Yolanda Oreamuno en la prensa escrita se ajusten a las expectativas más tradicionales sobre la conducta femenina. Su primer ensayo conocido –recién “descubierto”– se titula ¿Puede la mujer tener los mismos derechos políticos que el hombre? y fue publicado por la Revista Costarricense el 16 de octubre de 1932.

En ese breve texto, la estudiante de dieciséis años del Colegio Superior de Señoritas sostiene que no resulta conveniente, desde ninguna perspectiva, que la mujer goce de los mismos derechos políticos que el hombre. La Liga Feminista, fundada en 1923, había hecho, de la aprobación legislativa del voto femenino, uno de sus principales objetivos. Sus constantes campañas en tal sentido mantenían el tema en el centro de la atención pública.

Demostrando una adscripción total al discurso patriarcal sobre los roles de sexo o género, Oreamuno despacha el asunto: “La mujer que quiera sentarse en las sillas del Congreso, la que quiera vivir esa vida agitada y pujante de la política, que selle las puertas de su casa y anule su personalidad”.

Tan solo un año después, en 1933, la joven fue candidata de La Hora , notable y polémico periódico dirigido por el escritor José Marín Cañas, en un concurso de belleza que despertó verdadera pasión. Como era de esperar, el popular diario desarrolló una intensa campaña a favor de su representante, en la que no se escatimó ninguna estrategia publicitaria.

El título principal de la portada de La Hora del 23 de diciembre de 1933 anunciaba: “Yolanda Oreamuno, arquetipo de belleza perfecta, mide exactas las medidas de Miss Universo”.

Las fotografías que ilustraban el artículo pretendían mostrar que la costarricense cumplía a la perfección con el prototipo de la mujer moderna, definido por los centros internacionales del glamour : “Hoy día podemos decir que el siglo veinte está representado por una mujer ágil, alta, fuerte, deportista, inteligente, elegante, sobria en el atavío, con naturalidad en todas sus facciones, de cierto peso, que, sin quitarle fortaleza, la mantenga ágil”.

Otro tiempo. Cinco años después, el 5 de noviembre de 1937, el vespertino La Hora publicó la crónica Su música , en la que Oreamuno reseña el concierto del pianista argentino Óscar Luis Karzag y la impresión que le produjo su música descriptiva. Este texto pasó inadvertido, y a ello contribuyeron los acontecimientos en los que se vio envuelta la escritora. Estos evidencian cómo la leyenda en torno a Yolanda Oreamuno supera y da forma a la realidad sobre su vida.

En la edición de ese mismo día, la portada de La Hora informa de la destitución de Yolanda Oreamuno de su puesto en Tributación Directa por haber participado en el “sabotaje” de la presentación de González Marín, un declamador franquista, en el Teatro Raventós.

La nota periodística lleva por título Yolanda Oreamuno despedida de Tributación Directa , aunque, en realidad, su despido laboral es apenas una consecuencia marginal de los sucesos que allí se relatan.

De hecho, el texto se centra en la descripción detallada de la forma en la que los miembros de la Liga Antifascista y algunos comunistas impidieron la realización del acto del declamador español y del posterior enfrentamiento de los manifestantes con la policía. En consecuencia, el título de la nota, resulta engañoso y cumple una función distractora: desplaza la atención del lector de los hechos políticos hacia la participación de la escritora.

Más de sesenta años después de los disturbios del Teatro Raventós, Joaquín Gutiérrez relató, en sus memorias, que Oreamuno era la encargada de dejar el teatro a oscuras. La versión de Gutiérrez se distancia en mucho de la consignada por los periódicos que dieron cuenta de los acontecimientos – La Hora y La Tribuna –, lo cual puede atribuirse a la gran distancia temporal entre los incidentes (1937) y el momento de la escritura de sus recuerdos (1999). También puede atribuirse al carácter mismo del escrito autobiográfico, que somete los hechos históricos a un particular tratamiento.

Lo cierto es que esa reconstrucción asigna a Oreamuno un papel protagónico muy diverso del que en efecto cumplió. De la información periodística se concluye que Oreamuno nunca llegó a apagar las luces del teatro, tal y como lo afirma Gutiérrez, sino que se limitó a increpar al declamador con un enérgico “¡Cállese!”.

De acuerdo con Emilia Macaya, a partir de 1938, Yolanda Oreamuno inició la búsqueda de una autoafirmación femenina que la distanciara de la ajena y engañosa mirada masculina, y que se fundamentase en “una definición de la mujer surgida desde ella misma”.

Por ello, no es sorprendente que en 1932 aún no se hubiese deslindado del discurso patriarcal que proyectaba a la mujer ideal como un ser que debía mantenerse al margen de la esfera pública.

Los cinco años transcurridos desde la publicación de su primer artículo hasta su participación en los incidentes del Teatro Raventós dan cuenta de un proceso vital hasta ahora poco conocido. En este último momento, la escritora da muestra de un compromiso que va más allá de la retórica y que afirma, con los hechos, la condición impostergable de la mujer como protagonista de la vida política.

Esa circunstancia define a Yolanda Oreamuno –más allá de su aura mítica y del tópico de su gran belleza– como una mujer valerosa y marcada por su espíritu de contradicción frente al poder.

El autor es profesor de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura e investigador del Instituto de Investigaciones Lingüísticas del la UCR. Prepara la publicación de los
Suplemento Áncora. periódico La Nación 6 abril 2008.

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