Columna ESAS COSAS RARAS
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
Hay gente que se la pasa viendo el bosque, y no ve el árbol.
Mientras se abrocha el fajón del pantalón, Manuela Soledad descubre con fastidio que aumentó unas libritas. La ropa no se ajusta igual. Y es que para todas las mujeres ese es un tema delicado.
No basta con que la media naranja insinúe que jamás la cambiaría por Angelina Jolie (mentira piadosa). O que en el guardarropa hayan otras tallas, mas flojitas, que disimulen el problema.
En serio. Las libritas de más cuando se comienzan a notar son una sentencia. O te pones a hacer ejercicios y cambias la alimentación, o no te importa mucho la apariencia física.
Pero Manuela es vanidosa. Entonces acude al gimnasio mas cercano. Y en efecto, la masa corporal esta sobrepasada. El instructor le señala por dónde empezar.
Esa máquina que la obliga a caminar sobre unos rieles no le agrada, pero ahí está, dando un paso a la vez, desistiendo abandonarla aunque sienta temblar las pantorrillas, aunque le cueste inhalar y respirar.
Como esas pruebas que llegan en la vida. Desempleo, desamor, enfermedades. No las quieres, pero hay que solucionarlas, enfrentarlas con dignidad.
Luego pasa a los abdominales y la bicicleta. Y mira con recelo a quienes llegan entusiastas a la hora de los pilates. Gorditas, flaquitas, todas risueñas a la espera de que arranque la música y el ritmo impuesto por el profesor.
Mientras en el televisor un programa mañanero entretiene a los que madrugaron ese día. Pero de pronto dan un segmento de noticias. “El estadounidense que disparó en San Vicente de Moravia podría no llegar a la cárcel, aunque haya matado a un inocente”.
Un inocente con un futuro prometedor estaba en el lugar equivocado. Infortunio. Harlen Diederich Fonseca Reyes, de 28 años, recibió un balazo en la cabeza. Era médico.
Sin querer, Manuela acelera el ritmo. ¡Cómo es posible, ahora resulta que el gringo está enfermo y padece de paranoia. ¿Por qué seguimos siendo tan permisivos?. Hasta con visa de turista vencida. ¡Ja! Y de qué sirve mencionar que la visa estaba vencida, si da lo mismo. No hay autoridad de Migración que constate si quien entró, salió. Y por qué no lo hizo.
Para entrar a Estados Unidos, aparte de pagar 200 dólares, nos requisan hasta la virginidad. Tenemos que hacer lo mismo. Ningún extranjero con antecedentes criminales debería entrar al país. Imagínese hasta con un fusil de guerra M16 entró a vivir en uno de nuestros barrios. Ya viera lo que le pasaría a un tico si hiciera lo mismo en ese país. ¡Mínimo cadena perpetua, así esté loquito!
Finalmente, Manuela Soledad termina la jornada en el gimnasio. No aguanta los músculos de las piernas, del estómago y de los brazos, pero se siente bien. Gana entusiasmo y autoestima. Y no importa si no la ven en el bosque. No hay nada más atractivo que una persona tranquila consigo misma.
periódico La Prensa Libre 30 mayo 2008.

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