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RESONOCO

Categoría: otros

07/10/2008 GMT 1

Columna Creciendo junt@s

marfuerte @ 02:34

Fracasar y triunfar

Nuria Marín

Steve Jobs, fundador de Apple Computer, y J.K. Rowling, escritora y creadora de las aventuras de Harry Potter, ejemplifican cómo el fracaso puede convertirse en piedra angular en la construcción del éxito.
Invitada por la Asociación de Alumnos de Harvard el pasado mes de junio con motivo de la graduación de la generación 2008, J.K. Rowling enfocó su disertación en “Los beneficios del fracaso y la importancia de la imaginación”.
En sus palabras, siete años después de graduarse de la universidad había fracasado a escala “épica”. Recientemente divorciada, sin trabajo, con la responsabilidad de su pequeña hija, y tan pobre como es posible ser en la Inglaterra moderna, la adversidad le reveló fortalezas personales que no hubiera conocido de haber tenido éxito.
Una voluntad de hierro, una férrea disciplina y el apoyo invaluable de sus leales amigos aunado a la comprensión de lo esencial en la vida, le permitieron convertirse en la primera escritora en la historia en percibir más de $1.000 millones de ganancias por su trabajo y convertirse en una de las personas con mayores ingresos en el mundo. Para Rowling, fue precisamente el fracaso el que le permitió construir su vida sobre bases sólidas.
En la misma línea, Steve Jobs tres años atrás compartía con los graduandos de Stanford cómo el haber sido despedido de la compañía que él había fundado había sido lo mejor que le había pasado.
Jobs, quien había comenzado la empresa Apple en el garaje de sus padres cuando tenía 20 años y en diez años la había convertido en una compañía de $2 mil millones con más de 4 mil empleados fue despedido por su junta directiva por diferencias de visión.
Decidió empezar de nuevo y resultó que el despido fue lo mejor que le pudo haber pasado. El letargo y confort del éxito fueron remplazados por “la claridad de ser principiante de nuevo y sentirse menos seguro de todo”. Estos sentimientos generaron uno de los periodos más creativos de su vida: comenzó las compañías NeXT| y Pixtar (uno de los estudios de animación más importantes del mundo).
Por esas vueltas de la vida, Apple compró NeXT y Jobs retornó a Apple. Bajo su acertada conducción Jobs no solo transformó a Apple sino que revolucionó el mundo de la tecnología con sus creaciones iPod, iPhone e iMac. De sus lecciones aprendidas practica una filosofía de no dormirse en los laureles, de constante innovación y mejoramiento continuo. Su más reciente creación, el Iphone 3G al que le seguirán sin lugar a dudas nuevas contribuciones.
Dos historias de fracaso convertidas en triunfos. Con pasión por lo que hacían, el no cejar en sus sueños y una clara fortaleza interior, convirtieron sus traspiés en pilares de sus vidas y futuros triunfos.
Cuánta razón tenía mi abuelo José Marín Cañas al decir que el secreto en la vida es, ¡no aflojar!

nmarin@alvarezymarin.com
Periódico La República 21 julio 2008.

26/09/2008 GMT 1

La solidaridad familiar y de las amistades

marfuerte @ 02:39

Helio Fallas | helio.fallas@gmail.com

Creo que todos poseemos en nuestra conciencia un espíritu de compasión y solidaridad
exministro de vivienda

El Instituto Interamericano del Niño define a la familia como “un conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.) con vínculos consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social comunes,con sentimientos afectivos que los unen y aglutinan . Tiene además una finalidad: generar nuevos individuos a la sociedad”.

Por otra parte, la Iglesia Católica, mediante su catecismo, expresa la importancia de la familia en los términos siguientes: “En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuantofaros de una fe viva e irradiadora . Por eso, el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, “Ecclesia domestica” (LG 11; cf. FC 21).

En el seno de la familia, “los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada” (LG 11)”. “Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia”, “en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras” (LG 10).

El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y “escuela del más rico humanismo” (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida”.

Vínculos solidarios. De estas dos visiones deseo resaltar los vínculos solidarios que se desarrollan entre los miembros de la familia, particularmente en lo relativo a las relaciones entre sus miembros y los valores que se transmiten de padres a hijos. La diferencia esencial entre estas visiones reside en que las familias creyentes en Dios procuran transmitir y vivir una fe donde Dios guía sus vidas por medio de las enseñanzas esenciales que nos ofrece el Evangelio y la tradición religiosa.

En ese contexto, permítame concebir una relación entre el actuar de una familia creyente en un Dios misericordioso y amoroso, donde me tocó sufrir un accidente muy doloroso (el de Honduras) y extraer algunas conclusiones. Con ello no quiero decir que todas las familias creyentes se puedan comportar de tal manera, ni que las familias no creyentes puedan en algunos casos y para algunos aspectos actuar con los mismos sentimientos y de solidaridad que una creyente.

Desde el primer momento que sufrí el accidente, el 30 de mayo del 2008, mi esposa Nuria y mi hijo mayor, Javier, se desplazaron el mismo día al lugar del accidente, y mis otros hijos, Luis Diego y Marcela, llegaron el martes siguiente. Se determinó que lo mejor era llevarme al Jackson Memorial Hospital en Miami; llegué con tres tubos, uno de los cuales me permitía respirar. Al llegar, entré directo a la unidad de cuidados intensivos. Inmediatamente mi familia se organizó para cuidarme en las noches donde casi no se podía dormir por el tratamiento permanente de medicinas y exámenes.

¿Casualidad o milagro? En algún momento de la gravedad pensé que no volvería vivo a Costa Rica y solo le pedía a Dios que pudiera resistir los dolores tan agudos que tenía en el pecho. Cuando estaba más consciente, se me notificó que mi familia se había trasladado a Miami y fue tan impactante verlos a todos juntos, que en ese momento me percaté de que debía luchar con todas mis fuerzas por sobrevivir.

Además, supe que fui rescatado por dos hondureños que no conozco, que personas que no conocía en Tegucigalpa me donaron sangre, que los amigos preguntaban y rezaban por mi restablecimiento y aún gente anónima también oraba. Más adelante pude conocer que el cerebro no fue afectado, que ningún órgano vital sufrió daño alguno y que las piernas y brazos estaban levemente golpeados, a pesar de que el avión sufrió graves daños. ¿Casualidad o milagro?

Frente a la situación que vivía, sí pude darme cuenta de que otros pacientes no recibían visitas y de que prácticamente estaban casi abandonados, aunque ello no era tema de conversación entre los pacientes. Toda esta situación me llevó a preguntarme por qué los miembros de una familia y amigos y no amigos son capaces de desarrollar sentimientos de solidaridad ante una persona, sin esperar nada a cambio.

Las motivaciones para ayudar a una persona en este tipo de situaciones pueden ser múltiples, pero en el fondo creo que todos poseemos en nuestra conciencia un espíritu de compasión y solidaridad.

Claro está que esto no debe ignorar la tendencia actual de la cultura donde el protagonismo del individualismo tiende a poner en un segundo plano las normas sociales de las generaciones precedentes. Por otra parte, en las familias creyentes tenemos la firme esperanza de ser oídos por un Padre misericordioso que siempre escucha nuestra oración.

Hoy, en proceso de recuperación, doy gracias a Dios por esta nueva oportunidad de vivir y doy gracias a todas aquellas personas que hicieron y hacen posible esa recuperación, así como a las personas que con sus oraciones y buenos deseos me alentaron a seguir luchando por mejorar mi salud.
periódico La Nación 19 julio 2008.

19/09/2008 GMT 1

Columna ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 03:06

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
No se necesita una tarima de Imperial para ser avalado como un gran cantante en tiquicia. Los grandes artistas también aparecen en pequeños auditorios, en esos íntimos en los que amigos que forman sin nómina el club de fans se dan cita y unos cuantos que, siguiendo voces e instintos, se suman a pasar una velada musical, sin importar el costo.

Sin preámbulos, sin anuncios y con humildad aparece por el pasillo una mujer con guitarra en mano, es la cantante, la Elsa Basil, la nica que ha sido capaz de seguir las grandes huellas de Katia Cardenal, y que en lo sumo, ya va sembrando horizontes con su propio sello.

Los acordes iniciales... “sin tu boca aquí en mi boca, sin tus manos que sostienen a las mías ya no habría luz de sol que brille, ni una luna que de pena se sonría con verme llegar con agua de mis ojos en el inmenso mar...” estremecen las paredes de ladrillo que acurrucan el sonido y hasta al más alérgico de amor.

Y aunque a Elsa Basil le falta saber qué hacer con sus manos cuando no nos conduce con su guitarra por otras canciones de su joven carrera, se le perdona que entre canciones y pausas justifique por ejemplo que olvidó hacer saber a sus compañeros de banda el orden de las canciones. La Elsa tiene talento.

Y es que Nicaragua tiene un encanto musical que ya trasciende a los Godoy. La misma noche del concierto de Elsa, se presentó también el grupo La Cegua, grupo nicaragüense de tendencia roquera. La Cegua mostró sus pañales pero sus interpretaciones, todas con canciones originales, prometen ante otros coterráneos ya conocidos como PerroZompopo.

La semana pasada también andaba en San José otra de las grandes de Nicaragua, Katia Cardenal, presentando su más reciente producción discográfica “Mariposa de alas rotas”, un compendio de canciones inéditas que mezclan su estilo claramente trovador con algo de pop.

“Soy arena, caracola, espuma de mar y conmigo guardo lo que alcancé a escuchar. El murmullo ciego y sordo de una mujer que se esconde del ocaso y la soledad” es solo una muestra de la madurez artística de Cardenal, quien ahora recorre Centroamérica con un legado trazado también en Europa.

Y con estos movimientos muy nicas, muy centroamericanos, Costa Rica no queda muda. Guadalupe Urbina regresa a San José después de cuatro años de ausencia el próximo 25 de julio, con un concierto denominado “Costa Pacífica profunda” el Auditorio Nacional.

Se dice que será una fusión de sus más celebres canciones con voces de niñas, niños y adolescentes, así como de interesantes puestas en escena de la coreografa santacruceña Marlen Contreras.

Y con todas estas agradables noticias musicales, cuánto diera por ver de nuevo en el escenario a las Claro oscuro. Aquellas interpretaciones con sentido social, con mensajes de género y hasta de amor, llevan guardadas tres años desde su última aparición en el Teatro Nacional, en 2005.

Quien quita y las Evas Urbanas hagan el milagro.
periódico La Prensa Libre 18 ju lio 2008

18/09/2008 GMT 1

A pesar de todo el mundo es hermoso

marfuerte @ 00:43

Miguel Miranda Sandí *
miguelmcr@hotmail.com
Todos los días somos testigos de cosas malas que suceden en la vida. Familias destruidas, jóvenes envueltos en las drogas, campesinos sin tierra, guerras, corrupción, violaciones, abuso de menores y de mujeres, asesinatos, asaltos, y otras tantas más que nos conmueve y nos entristece como seres humanos. Sin embargo, cuando damos un vistazo a la otra cara de la moneda, nos percatamos de que a pesar de todo el mundo es hermoso.

Es hermoso porque también vemos personas honestas trabajando, porque somos testigos de la entrega y el entusiasmo de la juventud deseosa de prosperar, de matrimonios entregados a la fe, de patronos respetuosos de los derechos laborales, de funcionarios públicos cumpliendo su misión con gran mística, de líderes religiosos, políticos y medios de comunicación desempañando cada uno su labor con ética profesional.

Desdichadamente, la mayoría de las noticias solamente nos da cuenta de lo malo, pero muy poco de las cosas buenas que también somos capaces, y que sin duda alguna, son las que mantienen el punto de equilibrio en las relaciones sociales. Por ello, es sumamente importante por el bien de la humanidad que las cosas buenas también ocupen un lugar de privilegio en los medios.

Por ejemplo, cuando amenazamos la estabilidad mundial con frívolas guerras, estamos completamente de acuerdo que se denuncie la barbarie, provenga de donde provenga, pero también es justo que publiquemos sin reserva aquellas acciones como la caridad, el amor y la solidaridad de cruz rojistas, enfermeras, médicos, y de organizaciones sociales —gubernamentales y no gubernamentales— que por amor al prójimo tienden la mano al necesitado.

La exquisitez y la belleza de los parajes de la naturaleza, del planeta azul, se entremezclan con la ternura de la madre, la calidez del padre, la gracia del niño, la jocosidad del adolescente, y el amor de los abuelos, que junto con el respeto y la cordialidad de muchos, conjuntan los ingredientes necesarios para fortalecer y consolidar un mundo mejor, que si bien es cierto cada vez se ve azotado por la indiferencia de otros, es aún hermoso.

Qué gran noticia sería despertar y saber que todos los males del ser humano desaparecieron, tal vez será así algún día, pero por ahora podemos ser capaces de construir uno menos malo, menos egoísta y menos indiferente. Ciertamente no es sencillo, pero lo podemos hacer porque también es parte de nuestra naturaleza hacer cosas buenas. Si por un acto de amor fuimos creados, por qué no podríamos también por amor ser menos prepotentes y arrogantes con nuestros semejantes, nos parece que es una primera forma de empezar el cambio.
periódico La Prensa Libre 17 julio 2008.

16/09/2008 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 02:50

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El nombramiento del abogado y actor Gustavo Rojas al frente de la Compañía Nacional de Teatro como su Director Artístico, nos renueva muchas esperanzas. Quizá sea cierto, como dicen las críticas, que no ha sido el mejor actor, ni que su vida la haya pasado detrás del telón. Esto es, cuando una persona no come, no duerme ni toma tragos permanentemente con un grupo, no lo consideran parte de él.

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Rojas diversificó su educación sacando un doctorado en Derecho en España. Lejos de alejarse del Teatro, eso lo acercó más. Efectivamente, el acerbo cultural logrado y su cercanía con este arte europeo le dio un abolengo que no hubiera conseguido aquí, aunque no hubiese actuado en los escenarios del Viejo Mundo. Por otra parte, reconocido está, Gustavo Rojas suple con demasía la ausencia de alguna destreza dentro del escenario con su liderazgo natural y cultivado por sí mismo. Y dado que la puesta en escena que se le encomendó no fue actuar en una obra sino dirigir una compañía alicaída, lo que se necesita es liderazgo más que actuación. ¿O no?

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Decimos que es esperanzador porque el teatro costarricense no llama a nadie. Es tan, pero tan flojito, que la forma que tiene para llamar espectadores es con títulos sexualistas, eróticos o ridículos. Pero difícilmente alguno se anuncia por la calidad. Con unas cuantas palabras vulgares rellenan sus falencias de montaje y con el tratamiento descarnado del sexo rellenan la ausencia de un contenido literario. Si por lo menos una de las compañías teatrales que se dedican a él lograra sobresalir con algo más allá que hacer mofas y chistes de adulterios, penes y tetas, es posible que otras, por la conocida ley de la competencia, procuren elevar su nivel.

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Hace apenas unos meses contamos aquí que queríamos ir con nuestros hijos adolescentes a ver alguna obra pero a juzgar por el nombre de las que estaban en cartelera, mejor no lo hicimos. Para ver chotas chabacanas que no edifican culturalmente nada, están algunos turnos y programas de la televisión nacional. Sale más barato y no nos tachan el carro.

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Precisamente el hecho de que Gustavo Rojas no esté ahogado en el mar del teatro nacional es lo que lo hace esperanzador, pues tiene una visión y una cultura más allá. Puede, por tanto, hacer una propuesta diferente o mejor dicho, que se salga de ahí. Lejos de ser su pecado, más bien es su virtud.
periódico La Prensa Libre 13 agosto 2008.

10/09/2008 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 02:52

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Un sábado iniciando la tarde. Usted, como cualquier costarricense, tenía el derecho de pensar que es un día para salir sin estrés, con el mínimo congestionamiento de tránsito posible. Usted sabe, porque ha sido insertado en nuestra misma Constitución Política, que tiene derecho a un ambiente tranquilo y a una calidad de vida más o menos buena. Esto último significa que si el Estado no puede ayudar a ganarla, por lo menos está obligado a no entorpecerla.

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Tomó la autopista a Ciudad Colón. Usted quería visitar ese sector oeste de San José. ¡Qué agradable, por cierto, gozar un sábado de esa zona, en donde hay tranquilidad, buenos restaurantes y lugares típicos. O, quizá usted dejó para el sábado ir a hacer las compras a los abundantes centros comerciales que están de camino.

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Pero, ¡sorpresa! Cuando dobla en el Gimnasio vislumbra a unos doscientos metros el inicio de una presa. A medida que pasan los eternos minutos, mira con compasión a las otras largas filas que pretenden entrar a la vía en las intersecciones de La Sabana, la Radial de Circunvalación y Los Anonos. No hay, ni por asomo, un inspector de tránsito que ayude, que guíe, que colabore. Los paisanos suyos están tratando de meterse a la bravuconada o, a la espera de un ánima bondadosa que les dé campo. Ya para entonces, las caras de sus colegas conductores muestran disgusto y estrés. A veces odio, pero usted se imagina que es que en ese momento se acuerdan de doña Karla González, la señora Ministra de Transportes, que en cada discurso de jacta de algunas reparaciones en puentes, mientras el país vive día a día el colapso sin que ella haga nada por aliviarnos. ¡Nada visible! Incluyendo los semáforos para vehículos que puso en los bulevares peatonales…
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A la hora y media, usted llegó al puente en construcción. Y léame, óigame o imagínese: cuando usted va terminando de pasar el dichoso puente, se encuentra a un policía de tránsito indicándole con la mano que se apure. ¡Como se usted necesitara que se lo pidieran! ¡Como si no fuera su mayor deseo salir de ese maldito infierno! En tres o cuatro kilómetros no estuvo, aunque fuera uno solo, en donde más se necesitaba, pero se para cómodamente cuando su crisis ya pasó.

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¿Para qué quieren más presupuesto? ¿Para tener a dos, cuatro o seis inútiles parados en la vía sin hacer nada productivo y no a uno solo? El problema no solo es de número sino de calidad, que para que sigan siendo como son, mejor quedarnos con los que están.

periódico La Prensa Libre 2 septiembre 2008

Necesidad de una respuesta

marfuerte @ 02:23

Enrique Obregón Valverde

La tecnología nos anticipa un nuevo futuro, pero nos impide construir nuestro propio futuro
abogado

La tecnología, como se nos presenta ahora, descubrió el trágico motor de la velocidad. La rapidez del cambio confunde el espíritu y opaca la razón; nos roba el pasado y nos impide creer en el futuro. De pronto nos sentimos fuera del tiempo en nuestro propio tiempo. La esperanza de una vida mejor se ha ido de la realidad social, de todas las sociedades.

Nos pesan demasiado los horrores del siglo pasado porque adquirimos la conciencia de que alguien violó brutalmente lo que entendíamos por civilización. Esa memoria ha creado un temor universal. Hay un miedo permanente frente a la posibilidad de que todo aquel horror se pueda repetir. Ahora sabemos –antes no– del mal que el hombre es capaz de hacer.

Humanismo. Ese miedo a construir un futuro esperanzador impide recobrar los valores que dieron base a lo que entendimos siempre por humanismo, por aquella forma de vivir con un principio aceptable de razón creadora y una base espiritual de fe que fortalezca, y, en medio de ambas, revoloteando con seguridad, lo que comprendimos por libertad.

Hace más de cincuenta años destruyeron, a mazazos, el origen y objetivo de los valores, de aquellos principios sin los que la armonía social y la convivencia pacífica se presentan como metas imposibles de alcanzar.

En los primeros años del siglo XXI, cada vez con mayor precisión, comprendemos que hemos heredado una sociedad con valores desgarrados y con una violencia hasta ahora desconocida que se ha universalizado. Lo que estamos entendiendo es que se ha consolidado una forma de vivir sin moral. Es la moral la que he desaparecido del mundo de relaciones, tanto públicas como privadas.

Momento crucial. La tecnología nos anticipa todos los días un nuevo futuro, pero nos impide construir nuestro propio futuro. Antes sabíamos que podíamos avanzar, ahora sabemos que no podemos dar un paso hacia delante.

Estamos en un momento crucial entre el siglo XX, en donde imperó una máxima violencia estatal, y un siglo XXI que se inicia con una desconocida violencia individual y, en medio de todo, un ciudadano a quien enseñaron a defender los valores y a vivir respetando una determinada organización jurídica, pero que se manifiesta incapaz de obtener una respuesta intelectual y moral para todo lo que está sucediendo.
periódico La Nación 16 julio 2008.

06/09/2008 GMT 1

Columna DIGAMOSLO

marfuerte @ 18:48

Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
* Ojalá sea cierto aquello de que la vida no es más que una sucesión de ciclos. Como el día y la noche.

Porque eso nos haría alentar la esperanza de que esta etapa que estamos viviendo, llegue pronto a su fin.

* Son ya muchas décadas de vivir en el oscurantismo moral y mental en que nos sumimos cuando abandonamos la práctica de todos los ejemplares valores que nos legaron nuestros antepasados.

* Con la pérdida del respeto por los mayores, del valor de la palabra empeñada, de la vergüenza, de la lealtad y del verdadero amor, se fue carcomiendo la otrora inconmovible base de nuestra sociedad: la familia.

* Entre las celebraciones más comunes y festejadas, se hallaban las bodas de oro, en las que se reunían varias generaciones de una misma familia.

El amor y el respeto de los nietos por sus abuelos, era proverbial. Y su recuerdo ocupa un sitial de honor en el alma de todos aquellos que peinamos canas, sin duda.

* Todo eso fue desapareciendo, lamentablemente. Ahora cuesta encontrar matrimonios que cumplan cinco años de existencia. Muchos, incluso, no llegan ni a su primer año. Lo peor de todo, es que muchas parejas ya no se casan: viven en despreocupado concubinato.

* ¿Con qué autoridad moral van a prohibirle a sus hijas adolescentes irse a convivir con algún individuo que las envuelva en sus artilugios? Porque las mujeres son las que llevan la peor parte en este tipo de “uniones libres”, como eufemísticamente las califican.

* Si procrean hijos, un día de tantos, el hombre hace abandono de ellos y de su madre y ésta es la que debe luchar sola para mantenerlos.

A veces, solo consigue lo necesario para sobrevivir ella y sus desamparados vástagos.

* Pero, esta descomposición social alcanza también a toda la comunidad, al país. O a los países, pues tal situación se registra en muchas de las naciones del mundo hoy en día.

* Así, vemos proliferar por todas partes los actos de corrupción.

El mal uso de los recursos públicos y privados. La falta de transparencia en los actos de quienes están más obligados a desempeñarse con honradez y cristalinidad.

La ingratitud, la deslealtad, el compadrazgo y la desvergüenza campean por doquier.

* Ojalá, repito, termine pronto este abominable ciclo y venga otro totalmente opuesto, como un Renacimiento moral de la Humanidad. Algo así como el Ave Fénix...

* Digámoslo: Siempre hay un mañana.
periódico La Prensa Libre 15 julio 2008.

02/09/2008 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 03:30

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El sacerdote Minor Calvo es lo que se acostumbra llamar en el vocablo popular “un gato”. Podrá ser también otras cosas, buenas y no tan buenas, pero si algo vislumbra es que es un gatazo. ¿Cómo entró a la Iglesia Católica, generalmente matizada por hombres conservadores, efectivos pero lentos? Si Calvo no hubiera decidido retoñar tan de pronto y a tanta velocidad, pudo haber llegado rapidísimo a la silla que ocupa Monseñor Hugo Barrantes. A mí se me ocurre que si hubiera sido vendedor, estaría multimillonario, escribiendo libros de ventas y dando charlas internacionales. ¡Y sin problemas!

• •

Este programa radial que se sacó de la manga es digno de su astucia, pero además es digno de su atrevimiento. Minor de Jesús no tiene límites, o el cielo es su límite como dice el refrán. Para otros, será el infierno, pero que cada quien piense lo que quiera. Lo que sí está claro es que en el mundo en que vivimos hay pocos como él.

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Por supuesto que pronto alcanzaría un extraordinario rating. Seguramente que efímero cuando le pase a la gente la curiosidad de saber qué dice y el morbo de oír a alguien desde prisión. Pero en el ínterin sin duda alguna que va a conquistar a un buen número de seguidores y lo más peligroso, seguidores para su causa a como él la desee plantear. Lo hizo cuando conquistó a decenas de miles. Montones de doñitas bajaron desde muchas montañas o caminaron cientos de kilómetros solo para llegar a la Parroquia de Paso Ancho o a la Radio María, solo para besar sus manos. Cuentan por cierto, la mayoría de ellas que aquel Padre Minor apenas las volvía a ver. Las pobres se devolvían profundamente decepcionadas. Pero como dicen que donde hubo fuego cenizas quedan, puede ser que con un nuevo programa de radio el sacerdote las vuelva a conquistar.

• •

Estas virtudes se las dio Dios, sin duda alguna. Su locuacidad, su capacidad de persuasión, su evidentes facultades teatrales. Ciertamente todo eso lo da Dios. El otorga a todos, todo lo que tenemos. Cada quien lo usa como crea conveniente, o sea, para el bien o para el mal.

• •

Pero que el Padre Minor Calvo tiene talento, pues claro que lo tiene. ¡A mí me asusta!

períódico La Prensa Libre 1 setiembre 2008.

Columna Germinal

marfuerte @ 03:24

Año II No. 78

Alfonso Chase
Alexander Solzhenitsyn (1919-2008) ha muerto.

Luego de librar múltiples batallas contra sí mismo, la naturaleza, la enfermedad, los comisarios, la política como instrumento de dominación y sus propias convicciones sociales, ideológicas y hasta patrióticas, que lo convirtieron en un ego rezongón, brillante y gran escritor, libelista de fuste, siempre en lucha con los escritores burócratas y aquellos pegados a las planillas del bien público, siendo, en verdad funcionarios de estado y menos creadores auténticos.

Su desafío es parte de una valentía inusitada para defender lo que creyó justo y noble, porque nunca fue un ciudadano cualquiera.

Fue un prisionero de los Gulags, un patriota en la gran Guerra Patria, un acucioso investigador de los mecanismos de persecución ideológica, del alma humana en cautiverio, todo esto logrado en obras de gran calidad literaria, a partir de la novela “Un día en la vida de Ivan Denisovich”, (1961), escrita y editada en tiempo del Deshielo y cuando empezaba a definirse la lucha final contra el estalinismo, que quedó en suspenso, empezando así el calvario literario de este autor, cuya lucha siempre fue contra las mentiras, los engaños de la historia y su propio derecho, como científico y humanista, por escribir de lo cual había sido protagonista y testigo. No es cierto que fuera complaciente con la prensa occidental: recuérdese su fulminante discurso para los graduados de Harvard, 1978, contra el sistema capitalista, la prensa, los mecanismos de tergiversación editorial y a favor de la justicia social y contra el esnobismo académico. El conjunto de sus obras escritas, novelas, narraciones, teatro y ensayo abarca casi 20 tomos y está en proceso de edición por parte de su esposa Natalia Svetlova, albacea de sus escritos. La desazón espiritual lo convirtió en un solitario combatiente contra la corrupción, el capitalismo arrasante, la penetración de sectas religiosas fundamentalistas en su país y un enemigo de la clase política, derivada muchas veces de las altas esferas de la antigua URSS. El año pasado aceptó, con reticencias, el Gran Premio Estatal de Literatura, de manos del propio Presidente Vladimir Putin, a quien llamó “restaurador de la dignidad de Rusia”. Queda en la historia como uno de los más grandes escritores del siglo XX, al margen de sus enemigos y detractores, y en la mente y el recuerdo de sus admiradoras.

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• Alexander Solzhenitsyn
Somos la voz de todos
© Fotografía: Agencia INTERFAX
© TEXTO: Natalia
Svetlova/ Moscú 2008
Somos igual que aquel asombrado salvaje que se encuentra con el objeto insólito -¿arrojado por el mar, surgido de la arena, caído del cielo?- de intrincadas curvas, y lo ve brillar primero tenuemente y luego con esplendoroso rutilar. Le da vueltas una y otra vez entre sus manos, intentando adivinar lo que puede hacer con él, preguntándose si servirá para algo e ignorando totalmente su función más alta.,
También nosotros, al tener el arte en nuestras manos, creemos confiados que somos sus dueños. Lo dirigimos, lo renovamos, lo reformamos y lo exhibimos audazmente; lo vendemos por dinero, lo dedicamos a complacer a quienes se hallan en el poder. En determinados momentos lo empleamos como diversión, rebajándolo a la categoría de cancioncillas de cabaret, y en otros momentos, apoderándonos del arma más cercana, tapón o garrote, lo ponemos al servicio de las necesidades pasajeras de la política y de mezquinos fines sociales. Pero el arte no se deshonra a pesar de nuestros esfuerzos, no se desvía ni desiste de su verdadero propósito, sino que en cada ocasión y en cada aplicación nos concede una parte de su luz.

¿Poseeremos alguna vez la totalidad de esa luz? ¿Quién osa decir que ha definido el arte y enumerado todas sus facetas? Quizás alguna vez, hace mucho tiempo, hubo quien lo comprendió y nos lo reveló, pero eso no puede satisfacernos ya para siempre; escuchamos, dejamos de escuchar, lo rechazamos y lo aceptamos, apresurándonos como siempre a cambiar incluso lo mejor por lo nuevo. Y cuando alguien nos vuelve a decir la vieja verdad, ni siquiera recordamos que una vez fue nuestra.

Un artista se ve a sí mismo como el creador de un mundo espiritual independiente; carga sobre sus hombros la tarea de «hacer» ese mundo, de poblarlo, de asumirlo, de responsabilizarse de él. Pero se derrumba bajo esa labor, porque un genio mortal no es capaz de soportar tal peso, al igual que el hombre, que, aunque se ha proclamado rey de la Creación, no ha logrado organizarse un sistema espiritual equilibrado. Y cuando cae, víctima de la desgracia, le echa la culpa a la eterna desarmonía del mundo, a la complejidad del alma o a la estupidez del público.

Otro artista cree en un poder más excelso y trabaja alegremente, como un humilde aprendiz, bajo los cielos de Dios. Sin embargo, su responsabilidad respecto a todo lo que está escrito o proyectado y respecto a los hombres que observan su trabajo es mayor que nunca. Pero, en cambio, este artista no piensa que ha sido él quien ha creado ese mundo, ni quien lo dirige, ni tiene dudas en cuanto a sus orígenes. El artista debe tener una percepción de la armonía del mundo y de la belleza o fealdad de la contribución humana de esa armonía más aguda que los demás, para comunicarlo con mayor perspicacia a sus semejantes. Su sentido de la armonía no le abandona nunca, ni en la desgracia, la pobreza, la cárcel o la enfermedad, ni en ninguno de los abismos de la existencia. Pero toda la irracionalidad del arte, sus sorprendentes giros, sus imprevisibles descubrimientos, su tremenda influencia sobre los seres humanos, son demasiado mágicos para que el artista los agote con su visión del mundo, con su concepción artística o con el trabajo de sus inhábiles dedos. Los arqueólogos no han descubierto ninguna era de la existencia humana, por temprana que fuera, que no tuviese su arte. Desde el más remoto amanecer del hombre fuimos recibiendo este arte de unas manos que hemos descubierto con demasiada lentitud. Y también estamos tardando demasiado en preguntarnos: ¿con qué propósito de nos ha concedido este don?, ¿cómo lo utilizaremos?
Se equivocan y se equivocarán siempre los que profetizan que el arte se desintegrará, que sobrepasará sus propias formas y morirá. Somos nosotros los que moriremos; el arte permanecerá. ¿Llegaremos a comprender, siquiera en el día de nuestra destrucción, todas sus facetas, todas su posibilidades?
No todo asume un nombre. Algunas cosas se hallan más allá de las palabras. El arte inflama incluso al alma ignorante y helada hasta llevarla a una experiencia espiritual de verdadera excepción. A través del arte percibimos a veces, aunque breve y oscuramente, revelaciones tales como no pueden alcanzarse por medio del raciocinio.

Es como ese espejo de los cuentos de hadas en el que, si nos miramos, veremos reflejada no nuestra imagen, sino lo inaccesible, el lugar donde ningún hombre puede llegar volando o cabalgando. Dostoiewski hizo una vez esta enigmática observación: “La belleza salvará al mundo” ¿Qué clase de afirmación es esa? Durante mucho tiempo creí que sólo eran palabras… Porque ¿cómo iba a ser posible? ¿Cuándo, en el curso de nuestra cruenta historia, la belleza había salvado a alguien de algo? Ennoblecido, elevado, quizá. ¿Pero salvado? Sin embargo, existe indudablemente cierta particularidad en la esencia de la belleza, cierta particularidad en la naturaleza del arte. Es decir: la fuerza de convicción de una verdadera obra de arte es completamente irrefutable y obliga a rendirse incluso al más rebelde.

Es posible pronunciar un discurso político inspirado, escribir un artículo enjundioso, inventar un programa social o un sistema filosófico que tengan por base el error o la mentira. Lo que se oculta tras todo ello, lo que desfigura la verdad, no se advierte inmediatamente.

Pero alguien pronuncia un discurso de tendencias opuestas al anterior, un artículo contrario, un programa, una filosofía diferentes, todo ello igualmente inspirado y enjundioso, y también convence. Por eso desconfiamos. Es vano reiterar lo que no nos llega al corazón.

En cambio, una obra de arte lleva en sí misma su propia evidencia. Los conceptos inventados o forzados no resisten que se les plasme porque aparecen débiles, sin poder de convicción, y terminan por derrumbarse. Pero las obras de arte que han encontrado la verdad y nos la presentan como una fuerza viva, se apoderan de nosotros, nos dominan, y nadie, nunca, conseguirá rebatirlas. Así, pues, quizás esa antigua trinidad de la Verdad, la Bondad y la Belleza no sea simplemente una fórmula vacía y marchita, como pensábamos en la época de nuestra confiada y materialista juventud. Si las copas de estos tres árboles convergen, como afirman los sabios, pero los troncos de la Verdad y de la Bondad son tronchados por demasiado directos y aparentes, quizás el tronco de la Belleza, imprevisible, inesperado, se abrirá camino y crecerá en ese mismo lugar, llevando a buen fin la tarea que debían efectuar los tres juntos. En ese caso, la frase de Dostoiewski sería mucho más que unas palabras irreflexivas: sería una profecía. No olvidemos que Dostoiewski fue un iluminado.

En ese caso, ¿podrían el arte, la literatura, ayudar al mundo de hoy?
Lo que deseo exponer ante ustedes es el resultado del pequeño grado de clarividencia que he conseguido alcanzar sobre el particular a través de los años.

Para ascender a esta plataforma desde donde se pronuncia el discurso del Nóbel, plataforma ofrecida a muy pocos escritores y una sola vez en la vida, no he subido tres o cuatro peldaños, sino cientos e incluso miles; han sido peldaños empinados, difíciles, que me sacaron de la oscuridad y el frío, a los que sin duda era mi destino sobrevivir y donde otros, quizás más dotados y fuertes que yo, perecieron. Conocí a muchos de ellos en el archipiélago de Gulag, desperdigados en su multitud de islas. Como me hallaba bajo la losa helada de las tinieblas y la desconfianza, no hablé con todos ellos; solo de oídas he sabido de algunos, y a otros no he hecho sino adivinarlos. Los que cayeron en el abismo cuando ya se habían labrado un nombre en la literatura tienen el consuelo de que el mundo lo sabe, pero son muchos los desconocidos cuya identidad jamás ha sido mencionada. Casi ninguno ha conseguido regresar; toda una literatura nacional se ha quedado allí, sumida en el olvido, careciendo no ya de tumba, sino de ropa interior. Esos hombres han vivido desnudos, con un número marcado en un dedo del pie. La literatura rusa no ha interrumpido un momento su producción, pero desde el exterior parece un erial. Donde hubiese podido crecer un bosque admirable no quedan, después de la tala, más que dos o tres árboles… Hoy me hallo aquí, acompañado por las sombras de los caídos, inclinando la cabeza ante otros hombres más merecedores que yo de ocupar este lugar, y quisiera adivinar y expresar lo que ellos hubieran deseado decir. Esta obligación ha pesado durante mucho tiempo sobre nuestras espaldas; la hemos comprendido.

Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 9 agosto 2008.

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