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RESONOCO

Categoría: otros

18/03/2008 GMT 1

Columna Pido la palabra

marfuerte @ 01:47

Vomitan las cucarachas

Roxana Zúñiga Quesada
ropazu@racsa.co.cr

Doy gracias a nuestros gobernantes de todas las épocas porque amamantaron las interminables presas en la capital. Con su incapacidad para remediarlas, me hacen un regalo...

Metida a diario en el intestino de ese reptil de acero y hule, tengo tiempo para reflexionar en las diversas ramas del árbol nacional. Comparto con ustedes algunos de esos “derrames cerebrales”.

Mientras los japoneses pregonan hasta quedarse afónicos que en las empresas modernas la gente es el activo principal –más importante que edificios, computadoras y máquinas–, en este bello país obligan a un inspector del Tránsito a trasladarse todos los días de Guanacaste a San José.

La explicación oficial la sé: su plaza es aquí y no en la provincia del norte, y por la escasez de personal deciden recordarle dónde debe laborar.

Pero ¿por qué no buscan una solución más sensata y adecuada para el trabajador? Me niego a creer que el “matapalo” de la tontería haya secado el arbusto de las neuronas en esa institución.

Otro: a un hombre relacionado con el cobro de millonarias comisiones en el caso ICE-Alcatel lo nombran para administrar un fondo de ¢1.500 millones que dará el Gobierno a los ganaderos. Es horriiiiiiible… es como poner a Angelina Jolie a cuidar la castidad de Brad Pitt.

Uno más: a nuestros pobres policías no solo los matan de colesterol con una dieta aderezada con mayonesa, sino también los hacen vivir peor que los delincuentes. El estado de las comisarías haría vomitar a las cucarachas y daría diarrea a las ratas.

Gracias por las presas.
periódico Al Día 6 marzo 2008

13/03/2008 GMT 1

Columna DIGAMOSLO

marfuerte @ 01:57

Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
* Cierto día se acercó al portón del jardín de nuestra casa, ubicada en Montelimar de Goicoechea, un hermoso perrito, mezcla de fox terrier y zaguate.

* Mi esposa, que es muy amante y protectora de los animalitos, sean de la especie que sean, lo acarició y le puso una bandejita con comida y agua.

* Agradecido, el perrito le lamía las manos y movía su corta colita alegremente. Desde entonces, no faltó un sólo día a nuestra casa.

* No conociendo su nombre, mi esposa lo bautizó como Manchita, en alusión a una mancha, en forma de mariposa, color negro, que lucía sobre su blanco lomo.

* Era evidente que el animalito pertenecía a alguna persona o familia de los alrededores, pues estaba muy bien cuidado y siempre, al anochecer, nos miraba, emitía unos gemidos, como despidiéndose, y se marchaba.

* En una oportunidad, mi esposa y yo tuvimos que viajar fuera del país y estuvimos ausentes cerca de dos meses. Al regresar, pensamos que ya no íbamos a volver a ver a Manchita.

* Pero nos equivocamos, felizmente. Allí estaba, frente al portón, y al vernos llegar comenzó a gemir, como llorando y a mover la colita.

* Es la mejor bienvenida que hemos recibido, sólo comparable a la que nos dan nuestro hijo y nuestra nieta, pues el nietito aún no se da cuenta porque es un bebé, cuando nos reencontramos, luego de algún periodo de ausencia.

* Meses después, los amos de Manchita lo llevaron a una finca y no lo volvimos a ver. Pasó largo tiempo y cierta mañana, escuchamos unos gemidos frente a la puerta de entrada de la casa.

* Por supuesto, era Manchita. No nos había olvidado. Era conmovedor, realmente, ver las manifestaciones de alegría de aquel animalito. Es la mejor muestra de gratitud que hemos recibido.

* En cambio, hay muchos seres humanos que nos han defraudado, luego de haberles tendido una mano cuando la necesitaban. Pareciera que la ingratitud es una condición humana, exclusivamente.

* Lamentablemente, vemos que así ocurre en todos los ámbitos de la vida humana: los políticos olvidan y desprecian a quienes les han ayudado, una vez obtenidos sus objetivos. Ciertos “amigos” te vuelven la espalda cuando alcanzan fama o fortuna.

* Digámoslo: “Tengo que haberle hecho algún gran favor a ese señor, para que me desprecie e insulte de esa manera...” Ricardo Jiménez Oreamuno

periódico La Prensa Libre 4 marzo 2008

12/03/2008 GMT 1

El amor

marfuerte @ 01:38

Enrique Obregón Valverde | enriqueobregon@yahoo.com

Alguna razón existió en la mitología griega al unir la imaginación con la sabiduría

Abogado

Un viejo amigo mío muy apreciado, de esos pocos que logramos conservar a través del tiempo –quizá los únicos amigos–, me preguntó el 14 de febrero, con cierta ingenuidad, si podía explicarle qué es el amor. Si un adolescente me hace una pregunta semejante, lo entiendo perfectamente; pero un hombre que tiene casi mi edad no debería regresar y situarse en una etapa de la vida cuando el amor era solamente un sentimiento presentido.

Después de alguna observación que le hice, me explicó que está leyendo de nuevo a Goethe, sobre todo el Fausto, su obra monumental, y que es, como conse- cuencia de tales nuevas-viejas lecturas, que se le presentó esa duda. Mi amigo es tal vez el devoto más grande que ha tenido Goethe porque ha leído el Fausto 30 veces. Increíble, pero cierto.

Capacidad de mirar. Unas horas más tarde, recordé que mi amigo, muy joven, se había enamorado perdidamente de una encantadora muchacha, con la cual terminó casándose poco tiempo después y con ella ha vivido hasta el día de hoy, manteniendo una inteligente armonía.

Entonces se me ocurre contestar a su pregunta. Después de que un hombre ha convivido con una mujer durante la mayor parte de su existencia, con sus triunfos y fracasos, nacimientos y muertes, alegrías y tristezas, y si todavía duda del concepto del amor, quizá se deba a que ha perdido la capacidad de mirar, conservando solo la costumbre de ver.

–Una mañana temprano, cuando todo esté tranquilo, toma las manos de tu esposa y mírala a los ojos detenidamente, como aquella primera vez cuando apenas despertaba a la vida… y verás sorpresivamente renacida la ilusión. Dejar de ver para aprender a mirar de nuevo, ese es el secreto.

Transmitir esperanza. En una biografía novelada de Horacio Quiroga que he leído recientemente –de su atormentada vida amorosa–, hay una interesante expresión sobre Alfonsina Storni, uno de los amores intelectuales y líricos de Quiroga: “Alfonsina parecía concentrarse en sí misma y dejar escapar su propio dolor, pero también su esperanza. Era lo más lindo de ella: una mujer que siempre tenía y daba esperanza”.

La capacidad de mantener durante toda la vida la esperanza y la sensibilidad para transmitirla, tal vez eso sea el amor. Al fin y al cabo, alguna razón existió en la mitología griega al unir la imaginación con la sabiduría.

Caja de Pandora. Zeus ordenó a Hefesto crear del barro a la mujer, Pandora, a la que tomó por esposa Epimeteo, y fue este el primero que amó a una mujer. El padre de los dioses entregó a Pandora una caja que encerraba todos los males y un solo bien. Imprudente, Pandora la abrió y esparció los males por el mundo. Solo quedó el único bien que tiene en sí mismo el complemento de la perfección: la esperanza; es decir, el fundamento del amor.

A Epimeteo se le hace responsable de las desgracias que aquejan a la humanidad, pero también deberíamos reconocerle que por él los hombres adquirimos la capacidad de amar al permitirnos vivir esperanzadoramente.
periódico La Nación 3 marzo 2008

Columna Pido la palabra

marfuerte @ 01:33

El encargo

Ana Coralia Fernández, periodista
paradigma@racsa.co.cr

La librería está a reventar. Tomo una ficha con el número 96 y van por el 87. Junto a mí una señora espera con el 95. En las manos tiene un papelillo de rayado común.

Cuando la dependiente de mala gana pregunta por su número, ella, como si se hubiera ganado una rifa grita en medio del bullicio: ¡yo!

-¿El reino de los deseos de un señor Herra y una Odisea? La muchachilla sin decir nada se devuelve y la mujer se queda viendo el papel que grita secundaria por todas partes.

De pronto aparecen sobre el mostrador dos libros nuevos en ediciones rústicas que la mujer toma con cara de pregunta. No se fija en la portada sino en el reverso. No consulta datos del autor sino el precio.

Con una mirada de alivio, le pide a la empleada un planisferio y la otra sin proferir palabra se retira de nuevo.

Ella, aprovecha para llamar por celular...

- ¿Josué? Ya le compré los libros y el mapamundi. ¿Necesita algo más? El otro no lo llevo porque Don Quijote está en la casa...

-¿Qué más?, dice quien la atiende. Pase a la caja.

Yo la veo irse con unos billetes en la mano, atesorados quién sabe a costa de cuáles sacrificios. De allí saldrá con un reino lleno de deseos y la odisea de dar a su hijo educación digna que lo ayude a tener algo. Cuando llegue a su casa, don Quijote y Sancho le abrirán la puerta. Uno preguntará si los gigantes son molinos. El otro, buscará pan en las bolsas.

Y yo, despierto de mis inferencias, ante el grito imperativo que llama con apuro al 96.

periódico Al Día 3 marzo 2008

11/03/2008 GMT 1

¡Y ayudé a descubrir el hielo!

marfuerte @ 02:30

Rodrigo Alberto Carazo

Peripecias tecnológicas de un tico en el Primer Mundo

Abogado

Jorge Guardia narraba, el 12 de febrero , con su peculiar gracia y calidad, sus primeros escarceos con un fax y la aleccionadora respuesta que recibió de su corresponsal en el Primer Mundo.

Distinta fue mi experiencia. Al revés. Corría el año 1988, en medio de la Guerra Fría en el mundo y caliente en nuestra región. Mi entonces reciente inclinación a la academia y a la investigación me deparó una contratación, como profesor visitante, en una pequeña universidad en Estados Unidos, cuya población, pese a estar cerca de la capital, tenía poco o ningún roce internacional. Me contrataron entonces pera enseñar, sin cortapisa alguna, Política Centroamericana y, rápidamente, me nombraron jefe de Estudios Internacionales (realmente éramos dos: un estudiante avanzado y yo).

No había fax. Lo cierto del caso es que pedí, para realizar mi trabajo “internacional”, contar con un aparato de fax, como el que había en mi oficina en Costa Rica y en la de Jorge Guardia que, por lo leído, estaba mejor relacionado que yo. No había ningún fax en el campus. Me ofrecieron, burocráticamente y sin esperanza, ponerlo en la lista de futuras adquisiciones.

Hasta una noche cuando, en una recepción, le pidieron al presidente de la Universidad su número de fax para enviarle una comunicación importante. Llegó endemoniado al día siguiente y, al escuchar su reclamo, alguien se acordó de mi solicitud y pensó que tal vez yo sabía algo de esos aparatos. Bajó a verme y, por única vez en mi vida, me solicitaron asesoría para comprar uno de tantos desarrollos modernos con los que a Jorge y a mí nos ha tocado lidiar, sin aflojar.

Boquiabiertos. A los pocos días llegó la caja y, por supuesto, me llamaron para que la abriera y me pidieron (nunca más nadie lo ha hecho) una demostración operativa. Se asombraron cuando les dije que podría enviarse un mensaje hasta mi país y entonces escribí un saludo a Mario, mi hermano, contándole en lo que estaba y pidiéndole respuesta.

Se quedaron boquiabiertos, en la Dirección Administrativa, al ver cómo el papel se enrollaba y volvía a salir. Pero Mario no contestó de inmediato. A los 10 ó 15 minutos volví a mi oficina. Algunos pensaron, quizás, que había cuento o imaginación en lo que precisamente les había explicado (el “realismo mágico” latinoamericano, creyeron algunos, se hacía presente en el apacible recinto).

Tres o cuatro horas después, en la tarde, percibí un escándalo en el pasillo. Nos asomamos. Una simpática y atlética secretaria de la Administración, corría gritando: “A paper is coming out ” (“Está saliendo un papel”), y lo repetía en susprint , hasta encontrarme.

Gracias, Mario, por tu respuesta. Rescató mi credibilidad. Perfectamente bien escrita, en inglés, no dejaba duda alguna. ¡Podíamos todos comunicarnos!
periódico La Nación 1 marzo 2008

Columna Desde mi espejo

marfuerte @ 02:22

Aún existen caballeros

Haydée de lev

Ayer al doblar para tomar la calle 10, lo hice muy cerca de la acera, sin percatarme de que había un desnivel largo y muy profundo.

Como resultado, mi sufrido y maltratado carro cayó en el desnivel y, por más que traté de moverlo, no pude.

Delante de mi automóvil, orillado, estaba un vehículo de la Fuerza Pública. Ambos ocupantes se bajaron y se acercaron a mí, que continuaba sentada al volante. Con gran amabilidad me saludaron y dieron una vuelta de inspección alrededor de mi carro.

Sobre la avenida 10, a pocos pasos, de una grúa oficial bajó el conductor para ver en qué podía colaborar y, por si esto fuera poco, tres jóvenes cruzaron la calle y me ofrecieron ayuda.

Yo era la única que no podía hacer nada pues la puerta de la izquierda estaba prensada contra la acera. El grupo deliberó unos instantes y llegó a la conclusión de que lo mejor era alzar el carro (conmigo dentro) y sacarme del apuro.

Y dicho y hecho: en un par de minutos estábamos el vehículo y yo sobre la calle. Los agradecimientos brotaron de mí calurosamente. Y aún más, uno de los policías retrocedió y dijo que me convenía ir a un taller porque podía haberse dañado el cárter y podría derramarse el aceite del motor. Saludó y se fueron todos.

Puse en marcha mi carro mientras pensaba en el privilegio de haber obtenido la gentil ayuda de seis caballeros, porque aún quedan algunos ¿verdad?
periódico Al Día 1 marzo 2008

08/03/2008 GMT 1

ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 21:34

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
“Doy gracias a la vida, que me ha dado tanto...” Definitivamente a veces no valoramos el estar vivitos y coleando.

El martes estuve en el hospital San Juan de Dios. Ese día acompañé a mi madre a una cita médica. Bien dice el dicho: no hay cosa más triste que un hospital.

Llegamos al sector de Ortopedia y, tras confirmar la cita, tuvimos además que informar la realización un examen realizado a finales de noviembre, cuyo resultado debía ser revisado por él médico. Padecimos unos minutos de zozobra, el examen de medicina nuclear no aparecía. La enfermera no andaba de buenas, si el examen se había extraviado, nada se podía hacer. Se tendría que reprogramar.

Mientras, por el salón pasaron a un niño recién nacido en incubadora. Luego a otro más chiquitito aun. Una señora con bastón le pidió el campo a un menor de edad, porque no aguantaba estar más de pie y otra señora se quejaba por las horas que llevaba en espera y al parecer no había desayunado.

Contaron que ese día, al menos no había mucha gente y que los ventiladores funcionaban. Pero es fácil imaginar con nuestro sistema de salud aquella sala abarrotada de pacientes con algún malestar y con un calor infernal.

Al cabo de dos horas de espera apareció el examen y luego el doctor nos hizo pasar a su consultorio.

El cuarto, conformado únicamente por una camilla, una cortina de tela arrugada con la insignia de la CCSS (Caja Costarricense de Seguro Social), tres sillas distintas y un escritorio sin nada más que unas hojas mal cortadas en pequeños tamaños y el expediente. Ni siquiera había teléfono, el médico mucho menos contaba con una computadora.

Al menos el doctor, un hombre joven y bastante alto por cierto, se comportó amable, algo usual en él, según las referencias de otros pacientes. Sin embargo, queda un sabor a nada tras esperar una cita durante medio año o más, que se evapora en diez minutos. El médico abrió el expediente y explicó en qué consistía el padecimiento de mi madre.

No la revisó ni mucho menos, lo que necesitaba saber estaba en el expediente. Según dijo, nada se puede hacer. Su padecimiento es como llevar un mal matrimonio, dijo el médico.

Entonces me pregunté: ¿cuántos malos matrimonios de este tipo hay? Posiblemente muchos. Pero, ¿cuántos con posibilidades de ser llevaderos? Tal vez pocos. Uno de los niños que pasó en incubadora murió esa tarde. El enfermero puso una mantilla para taparlo, mientras un aparato no dejaba de sonar, tic tic tic, como queriendo alertar lo ocurrido.

Mi madre lloró después. Fue cuando le dije que en ese consultorio no me dieron un diagnóstico fatalista, y lo único que necesito es que ella esté viva. Lo demás se resolverá, obviamente con un especialista que atienda en su consultorio y con medicamentos más eficaces, que se tendrán que comprar.

Aun con todo, doy gracias a la vida, que me ha dado tanto.

periódico La Prensa Libre 29 febrero 2008

Columna A FONDO

marfuerte @ 02:40

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
La noticia sobre una empresa rusa dedicada al establecimiento de casinos que pretende afincarse en Costa Rica, debería de provocar una alarma general. Dichosamente vemos una reacción muy digna y defensora de parte de las autoridades gubernamentales, quienes están tratando de traerse a su campo de batalla a los alcaldes municipales de donde podrían ubicarse estos negocios. Ojalá que uno que otro de ellos, que gusta de aparecer continuamente en la farándula echándose unas canitas al aire e ideando negocios de bares y vacilones en su cantón, no se le ocurra sentirse en onda y acceda a la instalación de estos casinos.

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En sí mismos no son centros de lenocinio ni perdición, como lo califican algunos. Hemos dicho en estas columnas que alguna vez visitamos uno de ellos con el fin de observar. Y no vimos ni prostitutas, ni jóvenes, ni borrachos. Vimos solo a gente adulta, dentro de la cual había alguna que apostaba el dinero que a todas luces, supone que debió de haber sido destinado a los menesteres de sus hogares. Su vestimenta y la ansiedad de su rostro lo decía todo.

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Sin embargo, hay por las inmediaciones del centro de la capital, otros en los que basta pasar por el frente en nuestro vehículo, para darse cuenta de que son un centro de acopio de todos los vicios, al mirar la cantidad y calidad de sus clientes. Y especialmente de sus “clientas”.

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El solo pensar que se masifique la presencia de casinos por las ciudades y playas, con el abolengo que otorga la condición de rusos, nos para el pelo.

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Porque si el refrán popular dice de que en “arca abierta hasta el justo peca”, no nos imaginamos la proliferación de estas arcas. Si algo no permite disparar el vicio o la pérdida del dinero familiar, es en parte que no haya tanta oferta de casinos. Por sobre abundar estos, sobre abundará lo demás.

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Está bien, está muy bien el declarar la guerra de antemano. El gobierno tiene todos los medios para hacerlo. Que apriete, que persiga, que fiscalice hasta la asfixia a los hoteles que les abran las puertas. En fin, que envíe el mensaje al mundo que diga que Costa Rica no es, ya, un sitio de venta de decencia.

periódico La Prensa Libre 28 febrero 2008.

Columna Pido la palabra

marfuerte @ 02:33

Salario ajeno

Roxana Zúñiga Quesada
ropazu@racsa.co.cr

Lo malo de las argollas, dicen muy cínicamente, es no pertenecer a ellas. Igual ocurre con los salarios y sus aumentos: lo duro es que nos dejen fuera.

Pocas cosas atraen más que vinear en los ingresos ajenos. He visto gente practicar impresionantes malabares con los ojos para observar el sueldo del jefe en la orden patronal. Ni el último secreto de Fátima suscita tanto interés como saber cuánto percibe “ése que no hace nada”.

Conocer los billetes que llegan al mes a alguien es una tentación; por eso, siempre es noticia.

Dos “salarios notables” han sufrido prensa últimamente: los ¢5 millones del presidente del ICE, Pedro Pablo Quirós, y los ¢8,7 millones de Hernán Medford.

Y el diablillo de la calculadora no resistió hacer números.

El jerarca de La Sabana, con jornada de ocho horas, cinco días a la semana (aunque todos sabemos que debe trabajar más) se embolsa ¢168 mil por día; ¢21 mil por hora, y ¢350, por minuto.

El entrenador nacional, bajo el mismo supuesto de horario, rondaría los ¢290 mil por día; ¢36.250 por hora, y ¢604, por minuto.

Cuando Quirós nos explica en una hora el porqué del aumento tarifario pedido recientemente, cuatro “tucanes” hacen plácido nido en su cuenta bancaria.

Y cuando el director técnico gasta una hora en pelearse con un periodista, otras siete de esas aves emigran hacia su chequera. (El minuto que gastaba al ponerse la gorra del casino era de pago triple).

¡Ah, salario, cuánta imaginación despiertas!

periódico Al Día 28 febrero 2008

06/03/2008 GMT 1

Columna Desde mi espejo

marfuerte @ 01:25

Crepúsculos románticos

Haydée de Lev, actriz
redaccion@aldia.co.cr

En un salón de baile para adultos mayores en Nueva York, vi a los danzantes con una sonrisa que reflejaba el disfrute y la alegría del baile. Vi a adultos mayores bailando en las aceras en Taipei, y no era música tradicional taiwanesa sino la música popular que se oye en casi todo el mundo.

Lo observé, nuevamente, en San Juan, Puerto Rico, y me dije: “Esto hay que hacerlo en Costa Rica”.

Le propuse la idea a Lylliam Quesada, directora del Departamento de Servicios Culturales de la Municipalidad de San José, que a su vez la expuso al alcalde y al Concejo Municipal, quienes aprobaron el proyecto y contactaron a grupos organizados de la vecindad de Aranjuez y a Beatriz Fernández de Hütt, administradora del Polideportivo Aranjuez.

Con la promotora cultural María José Callejas y su equipo de trabajo, más la colaboración de muchas personas, el viernes 15 de este mes comenzaron en el Polideportivo Aranjuez nuestros “Crepúsculos Románticos” para adultos mayores, con música bailable de la época de nuestros invitados.

Desde las 3 p.m. hasta las 5 p.m., las sonrisas iluminaron el espacio donde brindaremos, cada viernes, dos horas gratuitas de felicidad para nuestros tantas veces olvidados adultos mayores.

Si usted está en esa categoría, venga, acompáñenos y diviértase por dos horas porque el baile es vida y hay que aprovecharla ahora.
periódico Al Día 23 febrero 2008

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