La vida y el pensamiento de Ernesto Guevara de la Serna, Ché, (1928-1967) está apenas descubriéndose, con el análisis de sus diarios, apuntes, discursos, estudios o informes y da un total de siete tomos de documentos, la mayoría de los cuales permanecen en sus archivos personales, custodiados por sus familiares pero sujetos de consulta y estudio cuando se hace necesario.
Múltiples facetas podemos analizar de este hombre singular, que combinó la actitud intelectual con la acción, al convertirse en un intelectual orgánico, un lector voraz y un observador de las cosas de su tiempo, acertando y equivocándose, discutiendo con pasión o analizando, fríamente, los asuntos sometidos a su estudio.
De la lectura de lo que escribió, en sus diarios y siendo un joven, podemos comprender su interés por buscar causas nobles, actos de hidalguía, tópicos que le permitieron estudiar, en sus años de formación, la historia de Nuestra América, las antiguas culturas indígenas, el lenguaje de los diferentes pueblos, el sistema de salud pública, la pobreza y la injusticia imperante desde siglos.Lector de poesía, su cuaderno de versos sobrevivió a todos los estropicios, se le recuerda como ávido y penetrante en la lectura de Neruda, Vallejo, Nicolás Guillén o León Felipe, su preferido entre tantos otros. Se guardan minutas de sus múltiples lecturas en sus noches de insomnio, atacado por el asma o por los fantasmas de sucesos infortunados que le tocaban particularmente. Me gusta el ser humano antes que el ícono de camisetas, o carteles, y en él es fácil descubrir su amor por su madre, sus familiares, sus novias desperdigadas, sus amantes, sus hijos y su desprendimiento de sí mismo para entregar su vida de transformación social, desde su propio punto de vista, con arrojo, dolor y a veces con obnubilación. Tenemos el testimonio del revolucionario viajero, Che o Fuster, sus sobrenombres, sus relaciones con los amigos íntimos, todos ellos leales a su memoria, a sus virtudes y defectos, como que Ernesto Guevara de la Serna fue un ser humano, completo o incompleto, pero con un destino asumido como norma de conducta. Algunas de sus ideas parten de una cierta conducta intemperante y ríspida, aspecto que ha sido escondido para transformarlo en una especie de santo laico, tendido sobre su lecho de muerte, inmortalizado por sus propias acciones. Mucho y sustancioso escribió Ernesto Guevara de la Serna. Recogemos algunos trozos que se refieren a Costa Rica, en su segundo viaje, ya por tierras centroamericanas, en su periplo hacia la inmortalidad y a la acción insurgente de lo que luego sería la Revolución Cubana.
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• Ernesto Guevara de la Serna
Mi paso por Costa Rica
I parte
Texto: Archivo Personal de Ernesto Guevara
© Aleida March de Guevara
© Fotografía: Chino López
Partimos de Panamá con cinco dólares en el bolsillo, conociendo en el último momento a una figura interesante: Ricardo Luti, cordobés, botánico y asmático, que ha estado en el Amazonas y en la Antártida y piensa hacer un viaje recorriendo América por el centro y a través del Paraguay-Amazonas-Orinoco: mi vieja idea.
Ahora estamos en el centro de Panamá, con los muelles del camión que nos conducía completamente rotos y sin señales del camionero que fue a David a buscar repuesto y no vuelve. Nos desayunamos con un poco de arroz y un huevo. De noche los mosquitos no dejan dormir, de día los mosquitos no dejan vivir (poético). Es una zona de relativa elevación no del todo caliente con chaparrones de árboles y de agua.
Visité Palo Seco en forma relámpago, hay una pareja de judíos americanos que viven desde hace 20 años allí. No parecen tener grandes conocimientos pero se dedican exclusivamente a los enfermos.
Rubén Darío Moncada no acertó sino a medias. El chofer resultó más malo que pegarle a la madre y en una curva en que fallaron los frenos nos tumbamos. Yo iba en la parte de arriba y cuando vi el desastre me tiré lo más lejos posible y rodé otro poco hasta quedarme quietito prendida la cabeza con las manos. Cuando pasó el barullo corrí a ayudar a los otros y constatar que nadie tenía nada salvo yo, que salí con un codo pelado, pantalón roto y el talón derecho muy dolorido.
Esa noche yo dormí en casa de Rogelio, el camionero y Gualo en el camino, cuidando las cosas.
Al día siguiente perdimos el tren de las 2 de la tarde y debimos conformarnos con el de las 7 de la mañana del otro día, llegar a Progreso y de allí “tirar pata” hasta la cuesta en territorio costarricense donde nos han recibido muy bien. A pesar de mi pie enfermo jugué fútbol.
Partimos por la mañana temprano y tras equivocar el camino, llegamos a la buena senda y caminamos 2 horas en un lodazal, después llegamos al punto terminal del ferrocarril donde apalabramos al inspector que, por casualidad, había querido ir a la Argentina pero no le habían dado bola. Llegamos a puerto y pechamos a la capitanía el pasaje, lo que nos fue concedido pero nos negaron alojamiento. Dos empleados se condolieron de nosotros y aquí estamos instalados en el cuarto de ellos, durmiendo en el suelo y muy alegres.
La famosa Pachuca (que transporta pachucos, vagos) saldrá mañana domingo de este puerto. Ya tenemos cama. El hospital es una confortable casa donde se puede dar una correcta atención médica y cuyas comodidades varían según la categoría de la persona que trabaja allí, en la compañía. Como siempre, se deja ver el espíritu de clase de los gringos.
Golfito es un verdadero golfo, bastante profundo, ya que entran perfectamente buques de 26 pies con un pequeño muelle y las casas necesarias para que se alberguen como puedan los 10.000 empleados de la compañía. El calor es grande, pero el lugar muy bonito. Cerros de 100 metros se levantan casi en la costa, con laderas cubiertas de vegetación tropical que sólo cede cuando el hombre está constantemente sobre ella. También la ciudad está dividida en zonas bien definidas hasta con guardianes que pueden impedir el paso, y, por supuesto, la mejor zona es la de los gringos. Se parece algo a Miami pero naturalmente que los pobres no están en el mismo lugar y se ven impedidos entre las cuatro paredes de sus casas y el estrecho grupo que forman. la comida corre a cargo de un buen muchacho y ya buen amigo: Alfredo Fallas.
Medina es el compañero de pieza y también buen tipo. Uno, tico, es estudiante de medicina, el padre médico; el otro nica, maestro, periodista que se desterró voluntariamente para huir de Somoza.
La Pachuca salió de Golfito a la 1 de la tarde y nosotros con ella. Ibamos bien cargados con comida para los dos días de viaje. En la tarde se puso el mar un poco bronco: la Río Grande, que es su verdadero nombre, empezó a volar. Casi todo los pasajeros incluyendo a Gualo empezaron a vomitar. Yo me quedé afuera con una negrita que me había levantado, Socorro, más puta que las gallinas, con 16 años a cuestas.
Quepos es otro puerto bananero, hoy bastante abandonado por la compañía pues se han debido sustituir las plantaciones de banano por cacao y palma aceitera que da menores dividendos a la compañía. Tiene una playa muy bonita.
Entre quiebros y remilgos de la negrita pasó todo el día, llegando a Puntarenas a las 6 de la tarde. Allí debimos esperarnos buen rato porque se escaparon 6 presos y no los podían encontrar. Fuimos a una dirección que nos había dado Alfredo Fallas con una carta de él para un señor: Juan Calderón Gómez.
El tipo se portó a las mil maravillas y nos dio 21 colones. Llegamos a San José reviviendo la sentencia despectiva de un charlatán porteño: “Centroamérica son estancias, tiene la estancia Costa Rica, la estancia de Tacho Somoza y así”.
Una carta de Alberto con lujuriosos viajes en la imaginación me vuelven a dar ganas de verlo. Según sus planes se va en marzo a Estados Unidos.
Aquí iniciamos tiro al aire y al blanco. En la embajada nos dan yerba. Los amigos anotados no parecen servir para un carajo, uno es director y espiquer de radio, un boludo. Mañana trataremos de entrevistarnos con Ulate.
Un día pasado a medio pedo. Ulate no nos podía atender porque estaba muy ocupado. Rómulo Betancourt se había ido al campo. Pasado mañana saldremos en el Diario de Costa Rica con fotos y todo y una sarta de macanas enormes. No conocimos a nadie de valor pero nos encontramos con un tico, ex pretendiente de Luzmila Oller que nos presentó a otra gente. Mañana tal vez conoceré el leprosorio de Costa Rica.
Conocí dos personas excelentes pero no el leprosorio. Al doctor Arturo Romero, persona, persona de vasta cultura ya retirado de la dirección del leprosorio por intrigas y al doctor Alfonso Trejos, investigador de escuela y muy buena persona. Visité el hospital y recién mañana el leprosorio. Tenemos un día bravo. Charlar con un cuentista y revolucionario dominicano: Juan Bosch y con el líder comunista costarricense Manuel Mora Valverde.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 14 junio 2008.