¿“Moralizar” la economía?
Jorge Arturo Chaves | jachaves@cedi-op.org
Hay que volver a dar a la dimensión humana todo su puesto en la economía
sacerdote Dominico, economista
En el tradicional saludo de Año Nuevo, Nicolas Sarkozy, tras evaluar el difícil 2008 que estaba terminando, declaró: “Francia ha exigido cambios para moralizar el capitalismo” (Le Monde, 31/12/08) . Pocos días después, el editorialista de La Nación (10/01/09) retoma la frase, la califica de “retóricamente estimulante”, indica que “debe abordarse en su justo significado” y agrega: “Porque ‘moralizar’ al capitalismo, entendido en su estricta dimensión económica, no es una pretensión lógica. Al contrario, lo que más conviene al mundo –sobre todo a sus sectores más pobres– es que el capitalismo desarrolle cada vez mayores posibilidades de eficiencia y buena asignación de recursos; es decir, que funcione bien como sistema económico”.
Moral y economía. ¿Qué se puede pensar de una y otra posición? Hablar de “moral” en economía ¿es solo mera expresión retórica? Si por “moralizar” se entiende solo predicar buenas costumbres, sobre todo a partir de un ejemplo ilustrativo, sin duda que nos quedamos apenas en el campo del buen decir, de la expresión bien intencionada.
Sin embargo, el presidente francés hablaba de algo más, algo que puede llamarse con más acierto “insertar valores éticos en la economía”; es decir, tanto en la empresa pública como en la privada. ¿De qué se trata? Sarkozy se refería al menos a dos cosas. Una, al comportamiento personal de quienes participan en la actividad económica, que deberían priorizar, según él, la producción por encima de la especulación. Otra, a las sanciones que debe establecer la sociedad sobre quienes cometen “excesos inaceptables”. No obstante, hay una tercera que sugiere el dirigente galo con una interesante expresión que, sin embargo, no llega a explicar: se trata, dice, de “volver a dar a la dimensión humana todo su puesto en la economía”.
¿Cómo se logra esto? ¿Se puede hablar de una “economía humana” versus otra que no lo es? Para el editorialista de La Nación , las dimensiones morales pertenecen al orden político, social y de normas de conducta que rigen las relaciones entre seres humanos. Es decir, a lo que podría llamarse el entorno, el marco externo a la economía, pero no a su interior. Pareciera que en esa visión se concibe lo económico como una esfera autónoma, regida por leyes y mecanismos propios meramente técnicos, cuyo buen funcionamiento no contempla intervenciones, y solo apunta a lograr eficiencia y buena asignación de recursos.
Sin duda que hay mucha razón en lo primero, al afirmar que un sistema económico no puede funcionar bien, es decir, no puede producir bienestar humano para todos, si no se encuadra en un marco político, social y de conductas personales adecuado. Esto ya sería bastante. Sin embargo, la cosa va más allá. La economía como sistema no es un espacio meramente técnico, donde solo existe un conjunto de herramientas neutras que, si se las deja solas, producen por sí mismas buenos resultados.
Dimensión humana. La economía es ante todo un conjunto de relaciones entre personas que no obedecen a mecanismos autónomos y ciegos, sino que libremente toman decisiones para lograr determinados objetivos y, al hacerlo, se interrelacionan entre sí.
Y ese conjunto de opciones, realizado conforme a intereses propios –en última instancia, susceptibles de juicio ético social–, son los que se materializan en un entramado de relaciones económicas, a las que luego se les dan nombres de variables y categorías científicas.
Detrás de estas, por ejemplo: de la oferta y demanda de productos, servicios o dinero, o detrás del capital como factor de producción organizador de los demás factores de una empresa, o detrás de las políticas públicas de apertura comercial, o del campo fiscal y tributario, lo que hay siempre son personas tomando decisiones económicas conforme a sus propias valoraciones.
Es de estas acciones personales, no del funcionamiento automático de herramientas neutras, de donde puede derivarse para un país, no solo eficiencia y productividad, sino también una distribución equitativa de beneficios y un uso racional de la naturaleza. Aunque a menudo producen todo lo contrario: acumulación abusiva de riquezas y destrucción de la naturaleza.
Por eso, Sarkozy tiene razón: hay que volver a dar a la dimensión humana todo su puesto en la economía. Es decir, hay que lograr que las decisiones económicas, tanto en el ámbito público como en el privado, a la hora de organizarse, lo hagan de tal manera que no solo produzcan bien, sino para el beneficio y disfrute de todos, incluyendo a las generaciones futuras.
Esto equivale a afirmar que, dentro de la economía misma, dentro de las prácticas económicas, deben ocupar un lugar los valores éticos de equidad, solidaridad, libertad y justicia.
periódico La Nación 23 enero 2009.

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