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RESONOCO

Categoría: Pol

29/01/2009 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 01:22

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Los Mesías no bajan a la tierra por casualidad, ni por diversión, ni para cumplir con algún ritmo histórico. Se dice que los Mesías en el judaísmo, que los avatares en el hinduismo, vienen al mundo cada vez que el ser humano los necesita porque han desestabilizado tanto la vida correcta, que Dios en su inmensa piedad, los envía para ayudarnos a volver al sendero apropiado.

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Desde ese punto de vista, el mundo entero está observando el advenimiento de la presidencia de Barack Obama, como algo mesiánico. Se espera de él que restituya la economía, la seguridad nacional y el prestigio internacional de su país. Se espera que restaure la confianza del rico y la esperanza del pobre y que de antemano, no utilice la guerra para ningún propósito.

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No sé cuántos presidentes de los Estados Unidos en el siglo que terminó, vivieron en la pobreza alguna vez en su vida. Si esto es difícil en Costa Rica, menos en un país en donde son los anillos del capitalismo puro los que ponen a sus líderes. En nuestro país, en los últimos sesenta años, solo Luis Alberto Monge salió de vender cachivaches en el Mercado Central a la silla presidencial. Y si solo un ejemplo existe en un país pobre, ¿cómo esperarlo en el país más rico del mundo? Es que la sociedad racista desconfía del negro, de sus intenciones, y la clasista desconfía del pobre, de sus ideas. Y los Estados Unidos tiene de ambas. Y Obama venció a las dos.

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Nos preocupa ese sentimiento de mesianismo, aunque humano y no divino, que se le atribuye al nuevo presidente. El mismo no ha prometido ningún “nuevo amanecer”. Ha demostrado ser cauto y noble, hábil e inteligente. Pero eso no basta para poder levantar la economía de una potencia y con ella, recostada, la del mundo entero. Como lo reconoció en su discurso de ayer, la catástrofe económica de su nación tiene que ver con la codicia aunada al poder, de muchos; poder tan grande que logró pasar sin que se encendieran las luces amarillas que fiscalizan sus finanzas. ¿Cómo, un nuevo hombre, puede detener esa ola que ha tomado fuerza? ¿Cómo encontrará los botones escondidos que disparan las balas en contra de una economía controlada y pura?

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Los poderes de Obama son limitados y su aura es más la esperanza de millones que la experiencia probada de un líder.

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Veámoslo así, como el líder. Nada más.
periódico La Prensa Libre 21 enero 2009.

Los peligrosos juegos de Putin

marfuerte @ 01:17

Jaime Daremblum

¿Cómo afectará la crisis económica a la política exterior rusa?
Politólogo

Resulta desalentador, aunque no sorprendente, que Rusia haya recurrido una vez más al chantaje energético –interrumpiendo el envío de gas natural a Ucrania– con el fin de intimidar a una democracia prooccidental y asustar a la Unión Europea, que obtiene de Rusia aproximadamente la cuarta parte de su abastecimiento de gas. Aunque Vladimir Putin ahora es el “primer ministro” ruso y no su presidente formal, todavía es el líder a cargo. Por varios años, Putin ha seguido una estrategia múltiple encaminada a restablecer su país como un poder mundial. Ha procurado atraer de nuevo a la esfera de influencia de Rusia las antiguas posesiones de la era soviética, intimidar a Occidente y reforzar los regímenes antiestadounidenses en todo el mundo, incluidos los Gobiernos de Venezuela e Irán.

Mientras desarrollaba esta política exterior, Putin ha debilitado gradual pero dramáticamente las instituciones democráticas en su país. Este juego parecía estar funcionando bien cuando los precios de los energéticos escalaban por las nubes y las arcas del Kremlin estaban repletas. Sin embargo, ahora que dichos precios han bajado sustancialmente y la crisis financiera se ha propagado, Moscú podría enfrentar pronto un derrumbe económico que repercutiría inevitablemente sobre su política exterior.

Imperialismo ruso. Putin, que una vez calificó el fracaso de la Unión Soviética como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo”, ha evidenciado la intención de Moscú de dominar antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia y colocarlas dentro de una órbita antioccidental. Ambos países desean unirse a la OTAN y a la Unión Europea. El Kremlin ha respondido con diversas formas de intimidación, incluyendo una beligerante retórica, el chantaje energético (caso de Ucrania), y la invasión militar en gran escala de Georgia el pasado mes de agosto luego de una larga controversia sobre dos provincias separatistas apoyadas por Moscú.

La muscular política exterior seguida por Rusia va mucho más allá de Ucrania y Georgia. En el 2005, Moscú acordó venderle a Irán sistemas de defensa aérea por un valor superior a los $700 millones. En setiembre del 2008, el periódico The Times de Londres informó de que “El jefe de la agencia [rusa] exportadora de armas dijo que estaba negociando vender sistemas antiaéreos a Irán a pesar de objeciones estadounidenses”. Rusia además ha estado construyendo la central nuclear iraní de Bushehr, con un costo de mil millones de dólares, que aparentemente está a punto de ser finalizada.

En América Latina, Moscú ha abrazado al venezolano Hugo Chávez, que ha adquirido más de $4 mil millones en armas rusas durante los últimos años, incluyendo submarinos y aviones de combate. A finales de noviembre, Rusia acordó ayudar a Venezuela a construir un reactor nuclear.

Si el régimen de Chávez tuviese tecnología nuclear sería bastante peligroso en sí mismo; pero esto se agrava por el hecho de que Venezuela –igual que Rusia– tiene estrechas relaciones con la teocracia iraní. Poco después de que Rusia y Venezuela firmaron ese pacto nuclear, sus fuerzas navales comenzaron ejercicios militares en el Caribe.

Moscú también se ha acercado más a Cuba, su viejo cliente de la era soviética, en busca de reavivar vínculos económicos y militares. El mes pasado, informó la agencia Reuters , “un barco de guerra ruso navegó en la bahía de la Habana… por primera vez desde el colapso de la Unión Soviética en 1991”. El presidente ruso Dmitri Medvedev visitó la isla a finales de noviembre y se reunió con los dos hermanos Castro.

Descalabro económico. La agresiva política exterior rusa fue facilitada por su riqueza petrolera sin precedentes. Sin embargo, la reciente caída en los precios ha expuesto la debilidad fundamental de su economía.

“Con los precios actuales de las materias primas”, escribe el economista Anders Aslund, “las exportaciones del país [en 2009] podrían caer un 40% en dólares corrientes, es decir, en $200.000 millones. Los superávits del presupuesto y de la cuenta corriente se convertirán rápidamente en déficits”.

La beligerante política exterior del Kremlin tampoco ha ayudado. Aun cuando los precios del barril de petróleo estaban muy por encima de $100, los inversionistas comenzaron a abandonar Rusia, asustados por la guerra con Georgia y por inquietudes sobre inestabilidad política.

Las tropas rusas invadieron Georgia el 7 de agosto. Según los datos del banco central, Rusia perdió alrededor de 16.400 millones de dólares en reservas de divisas durante la semana del 8 al 15 de agosto.

Al combinarse el mal manejo de Putin con la dramática caída en los precios de las materias primas y la reducción en la actividad económica mundial, Rusia podría afrontar graves problemas. Las protestas recientes en Vladivostok, suprimidas brutalmente por la policía, podrían presagiar las cosas por venir. El Kremlin espera que los precios de la energía vuelvan a subir antes de que el desasosiego se extienda. Pero ¿y si no es así?

Una Rusia debilitada tendrá menos dinero para desperdiciar apoyando a gobiernos paria. Por otro lado, si se derrumba la economía rusa y la estabilidad del régimen es amenazada seriamente, Putin podría provocar adrede una nueva crisis de externa para desviar la atención.

Una cosa sí parece estar muy clara: en el 2009, Vladimir Putin causará abundantes dolores de cabeza a la nueva Administración Obama.

Jaime Daremblum es director del Centro de Estudios para América Latina del Hudson Institute en Washington D.C.
periódico La Nación 21 enero 2009.

Gaza: el problema sigue allí

marfuerte @ 01:12

Ivo Hernández

Politólogo

El conflicto palestino-israelí, tan cruento y perenne como nos pueda parecer hoy, ha estado cerca de soluciones definitivas –y pacíficas– en varias oportunidades. Pero seamos sinceros, respetado lector: la paz, es una ecuación mucho más difícil de plantear, mucho más delicada de resolver, que la guerra. Exige un acondicionamiento cotidiano y más astucia e inteligencia en cada actitud. La paz, aunque a veces esquiva, es nuestro destino.

En la guerra la lógica es binaria: ellos o nosotros. Se parte de conceptos aislados y tribales. En la paz, la lógica es poligonal. La integración y la tolerancia son la norma. No hay verdades fáciles y concluyentes, salvo los derechos del hombre y los pueblos. En vez de blancos y negros en paz, la vida discurre en caminos intermedios sudados por concertación. Pero hay un drama que favorece la guerra: esta puede dar réditos políticos más rápidos que la paz. También da algunos beneficios económicos. Pero dije réditos más rápidos, no más duraderos.

Política de los duros. En estos momentos, volviendo al drama que sucede en Gaza, la política, tanto del bando palestino como del bando Israelí, la hacen los duros o los que quieren parecerlo. Recordemos: Israel es una democracia parlamentaria con representación proporcional en su asamblea (Knesset) lo que da a los sectores religiosos y extremistas un peso político definitivo en términos reales (cerca de un 20%). Estos sectores son en parte responsables de un control de la Iglesia sobre el Estado tal que muchas condiciones civiles, el matrimonio entre ellas, permanecen en circunstancias casi medievales. Dicho en seco: nadie con una agenda moderada puede soñar con gobernar Israel cómodamente pues tiene que deliberar –es una democracia– con los sectores más radicales del espectro político.

En Gaza la cosa no va mejor. Hamás es un movimiento que parte de la negación del Estado de Israel, lo cual desde el comienzo le sitúa en el discurso absurdo de quien ni siquiera reconoce al adversario. Fue un movimiento que se abrió campo atendiendo las necesidades populares más acuciantes, mientras las acusaciones de corrupción del movimiento que dirigía Yaser Arafat –Al Fatah– se amontonaban. Una vez en el gobierno, su gestión en Gaza ha sido lamentable, radicalizando y armando a diversos sectores. Hacia Israel no han cesado los cohetes, muchos de fabricación doméstica, que si bien causan pocas bajas reales, interrumpen el quehacer diario de miles de personas.

El problema es que la guerra no solucionará ninguno de los problemas por los que se iniciaron las acciones bélicas. Al contrario, los agravará pues la agresión sólo lleva a un camino previsible: más agresión. No hay que olvidar que cada cohete, cada bomba, se dispara contra quien será el vecino de al lado por mucho tiempo. La exterminación de cualquiera de los dos lados es imposible. Si la guerra comenzó para frenar a Hamás y a sus radicales, por cada familia destruida innecesariamente muchos verán razones para reforzar la resistencia. Lo desaforado del ataque Israelí, lejos de exponer un ejercito cohesionado, muestra vacilaciones ante un enemigo esquivo y no permeable con metralla.

Economías imbricadas. Un combustible lamentable, además, lo proveen las comunidades de ambos bandos en el exterior. Ellas fomentan un desencuentro del que poco comprenden, y sobretodo, del que están cotidianamente muy lejanos. Ambos bandos poseen colectividades en varios países que financian las confrontaciones porque no las viven. La realidad es otra y está a mano: las economías de Palestina e Israel se hallan tan imbricadas entre sí que ya no son posibles una sin la otra.

¿Cuál es la solución? La menos estruendosa, pero, a la larga, la más duradera. La que entienden los moderados de ambos bandos. Buscar la paz posible que empieza por el reconocimiento mutuo. Además, de esa paz vendrá el desarrollo económico que hará por esa deprimida región mucho mas que las asistencias perennes de Estados Unidos o Europa. En paz, veremos por fin el despegue económico de Israel y Palestina como actores de la que será una región muy activa en este siglo: el Mediterráneo.
periódico La Nación 21 enero 2009.

28/01/2009 GMT 1

Una nueva era de responsabilidad

marfuerte @ 01:46

Barack Obama | Traducción de la Agencia EFE. @nacion.com

Extracto del discurso de la toma de posesión de Barack Obama, el 20 de enero del 2009
Presidente de los EE. UU.

Compatriotas: Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.

Ya son cuarenta y cuatro los norteamericanos que han hecho el juramento presidencial. Estas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y aguas tranquilas de la paz. Y, sin embargo, a veces el juramento se hace en medio de nubarrones y furiosas tormentas. En estos momentos, Estados Unidos se ha mantenido no sólo por la pericia o visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de norteamericanos.

Que estamos en medio de una crisis es algo muy asumido. Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerzan a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta. Estos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible, pero no menos profunda, es la pérdida de confianza en nuestro país, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.

Graves desafíos. Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente. Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.

Camino de lucha. Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo. Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan solo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas, algunos de ellos reconocidos, pero más a menudo hombres y mujeres desconocidos en su labor, los que nos han llevado hacia adelante por el largo, escarpado camino hacia la prosperidad y la libertad.

Este es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.

Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no solo para crear nuevos empleos, sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.

Todo esto podemos hacerlo. Y todo esto lo haremos.

Algunos cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones y sugieren que nuestro sistema no puede tolerar demasiados grandes planes. Sus memorias son cortas. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad a la valentía. Lo que no entienden los cínicos, es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado tiempo ya no sirven.

Allende las dicotomías. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona. Allí donde la respuesta es sí, seguiremos avanzando, y allí donde la respuesta es no, pondremos fin a los programas. Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque solo entonces podremos restablecer la confianza vital entre un pueblo y su Gobierno.

La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no solo del tamaño de nuestro producto nacional bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por caridad sino porque es la vía más segura hacia el bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia.

Nuestro patrimonio. Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegemos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justeza de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención. Somos los guardianes de este patrimonio. Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo, incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Iraq, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.

Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y a aquellos que pretenden lograr su fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.

Respeto mutuo. Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino adelante, basado en el interés mutuo y el respeto mutuo. A aquellos líderes en distintas partes del mundo que pretenden sembrar el conflicto, o culpar a Occidente de los males de sus sociedades: sabed que vuestros pueblos os juzgarán por lo que podéis construir, no por lo que destruyáis.

A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tenéis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia; pero os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño.

A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.

Al contemplar la ruta que se despliega ante nosotros, recordamos con humilde agradecimiento aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos, al igual que los héroes caídos que yacen en (el cementerio nacional de) Arlington susurran desde los tiempos lejanos. Les rendimos homenaje no solo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino también porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Sin embargo, en este momento –un momento que definirá una generación– es precisamente este espíritu el que tiene que instalarse en todos nosotros. Por mucho que el Gobierno pueda y deba hacer, en última instancia esta nación depende de la fe y la decisión del pueblo estadounidense. Es la bondad de acoger a un extraño cuando se rompen los diques, la abnegación de los trabajadores que prefieren recortar sus horarios antes que ver a un amigo perder su puesto de trabajo, lo que nos hace superar nuestros momentos más oscuros.

Fuerza silenciosa. Nuestros desafíos podrán ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrán ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito –el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo– esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades. Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo, deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.

Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo - por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada; por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.

Palabras eternas. Así que, señalemos este día haciendo memoria de quiénes somos y de lo largo que ha sido el camino recorrido. En el año del nacimiento de América, en uno de los más fríos meses, una reducida banda de patriotas se juntaba ante las menguantes fogatas en las orillas de un río helado. La capital se había abandonado. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó que se leyeran al pueblo estas palabras:

“Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir... la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso”.

América, ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que, cuando fuimos puestos a prueba, nos negamos a permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.
periódico La Nación 21 enero 2009

EL LEGADO CUBANO

marfuerte @ 01:42

Rafael Hernández

A finales de los 80, un relevante sociólogo cubano-americano, de regreso por primera vez a su país de origen, me confesaba: “Yo creía que ustedes eran más rusos”. Acercarse al legado de la revolución requiere, al menos, quitarse esas lentes ahumadas, para poder mirar a la Cuba real, cubierta por una nube de interpretaciones y verdades aceptadas, que no se ha borrado

Detrás de esa frase sorprendente está una vieja idea, parte del legado con que se sigue mirando a Cuba: la revolución traicionada desviada de su camino verdadero por los Castro y Che Guevara, que supuestamente la entregaron a Moscú y a los viejos comunistas en 1960. Durante sus primeros treinta años de vida, sin embargo, el socialismo cubano sólo se vino a situar en paralelo con el soviético entre 1972 y 1985; antes y después, intentó un camino propio, que llegó incluso a criticar acerbamente aquellos otros socialismos. Para muchos cubanos que todavía lo recuerdan, era impensable entonces que las tropas del Pacto de Varsovia marcharan por las calles de La Habana, como por Budapest o Praga; también lo es que ahora se compare aquellos socialismos con el de la isla, distinto en su origen, ideología, textura social y cultural. Con sus errores y virtudes, lo han reivindicado siempre como un producto nacional. Las implicaciones de esta autorrepresentación atañen a todos los cubanos, incluso a los que no vivieron los años de la guerra fría. Viejos y jóvenes coinciden en que problemas actuales como el hipercentralismo, la burocratización, el verticalismo institucional, la recarga ideológica de los medios de difusión, el estadocentrismo, son resabios indeseables del socialismo real que también padece el cubano. Si la marca de éste no es foránea, las ideas de cómo transformarlo tampoco habría que importarlas, sea de China, Vietnam o Venezuela; mucho menos de la farmacología europea, por no hablar de los laboratorios de Florida.

Aquella consigna de la revolución traicionada, muy popular en la Casa Blanca de los Kennedy, tuvo otro efecto que dura hasta hoy. Enarbolándola, se pudo invadir Cuba en 1961, amenazarla con armas nucleares en 1962, plagarla luego con ataques terroristas, y hasta hoy bloquearla económicamente, antagonizarla con medios diplo-militares y caricaturizarla con la paleta de la guerra psicológica. Todo en nombre de la democracia y la libertad, y en contra del comunismo ateo. Ese acoso perpetuo que hizo surgir en la isla el síndrome de la fortaleza sitiada, sigue incluyéndola en la lista de países terroristas e impone como condición para terminar la guerra fría entre los dos países las recetas democratizadoras de la Ley Helms-Burton, que estarán en vigor todavía, por cierto, cuando tome posesión la próxima Administración Obama. Ese síndrome cíclicamente renovado mantiene una predisposición defensiva que no facilita la democracia y la libertad de expresión. El lastre antidemocrático depositado por la hostilidad de EE UU también es parte del legado histórico con el que tiene que lidiar hoy la sociedad cubana.

¿Qué queda entonces de aquella épica revolucionaria donde surgieron los mitos vivientes de Fidel Castro y el Che, de las ideas de construir en paralelo el socialismo y el comunismo, el hombre nuevo, la sociedad de los iguales, “crear dos, tres, muchos Vietnam”? La respuesta instantánea podría ser nada o muy poco. Pero las respuestas instantáneas son más bien propias de la televisión. Si se trata de ir al fondo de las cosas, lo primero es considerar que bajo el arco de épocas diversas, encrucijadas y turbulencias mundiales de estos 50 años, Cuba también ha cambiado y tiene menos que ver con la de 1960 que los propios Estados Unidos. La manera de pensar el sistema político y la democracia, así como la vida diaria en los últimos veinte años, ha evolucionado más en la isla que en España. Esta última fase de la transición cubana no empezó con la enfermedad de Castro, sino con las transformaciones de los primeros 90, sin las cuales no se puede entender nada, mucho menos el legado real de la revolución.

En su naturaleza viva, contradictoria y cambiante, los cubanos encarnan mejor que ninguna otra cosa la herencia de la revolución

La cuestión de fondo sería: ¿Qué representa hoy el socialismo para los cubanos? ¿Cuán lejos está de las ideas que inspiraron la revolución? Si no se formula como un ordenamiento político y económico específico e inmóvil, sino como un orden cívico de relaciones sociales, una cultura política, un sistema dirigido a lograr una sociedad más justa, la distancia no es tanta. Justicia social, equidad, independencia nacional, soberanía, desarrollo social, democracia popular, libertad, dignificación del ser humano, siguen siendo valores en los que creen una mayoría de los ciudadanos, viejos y jóvenes. Se dirá que en muchos lugares del mundo se comparten estos mismos ideales, que no son privativos de un pensamiento socialista ni de una herencia revolucionaria. La diferencia radica en que no sólo los cubanos de clase media urbana blanca, sino gran parte de la sociedad ha vivido muchas de estas aspiraciones como experiencias concretas o como expectativas. A pesar de la caída del nivel de vida y la insuficiente recuperación desde los 90, la posibilidad de que esos otros ideales no alcanzados plenamente sean algo más que enunciados de la Constitución no se les plantea como un asunto académico, sino como posible y necesario en sus vidas. Incluso los que se deciden a emigrar, están lejos de ser “jóvenes sin ideales, sólo interesados en el consumo”: la mayoría lleva consigo estos valores. Los que se quedan tienen el desafío de redefinir el orden socialista y renovarlo a fondo.

¿En qué medida estos cubanos reales son diferentes a los de hace medio siglo? En su conjunto, son más educados, creen que por el mero hecho de haber nacido tienen derecho a toda clase de servicios sociales, a ser considerados iguales (sean mujeres, negros, pobres o campesinos), a reclamarle al Estado y a decir lo que piensan, a viajar al extranjero (incluso obreros). Han heredado un sentido común según el cual les toca ser felices, piensan con su cabeza y se quejan de casi todo. Gobernarlos es una tarea mucho más compleja que hace 50 años. En su naturaleza contradictoria, viva y cambiante, encarnan quizás mejor que ninguna otra cosa el legado de la revolución.

Foreing Policy. enero 2009.

Tras 8 años salió aBusheado

marfuerte @ 01:32

El periodo en el que George W. Bush presidió los Estados Unidos de América estuvo salpicado de descontento popular.

Adrian Fallas
afallas@vueltaenu.co.crEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
Este martes 20 de enero llegan a su fin los ocho años de mandato de George W. Bush al frente de los Estados Unidos de América.
No cabe duda que el presidente tuvo que enfrentarse a situaciones difí­ciles, como los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001 y una crisis económica mundial.
Pero quizá este sea recordado como un gobierno al que las malas noticias lo siguieron como abejas a la miel.
Bush pasó de ser un mandatario con altos márgenes de respaldo a ser el jefe de estado con el porcentaje de desaprobación más alto en la historia.
De acuerdo con información de Gallup, publicada en su encuesta para la cadena CNN entre el 14 y el 15 de setiembre del 2001, un 90% de la población aprobaba su trabajo.
En el otro lado de la moneda, para octubre del 2008, American Research Group informó que un 75% de las personas veí­a con malos ojos el gobierno de Bush.
Estos cambios en los sentimientos de los estadounidenses, y del mundo en general, marcaron un periodo que será recordado por mucho tiempo.
Por eso, Vuelta en U hace un recuento de su gestión, año por año.
2001, el primer año
Bush llega al gobierno luego de una discutida elección, en la cual hubo que hacer varios recuentos de los votos en el estado de Florida.
En abril de ese año firma un recorte de impuestos para las grandes corporaciones de $1.65 trillones.
El 11 de setiembre, Al-Qaeda ataca a los EE. UU. y Bush y el Congreso aprueban el Acta Patriótica para combatir el terrorismo.
Además, retiró al paí­s del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático.
Pensando en la guerra
En junio del 2002 Bush deja claro que tiene como plan realizar una guerra preventiva y que los EE. UU. atacarán antes de ser atacados.
Un año después de los atentados, recibe la autorización del Congreso para utilizar la fuerza militar en contra de Irak y Saddam Hussein.
¿Misión cumplida?
Febrero del 2003 empieza con EE. UU. buscando formar una coalición de naciones dispuestas a comprometerse para una guerra en Irak.
En el mundo millones salen a protestar, pero en marzo las fuerzas norteamericanas invaden el paí­s en búsqueda de armas de destrucción masiva.
En abril, los congresistas aprueban un presupuesto de $79 millones para la guerra, y en ese mes el presidente afirma que se cumplieron los objetivos en la nación del Medio Oriente.
Pero en noviembre del 2003 la batalla continúa y 437 soldados norteamericanos habí­an perdido la vida.
Tortura en Abu Gurayb
En noviembre del 2004 Bush derrotó a John Kerry en las elecciones presidenciales, a pesar de que en abril se conocieron las fotos de los casos de tortura en la prisión iraquí­ de Abu Gurayb, controlada por elementos del ejercito de los EE. UU.
Además, el déficit federal alcanzó un nuevo techo durante setiembre.
2005, segundo mandato
El huracán Katrina devasta Nueva Órleans, mientras que la ayuda estatal tarda en llegar. A 1.836 muertos llega el saldo de la guerra en Irak.
Interpretando la constitución
En abril y octubre del 2006 George W. Bush reafirma su forma de gobernar.
En más de 750 leyes condiciona su aprobación a la posibilidad de realizarles cambios si estas van en contra de su visión de la Constitución.
Además, aprueba un acta que le permite utilizar al ejército como cuerpo policial en caso de emergencia.
El dueño del gobierno
En el 2007, en medio de una economí­a que pierde fuerza, Bush emite una directriz que le permite encargarse de las tres alas gubernamentales en caso de emergencia nacional.
Falta de aprobación
Probablemente el año más duro de su carrera se dio en el 2008.
La economí­a sufre una fuerte desaceleración, en medio de varios intentos por salvaguardar las empresas más grandes y productivas de EE. UU.
La guerra en Irak continúa y los niveles de desaprobación de su presidencia alcanzan niveles históricos.
Es tal vez por eso que hay tantas expecativas sobre el inicio de gestión de Barack Obama. Así­, el mundo espera a que sea mañana.
periódico Vuelta en U. 19 enero 2009.

Ticos tras la receta de Obama en la web

marfuerte @ 01:30

Tras el éxito de Barack Obama en las redes sociales, precandidatos de nuestro paí­s se están apuntando con ellas. Los jóvenes tienen opiniones divididas sobre esta tendencia.

Erika Rojas Rodrí­guez
erika.rojas@vueltaenu.co.crEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
Si a Barack Obama le funcionó, ¿por qué a los ticos no? Atraer simpatizantes mediante redes sociales como Facebook, Hi5, MySpace y Twitter -más allá de estar en contacto con amigos y familiares-, puede ser la idea de muchos de los polí­ticos y precandidatos a la presidencia de la República.
Laura Chinchilla, Fernando Berrocal y Rafael Ángel Calderón Fournier son algunos de los que tienen un perfil en sitios como Facebook. También existen grupos que apoyan a Epsy Campbell y Calderón (que también tiene uno de gente que está en contra de su eventual postulación).
En Twitter, Chinchilla (precandidata del Partido Liberación Nacional) tiene usuario registrado, aunque no es ella la que lo actualiza, sino alguien más en su representación.
Pero existen otros, como el de Óscar Arias, de dudosa procedencia.
“Se crean perfiles falsos que le restan credibilidad a los que sí­ son reales y que están tratando de encontrar en las redes sociales un lugar para hacer campaña”, dijo Carlos Herrera, estudiante de la Universidad San Marcos.
Opiniones divididas
En un breve sondeo cibernético, diferentes puntos de opinión saltaron a la vista acerca del tema. “Cada quien es responsable de su perfil, pero las redes sociales se hicieron con otro fin”, comentó Ramiro Núñez, estudiante.
Agustí­n Rossi considera inteligente la idea de usar estas plataformas con fines polí­ticos. “Están abarcando un mercado distinto y de jóvenes, lo que puede ser una oportunidad para lograr votos”, dijo el estudiante de 21 años.
Pavel Montes, por su parte, afirmó que él “no buscarí­a informaciones de polí­tica en las redes sociales”.
periódico Vuelta en U. 19 enero 2009.

Columna A FONDO

marfuerte @ 01:25

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El Partido Liberación Nacional parece mostrar una enfermedad interna, que se desliza desde su cabeza. Parece, también, que no escarmienta de sus yerros históricos, como aquel que sucedió hace apenas tres años en que suponía que tenía las elecciones nacionales en la bolsa, al jugar con su “As de Oros”, y por poco, un partido político estructuralmente incompleto y basado en un cacicazgo, por muy poco le quita el triunfo. Mientras esa arrogancia haya sido incorporada a sus postulados ideológicos, está expuesto a duros fracasos y a conducir al país por el camino equivocado.

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¿Por qué lo decimos? Ayer los verdiblancos llevaron a cabo sus elecciones distritales para elegir a los miembros que conformarán su Asamblea Plenaria. En todos los cantones, las bases de su partido permitieron lo más sagrado del juego democrático: que todo hijo de vecino que lo quisiera, postulara su nombre.

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Pero si no fuera por la poca bulla que hizo uno que otro carro conducido por los familiares de los postulantes, y por la única publicidad que hizo en los medios la papeleta profesional encabezada por el Dr. Rojas Franco, y uno que otro programa radial como “Tiempos de Cambio” en Radio Columbia, nadie se hubiera enterado. Ni siquiera pusieron a la orden un Centro de Datos para que el votante localizara en dónde tenía que votar, muchos menos animar, mover su poderosa maquinaria, etc.

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¿Por qué no lo hizo? Conociendo la filosofía que se ha instalado en Liberación Nacional, ellos saben que cuentan con toda una estructura del partido puesta a disposición de la precandidatura de doña Laura Chinchilla. Con que votara solo esta estructura, doña Laura se asegura que ganan los puestos aquellos que la apoyan. Abrirse democráticamente, es arriesgar a perder.

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Entonces, ¡al carajo la democracia! El fin justifica los medios, según estos nuevos mercenarios políticos, arribistas del triunfalismo. Ellos saben que la decrepitud actual de los demás partidos políticos les hace prever una fiesta en 2010. Y así, no fueron capaces de fortalecer con honestidad ni dignidad las elecciones de ayer domingo.

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No les interesa el país, ni estructurar su partido para el futuro. A ellos les interesa garantizarse un lugar en la “ubre” del gobierno.
periódico La Prensa Libre 19 enero 2009.

27/01/2009 GMT 1

La columna de Jaime Ordóñez

marfuerte @ 02:02

La tierra del futuro
No hace mucho tiempo (yo diría que no más de quince o veinte años), muchos pensábamos que la tierra del futuro sería aquella de la diversidad étnica, religiosa, cultural. Pero pensábamos que todavía estaba muy lejos. Todavía tengo grabada en la retina de mi infancia la dolorosa segregación de Alabama, el asesinato de Luther King, las persecuciones del Ku-Klus Klan de los años sesenta y primeros setenta. Pero, sin ir muy lejos, cuando niño mis mayores me contaban que en Costa Rica (esa chauvinista y supuestamente centenaria democracia ejemplar) la calle de los Negritos fue hasta mediados del siglo XX el retén de los provenientes de Limón, vedados a traspasar el resto de San José. O que, asombrosamente, algún Country Club del oeste de nuestra ciudad prohibía hasta hace poco tiempo (¿o aún lo prohíbe?) la entrada a determinadas personas por su color de piel o su proveniencia religiosa.

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Pero sin darnos cuenta, poco a poco, hemos llegado a la tierra del futuro. Estoy arribando aquí al aeropuerto de Dallas, Texas, pocos días antes de la asunción a la presidencia de los EEUU de ese hombre mulato llamado Barack Obama y en los pasillos de migración de este gigante lugar, en la zona de aduana— en la ciudad misma de Dallas, la cual he ido a visitar unas horas mientras espero mi próxima conexión aérea— esto es un hervidero de colores, de pieles, de lenguajes distintos. Hay una cierta efervescencia en el ambiente, una cierta sonrisa en las mujeres y hombres negros, mulatos, latinos, asiáticos, indios, etc., en fin, de toda esa maravillosa diversidad de inmigrantes que hoy pueblan este país. Esa sonrisa significa algo muy simple. De la noche a la mañana están adquiriendo carta de ciudadanía plena.

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La alegría de esos hombres y mujeres es justificada: si Barack Obama, ese hombre mulato es hoy presidente de la principal potencia del planeta, significa que algo ha cambiado en el mundo y que—a fin de cuentas—nadie es menos que nadie. Se sienten ciudadanos de primera clase. Todo el mundo, de repente, es de primera clase. Pero hay otra sensación que flota en el aire. Nadie se siente amenazado por lo que está pasando, ni los blancos caucásicos, ni los wasp de ojos azules ni pelo rubio. Todos asumen el cambio como algo natural, como parte de un proceso lógico de evolución de nuestra cultura y nuestra civilización. Es el futuro que llega, de repente.

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Tiene un poco de gracia que este cambio venga de los EEUU, y no de la culta Europa (donde, hasta nueva noticia, todos los primeros y primeras ministras siguen siendo blancos), ni de la racista y excluyente América Latina que (salvo la excepción de Evo Morales), sigue eligiendo gobernantes blancos, en un Continente básicamente mestizo e indígena. Tiene gracia y demuestra que los sociólogos de la cultura del siglo XX tenían razón. Los cambios—para bien o para mal—vienen siempre del centro a las periferias. Por lo pronto, esta sensación de diversidad y alegría es hermosa. Lo puro no tiene futuro, decía en una canción un grupo de rock español. Y tenía razón.—
Diario Extra 19 enero 2009.

Columna Ojo Crítico

marfuerte @ 01:59

Rodolfo Cerdas

politólogo

Se ha hecho bien en acordar el reexamen del proyecto de seguridad, aunque haya mucha necesidad y urgencia de aprobarlo. Legislar a la carrera, pensando en la opinión pública y no en la gravedad y cuidado de una normativa de tal calibre, conduce a cometer errores y graves desatinos.

Legislar es una tarea seria y de mucha responsabilidad, que exige claridad y precisión, respeto y coherencia con el sistema democrático en su integridad. Por eso, el diputado debe legislar bien y apoyarse en personas realmente conocedoras del tema, de la doctrina, del conjunto del sistema penal y de sus conexiones con el régimen democrático. La precipitación, la ignorancia y el menosprecio a los valores y principios esenciales del sistema han conducido a promulgar muchos galimatías inconstitucionales.

El deterioro legislativo es, además, institucional. No se debate ni se analiza, y ni siquiera se confrontan ideas y propuestas. Más aún: como la Constitución les exige hacer quórum y no cumplen, en vez de rectificar su inexcusable conducta, quieren cambiar la Constitución para doblegarla a su desidia e incumplimiento. Dicen: “Hasta con la sala vacía, un senador de Estados Unidos hace discursos sobre un proyecto”. ¿Se imaginan aquí? Tal sistema acabaría con la actual caricatura de discusión y de control político, y dejaría legislar solo a una élite maniobrera.

En EE. UU., en vez de debates y discusiones, lo que hay son arreglos entre líderes. El congresista está sometido al presidente de su comisión, al líder de su bancada, a los jefes partidarios e, incluso, al Ejecutivo. El sistema es totalmente elitista y la subordinación del diputado se da incluso por antigüedad. Cuando en 1960 pregunté por qué en unas comisiones se podía fumar y en otras no, la respuesta fue que eso dependía del gusto del presidente de la comisión. Esto es parte de su antediluviano régimen electoral, que permitió la elección de Bush no por una mayoría –que apoyó a su adversario–, sino por maniobras en la Corte Suprema y en la Florida, donde su hermano era gobernador y muchos negros no fueron inscritos. Por eso Roosevelt tuvo que negociar el voto de los delegados electorales de Nueva York con el mafioso Lucky Luciano.

Aquí los diputados remolones aparecerían en el plenario cuando, como borregos, los llamen a votar como les manden. Mientras el pueblo pide debates de calidad y razón patriótica en las decisiones, le recetan más rebañismo, más irresponsabilidad y peor sistema. Olvidan que se les paga para que trabajen y sesionen allí. Si no pueden, o no quieren, pues que se vayan. Pero, si de verdad su presencia no se necesita, entonces ¿para qué tantos?
periódico La NAción 18 enero 2009

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