Julio 1, 2008 Semanario Universidad 08-05-08
* La soberanía alimentaria fue menos importante que las "ventajas comparativas", para los gobernantes de los últimos 25 años.
El desmantelamiento del sistema productivo nacional promovido por los gobiernos de los últimos 25 años -en acatamiento a lo que
dictaban los organismos financieros internacionales-, hoy le pasa la factura al país, que se ve enfrentado a los altos precios
internacionales de los granos básicos y a una producción local insuficiente.
Ante la crisis mundial de alimentos que se cierne sobre el mundo, resulta paradójico que un organismo financiero como el Banco
Mundial se convierta ahora en el que encienda las luces de alarma y llame a recuperar la producción de granos básicos (véase "Crisis
con causas diversas").
En Suiza, a Jean Ziegler -relator especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en materia de alimentación- no le tembló la
voz para culpar al Fondo Monetario Internacional (FMI) por la crisis mundial. Esto ocurrió el 29 de abril pasado, durante una reunión de
27 agencias humanitarias del mencionado organismo, para analizar la difícil situación.
En el ámbito local, el presbítero Miguel Picado fue tajante al referirse a las políticas neoliberales ejecutadas por los gobernantes de los
últimos 25 años, pues afirmó durante la homilía del reciente Día Nacional del Campesino (17 de abril), que con los problemas actuales
de alimentos, "la jarana sale a la cara".
El líder del Partido Acción Ciudadana (PAC), Ottón Solís, también externó un criterio parecido a Picado, al recordar que hace cinco
lustros "políticos y economistas de ambos partidos tradicionales, copiaron el recetario de los organismos sin ningún cuestionamiento y
comenzaron a tratar la agricultura de granos nacional como un estorbo".
Cabe recordar que Solís fue nombrado Ministro de Planificación Económica en la primera administración de Óscar Arias Sánchez, y
renunció por discrepar de los Programas de Ajuste Estructural (PAE) y las políticas económicas que implicaban desarticular la
estructura productiva de los pequeños y medianos agricultores.
Al miembro de este sector, Guido Vargas -secretario general de la Unión Nacional de Pequeños y Medianos Productores Agrícolas
(UPANACIONAL)-, no se le olvida que hace 25 años se comenzó a promover la política de "la ventaja comparativa", que consistía en
comprar los granos y otros productos en países donde fueran más baratos, gracias a los subsidios y a sus tecnologías de producción
más avanzadas.
Un criterio discrepante expresó Álvaro Sáenz Saborío -presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA)-, quien
piensa que los PAE que arrancaron hace 25 años fueron beneficiosos para los productores nacionales y que en la actualidad no hay un
problema de escasez, sino de precios internacionales altos.
Por su parte, el Gobierno anunció el 30 de abril un plan general que dedicará ¢7.000 millones a la reactivación de los cultivos de granos
como arroz, frijoles y maíz blanco.
"JARANA SALE A LA CARA"
Acerca de la "semilla" que originó la situación actual de alimentos, el presbítero Miguel Picado hizo un recuento en su homilía de las
acciones de los últimos gobiernos que han incidido.
En su recuerdo está fresco que "durante los últimos 25 años, los sucesivos gobiernos han menospreciado al campesinado. Han
disminuido de manera lenta pero constante las funciones del Consejo Nacional de Producción. El Ministerio de Agricultura y Ganadería
casi desaparece para dar lugar a un Ministerio de Producción. Los bancos estatales dejaron de financiar a los pequeños y medianos
agricultores con préstamos ofrecidos en condiciones preferenciales, las que se necesitan para emprender actividades productivas tan
riesgosas como las agropecuarias".
El presbítero fustigó a un director del Banco Central, quien "por años defendió que la mejor defensa de la soberanía alimentaria del país
consiste en buenas cuentas en dólares para importar arroz, frijoles, trigo, maíz, soya. Mejor no sembrar para el consumo interno, sino
para exportar flores, frutas, helechos."
Para Picado, en el fondo de esa política había un profundo desprecio por los agricultores nacionales, por su cultura y esfuerzo. Se
ignoraba adrede que los productores de granos de Estados Unidos eran subsidiados por el gobierno, y que a los nacionales el
gobierno les daba la espalda.
"Por ese camino -agregó- se cometió un agricidio; es decir, se buscó la muerte de la cultura de nuestros agricultores, que son la base
de la nacionalidad costarricense y la base de la Iglesia. Los campos se fueron despoblando poco a poco. Las parcelas malbaratadas".
Ante esta situación, el religioso lamentó que muchos campesinos emigraron a las ciudades, a engrosar los barrios pobres. Unos se
marcharon a Estados Unidos -en situación de ilegalidad casi siempre- y otros son ahora peones en las tierras que hasta hace poco
eran de su propiedad: "Siembran piña para la exportación , donde antes cosechaban para el consumo interno, nacional".
Picado sostuvo, en su homilía, que "a los directores de la economía nacional nada de eso les importó. No fueron capaces de entender
que la economía tiene que estar al servicio de los seres humanos y no a la inversa. Los economistas neoliberales se cerraron a todo
consejo, pues los enceguecía el oropel de sus teorías economicistas y trataban de ignorantes a nuestros campesinos".
"Pero el orgullo siempre se paga caro y la jarana sale a la cara", advirtió al recordar que la prensa informó el 16 de abril, que la
Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) exigió un cambio radical, un reordenamiento
agrícola y reforma agraria, como medidas urgentes.
Picado insistió en que "los campesinos tienen el sagrado deber de exigir un cambio radical en la política del gobierno relativa a la
agricultura y la ganadería y las gentes de la ciudad la obligación de secundarlos".
Para cerrar su homilía dijo: "Renovamos la certeza de que sobre el firme fundamento de la solidaridad y la austeridad de costumbres,
herencia inmortal de nuestros abuelos y abuelas campesinas, se construirá la Costa Rica soberna y solidaria que anhelamos los
verdaderos costarricenses. Aunque la desprecien los vendepatria".
Mientras tanto, al evocar las políticas agrícolas impuestas por los gobiernos de turno, el secretario general de la UPANACIONAL -Guido
Vargas- destacó que en el contexto actual lo primero que hay que reconocer es "que no nos podemos abastecer de alimentos solo
teniendo la plata en la bolsa, que era lo que decían antes".
A pesar de existir más de dos décadas de descuido hacia el sector productivo y a la soberanía alimentaria, todavía hace unos siete
meses algunos funcionarios públicos y economistas, "estaban diciendo que nosotros éramos unos trasnochados. Esa gente no tenía
olfato de nada", ironizó.
Vargas reiteró el reclamo contra los Programas de Ajuste Estructural, los cuales desmantelaron las instituciones públicas. "¿Dónde
están la asistencia técnica, la transferencia de tecnología, y la investigación científica?".
El agricultor llamó a definir una política de seguridad alimentaria permanente para Costa Rica. "En una crisis tan grave, no hay una
receta única. Hay que sentarse a diseñar una política, con la participación de todo el sector productivo y del Estado", acotó.
Se quejó porque en el proyecto para crear una banca de desarrollo, se le puso un nombre rimbombante, ya que no llega ni a banca de
fomento. Se toman los recursos del sector agropecuario y apenas un 40% se destinaría a la agricultura; el 60% lo usarán para la
industria y el comercio, pese a la oposición de los agricultores.
UN MAL VIEJO
La percepción que tiene Mario Coto Carranza -presidente el Colegio de Ingenieros Agrónomos- sobre la crisis actual de alimentos y el
contexto nacional, no difiere mucho de la de Miguel Picado y Guido Vargas.
Esto viene desde hace muchos años y el mismo Colegio lo ha discutido desde hace más de veinte años, cuando se comenzó el
desmantelamiento del aparato productivo, del sistema de investigación del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y de la
extensión agrícola, rememoró el agrónomo y ex presidente del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA).
"Ahora empezamos a pagar esto y creo que estamos atrasados en la toma de decisiones, pues estas no pueden darse de la noche a
la mañana", comentó Coto.
Explicó que en los últimos años el Colegio de Agrónomos ha realizado diversos talleres y otras actividades, en los que se ha insistido
en la necesidad de que el país establezca políticas de corto, mediano y largo plazo en materia agropecuaria, de lo cual es deficiente el
Plan Nacional de Desarrollo.
Por otro lado, al preguntársele al ex ministro de Planificación y dirigente del PAC -Ottón Solís Fallas- respecto del hecho de que ahora
el Banco Mundial está preocupado por la escasez de alimentos, hizo ver que ahora "las ideologías han sido acogidas como la moda
por algunas instituciones y algunos políticos".
Al ahondar sobre el tema, recordó que "el neoliberalismo recomendado por los organismos financieros internacionales a los países en
desarrollo, implicó enormes beneficios para las naciones que continuaron subsidiando a la agricultura y exportando alimentos".
Solís Fallas manifestó que "para que la gente joven comprenda lo que sucedió en los años 80, solo vean lo que pasó con el Tratado de
Libre Comercio (TLC): sin leerlo y desde antes de que se iniciaran las negociaciones, muchos de esos políticos y economistas ya
estaban diciendo que era vital para el país. Exactamente lo mismo ocurrió cuando esos organismos recomendaron eliminar el apoyo a
la agricultura nacional: cero cuestionamientos, cero defensa de los intereses nacionales, ataques y descalificaciones a quien pensaba
diferente".
Al recordar que su salida como ministro obedeció a su oposición a los ajustes estructurales, precisó que "el primer gobierno de Arias
impulsó -siguiendo, como hoy lo hace con el TLC- el recetario universal emanado de Washington".
"En ese tiempo se eliminó el crédito subsidiado para la pequeña y mediana agricultura y los programas de compra del CNP. Se dieron
subsidios enormes (CAT, exoneraciones fiscales, etc.) a empresas multinacionales dedicadas a la agricultura no tradicional, mientras
que al pequeño agricultor se le eliminaron los subsidios. Se crearon instituciones caras para apoyar a los grandes exportadores -casi
todos extranjeros-, al tiempo que al CNP se le cercenaban sus recursos. O sea, todo estuvo acompañado de una prédica mentirosa: se
hablaba de que el Estado no debía subsidiar a nadie, pero lo que hizo el presidente Arias fue castigar al agricultor nacional y dar
nuevos subsidios a multinacionales como PINDECO", reprochó.
Como consecuencia de aquellas políticas, muchos agricultores debieron abandonar sus cultivos, vender sus fincas y emigrar a San
José o a Estados Unidos. "El mal que hicieron no solo tiene implicaciones económicas que hoy se hacen evidentes, sino también
urbanísticas, sociales, antropológicas y culturales, quizás irreversibles", censuró el economista.
Solís Fallas envió una carta el pasado 24 de abril al mandatario Óscar Arias, para exhortarlo a que Costa Rica invierta recursos y
planifique la recuperación de la agricultura para la alimentación.
"Si todo se deja en manos del mercado, serán los grandes importadores de alimentos y las grandes corporaciones agrícolas, las
cuales disponen de riego, de áreas planas, de capital para comprar o alquilar maquinaria, y de capacidad para cambiar usos y
preparar terrenos, las que extraerán todos los beneficios de los altos precios de los alimentos", le expuso.
Entre otras cosas, le propone dar créditos subsidiados; facilidades de acopio, precios y mercado para sus productos; asistencia
técnica y semillas mejoradas; reorientación de los entes especializados en la promoción de las exportaciones hacia los pequeños y
medianos productores; y crear o fortalecer los seguros de cosechas.
Aunque no había recibido respuesta del Presidente al 30 de abril, Solís se comprometió a presionar para que se ponga atención a las
medidas que ha sugerido.
Una visión distanciada de la que ofrecieron los anteriores entrevistados, ofreció el presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y
Agroindustria -Álvaro Sáenz Saborío-, quien aseveró que "no hay una crisis alimentaria, no hay un déficit de alimentos, porque los
podemos comprar afuera; el problema no es de disponibilidad de alimentos, sino cuánto valen", y esto perjudica a los más pobres.
En su parecer, los agricultores costarricenses son capaces de proveer más de lo que están produciendo, siempre que haya una buena
productividad.
En este caso, estima que el Gobierno debe facilitar -"no subsidiar"- la producción, mediante la adecuada dotación de agua, seguros
de cosechas y financiamiento.
En torno a si debe existir la llamada soberanía alimentaria, Sáenz mencionó que en la Cámara que preside se ha planteado que "el
país no debe producir todo lo que se come, pero sí debe comerse todo lo que produce", porque hay cultivos que no son rentables y sí se
le debe garantizar un precio al productor.
Esto último significa que al agricultor nacional que se arriesgue a sembrar, se le debe pagar un precio igual al mismo producto si
hubiese que importarlo, alegó.
De acuerdo Sáenz Saborío, los PAE no son los culpables del descalabro que sufrió el aparato productivo, sino consecuencia del
descuido del Estado.
Más bien, los PAE de hace dos décadas y sus programas de subsidios (como el PL-480) para la compra de granos básicos,
contribuyeron a desarrollar industrias como la avícola y porcicultora.
En cuanto a posibles incrementos de precios de granos en Costa Rica , la Corporación Arrocera Nacional informó en días pasados que
el aprovisionamiento de esta gramínea -la de mayor consumo- al menos hasta junio próximo, no sufrirá ningún cambio.
Óscar Campos, presidente de la Asamblea Nacional de Productores de Arroz, hizo un llamado a los productores para que regresen a
sembrar arroz, "porque el país requiere aumentar su área y producción, para encarar la eventual crisis alimentaria, que se viene ante el
desmedido incremento en el mercado exterior, que ya supera el 45% el precio fijado al productor nacional".
Añadió que "mientras la autoridades de Gobierno impulsan una política agroenergética, las naciones del Primer Mundo han tomado
medidas para proteger su seguridad alimentaria. El Gobierno debería otorgarle seguros y crédito a nuestros productores, para
enfrentar una época de vacas flacas como ya lo ha anunciado el presidente Arias".
"Crisis con causas diversas"
Un "nuevo acuerdo para una política alimentaria mundial" fue lo que propuso el pasado 14 de abril el presidente del Banco Mundial,
Robert Zoellick, durante las reuniones de primavera con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en las que discutieron acerca de cómo
enfrentar la crisis mundial por el precio de los alimentos.
En las reuniones celebradas en Washington, Estados Unidos, no pasaron por la memoria de funcionarios los Programas de Ajuste
Estructural (PAE) que esos organismos promovieron en naciones subdesarrolladas como Costa Rica.
"No se trata sólo de atender necesidades inmediatas, por muy importantes que sean. Se trata de asegurar que las generaciones
futuras no sufran también las consecuencias", expresó Zoellick.
Dos semanas más tarde, durante una reunión de 27 agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Jean Ziegler -relator de
ese organismo en el tema de alimentos- achacó la culpa de la crisis alimentaria a las "políticas aberrantes" del FMI, a la producción de
agrocarburantes y a la especulación.
Al ahondar sobre las responsabilidades del FMI, la culpó por desarrollar cultivos de exportación para reducir la deuda exterior, en
detrimento de las "agriculturas de subsistencia", y pidió acabar con los "cultivos coloniales".
Los expertos atribuyen el alza mundial de precio en los alimentos no solo al empleo de algunos cultivos para la elaboración de
agrocombustibles, sino a causas diversas y conjuntas, como el alto precio del petróleo, el aumento en el consumo alimentario, a las
actividades especulativas comerciales, y al impacto climático sobre productos básicos. Hace un año, el entonces mandatario cubano,
Fidel Castro, había advertido que "la transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso. El capitalismo se
dispone a practicar una masiva eutanasia de los pobres, y muy especialmente de los pobres del Sur, pues es allí donde se encuentran
las mayores reservas de la biomasa del planeta requerida para la fabricación de los biocombustibles".
Hoy, la incertidumbre y el temor reina en el mundo, ante la atemorizante alza del precio internacional de los alimentos, al punto de que
algunos países productores de arroz -por ejemplo-, han suspendido sus exportaciones, y transnacionales como la Walt-Mart,
comenzaron a racionar en Estados Unidos la venta al detalle del grano. Una medida similar adoptaron en Gran Bretaña.
El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que la crisis de precios de alimentos es un reto sin precedentes, de proporciones
globales, y anunció una estrategia para afrontarla.
Parte de esa estrategia es cubrir los $755 millones adicionales que ha solicitado el Programa Mundial de Alimentos (PMA), para
continuar sus tareas de asistencia a la población más necesitada en todo el mundo a lo largo de este año.
Otra meta es conseguir cuanto antes esa suma solicitada por el PMA. "Si no se obtienen esos fondos, afrontamos el riesgo de una
hambruna generalizada, además de desnutrición y disturbios sociales sin precedentes", advirtió.
Tomado de No TLC. com