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RESONOCO

Categoría: teolog

25/03/2008 GMT 1

Romero: 28 años (2)

marfuerte @ 03:04

es muy claro: “En las diversas coyunturas políticas lo que interesa es el pueblo pobre. Según les vaya a ellos, la Iglesia irá apoyando desde su especificidad, uno u otro proyecto político… Lo que se ha evidenciado esta semana es que ni la Junta, ni la DC están gobernando el país… si no el sector más represivo de las fuerzas armadas. Si no quieren ser cómplices de tanto abuso de poder y tanto crimen deben señalar y sancionar a los responsables… se siguen manchando sus manos con sangre ahora más que antes…
El actual gobierno carece de sustentación popular y solo está basado en las fuerzas armadas y algunas potencias extranjeras. Su presencia (la de la DC) está encubriendo, sobre todo a nivel internacional, el carácter represivo del régimen actual”.

Ya hemos hecho referencia al Doctorado Honoris causa que recibe Monseñor en Lovaina en 1980, donde describe muy bien su proceso de conversión, la visión de la misión de la Iglesia como faro de esperanza del pueblo y con una clara dimensión profética denuncia la situación de los pobres de El Salvador: “(Yo soy) pastor que con su pueblo ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana nos sumerge en el mundo.
La actuación de la Iglesia siempre ha tenido repercusiones políticas. El problema es cómo debe ser ese influjo para que sea según la fe.
El mundo a que debe servir la Iglesia es el mundo de los pobres… los pobres son los que nos dicen qué significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo…
… La esperanza que fomenta la Iglesia es un llamado… a la propia responsabilidad de las mayorías pobres, a su concientización, a su organización… y es un respaldo a sus justas causas y reivindicaciones.
Son los pobres los que nos hacen comprender lo que realmente ocurre… la persecución (de la Iglesia) ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres.
El pueblo pobre es hoy el cuerpo de Cristo que vive en la historia…
La Iglesia se ha comprometido con el mundo de los pobres… Siguen siendo verdad entre nosotros las palabras de los profetas de Israel: Existen los que venden al Justo por dinero y al pobre por unas sandalias; los que amontonan violencia y despojos en sus casas, los que aplastan a los pobres… acostados en camas de marfil, los que juntan casa con casa y campo con campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país”.

Son sus palabras y su misión las que, al denunciar las estructuras de opresión y muerte le van forjando su camino al martirio: “A esa oligarquía le advierto a gritos: Abran las manos, den los anillos, porque llegará el momento en que les corten las manos”.

El 15 de febrero de 1980, concede una entrevista a Prensa Latina, donde clarifica más estas denuncias: “la causa de nuestro mal es la oligarquía; ese reducido núcleo de familias al que no importa el hambre del pueblo… la represión contra el pueblo resulta para ese núcleo de familias una especie de necesidad para mantener y aumentar sus niveles de ganancia”.

Asimismo, se dirige a los soldados conminándolos a la desobediencia civil: “Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles; hermanos son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus hermanos campesinos.
Ante una orden de matar que dé un hombre, deben prevalecer la ley de Dios que dice: no matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan a su conciencia antes que a la orden de pecado.
La Iglesia defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación.
Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios; en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: CESE LA REPRESIÓN”.

A un mes exacto de que se concretara su homicidio dijo: “No sigan callando con la violencia a los que les estamos haciendo esta invitación (A ser solidarios), ni mucho menos, continúen matando a los que estamos tratando de lograr haya una más justa distribución del poder y de las riquezas de nuestro país. Y hablo en primera persona, porque esta semana me llegó un aviso de que estoy yo en la lista de los que van a ser eliminados la próxima semana. Pero que quede constancia de que la voz de la justicia nadie la puede matar ya”.

Romero utiliza estas amenazas para catequizar y asumir el posible martirio como forma de sacrificio por la liberación, y como ejemplo de perdón a sus homicidas. Dos semanas antes de su muerte, concede una entrevista al periódico mejicano “Excelsior”, donde reflexiona sobre este tema: “He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad.
Como pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador…
El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro.
Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá sí se convencieran que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”.

Monseñor Romero fue un pastor y un profeta. Un pastor porque guió al pueblo salvadoreño hacia la paz; un profeta, porque habló de su espacio y su tiempo denunciando lo incorrecto como Elías ante Acab o Juan el Bautista ante Herodes Antipas y al igual que el Bautista, Romero tenía que morir, pues resultaba incómodo a quienes gobernaban.

Debía morir porque hablaba con la verdad a los demonios de la mentira y la ignorancia.

Pese a esto, no queremos dejar la impresión de que Monseñor no tenía temor, así como su maestro padeció en Getsemaní, así Romero tuvo miedo. En su último retiro espiritual escribió lo siguiente: “Mi otro temor es acerca de los riesgos de mi vida. Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible; incluso el Sr. Nuncio de Costa Rica me avisó de peligros inminentes para esta semana. El Padre me dio ánimo diciéndome que mi disposición debe ser dar mi vida por Dios cualquiera que sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero que más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para él”.

El 24 de marzo de 1980, al oficiar misa en la Capilla del Hospital La Divina Misericordia, a diez minutos de que le dispararan, dijo en la homilía: “Ha llegado la hora de glorificar al Hijo del Hombre… Si el grano de trigo cae en la tierra y no muere, queda solo el grano. Pero si muere da mucho fruto… Acaban de escuchar en el evangelio de Cristo que es necesario no amarse tanto a sí mismo, que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige, y que el que quiera apartar de sí el peligro perderá su vida. En cambio el que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás, éste vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere. Si no muriera se quedaría solo.
Si hay cosecha es porque muere, se deja inmolar en esa tierra, deshacerse; y solo deshaciéndose produce la cosecha…
Que este cuerpo inmolado y esta sangre, sacrificada por los hombres, nos alienten también a dar nuestro cuerpo al sufrimiento y al dolor: como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestros pueblos”.

El lunes 24 de marzo de 1980, a las seis y treinta de la tarde, mientras Romero ofrecía el pan y el vino que se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, la bala asesina le arrebata la vida. Este discípulo sigue su camino en la muerte y encuentra la vida resucitando en su pueblo eternamente.

Es por esta razón que Monseñor Oscar Arnulfo Romero, es santo en el corazón del pueblo, en sus desafíos cotidianos y en su oración esperanzadora. El espíritu de Monseñor vive en la pobreza de Latinoamérica, vive en la explotación de los pobres, vive en quienes luchan contra la injusticia y combaten a los mentirosos, traidores y facinerosos.

A 28 años del asesinato de Romero, queda claro que nuestra iglesia Latinoamericana requiere Obispos de su talante.

Este deseo sigue vigente.

Como también sigue vigente la vivencia de un verdadero cristianismo.

Cristianismo forjado en el trabajo.

Cristianismo conciente de la crisis que implica el seguimiento. Crisis que se debate entre las reservas de los que no lo comprenden y el amor de sus beneficiarios.

Cristianismo que se concrete en la misión de la Iglesia: la defensa de los pobres.

Cristianismo que encuentre en la Iglesia el medio para acercarse al pueblo.

Cristianismo que intensifique la construcción de la paz, derrotando ese seudo cristianismo que apoya guerras y muerte.

Cristianismo que ante la injusticia no se escude en la imparcialidad para no ser la voz de los más necesitados.

Cristianismo dispuesto a ser grito profético de los marginados.

La sangre de Monseñor se mezcla con la del Hijo del Hombre ese 24 de marzo para marcar el camino de la liberación de su pueblo, de América Latina y el mundo entero.

Hace poco expresamos que la beatificación de Monseñor Romero encuentra cada vez más problemas en el Vaticano, y repetimos como en aquel momento que: “Beatificar a Romero es un acto de justicia dentro de la iglesia.

Pero si por ventura, este acto se siguiera atrasando, es totalmente comprensible el que la figura de Santidad de Monseñor tenga lugar en el altar del Templo de Dios que es cada creyente.

De hecho, al fin y al cabo, esto es lo más importante.”.

Por ello, hoy, 28 años después de su asesinato, viendo los desafíos que nos toca enfrentar, decimos llenos de fe: “Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ruega por nosotros”.

¡Resurrección!

marfuerte @ 03:00

Ocean Castillo Loría.

El pasado domingo se celebró la resurrección del Señor Jesucristo, dando inicio a la pascua. Por esta razón, reflexionaremos los pasajes de los evangelios que narran la vuelta a la vida de Jesús de Nazaret.

Un primer aspecto es reconocer que, estamos frente a un hecho que se enmarca en el espacio y el tiempo pero que también es aclarado por los lentes de la fe, cualquiera podría decir: “Jesús resucitó y ya no hay donde verle”. Esto no es cierto, Jesús resucitado puede, y debe ser visto en cada hambriento cuya hambre es saciada, en cada sediento que bebe agua (material y de justicia), en cada extranjero que es recibido en el país como un hermano, en cada desnudo que es vestido, en cada enfermo que es consolado y en cada prisionero que es visitado. Así la única manera de ver al resucitado, es adentrarnos en él por la oración y la fe y concretar éstas por obras de amor al prójimo.

Pero esto solo es posible si somos capaces de interiorizar (vivir) la experiencia de la resurrección. Jesús dijo a sus seguidores que lo verían en Galilea. ¿Cuál es nuestra Galilea?, ¿Cuáles son los espacios de nuestra espiritualidad que deben ser trabajados?, ¿Seguiremos descuidando el espíritu a favor de la materia? Si no nos ocupamos de nuestro espíritu y de nuestro anhelo de eternidad no podremos experimentar el resucitado y vivir como tal.

Los pasajes de la resurrección destacan el papel de las mujeres, es María Magdalena evangelizadora de los discípulos a quien no le creen. Ella representa la fe de quien busca a Jesús, ella representa la alegría de quien tras experimentar el dolor de la muerte tiene frente a frente a la vida misma. Hoy que se habla mucho de la Magdalena como esposa de Jesús, se pierde de vista la gran revelación que estamos comentando: que el espíritu de Jesús no hace distinción entre hombres y mujeres sino, que todas y todos tenemos abiertas las puertas del Reino de Dios.

Es Jesús resucitado quien nos abre las puertas de la verdadera vida. Es por él, que somos hechos hijos de Dios y por tanto, al cumplirse en él, se cumplen nosotros las palabras del salmo: “Tú eres mi Hijo, hoy mismo yo te he dado la vida”. La prueba máxima del amor de Dios es la resurrección. Esta resurrección, es la que inaugura la nueva creación de la que por fe ya somos parte, he aquí una excelente justificación para abandonar la tristeza y adorar, alabar y bendecir a Dios.

Es con la resurrección que se confirma el Señorío de Jesús y la investidura de la gloria de Dios. Jesús es Señor de la historia, Jesús es Señor de nuestra existencia. Es por tal razón, que al dejar actuar en nosotros el espíritu del resucitado podemos construir un mejor país y un mejor mundo. La pregunta que debemos contestar es: ¿Permitiremos al Señor (Dios) del tiempo actuar en nosotros?

Por otro lado, un evento como el que comentamos ha sido cuestionado, como otras grandes verdades del cristianismo, la resurrección es un hecho histórico pero que lo trasciende por su irrevocabilidad e indestructibilidad: “Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Si existe un cuerpo natural, existe también un cuerpo espiritual” (1 Corintios 15, 44)

Solo basados en la Escritura y sumergidos en la reflexión y la enseñanza, es que podemos desarticular lo que parece oculto en supuestos códigos, “descubiertos” en supuestos “evangelios” y señalado por tumbas que no están vacías.

Asimismo, debe quedar claro ante los falsos cristos que hoy vemos, el que Jesús de Nazaret, el crucificado, es el mismo resucitado: “No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado como dijo...” (Mateo 28:5)

Asimismo, está claramente establecido que las enseñanzas del crucificado son las mismas que las del resucitado, ya que éste manda a bautizar y “… enseñándoles a guardar todo lo que yo (Jesús de Nazaret) os he mandado” (Mateo 28: 20)

La claridad de las escrituras refuta las argumentaciones que tanto libros como personas expresan hoy en día, y que causan confusión en tantas gentes. Es por ello que una celebración como estas, nos debe hacer pensar y profundizar en la formación de los cristianos de cara a aclarar tantos malos entendidos que hoy pasan como verdades a costa de Jesucristo.

La mejor prueba de la resurrección es el que tengamos un encuentro personal con él, que nos permita transparentarlo. Para ello, insistimos de nuevo, debemos dejarnos infundir por su espíritu, solo de este modo, podremos reflejar sus dones. De esta manera seremos partícipes de la gran aventura que significa construir y manifestar el Reino de Dios.

Construir y manifestar el Reino de Dios es querer, compartir y trabajar por la justicia, siguiendo el ejemplo de Jesús, así se encarna la resurrección, así se encarna a Cristo glorificado, así se manifiesta el cielo en la tierra. La garantía de una obra de este tipo es el hecho de que la muerte ya no tiene poder sobre Jesús y por ende, quienes creen en él deben vivir ya como resucitados.

La resurrección de Jesús muestra que Dios ve en él a su hijo predilecto, renovándole su amor (Sofonías 3: 17). Pero además, que es Dios quien dice la última palabra, y no los poderes de opresión que mandaron a Jesús a la cruz: “…el Señor se burla de ellos.” (Salmo 2: 4) “…te ríes de esos incrédulos” (Salmo 59: 9)

Con la resurrección los jueces son condenados y el condenado demuestra que tiene razón. Por eso como Jesús, los condenados de este mundo tendrán vida. Esta es la paz que anuncia Cristo, esta es la buena noticia que nos entera de la victoria del Reinado de Dios, por el cual le podremos ver cara a cara.

¡Jesús ha resucitado!

Cantemos con nuestra fe, nuestra voz y nuestras obras esta realidad.

Dejémonos consolar por el resucitado.

Dejémonos rescatar por él.

18/03/2008 GMT 1

Vivat academia, vivant professores

marfuerte @ 01:49

Víctor Hugo Munguía C.

Presbítero

Desde hace muchos días me viene inquietando el hecho de que algunos profesores de las “ciencias del espíritu”, no tanto de “ciencias de la naturaleza”, al explicar las disciplinas que imparten en las aulas universitarias incursionan en teología, en Sagrada Escritura, en historia de la Iglesia, para inquietar a los estudiantes que se profesan creyentes y para gozo de los estudiantes que se confiesan no creyentes.

Si inquietar intelectualmente es en sí un hecho valioso, no lo es, de ninguna manera, atreverse a hablar de lo que se ignora, porque cualquiera que viva entre las lides académicas podrá reconocer que hay campos del saber que desconoce. Una licenciatura o una maestría en cualquiera de las ciencias del espíritu no convierte al graduado automáticamente en experto en teología, o en experto en cualquiera de las mismas ciencias del espíritu.

Para hablar de “religiones comparadas”, hay que recorrer un largo camino intelectual, y no recurrir al simplismo de comparaciones que están lejos de ser posesión pacífica de las ciencias del espíritu. Algún profesor (no me quisieron dar el nombre) se aventuraba a pontificar sobre la pérdida de lo femenino en la Iglesia (por supuesto, la católica), sin conocer el abc de la visión de la Biblia sobre la mujer, sin conocer el abc de la lucha de la ortodoxia contra el gnosticismo (que despreciaba lo femenino) y sin conocer el abc de la historia de la devoción a la Santísima Virgen María.

Nuevo Testamento. Algún profesor se atrevía a distinguir entre “paulinismo” y “cristianismo”, dejando entrever que una cosa quería Jesús y otra se atrevió a hacer San Pablo, sin conocer el abc de la única fuente de la fe y de la teología católica, que es la “Tradición Apostólica”, que cristalizó luego en la redacción del Nuevo Testamento.

Algún profesor habló en clase de “espíritus chocarreros” (no me explico la racionalidad de semejante expresión en una aula universitaria), y, cuando se le discutió la existencia de los espíritus de marras, se atrevió a decir que se pueden comparar con los dones del Espíritu Santo, haciendo gala de una ignorancia supina, porque jamás se puede comparar la teología con la superchería supersticiosa que, lamentablemente, anda todavía por las calles…

Algún profesor tuvo la osadía de decir en “estudios generales” que la Iglesia (por supuesto, la católica) escondía los Evangelios Apócrifos porque no le interesaba a ella que se conocieran las presuntas verdades que allí se contienen. Siempre recuerdo con fruición maliciosa que un colega mío, que tuvo que oír el reclamo violento de uno de los jóvenes de su parroquia por semejante barbarie, simplemente bajó de su biblioteca el volumen de los Evangelios Apócrifos, se lo prestó a quien protestaba y le hizo conciencia de que la editorial que los hacía públicos era una editorial católica.

Algún profesor, a estas alturas, tuvo la osadía de seguir afirmando que “la religión es el opio de los pueblos”, ignorando todo el camino de concientización que han vivido las comunidades cristianas y los servicios sociales que tienen siglos de existir, cabalmente a partir de las convicciones religiosas.

Altura intelectual. Algunos profesores siguen citando los “lugares comunes” del oscurantismo medieval, de las hogueras de la Inquisición, del silencio de Pío XII frente al holocausto, de las riquezas del Vaticano, sin fijarse en los ríos de tinta con que científicos grandes han matizado la percepción de estos temas. Qui bene distinguit bene philosophatur…, sólo quien es capaz de distinguir matices en los asertos podrá tener acceso a la verdad. Quien se deja llevar por el simplismo siempre repetido, corre el riesgo de desprestigiar la altura intelectual de sus lecciones…

No podría creer que “libertad de cátedra” signifique tener derecho a decir cualquier cosa, sin fundamente alguno, o libertad de incursionar en otras áreas del saber que no conozco. A veces tengo la sensación de que algunos muchachos me cuentan que algunos profesores dijeron cosas de teología tan equivocadas, como atreverse a afirmar cosas irracionales en materia de ciencias de la naturaleza.

Alguno tuvo el tupé de incursionar en cosas de religión, sin tener razón para ello, y, cuando le salieron alumnos capaces de “dar razón de su esperanza” (cfr. I Ped 3, 15), silenció la polémica por él iniciada, diciendo: “Aquí no estamos en clase de teología”… Silenciar al que tiene razones es una forma indigna de ejercer la docencia, y en cambio reconocer que non erubescendum est homini confiteri se nescire quod nescit (no tenemos que avergonzarnos de confesar que no sabemos lo que ignoramos) tiene un no sé qué de dignidad, que es propio de los grandes sabios, que normalmente son gentes muy sencillas.
periódico La Nación 6 marzo 2008

15/03/2008 GMT 1

Reflexión de semana Santa: Contemplando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.(1)

marfuerte @ 21:08

Ocean Castillo Loría.

En esta semana Santa, debemos aprovechar el tiempo que se nos propone para contemplar la pasión, muerte, y resurrección de Jesucristo. Jesucristo, por el cual se dio un movimiento sin precedentes que ha llegado hasta nuestros días por medio de las múltiples comunidades de fe.

Pero lo importante es reflexionar en torno de la actualidad de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo y su sentido liberador. No basta traducirlo todo a una forma espiritualista, debemos comprender el sentido histórico de este episodio para poder traerlo al presente.

Jesús es crucificado por predicar la llegada del Reino de Dios: “… El Reino de Dios está cerca…” (Mc. 1: 15), y este Reino implicaba un cambio de situación social: “A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc. 1: 53)

Esto nos debe hacer pensar en qué posición estamos o tenemos como cristianos frente a las diversas situaciones que se oponen al Reino de Dios en la tierra. ¿Qué pensamos como cristianos de la pobreza que agobia a importantes sectores en el mundo?

¿Qué pensamos sobre la realización plena de la mujer a la que Jesús le da un papel fundamental en su ministerio?, ¿Cómo olvidar que Jesús le da el papel de misioneras a las mujeres?: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?” (Jn. 4: 29), “María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto” (Jn 20: 18)

¿Cómo pueden afirmar ciertos creyentes en Jesucristo que ciertas guerras contra otros colectivos humanos con otras creencias religiosas son buenas? Jesús que fue capaz de decir a quienes le crucificaban: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23: 34). Sin duda, el Dios de Jesús es Dios de amor y de perdón, no de guerra.

El Dios de Jesús es el Dios de la liberación en el aquí y el ahora: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a liberarlos…” (Éx. 3: 7 – 8)

Egipto es el materialismo.

Egipto es el egoísmo.

Egipto es la cultura de la muerte en la que vivimos.

¿Acaso no estamos oprimidos por la desigualdad?

La esperanza es que Dios nos responde a través de Jesucristo, Él responde a nuestras súplicas y sufrimientos, y ha bajado por medio de su Hijo a liberarnos. Liberarnos significa devolvernos la dignidad humana.

Esa dignidad humana nos la arrebata la explotación, esa dignidad humana nos la arrebata el hambre, esa dignidad se viola cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Es inconcebible que como creyentes hayamos olvidado que Jesús predicó el Reino por ellos: “Dichosos los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios” (Lc. 6: 20)

Esa dignidad nos la arrebata el orgullo, nos la arrebata la falta de humildad: “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mt. 5: 3) No es de cristianos “espiritualizar” el mensaje de Jesús, el tema de la humildad no nos exime de tener claro que la práctica de Jesús estuvo y está, por medio de las comunidades de fe, vinculada al bienestar material de los marginados.

En Jesús el Reino de Dios se hace presente en la historia: “Pero si yo hecho los demonios con el Espíritu de Dios, es señal de que ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mt. 12: 28)

¿Con cuáles demonios nos enfrentamos en este tiempo?

¿La pobreza?

¿El hambre?

¿La indiferencia?

¿La soledad?

¿La marginación?

Si seguimos a Jesús, si tenemos en nosotros su Santo Espíritu por acción del bautismo, entonces: ¿Cómo podemos decir que vivimos en una sociedad cristiana donde habitan estos y otros demonios?

Lo dicho aquí causa escándalo a ciertos grupos cristianos: ¿Cómo puede tener el cristianismo un compromiso social si Jesús dijo que su Reino no es de este mundo?

Su reino no es de este mundo porque no responde a los valores de este mundo. Jesús es Rey porque sirve y nos enseña un camino a Dios. Su reino no es de este mundo porque en vez de sirvientes tiene amigos y seguidores que lo aman por voluntad propia y no por mandato. Lamentablemente, este reinado es rechazado (Lo rechazamos) y llevamos a Cristo a la cruz.

Otro gran tema que se plantea es el de la traición. Muchos condenamos a Judas, pero cerramos los ojos ante las continuas traiciones que hacemos a Jesús, ya sea por acción o por omisión. Traición en llamarnos sociedad cristiana y olvidar los principios que nos enseñó. Llamarnos país cristiano y permitir el dominio de la muerte, de la intolerancia y el dolor. A veces traicionamos por miedo, como Pedro, pero a veces traicionamos por conveniencia. Traición es llamarse país cristiano y estar arrodillado a los dioses del consumismo, el materialismo y el individualismo.

A veces traicionamos por miedo…

A veces seguir nuestra vocación genera miedo…

Serán las bienaventuranzas las que nos indican a quienes favorece la buena nueva de Jesús:

“Dichosos ustedes los pobres, pues de ustedes es el reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, pues quedarán satisfechos.
Dichosos ustedes los que ahora lloran, pues después reirán.
Dichosos ustedes cuando la gente los odie, cuando los expulsen, cuando los insulten y cuando desprecien su nombre como cosa mala, por causa del Hijo del Hombre.
Alégrense mucho, llénense de gozo en ese día, porque ustedes recibirán un gran premio en el cielo; pues también así maltrataron los antepasados de esa gente a los profetas.
Pero ¡Ay de ustedes los ricos, pero ya han tenido su alegría!
¡Ay de ustedes los que ahora están satisfechos, pues tendrán hambre!
¡Ay de ustedes los que ahora ríen, pues van a llorar de tristeza!
¡Ay de ustedes cuando todo el mundo los alabe, pues así hacían los antepasados de esa gente con los falsos profetas!” (Lc. 6: 20 – 26)

Ya lo hemos insinuado, pero es bueno rescatar que esta es la misma línea de María la madre del Señor, basta leer el Evangelio según San Lucas capítulo 1 del verso 46 al 55.

Las bienaventuranzas que nos trasmite San Lucas, nos permiten reflexionar acerca de la situación de nuestro cristianismo: a Jesús lo odiaron, lo expulsaron de la sinagoga, lo insultaron, y consideraron su nombre como el de un maldito (Jn. 7: 45 – 52)

“Debe morir porque es un maldito”.

“Ha osado dirigir su palabra a los marginados (Que asco)”

Este es el camino hacia la cruz. Nuestro cristianismo parece muy acomodado: No es odiado porque no denuncia el pecado que causa la muerte, no es expulsado porque no desenmascara lo incorrecto dentro de lo que consideramos “normal”, no es insultado porque no incomoda, no nos maldicen, porque no somos verdadera luz que destruye las obras de la oscuridad.

Cuidado, por esto nos podemos quedar fuera de la fiesta que es el Reino de Dios. Cuidado somos como las vírgenes descuidadas de la parábola cuya luz se apaga mientras Jesús se hace presente en esa fiesta (Mt 25: 11) Lo cierto es que esa luz que nos da Jesucristo solo puede ser tal si permitimos que Jesús se manifieste en nosotros crucificando nuestro egoísmo.

La copa de la muerte, es obligatoria para quien denuncia lo incorrecto y anuncia la esperanza.

Solo de esta manera podremos realizar el Reino de Dios en esta tierra, no con grandes manifestaciones sino, en la humildad y la pequeñez: “¿Con qué compararemos el reinado de Dios?... con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de las semillas…” (Mc. 4: 30. 31)

Quizás ciertos sectores del cristianismo estén acostumbrados a buscar a su Señor en la grandilocuencia, en los grandes signos, en las grandes construcciones de templos, en las grandes cantidades de gente.

Esta Semana Santa estamos llamados a ver el grano de trigo que muere, a contemplar a Jesús crucificado, hombre insignificante demolido por la maldad, demolido por el rechazo, demolido por la muerte. Esta semana Santa estamos llamados a crucificarnos con Jesucristo para poder resucitar con Él.

Para poder resucitar con Jesucristo a su regreso en gloria tenemos que comenzar a vivir como resucitados aquí y ahora. ¿Adónde nos corresponde vivir como resucitados?: “Cuando se manifieste el Hijo del hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé. En los días anteriores al diluvio, la gente comía y bebía, hombres y mujeres se casaban, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no sospechaban nada hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos. Pues así será también la venida del Hijo del hombre” (Mt. 24: 37 – 39)

Nos corresponde manifestar a Jesucristo en un mundo donde lo común es el consumismo, donde ya no hay nada que nos sorprenda. Basta ver como se vive en este momento el tiempo que se nos propone para reflexionar la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Nos corresponde manifestar a Jesucristo en este espacio y este tiempo, poniendo, por así decirlo, “la primera piedra” del Reino de Dios, Reino que será pleno a su regreso en gloria. Esa “primera piedra” no puede ser “espiritualizada”, es un aporte que impacta la esfera individual y colectiva de la humanidad.

Este impacto tiene que verse con el rompimiento de las modalidades o costumbres de marginación que se viven en nuestra sociedad. Así lo hizo Jesucristo con la gente que en su tiempo era considerada de “mala fama” (Mt. 9: 10)

Los evangelios nos muestran como poco a poco, el enfrentamiento de Jesucristo con los líderes político – religiosos de su tiempo (En aquella época no había división entre religión y política) en razón del rompimiento de la marginación de su sociedad, lo llevan a morir en la cruz.

Jesús no pudo callar: “Víboras, ladrones, hipócritas”. Si Jesús hubiera guardado silencio, no habría cruz, no habría traición. Un hombre humilde viviría de su trabajo, quizás casado, quizás con hijos, quizás desconocido.

Jesús no pudo callar: “El Reino está entre ustedes”. “Digo lo que el Padre me ha enseñado”. “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que entre un rico en el Reino de los Cielos”. “…sois de vuestro padre el diablo porque a él servís”.

Palabra incómoda. Alejada de aquel Jesús pasivo, excesivamente tierno y amoroso… “Incapaz de matar una mosca”. Este Jesús enfrenta, discute, derrota a sus adversarios y éstos quieren verlo muerto.

Su muerte no solo compete a la salvación de las almas, sino, es motivada porque el Reino de Dios que Jesucristo predica, pone en peligro el régimen religioso – político prevaleciente, y por ende, los intereses de las autoridades judías y romanas.

Cuando los sanedritas llevaron a Jesús ante Pilato, no mintieron: “Alborota al pueblo …”.

Sí, Jesús alborota al pueblo, lo alborota con su anuncio del Reino.

Escandaliza escogiendo a sus discípulos entre los despreciados.

Alborota por sus múltiples sanaciones fruto de la fe de los sencillos: los leprosos son limpiados, el criado de un invasor romano es levantado del lecho (Dirán los Israelitas: “Es un vende patrias”)

Escandalizan sus bienaventuranzas y sus ayes, porque los que se supone que son los predilectos de Dios no lo son y viceversa.

Cabe preguntarnos: ¿Es nuestro cristianismo tan sumergido en el rompimiento de las situaciones de marginación de nuestra sociedad, que nos conduzca a correr peligro de persecución y muerte? La respuesta es más que evidente en ciertos sectores de los seguidores del Nazareno.

Hoy, nuestro cristianismo no alborota, no escandaliza.

Se ha olvidado de la novedad del Reino.

Sectores del cristianismo cierran los ojos a los despreciados.

Sectores del cristianismo condenan en vez de sanar.

Sectores del cristianismo ven sus comunidades de fe como “sociedades perfectas” y no como espacios para aquellos que se consideran indignos de acercarse a Dios.

Sectores del cristianismo hacen distinción de personas y señalan culpas conforme a esa distinción.

Sectores del cristianismo han perdido autoridad porque les falta testimonio, y les falta testimonio porque vemos al cristianismo como un conjunto de mandatos y no como una experiencia de vida que tiene consecuencias positivas para las personas y la sociedad.

Esta Semana que se nos propone no puede quedar en la cruz: “Os aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto” (Jn. 12: 24)

La vida y obra de Jesús no termina en la cruz, porque la última palabra en esta batalla entre la vida y la muerte la da Dios mismo: “Maquina el impío contra el justo, y cruje contra él sus dientes; el Señor se reirá de él; porque ve que viene su día” (Sal. 37: 12 – 13)

La resurrección es la risa de Dios ante los planes de los opresores contra Jesucristo. Ellos creían que habían ganado, que se habían quitado del estorbo de ese hombre que los denunciaba con sus palabras y con sus actos.

De este evento surge la comunidad de fe primitiva que se caracteriza por escuchar la enseñanza de los testigos de la vida, muerte y resurrección de Cristo; por compartir la vida, la fracción del pan (Eucaristía o Cena del Señor); y la oración.

Reflexión de semana Santa: Contemplando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. (2)

marfuerte @ 21:06

De ahí la unión entre los creyentes y la solidaridad, si se quiere extrema (Lo tenían todo en común), su humildad, su alabanza sincera y la manifestación ordinaria y extraordinaria de Dios entre ellos (Hech. 2: 41 – 47)

Una vez más, se observa como la vivencia real del cristianismo conduce a una mejoría de la situación social y económica de esa colectividad, esto era y solo es posible si dentro de nuestras comunidades practicamos esto que hemos llamado solidaridad extrema.

De ahí que el llamado a nuestras comunidades de fe es la de no apartarse del pueblo, sino, “encarnarse” con él de manera que ese pueblo escéptico de Jesucristo alimente al Pueblo de Dios y éste al primero.

No perdamos de vista el momento que nos ha tocado vivir nuestra fe: un momento en el que hay una gran riqueza pero que está pésimamente distribuida, con una inmensa revolución en los medios de comunicación, donde se vive la explotación y destrucción de la naturaleza, el terrorismo es arma de miedo.

Es en este contexto que nos corresponde luchar por poner “la primera piedra” del Reino de Dios. El camino es difícil como lo fue el de Jesucristo, pero Él nos anima para no aceptar la injusticia.

Basta de irrespetar la ley.

Basta de creer que los seres humanos son dueños los unos de los otros.

Basta de indiferencia.

Esta lucha en la que Jesús nos acompaña es parte del tomar nuestra cruz y seguirle (Mt. 10: 38)

En resumen, este tiempo de reflexión nos plantea varios desafíos:

 ¿Seremos parte del avance del proyecto de Dios?
 ¿Seremos servidores de los demás?
 ¿Continuaremos traicionando a Jesús sin encarnar sus enseñanzas?
 ¿Permitiremos que el Espíritu de Jesús en nosotros nos permita denunciar lo incorrecto y anunciar la esperanza sin importar las consecuencias?
 ¿Diremos basta a la violencia y construiremos una cultura de paz?
 ¿Permitiremos que Jesús nos transfigure y resucite para ser mejores personas?
 ¿Seguiremos siendo hipócritas ocultando nuestros defectos individuales y colectivos?
 ¿Seremos capaces de parcializarnos como Jesús al grado de escandalizar a los “correctos” de nuestra sociedad?
 ¿Es Jesús nuestro ejemplo de vida?

He ahí las preguntas… Cristo espera las respuestas.

12/03/2008 GMT 1

Seamos optimistas

marfuerte @ 01:35

Alberto Casals

Todo apunta a que la secularización no es irreversible

Presbítero

No todo es negativo en el mundo moderno en que nos desenvolvemos. Una encuesta reciente en Estados Unidos revela que el 82% de los estadounidenses cree en Dios y un 70% se considera religioso. El 79% dice creer en los milagros, el 70%, en el Cielo, y el 60% cree en el diablo y en el infierno.

Otra encuesta, del semanarioNewsweek , encuentra que es el 91% quien cree en la existencia de Dios, mientras que el 6% no cree en ella. El 82% declara que pertenece a una religión cristiana y un 5% a una no cristiana (judaísmo, islam). El 10% dice que no tiene religión y solo el 3% se declara ateo. Yo también puede presentar una experiencia singular: le quise dar una estampa de un santo a una mujer en la gasolinera, pero primero le pregunté si era católica y me dijo que no, después le pregunté de que iglesia era y me contestó que de ninguna; sin embargo, continué investigando si creía en Dios y ahí ya me dijo que sí. Será parte de ese 10% de la encuesta deNewsweek .

La Biblia en auge. En Suecia, uno de los puntales de la secularización, el cliente de un hotel protestó porque se encontró en su habitación un ejemplar del Nuevo Testamento. La cadena hotelera retiró los ejemplares de la Sagrada Escritura, pero entonces comenzó una reacción que asombró a muchos y terminó con la reposición de los ejemplares. Conclusión: “Suecia no es tan secularista como pensábamos”.

En Suiza y Francia una editorial ha vendido 550.000 ejemplares de la Sagrada Escritura y pretende reimprimir otros 200.000.

El periodista Joshua Livestro, en el periódico holandésThe Week- ly Standard , escribe acerca de un cambio de tendencia en relación con el secularismo y de la inadvertida reintroducción de los crucifijos en las aulas de las escuelas católicas, en todo el país, y la nueva actitud de los alumnos a la hora de mostrar su religiosidad en público. Es que la religión es algo connatural a todo ser humano. Desde hace unos pocos años, en Ámsterdam se volvió a celebrar por las calles la procesión del Corpus Christi.

Todo esto lleva a considerar que la secularización no es irreversible. Y es que las corrientes liberales y progresistas ya se van agotando. La inmigración en Holanda de cristianos practicantes y musulmanes es, a su vez, otro factor incidente.

Rostro cambiante. En el Reino Unido se observa que la cifra de asistentes a las celebraciones de los domingos es de 1 millón de personas, en las iglesias católicas y anglicanas. Muchos inmigrantes encuentran en el acogimiento de las parroquias su propia comunidad. Crece la práctica religiosa, antes escasa. Puede decir ahora el cardenal Cormac Murphy-O’Connor, que “el rostro de Londres está cambiando, y con él, el de la Iglesia”. Asimismo, señala el arzobispo de Westminster, “parroquias que antes estaban en declive ahora están a punto de reventar, es un asunto muy serio”.

¿Será, entonces, que tal vez el secularismo está comenzando a amainar y está resurgiendo la natural necesidad humana de tener una religión?
periódico La nación 3 marzo 2008

29/02/2008 GMT 1

Ecumenismo

marfuerte @ 00:39

Carlos Araya Borge | carabor@ice.co.cr

Jubilado

Con acierto, se afirma que algunas fotos dicen más que mil palabras. El 25 de enero, EWTN transmitió una vista del gran espacio, que tal vez era la plaza de San Pedro, en el Vaticano, donde estaban reunidos con el papa Benedicto XVI, los patriarcas –obispos– de la Iglesia Ortodoxa; los más altos personeros del protestantismo, de muchos países; el arzobispo y otros obispos de la Iglesia Anglicana; y muchos otros cuyos nombres y cargos no dijeron; en gran Reunión Ecuménica del Cristianismo que busca la unidad, basados en aquella oración del Señor a su Padre: “Que sean uno, como Tú y yo, Padre, somos uno”. Está evidente en ello la acción del Espíritu Santo.

Los ortodoxos son herederos del gran Cisma de Oriente, que tuvo lugar hace mil años. Los de la Iglesia Anglicana son fruto del capricho de Enrique VIII (1491-1547), rey de Inglaterra, que estaba casado con Catalina de Aragón y pidió al Papa que le anulara el matrimonio para casarse con Ana Bolena, y, como el papa Urbano VI le dijo que eso era algo que él no podía hacer, decidió separarse de Roma y ser él la cabeza de la Iglesia Anglicana. Al respecto, recordamos la visita que la reina de Inglaterra le hizo hace unos pocos años al entonces sumo pontífice Juan Pablo II.

Fin de la disidencia. Del resto del protestantismo todos sabemos algo. Las iglesias protestantes se multiplicaron, y algunas de ellas pasaron del cisma a la herejía. No creemos que todas las iglesias protestantes estuvieran representadas en la reunión con el Papa, pero sin duda que eso se sabrá después. En todo caso, la fuerza centrípeta que hay hoy acabará tarde o temprano con la disidencia entre los cristianos.

Es claro que esta no fue una sesión de trabajo, sino la reunión –o la primera de ellas– en que se dará finiquito a la consolidación que, para quien aquí escribe, no es sino el regreso a casa de los que se habían ido.

Durante la reunión solo hablaron un cronista que presentó a las diversas delegaciones y, al final, el Santo Padre, quien con gran maestría se refirió al éxito que habían tenido todas las delegaciones y se hizo eco de las palabras de Jesucristo al amor, que es fruto del Espíritu Santo, que está haciendo el milagro de la unión de todos los cristianos.

Como se nos pidió, oremos por esa causa. Se recomendó que usemos el Salmo 115.
periódico La Nación 15 febrero 2008

27/02/2008 GMT 1

Un neodoctor engalana la Iglesia

marfuerte @ 01:21

Víctor Hugo Munguía Castro

El P. Leonel Miranda Miranda honra a Costa Rica desde la Universidad Gregoriana

Presbítero

Algún profesor universitario, no perito en teología, se atrevió a decir que los estudiosos de la teología no saben investigar ( si tacuisset, philosophus mansisset )…, y yo acabo de leer la síntesis de una brillante investigación sobre San Agustín, que defendió como tesis doctoral, el P. Leonel Miranda Miranda, en la prestigiosa Universidad Gregoriana de los Jesuitas de Roma, el 18 de enero pasado. Intuyo que los grandes profesores que leyeron este trabajo, y estuvieron en la discusión doctoral, vieron con claridad que ese trabajo sí era una investigación…

Estudió el P. Leonel la posible influencia del concepto ascensión hacia el Uno en Plotino, en el concepto de ascensión hacia Dios, que el Obispo de Hipona expone en susEnarrationes in Psalmos , fijándose sobre todo en lasEnarrationes a los salmos graduales (120 -134).

Descubrió el brillante investigador que, si ciertamente el Hiponense usa categorías neoplatónicas tomadas en empréstito a Plotino, él como pastor de Hipona, tiene el hondo interés de señalar que el Dios bueno es el que posibilita la peregrinación del creyente hacia la vida de plena filiación, por haber tomado la iniciativa de que el Verbo se hiciera carne, que muriera y resucitara por nosotros, para darnos la gracia, que es la que posibilita el camino del hombre hacia Dios, asumiendo el don de Dios con su libertad.

Descubrió el brillante investigador que el pensar que la materia es la causa del mal, idea propia de Plotino, no permeó el pensamiento del Obispo de Hipona, porque un creyente jamás puede pensar la creación de Dios salió de sus manos como algo malo, y esto tiene importancia suma, ya que eslocus communis decir que San Agustín legó a la Iglesia desprecio a la materia. Cfr. Jostein Gaarder,Vita Brevis, Ediciones Siruela, Madrid 1997.

Diálogo con la cultura. Pudo descubrir el brillante neodoctor que el progreso del ser humano hacia Dios, en la concepción de San Agustín, no es el esfuerzo de la inteligencia, idea querida para Plotino, sino la colaboración de la libertad con la gracia.

Pudo descubrir el brillante investigador, que San Agustín, cabalmente porque era pastor de la iglesia de Hipona, sabía amalgamar el recurso a los sabios conocidos, con la más pura tradición de la Iglesia, que ve en las Sagradas Escrituras un punto de referencia que refleja la fe, que el Espíritu Santo mantiene viva en las comunidades cristianas.

Pudo concluir el P. Leonel Miranda Miranda que hacer conciencia de que la Iglesia en el diálogo con la cultura de cada época puede aportar luces que hacen más humana la experiencia de la vida, y que San Agustín sigue diciendo cosas actuales: el ser humano tiende a Dios – Dios posibilita con su gracia esa ascensión a Él (Anábasis, diría Plotino) – los salmos leídos alegóricamente permiten percibir, en la peregrinación de Israel al templo, lasAscensiones in corde. ( Interpretación bíblica y-o Anábasis plotinian a), es decir, el camino del hombre hacia Dios, como reza el título de esta disertación en la que el P. Leonel invirtió varios años de su vida.

Me encantaría que el profesor universitario que dijo que los estudiosos de teología no saben investigar, leyera este trabajo doctoral, y matizara su opinión, porque no me lo imagino leyendo fuentes en griego y latín(Quellenforschung) , y menos me lo imagino haciendo progresar la ciencia en conocimientos que van más allá de la repetición deloci communes. Felicitaciones al brillante neodoctor, y permítanme alegrarme de los éxitos de otro discípulo, que se salió de las bancas de los simples alumnos.
periódico La Nación 10 febrero 2008

26/02/2008 GMT 1

La Beatificación de Monseñor Romero.

marfuerte @ 00:55

Ocean Castillo Loría.

La semana pasada la prensa escrita ha informado sobre las dificultades para la beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Este tema ya lleva bastante tiempo en el Vaticano.

En algún momento, se dijo que el problema eran las posibles relaciones del Prelado con la guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) En esta misma línea, ahora se ha dicho que debe demostrarse que las motivaciones de su asesinato son de índole religiosa.

Es claro que la misión de Romero se alineó a la propuesta del Concilio Vaticano II y las conclusiones de Medellín. Estos documentos de la iglesia, rescataban la dignidad humana ante todo enfatizada en los marginados.

Debe recordarse que el espacio misional de Monseñor estaba fuertemente marcado por la opresión y explotación social de parte de un pequeño grupo de familias que concentraba la riqueza en El Salvador. Asimismo, este grupo contaba con el apoyo de las fuerzas armadas.

Desde 1974, cuando sirvió en Santiago María como Obispo, Romero estuvo en pleno contacto con las masacres propiciadas por el gobierno y el ejército. Ya siendo Arzobispo de San Salvador, encuentra una iglesia encarnada con el pueblo. Es ahí donde tiene conciencia de la estatura de su misión y por ello, contra su comunidad de fe recrudece la represión.

Rutilio Grande, Alfonso Navarro, Ernesto Barrera, son solo algunos de los siete sacerdotes asesinados, así como un sinfín de familias, laicos y catequistas que caen víctimas del ejército en El Salvador. Romero denuncia un sistema que enfrenta a hermanos de clase social, con esto, se viola la ley de Dios y por lo tanto, se exalta la muerte.

A Monseñor lo matan por ser un Pastor. Por querer guiar a su pueblo hacia la paz.

Romero fue un profeta porque denunció lo incorrecto y anunció la esperanza. Ahora bien, es indudable que ese profetismo tuvo consecuencias en al campo político, pero esto siempre ocurre en la fe del Dios de Jesús, que fue la fe que tuvo Monseñor.

¿O es que acaso no tuvo impacto político el accionar del profeta Elías frente al Rey Acab?, ¿No tuvo impacto político la voz de Juan el Bautista, que señalaba las transgresiones del rey Herodes Antipas?

Escuchemos a Monseñor Oscar Arnulfo: “La actuación de la Iglesia siempre ha tenido repercusiones políticas. El problema es cómo debe ser ese influjo para que sea según la fe.
El mundo a que debe servir la Iglesia es el mundo de los pobres… los pobres son los que nos dicen qué significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo…
… La esperanza que fomenta la Iglesia es un llamado… a la propia responsabilidad de las mayorías pobres, a su concientización, a su organización… y es un respaldo a sus justas causas y reivindicaciones.
Son los pobres los que nos hacen comprender lo que realmente ocurre… la persecución (de la Iglesia) ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres.
El pueblo pobre es hoy el cuerpo de Cristo que vive en la historia…
La Iglesia se ha comprometido con el mundo de los pobres… Siguen siendo verdad entre nosotros las palabras de los profetas de Israel: Existen los que venden al Justo por dinero y al pobre por unas sandalias; los que amontonan violencia y despojos en sus casas, los que aplastan a los pobres… acostados en camas de marfil, los que juntan casa con casa y campo con campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país”.

Al igual que Juan el Bautista, al igual que Jesús, Romero tenía que morir porque resultaba incómodo a los que gobernaban y resultaba incómodo como consecuencia única y exclusiva de su fe. Debía de morir porque hablaba con la verdad en los dominios de la mentira y la ignorancia.

Romero muere pero resucita en su pueblo, se cumplen en él las palabras de Jesús, que si el grano de trigo no muere no puede dar frutos. El fenómeno de la resurrección de Romero en su gente es consecuencia de la fe en Cristo que lo lleva a la muerte y a su vez, a la vida misma.

Las consecuencias sociales del seguimiento a Jesús las expresa el mismo Monseñor: “Hay un criterio para saber si Dios está cerca de nosotros o está lejos: todo aquel que se preocupa del hambriento, del desnudo, del pobre, del desaparecido, del torturado, del prisionero, de toda esa carne que sufre, tiene cerca de Dios. La religión no consiste en mucho rezar: consiste en esa garantía de tener a mi Dios cerca de mí porque les hago el bien a mis hermanos. La garantía de mi oración no es el mucho decir palabras; la garantía de mi plegaria está muy fácil de conocer: ¿Cómo me porto con el pobre? Porque allí está Dios”.

Es cierto que las motivaciones de su muerte son fruto de su fe, como también es cierta su convicción sobre lo que resultaría de esta muerte: “Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Como pastor estoy obligado por mandato divino a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños; aún por aquellos que vayan a asesinarme”.

Puede que resulte incómodo o difícil de comprender y aceptar ese nexo entre fe cristiana y política o dimensión social, pero ya lo diría el mismo Monseñor, la unidad de la iglesia se logra: “en la fidelidad a la palabra y en la exigencia de Jesucristo y se cimenta en el sufrimiento común. No puede haber unidad de la Iglesia ignorando la realidad del mundo en que vivimos”.

El mundo en el que vive la iglesia de Monseñor Romero es el mundo de la pobreza, la marginación y la explotación: “Los antiguos cristianos decían: Gloria Dei, vivens homo, (La gloria de Dios es el hombre que vive). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: Gloria Dei, vivens pauper, (La gloria de Dios es el pobre que vive.). Creemos que desde la trascendencia del Evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndonos del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste la eterna verdad del Evangelio”.

Perfectamente Monseñor pudo haberse dedicado a predicar una paz que solo es posible vivir después de la muerte, pero esa no es la paz de Dios: “Debemos recordar que el único orden y la única paz que Dios quiere es la que se basa en la paz y la justicia. Y ante esa disyuntiva, nuestra opción… es clara y obedecemos al orden de Dios antes que al orden de los hombres”.

¿Cómo pueden quedar dudas del porqué muere Monseñor?, su muerte no es la muerte de un simple ciudadano, su muerte es eminentemente martirial: “El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro.”

Beatificar a Romero es un acto de justicia dentro de la iglesia.

Pero si por ventura, este acto se siguiera atrasando, es totalmente comprensible el que la figura de Santidad de Monseñor tenga lugar en el altar del Templo de Dios que es cada creyente.

De hecho, al fin y al cabo, esto es lo más importante.

Sí a la tolerancia en religión

marfuerte @ 00:49

Revista Humboldt
humboldt.redaktion@goethe.de

Después de su Fragment über das Religiöse (Fragmento sobre lo religioso), de 1931, la carta de 1954 de Thomas Mann aquí reproducida es su segunda toma de postura conocida acerca de la cuestión religiosa. La carta fue descubierta en el 2005. El filólogo Dirk Heisserer ha indagado sobre este documento.

Hace alrededor de medio siglo, a un empleado de una compañía de seguros, de 31 años de edad, le preocupaba la cuestión de si era posible la amistad entre dos personas que profesaran distintas confesiones.

Aldo Giordano, de Giaveno (cerca de Turín), había leído las novelas de Thomas Mann. A pesar de su desconocimiento del idioma alemán, le escribió una carta directamente al Premio Nobel.

Gracias a sus obras, le pareció lo bastante objetivo como para decidir sobre estos asuntos por encima de una discusión egoísta de opiniones: si era posible una verdadera amistad entre un católico romano y un protestante alemán; si Thomas Mann creía que una persona, por mor de una amistad, debería renunciar a una parte de su libertad personal; y, si fuere así, si no sería mejor renunciar a la amistad antes que a la libertad.

La carta alcanzó a Thomas Mann durante una estadía suya en Roma. Según Heisserer, su clara respuesta debió de formularla fácilmente recordando una conversación con el papa Pío XII acerca de la “unidad del mundo religioso”.

Precisamente un año antes, en abril de 1953, el autor protestante de la novela “papal” El elegido (1951) había conocido al pontífice en una audiencia privada en el Vaticano. El encuentro dejó una impresión duradera en Mann, como se desprende del hecho de que este manifestase una “simpatía fraternal no fácil de explicar” en un escrito en el cual se interesaba por la salud del papa enfermo.

Ante ese trasfondo debe entenderse la carta manuscrita de Thomas Mann a una persona a la cual desconocía. La posición expresada en ella, de gran liberalidad y tolerancia, excluye fundamentalmente toda ideología en nombre de la religión. También desenmascara, como profundamente irreligiosas, todas las consignas de una destrucción por motivos religiosos, no importa en cuál dirección.

La toma de postura de Thomas Mann a favor de la coexistencia pacífica de las confesiones cobra aún mayor relevancia en el contexto de la “polémica de las caricaturas”.

Esa polémica surgió a raíz de la publicación, en un periódico danés, de unas imágenes satíricas de Mahoma, de mal gusto. Esto tal vez haya hecho pensar en que se cumple el vaticinado choque de civilizaciones (vaticinado o promovido de tanto hablarse de ello).

En su carta, Thomas Mann ya no establece ninguna línea divisoria profunda entre las confesiones, pero marca indirectamente otros límites fronterizos: en concreto, los existentes entre creyentes y ateos. Cómo puede lograrse entre ellos la comunicación es una complicada cuestión política, y en último término también filosófica. Sin embargo, también aquí puede aplicarse el lema del autor: el diálogo fructífero basado en la “simpatía humana y el respeto”.

TOMADO DE LA REVISTA ‘HUMBOLDT’ del GOETHE-INSTITUT. N° 144, AÑO 2006. TRADUCCIÓN: RICARDO BADA.

La carta

perdida

Roma, 25 de febrero de 1954.Hotel Hassler.Estimado señor:Recibí su carta estando yo de viaje. Soy de una naturaleza demasiado tolerante como para poder creer que sea imposible la amistad entre dos personas de distinta tradición confesional. Ella es posible sobre el fundamento de la pura simpatía humana y el respeto ante la forma de la fe en que el otro vive. Hay muchas formas de fe, pero el mundo de lo religioso es solo uno, y, en el fondo, todas las personas religiosas se comprenden entre sí. No es necesario ningún sacrificio de la libertad interna; al contrario: la libertad interna se acrisola en la amistosa tolerancia de la impronta tradicional que sostiene la religiosidad del otro.Su muy devotoThomas Mann

Suplemento Áncora. periódico La Nación 10 febrero 2008

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