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RESONOCO

Categoría: teolog

10/05/2008 GMT 1

Falsos madrigales

marfuerte @ 19:16

Enrique Tovar

La crítica exige un mínimo de cultura, respeto y buena fe

Periodista

Mario Madrigal, quien escribe de teatro y contra la Iglesia Católica en la Página Quince de La Nación , publicó otro artículo el 21 de abril pasado . Cuando escribe sobre alguna obra teatral, generalmente él es el protagonista, y, si lo hace sobre la Iglesia, la protagonista es su espléndida ignorancia.

Falsedades. En ese artículo critica a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI porque, según él, no hicieron nada contra los curas pederastas. Falso de toda falsedad. Antes de emitir estos criterios mentirosos, debería informarse debidamente por respeto no a los papas, sino a sí mismo. Dice que la Iglesia “busca siempre el apoyo y la sombra de los poderosos”. Desconoce la realidad mundial y salta a la vista que no ha leído ni el forro de una Historia de la Iglesia. Ha habido pasajes nefastos en la historia de la Iglesia, pero su juicio genérico no tiene ningún asidero. A través de los siglos, el catolicismo ha sufrido persecución de quienes detentan el poder, entre ellos Stalin, Fidel, Hitler, Plutarco Elías Calles, Napoleón, Enrique VIII…

Afirma que el obispo San Casimiro manifestó que tenía en su caja fuerte “varios millones de euros y de dólares que le habían sobrado de un viaje a Europa”. Es decir, no los pudo gastar todos en el Viejo Continente… El obispo San Casimiro nunca ha hecho esta afirmación. Estas aseveraciones desacreditan mentalmente a Mario Madrigal.

En relación con el sexo, expresa Mario Madrigal que “las autoridades eclesiásticas siguen buscando que los feligreses se sientan avergonzados de cualquier libertad (o pecado) sexual para que busquen el perdón de un sacerdote y, de esa manera, caer en las redes de la expiación y el remordimiento”. Sería bueno que les diga a los lectores de La Nación dónde obtuvo el bachillerato, pues este párrafo es una falta de respeto al castellano y a toda lógica. Además, ahora descubrimos que la expiación y el remordimiento, sentimientos humanos, son “una red” de los curas. ¡Atención, psicólogos y psiquiatras!

Educación sexual. Agrega luego que a la Iglesia le interesa “evitar que la juventud conozca, en forma libre y científica, el sexo”. El sexo, señor Madrigal, es parte de la naturaleza humana, el cual supone un conocimiento integral (cuerpo y alma) del ser humano. La enseñanza sexual entendida como reparto de condones ha demostrado, en todos los países, su falsedad. Al menos, lea las investigaciones que se publicaron en Inglaterra la semana pasada. Quien no se informa y no estudia se expone a escribir disparates. Y cierra así: “De esta manera, las nuevas generaciones podrán enfrentar la vida sin ataduras y decidir su propio destino”. ¿Es este su parámetro educativo? ¿Sin ataduras, sin principios, sin normas de conducta? Así, ¿a lo chancho chingo?

Prejuicios. Y no podía faltar la acusación contra la Iglesia de “oscurantismo en Costa Rica y en todo el mundo”. Ninguna persona que haya leído, por lo menos, Paco y Lola, se atreve a escribir semejante tontería. Llegado a este punto, me confieso derrotado. Si una persona con la edad de Mario Madrigal repite estas locuras, no tiene cura. Su oscurantismo, no el de la Iglesia, alcanza niveles estratosféricos.

Sin embargo, voy a hacer un esfuerzo. Compré un libro reciente llamado “Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental”, de Thomas E. Woods JR. Este autor es licenciado y doctor de varias de las más prestigiosas universidades norteamericanas, incluidas Harvard y Columbia.

Ahí se enterará de lo que cualquier adulto que se respete a sí mismo debe saber antes de atreverse a enviar a un periódico un artículo repleto de prejuicios y de ignorancia. También puede abrir Internet y comenzar a preguntar con madurez, tino y buena fe. Dese esa ayudita si es que piensa seguir con el triste e inútil oficio de mentir sistemáticamente contra la Iglesia. Hay otras formas de darles rienda suelta a los prejuicios.
periódico La Nación 25 abril 2008.

Columna A FONDO

marfuerte @ 01:57

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Hay tantas y tantas religiones en el mundo…
Los cristianos deberíamos recordar, permanentemente que, todos juntos, formamos una tercera parte de la humanidad.

Las otras dos terceras partes de seres humanos, al menos en su gran mayoría, también luchan y se debaten igual que nosotros en la búsqueda de un camino hacia Dios; a veces en otras grandes filosofías como los islámicos y budistas, otras veces en sectas, pero en todas, en forma sincera, anhelan mostrar el camino.

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Se diferencian en las formas, pero las une un denominador común: el amor.

No son muchos los imanes, pastores, sacerdotes, shamanes, monjes, etc., que alcanzan a derrumbar los muros de la exclusión y la diversidad y a entender que lo que existe es una unidad absoluta entre el género humano.

Si no lo alcanzan los referentes de las religiones, mucho menos sus clérigos, devotos, feligreses o como quieran llamarlos.

De ahí que estamos rodeados de millones de seres que afirman que la única válida es la suya propia; que no hay más Dios que …
• •
Sin embargo, a veces hasta hipócritamente, la tónica mínima que todos sostenemos cuando nos vemos inmersos en medio de tantos matices espirituales, es el respeto.

No entenderíamos el hablar de Dios odiando al prójimo; no comprendemos abrazar a una figura de yeso si somos capaces de agredir a otro humano.

• •
Y menos, mucho menos, concebimos que nos convirtamos en jueces de las creencias de los demás.

Quebrarles figuras, romper postales de la forma de Dios que otros aman, es un crimen social por su irrespeto, su imposición de violencia, su intransigencia.

Es agresión contra nuestros principios.

• •
Entre otras cosas, atenta contra lo que las leyes nos obligan a respetar, tanto a nacionales como a extranjeros: “Nuestras buenas costumbres”.

• •
¿Qué está haciendo el gobierno costarricense permitiéndole a un loco a que venga a nuestro país a agredir nuestros principios, nuestra convivencia pacífica, nuestras creencias?
¿No importamos ya a suficientes agresores?
periódico La Prensa Libre 21 abril 2008.

La Iglesia, el sexo y el dinero

marfuerte @ 01:54

Mario Madrigal | papasil@ice.co.cr

Periodista

Muchas personas se sorprendieron –y a algunos les pareció algo inaudito– al leer los reportajes que publicó La Nación sobre una especie de financiera ilegal perteneciente a la Conferencia Episcopal, cuyo presidente, monseñor José Francisco Ulloa, fue acusado ante nuestras tribunales por el delito de administración fraudulenta. Ade- más, se sorprendieron de que las autoridades eclesiásticas se lavaran las manos, como Pilatos, mostraran ignorancia de los muchos millones que habían pasado por sus manos y culparan de todo a un contador, de toda su confianza, quien, por estar muerto, no podrá defenderse de los cargos. “Cuando yo llegue al cielo –dijo Ulloa – lo primero que voy a hacer es preguntarle por qué lo hizo”.

Corrupción. Sin embargo, nada de esto es sorprendente. A través de los años he publicado numerosos artículos en los que he denunciado la corrupción, el afán de enriquecerse y el oscurantismo de la Iglesia Católica, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo. Solo en los Estados Unidos el problema de los sacerdotes abusadores y violadores de niños, sobre todo monaguillos, le costó a esta Iglesia dos mil millones de dólares para medio tapar el escándalo.

El papa anterior, de tanto carisma, enfrentado al escándalo, solo atinó a decir que buscaría la manera de expulsar de la Iglesia a los sacerdotes que en forma “reiterada” y “pública” hubieran abusado de niños. El papa actual, en su viaje a los Estados Unidos, indicó que se sentía avergonzado de la conducta de estos sacerdotes y que buscaría la manera “de que esto no vuelva a ocurrir en el futuro”, pero sin anunciar castigos o medidas claras para evitarlo, lo cual pareciera indicar que todo seguirá igual, como ha sido siempre.

El dinero. Es bien conocido que la Iglesia Católica siempre busca el apoyo y la sombra de los poderosos. Todos los dictadores de nuestro continente, incluyendo alguien tan cercano como Tacho Somoza y su hijo, tuvieron siempre en sus oficinas un retrato del papa de su tiempo con la bendición papal. En la película El Padrino 3 se mostró claramente la unión del Vaticano con la mafia italiana, lo cual no fue nunca refutado por esta Iglesia. El Banco Ambrosiano cerró después de varios escándalos en los que estuvo involucrada la mafia, incluyendo hasta un asesinato.

En Costa Rica las autoridades católicas manejan una fortuna que se mantiene secreta, pero que, en una ocasión el anterior arzobispo, monseñor Arrieta, estimó en ¢20.000 millones.

Parte de esta fortuna está invertida en la Cervecería Costa Rica aunque, explicó en una ocasión Mons. Ulloa, no es para la producción de cerveza, sino solamente de agua y refrescos naturales (algo más difícil que convertir el agua en vino).

Cuando le robaron la caja fuerte al obispo San Casimiro, este explicó que contenía varios millones de euros y dólares que era lo que le había sobrado de un viaje a Europa. Este obispo negó a las autoridades que conociera el paradero de un sacerdote prófugo de la justicia por abusar de menores, y no solo lo sabía, sino que le pagó sus gastos mientras andaba huyendo en México.

El sexo. En cuanto al sexo, las autoridades eclesiásticas siguen buscando que los feligreses se sientan avergonzados de cualquier libertad (o pecado) sexual para que busquen el perdón de un sacerdote y, de esa manera, caer en las redes de la expiación y el remordimiento. Para esto tratan de evitar que la juventud conozca, en forma libre y científica, el sexo y durante muchos años lograron que no se aprobaran las guías sexuales para los colegios.

Es muy meritorio que el actual ministro de Educación, Leonardo Garnier, haya roto este tabú y haya logrado lo que ningún Gobierno anterior pudo hacer durante tantos años. De ahora en adelante, la juventud podrá aprender, sin ningún tipo de prejuicios, sin oscurantismos, la verdad sobre el sexo y, de esta manera, las nuevas generaciones podrán enfrentar la vida sin ataduras y decidir su propio destino.
periódico La Nación 21 abril 2008.

Fundada sobre roca

marfuerte @ 01:38

Abril Gordienko

Abogada

A diferencia de Europa, América Latina sigue teniendo una mayoría católica; a misa no solo asisten los ancianos, sino familias completas, jóvenes, profesionales, campesinos, empresarios y políticos. Nuestra Iglesia está viva y a todos, clero y laicos, nos corresponde una cuota de compromiso con lo que Cristo espera de su Iglesia. Este es uno de los elementos que distinguen a los católicos: estamos unidos por una institución fundada por el Hijo de Dios, que se ha mantenido a lo largo de 20 siglos, a pesar de sus propios errores y de los constantes ataques de quienes desean verla desaparecer.

Aparte de la cardinal labor evangelizadora, la Iglesia cumple en el mundo una tarea social trascendental y determinante para el progreso humano, en unas épocas y en unos lugares más que en otros, claro. Dice el filósofo Julián Marías ( Sobre el cristianismo ) que “en España, la Iglesia ha hecho una increíble proporción de lo que se ha hecho; ha asumido funciones que en otros países o en otras épocas han sido propias de la sociedad o del Estado”. Me atrevo a aplicar esa afirmación a la Iglesia en Costa Rica, cuya intervención fue decisiva para instaurar la paz y la seguridad sociales junto a otros valiosos aportes al fortalecimiento de nuestra democracia hechos por el pensamiento de clérigos y de fieles católicos. Y sigue siendo la Iglesia a través de parroquias, de órdenes religiosas y de asociaciones laicas inspiradas en la palabra de Jesús, una de las mayores fuentes de ayuda y de compensación social de este país.

Festín de detractores . Los sacerdotes deben guiar a los fieles, y nosotros tenemos la obligación y el derecho de decirles lo que esperamos y lo que necesitamos de ellos. Y necesitamos, entre otras cosas, que modelen para nosotros, porque sus faltas nos perjudican y son el festín para los detractores de la Iglesia ya que, como dice el escritor español Eulogio López, hoy en día desprestigiar a los prelados resulta mucho más efectivo que la persecución física de los cristianos. “Con lo segundo, se acaba con la vida o con la libertad, pero el verdadero enemigo es el que puede dispersar al rebaño a costa de desprestigiar a sus pastores”. El descrédito del clero hace más daño que la maquinaria de Hollywood, los impostores, la prensa, el panteísmo, el agnosticismo, el comunismo, el indiferentismo y el materialismo. Es muy común, aun entre los católicos, que se confunda a la Iglesia con Cristo y, si alguno de sus miembros comete un error, se lo atribuyen a Él. Las consecuencias no se limitan al desprestigio de la institución eclesial, sino que sufrimos todos los creyentes que vemos desacreditado el nombre de nuestro pastor por culpa de algunas ovejas descarriadas y sufre la sociedad por la pérdida de valores y de modelos dignos de imitar.

Está claro que la Iglesia necesita dinero. Los primeros cristianos se reunían para celebrar la Cena del Señor y compartir sus bienes (Hch 2,42-47); con el tiempo, este compartir quedó como un acto importante junto a las ofrendas del pan y del vino, lleno de múltiples sentidos, como la ofrenda de nosotros mismos a Dios, devolverle parte de lo que recibimos de Él, la santificación y consagración de nuestro esfuerzo cotidiano, ayudar a los hermanos que necesitan más de nosotros y sentido evangelizador para que la parroquia tenga medios para anunciar a Jesús. En Costa Rica, la Iglesia se sostiene de un aporte estatal y de las colectas parroquiales. Esa plata debe usarse para difundir el Evangelio, para hacer labor social, para sostener los gastos de mantenimiento de las parroquias y los párrocos y para otros gastos que el arzobispo considere necesarios, sin “temporalizarse”, sin acomodarse a intereses políticos o económicos ajenos a la misión encomendada por Cristo; nunca para especular ni para hacer buchacas. Su manejo debe ser siempre transparente y de ello se le deberían rendir cuentas a los fieles.

Función trascendental. La Iglesia la fundó Jesucristo, no los hombres, y por eso, a pesar de nuestros errores, sigue en pie cumpliendo una función trascendental. Dice Louis de Wohl: “… tal vez surjan nuevos peligros, tal vez se desaten nuevas tempestades, pero, si así fuera, no olvidemos jamás lo que Jesús dijo, al final del Sermón de la Montaña, del hombre prudente y de la casa que había construido: “Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos e irrumpieron sobre aquella casa, pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca” (Mateo 7,25)”. Cristo es la roca, a Él le he dado mi insobornable adhesión y me mantengo fiel a su Iglesia, a pesar de todo. Este comentario no pretende desprestigiar a las autoridades eclesiásticas de Costa Rica; por el contrario, es una invitación a que den las explicaciones que los fieles merecemos y a que tomen medidas correctivas contundentes y evidentes, que pueden ser dolorosas, pero que son necesarias. Los disimulos y las explicaciones a medias quizás le den un salvoconducto temporal a los implicados, pero dañan la imagen de la institución y son excusa para que muchos cuya fe es vulnerable, se alejen no solo de ella, sino del Evangelio mismo.
periódico La Nación 20 abril 2008.

09/05/2008 GMT 1

Columna En Vela

marfuerte @ 00:43

Julio Rodríguez | envela@nacion.com

Dos aspectos sorprenden en la crisis financiera de la Iglesia Católica en Costa Rica, ventilada en los recientes reportajes de La Nación : la presencia de las mismas personas en diversos cargos estratégicos y la impericia de aquellas para desempeñarlos. Doble pecado.

El adagio “zapatero, a tus zapatos” no ha perdido su lozanía, más aún en materia eclesiástica o pastoral. En este sentido, y sin pretender inmiscuirme en asuntos ajenos a mis escasos conocimientos, viene al caso la relectura de Henri de Lubac, enMeditación sobre la Iglesia , texto clásico, o bien el más reciente, de Joseph Ratzinger, actual Benedicto XVI, enLa Iglesia, una comunidad siempre en camino , para citar solo dos en una pléyade de obras recias e inspiradoras. El capítulo V de esta,Una compañía en el camino, un llamado a la reforma, podría ser el ansiado epílogo de esta saga dolorosa en Costa Rica, que, con ribetes de escándalos, financieros y no financieros, conocidos o soterrados, ha consumido demasiado tiempo.

Cito al papa Benedicto XVI: “Lo que necesitamos no es una Iglesia más humana, sino una Iglesia más divina; solo entonces será también verdaderamente humana. Y por esto todo lo que hacen los hombres dentro de la Iglesia hay que reconocerlo en su puro carácter de servicio y desaparece ante lo que cuenta más y es lo esencial… Creo –agrega– que, desde este punto de vista, deberíamos iniciar en la Iglesia a todos los niveles este examen de conciencia sin reservas”.

Jesús nos enseña que no se puede servir a dos señores… ni a dos señoras. Hay que saber distinguir, pues el que mucho abarca, poco aprieta. Jesús sabía de la necesidad de dividir el poder y del imperativo categórico de consagrarse a lo esencial. El poder –en su doble sentido depoder de ypoder sobre – es demoníaco, corrompe y atonta, pero, bien orientado, esto es, dividido, deliberante, transparente y esencial, siembra, produce y florece. Su sabia administración es tarea capital. La sentencia de Hobbes nos debe poner alertas: el ser humano tiene “un deseo perpetuo y sin tregua de adquirir poder tras poder”. Por ello, unos pocos, expertos o inexpertos, haciendo todo y sabiéndolo todo, o creyendo que lo saben todo, en una plataforma de poder, es una fórmula fatal, cuya primera víctima es siempre la verdad. Lo mismo vale para la política, para el Estado o para las empresas.

Cuando muchos están informados, el radar cognitivo compartido permite captar las señales o la llegada del lobo, o bien valorar, por la deliberación, “el exceso de confianza”, trampa siempre abierta que engaña a los más duchos. Si pocos tienen el poder, fácilmente germinan el secreto, el miedo y la mentira.
periódico La Nación 23 abril 2008.

Missio canonica : verdades y mitos

marfuerte @ 00:41

Luis Alejandro Rojas

El docente de Educación Religiosa se somete a un código ético llamadomissio canonica

presbítero

El periodista Jairo Villegas, de La Nación , una vez más, en menos de nueve días, aborda un tema referente a la Iglesia Católica, sin la prueba de verdad.

Al reportaje de don Jairo del 30/3/08 , con referencia a la educación sexual y la participación de la Iglesia, le hago precisiones en el semanario Eco Católico del 13 de abril.

Esta vez, en la página 10 A del martes 8/4/08 , se refiere al reglamento del otorgamiento y de la revocatoria de la missio canonica , que regula el ejercicio profesional de los docentes de Educación Religiosa en el país, afirmando que el mencionado reglamento impide a educadores presentar objeciones ante los juzgados.

Dicha aseveración es falsa; el reglamento no establece que los docentes no puedan ventilar sus casos en la vía judicial. Así lo demuestra la jurisprudencia de la Sala Constitucional.

El reglamento. ¿Cuál reglamento leyó don Jairo?¿No será que solo leyó la presentación del reglamento subscrito por el MSc. Federico Cruz Cruz, anterior director del Departamento de Educación Religiosa, que recoge la opinión de un funcionario, pero no de la Conferencia Episcopal? Es obvio que la presentación no es parte del corpus del reglamento

Extraña también que, haciendo eco de las infundadas apreciaciones del periodista, en menos de tres días aparece don Agustín Ureña Álvarez, tocando las campanas, con su artículoEducación religiosa ,matrimonio e Inquisición (Foro 11/4/08).

Extraña también que, un profesor universitario no recurra a las fuentes primarias, sino que dogmatice por el dicho de otros.

Se rasga las vestiduras el académico porque el adulterio es una causal de revocatoria del envío oficial de la Iglesia para laborar en la Educación Religiosa.

¿Qué dirá de las regulaciones y los códigos de ética que aplican los colegios profesionales? ¿No es cierto que hasta por mora se inhibe el ejercicio de una profesión en Costa Rica?

¿No es cierto que existe la figura del ejercicio ilegal de la profesión, tipificado con penas y sanciones?

De manera semejante sucede con un docente de Educación Religiosa cuya práctica educativa o testimonio de vida lo justifique, previo cumplimiento de un debido proceso. El docente de Educación Religiosa es, además de un hijo de la Iglesia, un profesional, que previo al desempeño de su puesto, voluntariamente y sin presión, se somete a un código ético denominado reglamento para el otorgamiento y revocatoria de la missio canonica .

El objeto de estudio. Señor profesor, el objeto de estudio no es si los sacerdotes sabemos de un mal matrimonio, sino que un docente de Educación Religiosa, aún con sus debilidades humanas, responda con su vida y testimonio a la vocación a la que fue llamado, a los principios morales y valores cristianos que enseña. Recordemos que las palabras para un cristiano sobran, cuando el testimonio arrastra.

Señor profesor, su anacronismo larvado, cuando evoca prácticas medievales atribuidas a la Conferencia Episcopal, acusan el principal “pecado” de un académico: especular sin leer las fuentes primarias.

Esté tranquilo, los asuntos del reglamento sí se pueden ventilar en la vía judicial y esto no contradice el Derecho Canónico.

Tanto a los lectores del periodista Villegas como a los alumnos y alumnas del señor profesor universitario, les viene muy bien mi consejo, aunque sea de un cura “torero de gradería”: para escribir y comer pescado hay que tener mucho cuidado. A los interpelados, también un consejo: lean el reglamento de la missio .
periódico La Nación 23 abril 2008.

Desde la tierra a la gradería

marfuerte @ 00:39

Agustín Ureña Álvarez | 4m-ureville@ice.co.cr

Existen derechos pisoteados por la Conferencia Episcopal y sobre los que usted calla

Profesor Universitario

Leí los comentarios de don Juan Céspedes (Foro 14/04/08) y del presbítero Mauricio Víquez (Foro 18/04/08) sobre mi artículo “Educación religiosa, matrimonio e Inquisición” (Foro 11/4/08). En mi artículo, el matrimonio es uno de varios temas, y don Juan no se refiere al celibato de los sacerdotes y a su incapacidad para opinar sobre lo que no viven, ni a la violación de derechos laborales promovida por la Conferencia Episcopal, que dejó indefensos a los profesores de religión, aquí en la Tierra, porque decidió que eso era un asunto de allá en el Cielo. La respuesta de don Juan es dogma recitado. En el siglo XXI, algunos requerimos más que dogma para elaborar nuestras opiniones.

Ignorancia. En el caso del presbítero Mauricio Víquez, sus ofensas sobre “mi lógica” son cortinas de humo (espero que no de hoguera) para distraer del tema de fondo: que usted ignora lo esencial porque eligió no saber y decidió no casarse, no convivir con una esposa, nunca tener hijos ni, menos aún, levantar un hogar y criarlos. Lógicamente, usted no sabe lo que es ser marido y padre de familia.

Esa obvia incapacidad clerical para vivir el matrimonio ha generado todo tipo de perversiones. Como nunca escribo garrapatos, ignorante no significa idiota. Si usted, don Mauricio, cree que deba sentirse así al leer mi artículo, no es mi culpa: examine su interior. En cuanto a su afirmación de que está en el limbo en relación con el matrimonio, estoy de acuerdo: usted está en el limbo, mientras siga soltero, sin hijos y contemplando el matrimonio de los demás, como usted mismo confiesa. Yo no lo mandé a la gradería: usted eligió estar ahí y, al ser confrontado con las consecuencias de sus propias decisiones, se siente exhibido en público, por su voluntaria ignorancia, y, en vez de reflexionar, se atreve a sentirse ofendido y ofende.

Luego me acusa de “imprecisiones históricas”, sin citar ninguna, lo que es una falta de seriedad. Use sus conexiones en el Cielo y pregúntele a Giordano Bruno y a las víctimas de la Inquisición a qué huele el humo de carne humana quemada en la hoguera. El milenio de los Estados Pontificios y sus guerras en nombre de Dios son realidades, muchas veces escritas con sangre. ¿No será que lo que usted llama imprecisiones históricas, son crímenes contra la humanidad –que usted quisiera borrar– perpetrados por la Iglesia?

Abusos y justicia. Sé que cuando la Iglesia pudo matar, mató, en el sentido más forense de la palabra. Las conquistas militares del papa “guerrero” Julio II y la Inquisición son el mejor ejemplo. La única explicación para estas atrocidades es que la Iglesia se eximió a sí misma de aplicar el 5.° Mandamiento, por uno o dos siglos, mientras mataba a todos los que no pensaban como ella. Esa es la historia. Supongo que a usted le contaron otra en el Seminario, y por eso me acusa de “impreciso”.

Yo creo en Jesús: admiro el vuelo de las aves y me extasían los lirios del campo. También creo en Pablo de Tarso, en el Dios sentido por Agustín de Hipona y en el Dios explicado por Tomás de Aquino, en la vivencia de Jesús que percibo en el misticismo de Francisco de Asís y de Teresa de Calcuta. Creo en el Jesús que impactó la vida de Pascal, como también rechazo la arrogancia homicida de Enrique VIII y la predestinación de Calvino.

Don Mauricio, en cuanto al derecho, su silencio demuestra que, si lo entiende, no le preocupa. Le informo que hubo una Revolución Francesa, que se dio una Declaración Universal de Derechos Humanos, que tenemos una Constitución, que existe una Convención Interamericana de Derechos Humanos y que esos instrumentos garantizan el derecho de recurrir a los tribunales para obtener justicia, instrumentos y derechos pisoteados por la Conferencia Episcopal y sobre lo que usted notoriamente calla. Toda tiranía comenzó con un abuso, que no fue detenido: hace 500 años ya estarían cortando leña para quemarme. ¿Resabios de Inquisición en la Conferencia? ¿Nostalgia suya, don Mauricio, por el siglo XV? Los actos de la Conferencia, y su notorio silencio, don Mauricio, los delatan.
periódico La Nación 22 abril 2008.

08/05/2008 GMT 1

Columna EL OBSERVADOR

marfuerte @ 01:16

Fe y política de la mano
Lic. Hermes Navarro del Valle
El diario Aceprensa nos cuenta que en el discurso que Benedicto XVI dirigió al presidente George W. Bush, el pasado miércoles, durante la ceremonia de bienvenida en la Casa Blanca, subrayó que la religión y la moralidad son soportes indispensables para la prosperidad política.

El Papa se remontó a los principios inspiradores de la Constitución de Estados Unidos de América, para hacer ver que las creencias religiosas son una poderosa fuerza orientadora en la vida social y política. “Ya desde los albores de la República -recordó-, la búsqueda de libertad de América ha sido guiada por la convicción de que los principios que gobiernan la vida política y social están íntimamente relacionados con un orden moral, basado en el señorío de Dios Creador. Los redactores de los documentos constitutivos de esta nación se basaron en esta convicción al proclamar la ‘verdad evidente por sí misma’ de que todos los hombres han sido creados iguales y dotados de derechos inalienables, fundados en la ley natural y en el Dios de esta naturaleza.”
Para formar una sociedad que incorporara estos principios hubo muchas dificultades, reconoció el Papa. “A lo largo de ese proceso, que ha plasmado el alma de la nación, las creencias religiosas fueron una constante inspiración y una fuerza orientadora, como, por ejemplo, en la lucha contra la esclavitud y en el movimiento en favor de los derechos civiles. También en nuestro tiempo, especialmente en los momentos de crisis, los americanos siguen encontrando energía en sí mismos adhiriéndose a este patrimonio de ideales y aspiraciones compartidos.”
Al mismo tiempo que elogiaba la libertad, el pontífice advirtió que “la libertad no es sólo un don, sino también una llamada a la responsabilidad personal”. “La defensa de la libertad es una llamada a cultivar la virtud, la autodisciplina, el sacrificio por el bien común y un sentido de responsabilidad ante los menos afortunados. Además, exige el valor de empeñarse en la vida civil, llevando las propias creencias religiosas y los valores más profundos a un debate público razonable. En una palabra, la libertad es siempre nueva. Se trata de un desafío que se plantea a cada generación, y ha de ser ganado constantemente en favor de la causa del bien.”
La Iglesia está convencida, aseguró el Papa, que “la fe nos ofrece la fuerza para responder a nuestra alta vocación y la esperanza que nos lleva a trabajar por una sociedad cada vez más justa y fraterna”. Y aquí el Papa volvió a enlazar con los orígenes de Estados Unidos, al decir: “Como vuestros Padres fundadores bien sabían, la democracia solo puede florecer cuando los líderes políticos, y los que ellos representan, son guiados por la verdad y aplican la sabiduría, que nace de firmes principios morales, a las decisiones que conciernen a la vida y el futuro de la Nación”.
periódico La Prensa Libre 19 abril 2008.

07/05/2008 GMT 1

Desde la gradería

marfuerte @ 01:21

Mauricio Víquez Lizano

Seriedad y precisión son dos condiciones para opinar y para enseñar

Presbítero

Hace unos días leía un artículo de Agustín Ureña ( La Nación, Foro, 11/4/08) titulado E ducación religiosa, matrimonio e Inquisición . Debo confesar que el artículo me resultó algo raro, molesto, e incluso, difícil de ser captado como unidad. Dice el autor que es profesor universitario. No nos informa el susodicho acerca de la especialidad que enseña.

No debe ser profesor de Lógica el docente en cuestión porque el texto que nos presenta no parece indicarlo. Es seguro que no se dedica a ninguna rama del saber teológico porque no acierta en ninguna de las afirmaciones que rozan con esa parte intelectual del acto de fe que llamamos Teología. La Historia tampoco debe ser su fuerte y menos el Derecho. No logramos descubrir nada que, por la precisión mostrada, nos haga ubicar el campo de trabajo del profesor Ureña.

Enviado a las gradas. El artículo que aquí ocupa mi atención me ubica junto a todos los curas en la mera gradería. “Cómodo, seco, seguro”, soy enviado a las gradas “al calor de dogmas milenarios”. Allí debería sentirme ordinariamente un poco idiota, habitante de una especie de limbo etéreo que me impide enterarme de nada, ansioso de disfrutar al ver cómo la gente sufre y mal lleva su vida, sobre todo, si son casados.

Un poco más adelante, el profesor Ureña me eleva en su artículo de nivel y me pone en el “palco de la vida”. Allí me hace disfrutar –a mí y a todos los curas– de censurar a diestro y siniestro y, por supuesto, insiste en que de la familia el clero no tiene ni la menor idea. Una insistencia que hace pensar que todo sacerdote fue concebido in vitro, gestado en un tubo de ensayo y, luego de ser criado en un laboratorio, puesto “ensotanado” en medio de un mundo ficticio en que la familia feliz no existe.

En el cierre, el garrapato que leí me hace un “arrogante que ignora” (todos los curas y yo, repito), un vil inquisidor moderno (con la compañía de la CECOR) y, por supuesto, un iluso añorador de la maraña histórica que cierra la nota de don Agustín.

Independientemente de lo que yo pueda pensar sobre la missio canonica y sin abordar las razones de la CECOR para indicar lo que afirma acerca del matrimonio canónico de los profesores de Religión católica, ciertamente hay un punto en que sí quisiera insistir aquí: la necesaria seriedad y precisión de las personas que opinan públicamente –máxime si firman como “profesor universitario”– al externar su parecer sobre ciertos temas y referirse a personas concretas.

Familia y matrimonio. Falaz e irrespetuoso es cuanto Ureña afirma acerca de lo que puede o no conocer un clérigo acerca de la familia y el matrimonio. Tendencioso es cuanto dice acerca de la vida matrimonial y sus “sufrimientos” desconocidos e incomprensibles para quien no está casado. Y, por supuesto, nada serio el caldo final histórico con que la nota se cierra.

Pues bien, cierro esta breve réplica desde “la gradería” donde me ha ubicado el articulito de marras. Lo curioso es que aquí sentadito, y a pesar de don Agustín, ni me siento estúpido ni en el limbo. Creo, además, conocer bien la familia y su vida, desde lo teórico y desde lo práctico, al contemplar tantos y tantos ejemplos que, empezando por la mía propia, me enseñan que la familia y el matrimonio no son como Ureña los pinta.

Y en cuanto a la historia, ¿volver al siglo XV? ¡Jamás!, señor profesor universitario (estimado colega, de paso). En eso puede estar tranquilo, muy tranquilo. Y otra cosa: cero nostalgias, téngalo en consideración.

periódico La Nación 18 abril 2008.

Lo que da la fe

marfuerte @ 00:10

Guillermo Malavassi

La verdadera fehace ver al creyente todas las cosasde otra manera

Filósofo

La fe es la virtud teologal que se refiere directamente a Dios. Por ella creemos en Dios, en todo lo que Él ha dicho y revelado, y que la Iglesia nos propone. Por la fe, la persona se entrega entera y libremente a Dios. Por ello, el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero la fe sin obras está muerta. Junto con la esperanza y la caridad, la fe une plenamente el fiel a Cristo y hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.

La fe se profesa, se testimonia con firmeza y se difunde. El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33).

La vida verdadera. En su admirable encíclica Spe Salvi, el santo Padre hace una exégesis sobre la fe en un texto de la Carta a los Hebreos. Llega a poner de manifiesto que por la fe, de manera incipiente, ya están presentes en nosotros las realidades que se esperan: el todo, la vida verdadera. “Y precisamente –dice Benedicto XVI– porque la realidad misma ya está presente, esta presencia de lo que vendrá genera también certeza: esta ‘realidad’ que ha de venir no es visible aún en el mundo externo (no ‘aparece’), pero debido a que, como realidad inicial y dinámica la llevamos dentro de nosotros, nace ya ahora una cierta percepción de la misma”.

La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía ausente, sino que la fe da más: nos da aquí y ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para el creyente prueba ( elencos ) de lo que aún no se ve. Esta prueba atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro “todavía-no”. El hecho de que para el creyente este futuro existe, cambia el presente. El presente está marcado por la realidad futura. Así, las realidades futuras repercuten en las presentes y las presentes en las futuras.

Es por ello que la misma encíclica explica la distinción que en el mismo texto de laCarta a los Hebreos se hace entre los bienes que necesitamos en este mundo para el diario vivir (hyparchonta en griego) y los bienes mejores y permanentes (hyparxis en griego).

Bienes duraderos. La fe hace ver la importancia de los bienes duraderos, inmarcesibles, respecto de los cuales resultan despreciables los bienes transitorios. Ello otorga al creyente una nueva libertad frente a los bienes transitorios, sin negar su sentido normal. Esta nueva libertad, la conciencia de los verdaderos bienes, es la que actúa en la decisión de los mártires, que los hizo enfrentar serenamente la prepotencia de la ideología y de sus órganos políticos, con lo que han renovado el mundo con su muerte. Esa misma nueva libertad es la que explica las grandes renuncias desde los monjes de la Antigüedad a Francisco de Asís y tantos otros miles. Es que se percataron, por la auténtica fe, de que los bienes de este mundo son nada comparados con los que la fe hace ver desde ahora: “Pues ¿qué provecho sacará un hombre si ganare el mundo entero, pero malograre su alma.” (Mt 16, 26).

Cuando el protomártir Esteban fue requerido por el Sanedrín, después del elocuente discurso que allí dijo, y cuando la rabia de los que lo malquerían se iba a traducir en su muerte, dicen losHechos de los Apóstoles que clavó los ojos en el cielo y “vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: ‘He aquí que contemplo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios’”. Cuando ya agonizaba apedreado, hincó las rodillas y clamó con grande voz: “Señor, no les demandes este pecado. Y, esto dicho, se durmió en el Señor”.

La verdadera fe hace ver al creyente todas las cosas de otra manera. La fe da nuevos ojos para ver. Y ello se traduce en lo que recordaba S. Pablo en suCarta a los Hebreos : “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”.

Hay que cuidar con esmero el don de la fe.
periódico La Nación 17 ABRIL 2008

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