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RESONOCO

Categoría: teolog

22/09/2007 GMT 1

Dios, riqueza y TLC

marfuerte @ 19:30

Costa Rica está obligada a aumentar su riqueza y a ser próspera

Enrique Tovar
etovar47@hotmail.com
Periodista

Nuestro padre Abraham fue un hombre rico, a quien Yavé Dios quiso y ayudó mucho, y vino a ser cabeza de tres iglesias: la judía, la católica y la musulmana. El rey David, aparte de su notable sagacidad, vivió en palacio y gozó de bienes materiales en abundancia. Y su hijo, el rey Salomón, amasó fortuna y fue el más poderoso hombre que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra.

Y si brincamos al Nuevo Testamento, nos encontramos con Mateo, cobrador de impuestos del imperio romano, adinerado, que tuvo el privilegio de cenar en su casa con Jesús el Mesías. Y cuando Cristo quedó solo colgado en la cruz, José de Arimatea, un hombre de gran poder económico, pidió a Pilato el cadáver para depositarlo en una tumba nueva. Este acaudalado personaje buscó nada menos que el cuerpo de Cristo –el mismo que se recibe en la Sagrada Eucaristía–, para darle lo que hoy llamamos cristiana sepultura.

Lo condenable. ¿Está Dios contra la riqueza y contra los ricos? ¿Qué es lo que censuran las Sagradas Escrituras y las iglesias en general? Dios y la doctrina cristiana condenan el mal uso de los recursos, la avaricia, el egoísmo, la falta de solidaridad o ausencia de espíritu caritativo.

Se dice que las riquezas inducen al pecado. Pero ¿cuántos que no tienen ni dónde caer muertos también incurren en faltas de todo tipo? Un cuchillo sirve para cortar verduras en la cocina y sirve también, en manos del malvado o del homicida, para cometer una fechoría. Peca, asimismo, quien usa su inteligencia para el mal, sea rico o sea pobre.

No es, entonces, en la riqueza o en la producción de bienes donde está la culpa o la infracción. “Es lo malo que sale del corazón del hombre lo que lo hace pecador”. Es el incorrecto uso de los recursos –pocos o abundantes– lo que nos hace perversos.

¿Y quién es el más rico del universo si no es Dios mismo, creador de todo lo que existe? Dios es rico en misericordia, en benevolencia y bienes materiales, pues no hay nada en la creación que no sea obra suya, y todo le pertenece a Él.

Manipulación. Lo anterior lo exponemos ante las majaderías de algunos –incluidos religiosos–, que solo traen a cuento la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, haciendo una manipulación reprochable de la Santa Biblia, solo para tratar de ganar votos a favor de los que se oponen al Tratado Libre de Comercio (TLC) de Costa Rica con EE. UU.

Dios –lleno de riquezas y generador de riquezas– quiere la prosperidad espiritual, social y material de las personas y de los pueblos. Si producir bienes y alcanzar solvencia económica significara ganarse el infierno, caeríamos en una aberración, pues entonces para conseguir el cielo habría que cruzarse de brazos, dejar que se acreciente la miseria y que la humanidad entera, en el desamparo total por su propia voluntad, se muera de hambre.

Costa Rica está obligada a aumentar su riqueza, Costa Rica tiene derecho a incrementar la prosperidad y debe procurar más oportunidades a todos. Producir más y vender más en el extranjero los artículos que aquí se obtienen contribuye a hacer llegar el anhelado bienestar al mayor número posible de costarricenses.

periódico La Nación 21 setiembre 2007.

20/09/2007 GMT 1

Visión y coraje

marfuerte @ 00:59

El moralismo incendia el mundo, la ética y el conocimiento lo salvan

Fernando Araya
consulfe@hotmail.com

Circula en América Latina el “Documento Conclusivo” de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007, mejor conocido como “Documento de Aparecida” (DA).

I. Actuar y conocer. Sus méritos son muchos, pero este comentario se concentra en uno: exigir que la ética sea el principio rector de la globalización (DA, artículo 60). Esto implica correlacionar ética y economía, lo que, a su vez, conduce a la necesidad de sintetizar las variables de los mercados y las variables de la equidad, a fin de globalizar, simultáneamente, mercados y solidaridad. Se trata de un programa de acción para la transformación racional, equilibrada e integral de las sociedades latinoamericanas y, al mismo tiempo, de una propuesta de investigación a fin de enriquecer el conocimiento en torno a las relaciones entre mercados, ética, globalización, equidad y solidaridad.

II. Profundidad y prudencia. A propósito de esas interacciones existe, como es sabido, un grado significativo de ignorancia, lo que daña tanto a la economía como a la ética y dificulta descubrir los vínculos positivos entre mercados y equidad. En este sentido los enfoques maniqueos que declaran mutuamente excluyentes e irreconciliables el bien común y el bien individual son ciegos respecto al conocimiento de esas interconexiones, se mantienen prisioneros en perspectivas que privilegian el conflicto, la violencia y las incompatibilidades. Los obispos identifican este problema, vislumbran la solución y preparan el camino para abordarlo de manera racional.

III. Imaginación de la caridad. El artículo 69 del DA sugiere, por ejemplo, la vía para arribar a una visión de síntesis, que permita conocer y, sobre todo, operacionalizar las correlaciones entre ética y economía. Ahí se sostiene que el desarrollo humano no puede reducirse a un simple “...proceso de acumulación de bienes y servicios...”; esto, si bien es una condición necesaria del progreso, “...no es una condición suficiente...” y, se afirma, además, que la economía tiene por objeto “...la formación de la riqueza y su incremento progresivo, en términos no sólo cuantitativos, sino cualitativos...”. No se trata de condenar el énfasis en los importantes e imprescindibles aspectos cuantitativos de la evolución social – error en el que cae el seudohumanismo academicista–, ni tampoco de marginar sus componentes culturales, distributivos, educativos y psicosociales, sino de unir estos distintos factores en un conjunto armónico de políticas, que materialicen lo que los obispos denominan “...imaginación de la caridad...” para la consecución de “...soluciones eficaces...” (DA, artículo 537).

III. Economía, persona y ética. ¿En qué puede basarse la tesis de que existen correlaciones positivas entre ética y economía? El principal actor económico es la persona, es decir, no un ser amoral o indiferente a los valores éticos, sino alguien que, a través de sus comportamientos económicos, expresa valores, razón por la cual la economía y la ética confluyen, aun cuando se desconozcan muchas de las formas específicas de esa convergencia. La hipótesis que sostiene el carácter científico de la economía, independiente de cualquier juicio moral, no resiste la constatación de este hecho antropológico.

Si los obispos afirman que la ética es el principio rector de la globalización y, por lo tanto, se encuentra en el núcleo del proceso económico, es porque en los dos ámbitos subyace una misma fuente: la persona, eje e hilo conductor de las instituciones sociales. Conviene abandonar, por lo tanto, la lógica utilitarista que declara a la disciplina económica como un conocimiento a-moral; además, es imprescindible distanciarse de aquellas posturas políticas e ideológicas, según las cuales lo económico se contrapone a lo ético, el mercado, a la equidad, el crecimiento, a la solidaridad. Es necesario construir visiones unitarias que descubran y concreten correlaciones positivas entre estos factores. ¿De qué manera puede avanzarse en la dirección indicada?

IV. El punto medio. De acuerdo con el contenido expuesto en el DA, eso es posible a través de alternativas de desarrollo socioeconómico situadas en el centro o punto medio de la interacción sociopolítica; por eso se ve con preocupación “...el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria... que en ciertas ocasiones derivan en regímenes de corte neopopulista...” (DA, artículo 74) y es clara la crítica a las tesis ultraliberales de un capitalismo puro de mercados perfectamente competitivos; o socialestatistas, según las cuales los mercados deben ser controlados por estados monopolistas, centralizados, tecnoburocráticos y despóticos. “...Hay que sumar y no dividir –se lee en el DA–. Importa cicatrizar heridas, evitar maniqueísmos, peligrosas exasperaciones y polarizaciones...” (artículo 534). La Iglesia Católica se sitúa, entonces, en ese espacio intermedio de la interacción sociopolítica, diferenciado respecto a los extremos. Desde ahí favorece opciones de síntesis y complementariedad entre mercados y Estados, y propicia una presencia “...más protagónica de la Sociedad Civil...” (DA, artículo 75).

V. Abandonar el moralismo. Ahondar en las interacciones entre ética y economía requiere que las fuerzas situadas en el punto medio, denuncien el uso demagógico-emocional del lenguaje moral, que se complace en palabras como justicia, equidad, solidaridad, dignidad, igualdad, productividad, eficiencia, eficacia, rentabilidad o ganancia, subrayando el componente sentimental que las acompaña, pero dejando en las sombras los modos como tales ideales se convierten en pautas de comportamiento. Estos moralismos, “...blandos y crispados...”, (DA, artículo 12) –típicos en algunos políticos, ideólogos y academicistas– a nada comprometen y en nada favorecen el conocimiento. Hitler, Mussolini, Stalin, Pinochet, Castro, Duvalier, Milosevic, Pol Pot, Kim Il Sung, Ferdinand Marcos y, en general, todos los tiranos, se mostrarían entusiasmados con una ética que solo les exija utilizar palabras, de alto impacto emocional, desatendiendo sus significados e implicaciones prácticas. El moralismo incendia al mundo, la ética y el conocimiento lo salvan. Por esto es tan importante elevar los conocimientos técnicos de quienes toman decisiones y de los representantes de movimientos políticos y sociales.

VI. Globalización. Los obispos ilustran la tesis que postula las interacciones entre ética y economía al analizar, por ejemplo, la globalización. En el artículo 61 del DA se indica que es necesario “...detectar tanto sus aspectos positivos como negativos...” y el artículo 60 afirma que la globalización es “...un logro de la familia humana porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas...”. “Las altas tasas de crecimiento de nuestra economia regional y, particularmente, su desarrollo urbano, no serían posibles sin la apertura al comercio internacional, sin acceso a las tecnologías de última generación, sin la participación de nuestros científicos y técnicos en el desarrollo internacional del conocimiento y sin la alta inversión registrada en los medios electrónicos de comunicación...”. No obstante, el DA reitera que la globalización “...comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo...”. Una “...globalización diferente...” (artículo 64), distinta de la “...globalización sin solidaridad...” (artículo 65), es posible, si la ética es su principio rector, se fortalece la apertura económica y se globaliza, en correlación con los mercados, la solidaridad.

VII. Disyuntiva. Las sociedades latinoamericanas pueden alcanzar el desarrollo integral y el bienestar que anhelan, pero antes deben superar el uso emocionalista del lenguaje moral, especificando los contenidos de la ética del desarrollo y sus corre- laciones con la economía, al tiempo que avanzan en la síntesis práctica de los mercados y la equidad, abandonando los infantilismos ultraliberales y socialestatistas; de lo contrario, no habrá discurso ni práctica capaz de romper las cadenas del atraso económico y social. Pero seamos optimistas, los muros mentales siempre caen. La principal liberación del ser humano es la que transforma su conciencia; las otras vienen por añadidura.

periódico La Nación 16 setiembre 2007.

18/09/2007 GMT 1

Ser libres

marfuerte @ 00:43

Estamos en la vida para darnos a los demás, que es la mejor forma de ser felices

Alberto Casals
Presbítero

Para ser libres de un modo absoluto, necesitaríamos tener un poder absoluto, pero la realidad es que todos los hombres somos seres limitados y, siendo así, solo podemos aspirar a una libertad compartida en unión con otras libertades. Todos necesitamos de los demás desde que nacemos y, a la vez, estamos en la vida para darnos a los demás, que es la mejor forma de ser felices.

Ni el marido ni la esposa ni los hijos, ni el profesional más exitoso ni el obrero más sencillo estamos en la vida para independizarnos de los demás, para vivir una libertad solitaria. Ahora estamos rodeados de una cultura con muchas defensorías de los derechos y pocas defensorías de los deberes. Pero la realidad es que estamos en el mundo para compartir la libertad sirviendo a los demás. La palabra “servir” está llena de sabiduría.

Ninguna actividad debería conformarse con fines exclusivamente utilitarios. La prensa, por ejemplo, se justifica solo si se concibe como un servicio para el mejoramiento de la sociedad, y no solo en los aspectos económicos, sino también, y sobre todo, en los aspectos éticos y morales. Una prensa escandalosa y pornográfica destruye, aunque goce de éxito económico.

Servir a los demás. Nos dice Benedicto XVI: “La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte en un darme a mí mismo”. Dar sin perder; más todavía: ganar dando. Libertad para servir. La lucha de clases promovida por Marx y Lenín, enfrentando a unos hombres contra otros, es lo más antitético del modelo de sociedad a la que debemos aspirar.

Juan Pablo II nos decía: “A cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida”. De ahí se sigue que cada uno puede hacer de su vida una obra maestra para bien de los demás y para el progreso social.

No es suficiente ser libre, la libertad necesita un faro, una luminaria, un para qué, y esto requiere mirar más allá del propio yo, proponernos servir de algún modo a los demás. Madurar en la libertad conlleva romper con los egoísmos del tener, de las diversiones, de los hedonismos, de la pereza. El planteamiento de la sociedad de consumo, del progreso exclusivamente económico, vacío de humanismo y de la trascendencia de la vida humana, es uno de los falseamientos de la cultura actualmente vigente. En cambio, vivir para el bien de los demás, rompiendo el círculo del egoísmo, es el reto propiamente humano.

La alegría de servir. Debemos entregar la libertad, que es como un don recibido con la naturaleza humana, en servicio de quienes nos rodean de más cerca y de más lejos, desde el ámbito de la familia hasta el alcance de la humanidad entera, como el buen deportista que entrega la bola de futbol al que va a meter el gol de la victoria.

La palma de la libertad está en darse en bien de los demás con un planteamiento generoso, con una apertura sin fronteras, generadora de la verdadera alegría de la vida. “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere –no lo olvides– dependen muchas cosas grandes” (San Josemaría Escrivá, en Camino , número 755). Entonces, ya no habría odios ni rencores entre pobres y ricos, empresarios y obreros, jóvenes y ancianos, ni luchas entre derechas e izquierdas. Todos hijos de un solo Dios verdadero, Padre y Señor, que nos llama a vivir la fraternidad. La verdad aceptada de nuestra condición de criaturas limitadas nos hará libres.

periódico LA Nación 13 de setiembre de 2007

11/09/2007 GMT 1

¿Qué es el pecado social?

marfuerte @ 23:54

Ocean Castillo Loría.

Desde hace algún tiempo, el concepto de pecado ha perdido significación. Esto, en su nivel de pecado individual, lo que el común de la gente habla como el mentir, el robar, el adulterio etc.

Ya lo diría Juan Pablo II: “Al dirigir nuestra mirada ahora al mundo contemporáneo, debemos constatar que en él la conciencia del pecado se ha debilitado notablemente. A causa de una difundida indiferencia religiosa, o del rechazo de cuanto la recta razón y la Revelación nos dicen acerca de Dios, muchos hombres y mujeres pierden el sentido de la alianza de Dios y de sus mandamientos. Además, muy a menudo la responsabilidad humana se ofusca por la pretensión de una libertad absoluta, que se considera amenazada y condicionada por Dios, legislador supremo.”

Del mismo modo se tiende: "... a reducir el espacio de la fe a la vida personal o familiar, excluyendo el orden profesional, económico, social y político, como si el pecado, el amor, la oración y el perdón no tuviesen allí relevancia ..." (Puebla 515)

Pero el cristianismo también refiere a un nivel superior del pecado. El llamado pecado social, este refiere a las injusticias sociales que condenan a la pobreza a las mayorías. Dicha pobreza llega en no pocas ocasiones a la miseria (Medellín, pobreza, 1, 2)

Entre las consecuencias del pecado social se encuentra la mortalidad infantil, la falta de vivienda, el desempleo, el subempleo, desnutrición, migraciones etc. Ahora bien, para las y los creyentes en Cristo, la pobreza no es una cuestión natural sino, fruto de estructuras sociales injustas (Puebla 29 y 30)

De ahí, se deriva el aumento de la brecha entre ricos y pobres, lo que ofende a Dios mismo, por lo que la iglesia o comunidad de fe, discierne una situación de pecado (Puebla 28)

Por otro lado, no debe perderse de vista que cuando se habla de pecado social fruto de estructuras de este tipo, existe una responsabilidad individual en la concreción y acción de dichas estructuras. Ya lo dice la exhortación apostólica postsinodal Reconciliatio et paenitentia, «la Iglesia, cuando habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos de grupos sociales más o menos amplios, o hasta de enteras naciones y bloques de naciones, sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. (...) Las verdaderas responsabilidades son de las personas» (n. 16).

Ahora bien, puede cuestionarse el hecho que las citas hasta este momento hechas, corresponden al Magisterio de la Iglesia Católica, pero lo cierto es que esta visión se nutre en el evangelio, basta observar San Mateo capítulo 25 en sus versos del 31 al 46.

Cuando Jesús habla del juicio a las naciones, se hace referencia a hechos de índole social: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar abrigo al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y visitar a los presos.

En esta línea, cuando se habla del pecado social, el objetivo no es profundizar la culpabilidad, sino, el hacer conciencia de nuestra responsabilidad en la construcción y acción de las estructuras opresoras.

Tal construcción y accionar, obedece a una visión de la vida donde lo importante es el poder, el placer y el tener. La existencia se vive como un vacío en donde, como dice la Escritura: “Comamos y bebamos pues mañana moriremos”.

En otro orden de cosas, no puede negarse que ciertas ópticas ideológicas alimentan las estructuras injustas. Tal es el caso de la búsqueda de la libertad económica donde lo importante es la máxima producción a los más bajos costos (Se consideran como gastos, importantes inversiones de tipo laboral y la seguridad social). Esta lógica conduce a privilegiar la producción de la riqueza por encima de su distribución, lo que a todas luces atenta contra la ética cristiana: “El pago que no les dieron a los hombres que trabajaron en su cosecha, está clamando contra ustedes…” (Sant. 5: 3)

Cuando el motor de la globalización es el antes dicho, se aumenta la brecha entre ricos y pobres y se nutre el resentimiento social y el deseo de “superarse a toda costa y sin importar el precio”. A este contexto, hay que sumar el marco de la competencia en el que hay que sobrevivir venciendo al otro, al prójimo, que se convierte así, en un enemigo.

Que contraria es la ética cristiana:

“Háganse esclavos unos de otros por amor” Gal.5, 13 y Ef.5, 21.
“No busque nadie sus propios intereses, sino, más bien el beneficio de los demás”. Fil.2, 4
“Ayúdense mutuamente a llevar sus cargas” Gal.6, 2.
“Tengan por regla a Cristo Jesús” Col.2, 4.

En ella no hay espacio para el egoísmo: “Ninguno de ustedes vive para sí mismo” Rom.13, 7.

Debemos seguir el ejemplo de Cristo: “Ya que Cristo no vivió como le dio la gana” Rom 15,3. sino para nosotros. “Por lo tanto, tengamos los mismos sentimientos que Cristo Jesús” Rom.15, 6.

Así las cosas, lo que corresponde a los seguidores de Jesús es construir una sociedad donde lo que sea primero es el servicio, la solidaridad y la igualdad.

Valga la aclaración de este importante concepto de la teología cristiana de cara a comprender y tomar una mejor posición frente a las realidades que hoy vivimos.

08/09/2007 GMT 1

Reflexión a las lecturas de la Eucaristía 9 de setiembre de 2007.

marfuerte @ 20:25

Domingo 9 de septiembre de 2007
Domingo 23º del tiempo ordinario
Pedro Claver – Sergio
INICIO

Sb 9,13-18: ¿Quién conoce el designio de Dios?
Salmo responsorial 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Flm 9b-10.12-17: No como esclavo, sino como hermano querido
Lc 14,25-33: Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo
Para ser cristiano, la Iglesia exige en realidad muy poco. Se bautiza a los niños recién nacidos y apenas se exige nada a sus padres; todo lo más, la asistencia a unas charlas preparatorias del acto del bautismo y un vago compromiso de actuar en cristiano educando al niño según la ley de Dios y los mandamientos de la Iglesia. Sin embargo, esto no era así al principio. Para ser discípulo, Jesús ponía unas duras condiciones, que llevaban a quien quería serlo a pensárselo seriamente. Pocos seríamos cristianos, si para ello tuviéramos que cumplir las tres condiciones que, llegado el caso, Jesús exige a sus discípulos. Y digo llegado el caso, porque estas tres formulaciones del evangelio de hoy que vamos a comentar son “formulaciones extremas”; representan la meta utópica que no debemos perder de vista, estando dispuestos a alcanzarla en el seguimiento de Jesús.

Por la primera (Si uno quiere venirse conmigo y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío), el discípulo debe estar dispuesto a subordinarlo todo a la adhesión al maestro. Si en el propósito de instaurar el reinado de Dios, evangelio y familia entran en conflicto, de modo que ésta impida la implantación de aquél, la adhesión a Jesús tiene la preferencia. Jesús y su plan de crear una sociedad alternativa al sistema mundano están por encima de los lazos de familia.

Por la segunda (Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío) no se trata de hacer sacrificios o mortificarse, que se decía antes, sino de aceptar y asumir que la adhesión a Jesús conlleva la persecución por parte de la sociedad, persecución que hay que aceptar y sobrellevar como consecuencia del seguimiento. Por eso no es necesario precipitarse, no sea que prometamos hacer más de lo que podemos cumplir. El ejemplo de la construcción de la torre que exige hacer una buena planificación para calcular los materiales de que disponemos o del rey que planea la batalla precipitadamente, sin sentarse a estudiar sus posibilidades frente al enemigo, es suficientemente ilustrativo.

La tercera condición (todo aquel de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío) nos parece excesiva. Por si fuera poco dar la preferencia absoluta al plan de Jesús y estar dispuesto a sufrir persecución por ello, Jesús exige algo que parece esta por encima de nuestras fuerzas: renunciar a todo lo que se tiene, Se trata, sin duda, de una formulación extrema que hay que entender. El discípulo debe estar dispuesto incluso a renunciar a todo lo que tiene, si esto es obstáculo para poner fin a una sociedad injusta en la que unos acaparan en sus manos los bienes de la tierra que otros necesitan para sobrevivir. El otro tiene siempre la preferencia. Lo propio deja de ser de uno, cuando otro lo necesita. Sólo desde el desprendimiento se puede hablar de justicia, sólo desde la pobreza se puede luchar contra ella. Sólo desde ahí se puede construir la nueva sociedad, el reino de Dios, erradicando la injusticia de la tierra.

Para quienes quitamos con frecuencia el aguijón al evangelio y nos gustaría que las palabras y actitudes de Jesús fuesen menos radicales, leer este texto resulta duro, pues el Maestro nazareno es tremendamente exigente.

No en vano el libro de la Sabiduría formula hoy a modo de interrogante la dificultad que tiene conocer el designio de Dios y comprender lo que Dios quiere. Será necesario para ello recibir de Dios sabiduría y Espíritu Santo desde el cielo para adecuar nuestra vida a la voluntad de Dios manifestada por Jesús. Necesitamos ciertamente esa ayuda del cielo para ir contra corriente y tener la capacidad de renuncia total que pide el evangelio y a la que debemos estar dispuestos, llegado el caso. Pero esto que en el evangelio se nos propone como exigencias radicales de Jesús hoy no es tanto el comienzo del camino, sino la meta a la que debemos aspirar, aquello a lo que debemos tender, si queremos seguir a Jesús. Tal vez no lleguemos nunca a vivir con esa radicalidad las exigencias de Jesús, pero no debemos renunciar a ello, por más que nos encontremos a años luz de esa utopía.
Servicios Koinonía 8 de setiembre de 2007.

Columna EL OBSERVADOR

marfuerte @ 01:38

Madre Teresa de Calcuta
Lic. Hermes Navarro del Valle
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregriné, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme.” (Mt 25:35-36)
Mañana se cumplirán diez años de la muerte de la Beata Madre Teresa, quien ya pasó a la historia humana junto a nombres como San Francisco de Asís y San Juan de Dios. Su caridad para con los pobres, los humillados, los indefensos, los enfermos y cualquier otra persona que necesite un poco de cuidado y amor, sobresalen como uno de los mejores ejemplos de humildad y santidad viviente en nuestros días. Ese cariño para acurrucar a los leprosos en sus manos, para dar de comer a los moribundos: no es artificial, por el contrario, es la mayor expresión de amor al prójimo conforme lo enseñara y practicara Jesús en sus tiempos.

Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en la ciudad de Skopje, antigua Yugoslavia, el día 26 de agosto de 1910. Su familia era católica de origen albanesa. Su vocación se inició con las hermanas irlandesas de Nuestra Señora del Loreto -en Irlanda-. Sin embargo, un triste hecho le señaló su verdadera vocación: “Personalmente no logré realizar mi vocación de entrega total a la misma causa hasta que un episodio impresionante me movió definitivamente. Fue después de la Segunda Guerra Mundial. Me encontraba un día fuera del convento, en las cercanías del Hospital Campbell, cuando mis ojos tropezaron con el espectáculo de una pobre mujer que estaba agonizando por hambre al lado de aquella casa de salud. La recogí y traté de conseguir alojamiento para ella en el hospital. No me atendieron, porque la mujer era pobre. Tuvo que cerrar los ojos en medio de la calle”.

En diciembre de 1948 la Madre Teresa regresa a Calcuta para empezar una nueva Congregación de las Misioneras de la Caridad. En poco tiempo reunió en su casa muy pobre a unos cuarenta niños analfabetos y sucios, a quienes enseñaba algo de higiene y las primeras nociones para leer y escribir. La nueva Congregación fue finalmente aprobada en octubre de 1950. El uniforme escogido era el “sari”, vestido común a la mayoría de las mujeres de la India. Sobre el vestido dice la Madre Teresa: “El sari permite a las hermanas sentirse pobres entre los pobres, identificarse con los enfermos, con los niños, con los ancianos desamparados, compartiendo con el mismo vestido la forma de vida de los desposeídos de este mundo”. Las hijas espirituales de la Madre Teresa de Calcuta viven hoy en varias partes del mundo: Roma, Nueva York, Londres, Lima, Caracas, México, Buenos Aires, París, Madrid, Barcelona, Bruselas, Hamburgo, y en muchos pueblitos desconocidos de diferentes países.

De su libro de meditaciones diarias reproduzco algunas palabras, de esta santa mujer, que cada día nos enseña a vivir en humildad y amor: “Después de trabajar muchos años entre hombres, mujeres y niños moribundos, enfermos, tullidos, físicamente impedidos y deficientes mentales, he llegado a una sola conclusión. Al intentar compartir el sufrimiento de toda esa gente, comencé a comprender lo que Jesús debió sentir cuando se acercó a su pueblo y éste lo rechazó. Hoy encontramos a Cristo en la gente que es rechazada, en los que no tienen trabajo, en aquellos a quienes nadie cuida, en los hambrientos, en los desnudos y en los que no tienen hogar. Parecen seres inútiles para el estado o para la sociedad, y nadie tiene tiempo para ellos. Somos tú y yo, como cristianos merecedores del amor de Cristo, si nuestro amor por Él es realmente sincero, quienes tenemos que buscar a esos desamparados y ayudarlos..

periódico La Prensa Libre 4 de setiembre de 2007.

06/09/2007 GMT 1

¿Diálogo con el islam?

marfuerte @ 01:17

No actuar razonablemente es contrario a la naturaleza de Dios

Alberto Casals
acasals2003@yahoo.com
Presbítero

La historia contemporánea, mundial y local, no ha sido ejemplo de modalidades de diálogo. La Revolución Francesa quiso imponer la libertad con el poder de la guillotina, el nazismo ahogó toda insumisión doctrinal y práctica a su sistema y con la fuerza militar y policial trató de imponerse en el mundo, el comunismo profesionalizó científicamente el control de sus disidentes y mantenía estricta vigilancia, manzana por manzana, para ejercer el poder sobre las voluntades. Algunos tenemos una experiencia muy personal por haber vivido dentro de un régimen comunista, sin posibilidad de diálogo.

Si en un mundo occidental donde imperó el cristianismo promotor de la libertad –la verdad os hará libres– se ha hecho tan difícil el diálogo, respetuoso de la libertad, no es fácil esperar un diálogo fructífero con el islam, cuando su cultura parece impulsar precisamente el poder y la violencia como sistema de imponer su fe.

Lucha espiritual. Sin embargo, entre algunos pensadores occidentales persiste la opinión de que la guerra santa del islam – Yihad – podría ser una lucha espiritual, no violenta. En el islam se distingue entre la gran Yihad y la pequeña Yihad . No obstante, este no es el rostro que presentan los fundamentalistas promotores del terrorismo con la pequeña Yihad y que tiene como caldo de cultivo los 14 siglos de islamismo y la predicación de algunos de los “imanes radicales”, no solo presentes en los países islámicos, sino también en la actual Europa occidental.

Tanto algunos musulmanes orientales como los ateos occidentales separan a Dios de la razón y se consideran situados en un plano superior al occidente cristiano de los últimos 21 siglos. El poder como arma política o militar, y no la razón ni el Dios misericordioso, los hace fanáticos y eso es lo que hemos contemplado sorprendentemente ante la presencia del nazismo y del comunismo, y también, actualmente, ante presiones mundiales de orden económico en pro de proyectos inhumanos. Sin embargo, esto no refleja el consenso mayoritario ni en el mundo occidental ni en el mundo islámico.

¿Será posible un diálogo entre el islam y el occidente cristiano? Se trata de dos culturas muy diversas, por no decir contradictorias. Podemos y debemos ser optimistas y volver a pensar en el hombre, creado por un Dios providente y razonable, que ha dotado al todo ser humano de una libertad innata, constitutiva de su esencia natural.

Instinto de libertad. En el mundo comunista se tenía que callar ante el peligro del poder dominante, pero en la interioridad de las personas pesaba mucho la incomodidad, pues no se podía concordar el instinto natural de libertad con el poder opresivo.

Todavía hoy, a pesar de los 14 siglos de luchas islámicas, debemos pensar que los musulmanes son humanos y que en ellos hay un germen de libertad imborrable, como así se lo quiso hacer considerar aquel emperador bizantino del siglo XIV, Manuel II Paleólogos, al hacerles ver que no actuar razonablemente es contrario a la naturaleza de Dios...; es a la razón, a la brisa de la razón, a la que invitamos a nuestros socios musulmanes en el diálogo de culturas.

La violencia de los grupos extremistas y el islam no pueden ir de la mano. La religión no puede ser fundamento de un conflicto, una guerra o cualquier forma de violencia. Por eso hay que tener la valentía, ahora, de entablar un diálogo, que no será nada fácil, acerca de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, como nos ha venido a señalar Benedicto XVI.

Considero que estamos en un momento histórico extraordinario para que ese mundo reflexione serenamente, medite profundamente y se decida a considerar el valor fundamental de las enseñanzas que han sido reveladas por Dios a los hombres.

periódico La Nación 4 de setiembre de 2007.

25/08/2007 GMT 1

REFLEXION DE LAS LECTURAS DE LA EUCARISTIA DEL 26 DE AGOSTO DE 2007.

marfuerte @ 19:45

Domingo 26 de agosto de 2007
Domingo 21º del tiempo ordinario
Teresa Jornet – Fray Junípero Serra

Is 66,18-21: Y de todos los países traerán a todos sus hermanos
Salmo responsorial 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Hb 12,5-7.11-13: Caminen por senda llana; así su pie no se torcerá
Lc 13,22-30: Vendrán de todas partes y se sentarán a la mesa en el reino
Jesús continua su viaje a Jerusalén hacia la cruz, pasando por pueblos y aldeas en los que enseñaba. En este contexto uno pregunta a Jesús: Señor, ¿son pocos aquellos que se salvaran? La pregunta como se ve, apunta al número: ¿ Cuántos vamos a salvarnos, pocos o muchos? La respuesta de Jesús traslada la atención del "cuántos" al " Cómo" nos salvamos.
Es la misma actitud que notamos a propósito de la parusía: los discípulos preguntan "cuando" se producirá el retorno del Hijo del hombre y Jesús responde indicando "cómo" prepararse para ese retorno, qué hacer durante la espera (Mt 24,3-4). Esta forma de actuar de Jesús no es extraña ni poco cortés; es la forma de actuar de alguien que quiere educar a los discípulos y pasar del plano de la curiosidad al de la sabiduría, de las preguntas ociosas que apasionan a la gente a los verdaderos problemas que sirven para el Reino. Entonces Jesús aprovecha la oportunidad, en este evangelio, para instruir a los discípulos sobre los requisitos de la salvación. La cosa nos interesa naturalmente en sumo grado también a nosotros, discípulos de hoy que estamos frente al mismo problema. Pues bien, ¿ qué dice Jesús respecto del modo de salvarnos? Dos cosas: una negativa, una positiva; primero, lo que no sirve y no basta, después lo que sí sirve para salvarse. No sirve, o en todo caso no basta, para salvarse el hecho de pertenecer a determinado pueblo, a determinada raza o tradición, institución, aunque fuera el pueblo elegido del que proviene el Salvador: "Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas... No sé de donde son ustedes" en el relato de Lucas, es evidente que los que hablan y reivindican privilegios son los judíos; en el relato de Mateo, el panorama se amplía: estamos ahora en un contexto de Iglesia; aquí oímos a cristianos que presentan el mismo tipo de pretensiones: " Profetizamos en tu nombre (o sea en el nombre de Jesús), hicimos milagros... pero la respuesta de Señor es la misma: ¡ no los conozco, apártense de mí! (Mt 7, 22-23). Por lo tanto, para salvarse no basta ni siquiera el simple hecho de haber conocido a Jesús y pertenecer a la Iglesia; hace falta otra cosa.
Justamente esta "otra cosa" es la que Jesús pretende revelar con las palabras sobre la " puerta estrecha". Estamos en la respuesta positiva , en lo que verdaderamente asegura la salvación. Lo que pone en el camino de la salvación no es un título de propiedad ( no hay títulos de propiedad para un don como es la salvación), sino una decisión personal. Esto es más claro todavía en el texto de Mateo que contrapone dos caminos y dos puertas - una estrecha y otra ancha - que conducen respectivamente una al vida y una a la muerte: esta imagen de los dos caminos Jesús la toma de (Deut 30,15ss) y de los profetas (Jer 21,8); fue para los primeros cristianos, una especie de código moral . Hay dos caminos - leemos en la Didaché - uno de la vida y otro de la muerte; pero la diferencia entre los dos caminos es grande. Al camino de la vida le corresponden el amor a Dios y al prójimo , el bendecir a quien maldice, el mantenerse alejado de los deseos carnales, perdonar a quien te ofende, ser sincero, pobre; en suma; los mandamientos de Dios y las bienaventuranzas de Jesús. Al camino de la muerte le corresponden, por el contrario, la violencia la hipocresía, la opresión del pobre, la mentira; en otras palabras lo opuesto, a los mandamientos y a las bienaventuranzas.
La enseñanza sobre el camino estrecho encuentra un desarrollo muy pertinente en la segunda lectura de hoy: "El Señor corrige al que ama... " el camino estrecho no es estrecho por algún motivo incomprensible o por un capricho de Dios que se divierte haciéndolo de esa manera, sino que se puesto por medio el pecado, porque ha habido una rebelión, se salió por una puerta; el conflicto de la cruz es el medio predicado por Jesús e inaugurado por él mismo para remontar esa pendiente, revertir esa rebelión y "volver a entrar"
Pero ¿porqué camino "ancho" y camino " estrecho"? ¿acaso el camino del mal es siempre fácil y agradable de recorrer y el camino del bien siempre duro y cansador? Aquí es importante obrar con discernimiento para no caer en la misma tentación del autor del salmo 73. También a este creyente del antiguo testamento le había parecido que no hay sufrimiento para los impíos, que su cuerpo esta siempre sano y satisfecho, que no se ven golpeados por los demás hombres, sino que están siempre tranquilos amasando riquezas , como si Dios tuviera, además, preferencia por ellos; el salmista se escandalizó por esto, al punto de sentirse tentado de abandonar su camino de inocencia para hacer como los demás. En este estado de agitación, entro en el templo y se puso a orar, y de repente vio con toda claridad ; comprendió "cuál es su fin" o sea el fin de los impíos, empezó a albar a Dios y darle gracias con alegría porque todavía estaba con él. Por consiguiente, la luz se hace orando y considerando las cosas desde el fin, o sea, desde su desenlace.
Volvamos al hilo del discurso; Jesús rompe el esquema y lleva el tema al plano personal y cualitativo no solo es necesario pertenecer a una determinada "comunidad" ligada a una serie de practicas religiosas que nos dan la garantía de la salvación. Lo importante es atravesar la puerta estrecha es decir el empeño serio y personal por la búsqueda del reino de Dios, esta es la única garantía que nos da la certeza que se está en el camino que nos conduce a la luz de la salvación. Jesús ha repetido muchas veces este concepto " no todos los que me dicen Señor, Señor entraran en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos".
Comer y beber el cuerpo y la sangre de Señor, escuchar su Palabra, multiplicar las oraciones es importante pero no es suficiente para alcanzar la Salvación, porque como afirma Dios por boca del profeta Isaías " no puedo soportar falsedad y solemnidad" (1,13) al rito se debe unir la vida, la religión debe impregnar toda la vida la oración debe orientarse a la practica de la caridad, la liturgia debe abrirse a la justicia y al bien de otra manera como han dicho los profetas el culto es hipócrita y es incapaz de llevarnos a la salvación, y escucharemos las palabras de Jesús "aléjense de mi operarios de iniquidad, el acento esta en las obras, expresión de una vida coherente con la fe que profesamos.
La imagen que Jesús usa inicialmente es aquella de la "puerta estrecha" ella representa muy bien el empeño que es necesario para alcanzar la meta de la salvación, el verbo griego usado por Lucas agonizesthe es traducido por "esforzarse" indica una lucha, una especie de "agonía " incluye fatiga y sufrimiento, que envuelve a toda la persona en el camino de fidelidad a Dios.
La vida Cristiana es una vida de lucha diaria por elevarse a un nivel espiritual superior; es erróneo cruzarse de brazos y relajarse después de haber hecho un compromiso personal con Cristo. No podemos quedarnos estancados en nuestra fidelidad al reino de Dios.
Creer es una actitud seria y radical y no solo se reduce aciertos actos de devoción, estos pueden ser signos de una adhesión radical; finalmente al Reino de Dios son admitidos todos los justos de la tierra que han luchado, amado y se han esforzado por su fe con sinceridad de corazón, esto significa que el cristianismo se abre a todas las razas, a todas las culturas, a todas las expresiones sociales y personales sin ninguna restricción.

Servicios Koinonía agosto de 2007

12/08/2007 GMT 1

Reflexion a las lecturas de la eucaristia del 12 de agosto de 2007

marfuerte @ 01:43

Domingo 19º del tiempo ordinario
Laura – Julián

Sb 18,6-9: Castigaste a los enemigos y nos honraste
Salmo responsorial 32:Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Hb 11,1-2.8-19: La fe, seguridad de lo que se espera
Lc 12,32-48: Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas
Primera Lectura

Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador, la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios. Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor. La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.

La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.

Segunda Lectura

La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.

La fe enseña a no darse por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió los efectos de esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá hacer fracasar el designio de Dios.

Más que el sufrimiento, es la muerte el signo por excelencia de la fe y de la entrega de uno mismo a Dios. Abraham creyó en un “por encima de la muerte”, creyó le sería concedida una posteridad incluso en un cuerpo ya apagado, porque le había sido prometida. Esta fe constituye lo esencial de la actitud de Cristo ante la cruz. También se entregó a su Padre y a la realización del designio divino, pero tuvo que medir el fracaso total de su empresa: para congregar a toda la humanidad, se encuentra aislado pero confiado en un por encima de la muerte que su resurrección iba a poner de manifiesto.

Evangelio

El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del domingo anterior del rico necio. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presente el texto y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con el que inicia el texto no debería de omitirse “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, al estilo veterotestamentario y que gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la autocomprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no de manera inminente como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes.4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la iglesia, tiempo de vigilancia.

Fitzmyer, ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tienen estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia de Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20).

El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de los cuidados y de los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo.

La vigilancia cristiana es inculcada constantemente por Cristo (Mc 14,38; Mt 25,13). La vida del cristiano debe ser toda ella una preparación para el encuentro con el Señor. La muerte que provoca tanto miedo en el que no cree, para el cristiano es una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que le conduce a la Casa del Padre.

La intervención de Pedro, demuestra que la exhortación de Jesús sobre el significado de actuar y perseverar en vigilancia es en primer lugar referido a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que “están al servicio” de la comunidad. La resurrección a la vida depende del modo como ejercitaron ese servicio.

Servicios koinonía. agosto de 2007.

10/08/2007 GMT 1

Columna EL OBSERVADOR

marfuerte @ 02:07

Ha muerto el cardenal Lustiger
Lic. Hermes Navarro del Valle
Anteayer murió uno de los cardenales más importantes de los últimos tiempos, Jean Marie Lustiger, arzobispo emérito de París (Francia). Nació el 17 de setiembre de 1926 en París, Francia, de una familia polaco judía que emigró a principios del siglo pasado. Su madre fue deportada durante la ocupación nazi y murió en el campo de concentración de Auschwitz. Vivió con una familia cristiana en Orléans. Se convirtió al catolicismo y se bautizó el 21 de agosto de 1940.

Estudió Letras en la Universidad de La Sorbonne, en París; en el Seminario, “Des Carmes”, y en el Instituto Católico de París. Fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1954. De 1954 a 1959 fue capellán de la parroquia universitaria de París; capellán de los estudiantes de ciencias y letras, de la Universidad de La Sorbonne; capellán de “Grandes Ecoles” (E.N.S. de Saint-Cloud, Fontenay ). De 1959 a 1969 fue director del Centro Richelieu; responsable de los capellanes de las nuevas universidades de la región parisina. Párroco Sainte-Jeanne-de-Chantal, París, de 1969 a 1979.

Electo Obispo de Orléans el 10 de noviembre de 1979. Consagrado el 8 de diciembre de 1979, por el Cardenal François Marty, arzobispo de París. Promovido a la sede metropolitana de París, el 31 de enero de 1981.

Creado Cardenal presbítero, el 2 de febrero de 1983; recibió la birreta roja y el título de Ss. Marcellino e Pietro, el 2 de febrero de 1983. Enviado papal especial para la celebración del 60° aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, Polonia, el 27 de enero de 2005.

En la Curia Romana fue miembro de la Secretaría de Estado (segunda sección), de las Congregaciones para las Iglesias Orientales, Obispos, clero para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Escribió numerosos obras: “La formation spirituelle des prêtres” (1995), “Le choix de Dieu: entretiens avec Jean-Louis Missika et Dominique Wolton” (1987), “Choosing God, chosen by God: conversations with Jean-Marie Lustigerius” (1991), “Dare to live” (1988); “Dare to rejoice: a celebration of Christian life” (1990), “Devenez dignes de la condition humaine” (1995), “The Mass/San Francisco” (1987), “Nous avons rendez-vous avec l’Europe” (1991), “Pain de vie et peuple de Dieu” (1981), “Premiers pas dans la prière” (1986).

Reconocido defensor de los derechos humanos, sobre su nombramiento como Cardenal, afirmó considerar esa dignidad más como una responsabilidad que un honor, en tanto que “se trata de cargar aun más la carga de toda la Iglesia”.

Periódico La Prensa Libre 7 de agosto de 2007.

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