Columna Surco
Francisco Barahona R.
Barack Hussein Obama es el nuevo Presidente de los Estados Unidos de Norte América desde ayer y con ello ocupa una posición de privilegio no solo en su nación sino en toda la comunidad internacional; por el poder de su país, su historia, sus errores y aciertos y los principios éticos y humanistas que fijaron sus padres fundadores en su Constitución Política, basados en la libertad, la igualdad, la fraternidad y el derecho a la búsqueda de la felicidad.
En su discurso inaugural, que fue seguido atentamente por millones de personas en todo el orbe, quizás el hecho político democrático más masivo del que se tenga noticia a escala planetaria, el nuevo presidente envió un mensaje de pragmatismo, de equilibrio doctrinario y de reforzamiento ético, pocas veces visto, dando prueba de que él no es un político más y que está dispuesto a realizar profundos cambios en su gobierno y en las relaciones con el resto de las naciones; no solo basó el ímpetu de sus nuevas propuestas en el principio de la responsabilidad de todos, sino que hizo claras alusiones y críticas a su antecesor Bush y a varios de los dogmas en los que este se basó para impulsar las dos guerras en Iraq y en Afganistán, también censuró lo que llamó la crisis de los mercados que pueden descontrolarse si no existe vigilancia estatal en su funcionamiento, afirmando que una nación no puede progresar durante mucho tiempo si solo se favorece a los ricos.
Dijo además: “No nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos seguir consumiendo los recursos del mundo, sin tomar en cuenta las consecuencias; a los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con ustedes para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias”.
Por supuesto que aceptó combatir los graves desafíos de su país en materia económica, de seguridad, migración, balance ecológico, científico y ético; clamó por construir una sociedad donde se protejan a los más desfavorecidos, donde se reforme la educación, la salud, se invierta ante la recesión en infraestructura y en la búsqueda de alternativas energéticas limpias para lograr una mayor autonomía como país.
En fin, su mensaje fue el de la esperanza de un mejor futuro, de rectificaciones esenciales en relación a acabar con la guerra en Iraq; eliminar la tortura y los juicios ilegales a los presos de Guantánamo, cerrar esa base y mejorar sus relaciones con el resto del mundo, incluyendo a los de América Latina sobre la base del respeto mutuo, la comprensión y la solidaridad.
Tiene mucho que hacer por delante, pero el peligro de que no cumpla con las esperanzas sembradas es muy alto para su pueblo y el resto del planeta. Soy de los que cree que se inició una nueva era que nos beneficiará a todos, que el fenómeno Obama, no solo se agota en que por primera vez un Presidente afrodescendiente asume el poder, sino que es producto de un cambio generacional basado en valores permanentes, donde el ser humano debe ser colocado en el centro de toda acción política y donde la economía debe estar al servicio del bien común y si ello se logra, un capitalismo humanista renovado y solidario, oigan en Costa Rica los líderes de los partidos políticos, solo así todos nos acercaremos a vivir con mayor justicia y felicidad.
periódico La Prensa Libre 2 enero 2009.

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