Jaime Daremblum
¿Cómo afectará la crisis económica a la política exterior rusa?
Politólogo
Resulta desalentador, aunque no sorprendente, que Rusia haya recurrido una vez más al chantaje energético –interrumpiendo el envío de gas natural a Ucrania– con el fin de intimidar a una democracia prooccidental y asustar a la Unión Europea, que obtiene de Rusia aproximadamente la cuarta parte de su abastecimiento de gas. Aunque Vladimir Putin ahora es el “primer ministro” ruso y no su presidente formal, todavía es el líder a cargo. Por varios años, Putin ha seguido una estrategia múltiple encaminada a restablecer su país como un poder mundial. Ha procurado atraer de nuevo a la esfera de influencia de Rusia las antiguas posesiones de la era soviética, intimidar a Occidente y reforzar los regímenes antiestadounidenses en todo el mundo, incluidos los Gobiernos de Venezuela e Irán.
Mientras desarrollaba esta política exterior, Putin ha debilitado gradual pero dramáticamente las instituciones democráticas en su país. Este juego parecía estar funcionando bien cuando los precios de los energéticos escalaban por las nubes y las arcas del Kremlin estaban repletas. Sin embargo, ahora que dichos precios han bajado sustancialmente y la crisis financiera se ha propagado, Moscú podría enfrentar pronto un derrumbe económico que repercutiría inevitablemente sobre su política exterior.
Imperialismo ruso. Putin, que una vez calificó el fracaso de la Unión Soviética como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo”, ha evidenciado la intención de Moscú de dominar antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia y colocarlas dentro de una órbita antioccidental. Ambos países desean unirse a la OTAN y a la Unión Europea. El Kremlin ha respondido con diversas formas de intimidación, incluyendo una beligerante retórica, el chantaje energético (caso de Ucrania), y la invasión militar en gran escala de Georgia el pasado mes de agosto luego de una larga controversia sobre dos provincias separatistas apoyadas por Moscú.
La muscular política exterior seguida por Rusia va mucho más allá de Ucrania y Georgia. En el 2005, Moscú acordó venderle a Irán sistemas de defensa aérea por un valor superior a los $700 millones. En setiembre del 2008, el periódico The Times de Londres informó de que “El jefe de la agencia [rusa] exportadora de armas dijo que estaba negociando vender sistemas antiaéreos a Irán a pesar de objeciones estadounidenses”. Rusia además ha estado construyendo la central nuclear iraní de Bushehr, con un costo de mil millones de dólares, que aparentemente está a punto de ser finalizada.
En América Latina, Moscú ha abrazado al venezolano Hugo Chávez, que ha adquirido más de $4 mil millones en armas rusas durante los últimos años, incluyendo submarinos y aviones de combate. A finales de noviembre, Rusia acordó ayudar a Venezuela a construir un reactor nuclear.
Si el régimen de Chávez tuviese tecnología nuclear sería bastante peligroso en sí mismo; pero esto se agrava por el hecho de que Venezuela –igual que Rusia– tiene estrechas relaciones con la teocracia iraní. Poco después de que Rusia y Venezuela firmaron ese pacto nuclear, sus fuerzas navales comenzaron ejercicios militares en el Caribe.
Moscú también se ha acercado más a Cuba, su viejo cliente de la era soviética, en busca de reavivar vínculos económicos y militares. El mes pasado, informó la agencia Reuters , “un barco de guerra ruso navegó en la bahía de la Habana… por primera vez desde el colapso de la Unión Soviética en 1991”. El presidente ruso Dmitri Medvedev visitó la isla a finales de noviembre y se reunió con los dos hermanos Castro.
Descalabro económico. La agresiva política exterior rusa fue facilitada por su riqueza petrolera sin precedentes. Sin embargo, la reciente caída en los precios ha expuesto la debilidad fundamental de su economía.
“Con los precios actuales de las materias primas”, escribe el economista Anders Aslund, “las exportaciones del país [en 2009] podrían caer un 40% en dólares corrientes, es decir, en $200.000 millones. Los superávits del presupuesto y de la cuenta corriente se convertirán rápidamente en déficits”.
La beligerante política exterior del Kremlin tampoco ha ayudado. Aun cuando los precios del barril de petróleo estaban muy por encima de $100, los inversionistas comenzaron a abandonar Rusia, asustados por la guerra con Georgia y por inquietudes sobre inestabilidad política.
Las tropas rusas invadieron Georgia el 7 de agosto. Según los datos del banco central, Rusia perdió alrededor de 16.400 millones de dólares en reservas de divisas durante la semana del 8 al 15 de agosto.
Al combinarse el mal manejo de Putin con la dramática caída en los precios de las materias primas y la reducción en la actividad económica mundial, Rusia podría afrontar graves problemas. Las protestas recientes en Vladivostok, suprimidas brutalmente por la policía, podrían presagiar las cosas por venir. El Kremlin espera que los precios de la energía vuelvan a subir antes de que el desasosiego se extienda. Pero ¿y si no es así?
Una Rusia debilitada tendrá menos dinero para desperdiciar apoyando a gobiernos paria. Por otro lado, si se derrumba la economía rusa y la estabilidad del régimen es amenazada seriamente, Putin podría provocar adrede una nueva crisis de externa para desviar la atención.
Una cosa sí parece estar muy clara: en el 2009, Vladimir Putin causará abundantes dolores de cabeza a la nueva Administración Obama.
Jaime Daremblum es director del Centro de Estudios para América Latina del Hudson Institute en Washington D.C.
periódico La Nación 21 enero 2009.