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RESONOCO

15/05/2008 GMT 1

Estados grandes, imperiales y pequeños

marfuerte @ 00:40

Harold James |

Una nueva lógica en la política internacional

Harold James es profesor de Historia y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y autor de The Roman Predicament

Los ganadores del gran impulso de la globalización de los años 1990 fueron los estados pequeños como Nueva Zelanda, Chile, Dubai, Finlandia, Irlanda, las Repúblicas Bálticas, Eslovenia y Eslovaquia. Los tigres del este asiático que presionaron para ubicarse en el centro de la escena de la economía mundial eran unidades pequeñas y, en algunos casos, como Singapur, Taiwán o Hong Kong, ni siquiera eran tratados como estados. Incluso Corea del Sur, que en comparación es un gigante, era solamente medio país.

Este tipo de estados son vulnerables y el pasado está sembrado de globalizadores pequeños y exitosos que fueron derrotados por la política del poder: las ciudades-estados italianas del Renacimiento, la República Holandesa o, en el siglo XX, el Líbano y Kuwait.

Los estados pequeños frecuentemente se convirtieron en las víctimas de vecinos más grandes pero más pobres envidiosos de su éxito y ansiosos por apoderarse de sus activos, pero olvidando al mismo tiempo que un ataque de este tipo, en realidad, destruye la fuente de riqueza y dinamismo.

En el mundo de la globalización pura, a los Estados pequeños les va mejor, porque son más flexibles y pueden adaptarse más fácilmente a los mercados de rápida evolución. Los Estados pequeños tienen mejores resultados a la hora de ajustar las políticas públicas, liberar los mercados laborales, establecer un marco sólido para la competencia y facilitar las fusiones y adquisiciones internacionales.

Estados pequeños. La urgencia de un programa de esta naturaleza ha sido subrayada en muchos análisis recientes sobre el desempeño deficiente de las principales economías de Europa continental –Francia, Alemania e Italia–, comparado con el de economías más pequeñas y mucho más dinámicas del norte y centro de Europa. Pero, al mismo tiempo, los estados pequeños también tienen más probabilidades de triunfar cuando se trata de defender los aspectos cruciales del Estado benefactor.

Un Estado más grande inevitablemente puede tomar más medidas para controlar la economía y, por ende, está expuesto a la costosa tentación de intervenir en respuesta a la presión política de intereses establecidos.

En el marco de un Estado pequeño, la imposición de una densa red de controles probablemente conduzca a la pérdida de factores móviles de producción, mientras que en un estado grande es más difícil que haya una fuga de mano de obra o capital.

En el escenario internacional, los estados grandes intentan establecer reglas internacionales, y muchas veces construyen su legitimidad interna en base a su argumento de que son capaces de definir un mundo más grande: piensan en términos de lo que los pensadores franceses llaman “aprovechar la globalización”. En lugar de aceptar el sistema internacional como es, con todas sus imperfecciones, piensan que pueden usar su peso para alterar las reglas a su favor.

El nerviosismo y el miedo de los Estados pequeños empezaron a aumentar alrededor del 2000. La guerra de Iraq, la búsqueda por parte de China de fuentes de energía en los países en desarrollo y la agresividad de Rusia en materia de política exterior e interior pusieron de manifiesto las nuevas realidades políticas.

Tres defectos obvios. En el mundo de hoy, pareciera que los nuevos ganadores son los estados grandes con poblaciones importantes y crecimiento rápido: Brasil, Rusia, India y China (BRIC), además de Estados Unidos. Estos gigantes dinámicos aterrorizan a las poblaciones adineradas del mundo industrializado con el potencial poder de su competencia de bajo costo, sus productos baratos y su tercerización de servicios.

Los BRIC –podríamos reescribir el término como Países Grandes y Realmente Imperiales (N del T.: correspondiente al inglés Big and Really Imperial Countries)– proyectan poder con más facilidad, pero también necesitan proyectar poder para compensar sus debilidades. Tienen sus propios problemas, pero al mismo tiempo es probable que se comporten más como los grandes estados tradicionales e intenten reformular la globalización en lugar de aceptarla simplemente como un proceso inevitable.

Existen al menos tres defectos obvios que afligen a estos grandes globalizadores mucho más que a los pequeños globalizadores que habían tenido tan buen desempeño anteriormente. Primero, los países altamente poblados deben integrar su subclase pobre y analfabeta (en China y la India, principalmente rural) cuando participan en los mercados mundiales.

Segundo, China y Rusia tienen sistemas financieros que carecen de transparencia, mientras que Brasil y la India son financieramente subdesarrollados, lo que pone en riesgo una mayor integración en la economía mundial y aumenta las perspectivas de una crisis financiera.

Ilusión. Tercero, Rusia ya enfrenta una caída demográfica masiva y una población que envejece y se enferma; China enfrenta la casi certeza de un bajón demográfico al estilo japonés a partir de la década del 2040 en adelante, un legado tardío de su política de un solo hijo.

Los gigantes geopolíticos defectuosos en el pasado han sido fuente de inestabilidad (Alemania antes de la Primera Guerra Mundial es una analogía obvia) y existen buenas razones para ver que presentan un mayor riesgo en el siglo XXI. Pero, por el momento, son incuestionablemente poderosos.

El resultado es que los BRIC buscarán poder de compensación, e influencia y prestigio militar y estratégico, como una manera de solucionar los problemas internos. Atrás quedaron los años 1990, cuando por un período breve inmediatamente después del fin de la Guerra Fría, parecía que el mundo iba a ser permanentemente pacífico y desinteresado en el poder.

Esa esperanza pronto resultó ilusoria. A muchos analistas, de hecho, los sorprendió la rapidez con que regresaron las tensiones al sistema internacional. Mientras que muchos culpan al comportamiento estadounidense, estas tensiones, en realidad, se han visto alimentadas por el despliegue de una nueva lógica en la política internacional.

www.project-syndicate.org Los ganadores del gran impulso de la globalización de los años 1990 fueron los estados pequeños como Nueva Zelanda, Chile, Dubai, Finlandia, Irlanda, las Repúblicas Bálticas, Eslovenia y Eslovaquia.
periódico La Nación 27 abril 2008.

Anticipo

marfuerte @ 00:36

Ilusiones renovadas

Fragmento del libro ‘Castillo Fantasía’, ganador del Primer Premio Embajada de España de Narrativa Infantil 2008.

Todo empezó más o menos una semana antes de Navidad. Ana Sofía y Mario estaban sentados en las gradas del orfanato, viendo las decoraciones de las tiendas del otro lado de la calle, y contando los días que faltaban para que los llevaran al centro comercial. Esperaban con ansias ese paseo, pues difícilmente los llevaban más de una vez al año.

Mario era un niño extrovertido y muy bajito; tenía nueve años, pero parecía de siete. Sus brillantes ojos café y su eterna sonrisa, se hacían más luminosos conforme se acercaban las fiestas navideñas, su época favorita. Además, se moría por visitar su local preferido, donde, tras un enorme ventanal, se exhibían carritos de colección.

Ana Sofía era su mejor amiga y muy diferente a él. Ella era seria y tímida, por lo que evitaba relacionarse con los demás niños del orfanato. Tenía ojos negros y rizado cabello castaño rojizo. Acababa de cumplir ocho, y aún no se acostumbraba a la vida en ese lugar, su casa desde los cuatro años. Su mayor sueño era ser adoptada por una linda familia, con muchos niños, y vivir en una casa grande de jardines floridos.

Mario y Ana Sofía discutían por enésima vez acerca de cuántos árboles de Navidad verían y en cuántas jugueterías los dejarían entrar, cuando los llamó la tía Alicia. Era hora de comer; el sol había desaparecido detrás de una enorme nube gris y parecía que iba a llover. no les importó entrar en la casa, porque, además, había empezado a correr un viento muy frío.

Fueron los últimos en sentarse a la mesa. Alrededor de ella ya había unos veinte niños y niñas de diferentes edades, y dos mujeres: la tía Alicia y la tía Paulina. […]

La comida transcurrió de la manera habitual, sin mayor incidente que el castigo de Javier y Arturo por lanzarse garbanzos. Cuando todos terminaron el postre […], la tía Alicia tomó la palabra.

—Niños, tengo noticias para ustedes. Primero debo contarles que este año no iremos al centro comercial.

Un murmullo de decepción recorrió la mesa. Los niños mayores se veían tristísimos. Una de las niñas empezó a llorar y varios preguntaron en voz alta:

—¿Por qué?

—Pero si también hay buenas noticias —los tranquilizó la tía Paulina—. Lo que pasa es que una familia nos invitó a una fiesta de Navidad en su casa. Ellos tienen un jardín muy grande, con una fuente, y nos van a recibir el sábado, todo el día.

Autora: Irene Guzmán Ferreto

Ilustradora: Carmen Ferreto Gutiérrez

Editorial: Alfaguara Infantil

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

Librero

marfuerte @ 00:34

Identidades

David Díaz Arias

La fiesta de la independencia

Historia

Editorial UCR

Iván Molina Jiménez
Escuela de Historia de la UCR

Existen tres interpretaciones básicas sobre el origen de la identidad nacional costarricense. La primera plantea que esa identidad tuvo su origen durante la colonia y fue resultado de un proceso casi natural, caracterizado por las relaciones cotidianas entre los pobladores en un espacio determinado.

Tal versión está presente en las primeras obras históricas publicadas en el país, y ha sido recientemente recuperada por algunos historiadores profesionales, en particular por Juan Rafael Quesada.

Una segunda versión, surgida a inicios de la década de 1990, señala que la identidad nacional fue más bien una invención (en el sentido de construcción cultural) de los círculos de políticos e intelectuales liberales que dominaban el Estado costarricense a mediados de la década de 1880. Dichos círculos habrían inventado esa identidad a partir de una recuperación de la guerra de 1856-1857 contra William Walker. El proponente de esta interpretación fue el historiador canadiense Steven Palmer.

Finalmente, una tercera versión fue dada a conocer unos pocos años después de la de Palmer por el historiador Víctor Hugo Acuña. Según él, antes de la independencia, las elites locales iniciaron un proceso de invención de particularidades identitarias para diferenciar a Costa Rica del resto de sus vecinos centroamericanos, proceso que se intensificó luego de 1821.

Acuña y Quesada tienen en común que ambos buscan el origen de la identidad nacional en el período colonial y consideran su desarrollo a largo plazo, pero existe una diferencia fundamental entre ellos.

Para Quesada, esa identidad es un producto natural; en contraste, para Acuña, igual que para Palmer, esa identidad es una invención. Si para Acuña esa invención fue un proceso de larga duración, para Palmer fue un proceso de corto plazo.

A este interesantísimo debate se ha sumado recientemente David Arias, con un libro muy bien fundamentado en términos documentales, y riguroso metodológica y teóricamente. Construido en torno al análisis de la fiesta de la independencia, el libro se organiza en ocho capítulos. Los cinco primeros se dedican al análisis de períodos específicos (de 1809 a 1921), en los que se examinan los cambios y las permanencias en las festividades.

Los tres últimos capítulos se concentran en algunos temas de particular importancia: la fiesta de la independencia y su relación con la identidad de las elites y la de los sectores populares; la conmemoración del centenario de la independencia en 1921; y los ejes principales de los discursos asociados con la festividad estudiada.

Díaz considera imaginativamente la relación de la fiesta de la independencia con la construcción del Estado, con la memoria de la Campaña Nacional (1856-1857), con el sistema educativo, con la esfera pública, con las culturas populares y con la diversificación de los círculos intelectuales, entre otros temas.

Este libro ofrece así una interpretación fascinante sobre los cien años que se extienden entre 1821 y 1921.

Su interpretación sorprenderá incluso a quienes se crean familiarizados con este período de la historia de Costa Rica.

En el libro de Díaz, escrito de manera clara y amena, lectores especializados y público en general encontrarán un análisis del pasado, hecho con seriedad y responsabilidad, que invita a superar los viejos estereotipos y el patriotismo fácil que prevalecen en las versiones idílicas de la historia costarricense.

Por esa razón, es también un libro desafiante, que se inscribe en la tradición de renovación de los estudios históricos iniciada en Costa Rica en la década de 1970.

Algunas personas podrían pensar que este es el momento para revelar cuál de las tres versiones sobre el origen de la identidad nacional es apoyada por el libro de Díaz, o si él propone una interpretación nueva. Privar a los lectores del placer de responder por sí mismos a esta cuestión sería, evidentemente, algo imperdonable.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

La tierna violencia de Aimé Césaire

marfuerte @ 00:32

Negritud El recién fallecido poeta dio conciencia lírica a una cultura oprimida y dispersa en el mundo

Julián González Zúñiga | revlem@le.ucr.ac.cr
Gracias a la Antología de la nueva poesía negra y malgache , publicada por el gran poeta senegalés Léopold Sédar Senghor en 1948, se establece el vínculo entre literatura africana y literatura antillana, vale decir, literatura de la negritud. A esa tendencia en la lírica cabría agregarle el componente lingüístico que fusiona ambas geografías: el uso de la lengua francesa por encima de las lenguas criollas y vernáculas.

El martiniqués Aimé Césaire (1913-2008) escribió su obra en la lengua instaurada por el colonizador, pero con los acentos, la fuerza –casi violencia–, el léxico y los matices de la cultura negra antillana. Así lo demuestra en su obra poética más conocida, Cuaderno de un retorno al país natal (compuesta en 1938-1939 y publicada en 1947), a la que siguen Las armas milagrosas , Soleil cou coupé , Cuerpo perdido , Ferrements y Catastro .

Resurrección. La ideología de la negritud vino a sustituir la del asimilacionismo y comprende más que el mejoramiento de las condiciones de vida de las colonias, lo que se traduce en seguridad social y educación principalmente, como Césaire había postulado. Años después clamaría por una asimilación diferente, homologada a igualdad económica con la metrópoli. A las voces que gritaban “asimilación”, él les respondía “resurrección”.

Cercano al Surrealismo y a la obra de Apollinaire, su actitud rebelde lleva a Césaire a una poesía en la que la violencia del clamor exalta –por medio de las imágenes y del ritmo– el doloroso anhelo de una esperanza.

En 1941, André Breton descubre la poesía “bella como el oxígeno naciente” de Césaire, a quien se acerca de inmediato. Breton califica el Cuaderno como “el mayor monumento lírico de la época”. Por su lado, Sartre ve en esta obra algo así como un cohete del que brotan soles y donde el Surrealismo se expande “en una flor enorme y negra”.

Césaire se sitúa entre los escritores franceses más iconoclastas y de izquierda. Su militancia en el Partido Comunista Francés lo introduce en el mundo de la política, aunque años después se retira de la agrupación al comprobar que Europa quiere seguir decidiendo el destino de los negros. “Lo que quiero es que marxismo y comunismo estén al servicio de los pueblos negros”, pero no al contrario, dijo en 1956.

Al igual que Senghor, Aimé Césaire nunca puso en duda su expresión literaria en lengua francesa. La hicieron propia, pero acorde con la vitalidad necesaria para exaltar su negritud con acentos de rebelión, no obstante los cambios en el “imperio colonial” francés: los países del África francófona se independizaron (1958-1960), mientras las Antillas permanecen como “departamentos de ultramar”.

Poesía y teatro. Así, la literatura negra/africana predominó por su poesía gracias a dos excepcionales poetas: Césaire y Senghor. Con su Cuaderno , el martiniqués –más abrupto y violento en su lírica que el senegalés– demostró la fortaleza y la originalidad de su verbo.

Es la reflexión de un joven formado en París que regresa a su tierra y confronta la cultura “blanca” con su propia identidad negra. Ataca duramente a la Europa colonizadora y le señala su responsabilidad por la mayor tasa de cadáveres de la historia.

Esa visión se relaciona con los temas de su obra: denuncia de una Europa agonizante; elogio y revalorización de la negritud; contraste entre un conocimiento vital del mundo y un conocimiento pragmático de las cosas, así como el desarraigo y el exilio.

Aimé Césaire llega al teatro sin perder el ímpetu de su poesía. Su teatro es muy político y expresa la negación de una Europa que insiste en su visión de “velar” por la suerte de los negros. Por ello, su teatro no presenta sólo la visión épica de la rebelión negra, sino la tragedia de un “poder negro” aislado y en combate contra males insuperables (injusticia, corrupción, alienación, pérdida de identidad, explotación y miseria).

Dentro de este género se encuentran La tragedia del rey Cristóbal , Una estación en el Congo , Una tempestad y Los perros se callaban . La primera data de 1963 y es la historia de un reyezuelo negro en el Haití de principios del siglo XIX, quien procura encabezar la independencia de su pueblo, pero es abandonado por sus partidarios.

Una estación en el Congo (1967) se vuelca sobre los acontecimientos que hundieron al Congo en la tragedia, desde su independencia hasta el asesinato de Patrice Lumumba.

Todos los temas de su teatro profundizan en los problemas de la comunidad negra, marcada por la vivencia del colonialismo, dentro de una negritud asumida, atacada, combatida y defendida.

Para Césaire, la negritud no debe ser vista como un fenómeno antirracista, sino como una exigencia del momento para que millones de hombres y mujeres salie-ran del mundo ausente en el que la historia los había ubicado y para que recuperasen el lugar que les correspondía desde toda la vida.

Diáspora y esperanza. Más allá de África y del mundo francohablante, existe la diáspora negra, diseminada en tierras continentales e insulares. Vasto territorio de desarraigo, son Martinica, Guadalupe, Haití, Madagascar y la isla Mauricio, cercadas por un mar que encarcela y a su vez sirve de puerta al exilio, a la evasión y al vuelo. La literatura deviene, entonces, un arma milagrosa para abrirse camino, para forjarse un destino y para borrar un pasado de humillación.

Césaire ha dado voz a la negritud y a los marginados. La carga intemporal de su poesía lo aleja del discurso político inmediatista, presente en cierta poesía comprometida. En alusión a su Cuaderno , Césaire dijo: “Es el primer texto en que empecé a reconocerme. Lo escribí como un antipoema. Se trataba para mí de atacar, en el nivel de la forma, la poesía tradicional francesa”.

Aimé Césaire sabía que la literatura no era un lugar de complacencia y, al querer decir la verdad por medio de la poesía, terminó acusando.

¿Supieron Francia y la Europa colonizadora reconocer su deuda frente al dedo acusador del poeta martiniqués? ¿Se sumó Francia a la causa de la negritud con total convicción? ¿Compartió con Césaire sus armas milagrosas y su afán liberador y rehabilitador?

En la Martinica, el 17 de abril, lo sorprendió la muerte, tras 94 años de intensa vida. Desde esta isla “desesperadamente bloqueada / cerrada en todos sus confines”, logró desplegar imágenes universales del ser reprimido y rebelde.

Hoy, entre tanto, la literatura negra busca su propia definición frente a las dificultades y problemas derivados de la descolonización. Aimé Césaire le abrió el camino.

EL AUTOR ES CATEDRÁTICO DE LENGUA y literatura FRANCESAS. DIRIGE LA ‘REVISTA DE LENGUAS MODERNAS’, DE LA UCR, y la revista ‘repertorio americano’, de la Universidad Nacional.

Legado

perpetuo

“Nos conmueve profundamente el fallecimiento del gran poeta y político martiniqués Aimé Césaire, quien simbólicamente nos abandonó al cierre de la celebración del Festival de la Francofonía. Nos despedimos de uno de los máximos representantes de ella y fundador del movimiento filosófico, cultural y político de la negritud, desarrollado como una forma de combatir el colonialismo y el racismo. Sabemos que no nos abandonará su legado, especialmente en estos tiempos, necesitados de solidaridad y justicia”. Philippe Gasparini, director de la Alianza Francesa en Costa Rica.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

Intuición de la utopía

marfuerte @ 00:30

Indispensable Cuando muchos reniegan de su viejo optimismo, la poesía ayuda a revalorar la esperanza

Klaus Steinmetz | Escritor@nacion.com
El escritor nacional Klaus Steinmetz ganó la X Edición del Premio de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz con un poema de 64 páginas titulado La yema del tiempo. Sus 24 capítulos forman una unidad, pero tienen sentido individual. Se trata de un road movie por dimensiones paralelas en las que sus dos desafortunados personajes se transforman en seres y cosas distintas, viajando al pasado o a mundos alternos hasta su final disolución. Su principal inspiración proviene de Paul Celan, Haruki Murakami y Stephen Hawking.

Transcribimos extractos de su discurso de agradecimiento, pronunciado en 16 de abril en el Instituto de México, San José.

Alguien dijo que el oficio más solitario del mundo era el del escritor. Estoy seguro de que hay peores: el laburo de un campeón de apnea consiste en bajar al azul profundo a lo largo de un cable. Saint-Exupéry piloteaba un avión del servicio postal por encima del desierto y tuvo que inventarse un niño de rubio cabello rizado para que lo acompañara... Pero, sin duda, el escritor necesita y padece la soledad tanto como ellos: peor aun, el escritor en ciernes, que no tiene certeza de que alguien lea su trabajo dándole al fin sentido.

A diferencia del pintor, el actor o el músico, el escritor novel exige a sus amigos dedicar muchas horas a sus divagaciones. A los cercanos al pintor les bastará con un “muy interesante” para salir bien librados. Los íntimos del músico tan solo deben aprender a dormir en una butaca con los ojos abiertos fingiendo un profundo arrobamiento; pero al joven escritor es difícil engañarlo porque siempre preguntará: “¿Y qué te pareció el final?”, pregunta lapidaria ante la cual no hay evasión posible.

Algún ingenuo creerá que la solución está en leer solamente la última página, ignorante de que, en la posmodernidad, el final es el principio, que a su vez está en el medio, que fingía ser el final. Terrible herencia de Cortázar que obliga a los buenos amigos de un narrador a aburrirse impunemente.

Cabe la posibilidad de que en el barrio se haya incubado un genio, pero hace falta más que un vecino para reconocer un genio literario de hoy. Hace falta un crítico alemán o un guionista de California. Nuestra mayor probabilidad de cumplir con decoro con las normas de la amistad se da cuando el amigo pretende ser poeta. La poesía tiene la inmensa virtud de la brevedad. Uno puede leer la obra completa de Girondo en una presa un viernes en la tarde. Yo llegué a amar la fila interminable de la avenida Segunda repasando El tigre de Eduardo Lizalde; es más, rogando que no avanzara.

Hasta que uno tiene la pésima suerte de que el amigo decide ser poeta y, en un acto de sadismo extremo, hilvana un poema de 64 páginas: ese soy yo. La yema del tiempo solo puede leerse de un tirón y en un estado de plena iluminación, cerca del Nirvana, o borracho, o fumado, delirando.

El lírico es un hombre solitario que durante siglos se dedicó a cantar a la nostalgia, es decir, a la pérdida. Cuán acuciante debe ser su angustia hoy en día, cuando la sociedad postindustrial anuncia la muerte del libro; pero el libro no morirá. Basta conocer la historia de J. K. Rowling.

Ahora bien, si uno no tiene el talento para describir la vida de un joven mago y ansía la fama, puede escoger otro género: autoayuda, cocina o negocios son las opciones que ocupan la mayor cantidad de anaqueles en las librerías. ¿Poesía?; sí, señor, esos cincuenta centímetros en el estante de abajo; o sea, ¿para qué seguir escribiendo poesía hoy? En boca de uno que está por recibir un premio de poesía, esta pregunta es un terrible mea culpa . ¿Para qué poesía hoy?

Rilke diría: eso es mirar hacia fuera; solo si prefieres morir a dejar de escribir eres poeta. Pero, lejos del pathos del romanticismo, lejos de mi necesidad de proyectar lo que pasa dentro de mí (necesidad que escoge su vehículo, sea una novela o un salto en mitad de la calle, un dibujo en la arena o una sinfonía compuesta con los dedos sobre una mesa) la pregunta es crucial.

Cambiémosla un poco, como una concesión a Rilke: ¿para qué publicar poesía hoy, cuando pocos leen y muchos menos son capaces de sentir lo que leen, aunque lo entiendan?

Pensaba en esas cosas cuando recordé un artículo que preparaba para enviarlo a La Nación , artículo que pretendía intuir el destino de este amado e inefable país nuestro. Empieza así:

“Nunca un pequeño país estuvo tan urgido de una nueva utopía. El subdesarrollo tenía al menos una ventaja: nos ahorraba el esfuerzo de articular nuestras ilusiones, de idear el modelo para alcanzar nuestra propia versión del paraíso.

“Todos los relatos locales acababan integrándose a la potente cosmovisión eurocéntrica por ese proceso que llamamos ‘sincretismo’ y que con mayor justicia cabría calificar de ‘canibalismo cultural’.

“Pero ahora, cuando la cultura global solo prolonga la incertidumbre y mundializa, por así decirlo, el fracaso del proyecto humano de la Ilustración; ahora, cuando reniega de su optimismo anterior, pierde todo derecho a seguir reclamando nuestra buena fe.

“Como el nihilismo con el individuo de fines del XIX, haber perdido la certeza de que el progreso es el fin último de las sociedades, nos sitúa en el fango de la amoralidad política. Huérfanos de futuro, ¿en nombre de qué panacea podemos convocar aún la democracia? ¿Cómo intuir entonces la nueva definición de una ventura posible?”.

Dediqué algún tiempo a pensar en la utopía y a pensar si solo este país tenía semejante urgencia o la comparte con el resto del Tercer Mundo o con la humanidad toda. Por primera vez en la historia, no hay un concepto que trace el camino, así sea errado.

Si de las ruinas del presente y de semejante desazón existencial, de semejante fracaso de la especie, deberá renacer un nuevo sueño, nuestra tarea más elemental y más urgente es soñar.

La especie humana debe imaginar nuevos caminos a la tierra prometida. Imaginar, intuir la utopía: esta es la más radical definición de la poesía en el mundo de hoy, la que señala su inconmensurable necesidad, su carácter impostergable.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

El reino iconoclasta de Reygadas

marfuerte @ 00:28

Contrastes ‘Batalla en el cielo’ sorprende con una carga ambivalente de religiosidad, urbe y erotismo

Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com
En muy poco tiempo, y en virtud del profundo impacto producido por tres largometrajes de vocación radical, el director mexicano Carlos Reygadas se ha ganado un lugar privilegiado en el panorama cinematográfico de nuestros días.

La ópera prima del cineasta, estrenada en el año 2002 bajo el título de Japón , evidenciaba una gramática obsesiva y perturbadora, concebida a partir de la morosidad narrativa y del choque violento entre nociones antagónicas.

En su segundo largometraje, Reygadas fija su mirada en la intimidad de una desigual relación amorosa y se inclina de nuevo por el enfrentamiento entre ideas opuestas como belleza y fealdad, vida y muerte, infierno y paraíso.

Este juego de oposiciones hace de Batalla en el cielo (2005) una obra de difícil acceso, a veces demasiado personal, pero siempre efectiva al representar emociones complejas y trascendentales.

El ambivalente e inusual tejido cinematográfico incluye manifestaciones diversas, y aparentemente incompatibles, como la performance , la sinfonía urbana del período silente, el cine reflexivo de los grandes maestros y el relato policiaco.

Confluencias. Uno de los rasgos más notables del cine según Reygadas es la recurrencia de suaves y amplios movimientos de cámara y la caracterización actoral hierática, dispuestos en sentido contrario a la estética predominante.

Esta puesta en escena particular produce una sensación de tiempo suspendido, una atmósfera etérea que invade al filme y propicia el tránsito hacia los diversos estados emocionales experimentados por los protagonistas.

Adicionalmente, el desencadenante narrativo de Batalla en el cielo surge de la cotidianidad mexicana y adopta la forma de un secuestro infantil. Esto convierte a la ciudad en elemento esencial del tejido dramático, en espejo que multiplica las sensaciones de millones de seres humanos.

El carácter plural y reconocible de la capital mexicana da consistencia a las etéreas relaciones de Batalla en el cielo . El espacio urbano es además el principal dispositivo creativo, el vínculo generador entre la idea y la realidad. El propio Reygadas ha comentado que se inspiró en el cine de Roberto Rossellini y en la manera en que el director italiano construyó una ficción a partir del paisaje urbano en el filme Roma, ciudad abierta (1945).

Finalmente, la peregrinación religiosa que atraviesa el relato aumenta la sensación de pluralidad y extiende las relaciones hacia la tradición cinematográfica de formas contemplativas. Aquí es donde se manifiestan las influencias más importantes de Reygadas, donde se vislumbra con claridad la huella profunda de directores como Robert Bresson, Carl Theodor Dreyer, Yasujiro Ozu y Andréi Tarkovski.

Fronteras. Uno de los elementos más comentados de Batalla en el cielo es el uso de la sexualidad explícita en un par de pasajes. Tras la proyección, los abucheos y silbidos se alternan usualmente con diversas manifestaciones de apoyo, lo que reaviva el antiguo debate sobre los linderos entre lo erótico y lo pornográfico.

Para muchos, el límite entre ambos territorios es claro: el cine erótico insinúa y el pornográfico muestra. El erotismo es sutil e imaginativo; la pornografía, torpe y demos-trativa. La pornografía es vulgar, y el erotismo es arte.

Una breve revisión histórica añade al esquema el beneficio de los matices y recuerda que el cine de genitales expuestos es tan antiguo como el propio cinematógrafo. Obras como A través de la cerradura de la puerta (1900) y El amor a todas las edades (1902) lo confirman.

La división abrupta entre erotismo y pornografía gozó de muy buena salud durante la primera mitad del siglo XX, amparada en los medios diferenciados de distribución y en las censuras nacionales, como el Código Hays estadounidense.

El aire rebelde de finales de los años 60 preludia los cambios que llegarán a la gran pantalla con la Trilogía de la vida, dirigida por Pier Paolo Pasolini e integrada por El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury , (1972) y Las mil y una noches (1974).

La crítica especializada se enfrenta a las nuevas propuestas con gran perplejidad: ¿puede una película conciliar la abierta exposición sexual con el logro estético? La evidencia propone una respuesta afirmativa.

El último tango en París (1972), dirigido por Bernardo Bertolucci, y El imperio de los sentidos (1976), del japonés Nagisa Oshima, confirman una tendencia que en la última década ofrece filmes tan notables como Los idiotas (1998), Lucía y el sexo (1999), Nueve canciones (2004) y El sabor de la sandía (2005).

Aún así, la presencia del sexo explícito en un largometraje es actualmente una razón de peso para la descalificación y el juicio de valor condenatorio. El caso extremo del fenómeno se ubica en Irán, donde la sexualidad manifiesta en el cine es sancionada con la pena de muerte.

Ecce homo. El rostro inexpresivo de Marcos, figura central de Batalla en el cielo , abarca la pantalla en la primera imagen del filme. Algunos minutos más tarde el espectador puede interpretar el momento erótico inicial, explícito y contradictorio, grotesco y lírico a la vez, como una doble presentación.

Por un lado, Reygadas parece emular en la imagen una célebre frase de la tradición cristiana: “He aquí al hombre”, flagelado y a punto de iniciar su personal via crucis .

Esa lectura es inducida por la extensa iconografía religiosa que destaca en cada rincón del filme, y por las diversas estaciones señaladas durante el desarrollo del relato.

Por otra parte, el pasaje inaugural de Batalla en el cielo se expresa como una síntesis dramática: “He aquí la película”, constituida fundamentalmente por contrastes.

A lo largo del filme, plano tras plano, la mirada reposada y poética convive con el choque frontal, la niebla gravita al lado de la violencia cotidiana.

Los detractores de Reygadas –que no son pocos– lo acusan de ostentar un excesivo trascendentalismo y lo consideran poco más que un simple provocador. Argumentan que sus películas alimentan los mayores estereotipos sobre América Latina, que él no pretende ponerse a la altura de sus personajes, y que en cambio narra siempre desde un trono sofisticado, de abolengo europeo.

En Batalla en el cielo podrían confirmarse algunas de esas apreciaciones, a riesgo de subestimar su valiosa condición de obra iconoclasta.

La película es al mismo tiempo una radiografía y un alegato contra el México actual. Es la imagen fotográfica y el comentario que pide quemar el viejo retrato.

Batalla en el cielo rompe con la estética promulgada por el star system hollywoodense y objeta además la imagen idealizada sobre el cine latinoamericano, mediante la reescritura del propio cine latinoamericano. El logro alcanzado –o, incluso se podría afirmar, el simple propósito– no es de ninguna manera despreciable.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 27 abril 2008.

La personificación del mal tiene nombre

marfuerte @ 00:24

En la cinta Petróleo Sangriento, el actor Daniel Day Lewis interpreta a Daniel Plainview, un magnate petrolero cuya ambición va más allá de cualquier lí­mite.

Inti Picado Ovares
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Al ver Petróleo sangriento, y convivir por dos horas y treinta y ocho minutos con un personaje como Daniel Plainview -interpretado magistralmente por Daniel Day Lewis-, entramos de algún modo a los rincones ocultos de la maldad.
Los primeros quince minutos del filme, en los que somos los únicos testigos de lo que podrí­amos llamar la génesis de su personaje, Daniel Plainview lucha cuerpo a cuerpo con la tierra. Sólo, a varios metros de profundidad, Plainview procura extraer sus riquezas. Su ambición no tiene lí­mite, su determinación tampoco. Ese foso -húmedo, profundo y oscuro- es una especie de fotografí­a del alma del propio Plainview, un sitio con olor a muerte y putrefacción.
La trama
Esta nueva pelí­cula de Paul Thomas Anderson está basada en la novela Oil escrita en 1927 por Upton Sinclair. “Soy un magnate petrolero”, nos dice Plainview con voz profunda. Y señalando a su pequeño hijo comenta: “Y este es mi socio: H.W. Plainview, el mí­o es un negocio de familia”. Una y otra vez insiste en ello, nos explica lo que hace: él perfora las profundidades y hace dinero con ello. Y ahí­ lanza sus promesas de prosperidad; para él y aquéllos que quieran despojarse de sus tierras.
Una noche, como salido de la nada, Daniel Plainview recibe a un extraño visitante, conocido sólo como Paul Sunday (Paul Dano). Éste le dice que conoce un sitio que prácticamente flota en petróleo: la finca de su familia. Plainview decide seguir la pista. Llega a New Boston, California, y visita la propiedad de los Sunday. Después de descubrir que lo dicho por Paul era verdad, Painview plantea la compra de la propiedad, negocio en el que participa Eli, hermano de Paul y predicador de la pequeña comunidad. Eli pide, como condición para la venta, que Plainview ayude a a su iglesia. Así­ se inicia la consagración de Plainview como lo que es: la personificación del mal. Nada le importa, nadie es importante, sólo su dinero.
Petróleo sangriento se llevó dos de las ocho estatuillas doradas a las que estaba nominada. Ahora, finalmente, la pelí­cula llega a las salas nacionales. No se la puede perder.

periódico Vuelta en U 25 abril 2008.

O Dios o el dinero

marfuerte @ 00:21

Javier Solís
Periodista

¡Qué vergüenza! Hace años que muchos católicos sinceros se vienen cuestionando sobre el banco llamado "Servicios Pastorales". "Servicios" entiéndase lucro con las limosnas acumuladas hechas por los fieles creyentes y "pastorales" porque los banqueros son clérigos. No por pastorado de las ovejas descarriadas ni por imitación del Buen Pastor.
Cuando murió Torres, la Conferencia Episcopal publicó una esquela de pésame de media página en un diario. Nada parecido han publicado por la muerte de santos obispos o sacerdotes. ¿Por qué? Porque la escala de valores está invertida. El dinero es lo principal.
Y la acumulación ha sido tanta que han podido invertir en Sama más de cuarenta mil millones de colones. Hasta tienen un asiento en su junta directiva. De "pastores" entre comillas se han convertido en prestamistas de plata. ¡Qué sacrilegio! Ése es el más grande antitestimonio del compromiso evangélico de toda la historia de la Iglesia Católica en Costa Rica. A partir de su participación en Sama, la iglesia de los obispos, no la iglesia de los pobres, traicionó su identidad con el pueblo llano costarricense y se alió con los señores del dinero, de la riqueza, del poder.
Y ahora esto de los préstamos. Es natural. Tenía que darse. Les gusta prestar plata y cobrar los intereses. Pero no saben administrar. Pretenden ser banqueros pero jugando el papel de guías "espirituales", de hombres de religión. Han hecho trampa cerrando un ojo -o los dos- sobre los orígenes de los depósitos que reciben y la legalidad de su administración. Así se encuentran hoy como hace unos años el eufemísticamente llamado "Instituto para las obras de religión", es decir, el banco del Vaticano, en el caso del Banco Ambrosiano, de Roberto Calvi y Monseñor Marcinkus. El mismo guion. La misma mafia de masones santulones. ¿Lavado de dólares? ¿Conexiones con el narcotráfico?
Y lo más vergonzoso es ver cómo se exhibe - contradicciones, evasivas, inocencias, incompetencias, opacidades, cobardías - Francisco Ulloa, Presidente de la Conferencia Episcopal y responsable de la administración financiera, su representante en Sama y máximo jerarca de los "Servicios Pastorales". No sé, no conozco, pregúntele a él, se lo preguntaré en el cielo, intervine porque me pidió consejo, no fui informado, se hizo sin mi autorización ni conocimiento, tengo que consultarlo, lo que digan los abogados, no sé por qué no se hizo, me siento inocente ¿verdad? (¿No les suena al chimisazo o al abelazo?) En la más primitiva empresa financiera, un gerente o presidente con ese desempeño no tarda sesenta minutos en ser puesto en la calle sin responsabilidad patronal.
¿Quién va a ir a misa con esa clase de pastores? Ulloa debería ser destituido. inmediatamente como presidente de los obispos. ¿O vamos a presenciar la misma táctica utilizada en el caso de los religiosos pedófilos? Los sacerdotes y las comunidades católicas de Cartago deben pedir su renuncia como obispo diocesano. Pronto nadie le va a creer ni el Credo de la misa.
Se trata de un pecado muy grave. En Mt. 6,24 Jesús habla de "Mamón" (dinero, en griego y en arameo) como de un poder demoníaco al que se somete el hombre codicioso y cuyo servicio es incompatible con el de Dios. Sí, incompatible. No hay término medio. Y en Lc16, 9.11 lo tilda dos veces de injusto o inicuo en una expresión de la tradición bíblica que designa el modo concreto cómo generalmente se adquiere, aumenta y emplea la riqueza.
Pero los obispos y los sacerdotes católicos pueden redimir este pecado, arrepentirse, hacer penitencia y propósito de enmienda. Pueden convertir esos cuantiosos, cuantiosísimos fondos en un banco de los pobres, como el Banco Graameen, fundado por Muhammad Yunus, Premio Nobel de Economía 2006, en Bangladesh. Quizá veríamos entonces florecer de nuevo la autenticidad y el fervor religioso.
¿Veremos ese milagro? No hay que ser muy optimistas porque el mismo Jesús previno que era muy difícil que los que ponen su confianza en el dinero, entren en el Reino (Lucas 10,23-25.). Y dos versículos antes le dice a un joven que le pregunta por la perfección: "ande, vende cuanto tienes y dalo a los pobres". Pero el joven dio media vuelta y se fue entristecido "porque tenía muchos bienes". Lo mismo le va a pasar a la Conferencia Episcopal.
Semamanario Universidad 24 abril 2008.

Debravo eternamente joven

marfuerte @ 00:20

Por Alí Víquez
Escuela de Filología, Lingüística y Literatura
De no ser por las aciagas circunstancias conocidas, Jorge Debravo hubiera cumplido setenta años el 31 de enero pasado, una edad en la que -cabe esperar- estaría aún en plena producción poética. La afirmación no deja de suscitar la extrañeza: un Debravo vivo y maduro resulta inverosímil -creo- sobre todo entre los escritores y los lectores jóvenes y ya no tan jóvenes de Costa Rica, para quienes él ha sido siempre algo así como el presidente de nuestra Sociedad de los Poetas Muertos. El talento y la fatalidad hicieron de Debravo una figura poco menos que mítica: el joven desbordante de inspiración se detuvo en el tiempo en el imaginario de las generaciones posteriores, que repitieron sus versos con una fascinación que en ocasiones se agotó y dio lugar al escepticismo, pero que en ningún caso -me parece-ha dado paso a la indiferencia.
¿Qué tiene Debravo, qué lo ha hecho ocupar ese sitio? No es mi intención el darle a esta pregunta una respuesta más que puramente personal. De todos modos, no creo que se pueda resolver con objetividad el asunto. El primer gran atractivo de Debravo para mí ha sido siempre su autenticidad, que es una digamos que variable muy incierta en la literatura. ¿Cómo saber cuándo un poeta dice la verdad acerca de lo que siente o lo que piensa, cómo diferenciarlo de ese otro gran impostor lírico que únicamente ha perfeccionado sus malabarismos retóricos para fingirse auténtico? Si Juan Ramón Jiménez, como se cuenta, molía a patadas a los burros y demás seres vivientes, ¿cómo averiguar que la prosa de Platero no es auténtica? No lo sé: de hecho, creo que no hay manera de saberlo. Uno solo decide creer que alguien es sincero porque así lo parece; en esto el riesgo se corre tanto en la literatura como en la vida y en ambos casos lamentarás la equivocación si luego se te comprueba. Pero a mí hasta ahora nadie me la ha comprobado con Debravo, de manera que sigo creyendo. Cada día más, por cierto. Muchas veces lo encontré equivocado, sobre todo cuando insiste en sus posturas maniqueístas (veía el bien y el mal tan claramente diferenciados como en película de John Wayne) o cuando se pone en plan religioso y le habla a Cristo como si evidentemente estuviera ahí una divinidad cuyo amor por la humanidad nunca ha constado en actas, a menos que le demos al sadismo el nombre de amor; pero ni siquiera en estos dos casos he podido dejar de creerle que habla con sinceridad. En mi primera juventud, me molestaban bastante estos desacuerdos; ahora en cierto modo he llegado a acostumbrarme a ellos. Me siento mucho más comprensivo; después de todo, Debravo sigue sin cumplir los treinta y yo ya pasé los cuarenta: me corresponde actuar con madurez al juzgarlo; él seguirá eternamente joven mientras los demás envejecemos.
Es que, además (y esto no es poco), su intenso amor por el hombre lo salva de sus errores. Creía en Cristo no por el motivo que mueve a la mayoría, el temor a la muerte personal, sino por la empatía del poeta hacia el ideario de solidaridad del profeta. Al estilo de Carlos Fuentes, no pensaba que Jesús resucitara a los muertos (es lo que yo interpreto del verso que define el morir como un "entregar la batalla a otras manos"), sino que él resucitaba a los vivos, por demostrar que el ser humano posee un valor sagrado. Sentía la urgencia de combatir los grandes errores históricos de la humanidad, como la guerra, la desigualdad, la injusticia, la repartición obscena de la riqueza. Por eso tendía a esquematizar y, en su afán de denunciar los problemas, veía el mundo social en blanco y negro. Amaba a la mujer con esa primera intensidad que ciega ante la realidad del otro e idealiza; acaso su poesía amatoria es tan hermosa porque nos habla solo de ese momento primigenio del erotismo en que después -más sabios pero más tristes-- anhelamos habernos anclado. Debravo se detuvo frescamente en su ideario de muchacho pero acompañado de su talento de gran poeta, comunicante y novedoso: en esta combinación están cifrados su éxito, su permanencia.
Renglón aparte merece ese talento comunicativo de Jorge Debravo. Neruda (otro gran comunicador, en el mejor sentido de la palabra) dijo que hay poetas a los que solo su amada los entiende, posiblemente porque se toman el trabajo de explicarle sus textos, y esto es muy triste; pero que hay otros a los que hasta los burros les entienden, y esto también es muy triste. Un buen poeta aspiraría según esto a ser un comunicador que no cae en el facilismo, porque no hay nada más sencillo que el lugar común. Metidos en los campos del "todo se entiende", nos movemos en la mera expresión vulgar. Pero si transitamos en el "nada se entiende", entonces no habrá quien nos aguante: incluso la amada llegará a padecer el hastío. Debravo se da a entender con un lenguaje que sin recurrir a las trampas de la cripticidad te hace descubrir nuevas maravillas escondidas en las palabras más simples: "el amor bajo el hombre está creciendo", "tengo piel y esperanza" son solo dos de los ejemplos más conocidos de ese extraordinario talento que convierte en nuevo y bello lo que se halla usado y ya sin gracia en el lenguaje ordinario. Afirmo que este es su gran valor puramente estético, el cual, sumado al anterior valor humano, le da una ventaja ante quienes cojean: ni Juan Ramón Jiménez ni León Felipe. Debravo es sincero y su violín no está roto.
Entiendo que hay una generación, más joven que la mía, que no lo admira demasiado uniformemente. Reitero que aunque algunos no lo toleren, tampoco le son indiferentes; para hablar mal de él lo han tenido que conocer, y la mayoría lo hace. Posiblemente se han distanciado de él por haber sido el favorito de quienes consideran unos viejos. O ven a Debravo como uno de los ídolos recuperados por el sistema. Esto último quizá sea cierto, y aquí es imposible entrar en detalles, pero no habría que perder de vista el hecho de que se trataría de una "recuperación", es decir, de un proceso de apropiación de lo marginal por parte de las instituciones del poder. Más allá de eso, Debravo es todo lo contrario de un poeta que canta complacientemente para quienes se hallan en la vida y en la sociedad de manera confortable. Por el contrario, solo se lo podría maljuzgar por medio de un cinismo que por desgracia reina en ciertos espacios; allí están sus enemigos. Los que pretenden que todo está mal, y que eso no importa, porque solo importan la propia fatiga en el mundo, la propia decepción y el propio aburrimiento, no pueden sino encontrarse muy a disgusto con Debravo. Porque a este hay que leerlo como dice Todorov que se ha de leer la literatura, como un discurso orientado hacia la moral y hacia la verdad, y tanto peor para quienes se horrorizan ante las grandes palabras. Podemos diferir de Jorge Debravo en cuanto a sus nociones de verdad y de moral, pero creo que no deberíamos pasar por alto su compromiso con una búsqueda que él juzgó, con razón, urgente.

Semanario Universidad 24 abril 2008.

Mayo 1968

marfuerte @ 00:18

Por Juan Goytisolo
Forja

"Francia se aburre". La frase, formulada en vísperas del mítico Mayo Francés, adquirió celebridad posterior por su índole involuntariamente adivina. Su autor tenía razón. Los jóvenes y menos jóvenes nos aburríamos y, tal vez por eso, Monique Lange y yo nos fuimos a pasar unas vacaciones en el Midi. Apenas habíamos tenido tiempo de tomar el sol y de bañarnos, cuando escuchamos por la radio las primeras noticias de la rebelión estudiantil: manifestaciones callejeras, choques con las Compañías Republicanas de Seguridad, ocupación de La Sorbona y Censier, barricadas. Las imágenes reproducidas por la televisión y la lectura de la prensa nos decidieron a regresar. No queríamos perdernos lo que respondía a nuestros sueños y colmaba nuestras aspiraciones. La conjunción de Marx y Rimbaud parecía concretarse al fin. La política tradicional se abría a nuevos ámbitos: los de los deseos reprimidos, la utopía y la imaginación, de la invención y exigencia de nuevas y más amplias libertades.
Desde nuestro regreso a París, nos pusimos en contacto con Jean Genet. Los acontecimientos le habían devuelto toda su combatividad y energía. Le acompañamos a La Sorbona liberada por los estudiantes y su intervención mordaz en una asamblea improvisada arrancó un aplauso cerrado de los asistentes. Un tanto abrumado e inquieto por el éxito de sus palabras -estaba habituado, me dijo, a los silbidos e insultos-, propuso que fuéramos a Billancourt. Contrastando con la agitación del Quartier Latin, comprobamos que reinaba la calma en las fábricas. Pues, mientras Mendès-France apoyaba el movimiento de los jóvenes, el PC se mantenía en unas posiciones que juzgábamos reformistas y limitaba sus reivindicaciones al ámbito laboral.
El domicilio de Monique en la Rue Poissionière, contiguo al cine Rex y a un centenar de metros de L'Humanité, es el punto neurálgico de manifestaciones opuestas: la de los estudiantes y grupos libertarios que silban y vocean consignas contra el órgano oficial del Partido Comunista, y la de los representantes de la derecha pura y dura, movilizados contra "la marea roja". Los unos gritan "De Gaulle, dimisión" y repudian la línea timorata y acomodaticia del partido. Los otros agitan banderas tricolores y denuncian la mano de Moscú. Un día, la cohorte patriótica, rechazada por una carga policial, se reagrupa al pie de nuestro inmueble. Como escribí en el capítulo titulado 'El territorio del poeta', en En los reinos de Taifa, Genet -estábamos almorzando- agarra la sopera y trata de arrojarla por la ventana a los manifestantes. Monique se la arrebata de las manos: ¡es de la vecina! Él coge entonces un plato, que va a estrellarse contra la boina, el cráneo, de un individuo de una cincuentena de años que parece un miembro de L'Action Française inventado por Buñuel. La frente le sangra ligeramente mientras mira hacia arriba al genio encolerizado que le insulta. "Grossier personnage!", se limita a decir. La portera ha tenido la precaución de cerrar la entrada del edificio y los manifestantes se olvidan del increpador.
Entre tanto las noticias eufóricas se multiplican: la "liberación" del Gran Teatro del Odéon, convertido en un foro de discusión abierto a todas las corrientes de la izquierda; la del Colegio de España en la Ciudad Universitaria, en la que participó, según creo, Fernando Arrabal. Con Genet y un grupo de amigos, proponemos la del Palais de l'Institut del Quai de Conti. Nuestro razonamiento es el siguiente: los pilares del Estado burgués son el Ministerio del Interior, el Banco de Francia y la Academia Francesa. Ante la imposibilidad de liberar/ocupar los dos primeros, fuertemente protegidos por la policía, nos queda la tercera opción: irrumpir en aquélla, reunir en sus salones a todos los mendigos y borrachos del barrio, revestirlos solemnemente con el uniforme de los inmortales y desacralizar para siempre a la gloriosa institución. Pero nuestro poder de convocatoria es mínimo y los obstáculos se acumulan. El Quartier Latin es escenario de enfrentamientos cada vez más duros, la consigna es ir a las barricadas. Se habla de decenas de heridos (los hubo) e incluso de muertos (algo desmentido luego), lo que no obsta para que la multitud marche al grito de "¡De Gaulle, asesino!".
Mientras las manifestaciones se suceden en los bulevares, un amigo del editor Frédéric Ditis nos informa de la ocupación del vecino Conservatorio de Música. Monique y yo acudimos allí para encontrarnos con una miniasamblea de gasolinas -el primer movimiento de liberación homosexual europeo, anterior a la identidad gay neoyorquina- que, un par de días después, desfilará por el bulevar de Belleville con atuendos provocativos, al grito de "nous sommes tous des enculés", entre su regocijo y los aplausos de la población inmigrante.
París es una fiesta muy distinta de la que celebró Hemingway. Los enfrentamientos con las fuerzas del orden se suceden noche tras noche y todos, menos los atemorizados burgueses, nos sentimos vagamente conspiradores. Recuerdo una reunión con el núcleo de escritores de la Rue Saint-Benoîs: Marguerite Duras, Mascolo, Blanchot, Edgar Morin, Robert Antelme. Se habló de crear nuevos espacios de desalienación: libertad sexual, crítica del consumismo y de la consideración de la industria como máximo agente de la liberación del ser humano, busca de alternativas de trabajo creativo y no enajenado; de actuar desde la periferia del sistema, como una fuerza centrífuga, a fin de poner en tela de juicio los consabidos criterios de normatividad. En corto, de desvelar, a partir de la propia experiencia individual, los mecanismos de opresión de los demás y de forjar así una estrategia global común a todos los marginados por razones de sexo, raza, clase social, nacionalidad, religión, lengua, cultura, etcétera. Nos embriagamos de palabras, la mejor y más bella forma de embriaguez.
Pero el movimiento contestatario pierde fuerza y aliento, la exaltación cede paulatinamente paso a un cansancio general que propicia la negociación entre el poder y los partidos de izquierda y los sindicatos. Recupero algunas imágenes dispersas, pero indicativas del descenso de nivel de las aguas: la behetría y el desmadre creados por la liberación del Colegio de España, cuya dirección, ofrecida en una posterior llamada telefónica, tuve el buen criterio de rehusar; la cola de inmigrantes españoles a la puerta de una entidad bancaria de la avenida de la Ópera que corrían a retirar sus ahorros ante el rumor de la inminente devaluación de la moneda francesa; la expresión ceñuda de un compatriota, peluquero de mi barrio, en respuesta a los insultos al general De Gaulle: "¡No sería nuestro Franco quien se dejaría insultar así!". El más negro pesimismo me invade: ¿tenía cura la fatal Península? Me identifico ya, sin saberlo, con el mítico conde don Julián y el Juan Sin Tierra de mi admirado Blanco White.
Firmados los acuerdos sindicales con el Gobierno y restablecidos el orden y la distribución de combustible para los automóviles, la población parisiense, en plena resaca de aquellas dos semanas inolvidables, partió masivamente a respirar el aire del campo. Como decía un locutor de voz optimista y tranquilizadora, "después de estos días de agitación y de ansiedad, c'est la détente!". Unas horas más tarde, un comunicado de la Dirección General de Tráfico anunciaba la cifra provisional de una veintena de muertos en las carreteras. ¡Una estadística insignificante en medio de la dicha general creada por el retorno a la normalidad!
Tomado de Babelia

Semanario Universidad 24 abril 2008.

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