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RESONOCO

21/02/2009 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 00:54

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El gerente del Banco Hipotecario de la Vivienda, Ennio Rodríguez, hizo bien en renunciar. Aunque preferiríamos que no haya necesidad, es bueno que los funcionarios que abusan de los privilegios de la función pública, se vayan.

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Pero… ¿Por qué no se van también los ineptos?

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Si tuviéramos que elegir entre unos y otros, preferiríamos sacar a los segundos. Porque veamos la realidad: el costo del banquete por el que ha tenido que renunciar don Ennio, se lo tenemos que pagar en sueldos a un montón de mediocres. El doble de ello ganan por mes y durante todos los meses de todos los años que los gobiernos de turno los tienen ahí.

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Un ejemplo son nuestros jerarcas de la Dirección de Tránsito y oficinas relacionadas con la vida vial del país. Es cierto que se necesitan más oficiales, aunque no tantos como ellos dicen, pues dividen el número existente en tres turnos, siendo que en el tercero de ellos, el nocturno, no se requiere ni por asomo, la misma cantidad.

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Pero, excepto para levantar infracciones, y quizá algo más, los oficiales habilitados no tienen ni interés, y tal vez ni saben cómo hacerlo, en ordenar el tráfico vial. En los colapsos, difícilmente encontramos a algunos.

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Y es que, por lo general, los jerarcas de esta dependencia son oficiales que han venido ascendiendo de posiciones rasas. De manera que no han tenido otra escuela que la ineptitud. Ellos han sido parte de ella, como subordinados y no conocen otro ambiente ni tienen energías para intentar alguna reacción. Son funcionarios rancios en el puesto.

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No cabe duda que la enorme flota vehicular y las pocas vías urbanas, provocan el caos en que vivimos, que atenta nuestra economía y salud. Pero podría la Dirección de Tránsito hacer mucho más de lo poco que hace.

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Por eso, preferiría que fueran a comer a Cerutti, pero que trabajaran como se deben.
periódico LA Prensa Libre 9 febrero 2009.

La crisis de valores de nuestro tiempo

marfuerte @ 00:53

Enrique Gomáriz | enriquegomariz@yahoo.com

Posibles respuestas a la crisis de valores para una ética del siglo XXI
Politólogo

A propósito de la reflexión que hemos tenido sobre laicidad y valores, varias personas me han sugerido la conveniencia de explicitar más claramente a qué se alude cuando se habla de la crisis de valores de nuestro tiempo, así como de las posibles respuestas que formarían parte de una ética del siglo XXI. Voy a ensayar ahora una lectura de la crisis, para tratar en otra ocasión de las posibles respuestas.

Existe un amplio consenso acerca de que, al menos desde la superación del orden feudal, cada transformación profunda del mundo moderno se ha visto acompañada por una determinada crisis de valores. Hubiera sido extraño que el paso de la sociedad industrial a la sociedad global de la información, que está implicando cambios tan profundos, no conllevara una crisis ética. Una crisis que tiene rasgos globales, pero que adquiere expresiones según cada cultura.

Súbito cambio. Para Norbert Bilbeny, la causa fundamental de esta crisis refiere al rápido cambio de hábitos y conductas producidos por la revolución tecnológica y del conocimiento, respecto del cambio más lento del cuadro de valores y normas instalado en la sociedad industrial. Dicho con sus propias palabras, debido “al fuerte desajuste entre cultura informativa y cultura valorativa” (Revolución de la Ética, 1997).

Ahora bien, la lectura de la crisis no es la misma cuando se hace desde un enfoque conservador o desde otro progresista. El primero alude, sobre todo, al abandono o degradación de los valores tradicionales, referidos a un pasado supuestamente más satisfactorio. En el campo progresista, las percepciones se dividen. Por un lado, hay quienes lamentan que los valores laicos se hayan interrumpido o deteriorado antes de que pudieran dar sus frutos plenamente. Por el otro, hay quienes creen que la crisis de valores ya está siendo respondida por una amplia explosión de libertades; la cual, ineluctablemente, conformará nuevos valores.

Esta última versión optimista fue desarrollada principalmente por Ulrich Beck en su polémico trabajo “Hijos de la Libertad”, donde defendía radicalmente la supuesta pérdida de valores de las generaciones más jóvenes, entendiéndola como la asunción de nuevas libertades. Beck escribió su interpretación a mediados de los años noventa y casi quince años después, el balance solo le favorece parcialmente.

Es cierto que acertó al rechazar el supuesto de que las generaciones jóvenes estaban completamente perdidas: movimientos sociales y expresiones valóricas juveniles surgie- ron primero en Europa y ahora en EE. UU. (donde tuvieron un peso importante en la victoria de Obama). Sin embargo, no es menos cierto que los efectos de la crisis de valores han avanzado, más allá de cuán justo sea responsabilizar de ella a las generaciones jóvenes.

Crisis de las normas. Una gran cantidad de indicadores muestra que, desde el cambio de siglo, se han incrementado distintos tipos de violencia y, en relación con ello, cómo la crisis ha ido afectando progresivamente no sólo los valores sino las normas. De hecho, uno de los principales rasgos de esta crisis es su notable amplitud. Como mencionó Jérôme Blindé, en el encuentro “¿Adónde van los valores?”, organizado por la Unesco en 2001, esta crisis “ya no es solo la de los marcos morales tradicionales heredados de las grandes confesiones religiosas, sino también la de los valores laicos que les sucedieron (ciencia, progreso, emancipación, ideales solidarios y humanistas)”.

Por otro lado, resulta plausible sostener que los valores narcisistas de consumo, hedonismo individual y satisfacción a corto plazo, surgidos desde los años ochenta, guardan alguna relación con la actual crisis económica.

Ese es precisamente el otro factor que otorga particular importancia a la actual crisis de valores y la necesidad de revertirla: la fragilidad de los equilibrios que enfrenta el horizonte cercano de nuestro planeta. Encarar el cambio climático, los efectos de la superpoblación, la crisis energética, el hambre inducido, inmersos en una crisis de valores irresuelta, no parece el mejor de los escenarios posibles. Aunque, quién sabe, quizás sigamos necesitando de grandes sustos para recomponer nuestros valores. El problema es que eso se parece cada vez más al juego de la ruleta rusa. Desde luego, la otra opción es actuar sobre la propia crisis, como se propone desde distintos ámbitos.
periódico LA Nación 9 febrero 2009.

La columna de Jaime Ordóñez

marfuerte @ 00:50

Los acuerdos de Oslo y la cuestión palestina
El Gobierno de Costa Rica tomo una decisión correcta en política exterior hace dos años al trasladar la Embajada de Costa Rica en Israel de la ciudad de Jerusalem a Tel-Aviv, a la par del reconocimiento que hizo de la existencia del Estado Palestino, en seguimiento de la Resolución No. 1392 del Consejo de Seguridad la ONU. De esa manera nuestro país enmendó la decisión del año 1982 que situaba nuestra sede diplomática en Jerusalem, lo cual nos aisló innecesariamente por varias décadas con casi la totalidad del mundo árabe. Creo que en este tema nuestro Gobierno ha hecho lo correcto, y se trata de una decisión congruente con varias resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Este proceso quedó sellado el pasado 19 de enero de 2009 con recepción de credenciales de Ryad Manssur en Casa Amarilla y Casa Presidencial, como Embajador palestino en Costa Rica..

La única paz posible para la cuestión judeo-palestina es, justamente, el pleno reconocimiento de los 2 estados como entes políticos de pleno derecho, tanto el Estado de Israel como el Estado Palestino. Este fue justamente el espíritu de los Acuerdos de Oslo, firmados entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat en 1993, justo dos años del magnicidio que acabara con la vida de Rabin en 1995, a manos de un extremista anti-islámico de su propia nación. A pesar de lo lejano de esos acuerdos (tanto Rabin como Arafat ya están fallecidos) lo cierto es que su importancia crece con el tiempo. La Hoja de Ruta fue otro intento importante de la ONU, la Unión Europea y los EEUU, la cual falló por una razón que hoy queda clara: la incapacidad de Washington, Bruselas y varias otras naciones de imponer límites a Sharon. Ciertamente sectores extremistas del mundo islámico han atizado la hoguera en los últimos años, pero en lo fundamental fue la ausencia de límites al ejército israelí y a la extrema derecha de ese país la que provocó el destrozo de los acuerdos territoriales sobre las Franjas de Cisjordania y Gaza, territorios claramente palestinos en los Acuerdos de Oslo.

Muchos países del planeta han demostrado que se puede ser amigo de Israel y de Palestina a la vez. Más de 100 países ya han reconocido al Estado de Palestina y tienen estrechas relaciones con Israel. Aparte de una cuestión de respeto al derecho internacional, se trata de una cuestión ética y humanitaria. La población palestina tiene pleno derecho a vivir en absoluta libertad y tranquilidad en los territorios de Cisjordania y Gaza, fijados por los acuerdos de Oslo. En sentido estricto, los acuerdos de 1993 ya establecieron una dolorosa concesión para el mundo palestino, en relación a la repartición previa de las resoluciones de 1947 y 1948, las cuales reconocían mayor territorio al mundo palestino, y que fueron trasgredidas por la Guerra de los 6 días de 1967. Oslo fija un límite territorial ante el cual no se puede ceder, y un espacio mínimo que la comunidad internacional tiene que garantizar a toda costa para el pueblo palestino..

El reconocimiento de Palestina cobra especial valor después de la trágica situación que vive la población palestina de Gaza desde la ofensiva militar del pasado 27 de diciembre, y que arrojó 1.440 muertos palestinos, que incluye: 410 niños y adolescentes (menos de 16 años), 108 mujeres, 113 ancianos, 14 doctores 4 periodistas y 5.300 heridos. De lado israelí se contabilizan 10 pérdidas de integrantes del ejército y 3 civiles israelíes. La desproporción del ataque israelí denunciada por la ONU, el Comité Internacional de la Curz Roja y la mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas, incluye además la destrucción en Gaza de cuatro escuelas gestionadas por la ONU un complejo de la Agencia de la ONU de Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA), dos edificios de la prensa, 16 centros médicos, 16 ambulancias. Tan doloroso ha sido este último evento, que inclusive buena parte de la sociedad israelí está asombrada y dolida por la tragedia. Ojalá esto abra las puertas del cambio y del entendimiento entre ambos pueblos.
Diario Extra 9 febreo 2009

Acuses de recibo

marfuerte @ 00:47

Garantías ambientales

Autor: Gabriel Quesada A.

Editorial: EUNED

Pedidos: 2253-9349

El libro Garantías ambientales. Un nuevo modelo ecológico-político para Costa Rica y el mundo propone un plan político para “garantizar la vida y cuidarla”, según describe la presentadora del libro, Vilma Peña.

El libro consta de ocho capítulos, en los que se analizan temas como el ecologismo y la ciencia.

Se abordan la energía, la teoría y la ecología de los sistemas, así como los antecedentes de las garantías ambientales.

Cienfuegos, 17 de agosto

Autores: Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo

Editorial: Roca

Pedidos: 2522-4848

Esta es una novela histórica ambientada pocos años antes de la independencia de Cuba.

La contratapa adelanta: “Cuando, en 1873, Agustín Goytisolo decide volver a Cuba después de años en España, lo hace con el convencimiento de que su llegada ayudará a poner en orden el, a su juicio, delicado estado de los negocios familiares. Además de las constantes preocupaciones, un hecho inesperado vendrá a sumarse a sus desvelos: el asesinato de su sobrina”.

El siglo de China

Autor: Oded Shenkar

Editorial: Norma

Ped.: 2507-8184

Este libro analiza el crecimiento económico de China durante los últimos decenios.

La contraportada del libro reza: “Una ‘tormenta perfecta’ se levanta en Oriente: una sociedad con recursos sin par, una aptitud extraordinaria para los negocios, una posición de negociación cada vez más formidable... y aspiraciones equiparables. el surgimiento de China transformará la política global, la economía mundial y las sociedades en todo el mundo”.

Supelemnto Áncora. periódico La Nación 8 febrero 2009.

20/02/2009 GMT 1

Librero

marfuerte @ 02:00

Voces que vienen a cuento
Myriam Bustos Arratia
Nuestros escritores y nuestros libros. Treinta y dos años en la literatura costarricense (1974-2006). Vols. I y II.
Editorial Tecnociencia
Pedidos: 2224-7793
Mía Gallegos
Escritora

Casi al descender del avión que la trajo desde Chile, a fines de 1974, Myriam Bustos comenzó a leer con profundo interés las obras literarias de los escritores nacionales y a escribir sobre ellas. Sus comentarios –al comienzo simples reseñas o breves artículos que se publicaron en le prensa escrita de entonces– fueron haciéndose más extensos, más rigurosos y más precisos a medida que su pluma se “soltaba”; y también más regulares y empeñados en abarcar un ámbito más abundante y variado de escritores.

Cuentistas, novelistas, poetas, periodistas, ensayistas y hasta profesionales estudiosos de temas de su especialidad fueron abordados por ella en sus obras y comentados críticamente para conocimiento del público costarricense. Más adelante, la escritora y filóloga no solo dedicó minuciosos prólogos a libros que iban editándose, sino que se incorporó como presentadora de obras en los actos públicos pertinentes.

También de esta actividad nacieron textos que, en algunos casos, se publicaron en periódicos y revistas. La cantidad de escritos que hablan de nuestros literatos y de sus productos llegó a ser tan copiosa, que muchas personas entendidas en la materia la instaron a publicarlos.

Su autora dedicó un par de años completos a recoger el material disperso, a revisarlo y a organizarlo para constituir con él cuatro volúmenes que tituló Nuestros escritores y nuestros libros. Treinta y dos años en la literatura costarricense (1974–2006) , dedicados al cuento, a la novela, a la poesía y a la no ficción.

Los dos primeros volúmenes se encuentran ya circulando y recogen estudios críticos sobre obras de nuestros más representativos cuentistas y novelistas.

El lector encuentra allí páginas dedicadas, entre otros, a los cuentistas Yolanda Oreamuno, Carmen Naranjo, Fabián Dobles, Julieta Pinto, Alberto Cañas, Samuel Rovinski, Marco Retana, Ricardo Blanco Segura, Alfonso Chase, Francisco Zúñiga Díaz, Fernando Durán, Oscar Álvarez, Hugo Rivas, Dorelia Barahona, Anacristina Rossi, Gerardo Campos y Gregorio Escalante,

También figuran Rodolfo Alvarado Herrera, Marco Lamugue, Alí Víquez, Carlos Cortés, Uriel Quesada, Guillermo Fernández, Jacques Sagot, Camilo Rodríguez, Guillermo Barquero; a los novelistas José Marín Cañas, Joaquín Gutiérrez, Carmen Naranjo, Julieta Pinto, Alfonso Ulloa Zamora, Virginia Grutter, Alfonso Chase, Julio Suñol, Tatiana Lobo, Quince Duncan, Miguel Arturo Ramos, José Ricardo Chaves, Carlos Morales, Rafael Cuevas y unos cuantos más.

Por cierto que en estos volúmenes no pueden aparecer todos los que son –hecho que la autora lamenta en las páginas introductorias– porque ella dedicó sus críticas tan solo a los libros que las casas editoriales o sus propios autores le pidieron comentar, y porque este tipo de texto requiere mucho trabajo previo, tiempo y dedicación.

Sin embargo, los escritores analizados brindan una visión bastante amplia –en muchos casos, sorprendentemente profunda– de lo que ha sido nuestra literatura, de manera que esta obra irá constituyendo –a medida que termine de publicarse– un riquísimo e imprescindible material de consulta sobre el tema para profesores, estudiantes, escritores y público en general. Hay que incorporarla a la propia biblioteca.

Suplemento Áncora. periódico LA Nación 8 febrero 2009.

Más allá de ‘Juan Varela’

marfuerte @ 01:58

Literatura

Escritor múltiple Adolfo Herrera García es más que el autor de una breve novela de denuncia social
Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com
La primera edición de Vida y dolores de Juan Varela (1939) se publicó con el apoyo financiero del embajador colombiano Plinio Mendoza, mas pareció condenada al olvido. La historia cambió gracias a una elogiosa carta de Ricardo Jiménez Oreamuno, quien resaltó el realismo de la novela. En virtud del respaldo del prestigioso expresidente, el libro se agotó por completo en solo tres semanas y, desde entonces, es pieza de coleccionistas.

El éxito de la novela de Adolfo Herrera García (1914-1975) condicionó su puesto en nuestra historia literaria. En el mejor de los casos, las nuevas generaciones de costarricenses lo reconocen como autor de Juan Varela , la brevísima novela que inauguró la narrativa social dominante en la escena literaria de la década de 1940.

Herrera García es el precursor de quienes, con el tiempo y la consagración de las instituciones literarias, se convertirían en figuras prominentes de la literatura nacional: Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez.

Para sus contemporáneos, Herrera García –conocido como Fofa – fue, ante todo, un periodista de larga trayectoria en medios escritos y radiales y un destacado miembro del Partido Comunista. Durante su vida, esa faceta literaria fue opacada por su condición de periodista. Hacia fines de la década de 1950, incluso, Abelardo Bonilla afirmaba que, tras escribir Juan Varela , Herrera García “abandonó las letras o no ha publicado otro libro”.

Esa percepción no es exacta, pero tiene asideros. Al igual que otros escritores de su generación y de su tendencia política, Herrera García concibió la literatura como una herramienta al servicio de la lucha partidista.

Según esa idea, el escritor debe emplear su talento para denunciar la injusticia del orden social capitalista, para oponerse a la explotación de las clases pobres por parte de los grupos privilegiados y para propiciar una profunda transformación de la sociedad de modo tal que se brinde igualdad y justicia para todos.

Así, el arte debe ser un arte comprometido y, por ello, subordinado a las directrices de la actividad del partido. Por tanto, no resulta extraño que la escritura periodística de Herrera García sea abundante, en contraste con lo limitado de sus obras literarias.

De manera paradójica, tras su muerte, el Adolfo Herrera García periodista y político se ha diluido, en tanto que se ha consolidado su imagen como autor literario menor. A esto ha contribuido el carácter efímero, circunstancial, de la escritura periodística. Este empobrecimiento –como novelista juvenil– no hace justicia a la rica y compleja actividad de Herrera como escritor, la que abarca cerca de 45 años y diversos géneros.

En 1933, sin haber concluido el bachillerato en el Liceo de Costa Rica, Herrera García se dedicó por entero al periodismo. Hizo sus primeras armas en el Diario de Costa Rica , pero pronto pasó a La Hora , el nuevo vespertino que dirigía el novelista José Marín Cañas. Allí se hizo cargo del denominado Tarjetero , sección que reunía las crónicas de hechos sociales y que constituía el peldaño más bajo de la carrera periodística.

Joven periodista. Durante seis años, el joven redactor se destacó por su desbordante imaginación –que le permitió inventar “noticias” sensacionalistas de profundo impacto– y por su escritura ágil y llena de matices. Durante ese periodo escribió una amplia gama de textos, como entrevistas reales o imaginarias, reportajes, algunos relatos burlones de corte romántico –como Una carta absurda y Carta a una exnovia – e incluso un poema.

Además, le correspondió actuar como “cronista sanguinario” (redactor de las noticias de notas policiales). Fue el autor de las columnas Croniquilla policíaca y Líos de Justicia , y esta última fue el espacio propicio para el despliegue de sus inclinaciones literarias. Con un tono humorístico, Herrera convirtió la narración de los pequeños delitos que perturbaban la urbe josefina en una reflexión sobre los límites de los géneros escritos: sus Líos de Justicia diluyen y confunden las fronteras entre la crónica periodística y el relato literario.

La columna del 21 de marzo de 1934 pretende demostrar que el amor es el causante de la proliferación de “las rojas amapolas del delito”:

“Según estadísticas que han elaborado graves y doctos caballeros, la mayoría de los delitos (crímenes, robos con escalamiento y sin escalamiento, hurtos, abusos de autoridad, matrimonios y garrotazos) tienen como principio o fin el licor. A esta innegable y experta información, nosotros agregamos modestamente una frase que la corrobora y que viene a ahondar más en el asunto: la gente es muy amiga de los tangos argentinos. Y como en los tangos argentinos siempre se toma ‘para olvidar a la mujer amada’, tendremos que el alcohol es consecuencia del amor”.

Compromiso político. Durante la década de 1940, Herrera asumió un mayor compromiso como militante comunista, al tiempo que laboraba en algunos de los periódicos más destacados: La Tribuna , Última Hora , La Razón y el semanario Trabajo .

Buenas muestras de la creciente vinculación entre su labor política y su vocación literaria son los relatos Gente que espera y La refrigeradora , publicados respectivamente en Vanguardia (vocero de las organizaciones obreras) en diciembre de 1941 y junio de 1942.

En La refrigeradora , “Las personas se dividen en dos grandes grupos: los que tienen refrigeradora y los que no tienen refrigeradora”, como metáfora de una sociedad consumista que impone a los individuos patrones de comportamiento autodestructivos.

Durante los siguientes años, publicó varios cuentos en Brecha , La Nación y La República . El pueblo de “San Rafael”, un espacio nebuloso, apenas insinuado, pero siempre vital y cotidiano, sirve de fondo a la acción en Lorenza (1953), Doña Anita (1959), Los novios (1959), El gamonal (1959), La tertulia espiritista (1959), y Se llamaba don Maurilio (sin fecha). Este universo rural le sirve para representar –en ocasiones en forma maniquea– las contradicciones de clases y la miseria del campesinado costarricense.

Múltiple. Después de la guerra civil de 1948 y a causa de la represión sufrida por los comunistas, Herrera García debió buscar refugio en el periodismo radiofónico. Durante varios años escribió y produjo programas radiales de gran éxito para la emisora Nueva Alma Tica ( La Campaña de 1856 , Tradiciones costarricenses , El príncipe Oshima , Así nació el Himno Nacional ) y, en 1952, fundó y dirigió durante ocho años el radioperiódico La Palabra de Costa Rica en Radio Monumental.

Uno de los aspectos más olvidados de la trayectoria periodística de Herrera García es su faceta como crítico literario y humorista.

Hacia el final de su vida publicó más de una veintena de comentarios sobre libros nacionales en su columna Al margen en el semanario Pueblo , y fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez en 1975 por su Columna subversiva en el semanario Libertad. En esta última, el veterano periodista demostró su capacidad de observación y de crítica mordaz, llena de humorismo y de sincera preocupación por señalar los puntos débiles de la política nacional.

El objeto de emprender un recorrido que tiene mucho de biográfico no es exaltar la figura del “gran hombre” o, al decir de Carlyle, del héroe, sino evidenciar que la obra periodística y literaria de Adolfo Herrera García ofrece múltiples posibilidades para la investigación, tanto desde la crítica literaria como desde la historia.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y LITERATURA de la UCR Y MIEMBRO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS DEL LA UCR.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 8 febrero 2009.

Chávez, una década después

marfuerte @ 01:53

Kevin Casas Zamora

Devastación institucional democrática en Venezuela
exministro de planificación

Debimos saber que algo andaba mal cuando el 2 de febrero de 1999 Hugo Chávez selló su ascenso a la Presidencia de Venezuela declarando que juraba sobre “esta moribunda constitución”. La “moribunda”, como a partir de ahí quedó bautizada, había hecho posibles 8 transiciones pacíficas del poder en el país y el pleno funcionamiento de un régimen de partidos políticos y libertades individuales. Cierto es que en ese período Venezuela produjo tanta corrupción e irresponsabilidad política como barriles de petróleo, pero en el balance final había sido, políticamente hablando, un país bastante mejor al promedio latinoamericano. No era Suiza, pero sí, ciertamente, una democracia genuina.

Ya no. Pese a la obsesiva celebración de elecciones –un elemento necesario para la existencia de un sistema democrático, pero no equivalente a él–, el legado de la primera década del chavismo consiste, ante todo, en la devastación de la institucionalidad democrática. Elegido en olor de multitudes para sanear los vicios del sistema político que le precedió, el Comandante optó por tirar el agua sucia de la tina con el bebé dentro. Desapareció el sistema político anterior, incluidos el ambiente de tolerancia a las ideas ajenas y los controles sobre el ejercicio del poder, pero no murieron sus vicios, en particular la irresponsabilidad y la venalidad, hoy peores que nunca. Al igual que hace 10 años, Venezuela, que alguna vez fue uno de los destinos preferidos por los migrantes del planeta, continúa subdesarrollándose a toda prisa.

Entre 1950 y 1980. El legado de Chávez se encuentra también, y acaso fundamentalmente, en el oxígeno insuflado a algunas ideas perniciosas, que han sido, por mucho tiempo, carlancas que impiden el desarrollo político y económico de América Latina. En primer lugar, la noción de que la búsqueda de la justicia social demanda el abandono de la vía reformista y de las formas democráticas “burguesas”, en favor de una supuesta democracia “real”, nacida en el fuego purificador de la revolución y en los sueños milenarios del caudillo. No hay tal.

La revolución chavista tiene a su haber logros importantes en la reducción de la pobreza y la desigualdad, aunque dudosamente sostenibles y teñidos por las peores prácticas asistencialistas. Esos logros también los tienen, casi en la misma proporción, países como Chile o Brasil, que no han renegado de la separación de poderes, de la pluralidad política o la libertad de prensa, y que no han tenido, tampoco, una inyección de más de 300.000 millones de petrodólares en una década. Más importante aún, pese al incesante revisionismo histórico, no debe olvidarse que entre 1950 y 1980, Venezuela misma fue capaz de reducir la pobreza extrema del 43% de su población al 8%, una de las cifras más bajas de América Latina. Y lo hizo en democracia y en libertad.

Victimización. En segundo lugar está la idea de que los males de América Latina son, invariablemente, culpa de otros. Es esta la perniciosa narrativa de victimización –aún tan popular en las universidades públicas de la región– contra la que con tanta elocuencia predicó otro venezolano, Carlos Rangel, antes de morir a destiempo. Es obvio que ni el sistema tributario famélico, ni la educación de mala calidad, ni la corrupción rampante, ni la criminalidad desbocada, ni la debilidad de las instituciones, todo aquello, en suma, en lo que Venezuela camina mal aun para los reducidos estándares de América Latina, son culpa del imperialismo norteamericano. En particular esto último. Que Hugo Chávez declare moribunda una constitución legítima o que diga “L’état c’est moi” y decrete, al mejor estilo de Trujillo, un feriado nacional para celebrar su ascenso al poder, son muestras más que elocuentes de un raquitismo institucional enteramente criollo, que basta y sobra para condenar a cualquier país al noveno círculo de la miseria.

Ninguna de esas ideas prolifera, claro está, en una nación satisfecha. Es ahí dónde la experiencia venezolana le habla a toda América Latina. La combinación de crecimiento económico (ahora en retirada por la crisis) y atroces niveles de desigualdad y segmentación social, seguirá generando la misma suma de expectativas insatisfechas y resentimientos sociales que hizo posible la llegada de Chávez al poder en Venezuela. Mientras las democracias latinoamericanas no tomen en serio la tarea de reducir la desigualdad y crear sociedades más integradas por las oportunidades, seguirán viviendo peligrosamente, cortejando un desastre que tarde o temprano llegará. Evitar este desenlace exige dejar creencias, tan adormecedoras como reaccionarias, como que, mientras se reduzca la pobreza, no importa lo que suceda con la desigualdad , o que es posible el desarrollo humano sin crear sistemas tributarios modernos y progresivos.

Si la celebración de 10 años de chavismo sirve como recordatorio de los peligros que acechan a las democracias injustas –sobre todo ahora que se acerca un ciclo electoral en la región–, de algo habrá servido el desolador itinerario de Venezuela. Dicen que la letra con sangre entra. En América Latina, no estoy seguro.
periódico La Nación 8 febrero 2009.

Columna Ojo Crítico

marfuerte @ 01:51

Rodolfo Cerdas

politólogo

Este Gobierno se ha visto marcado negativamente por la confesa lasitud y relativo ausentismo del Presidente; por una no muy bien sopesada concentración del poder y la toma de decisiones en un primer ministro sin asidero constitucional; por la impermeabilidad crónica ante la crítica y una incapacidad notoria para la autocrítica; por las ansias de montar un tinglado conforme a las ambiciones electorales del ministro Arias, y por una notoria descoordinación e ineptitud para responder a las demandas ciudadanas.

Los hechos están allí y forman un paisaje nada estimulante. La idea de una Constituyente solo alborotó un panal inconducente y de ella la Vicepresidenta se enteró por la prensa. La llegada de la crisis mostró que ni Hacienda ni el Banco Central ni nadie en el Gobierno han podido hacer un diagnóstico sostenible y concreto, sobre el cual actuar.

El Presidente presentó un “Plan escudo”, sin ningún diagnóstico sólido que lo ate a la tierra, el cual provocó reacciones negativas y la insatisfacción de la oposición y de los sectores sociales más importantes. Como con la Constituyente, al Ministro de Trabajo lo dejaron en Babia. Declaró: “La propuesta de reducir las jornadas laborales y por consiguiente los salarios, es del presidente de la República… y no (supe) de la misma hasta el momento en que el mandatario lo anunció como una de las alternativas para hacer frente a la crisis económica mundial”.

El jerarca del Ice tuvo que desdecirse de sus desplantes tarifarios y su pleito con Aresep, en un penoso acto de contrición pública. El de Emergencias informó mal al Presidente y al país, reaccionó tarde, se olvidó de los helicópteros, se le perdieron las galletas donadas por Pozuelo –eran mucha galleta–, se le metió la politiquería en los repartos de víveres y, el colmo, hasta se le incendiaron sus instalaciones. Los de Vivienda, Imas y Banhvi celebraron un almuerzo doblemente escandaloso: por su costo y el champaña y por el simbolismo de hacer semejante ostentación y derroche de cara al tugurio y la miseria, de los que estaban obligados a con -dolerse. Tal insensibilidad y falta de decoro no se tapan con la digna renuncia de don Ennio Rodríguez y dejan claro que a los otros hay que echarlos. En Seguridad, además de ver crecer los homicidios en Limón a niveles alarmantes, lo que brilla es la obsesión de sacar a don Mario Zamora de Migración; y así podría continuarse con las pifias en lo ecológico, el agua, el aeropuerto, el INS, etc.

Tan lamentable panorama parece indicar, y con bastante fuerza, que ha llegado la hora de que el presidente Óscar Arias considere seriamente la recomposición de su gabinete.
periódico LA Nación 8 febrero 2009.

Sesquicentenario de don Ricardo

marfuerte @ 01:50

Tomás Federico Arias

Este año conmemoramos el 150 aniversario del natalicio de don Ricardo Jiménez
Historiador, Profesor UCR

Conmemoramos los costarricenses el 150 aniversario del natalicio de uno de los ciudadanos más egregios de nuestra patria, quien con sus obras y acciones marcó el derrotero histórico durante más de medio siglo de vida pública.

Proveniente de dos de las familias de más raigambre en la otrora capital de Costa Rica, Romualdo Ricardo de Jesús Jiménez Oreamuno nació en Cartago el 6 de febrero de 1859. Cursó la educación secundaria en el Colegio San Luis Gonzaga y se graduó como abogado en la Universidad de Santo Tomás, el 8 de octubre de 1884.

Desde 1883 ejerció como presidente municipal de San José, y formó parte, entre ese año y 1885, de la comisión redactora del afamado “Código Civil de 1888”. Se le nombró en 1885 ministro plenipotenciario en México, secretario de Gobernación, Policía y Fomento en 1886, directivo y rector interino de la Universidad de Santo Tomás entre 1887 y 1888, año este último en el que publicó su famosa obra “Curso de Instrucción Cívica”.

Ejerció el puesto de canciller y secretario de Hacienda e Instrucción Pública, entre septiembre de 1889 y mayo de 1890, cuando fue nombrado presidente de la Corte Suprema de Justicia, cargo al que renunció en 1892. Impartió clases en la Escuela de Derecho, en el ultimo lustro de la centuria decimonónica

En 1901 fue elegido presidente del Colegio de Abogados y sucesivamente diputado (1902-1906/1906-1910), presidente municipal de Cartago (1902-1903), primer designado (vicepresidente) de la administración Esquivel Ibarra (1902-1906), presidente del Congreso (1903-1904/1909-1910) y nuevamente presidente del ente gremial de los abogados (1909).

El solio presidencial. En las elecciones de 1910, se enfrentó como candidato del Partido Republicano, al expresidente Rafael Iglesias (Partido Civil) y logró la victoria con el 91% de los votos.

Entre 1917 y 1920, ejerció el cargo de cojuez del Poder Judicial. Resultó electo de nuevo diputado (1922-1924) y asumió por segunda vez la Presidencia (1924-1928) cuando el Congreso le confirió el poder en calidad de primer designado.

Estas circunstancias se repitieron cuando volvió a ejercer la curul de diputado (1930-1932) y se dio su tercer ejercicio del poder (1932-1936), también como primer designado, hecho que estuvo marcado por el llamado “Bellavistazo de 1932”.

Destacó en sus tres administraciones por la apertura de la antigua Penitencia Central, la construcción de la Estación del Ferrocarril al Pacifico y su posterior electrificación, la creación de la Escuela Nacional de Agricultura, el Banco de Crédito Hipotecario y el Banco Nacional de Seguros, la promulgación de un nuevo Código de Procedimientos Penales, un nuevo Código Penal y la primera ley sobre Accidentes del Trabajo, la implementación del voto directo en 1913, el voto secreto en 1925 y el establecimiento del porcentaje de 40 % para alcanzar la victoria en las elecciones nacionales.

En 1937 ejerció por tercera vez la presidencia del Colegio de Abogados, y se retiró del escenario político en enero de 1940, después de un cuarto intento por alcanzar la Presidencia nacional.

En julio de 1942, la Asamblea Legislativa le confirió unánimemente el título de “benemérito de la patria”. Falleció el viejo caudillo en su domicilio del distrito El Carmen, a las 8 y 45 de la noche, del 4 de enero de 1945, a la edad de 86 años, por varias afecciones cardiacas. Su sepelio se verificó en el costado oeste del pasillo central del Cementerio General de San José, en una lápida que actualmente contiene una pequeña placa con su nombre y una cruz de mármol.

Con ello, convertido ya en un personaje emblemático, ingresó a las gloriosas páginas de nuestra historia patria, y se celebra, en este año 2009, el sesquicentenario de su natalicio.
periódico LA Nación 7 febrero 2009.

LA “VOCACION DEL HOMBRE”

marfuerte @ 01:47

Juan Luis Mendoza
A mí personalmente me mueve el ayudar a la gente, sea hablando, sea escribiendo, a que goce de una relativa pero suficiente felicidad porque estoy convencido de que, como lo afirma el famoso religioso dominico y gran orador Henri Lacordaire la felicidad es la “vocación del hombre”; es decir, que Dios ha creado al ser humano para ser feliz. Henri Murger, contemporáneo de Lacordaire, lo dice así: “Hay que ser feliz. Es la meta de todo ser sensible; es el primer deseo que nos imprime la naturaleza y el único que no nos abandona”.

Claro que no falta quien tilde el tratar el tema de la felicidad como de algo que no merece la pena, intrascendente y vacío. A don Camilo José Cela se le atribuye la siguiente opinión: “Hablar de felicidad es una ordinariez…”.

Bueno, a mí me parece que es importante. Y es importante también el procurarse para sí mismo y para los demás la felicidad. Una persona feliz es normalmente buena, laboriosa, productiva, sin vicios mayores, con ganas de superación personal, muy vital, optimista, que contagia el bien y se comunica fácilmente con todos; y en ese “todos” también con Dios al que reconoce como fuente de esa su felicidad.

¿Qué es la felicidad? ¿Qué es, qué significa ser feliz? Dejo la respuesta a Bernabé Tierno Jiménez, que nos habla de dos distintas formas de concebir la felicidad:
“Una sería identificar felicidad con éxito en los negocios, en el amor, fama y prestigio social, en “tener” muchas posesiones y gentes que agasaje y admire. Se piensa que la felicidad es un sentimiento gozoso que se produce en nosotros de “fuera adentro y, en consecuencia, vivir en un estupendo piso o en una gran mansión, conducir coches caros y potentes y tener millones en la cuenta corriente… “cosas”, “posesiones”….

Eso es lo que básicamente proporciona felicidad en nuestra sociedad materialista y consumista.

Sigo el próximo sábado, Dios mediante, con la descripción de la otra forma de concebir la felicidad.
Diario Extra 7 de febrero 2009.

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