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RESONOCO

01/07/2008 GMT 1

El retorno de ‘Elvira’

marfuerte @ 02:16

Cine

Historia Los protagonistas del segundo largometraje tico se encontraron 50 años despuésCineEl retorno de ‘Elvira’

Roberto García Herrera | rgarcia@nacion.com
José Tasies y Mariza Urbano son la pareja estelar de la película Elvira, filme costarricense de 1955 inspirado en la obra literaria del mismo nombre que Moisés Vincenzi había publicado en 1940.

La novela pasó del papel al filme por iniciativa de Carlos Alfaro Mac Adam, propietario de la radioemisora Columbia . Él se proponía colocar a su emisora en el primer lugar en el gusto de los oyentes y optó por la singular y riesgosa promoción de producir la película.

Antes del año 2001, la existencia de Elvira se conocía solo por referencia de algunos que participaron en ella. En el 2001, una llamada telefónica al Centro de Cine hizo que William Miranda, restaurador fílmico del Centro, se desplazara hasta la radioemisora.

La secretaria de Rolando Alfaro, hijo del señor Alfaro Mac Adam, había telefoneado para explicar que en un rincón de su oficina había un rollo de película del que no querían deshacerse sin antes saber su contenido. Miranda comprobó que era Elvira . Entonces el filme fue donado por don Rolando y restaurado por Miranda en la Filmoteca de la UNAM (México). Se reestrenó en el Cine Variedades en la Décima Muestra de Cine y Video Costa-rricense, en el 2001.

En forma paralela, María Lourdes Cortés, investigadora del cine nacional, buscaba a Maritza Urbano para obtener su versión del rodaje. Por fin, casi por casualidad, dio con ella y recopiló entonces el testimonio de Urbano, Tasies y otros protagonistas en su libro El espejo imposible (Un siglo de cine en Costa Rica) , publicación del 2002 que contiene una detallada crónica de los aspectos relevantes de lo que fue el segundo largometraje nacional, 25 años después de El retorno , de 1930.

Otras facetas de esta historia afloraron en el programa Lunes de Cinemateca , que juntó a Urbano y Tasies en un set del Canal 15 de la UCR en el 2004. Para don José fue como retornar a su antiguo trabajo en la Universidad de Costa Rica pues laboró muchos años en su radioemisora. Doña Maritza llegó acompañada por su hija, Francesca King. Presentamos un extracto de aquel diálogo.

¿Qué sensación les produce este reencuentro?

(José) Ha sido una confrontación un poquillo violenta con tantas cosas, verdad.

(Maritza) El recuerdo de la amistad que hicimos en la película ha quedado conmigo para siempre.

(José) Digo ‘violenta’ porque ya me había olvidado de estas cosas.

(Maritza) Ah, creí que lo decías porque la historia de Elvira nos ponía más bien como contrincantes amorosos (risas).

¿Cómo fueron escogidos para actuar en ese proyecto?

(Maritza) Yo era una chiquilla de 17 años y tomaba parte en el concurso de Miss Costa Rica cuando llegó don Carlos Alfaro y me habló de la posibilidad. Entusiasmada, se lo comenté a mi madre, y, como don Carlos era conocido como una excelente persona, no fue difícil para ella conseguir el permiso de papá.

(José) En mi caso fue casi por obligación. Justamente yo trabajaba con Carlos (Alfaro) en la promoción del proyecto, mediante un concurso público para elegir a los actores y actrices.

¿Cómo pasó de trabajador de la producción a primer actor?

(José) Yo era actor de teatro. Carlos me fue a ver en la obra El doctor Knock y salió convencido de que yo debía hacer el personaje. Simplemente me lo ordenó: “Acordate del contrato”, entre broma y en serio.

Además del centro de San José, ¿en qué otros sitios se filmó?

(José) Recuerdo muy poco de eso porque el programa de secuencias era muy disperso. ¿Vos te acordás?

(Maritza) A mí no me mirés… (risas).

(José) Unas escenas se filmaron en La Puebla de Heredia, cerca del viejo higuerón. Por cierto que en La Puebla nos juntábamos los de la Escuela Normal, y en las noches de luna caminábamos por las calles de la ciudad hasta el higuerón, donde cantábamos y comíamos las melcochas que las muchachas habían preparado en sus clases de cocina.

¿Por qué trataba usted tan mal a Alberto (el personaje) en la película?

(Maritza) Porque me obligaban…

(José) Yo digo que le costó… la actitud, no la actuación.

(Maritza) Sí, me daban con un palo, ¡enójese, enójese! (risas).

El espejo imposible documenta el primer beso del cine costarricense. ¿Cómo lo recuerdan?

(José) A mí me fue bien en el trance, aunque para vos resultó incómodo pues no lo habías hecho nunca, mientras que yo tenía cierta trayectoria en la cuestión.

(Maritza) Ah, sí, ya venías muy practicado.

(José) Alguien comentó que se iba a filmar la escena del beso allá, en Escazú, y llegó un gentío a curiosear.

(Maritza) Nos agarraron de sorpresa. “Ahora, usted le va a dar un beso a la niña”, dijo el director, y José respondió: “Bueno, está bien”, muy serio, porque estaba siempre muy serio.

¿Y usted se asustó?

(Maritza) “Mirá, ¿qué es esto?”, me limité a decir.

(José): Yo me equivocaba adrede, hasta que se escuchó un enérgico “¡corten!” de don Alfonso Patiño Gómez, el director. “Diay, Pepito, ¿qué piensa usted: que se está comiendo una piña?”, me dijo.

(Maritza) “Así no”, decía don Alfonso. “Tiene que ser como en el aire; se dan vuelta como en un ballet, y las bocas se acercan, pero no se tocan”. Entonces intervino Max Liszt, el director de fotografía, que había trabajado en Hollywood en las películas de Rodolfo Valentino; me tomó en sus brazos, me inclinó como si yo fuera Gloria Swanson y demostró cómo debía ser el beso.

El espejo imposible refiere una fuerte polémica que sostuvo usted con el crítico Rodrimur (Enrique Rodríguez Murias)…

(José) El problema surgió porque se trataba de un trabajo de aficionados, y el crítico esperaba ver una producción a lo Cecil B. de Mille. En realidad se tomaron las cosas muy en serio, casi en el plano personal, y ese crítico y yo fuimos “cordialmente enemigos” durante un tiempo.

¿Hubo algún acto oficial en el estreno, en el cine Raventós?

(Maritza) No, no recuerdo si hubo alguna ceremonia.

Gracias a ambos por atender nuestra invitación.

Se abrazaron otra vez, y un beso en la mejilla entre don José y doña Marizta culminó, ante las cámaras, el reencuentro de los protagonistas del segundo largometraje en la historia del cine nacional.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 11 mayo 2008.

26/06/2008 GMT 1

El regreso del caudillo

marfuerte @ 02:13

Enrique Tovar

Calderón Guardia volvió y se cerró un capítulo de revoluciones y contrarrevoluciones

periodista

La gente se apretujaba hasta faltarle el oxígeno. Unos se desmayaban. Otros lloraban a lágrima viva. Al solo paso del caudillo en un vehículo descapotado, la eufórica multitud rugió en aclamaciones. Decían quienes estuvieron en tan memorable acontecimiento, que en el paseo Colón de San José no cabía un alfiler. El caudillo, al que muy justificadamente se le conoce como el “Padre de la Reforma Social”, o el “Reformador Social”, retornó con la majestad de su talante al encuentro cariñoso y leal de sus seguidores. Desde ese día se selló la unión de la familia costarricense.

Exilio voluntario. Sí, fue el 8 de junio de 1958, hace medio siglo, cuando regresó el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia luego de diez años de exilio voluntario, obligado por las circunstancias a consecuencia de la Guerra Civil del 48. Presuroso, dejando todo atrás, el “Doctor” abandonó el país. Se fue por su propia decisión, quizás en una sabia determinación en beneficio de su persona, su familia, y la patria.

Seis años antes de su partida al extranjero, en su condición de presidente de la República, había desterrado a don Pepe Figueres. En este caso sí fue exilio político. Durante su estancia en México –como lo repite el Dr. Carlos Manuel Vicente Castro, viéndole el lado positivo a ese hecho–, don Pepe disfrutó de algo así como una beca, pues el fundador de “La lucha sin fin” se dedicó a estudiar diversidad de temas, entre ellos política, y minuciosamente a planificar la revolución que intuía se habría de producir en Costa Rica.

Calderón Guardia volvió y con ello el país cerró un capítulo de revoluciones y contrarrevoluciones. Para los comicios de febrero de 1962 sometió de nuevo su nombre al electorado, pero el vencedor fue Francisco Orlich, quien en 1958 había dado el ejemplo de un verdadero demócrata al reconocer, sin titubeos, su derrota, y felicitar de inmediato a Mario Echandi como vence-dor de los comicios. Ocurrió a solo diez años de los hechos del 48, cuando había encendidos odios e insuperables animosidades políticas.

Mérito. Calderón Guardia –el amado líder de los “mariachis”- murió el 9 de junio de 1970 en su patria, con sus familiares y amigos en rededor, y con un pueblo reconociéndole sus grandes aportes a Costa Rica. De él siempre se recordará, entre otras cosas, la fundación de la Universidad de Costa Rica y de la Caja Costarricense de Seguro Social. Sobre todo se le alabará la promulgación de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo.

Ha habido quienes, inútilmente, han tratado de arrebatarle ese mérito, y se han mencionado nombres de varias personas como autoras de esa obra, pero la verdad histórica dice que el “doctor” fue quien le puso el “ejecútese” a esas leyes en un momento en que se requería de mucho temple, visión y sacrificio personal y electoral para tomar esas decisiones de tanta trascendencia. Incluso, hasta los inmediatamente beneficiados no entendieron sus medidas. Curiosamente –¡qué maravillosa es Costa Rica!– su más acérrimo adversario, don Pepe Figueres –el otro gran caudillo– sí las comprendió y, pudiendo haberlas borrado de un solo trazo, más bien las ratificó y amplió.

A Mario Echandi tendremos siempre que agradecerle haber hecho posible, no más empezando su gobierno, la unificación de la familia costarricense, con lo cual se afianzó aún más la paz que debe prevalecer en Costa Rica.
periódico La Nación 10 junio 2008.

Columna Creciendo Junt@s

marfuerte @ 02:10

Orden de nacimiento

Nuria Marín

¿Alguna vez se han preguntado cómo es posible que personas que comparten progenitores y viven en la misma casa, puedan ser tan diferentes? En la revista Time (29-10-07) encontré un interesante artículo sobre la “teoría del orden de nacimiento”. Según esta el orden en que nazcan los hijos influye en su personalidad. Si bien es escasa la evidencia científica que respalda la propuesta, no deja de ser interesante.

Se señala que los hijos mayores tienden a ser más inteligentes (3 puntos IQ) producto de mayor estimulación, atención médica, dedicación exclusiva de los padres y su rol como mentores para los menores. Son líderes, tremendamente responsables, perfeccionistas y conservadores. Son exitosos en lo que se proponen, y son excelentes para mantener/consolidar una organización en una mezcla de control, búsqueda de aceptación y aversión al riesgo. Les cuesta asumir los fracasos.
Los segundos, tienden a ser independientes, inteligentes (1 punto IQ más al que le sigue). Nunca recibió la total atención de sus padres. Puede rebelarse frente al hermano mayor (no siempre). Son personas que aman el contacto con otras personas, son flexibles, excelentes negociadores. Necesitan el sentido de pertenencia. Pueden no dirigir, pero son centrales para cohesionar una organización.
Los benjamines son libre pensadores, creativos, les encanta el peligro y asumir riesgos. Tienden a tener un excelente humor y disfrutar la bohemia. Son impacientes y excelentes para iniciar proyectos. Necesitan a otros para mantener la disciplina.
Los únicos son los realizadores silenciosos, únicamente conformes con ser los mejores. Sus expectativas son tan altas, que presionan a sus coetáneos. Tienen una gran capacidad y disciplina para trabajar solos, completar proyectos y planeamiento estratégico. Tienden a ser reservados y evitar el conflicto. Les encanta el reconocimiento.
Cuando las familias tienen más de tres descendientes, los menores tienden a asumir alguna de las características anteriores. Importante también será la distancia en años entre hermanos pues si media un importante número, los roles tienden a cambiar. Antiguamente (dichosamente superado), el componente género tendía a modificar los roles y expectativas asumiendo el hijo varón (aunque menor) la personalidad de mayorazgo.
Es válido preguntarnos cuáles rasgos de personalidad sobresalen en nosotros y si estos validan lo propuesto por la teoría. Como dato interesante pregunté a personas cercanas si estaban o no de acuerdo con lo expuesto. La gran mayoría lo aceptaba, con la objeción lógica… de los niveles descendientes de inteligencia.
Pareciera que la próxima vez que contratemos a una persona en nuestras organizaciones, una pregunta de rigor al aspirante deberá ser: ¿cuál es su posición dentro de su familia?

nmarin@alvarezymarin.com
periódico La República 9 junio 2008.

Victoria chiíta

marfuerte @ 02:08

Sergio I. Moya Mena
Después de seis meses en los que el palacio presidencial de Baabda permaneció vacío, los libaneses han elegido el pasado domingo 25 de mayo al general Michel Suleiman como nuevo Jefe de Estado. Esta designación pone fin —al menos por ahora— al bloqueo político que paralizó al país y lo llevó al borde una nueva guerra civil. Los dos bandos en disputa han acordado en Doha y con el patrocinio del gobierno del Emir de Qatar Hamad bin Khalifa, constituir un gabinete en el que la organización chiíta Hezbollah y sus aliados tendrán once puestos, así como el derecho de veto sobre cualquier decisión del gobierno.

Aparentemente, es un acuerdo que todas las partes firmantes alaban, pero en realidad, se trata de la ratificación de una querella que ha arrojado perdedores y ganadores. Entre los primeros hay que ubicar naturalmente al Gobierno del Primer Ministro Fuad Siniora (considerado como pro occidental) y sus aliados de la Alianza 14 de Marzo, encabezada por Saad Hariri, que han perdido la batalla campal en las calles de Beirut y la batalla política. La derrota arrastra a los aliados sunitas del Gobierno en el exterior y en especial a Arabia Saudita. Pero el Acuerdo de Doha es también una derrota diplomática para los Estados Unidos que se oponían a cualquier entendimiento entre el Gobierno (al que venían apoyando política y militarmente) y Hezbollah. En el momento más dramático de la guerra entre la milicia chiíta e Israel en julio de 2006, que pretendía, al igual que en Iraq y Afganistán, “redibujar” el mapa de Medio Oriente en función de una “Pax Americana”, la Secretaria de Estado Condoleezza Rice describió esa guerra como los “dolores de parto de un Nuevo Medio Oriente”. Rice acertaba al intuir el surgimiento de un nuevo orden geopolítico regional, pero ignoraba que en éste, el poderío y la influencia de Estados Unidos y sus aliados se verían erosionados.

El gran ganador de los Acuerdos de Doha es sin duda Hezbollah, así lo reconoce hasta el Ministro de Defensa israelí Ehud Barak. Hezbollah no solo logró que el ejército libanés revirtiera la destitución del Jefe de Seguridad del Aeropuerto Internacional de Beirut (un aliado de los chiítas), sino que evitó que el gobierno desmantelara la red telefónica de fibra óptica que la organización opera. La capacidad de Hezbollah de hacer que el Gobierno revoque decisiones tan vitales es señal inequívoca de un nuevo balance de fuerzas en el país de los cedros eternos. Hezbollah ha probado que, lejos de ser una organización marginal y sin arraigo como Al-Qaeda, cuenta con una base social muy fuerte entre los chiítas libaneses y su fortaleza contrasta con la debilidad del Estado libanés. Como lo dice la analista del Carnegie Endowment for International Peace, Amal Saad-Ghorayeb, Hezbollah es “un estado dentro de un no-estado”. Creada para hacer frente a la invasión israelí al Líbano en 1982, Hezbollah es mucho más que una milicia y un partido político: opera una extensa red de servicios sociales que incluye hospitales, escuelas y guarderías, un servicio de micro-créditos, un canal de televisión que difunde su señal en toda la región y una emisora de radio. Paradójicamente, todos los recientes intentos políticos y militares, orquestados desde Washington, París, Tel Aviv o Riyadh para debilitar a la organización, han terminado fortaleciéndola.

Con Hezbollah han ganado también sus aliados, especialmente Siria e Irán. Siria venía siendo objeto de una estrategia de aislamiento promovida por Francia y los Estados Unidos, pero ahora puede ver cómo sus intereses en Líbano son resguardados, al menos por el momento, y la dinámica política de Medio Oriente es ahora favorable al gobierno de Bashar al-Assad. La actitud reciente de Israel, parece reflejar el nuevo balance político regional: no es casualidad que justo ahora el Estado Judío, en una expresión de “realpolitik”, se embarque en negociaciones con Siria respecto a las Alturas del Golán y proyecte un intercambio de prisioneros con Hezbollah. Irán, que según el periodista Robert Fisk entrena mensualmente a 300 milicianos de Hezbollah, también puede reclamar crédito en la victoria chiíta libanesa y su impacto regional. La muestra más significativa fue el infructuoso intento del Presidente George W. Bush —en su pasada gira regional de mayo— de obtener un compromiso más sólido de los países del Golfo Pérsico para aislar a Irán.

La victoria de Hezbollah es sintomática del ascenso y creciente politización de los chiítas en Medio Oriente, que en países como Líbano, Iraq y Bahrein habían sido marginados y considerados como ciudadanos de segunda. ¿Implica esto una amenaza adicional a la ya menguada estabilidad de la región? No necesariamente. La politización de las comunidades chiítas en varias partes de la región corresponde más a procesos de maduración política locales, que a una “conspiración regional”. Por eso, resulta inapropiado hablar de una “Creciente chiíta” que se extendería desde Líbano hasta Irán pasando por Siria e Iraq. La referencia a esa supuesta “Creciente chiíta” de la que hablan personajes como el Rey Abdullah II de Jordania, parecer ser más bien una ficción creada por algunos regímenes árabes, autodenominados “moderados”, con la esperanza de amedrentar a la población sunita de la región y unirla frente a Hezbollah o Irán, que son vistos por algunos sectores como modelos de resistencia a los planes neoimperialistas en la región.

Las diferencias sectarias en Medio Oriente son un hecho objetivo, pero no sería ésta la primera vez que se intenta exacerbarlas con fines políticos. “Divide et impera”: lo hicieron en el pasado los otomanos, los británicos y lo hace ahora Estados Unidos en Iraq.
periódico LA Prensa Libre 9 junio 2008.

¿La ‘Jackie’ negra?

marfuerte @ 02:06

Michelle Obama destaca por su carisma

Es imposible predecir si Barack Obama vencerá a su contrincante republicano, John McCain, pero lo que sí es un hecho es que desde antes –y con más razón a partir de esta semana– el encanto mediático de Michelle Obama será aún más intenso.Y es que la esposa de Obama, de 44 años, educada en Princeton y en la Escuela de Leyes de Harvard, con un salario que dobla al de su esposo, había sido comparada con la legendaria ex-Primera Dama Jackie Kennedy por acaparar fotógrafos, gracias a su sentido de la moda y a la simpatía innata que proyecta.

Como reseña el diario español El Mundo, su particular estilo se ha deslizado en cada una de las presentaciones a las que ha acompañado al senador: vestidos de tonos chillones, cintas anchas que afinan su cintura, ausencia de accesorios y, para los actos más formales, trajes en blanco y negro. Una estética prolija, que da cuenta de su acierto a la hora de elegir la vestimenta. Pero el plus de Michelle va mucho más allá de su refinamiento. Los allegados a la pareja aseguran que es ella, con su inteligencia, buen verbo y vitalidad, quien mantiene al joven senador de 46 años con los pies en la tierra.Es ella quien, sin ningún reparo, ha contado a la prensa que organiza las cosas en la casa para que Barack no olvide sacar la basura y recoja los calcetines que deja tirados en el suelo. Pero, claro, sobre las nimiedades y las prioridades están sus princesas, Malia, de 9 años y Sasha, de 6.

Sus discursos en favor de su marido son cortos y contundentes. Como dijo recientemente: “Imagínense a un presidente como Obama, que fue sacado adelante solo por su madre, la que tuvo que trabajar y criar a su hijo aceptando cupones para comprar comida de vez en cuando. Imaginen un presidente que sabe lo que es eso...”
Revista Proa. periódico La Nación 8 junio 2008.

‘Costarrica’, nombre indígena

marfuerte @ 02:05

Nativo Indicios sugieren el posible origen americano, no europeo, del nombre de nuestro paísLingüística‘Costarrica’, nombre indígena

Dionisio Cabal Antillón | cantares1856@costarricense.cr
Planteamos aquí una hipótesis: Costa Rica es nombre huetar. Dicho con precisión: Costarrica o Costa Rica son la castellanización de una voz huetar.

En la Universidad de Costa Rica, acuciosos investigadores trabajan en la salvaguarda de nuestras lenguas aborígenes y, esperanzadoramente, en el desciframiento de la etimología huetar. Sin embargo, hoy no se dispone de muchas luces como para saber el significado que podría tener costarrica en caso de ser un huetarismo.

Catalina la Grande. Anhelo casi utópico es hallar el catecismo huetar escrito por fray Agustín de Ceballos a inicios del siglo XVII. Ese catecismo importa por lo siguiente.

La emperatriz rusa Catalina la Grande envió emisarios por el mundo para que recolectasen glosarios, vocabularios y diccionarios de cuantas lenguas fuese posible.

Complaciendo su solicitud, el rey español Carlos III encargó al sabio español José Celestino Mutis compilar las cien palabras más importantes de las lenguas de sus reinos, vale decir, de las lenguas indígenas de América. El gigantesco libro se publicó, pero con el inmenso error de recoger vocablos de cien lenguas diversas, sin precisar a cuáles idiomas correspondían las palabras.

Entre los viejos apuntes del sabio Mutis tal vez estén, diferenciadas, las cien voces huetares y su etimología (su significado). ¿Conoció Mutis el catecismo de Ceballos (entonces tenía casi 150 años de escrito) o acudió a otra fuente? ¿Tomó en cuenta a los indígenas de Costa Rica?

Franciscanos de Orosi. Existe un depósito documental de tiempos coloniales que filólogos e historiadores –parece– han pasado por alto: los archivos provinciales de los franciscanos en La Habana. Hay indicios de que a Cuba fue a dar cierta documentación de los franciscanos de Orosi relativa a las labores de evangelización en Costa Rica.

Eso ocurrió durante la colonia, mucho antes de ser los franciscanos llamados a Guatemala por el obispo García Peláez en 1846. En La Habana existirían pistas de la comprensión de lo huetárico. ¿Por qué no? Tal vez allá esté el original o una copia del catecismo de Ceballos.

Diego de Gutiérrez. Ninguna prueba apoya la leyenda que atribuye el origen del nombre de nuestro país a riquezas que solo fueron imaginarias.

Costarrica se consigna por primera vez en una cédula real de 1543, que relaciona a Diego de Gutiérrez con la posesión de “Veragua y Costarrica”, 41 años después de la visita de Colón a nuestra rica costa del caribe.

Quien cree que el Almirante de la Mar Océano sugirió el nombre, se sustenta en el ‘blanqueamiento” de la historia. Así también se transformó a chamanes huetares de Escasú en brujas irlandesas con escoba, sombrero y gato negro. Años después se sustituyó la ese de Escasú por una zeta, insinuación de que Escazú es nombre vasco.

Leemos en documentos oficiales tanto coloniales como de la época republicana, religiosos y administrativos: Costarrica, Costarica, Costa-rica y sus respectivos gentilicios: costarricense , costaricense , costa-ricense . Tras décadas de independencia, se empezó a escribir Costa Rica oficial y regularmente.

Cierto es que la gramática y la ortografía del español tardaron siglos en fijar normas precisas. En 1628, Góngora escribía en un soneto: “Son de Tolú o de Puertorrico” .

En un documento de 1585 se lee “la cibdad de San Joan de Puertorrico desta ysla de San Joan de las Yndias del mar Océano” (Julio Izquierdo Labrado: La esclavitud en Huelva y Palos, 1570-1587 ). Aún hoy, muchos puertorriqueños escriben Puertorrico .

Sin embargo, el caos ortográfico existente por siglos no nos exime de explorar la posibilidad de que Costa Rica sea nombre aborigen.

Hernández de Córdoba o González Dávila. Otros atribuyen el nombre de nuestro país a Francisco Hernández de Córdoba y a Gil González Dávila. El primero habría hecho referencia a la riqueza natural de nuestro territorio. Hoy, esta sería la versión que nos acomoda más, a tono con la apuesta de ser un paraíso subtropical sin ingredientes artificiales.

En cuanto a González Dávila, se afirma que habló de Costa Rica en 1522 tras cabalgar, desde Chiriquí hasta el Golfo de Nicoya, “sonsacando” cuanto oro le fue posible a los aborígenes asentados cerca del litoral.

Ambas explicaciones son insostenibles. De ser cierto lo de Hernández de Córdoba, el nombre de la “costa” “rica” correspondería, por referencia directa, a Nicoya. En el caso de González Dávila, había más oro en la costa occidental de Nicaragua y zonas aledañas que todo el que “recibió” de nuestros indígenas costeños.

Según documentos, González Dávila recogió 13.000 onzas entre Chiriquí y Nicoya, pero en Nicaragua fueron 200.000, que disputó a muerte con Hernández de Córdoba.

Hernández de Córdoba murió en León (Nicaragua) en 1526 a manos del tiránico Pedrarias Dávila, después de fundar Villa Bruselas (1524) en el golfo de Nicoya, y León y Granada, en Nicaragua. González Dávila también murió en 1526, en España.

Faltaban 40 años para que se iniciara la conquista de la Meseta Central. Es posible que para entonces (se ve en la cédula otorgada al malhadado Diego de Gutiérrez en 1543) se usara el nombre indígena de las tierras interioranas o (supongamos) de algún asentamiento principal de los huetares de nombre similar a Co-querrica , Co-querrique , Co- taque-rrique o, ya españolizado, Costarrica . Es decir, a la muerte de ambos conquistadores, aún no se luchaba contra los cacicazgos huetares.

Esa tarea la emprendieron Cavallón, Perafán de Ribera, Estrada Rávago y Vázquez de Coronado. También iban por oro, pero no llegaron a buscarlo en la costa rica, sino muy tierra adentro, en el corazón de la patria huetar: ¿Costarrica?

Los nombres de América. Las patrias americanas muestran ventaja de voces aborígenes. La conquista no pudo abolirlas. De norte a sur son indígenas (españolizadas en su pronunciación): Canadá, México, Chiapas, Yucatán, Jamaica, Cuba, Haití, Guatemala, Belice, Nicaragua, Panamá, Guayana, Surinam, Perú, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay; a esta lista se sumaría Costa Rica.

Tienen nombres en español: El Salvador, Honduras, República Dominicana, (Quisqueya), Puerto Rico (Borinquen), Trinidad y Barbados, Venezuela (pequeña Venecia), Colombia, Ecuador, Bolivia y Argentina.

Muchos nombres. Lo decimos desde hace 20 años: ¿ha sido mezquindad hispanizante o europeísta no aclararlo? Costarrica (con “erre” o doble ere) es un nombre huetar, simplificado y españolizado. ¿Por qué no partir de que esto sería demostrable por las toponimias huetares?

La primera presunción debe ser la del origen huetar. Es sugestivo contar con Tucu rr ique, Tu rr ubares, Tu rr ialba, Siqui rr es. Cu rr idabat, Ase rr í, Coque rr ique (nombre este de donde podría derivar “costarrica”), Bi rr í, Pu rr al, Pi rr o, Pi rr ís, Ta rr asú, Tu rr úcares, Po rr osatí, y tu rr uja, tu rr a, yigüi rr o, yu rr o, cu rr é, cu rr aré, y tantas voces más.

¿Podría “Co-taque-rrique” nombrar el lugar de un jefe o un cacique principal? Es una posibilidad, pero no fantasiosa.

Lo que está por demostrarse es que el nombre de nuestra patria se refiere a una “costa” “rica” en oro o en biodiversidad. Aceptaríamos el verdadero color de Tiquicia: somos huetares de nombre , como lo somos de sangre en alto porcentaje.

La sangre de los abuelos huetares bien vale restituirles el honor de ostentar la paternidad del nombre patrio. Filólogos e historiadores tienen la palabra.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 11 mayo 2008.

Columna Germinal

marfuerte @ 02:02

AÑO 2 No. 65

Alfonso Chase
Octavio Paz (1914-1998) es un escritor mexicano universal, que a diez años de su muerte, merece una relectura de sus escritos, para lograr una visión esencial de lo que fue y de lo que permanece de su legado, como él lo proponía y lo esperaba.

El Premio Nobel de Literatura de 1990 solo fue una confirmación a su trayectoria como poeta, ensayista, comentarista y editor, más su extraordinaria presencia en las entrevistas que se le hicieron en vida, cuya posición pública le dio un marco de polemista y pensador de avanzada. Siendo una figura integral, su visión del escritor y del intelectual fue también la de un profeta, pues entre 1960 y 1970, su eminente cultura lo proyectó en diversos ámbitos, desde los cuales pudo ver el futuro y anticipar muchos de los sucesos que dieron forma al final del siglo XX. Siempre concibió a la política como una dimensión de la historia, la suya y la de nosotros, y en la cual la imaginación crítica le permitió, desde muy joven, tener un amplio espacio para ser libro, dudar de todo, afirmarse en muchas cosas, pero tomando en cuenta una visión amplia de la libertad. Tuvo enemigos temibles en la izquierda, el centro y la derecha y nunca aceptó ser el fiel de la balanza, sino la proyección literaria de ejercer la labor intelectual, y poética, más allá de todo punto. Defectos tuvo, y muchos, pero lo importante es que construyó un pensamiento propio, sin limitaciones o cortinas, y trajo sobre su inteligencia el sentido de una cultura amplia, libre y una propuesta por la que se le tiene como pionero en su visión de los últimos años de su siglo, desde que en 1929, casi un adolescente, escribiera sus primeros poemas. Estuvo de manera singular en casi todos los acontecimientos del tiempo en que le tocara vivir y sus poemas se relacionan con la historia y ambos con su propia visión critica del desarrollo social. En muchos temas se le puede considerar como premonitorio o profético, pues supo ver más allá de cualquier tradición ya establecida, y combinarlas hasta establecer una voz propia, de significación universal.

A los diez años de su partida, este texto, de finales de los años sesenta, puso a discusión lo que sería la historia del mundo, presente también en su poesía o en sus opiniones, para todos aquellos que pudimos verlo como un maestro, un hombre cordial, altivo pero siempre digno, aun en sus contradicciones, que hoy nos parecen muy propias de quien se vio como un peregrino en su patria y en el mundo.

Supo ver, como vidente que era, las transformaciones del universo social. Al igual que en su poesía y en sus ensayos, actuales y de lectura compartida.

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• Octavio Paz
Revuelta, Revolución, Rebelión
Texto: ©Marie José Paz
Fotografía ©Marie José Paz (1969)
En castellano se usa poco la palabra revuelta. La mayoría prefiere revolución y rebelión. A primera vista lo contrario habría sido lo natural: revuelta es más popular y expresiva. En 1611 Covarrubias la definía así: “rebolver es ir con chismerías de una parte a otra y causar enemistades y quistiones: y a éste llamamos rebolvedor y reboltoso, rebuelta la cuestión”. Los significados de revuelta son numerosos, desde la segunda vuelta hasta confusión y mezcla de una cosa con otra; todos están regidos por la idea de regreso asociada a la de desorden y desarreglo. Ninguna de las acepciones es buena, quiero decir: ninguna dice que la revuelta sea un hecho valioso. En una sociedad como la España del siglo XVII, la revuelta representaba un principio funesto: la confusión de clases, el regreso al caos primitivo, la agitación y desorden que amenaza la fábrica social. Revuelta era algo que disolvía las distinciones en una masa informe. Para Bernardo de Balbuena la civilización consiste en la institución de las jerarquías, creadora de la necesaria desigualdad entre los hombres; la barbarie es el retorno a la naturaleza: a la igualdad. No es fácil determinar cuándo empezó a usarse la palabra revuelta con la significación de levantamiento espontáneo del pueblo. Según Corominas la historia de la acepción alboroto o alteración del orden social está por hacer. En francés aparece hacia 1500, en el sentido de “cambiar de partido” y solo hasta un siglo después adquiere el significado de rebelión. Aunque el diccionario de Littré indica que viene del italiano revoltare (volver del revés), Corominas piensa tal vez sea de procedencia catalana: revolt, temps de revolt. Cualquiera que sea su origen, la mayoría escribe y dice revolución o rebelión cuando se refiere a disturbios y sublevaciones públicos. Revuelta se deja para significar motín o agitación sin propósito definido. Es una palabra plebeya.

Las diferencias entre el revoltoso, el rebelde y el revolucionario son muy marcadas. El primero es un espíritu insatisfecho e intrigante, que siembra la confusión; el segundo es aquel que se levanta contra la autoridad, el desobediente o indócil; el revolucionario es el que procura el cambio violento de las instituciones. (Apenas me detengo en las definiciones de nuestros diccionarios porque parecen inspiradas por la Dirección de Policía). a pesar de estas diferencias, hay una relación íntima entre las tres palabras. La relación es jerárquica: revuelta vive en el subsuelo del idioma; rebelión es individualista; revolución es palabra intelectual y alude, más que a las gestas de un héroe rebelde, a los sacudimientos de los pueblos y a las leyes de la historia. Rebelión es voz militar; viene de bellum y evoca la imagen de la guerra civil. Las minorías son rebeldes; las mayorías revolucionarias. Aunque el origen de revolución sea el mismo que el de revuelta (volvere: rodar, enrollar, desenrollar) y aunque ambas signifiquen regreso, la primera es de estirpe filosófica y astronómica; vuelta de los astros y planetas a su punto de partida, movimiento de rotación en torno a un eje, ronda de las estaciones y las eras históricas. En revolución las ideas de regreso y movimiento se funden en la de orden; en revuelta esas mismas ideas denotan desorden. Así, revuelta no implica ninguna visión cosmogónica o histórica: es el presente caótico o tumultuoso. Para que la revuelta cese de ser alboroto y ascienda a la historia propiamente dicha debe transformarse en revolución. Lo mismo sucede con rebelión: los actos del rebelde, por más osados que sean, son gestos estériles si no se apoyan en una doctrina revolucionaria. Desde fines del siglo XVIII la palabra cardinal de la tríada es revolución. Ungida por la luz de la idea, es filosofía en acción, crítica convertida en acto, violencia lúcida. Popular como la revuelta y generosa como la rebelión, las engloba y las guía. La revuelta es la violencia del pueblo; la rebelión, la sublevación solitaria o minoritaria; ambas son espontáneas y ciegas. La revolución es reflexión y espontaneidad: una ciencia y un arte. El descenso de la palabra revuelta se debe a un hecho histórico preciso. Es una palabra que expresa muy bien la inquietud y la inconformidad de un pueblo que, aunque se amotine contra esta o aquella injusticia, está dominado por la noción de que la autoridad es sagrada. Igualitaria, la revuelta respeta el derecho divino del monarca; de rey abajo, ninguno. Su violencia es el oleaje del mar contra el acantilado: lo cubre de espuma y se retira. La acepción moderna de revolución en España e Hispanoamérica fue una importación de los intelectuales. Cambiamos revuelta, voz popular y espontánea pero sin dirección, por una que tenía un prestigio filosófico. La boga del vocablo no indica tanto una revuelta histórica, un levantamiento popular, como la aparición de un nuevo poder: la filosofía. A partir del siglo XVIII la razón se vuelve un principio político subversivo. El revolucionario es un filósofo o, al menos, un intelectual: un hombre de ideas. Revolución convoca muchos nombres y significados: Kant, la Enciclopedia, el Terror jacobino y, más que nada, la destrucción del orden de los privilegios y las excepciones y la fundación de un orden que no dependa de la autoridad sino de la libre razón. Las antiguas virtudes se llamaban fe, fidelidad, honor. Todas ellas acentuaban el vínculo social y correspondían a otros tantos valores comunes: la fe, a la Iglesia, como encarnación de la verdad revelada; la fidelidad, a la autoridad sagrada del monarca; el honor, a la tradición fundada en la sangre. Esas virtudes tenían su contrapartida en la caridad de la Iglesia, la magnanimidad del rey y la lealtad de los súbditos, fuesen villanos o señores. Revolución designa, a la nueva virtud: la justicia. Todas las otras —fraternidad, igualdad, libertad— se fundan en ella. Es una virtud que no depende de la revelación, el poder o la sangre. Universal como la razón, no admite excepciones e ignora por igual la arbitrariedad y la piedad. Revolución: palabra de los justos y de los justicieros. Un poco después surge otra palabra, hasta entonces vista con horror: rebelión. Desde el principio fue romántica, guerrera, aristogrática, déclasée. Rebelde: el héroe maldito, el poeta solitario, los enamorados que pisotean las leyes sociales, el plebeyo genial que desafía al mundo, el dandy, el pirata. Rebelión también alude a la religión. No al cielo sino al infierno: soberbia del príncipe caído, blasfemia del titán encadenado. Rebelión; melancolía e ironía. El arte y el amor fueron rebeldes; la política y la filosofía, revolucionarias.

En la segunda mitad del siglo pasado aparece otro vocablo: reformista. No venía de Francia sino de los países sajones. La palabra no era nueva; lo eran su sentido y la aureola que la rodeaba. Palabra optimista y austera, singular combinación de protestantismo y positivismo. Esta alianza de la vieja herejía y la nueva, el luteranismo y la ciencia, hizo que la odiasen todos los casticistas y conservadores. Su odio no era gratuito, bajo apariencias decorosas la palabra escondía el contrabando revolucionario. Pero era una palabra decente. No vivía en sus suburbios de los revoltosos ni en las catacumbas de los rebeldes sino en las aulas y las redacciones de los periódicos. El revolucionario invocaba a la filosofía; el reformista a las ciencias, la industria y el comercio: era una fanático de Spencer y los ferrocarriles. Ortega y Gasset hizo una distinción muy aguda, aunque tal vez no muy cierta, entre el revolucionario y el reformista: el primero quiere cambiar los usos; el segundo, corregir los abusos. Si fuese así, el reformista sería un rebelde que ha sentido cabeza, un satán que desea colaborar con los poderes constituidos. Digo esto porque el rebelde, a diferencia del revolucionario, no pone en entredicho la totalidad del orden. El rebelde ataca al tirano el revolucionario a la tiranía. Admito que hay rebeldes que juzgan tiránicos a todos los gobiernos; no es menos cierto que condenan el abuso, no el poder mismo; en cambio, para los revolucionarios el mal no reside en los excesos del orden constituido sino en el orden mismo. La diferencia, me parece, es considerable. A mi juicio las semejanzas entre el revolucionario y el reformista son mayores que aquello que los separa. Los dos son intelectuales, los dos creen en el progreso, los dos rechazan al mito: su creencia en la razón es inquebrantable. El reformista es un revolucionario que ha escogido el camino de la evolución y no el de la violencia. Sus métodos son distintos, no sus objetivos: también el reformista se propone cambiar los usos. Uno es partidario del salto; el otro del paso. Ambos creen en la historia como proceso lineal y marcha hacia adelante. Hijos de la burguesía, los dos son modernos.

Revolución es una palabra que contiene la idea del tiempo cíclico y, en consecuencia, la de regularidad y repetición de los cambios. Pero la acepción moderna no designa la vuelta eterna, el movimiento circular de los mundos y los astros, sino el cambio brusco y definitivo en la dirección de los asuntos públicos. Si ese cambio es definitivo, el tiempo cíclico se rompe y un nuevo tiempo comienza, rectilíneo. La nueva significación destruye a la antigua: el pasado no volverá y el arquetipo del suceder no es lo que fue sino lo que será. En su sentido original, revolución es un vocablo que afirma la primacía del pasado: toda novedad es un regreso. La segunda acepción postula la primacía del futuro: el campo de gravitación de la palabra se desplaza del ayer conocido al mañana por conocer. Es un haz de significaciones nuevas: preeminencia del futuro, creencia en el progreso continuo y en la perfectibilidad de la especie, racionalismo, descrédito de la tradición y la autoridad, humanismo. Todas estas ideas se funden en la del tiempo rectilíneo: la historia concebida como marcha. Es la irrupción del tiempo profano. El tiempo cristiano era finito; comenzaba en la Caída y terminaba en la Eternidad, al otro día del Juicio Final. El tiempo moderno, revolucionario o reformista, rectilíneo o en espiral, es infinito. El cambio de significado de revolución afecta también a la palabra revuelta. Guiada por la filosofía, se transforma en actividad prerrevolucionaria: accede a la historia y al futuro. Por su parte la palabra guerrera, rebelión, absorbe los antiguos significados de revuelta y revolución. Como la primera, es protesta espontánea frente al poder; como la segunda, encarna al tiempo cíclico que pone arriba lo que estaba abajo en un girar sin fin. El rebelde, ángel caído o titán en desgracia, es el eterno inconforme. Su acción no se inscribe en el tiempo rectilíneo de la historia, dominio del revolucionario y del reformista, sino en el tiempo circular del mito: Júpiter será destronado, volverá Quetzalcoatl, Luzbel regresará al cielo. Durante todo el siglo XIX el rebelde vive al margen. Los revolucionarios y los reformistas lo ven con la misma desconfianza con que Platón había visto al poeta y por la misma razón: el rebelde prolonga los prestigios nefastos del mito.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 10 mayo 2008.

La gravitante contienda extraparlamentaria

marfuerte @ 02:01

Danilo Rodríguez Montero
Conforme se acerca el año 2010 los cambios de planes para la política tradicional partidaria parlamentaria comienzan a evidenciarse.

El desparpajo y la incredulidad existe entre la “mostacilla” cuando se alteran los artículos necesarios del desarticulado Partido Unidad Social Cristiana para continuar con un ex presidente a la cabeza, a pesar de los cuestionamientos delincuenciales que se atribuyen a Calderón Fournier. Ello es evidenciante de cómo la política tradicional compra y vende principios, paradigmas de ética e incluso de moral pública para y por una candidatura única o un plato de lentejas.

En los otros frentes parlamentarios legislativos en igual forma “se cuecen habas”.

El tradicional Liberación Nacional de Costa Rica (que ya ejercitó la no convención cuando hay candidato único) ahora pretenderá la sustitución de Laura Chinchilla, la sobreviviente vicepresidenta y allanar camino para que, electo Fernández, ese “pitufo” Francisco Antonio Pacheco bien pueda allanarse uno de los escenarios jurídicos a la candidatura de otro Arias Sánchez. ¿A qué? a lo perdido en la contienda herediana de hace 22 años cuando decidió (...) sin PAC ni pacto de los hijos de los caudillos, ese Rodrigo ascender a la “magistratura” del Ministerio de la Presidencia.

De los otros partidos, en tanto como en ellos gravita la acción extraparlamentaria, hablaríamos más luego. Pero por ahora concluyo —advirtiendo que escribir de lo que no conozca tanto, como lo hace en LN mi amigo el Castillo Loría y en el PUSC, no ideologiza lo que de ella sabe su resabio en el primer cantón de la República y el más poblado de San José la “María”— me hace temer que en esos dos, priva el componente de oportunismo sobre el factor ideológico o bien sobre el verdadero criterio de partición, perdón, participación decidiendo cosas como estas en palacio zapoteño, palacios de calle y cruce con avenida diez antigua biblioteca universitaria o palacios municipales toditos juntitos en las “viejas asambleas partidarias”, antes de ir a “masacrarnos entre nosotros” dirían los del “PAC-TO” y eliminar o abundar primarias entre menos mejor.

Y el pueblo hacia el perecer... por falta de este conocimiento... y el de la existencia de decenas de partidos políticos más; a ese sí no le cambian las leyes a su medida, a ese le subió el pan, el pasaje y el costo de participación voluntaria hasta en los grupos sociales exitosos como el APSE, en huelga a la que le llueve con un Javier Solís que bien dice que el idealismo podría ser un delito. ¡Vale que solo ese Solís no hay!
periódico La Prensa Libre 10 mayo 2008.

Don Alex, don Oscar, una brillante fórmula

marfuerte @ 01:59

Giovanni Rodríguez Solis
giovannirodriguezsolis@gmail.com
Por sorpresa nos tomó a todos la acertada decisión del diputado Oscar Núñez Calvo, jefe de Fracción del Partido Liberación Nacional en la Asamblea, al nombrar al Dr. Alex Solis Fallas como su Jefe de Despacho.

Los que conocemos al Dr. Solis Fallas, sabemos de su calidad profesional y sus cualidades humanas, no hay duda que es un justo reconocimiento para un ciudadano al cual la Asamblea Legislativa le tiene una deuda. Para tiempo verdades, y es de grandes reconocer deudas, aun y cuando estas deudas, sean compromisos heredadas.

La experiencia como académico, como doctor en derecho constitucional, como ex contralor general de la Republica, es si duda su mejor presentación. Si el país hubiera dejado perder en el olvido a este gran hombre se hubiera cometido un gran crimen. No hay duda de que esta designación es una prueba fiel cuando luchamos por la dignidad de limpiar un hombre que quiso ser ensuciado, el resultado es decir gracias don Alex por no claudicar y con una gran humildad decir aquí estoy siempre dispuesto de servirle a Costa Rica.

Está mostrando una vez mas el diputado Núñez Calvo que tiene capacidad y merito suficiente para guiar a la mayor fracción política del país. Un gran diputado tiene grandes asesores y sabe dónde pedir consejo y que un país se construye sabiduría. Por el bien de Costa Rica les deseo mucho éxito en la construcción de la visión país que todo anhelamos.

Esperemos seguir recibiendo magnificas sorpresas como estas, por parte del diputado Núñez Calvo.

periódico La Pensa Libre 10 mayo 2008.

Cómo se discutió la Constitución del 49

marfuerte @ 01:58

Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
Gracias a una columna periodística titulada "Desde la Barra", publicada en LA PRENSA LIBRE, los costarricenses que vivían en 1949 se enteraban, día a día, de cómo la Asamblea Nacional Constituyente estaba forjando una nueva Constitución Política.

En esa columna, bautizada así por su autor, el periodista Rubén Hernández Poveda, se recogían, no solo los avances de cada sesión, en la discusión de los artículos constitucionales de la Carta Magna de 1871, que sirvió de base para la elaboración de la nueva, sino, los entretelones de todo cuanto acontecía en aquella asamblea. Se vertían las opiniones de constituyentes de diferentes ideologías y partidos políticos y se consignaba, también, la del autor de la columna, totalmente objetiva, sobre las diferentes tesis que se discutían en las sesiones y en los pasillos del Congreso Constitucional. Si algún diputado constituyente no estaba de acuerdo con alguna opinión o crítica del periodista sobre cualquier tema, este último daba cabida, en la misma columna o en un espacio aparte, si el caso lo ameritaba, a la réplica consiguiente. Lo mismo ocurría cuando era objeto del ataque injustificado de algún político que consideraba que el periodista solamente debía dar acceso en su columna a diputados pertenecientes al partido político de las preferencias de aquél o que se sentía molesto por la publicación de algún episodio o intervención, en la Asamblea, que no favorecía a los diputados de sus simpatías. Este fanatismo y encono llegó al colmo cuando, muchos años después de finalizada la Asamblea Nacional Constituyente, algunos de quienes no estaban de acuerdo en que el periodista fuese imparcial y diera cabida a las opiniones de todos, continuaron manifestando ese rencor y desdén por la ética periodística. Pero lo cierto es que el autor de la columna Desde la Barra, siempre mostró su total objetividad, veracidad e imparcialidad en sus crónicas sobre el desarrollo de la Asamblea Nacional Constituyente. Esto lo puede comprobar cualquier lector del libro Desde la Barra, publicado en el año 1953, con base en la recopilación de todas las columnas publicadas durante el año 1949, sobre la labor de aquella Asamblea Nacional Constituyente.

Este libro se constituyó, así, en el único testimonio objetivo e imparcial de cómo se discutió la Constitución de 1949. Por eso fue declarado libro de consulta en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, única Casa de Altos Estudios que existía entonces en Costa Rica, porque en él quedaron plasmadas todas las opiniones y actitudes de todos los diputados constituyentes, sobre los más diversos tópicos, cosa que no se puede encontrar en las actas de la Constituyente, por razones obvias. Muchos libros se han escrito después sobre la labor de aquella Asamblea Nacional Constituyente, pero todos ellos, en una u otra forma, se han basado en las magistrales, certeras y objetivas crónicas diarias de la columna Desde la Barra. El propio redactor de las actas, entonces funcionario del Congreso Constitucional y muy apreciado amigo y colega, don Oscar Castro Vega, así lo ha reconocido en varios artículos que a lo largo de los años ha escrito sobre aquel trascendental acontecimiento nacional. Especialmente en uno que tituló " La Constituyente de 1949 vista por Rubén Hernández Poveda".

Al cumplirse, en estos días, el 55 aniversario de la publicación de la primera edición del libro Desde la Barra, escrito por el periodista Rubén Hernández Poveda, sirvan estas páginas como justo desagravio ante los falaces y mezquinos calificativos de que lo han hecho objeto , en el pasado remoto y reciente, conspicuos representantes de las catacumbas partidarias de este país, de diferentes credos políticos e ideológicos, que han pretendido moldear la historia a su gusto y conveniencia. Porque lo justo y verdadero es que quien quiera saber, realmente, cómo se discutió, día a día, la Constitución de 1949, debe leer el libro Desde la Barra. Póngale la firma...
priódico La Prensa Libre 10 mayo 2008.

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