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RESONOCO

04/02/2009 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 01:35

Historias familiares
Fragmento de ‘El amante imperfecto’, ganadora del Premio de novela ‘La otra orilla’ 2008.
1

A Guillermo las mujeres le daban un poco de pena; le parecían muy vulnerables en su búsqueda de amor. Este sentimiento se le agudizaba en las fiestas; lo conmovía observarlas en sus momentos de brillo, cuando circulaban con soltura entre los hombres, con las espaldas desnudas asomando de sus vestidos y sonriendo confiadas.

Helenita Vega lo invitó a su fiesta de quince. Iban al mismo colegio, él cursaba quinto año, y Helenita, tercero. Guillermo la había preparado para rendir el examen de matemáticas de marzo, y, desde entonces, tenía intenciones de conquistarla. Con el monto exacto que los padres de Helenita le pagaron por las clases, Guillermo le compró una orquídea. Transformó ese dinero en una flor; le fascinaba la idea de efectuar operaciones sin resto.

Cuando criaba peces tropicales, Guillermo contemplaba con asombro cómo, luego del parto, las hembras perseguían a sus hijos recién nacidos para comérselos. Intentaban volver a incorporar lo expulsado, como si se tratara de un simple circuito de la materia. Algunos alevines escapaban de sus madres y por azar no se convertían en alimento.

Más allá de su afición por estos juegos con números redondos, regalarle una orquídea había sido una ocurrencia de la madre de Guillermo. Al tonto de los sentimientos de su hijo hacia Helenita, le había recomendado “un regalo romántico, algo que nunca te va a fallar”. Guillermo protestó, le parecía un gesto anticuado, pero ella insistió y, ya fuera porque confiaba en el saber de su madre acerca del corazón femenino o simplemente porque era un hijo obediente, Guillermo decidió enfrentar su miedo al ridículo.

Helenita desgarró el papel de seda del envoltorio y se quedó mirando la flor con perplejidad; ninguno de sus amigos regalaba orquídeas. Ocultar su decepción le costó un esfuerzo adicional: en esa época de su vida, a Helenita las flores no le interesaban. No comprendía por qué al resto de las mujeres las emocionaban tanto. Esta apatía la preocupaba; temía que fuera un signo de frialdad para el amor; escondía el asunto con cuidado, consciente de que se trataba de un rasgo impropio en una mujer. Se sentía como si careciera de una fe religiosa. La orquídea en su caja de celuloide le provocaba, a lo sumo, cierto respeto por su precio; también le despertaba reminiscencias de opulencia fúnebre, como si la caja fuera un ataúd transparente.

Mientras Helenita se demoraba en examinar la orquídea, a Guillermo lo devoraba el suspenso. “¡Qué linda!”, dijo al fin su amada, con un entusiasmo burocrático que solo cumplía con su custodiada educación.

La madre de Helenita, que se había acercado a la puerta a saludar a Guillermo, captó el desplante de su hija e intentó disimularlo. Elogió la flor con vehemencia y llamó a su marido para decirle con un tono rezongón que todavía quedaban hombres que sabían como tratar a una dama. Guillermo se ruborizó. [...]

Suplemento Áncora. priódico La Nación 25 enero 2009.

Acuses de recibo

marfuerte @ 01:33

A través de mi vida

Autor: Carlos Gagini

Editorial: ECR

Pedidos: 2253-5354

Como parte de la celebración de su quincuagésimo aniversario, la Editorial Costa Rica reedita la primera obra que salió bajo su sello: Al través de mi vida , las memorias del autor Carlos Gagini.

La contratapa del libro exalta al autor como una de las figuras más relevantes de fines del siglo XIX e inicios del XX en Costa Rica, dados su calidad humana, su compromiso social, su labor docente, sus obras literarias y sus investigaciones lingüísticas.

El fin de la teleserie en Costa Rica

Autor: Gabrio Zapelli Cerri

Editorial: EUNA

Pedidos: 2253-9349

El especialista Gabrio Zapelli elabora un análisis histórico y semiótico de la ficción televisiva costarricense.

El estudio abarca las series transmitidas entre 1995 y el 2000, período durante el cual el autor fue director de los guionistas de la Productora La Mestiza, de San José.

El análisis se detiene en los cambios producidos por la globalización de los medios masivos y por la extensión de estos a un público más diferenciado.

Construcciones supranacionales e integración...

Autor: Jaime Delgado Rojas

Editorial: EUCR

Pedidos: 2207-5957

En Construcciones supranacionales e integración regional latinoamericana , Jaime Delgado analiza tres integraciones: Comunidad Andina, Mercosur y Centroa-mérica, con un apartado teórico, un contexto histórico y una sección filosófico-jurídica sobre la supranacionalidad y el derecho comunitario de la región. El autor termina con una reflexión sobre la filosofía en América Latina como compromiso y defensa de los derechos de las personas.

Gentes y gentecillas

Autor: Carlos Luis Fallas

Editorial: Legado

Pedidos: 2280-8007

La editorial Legado reedita la novela Gentes y gentecillas (1947), a propósito del centenario del nacimiento (21 de enero) del premiado autor Carlos Luis Fallas.

La solapa del libro reza: “Con una pizca de humor y otro tanto de tragedia, Gentes y gentecillas narra las duras condiciones de vida de los trabajadores en una hacienda cafetalera a principios del siglo pasado en Pejibaye de Turrialba y en los fatídicos socavones de los montes de Milla 48”.

Templos patrimoniales

Autor: ICOMOS

Editorial: EUCR

Pedidos: 2258-0552 ó 2207-5957

La representación nacional del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) ha publicado un calendario para el 2009 que reproduce fotografías de 13 templos patrimoniales de Costa Rica. La investigación estuvo a cargo de Ofelia Sanou.

El calendario viene acompañado por un texto que explica la historia de los edificios y las distintas tradiciones constructivas según la época en la que fueron erigidos.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 25 enero 2009.

Librero

marfuerte @ 01:29

Cuestión moral
Álvaro Zamora
De Federico y l’Agüela. Propedéutica de ética y sociedad
Filosofía
Editorial EUNED
Pedidos: 2253-9349
Rafael Ángel Herra
rafaelangel.herra@gmail.com

La EUNED acaba de publicar un manual de uso didáctico en sus cursos, escrito por Álvaro Zamora, y con un título particular: De Federico y l’Agüela. Propedéutica de ética y sociedad . En sus 413 páginas impresas a dos colores, Zamora expone y explora los alcances de la disciplina ética y las prácticas morales.

El libro se divide en cinco grandes capítulos, desglosados así: Primero : I. Ser humano: naturaleza y cultura; II. De lo social y lo individual; III. Mediaciones y agentes sociales. Segundo : I. De moral y teoría; II. Otras distinciones conceptuales. Tercero : I. ¿Se puede ser libre?; II. Responsabilidad en sociedad; III. De las normas a las instituciones. Cuarto : I. Moral de todos y de cada cual; II. Moral en obras y palabras; III. Del diario vivir. Quinto : I. De la ética aplicada; II. Las profesiones y otros espacios de reflexión.

Como buen texto orientado a la enseñanza, la publicación también intercala cuadros con vocabularios, explicaciones, sugerencias y tareas muy útiles para el lector al que se dirige la obra, sin excluir por ello a otros lectores ávidos de lectura sobre los temas enfocados ahí; es decir, el campo moral y materias relacionadas (el libre albedrío, la felicidad, el ambiente, la bioética y asuntos concretos como el gulaj, el terrorismo, la tortura o la responsabilidad que exige el ejercicio profesional, para citar unos pocos ejemplos).

Al concebir y redactar el texto, su autor ha recurrido a una fórmula ingeniosa. Cada capítulo se ve precedido del relato de un niño y su familia, impreso en tinta azul. Con bastante frecuencia, el análisis remite al relato los asuntos tratados.

Sin duda, es ese un original recurso de alto valor didáctico puesto que permite anclar las cuestiones abstractas en acontecimientos cotidianos; o, para verlo a la inversa, los hechos de todos los días –el uso del rotulador de pizarras acrílicas o la pequeña mentira del niño cuando aprovecha la romería para irse a otra parte, o las compras en la pulpería–, son ejemplos dirigidos a sentar un punto de apoyo práctico a las consideraciones teóricas.

El lector observará otra particularidad tipográfica cuando vea aparecer la tinta azul dentro del texto teórico: el fin es acentuar la correlación entre lo cotidiano y la teoría.

Podemos hablar de un método de exposición regresivo y progresivo, y a la inversa: se va del hecho específico (comprar un helado al vendedor ambulante) a la reflexión sobre las relaciones complejas que amarran el tejido social; o bien, estudiando la teoría de la mediación se retorna al acto específico de comprar o vender.

Hay que insistir en ello: la técnica de combinar la ficción y el ensayo didáctico es un acierto de artesanía filosófica: por un lado, facilita la exposición de los temas recurriendo a ejemplos y teorías, y, por el otro, ayuda al lector a comprender hechos concretos y sus alcances teóricos, aparte de que le aporta instrumentos para mejorar el rigor de sus propias reflexiones. El hecho de diferenciar la función de los textos con colores es un acierto editorial.

El libro introduce teorías y autores, sitúa problemas, aclara términos, actualiza debates tradicionales de la ética. Aparte de su intención escolar, y aunque el autor trata de no pronunciarse, no esconde tampoco su perspectiva crítica.

Hablar de derechos humanos no es neutral; referirse a la fuerza nuclear, tampoco, mucho menos en el horizonte de investigación al que se consagra esta obra. Casi podría afirmarse, en presencia del libro, que el discurso sobre la moral no puede ser a-moral. Álvaro Zamora lo reivindica.

Si bien este libro es una introducción a los problemas de ética y sociedad, también puede leerse como introducción a la filosofía. Además de abrir perspectivas a la reflexión, suministra elementos para contrastar puntos de vista críticos sobre la mayoría de los asuntos morales, sociales y políticos que ocupan al hombre contemporáneo. Es un privilegio contar con este libro.

Suplemento Áncora. 25 enero 2009.

Los huesos de Poe

marfuerte @ 01:26

Literatura
Recordado En su bicentenario, se reanima el culto por el excéntrico y notable escritor Edgar Allan Poe
Uriel Quesada | urielq@hotmail.com
El 19 de enero se celebraron 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe: fecha simbólica, aunque por las vísperas parece que es más importante la de su muerte, acaecida en el año 1849. Poe murió en la ciudad de Baltimore, donde se encuentra enterrado en un modesto cementerio adyacente a una iglesia. La tumba es un notable lugar de peregrinación –por ejemplo, Borges se retrató ahí–, y todo aquel que acuda a las oficinas de turismo de la ciudad puede hallar la tumba del poeta y narrador entre los puntos importantes que deben visitarse.

De un tiempo acá, varias ciudades pelean el honor de albergar lo que quede de Poe. Boston lo reclama porque nació allí, pero algunos intelectuales del estado de Virginia aseguran que el mejor lugar es Richmond, donde el futuro escritor pasó parte de su niñez y su juventud. Nueva York tiene el argumento más débil: “Aquí fue feliz”, aunque aún no está claro en qué sentido la felicidad es un criterio para apropiarse de unos huesos.

Un intelectual del área de Penn-sylvania ha intentado probar que la mayoría de los cuentos policíacos –en español los hemos conocido tradicionalmente por Historias extraordinarias – fueron escritos por Poe en Filadelfia, lo cual la acredita como depositaria indiscutible del cadáver.

Aquella persona incluso ha argumentado que el clima de crimen generalizado en Filadelfia en el siglo XIX fue fundamental para inspirar esas narraciones que hoy se consideran fundadoras de toda una corriente estética y comercial. Vaya uno a saber cómo se puede probar el detalle de la inspiración, aunque el argumento de los altos índices de delincuencia ha dejado muy mal parada a Filadelfia y ha dado munición a otros contendientes.

Por ejemplo, los curadores del museo Poe, en Baltimore, se han manifestado dispuestos a ofrecer a Philly no el cuerpo de Poe, sino el de algunos malandros de poca alcurnia, entre ellos el asesino de Abraham Lincoln: John Wilkes Booth, nacido cerca de Baltimore.

Competencia. La apropiación de figuras culturales importantes –a veces simplemente pintorescas– no es rara en los Estados Unidos. Cada abril, Nueva Orleans organiza un extenso programa dedicado a Tennessee Williams, con teatro, conferencias y hasta concursos callejeros. Parte de la obra de Williams tiene como escenario Nueva Orleans, pero él no nació ni murió en esa ciudad, sino que fue un asiduo visitante. También lo fueron Truman Capote, a quien no se le dedica nada, y Mark Twain.

Twain iba de cuando en cuando al Garden District a visitar a un amigo cuya mansión los turistas deben atisbar desde la calle y entre las rejas cubiertas de higuera.

Nueva Orleans también celebra a Ignatius Reilly, uno de sus hijos más conocidos. El problema es que Ignatius es un personaje de ficción, el excéntrico y siempre hambriento protagonista de la novela La conjura de los necios.

Las personas se toman fotos junto a la estatua de Ignatius, a las puertas de un edificio en Canal Street; hacen el recorrido de cantinas del personaje, comen los famosos lucky dogs y hasta toman cocteles bautizados con el nombre de Ignatius. Del autor de la novela, John Kennedy Toole, apenas sobrevive una placa en una modesta casa en el área de Black Pearl, pero llegar a la casa requiere voluntad y paciencia pues muy pocos la tienen presente y menos aún recuerdan su dirección.

Dama gótica. Una de las escritoras que hizo del culto a sí misma todo un aparato comercial y literario fue Anne Rice, quien rescató la tradición erótica de los vampiros y, en general, del mundo de las tinieblas del Sur de Estados Unidos.

Antes de enviudar, convertirse en católica renovada y finalmente retirarse a una casa en el campo, Rice poseía una mansión frente a la que todo tipo de persona aguardaba por horas esperando saludarla.

La escritora mandó construir un enorme balcón protegido con ventanales hasta el primer piso, donde a veces se la podía ver desde la calle, aunque parecía más una de las sombras de sus libros que una persona de carne y hueso.

Ella también diseñó colecciones de joyería, pero su mejor producto fue Anne Rice. La pasión por los vampiros se fue extendiendo por todo el país. Se crearon cofradías que en Nueva Orleans organizaban congresos y encuentros de vampiros reales y ficticios, fanáticos de lo oculto y expertos académicos en dichos temas.

Esos grupos salían a las calles tarde en la noche, se colaban en algunos cementerios para asistir a rituales con los espíritus y visitaban sitios relacionados con historias de sangre y sucesos sobrenaturales.

Para rematar los encuentros, Rice ofrecía fabulosas fiestas en alguna de sus muchas propiedades. La más notable era un antiguo orfanato –de por sí suficientemente tétrico para albergar espíritus sufrientes y leyendas de horrores– cuyas puertas de cancel estaban resguardadas por dos ángeles.

Todos los asistentes vestían de negro, y quienes se tomaban el asunto verdaderamente en serio incluso parecían seres siniestros.

El antiguo orfanato –luego lugar de encuentro de vampiros– se ha transformado en un condominio de lujo. Nadie volvió a hablar de los espíritus que convocaba Anne Rice.

Doble Poe. A pesar de su importancia cultural, las celebraciones de Poe tienden a ser más discretas, menos festivas. Hay actores que lo personifican, algunos actos oficiales, pero parece incluso que, a tantos años de su muerte, sigue siendo un autor de tonalidades grises.

Su obra policíaca tuvo gran impacto a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero, hacia 1890, las narraciones de Arthur Conan Doyle empezaron a ganar terreno hasta convertir la escuela de literatura policial inglesa en el referente para muchos autores y lectores alrededor del planeta.

Hoy no hay un Edgar Allan Poe, sino al menos dos. El primero, el escritor, tiene sus propios círculos de adeptos, quienes formulan serios análisis y se reúnen para discutirlos. El segundo, el personaje popular, vive del aura de misterio y desgracia de la persona real. Como tal, es un ser cambiante.

Poe ha inspirado películas, un viejo y hermoso álbum del grupo de rock progresivo The Alan Parsons Project y personajes de novelas y cuentos. Alguna vez, los dos se cruzan, como cuando Borges posó para hacerse un retrato junto a la tumba en la esquina de Greene con Fayette.

Ambos personajes también se cruzaron este 19 de enero, cuando docenas de personas esperaron a la intemperie, con temperaturas bajo cero, para asegurar a los huesos de Poe que no abandonarán su sitio de descanso en Baltimore.

EL AUTOR ES ESCRITOR COSTARRICENSE. ACABA DE PUBLICAR EL LIBRO DE CUENTOS ‘VIAJERO QUE HUYE’.

Suplemento Áncora. periódico LA Nación. 25 enero 2009.

03/02/2009 GMT 1

El Calufa desconocido

marfuerte @ 02:08

Personaje

No solo escritor Lector, melómano y aficionado a la caza fue Carlos Luis Fallas en la vida privada
Rosibel Morera Agüero | rosibelmorera@costarricense.cr
Mamá me lo presentó con timidez y sonrojo. Camisa blanca, traje café, sin corbata, el saco de corduroy, los zapatos sin cordón, impecables, el cabello negro peinado hacia atrás. Era enorme, pero no amenazante, se veía cálido, honrado y protector. En mis escasos once años de existencia, aparte de mi padre –yo tendría un año cuando mamá y él se divorciaron–, era el segundo novio que le conocía.

Valga decir que Zahyra Agüero no era mujer de novios ni de amores, a pesar de su indiscutible belleza. Era más bien mujer de inteligencias, enamorada de la palabra culta e incisiva. Calufa era, pues, el indicado; incluso se parecía a mi abuelo, José María, en lo fuerte, lo caballeroso y lo solidario, y en lo orgulloso de su hombría.

Cuando se casaron, Calufa vino a vivir con nosotros. Desde la casona de los Fallas trajo lo poco que le pertenecía: escritorio, colección de discos y biblioteca. Nuestra sala (esas impolutas habitaciones que sólo utilizaban las visitas) se transformó en su estudio, y nuestro comedor en sala-comedor. Un carpintero lo dividió con una armazón barnizada para poner adornos. Fallas cupo bien, como si nuestra modesta casa lo estuviera esperando.

La televisión en blanco y negro y de un solo canal no se volvió a encender. La voz de ambos, alternada, se escuchaba por horas, reclinados sobre la cama, leyendo los autores que Calufa seleccionaba para ella. Le hacía notar los recursos estilísticos, las imágenes bellas, la maestría descriptiva de Eça de Queiros, el terror filtrándose serpentinamente en La anaconda , de Horacio Quiroga.

Años después, yo misma me sorprendería, no por ellos, sino por Calufa, al observar la hermosa caligrafía de sus paisajes.

Mamita Yunai y Gentes y gentecillas transpiran vegetación, no sólo verdad humana. Nunca me atreví a interrumpir aquella mezcla de Eros y Logos que eran sus horas de reposo.

Legados. En cuanto a mí –una preadolescente llena de preguntas–, Carlos Luis me ofrecía libros suficientemente ateos como para equilibrar mi insobornable misticismo, y conversaciones de sobremesa que ponían al rojo mis convicciones religiosas. Como buenos comunistas, ambos eran ateos.

Por el contrario, en primer año de colegio (María Auxiliadora, por imposición de mis tías), yo planeaba una vida monjil al estilo de sor Juana Inés: rodeada de libros, propios y ajenos. Luego de tres años de angustias filosóficas, Calufa me convenció de pasarme al Castella.

Sin embargo, no sólo leí Así se templó el acero ; también me inició en la literatura simple y pura, y en la música clásica fácil al corazón: Grieg, Brahms, Gershwin, Chopin, Tchaikovski. A todo pulmón coreábamos los tres Madama Butterfly y Los gavilanes .

Hoy pienso que Calufa se parecía a Ernest Hemingway y al actor John Wayne por las cañas de pescar y por la carabina de caza que elogiaba, limpiaba y aceitaba con amor, colocada en partes sobre la mesa. En el garaje mandó construir un banco de carpintería, y su colección de herramientas era tema obligado con amigos y camaradas.

Cuando enfermó, mamá y él viajaron a Moscú, donde estuvieron varios meses. Al regreso, la muerte había sellado su rostro.

En la Clínica Bíblica firmó, en el protocolo de Manuel Mora y con Jaime Cerdas como testigo, la cesión a mamá –como pago por una deuda de gratitud y otra de dinero que no sé si era real o imaginaria– de los derechos de autor de sus libros. Fue su manera de asegurar su voluntad de protegerla.

Le gustaba cantar mientras mamá conducía hacia San José. Le lanzaba miradas cuando la letra decía algo especial. Una vez nos llevó de caza de noche. Aterrorizadas, sólo se veían los ojillos de los animales encandilados por la lámpara que llevaba en la frente. Otra vez fuimos de pesca. No pudo convencernos de meter las lombrices en el anzuelo, ni de la enorme belleza de los anzuelos artificiales, ni de repetir semejantes aventuras.

Su deseo insatisfecho: que el partido le diera unos meses sabáticos para contar la revolución del 48. Sus pasiones: la literatura y el partido. Su compromiso: la justicia social, que en su caso –leal a sus convicciones– encarnaba el Partido Comunista. Con su Poema a Calero (personaje de Mamita Yunai ), Pablo Neruda lo lanzó al mundo.

Hay nombres que saltan al mencionar países. Shakespeare, Wilde (Gran Bretaña), Asturias (Guatemala), Borges (Argentina), Darío (Nicaragua), Mistral, Neruda (Chile). Cuando pensamos en Costa Rica, en su lista de autores-icono inevitablemente surge Carlos Luis Fallas, CA-LU-FA.

En el centenario de su nacimiento (21 de enero de 2009), quise recordar públicamente al hombretón que asoma en mi memoria.

LA AUTORA HA PUBLICADO ‘LA PROYECCIÓN ESCÉNICA’ (ENSAYO), ‘TESTIGO INTERIOR’ (NOVELA), ‘LAS RESURRECCIONES Y REENCARNACIONES DE LÁZARO FUENTES’ (CUENTOS), ‘A PESAR DE MUJER (NOVELA) Y ‘YO SÓLO SÉ DECIRME A LOS AMANTES’ (POESÍA).

Suplemento Áncora. periódico La Nación 25 enero 2009.

La autoestima

marfuerte @ 02:06

Miguel Miranda Sandí
miguelmiran@gmail.com
La mayoría de las veces las personas no resaltamos las cosas buenas que hacemos nosotros mismos en la vida, y más bien esperamos que nuestras virtudes sean destacadas por terceros. Pareciera que vivimos una cultura de valores externos, donde solamente hacemos caso a las críticas positivas que otros hacen sobre nuestras propias benevolencias. Si bien es importante el juicio de los demás, lo es todavía más el reconocimiento propio, pues es la antesala para la autoestima.

En este mundo complejo y lleno de contrariedades, admitir que somos valiosos representa el primer paso para saber que somos capaces de comportarnos con amor, respeto y tolerancia. Sentir amor por los demás es importante, pero sentir amor hacia nosotros mismos es fundamental para garantizar nuestra supervivencia en este mundo de tantas contrariedades, pero aún así hermoso. Si nosotros no somos capaces de sentir amor hacia nosotros mismos, jamás lo seremos para expresarlo hacia quienes nos rodean. El amor es un concepto amplio, tenemos que dar amor, ciertamente, pero darnos ese mismo amor a nosotros mismos nos hace mucho más susceptibles y más humanos.

Es por ello, que el primer paso hacia un mundo mejor está en amarnos a nosotros mismos, pues en la vida práctica significa darnos una oportunidad para ser felices; y nuestra felicidad significa intentar ser cada día mejores, mejores padres, mejores hijos, mejores vecinos, mejores trabajadores, mejores estudiantes, mejores compañeros. Y lo mejor es intentarlo mientras disfrutamos de la vida, comportándonos con honestidad, respeto, decencia y rectitud.

Cuando las personas no sienten amor por ellas mismas, cuando no se guardan respeto y consideración, entonces quedan atrapadas en la depresión, llegando incluso al extremo de perder el control sobre sus vidas. Se sienten personas fracasadas, sin ningún tipo de proyección, es decir, personas que no han encontrado la verdadera razón de la vida, que no han descubierto su importancia como seres humanos dentro de la complejidad del mundo.

periódico La Prensa Libre 24 enero 2009.

Germinal

marfuerte @ 02:04

Año III No. 99

Alfonso Chase
Carlos Luis Fallas (1909-1966) es uno de los escritores de más recia construcción en lo que fuera, y sigue siendo, el realismo naturalista costarricense, para darle la acertada inclusión que hicieron de él los críticos de su época. Su infancia y adolescencia, en un hogar proletario, le formaron en el conocimiento del pueblo costarricense, en sus raíces más profundas. Su militancia en las ideas de la clase obrera, el marxismo de su época y su inclusión en las actividades del Partido Comunista, desde sus inicios, le dieron una cultura política enraizada en la actividad misma de las transformaciones sociales y, como lector impenitente, formó en su mente una cultura vasta, de lector crítico en el aprecio por libros, ensayos, artículos o conversaciones con sectores populares, así como con el trabajo de su padre adoptivo, un obrero zapatero, que le puso en contacto con la vida misma en su labor diaria. Como el siempre tuvo la voluntad de expresarlo, su maestra en la creación literaria fue Carmen Lyra, que lo puso en contacto, a los 22 años, con los grandes creadores de la literatura francesa y rusa, de finales de siglo XIX. Y el resto de la historia. Los primeros esbozos literarios de Fallas fueron informes de sus labores en el activismo social de su partido, luego del que hizo sobre las elecciones en la lejana Talamanca, 1940, nació su trabajo como escritor: Mamita Yunai fue su resultado inicial como libro, y no como colección de artículos de periodismo. Siendo una persona de una sensibilidad excepcional, siguió escribiendo con maestría en la creación de caracteres, luego convertidos en personajes, la mayoría producidos por su convivio con obreros, barreteros, niños en su infancia, teniendo todos un toque autobiográfico notable y lleno de sus propias anécdotas. Su obra culmina con “Gentes y Gentecillas”, uno de los libros más hermosos de nuestra narrativa, más algunos otros opúsculos de menor intensidad literaria. Para los que seguimos siendo sus amigos, protegidos por el halo de su personalidad inolvidable, celebrar su primer centenario es obligación y mandato.

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• Carlos Luis Fallas
El diluvio
©Del texto: Rosibel Morera Agüero
© Fotografía: Archivo personal del compilador
Quince días de furioso temporal.
El valle se ahoga en una tristeza desesperante. El sol, la luna, las estrellas, todo se ha borrado del cielo, sombrío, gris oscuro en el día y de profunda negrura por las noches. Allá lejos, las montañas y los cerros emergen de cuando en cuando como negros fantasmas, para hundirse luego y esfumarse otra vez entre el espeso neblinaje.

Agua sucia y barro pegajoso. En los cafetales se forman inmensos pantanos oscuros y dormidos; la plazuela es un lago turbio que se extiende y se mete por debajo de las humildes casillas, por el carril de la línea baja un arroyo lodoso. Y los ríos, hinchados y revueltos, arrastran grandes palizadas y mugen amenazantes día y noche.

Llueve, Pasan silbando ráfagas de viento frío y cortante. Y cuando el trueno ronca sordamente en la oscura lejanía, el aguacero arrecia y golpea con furia los techos de zinc.

Se han paralizado todos los trabajos de la hacienda. Los hombres dormitan el día entero acurrucados en sus camastros, o se agrupan en los corredores, muy encogidos, envueltos en sus gangoches, y cobijas y conversan en voz baja; de vez en cuando algún viejo se arrima a la baranda, estira el pescuezo, husmea detenidamente el cielo y moviendo afligido la cabeza se acuclilla de nuevo junto a los demás.

-Hum, esto va pa largo, ¿saben? Y los ríos se van a botar ajuera… Carambas, y si la cosa tupe nos vamos a tener que comer hasta los perros.

-Ujum…
Y fuman o mascan tabaco.

Felipe aprovecha el temporal haciendo hermosos trabajos: ya terminó el famoso ramo de doña Rosita. Jacinto se entretiene contando cuentos, que arregla a su manera. Nunca le falta auditorio, y los sencillos vecinos se divierten oyendo sus grandes mentiras. Los muchachos se arrodajan en el corredor y pasan las horas pendientes de los labios de Jacinto que, acurrucado sobre un banco, arrollado hasta las orejas en su cobija colorada, va hilvanando sus fantasías, no sin hacer de vez en cuando a sus oyentes la misma advertencia.

-No me echen cuechas en el piso. Estiren un poco el pescuezo y escupan ajuera.

Y vuelve a su relato:
-¿Por ónde iba? Ah, si, güeno… Entonces Tatica Dios le dijo a su pariente: “Así que ya sabés, Nue: lloverá cuarenta mil días y cuarenta mil noches, contadas con la mano. Te hacés el Arca y te metés allí con sólo una pareja’e cada animal. ¡Cuidado con la cuenta…”! Y el Hombre Güeno y Justo contrató a todos los carpinteros de la vecindá y ‘hicieron un Arca‘e puro cedro amargo, que era como un barco grandisísimo, como todas estas casas juntas. Y ya comenzaron a llegar, una tras de la otra, todas las parejas de animales habidos y por haber: hormiguitas, caballos, tigres, leones, elefantes…
Desde el interior interrumpe Felipe, burlón:
-¿Cómo hicieron pa’ que entraran los elefantes, que dicen que son del tamaño de una montaña?
-Esos son cuentos –afirma Jacinto- Los elefantes coloraos, que son los más grandes y juertes, apenas serán del tamaño de un cerro. Y el Hombre Güeno escogió dos acabaos de nacer, tan chiquiticos que tenía que darles chupón, y esos apenas serían como dos casas de éstas, encajadas una encima‘e la otra.

-Yo que Nue hubiera dejao a los bichos malos por juera, pa que se ahogaran- apunta uno de los oyentes.

-¡Ahí sí que no! Esos jueron los primeros que entraron. El Hombre Güeno y Justo no podía matar a sus nigüitas, ni sus piojitos, ni sus pulguitas, ni sus alepaticos…
Ríe el auditorio y se rascan algunos como si estuvieran tirados en sus camastros soportando, como siempre, a los bichos que el Hombre Güeno y Justo se empeñó en salvar.

-… y ya estaban todos los animales reuníos y acomodaos. Pero, ora verán: resulta que Jue tenía una suegra que era un demonio, como casi todas. Era muy vieja y fea y se ponía muchos polvos y colorete pa taparse las arrugas, y usaba unos vestidos con más colores que un arcu‘iris. ¡Y qué lengua que se gastaba la suegrita! Cuentos, enredos y habladas desde por la mañana hasta que anochyecía que ya el pobre Nue estaba azurumbao. Y el Hombre Güeno y Justo, quería aprovechar la oportunidad pa quitársela de encima. Entonces se jue a consultar con Tatica Dios. Y el Señor, onde lo vio llegar al Cielo, se puso a reír y le preguntó: “Idiay, ¿qué andás haciendo por aquí? ¿Ya tenés todos listo, como te lo dejé ordenao?” “Si, señor”, contestó Nue, “pero hay una cosa: yo podré estar encerrao los cuarenta mil días y las cuarenta mil noches con los tigres y los liones y las culebras; eso está bien. Pero lo que es con mi suegra no me encierro ni una semana. ¡eso si que no! Y alguna consideración le debe tener usté a su pariente, que está viejo y muy enfermo”- ”¿Y qué querés?” le preguntó el Señor. “Pos, que se la traiga pa acá de una vez”, dijo él. “¡Ave María Purísima!”, dijo el Señor, muy asustao; “¡Eso si que no te lo concedo, Nue! Yo tengo aquí cien mil vírgenes que están aguardando apenas que les toquen la lengua un poquito. ¡Dios guarde!, ¿si me las alborota esa vieja ónde me meto yo?” “Pos, mandémola entonces pal infierno”, dijo Nue. “Tampoco”, contestó el Señor; “vos sabés que aquél es enemigo mío, y no quiero que mañana, vaya a decir que yo me ando desquitando con cochinadas”, Y como el Hombre Güeno se puso muy afligido, el Señor después de pensar un rato, le dijo: “Andá vete tranquilo, que ya todo está arreglado. Y corré, porque ya voy echar el agua”. Y cuando Noe llegó al Arca, se encontró allí con un pajarraco muy raro; tenía plumas de todos colores, la cara arrugada y blanca, una lengua negra y gruesota, y estaba haciendo gran escándalo y peliando con las gallinas y con todos los animales. “Esta no es otra que mi suegra”, se pensó Nue. Y cogió el tal pajarraco, lo metió en una jaula de alambre y lo puso en el último rincón. Así jue como resultaron los papagallos, que no se conocían antes del Diluvio.

“Y entonces comenzó a llover y llover, mucho más juerte que ora. Y el agua comenzó a subir y subir, y el Arca también. Y el Hombre Güeno se puso muy triste y se pasaba arrecostao a la ventana, viendo la lluvia y mascando su cuecha. Vinieron entonces los elefantes que se habían quedao por juera, le dieron grandes cabezazos al Arca y le dijeron: “ Nos dejás entrar a nosotros también o te aplastamos el Arca” Y él les dijo: “No. Es orden de mi pariente‘e que sólo una pareja deje entrar”. Y todos los elefantes dijieron: “Que se haa su Santa Voluntá”, y se juegon y se ‘ hogaron. Llegaron después las hormiguitas y se pusieron a rogale: “Señor Nue, que nosotras somos muy chiquiticas y que en cualquier rinconcito nos acomodamos”. “No. Es orden de mi pariente‘e que sólo una parejita deje entrar”. “Que se haga su Santa Voluntá”, dijeron las hormigas y se jueron y se‘hogaron. Y lo mismo pasó con todos los animales. Después llegaron los hombres y mandaron el abogao, con gran bombín y todo, y él llegó a la ventana con muchos libros y leyes haciendo grandes alegatos y enredos. Pero Nue le dijo: “No. Por orden de mi pariente sólo yo me puedo salvar”. El abogao se puso muy bravo y dijo que esas preferencias estaban contra la ley y que él iba a poner gran pleito ante la Corte Celestial; y eso mismo aconsejó a los hombres. Pero éstos dijeron: “No. Que se haga la Santa Voluntá del Señor”. Y también se jueron y se‘hogaron todos.

“De último llegaron las mujeres y se acercaron a la ventana con muchas mañas y haciéndole ojitos al viejo. “¿Verdá, corazón, que vos tenés tu rinconcito pa tu negrita que te quiere tanto?”, y le jalaban el bigote y le hacían cosquillas en las orejas. Pero Nue era gallo-muy jugao y les dijo: “No, Con una mujer tengo y me sobra; y ojalá se juera con ustedes y se‘hogara también”. Entonces las mujeres se pusieron furiosas y comenzaron a llorar y hablar, y hablar y más hablar. Y pasaban los días y llovía y más llovía y el Arca iba subiendo, y ellas pegadas a la ventana, dele que dele con su lloradera y habladera, hasta que el pobre Nue se puso como loco y salió corriendo pa onde su pariente. El Señor, onde lo vió llegar, le preguntó: “¿Qué es lo que andás buscando por aquí?” “Nada”, dijo el hombre Güeno; “es que vengo a que me quite esas viejas de encima, no es tanto lo que lloran como lo que joden con su habladerea. Yo ya no las soporto”. “¿Y qué querés que haga yo? Ya sabés que a mí no me gusta meteme en esas vainas”, dijo el Señor muy disgustao. “Pos, usté se las trae pa acá y las acomoda por ahí, en algún rincón”. El Señor, al oír eso, se puso que echaba fuego‘epuro bravo; “¿Qué‘s lo que estás diciendo? ¡Eso nunca lo haré yo! ¡Aquí no quiero quebraderos de cabeza!” “Caramba, qué vaina”, dijo Nue muy afligío, “pos, mandémolas más que sea pal infierno” Y el Señor dijo: “Tampoco. No quiero qué aquel diga que yo me aprovechyo pa echarla la basura”. Y como el Hombre Güeno se puso muy triste, el Señor, después de pensarlo un ratico, le dijo: “Andá vete tranquilo, que ya todo está arreglao, Y no me vengás más aquí con tus jodederas, porque tenés que saber que yo estoy muy ocupao…”

Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 24 enero 2009.

Bolt

marfuerte @ 02:01

Animado sin grandes aspiraciones
Por: Gabriel Gutiérrez R.
gutgabriel@gmail.com

Bolt es la primera película de animación por computadora realizada por Disney sin la colaboración de Pixar. Si algo distingue las producciones de Pixar es la gran versatilidad en las historias e innovación; Bolt casi logra entrar a este departamento.

Se cuenta la historia de un perro estrella de un programa de televisión que cree vivir dentro de la realidad del programa. No conoce el mundo exterior por estar encerrado en un remolque y vive pensando que debe luchar continuamente contra los malos y los gatos; hasta el día que escapa, se pierde y debe volver a su persona, Penny.

Es una típica historia de un personaje perdido que va en busca de su antigua casa y en el camino aprende mucho de sí mismo. Con la ayuda de personajes que conoce en el camino.

Los tres personajes principales, el perro Bolt, el gato Mittens y el hámster Rhino fueron creados con gran detalle, en especial se nota con la escena cuando Mittens le enseña a Bolt a hacer una carita de perrito. Sin embargo, la película carece de ese ingrediente que haga de una historia con trama conocida, algo a la vez única.

Aún así, Bolt contiene una gran crítica hacia el problema que viven las jóvenes estrellas (irónicamente protagonistas de Disney) que deben vivir bajo ciertas regulaciones para continuar atrayendo al público infantil. Si se salen del sendero de lo pulcro son altamente criticados y en algunos casos censurados.

Parece que estas estrellas debe creerse ser el personaje que interpretan para no caer en ninguna tentación del mundo real, algo así como Bolt. También deja una gran moraleja que ojalá los padres pongan la atención debida para que se la pasen a los niños.

La producción de Bolt duró 18 meses, mientras una película de Pixar tarda en promedio 4 años. Ahí se nota el nivel de detalle en la historia y como se procura crear una sincronía entre personajes y trama que hagan de la película algo inolvidable.

A pesar de ello, Bolt tiene secuencias de acción muy bien realizadas, para entretenimiento de grandes y pequeños. El humor de la película irá de la mano primeramente de unas palomas y luego del hámster Rhino.

Así, que quienes esperan una película entretenida, Bolt no los decepcionará.

Recomendada

Título original: Bolt . Director: Chris Williams y Byron Howard. Productor: Clark Spencer y John Lassetter. Distribución: Disney Animated. Guión: Chris Willimas y Dan Fogelman de una idea de Chris Sanders. Dirección de arte: Paul A. Félix. Música: John Powell. Montaje: Tim Mertens. Interpretes: John Travolta (Bolt), Miley Cyrus (Penny), Susie Essman (Mittens), Mark Walton (Rhino). Duración: 96 minutos. País: EE.UU. Año: 2008.

Género: Animación por computadora.

Revista Abanico. priódico La Prensa Libre 24 enero 2009.

Un pacto para la dictadura

marfuerte @ 01:59

José Daniel Rodríguez | josedanielcr@gmail.com

Daniel Ortega está eliminando los preceptos básicos de la democracia
Politólogo

Hace ya bastantes meses habíamos comentado, en estas mismas páginas, sobre la expectativa creada con la llegada de nuevo al poder de Daniel Ortega en Nicaragua y luego sobre posibles consecuencias del polémico pacto con Arnoldo Alemán. Ya las estamos presenciando y parece sencillamente increíble.

Sobre el primer punto debemos decir que Nicaragua está siendo tomada cada vez más por un Daniel Ortega que llegó democráticamente a la presidencia, pero que ahora está eliminando poco a poco los preceptos básicos de este sistema acumulando cada vez más y más poder en detrimento de todo aquello que se convierta en un obstáculo para su proyecto so pretexto de revolución y de ser un bastión contra el imperio del norte.

Frágil oposición. Y es que el hermano país es como una masa amorfa que Ortega moldea a su gusto. Cuando las organizaciones no gubernamentales defensoras de los derechos humanos levantaron su voz fueron expulsadas con el siempre eficaz epíteto de “intromisión en los asuntos internos”.

Y, si para una democracia la crítica y oposición de los medios son indispensables para su salud, entonces esta se encuentra muy enferma en Nicaragua, ya que los medios son enjuiciados y extorsionados, porque, claro, no hay forma de perder en un sistema judicial tomado por la causa de este gobernante desde los tiempos del citado pacto.

Hacia la dictadura. Lo anterior nos lleva finalmente al segundo punto: la sentencia a 20 años del expresidente Alemán desapareció, de manera tan simple y sencilla como inverosímil.

El pacto quedó consumado y las deudas saldadas por medio de un sistema que hace mucho dejó la justicia de lado para dar campo a actos para los que cualquier calificativo queda corto.

¿Para qué proteger los derechos fundamentales si con componendas y autoritarismo se consigue más rápidamente lo que realmente se quiere?

Muy claro tiene esto Daniel Ortega y su proyecto camina a pasos agigantados, pisando todo aquello que le complique el camino; y cuando, finalmente, se apruebe la reelección, se extenderá más su estadía en el poder.

Por ello nos encontramos simplemente frente a una dictadura viento en popa...
periódico La Nación 24 enero 2009.

OTRAS INICIATIVAS

marfuerte @ 01:56

Juan Luis Mendoza
Me refiero a esas iniciativas propias de las personas positivas. En dos escritos anteriores aludí ya a la capacidad para enfrentarse a las dificultades y ejercer las acciones correspondientes para superarlas. Sigo hoy con la descripción de esa clase de personas en las que se dan además estas otras iniciativas: el tomar los mandos de su propia vida, el incrementar la autoestima, el asumir sus responsabilidades, el cultivar la fuerza de voluntad, la mente y el espíritu.

Firmemente asentada en sí misma, esperanzada y entusiasmada, la persona positiva crece en la fe y convicción de que ella y nadie más es quien comanda su destino, quien controla el mundo en que se desenvuelve, dueña y señora de la situación, quien capitanea su propia embarcación.

Afirma Bernabé Tierno Jiménez que “quienes ven la vida de forma positiva mantienen el sentimiento de la propia competencia y capacidad, con la seguridad y la confianza que proporcionan los pequeños éxitos, los triunfos y logros que, por muy pequeños que sean, alientan la convicción positiva de estar capacitadas para poder afrontar cuestiones, programas y metas muchas más difíciles y costosos”. Todo ello contribuye muy eficazmente a incrementar la autoestima, fundamento del positivismo.

Es bastante común entre los seres humanos el echar la culpa de los propios fracasos o la penosa situación en que se está a los demás o a lo demás. La “culpa” probablemente no la tenga nadie ni nada, pero el origen del mal está en uno mismo, y el remedio también. Así que a asumir las propias responsabilidades de los fallos en que hayamos incurrido y a darles solución si la tienen. Todo depende de cada quien.

Sigo con el tema en un próximo escrito, Dios mediante.
Diario Extra 24 enero 2009.

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