Columna Surco
Francisco Barahona R.
Por razones de inseguridad en el barrio donde vivo, luego de reiterados robos, asaltos, tachas de autos, bajonazos, consumo de drogas en nuestro parque y un largo etcétera, los vecinos nos vimos obligados a organizarnos con el fin de reducir estos hechos, agravados por unos vigilantes privados que casi no existen o peor aún, pueden ser hasta socios de estas tropelías. Existe, además, un individualismo creciente, donde una buena cantidad de vecinos viven de espaldas al otro, se hacen de la vista gorda, no cooperan y finalmente con sus actitudes no solidarias favorecen al hampa.
Supongo que lo dicho puede aplicarse hoy en nuestra Costa Rica a muchas comunidades y barrios donde lo que menos impera es la solidaridad, el esfuerzo común organizado y la búsqueda de soluciones a los problemas de seguridad ciudadanos; pese a que todos, absolutamente todos, dependemos de los demás y debemos construir con nuestro grano de arena personal en la solución de estos problemas y no depender, vano intento, solamente de la policía o de empresas privadas de seguridad que a veces brindan más inseguridad de lo imaginable.
Nuestra experiencia como vecinos puede ser útil a aquellos lectores que tienen a bien seguir los artículos de esta columna y es por ello que he decidido escribir contando un poco esta experiencia singular. Comenzaré por afirmar que en un barrio residencial la organización es central en la búsqueda de soluciones puntuales, no solo a los problemas de inseguridad, sino también a las humanas y existenciales de sus integrantes. Pero, además, solo mediante la organización comunitaria propia y el apoyo de otros sectores como el del Ministerio de Seguridad Pública y el de la respectiva municipalidad y los comités de desarrollo comunal es que podemos hacer algo práctico y efectivo, tratando de reducir el impacto del hampa en nuestras comunidades. No hacer nada o buscar soluciones aisladas o individualistas, como armarnos, no conduce a resolver los problemas de inseguridad.
En este sentido, desde febrero los vecinos interesados de nuestro barrio hemos estado recibiendo el curso de Seguridad Comunitaria que nos imparte una vez por semana el Ministerio de Seguridad Pública, con la feliz experiencia de que todos hemos aprendido mucho gracias a sus instructores e instructoras que, además de gentiles, nos han dado pruebas reiteradas de su vocación por servir y sobre todo para prevenir, ayudando a organizarnos
adecuadamente, no solo con conocimientos generales, sino con la preparación de una
programa concreto o plan de acción que contempla medidas concretas de autodefensa colectiva, tales como la instalación de alarmas compartidas, establecimiento de redes de comunicación rápida, vigilancia, monitoreo y acción en caso de necesidad, así como los mejores canales de comunicación con las autoridades en casos de urgencia y presencia de delitos como el robo u otros.
Quiero destacar aquí la labor de este equipo de mujeres y hombres que constituyen el programa de la Policía Comunitaria, con el que hemos estado en contacto ya por varios meses; sus consejos siempre amables y directos, sus charlas participativas y sus materiales son, sin duda, un instrumento eficaz, más allá de la mera y a veces necesaria represión de hechos criminales, que constituye una buena lección aprendida para un mejor vivir o, como decimos ahora, mejorar nuestra calidad de vida en un área tan importante como la seguridad. Sin duda que los vecinos de nuestro barrio tenemos por delante mucho trabajo por hacer.
La primera página de LA PRENSA LIBRE de ayer contiene una excelente foto de los 1.000 nuevos policías graduados como parte de los esfuerzos para mejorar la seguridad nacional, vaya el relato de esta experiencia para destacar algo positivo y necesario como agradecimiento.
Periódico La Prensa Libre 10 de mayo 2007.

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