columna Enfoque
Jorge Vargas Cullell
jovargas@nacion.com
El presidente Lula firmó un decreto que quebró en Brasil la patente de la empresa estadounidense Merck sobre el medicamento Efavirenz para enfermos de sida. En adelante, su país importará un genérico, fabricado en la India a partir de la receta original, para tratar a cerca de 75.000 personas. Efavirenz significa un costo anual por paciente de 580 dólares y el medicamento indio implicará uno de 170. Brasil estima que, en total, ahorrará 237 millones de dólares de aquí al 2012, cuando expire la patente de Merck .
El precio comercial deEfavirenz en Brasil es de 1,59 dólares. El Gobierno quería que se vendiera a 0,65 dólares, el precio queMerck cobra en Tailandia (país que en noviembre pasado tomó una medida similar a la brasileña en contra de otros medicamentos para el sida).Merck ofertó un descuento de 30%, disminución que los brasileños consideraron insuficiente. Ahora comprarán el medicamento genérico a un precio de 0,45 dólares (menos de una tercera parte del precio original).
Merckobtendrá un pequeño ingreso por las ventas del genérico indio, según las leyes brasileñas y las normas de la Organización Mundial de la Salud, que permiten quebrar patentes en situaciones de emergencia médica o cuando hay abuso de precios. La decisión tailandesa antes mencionada implicó que Estados Unidos colocara a este país en la lista de naciones que violan los derechos de propiedad intelectual. Brasil arriesga una consecuencia similar.
La empresa señala que ella establece los precios según el nivel de desarrollo, que Brasil es la duodécima potencia del mundo y, por tanto, posee capacidad para pagar precios más altos. Añade que la decisión de Lula manda una mala señal a los inversionistas que financiaron las costosas investigaciones requeridas para producir la medicina, sin las cuales no habría ni esta droga ni su genérico. Por su parte, Lula calificó de grotesca y no ética la diferencia de precios y agregó que, puesto a escoger entre negocio y salud, en este caso prefiere defender a los enfermos.
No soy especialista en estos temas, pero intuyo que pocos eventos recientes retratan tan bien el difícil acomodo entre el derecho de propiedad intelectual, que los países avanzados impulsan vigorosamente, y el derecho a la salud, ambos estipulados en diversas normas internacionales y legislaciones nacionales. Sé que estas cosas nunca son simples y los equilibrios, precarios.
En nuestro país nada sería mejor que una buena discusión sobre el conflicto entre estos derechos puesto que mucho atañe a nuestra seguridad social. Me gustaría pensar que Lula no solo hizo bien, sino que tiene la ley a su favor.
Periódico La Nación 10 de mayo 2007.

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