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RESONOCO

15/05/2007 GMT 1

Comunidad de fe: ¿Puede ser neutral?

marfuerte @ 00:10

Ocean Castillo Loría.

Muchos han criticado y otros tantos han alabado la proclamación de neutralidad frente al tema del DR –CAFTA, por parte de la Iglesia Católica. Quienes están a favor de esta tesis, son aquellos grupos quienes se encuentran a favor del Tratado y el gobierno de la República. Por otro lado, se hallan en contra los grupos que se oponen a dicho documento y ciertos sectores de la Iglesia, quienes consideran que con esta medida se incumple una función profética de denuncia y evangélica.

Aquí hay que recordar que durante la campaña electoral pasada, el discurso de la Iglesia Católica al igual que el de otras comunidades de fe (Como la Iglesia Luterana o los Jesuitas en El Salvador), tendía a oponerse al acuerdo comercial en cuestión.

Tal posición varió con motivo de la visita del Presidente de la República al Vaticano el año pasado, en la que se solicitó que esa instancia pidiera al Catolicismo Costarricense neutralidad frente al tema.

Es claro que el presidente de la República asumió una posición propia del realismo político, al valorar a la Iglesia Católica como una estructura más del sistema social, por ende, (Según la visión del gobierno) no está exenta de ser objeto de estrategias políticas por parte de las otras estructuras. Y esto es precisamente lo que hizo el presidente, quien visualizó la posición de la iglesia como contraria a lo que el ejecutivo ha definido como interés nacional (La aprobación del TLC)

El resultado de esta maniobra fue un cambio en la posición de la Iglesia Católica que puede resumirse de este modo: “Puesto que los criterios sobre el TLC dentro de la feligresía son variados, la jerarquía se atiene a la neutralidad”.

Valga decir, que dicha neutralidad no puede hallar sustento en la Biblia cuando el Dios de los cristianos es capaz de intervenir en la historia para liberar a su pueblo de Egipto (Éxodo 3: 7 – 8), denunciar las corruptelas de la monarquía israelita a través de los profetas (1 Reyes 21: 8) y proclamar por medio de Jesús la llegada del Reino de Dios (Lucas 4: 18 – 19)

Del mismo modo, puede observarse como a lo largo de la historia, la Iglesia no se ha desentendido de los aspectos sociales. Basta leer a Santos Padres como Basilio de Cesaréa entre otros.

Asimismo en América Latina, se observa un activo papel por parte determinados sectores de la Iglesia a favor de los oprimidos, tal es el caso de Bartolomé de las Casas o Antonio de Valdivieso.

En Costa Rica, es a todas luces evidente que la Iglesia ejerce un papel importante en la defensa de los derechos de los trabajadores, como lo hiciera Mons. Thiel en lo referente al justo salario en 1893 o Jorge Volio: “Que sea el sacerdote el que abra la mente a los campesinos, a los políticos, a los economistas, a los sociólogos, para que tomen conciencia de los problemas que abaten al mundo contemporáneo”.

En esta misma lógica se inscribe Mons. Sanabria: “El orden económico, si quiere ser justo, no es independiente del orden moral y religioso, sino que está subordinado a éste…”.

Posteriormente, ya en el Concilio Vaticano II, el tema económico – social no queda por fuera de la reflexión de la Iglesia: “Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo estrictamente necesario, algunos aun en los países menos desarrollados, viven en la opulencia o malgastan sin consideración. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras un pequeño número de hombres dispone de amplísimo poder de decisión, otros, están privados de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo en condiciones de vida y trabajo indigna de la persona humana…” (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Segunda parte: Algunos problemas más urgentes: capítulo III: La vida económico – social. Numeral 63)

Es a partir de las orientaciones del Concilio que se organiza el Sínodo regional de Medellín en 1968. Allí, se aborda la dimensión política de la fe y se renuncia a la neutralidad para expresar: “El episcopado latinoamericano no puede quedar indiferente ante las tremendas injusticias sociales existentes en América Latina…” (Medellín, pobreza, n. 1 y 2)

En el Sínodo Regional de Puebla, la Iglesia renuncia a la neutralidad para colaborar en la liberación de los pueblos y en la edificación de una sociedad más pluralista (Puebla 1206)

Esta renuncia a la neutralidad a favor del pobre, tiene sus consecuencias, ya lo explicaría el mártir Mons. Oscar Arnulfo Romero: “por defender al pobre la iglesia ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del Estado…”

Es obvio que la Iglesia no puede pronunciarse con criterios técnicos, pero el Magisterio en el ámbito de la Doctrina Social de la Iglesia, ha hecho un análisis del capitalismo en el que se enmarca el DR – CAFTA. Adicionalmente, la comunidad de fe cuenta con los laicos y laicas con capacidad técnica para abordar el tema.

Es decir, la Iglesia puede hacer referencia a:

1) Los aspectos en los que este acuerdo comercial permite un aumento de la productividad.

2) Si el DR – CAFTA permite el poder ilimitado de la propiedad olvidando el bien común.

3) Si el documento en cuestión niega o desconoce la dignidad humana al enfatizar su rol de trabajador sin otra cosa que comerciar que su fuerza de trabajo al servicio de los medios de producción y sus dueños y a su dinero.

4) Si se subordina lo moral a lo económico. Es decir, si de lo que se plantea es ganar dinero sin interesar los medios.

5) Si las aperturas que se plantean podrían legitimar otro tipo de monopolios (De corte privado) que sustentan el poder de los más fuertes.

6) Si las formas jurídicas que se plantean podrían fomentar injusticias.

7) Si se construye la unidad social por una adecuada reglamentación de la oferta y la demanda.

8) Si hay una adecuada reglamentación del ejercicio del trabajo, siendo éste regulado por marcos morales y jurídicos.

9) Si el Estado mantiene su papel de guardián y promotor del bien común y se le respeta su capacidad y obligación de intervenir en la concreción de la justicia y la igualdad entre las y los costarricenses.

Como puede verse, de todo lo dicho hasta aquí se puede concluir que la comunidad de fe o Iglesia no puede ser neutral ante las situaciones políticas – económicas y sociales en las que los y las creyentes se hallan inmersos.

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