El camino del Socialismo Cuántico.
Ocean Castillo Loría.
Este es el título de la más reciente obra del Ing. Dr. Rolando Araya y que, por su aporte a la teoría política vale la pena comentar. En su obra más acabada, Araya analiza la epistemología sobre la que se ha sustentado por largo tiempo el análisis de la realidad (El materialismo), concluyendo que tal paradigma resulta insuficiente, y que ahora lo que conocemos como realidad debe abordarse bajo el concepto unitario de la física cuántica. A partir de allí, el político basa su idea del socialismo cuántico que tiene su raíz en la transformación espiritual, por la cual, se concretará la solidaridad postulada por diversas doctrinas políticas.
Ahora bien, la unidad de la que parte la física cuántica permite observar la interrelación integral de lo que otros estudiosos han denominado los sistemas o subsistemas político, económico y social. La diferencia con esos planteamientos y los de Araya es precisamente que en este último, se parte de la unidad y no de la división analítica (Es decir, en realidad no podría hablarse de objetividad y subjetividad). Para este autor, es precisamente tal división la que ha conducido a exaltar el individualismo, la lucha por el poder y los diversos conflictos.
Así las cosas, por su capacidad de transformación, y relación, tanto el individuo como la sociedad se complementan. Los pensamientos de la colectividad se traducen en la información que permite el cambio del entorno. De modo que, no es por medio de acciones externas que pueden haber cambios perennes en la realidad.
Es por esta razón que la principal acción política debe darse en la conciencia colectiva. Donde debe interiorizarse un pensamiento ecológico (integrador e interesado en la relación con el todo) que impacte a la economía y a la política.
Tal pensamiento debe coadyuvar a la solución de los problemas ambientales, políticos y sociales que son fruto de una cantidad de energía irrecuperable en cada proceso, y que origina lo que se conoce como entropía.
Asimismo, debe comprenderse que el ser humano es más complejo que su rol de oferente y demandante en el ámbito económico. Por lo que, la verdadera libertad humana supera la esfera de la libertad económica.
Adicionalmente, se entiende que la dinámica económica no es comprensible en su totalidad por los modelos científicamente establecidos, esto en el tanto éstos tienen un sustento materialista y reduccionista que es limitado.
Lo que se denomina realidad debe ser comprendido de manera holística basada en la teoría de sistemas y del entendimiento y encuentro de la conciencia de unidad de esa realidad. Tal visión integrada conduciría a su vez, a una integración de los pensamientos y sentimientos del ser humano que nos llevaría a la cooperación y la solidaridad. Es por ello que debe lucharse por que la humanidad logre esa visión totalizante. Esa es la verdadera lucha por el bienestar. Por tal razón, no es suficiente decretar jurídicamente un régimen solidario si el colectivo humano no ha tenido una transformación que los conduzca a la solidaridad.
De ahí que una conclusión del texto es que el avance humano siempre ha sido producto de una elevación de su conciencia. Fundamentados en ello, es que se afirma que el cambio mundial no provendrá del sistema jurídico o del sistema político, sino del ámbito espiritual, por medio del amor.
Es indudable, que esta idea no es nueva, ya en el budismo Zen o tibetano y en el cristianismo se expresa una cosa de este tipo. Lo que podría resultar ciertamente novedoso es que se plantee en la búsqueda de una mejor forma de convivencia colectiva. Es decir, en una materia eminentemente política. Debe reconocerse que la espiritualidad no es un tema contemplado en la ciencia política.
Como puede verse, el énfasis individualista que promueve la competencia motor de ideologías como el neoliberalismo, es sustituida por la comprensión de que la naturaleza no podría sobrevivir solo por dicha competencia, sino que también y de manera más importante, porque se dan las relaciones de cooperación. Del mismo modo, la cooperación es esencial para la vida humana, vida humana que solo es posible por el beneficio de los otros, lo que implica a su vez, mi propio beneficio.
Es así que el orden social debe basarse en la complementariedad más que en la lucha de clases o la competencia. En este punto, podría profundizarse que tal complementariedad podría lograrse en la búsqueda de lenguajes comunes tal y como lo postula J. Habermas.
En suma, el Socialismo Cuántico es ecológico, holístico y autopoietico es decir se auto produce desde el cambio individual y grupal de la mentalidad materialista, competitiva y egoísta que hoy pondera.
Ahora, más que un modelo ideológico, dicho socialismo es un camino que respeta el espacio y tiempo histórico de cada cultura. Aquí debe recordarse que el concepto de espacio y tiempo histórico es fruto de pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre, quienes sostenían que para propiciar el desarrollo debía respetarse el espacio y tiempo en que se encontraba cada país por lo que, modelos hegemónicos (Universales) no eran útiles, ya que forzaban a la quema de estadios por parte de ciertas sociedades.
Desde la perspectiva teórico - política, Araya se ubica en el plano de una nueva izquierda que encuentra su base en las escalas de valores, el crecimiento mental y la espiritualidad. Se aleja así el foco de los cambios jurídicos, las ideologías y los modelos económicos como sí lo hacen el marxismo, el liberalismo y el hoy llamado socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia)
En esta lógica, el rumbo histórico de una sociedad no queda definido por una mayor o menor intervención del Estado o del mercado, sino, por el descubrimiento de sus escalas de valores y sus creencias. Como consecuencia de ello, contrario a una globalización homogenizante, se rescata la diversidad de las idiosincrasias y la unidad en la diversidad.
Tal y como lo concluye literalmente el autor: “No puede haber cambio sin cambiar la conciencia humana, sin la experiencia de nuevas escalas de valores, sin una cosmovisión distinta”.
Precisamente lo que debe fomentarse es la libertad para el cambio de esa conciencia y la experimentación de esas nuevas escalas y cosmovisión. Lo contrario, es una reclusión del ser humano que lo sume en la pobreza total.
Cuando el hombre y la mujer experimentan una verdadera conversión que lleva a una real transformación personal, es cuando verdaderamente inicia la transformación social. Para lograr esto, un insumo es una revolución en el campo educativo de cara al nacimiento de una nueva cosmovisión.
En este sentido, el cambio educativo debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para comenzar a afectar positivamente el crecimiento emocional, mental, espiritual y psicológico. Citamos de nuevo literalmente a Araya para ilustrar el principal objetivo de la educación: “…debe ser el ascenso mental, el despertar de la conciencia. Con ello se acelera también la capacidad de aprender”.
El camino del Socialismo Cuántico es eso, un camino al cambio de la conciencia, una mentalidad nueva dentro de un modelo superior. Tal modelo requiere como fermento un conjunto de seres humanos críticos y con amplia creatividad. Es de lamentar que actualmente el Estado, el derecho y la ideología como discurso “adormecedor” de la realidad, producen un ciudadano sin criticidad ni interés por elevar sus miras.
De la misma forma, el autor del libro plantea la democratización y control de los monopolios en los medios de comunicación para asegurar la democracia y basar el cambio educativo. Lo cierto es que actualmente, dichos monopolios se encuentran muy bien sustentados no solo por la pertenencia e influencia de las transnacionales, sino también, por las líneas editoriales que estos monopolios sustentan, por lo que debería pensarse más bien en un énfasis en los medios de comunicación alternativos que activen el cambio educativo que se espera.
Volviendo a las tesis de Araya, una de sus conclusiones es una idea que el político viene repitiendo en los últimos años: “A lo largo de la historia, la situación de un país depende más de las virtudes del pueblo que lo habita que de la calidad de su gobierno y de los medios económicos y políticos que aplica”. Partiendo de allí, es que debe reconsiderarse lo mejor de nuestro ser costarricense y volver los ojos a nuestros mejores valores que hoy se encuentran subordinados por discursos y acciones egoístas y excluyentes.
Para Araya son los pueblos solidarios los que construyen sociedades socialistas y no al contrario. En este sentido, es de suma importancia que la conducta de las personas refleje los valores del socialismo. Aquí se contrapone esta propuesta al Socialismo Democrático tradicional, donde ante la ausencia de valores socialistas en las personas, corresponde al Estado el ejercicio de la solidaridad a través de políticas públicas que favorezcan a las mayorías.
Lo anterior viene muy ligado a la idea de que la aplicación de ideologías y modelos sin contemplar los contextos sociales, es una solución forzada y por tanto, solo se consigue una dificultad mayor. Tal caso queda ejemplificado con los problemas generados por los regímenes marxistas y liberales, que al forzar la concreción de ciertas medidas generan problemas mayores de violencia, egoísmo y frustración en las personas. Es en este mismo contexto que se sostiene que ninguna política por más avanzada que sea es sostenible si la colectividad, en su conciencia, no está preparada para ella.
Y para el político precisamente ese es el problema de los modelos materialistas en que ha vivido la humanidad, ya que son los valores y las creencias de las sociedades las que se concretan en organizaciones colectivas.
Ahora bien, la característica principal del socialismo no es el tema de la intervención del Estado en la economía, sino, el ejercicio de la solidaridad y la ética del servicio en pro del mejoramiento del prójimo. De ahí se deriva la igualdad como condición ineludible para la mejoría económica y social. Este requisito debe iniciar con el combate y la eliminación del hambre.
En la misma lógica, pero en otro orden de cosas, Araya propone la reducción de la jornada laboral para dar respuesta a la ausencia de empleo, fruto de la sustitución de mano de obra por la tecnología. Del mismo modo, se propone la remuneración del trabajo doméstico y la participación de los obreros en las utilidades de las empresas.
Haciendo referencia al sistema internacional, se expone la regulación antimonopolios y la posibilidad de cobrar impuestos de alcance internacional.
Otro pilar de las recomendaciones en el libro es la distribución de todo tipo de poder, pues por ella, se lograría elevar a las personas y su conciencia. Esto conduce a la descentralización y a la democracia directa donde es fundamental la conciencia de ciudadanía. Esta descentralización será otra característica del socialismo cuántico, contrario a la lógica del socialismo real.
El nivel de distribución de poder dependerá del grado educativo y los valores de una sociedad. Esto llevará a un Estado más participativo.
De seguido, el texto aborda un principio que importantes corrientes espirituales ya han sustentado y que puede resumirse del modo: “la felicidad no está en el ámbito externo del ser humano sino en su interior”. El cumplimiento de este principio llevaría a la equidad entre los sexos y al fomento del crecimiento humano.
Solo por medio de la transformación espiritual será posible una verdadera reforma política, a partir de ésta, se visualiza una real participación ciudadana que diversifica las estructuras de ésta, superando la conocida partidocracia. Tal participación es la base del nuevo socialismo.
Otro tema de interés para Araya es la ecología. La profundidad de su vivencia debe conducir a una nueva economía fruto de un equilibrio integral que produzca una frugalidad opuesta al consumismo.
Adicionalmente, un factor que colabore en el equilibrio material de las sociedades es el control demográfico mundial.
Así como la visión de la política debe cambiar tal y como se ha expuesto, de igual manera, las bases de la economía deben cambiar en el tanto, ésta actualmente no es ciencia, sino, en el parecer del autor, es ideología. Tal cambio debe basarse en la elevación del nivel educativo, teniendo como norte el mejoramiento social.
Así la cuestión económica se resuelve con un cambio de mentalidad y valores. Es con este objetivo que debe orientarse el gasto público en busca del crecimiento humano. ¿Cómo medir dicho crecimiento? Para ello se propone la creación de un Índice de Bienestar General.
Este tipo de indicadores económicos debe contemplar factores de tipo ambiental, cultural y social entre otros, que permitan conceptualizar la prosperidad como bienestar social.
Otro factor que colabora con esta nueva visión económica es el tema de las fuentes energéticas alternativas como el sol y el hidrógeno. En el caso de la economía basada en este último elemento, se observa una importante manera de distribuir el poder y luchar contra la pobreza.
En síntesis, el socialismo cuántico puede resumirse en: “la democracia radical por el amor al ser humano y a su entorno natural”.
El camino del Socialismo Cuántico.
Ocean Castillo Loría.
Este es el título de la más reciente obra del Ing. Dr. Rolando Araya y que, por su aporte a la teoría política vale la pena comentar. En su obra más acabada, Araya analiza la epistemología sobre la que se ha sustentado por largo tiempo el análisis de la realidad (El materialismo), concluyendo que tal paradigma resulta insuficiente, y que ahora lo que conocemos como realidad debe abordarse bajo el concepto unitario de la física cuántica. A partir de allí, el político basa su idea del socialismo cuántico que tiene su raíz en la transformación espiritual, por la cual, se concretará la solidaridad postulada por diversas doctrinas políticas.
Ahora bien, la unidad de la que parte la física cuántica permite observar la interrelación integral de lo que otros estudiosos han denominado los sistemas o subsistemas político, económico y social. La diferencia con esos planteamientos y los de Araya es precisamente que en este último, se parte de la unidad y no de la división analítica (Es decir, en realidad no podría hablarse de objetividad y subjetividad). Para este autor, es precisamente tal división la que ha conducido a exaltar el individualismo, la lucha por el poder y los diversos conflictos.
Así las cosas, por su capacidad de transformación, y relación, tanto el individuo como la sociedad se complementan. Los pensamientos de la colectividad se traducen en la información que permite el cambio del entorno. De modo que, no es por medio de acciones externas que pueden haber cambios perennes en la realidad.
Es por esta razón que la principal acción política debe darse en la conciencia colectiva. Donde debe interiorizarse un pensamiento ecológico (integrador e interesado en la relación con el todo) que impacte a la economía y a la política.
Tal pensamiento debe coadyuvar a la solución de los problemas ambientales, políticos y sociales que son fruto de una cantidad de energía irrecuperable en cada proceso, y que origina lo que se conoce como entropía.
Asimismo, debe comprenderse que el ser humano es más complejo que su rol de oferente y demandante en el ámbito económico. Por lo que, la verdadera libertad humana supera la esfera de la libertad económica.
Adicionalmente, se entiende que la dinámica económica no es comprensible en su totalidad por los modelos científicamente establecidos, esto en el tanto éstos tienen un sustento materialista y reduccionista que es limitado.
Lo que se denomina realidad debe ser comprendido de manera holística basada en la teoría de sistemas y del entendimiento y encuentro de la conciencia de unidad de esa realidad. Tal visión integrada conduciría a su vez, a una integración de los pensamientos y sentimientos del ser humano que nos llevaría a la cooperación y la solidaridad. Es por ello que debe lucharse por que la humanidad logre esa visión totalizante. Esa es la verdadera lucha por el bienestar. Por tal razón, no es suficiente decretar jurídicamente un régimen solidario si el colectivo humano no ha tenido una transformación que los conduzca a la solidaridad.
De ahí que una conclusión del texto es que el avance humano siempre ha sido producto de una elevación de su conciencia. Fundamentados en ello, es que se afirma que el cambio mundial no provendrá del sistema jurídico o del sistema político, sino del ámbito espiritual, por medio del amor.
Es indudable, que esta idea no es nueva, ya en el budismo Zen o tibetano y en el cristianismo se expresa una cosa de este tipo. Lo que podría resultar ciertamente novedoso es que se plantee en la búsqueda de una mejor forma de convivencia colectiva. Es decir, en una materia eminentemente política. Debe reconocerse que la espiritualidad no es un tema contemplado en la ciencia política.
Como puede verse, el énfasis individualista que promueve la competencia motor de ideologías como el neoliberalismo, es sustituida por la comprensión de que la naturaleza no podría sobrevivir solo por dicha competencia, sino que también y de manera más importante, porque se dan las relaciones de cooperación. Del mismo modo, la cooperación es esencial para la vida humana, vida humana que solo es posible por el beneficio de los otros, lo que implica a su vez, mi propio beneficio.
Es así que el orden social debe basarse en la complementariedad más que en la lucha de clases o la competencia. En este punto, podría profundizarse que tal complementariedad podría lograrse en la búsqueda de lenguajes comunes tal y como lo postula J. Habermas.
En suma, el Socialismo Cuántico es ecológico, holístico y autopoietico es decir se auto produce desde el cambio individual y grupal de la mentalidad materialista, competitiva y egoísta que hoy pondera.
Ahora, más que un modelo ideológico, dicho socialismo es un camino que respeta el espacio y tiempo histórico de cada cultura. Aquí debe recordarse que el concepto de espacio y tiempo histórico es fruto de pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre, quienes sostenían que para propiciar el desarrollo debía respetarse el espacio y tiempo en que se encontraba cada país por lo que, modelos hegemónicos (Universales) no eran útiles, ya que forzaban a la quema de estadios por parte de ciertas sociedades.
Desde la perspectiva teórico - política, Araya se ubica en el plano de una nueva izquierda que encuentra su base en las escalas de valores, el crecimiento mental y la espiritualidad. Se aleja así el foco de los cambios jurídicos, las ideologías y los modelos económicos como sí lo hacen el marxismo, el liberalismo y el hoy llamado socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia)
En esta lógica, el rumbo histórico de una sociedad no queda definido por una mayor o menor intervención del Estado o del mercado, sino, por el descubrimiento de sus escalas de valores y sus creencias. Como consecuencia de ello, contrario a una globalización homogenizante, se rescata la diversidad de las idiosincrasias y la unidad en la diversidad.
Tal y como lo concluye literalmente el autor: “No puede haber cambio sin cambiar la conciencia humana, sin la experiencia de nuevas escalas de valores, sin una cosmovisión distinta”.
Precisamente lo que debe fomentarse es la libertad para el cambio de esa conciencia y la experimentación de esas nuevas escalas y cosmovisión. Lo contrario, es una reclusión del ser humano que lo sume en la pobreza total.
Cuando el hombre y la mujer experimentan una verdadera conversión que lleva a una real transformación personal, es cuando verdaderamente inicia la transformación social. Para lograr esto, un insumo es una revolución en el campo educativo de cara al nacimiento de una nueva cosmovisión.
En este sentido, el cambio educativo debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para comenzar a afectar positivamente el crecimiento emocional, mental, espiritual y psicológico. Citamos de nuevo literalmente a Araya para ilustrar el principal objetivo de la educación: “…debe ser el ascenso mental, el despertar de la conciencia. Con ello se acelera también la capacidad de aprender”.
El camino del Socialismo Cuántico es eso, un camino al cambio de la conciencia, una mentalidad nueva dentro de un modelo superior. Tal modelo requiere como fermento un conjunto de seres humanos críticos y con amplia creatividad. Es de lamentar que actualmente el Estado, el derecho y la ideología como discurso “adormecedor” de la realidad, producen un ciudadano sin criticidad ni interés por elevar sus miras.
De la misma forma, el autor del libro plantea la democratización y control de los monopolios en los medios de comunicación para asegurar la democracia y basar el cambio educativo. Lo cierto es que actualmente, dichos monopolios se encuentran muy bien sustentados no solo por la pertenencia e influencia de las transnacionales, sino también, por las líneas editoriales que estos monopolios sustentan, por lo que debería pensarse más bien en un énfasis en los medios de comunicación alternativos que activen el cambio educativo que se espera.
Volviendo a las tesis de Araya, una de sus conclusiones es una idea que el político viene repitiendo en los últimos años: “A lo largo de la historia, la situación de un país depende más de las virtudes del pueblo que lo habita que de la calidad de su gobierno y de los medios económicos y políticos que aplica”. Partiendo de allí, es que debe reconsiderarse lo mejor de nuestro ser costarricense y volver los ojos a nuestros mejores valores que hoy se encuentran subordinados por discursos y acciones egoístas y excluyentes.
Para Araya son los pueblos solidarios los que construyen sociedades socialistas y no al contrario. En este sentido, es de suma importancia que la conducta de las personas refleje los valores del socialismo. Aquí se contrapone esta propuesta al Socialismo Democrático tradicional, donde ante la ausencia de valores socialistas en las personas, corresponde al Estado el ejercicio de la solidaridad a través de políticas públicas que favorezcan a las mayorías.
Lo anterior viene muy ligado a la idea de que la aplicación de ideologías y modelos sin contemplar los contextos sociales, es una solución forzada y por tanto, solo se consigue una dificultad mayor. Tal caso queda ejemplificado con los problemas generados por los regímenes marxistas y liberales, que al forzar la concreción de ciertas medidas generan problemas mayores de violencia, egoísmo y frustración en las personas. Es en este mismo contexto que se sostiene que ninguna política por más avanzada que sea es sostenible si la colectividad, en su conciencia, no está preparada para ella.
Y para el político precisamente ese es el problema de los modelos materialistas en que ha vivido la humanidad, ya que son los valores y las creencias de las sociedades las que se concretan en organizaciones colectivas.
Ahora bien, la característica principal del socialismo no es el tema de la intervención del Estado en la economía, sino, el ejercicio de la solidaridad y la ética del servicio en pro del mejoramiento del prójimo. De ahí se deriva la igualdad como condición ineludible para la mejoría económica y social. Este requisito debe iniciar con el combate y la eliminación del hambre.
En la misma lógica, pero en otro orden de cosas, Araya propone la reducción de la jornada laboral para dar respuesta a la ausencia de empleo, fruto de la sustitución de mano de obra por la tecnología. Del mismo modo, se propone la remuneración del trabajo doméstico y la participación de los obreros en las utilidades de las empresas.
Haciendo referencia al sistema internacional, se expone la regulación antimonopolios y la posibilidad de cobrar impuestos de alcance internacional.
Otro pilar de las recomendaciones en el libro es la distribución de todo tipo de poder, pues por ella, se lograría elevar a las personas y su conciencia. Esto conduce a la descentralización y a la democracia directa donde es fundamental la conciencia de ciudadanía. Esta descentralización será otra característica del socialismo cuántico, contrario a la lógica del socialismo real.
El nivel de distribución de poder dependerá del grado educativo y los valores de una sociedad. Esto llevará a un Estado más participativo.
De seguido, el texto aborda un principio que importantes corrientes espirituales ya han sustentado y que puede resumirse del modo: “la felicidad no está en el ámbito externo del ser humano sino en su interior”. El cumplimiento de este principio llevaría a la equidad entre los sexos y al fomento del crecimiento humano.
Solo por medio de la transformación espiritual será posible una verdadera reforma política, a partir de ésta, se visualiza una real participación ciudadana que diversifica las estructuras de ésta, superando la conocida partidocracia. Tal participación es la base del nuevo socialismo.
Otro tema de interés para Araya es la ecología. La profundidad de su vivencia debe conducir a una nueva economía fruto de un equilibrio integral que produzca una frugalidad opuesta al consumismo.
Adicionalmente, un factor que colabore en el equilibrio material de las sociedades es el control demográfico mundial.
Así como la visión de la política debe cambiar tal y como se ha expuesto, de igual manera, las bases de la economía deben cambiar en el tanto, ésta actualmente no es ciencia, sino, en el parecer del autor, es ideología. Tal cambio debe basarse en la elevación del nivel educativo, teniendo como norte el mejoramiento social.
Así la cuestión económica se resuelve con un cambio de mentalidad y valores. Es con este objetivo que debe orientarse el gasto público en busca del crecimiento humano. ¿Cómo medir dicho crecimiento? Para ello se propone la creación de un Índice de Bienestar General.
Este tipo de indicadores económicos debe contemplar factores de tipo ambiental, cultural y social entre otros, que permitan conceptualizar la prosperidad como bienestar social.
Otro factor que colabora con esta nueva visión económica es el tema de las fuentes energéticas alternativas como el sol y el hidrógeno. En el caso de la economía basada en este último elemento, se observa una importante manera de distribuir el poder y luchar contra la pobreza.
En síntesis, el socialismo cuántico puede resumirse en: “la democracia radical por el amor al ser humano y a su entorno natural”.
El camino del Socialismo Cuántico.
Ocean Castillo Loría.
Este es el título de la más reciente obra del Ing. Dr. Rolando Araya y que, por su aporte a la teoría política vale la pena comentar. En su obra más acabada, Araya analiza la epistemología sobre la que se ha sustentado por largo tiempo el análisis de la realidad (El materialismo), concluyendo que tal paradigma resulta insuficiente, y que ahora lo que conocemos como realidad debe abordarse bajo el concepto unitario de la física cuántica. A partir de allí, el político basa su idea del socialismo cuántico que tiene su raíz en la transformación espiritual, por la cual, se concretará la solidaridad postulada por diversas doctrinas políticas.
Ahora bien, la unidad de la que parte la física cuántica permite observar la interrelación integral de lo que otros estudiosos han denominado los sistemas o subsistemas político, económico y social. La diferencia con esos planteamientos y los de Araya es precisamente que en este último, se parte de la unidad y no de la división analítica (Es decir, en realidad no podría hablarse de objetividad y subjetividad). Para este autor, es precisamente tal división la que ha conducido a exaltar el individualismo, la lucha por el poder y los diversos conflictos.
Así las cosas, por su capacidad de transformación, y relación, tanto el individuo como la sociedad se complementan. Los pensamientos de la colectividad se traducen en la información que permite el cambio del entorno. De modo que, no es por medio de acciones externas que pueden haber cambios perennes en la realidad.
Es por esta razón que la principal acción política debe darse en la conciencia colectiva. Donde debe interiorizarse un pensamiento ecológico (integrador e interesado en la relación con el todo) que impacte a la economía y a la política.
Tal pensamiento debe coadyuvar a la solución de los problemas ambientales, políticos y sociales que son fruto de una cantidad de energía irrecuperable en cada proceso, y que origina lo que se conoce como entropía.
Asimismo, debe comprenderse que el ser humano es más complejo que su rol de oferente y demandante en el ámbito económico. Por lo que, la verdadera libertad humana supera la esfera de la libertad económica.
Adicionalmente, se entiende que la dinámica económica no es comprensible en su totalidad por los modelos científicamente establecidos, esto en el tanto éstos tienen un sustento materialista y reduccionista que es limitado.
Lo que se denomina realidad debe ser comprendido de manera holística basada en la teoría de sistemas y del entendimiento y encuentro de la conciencia de unidad de esa realidad. Tal visión integrada conduciría a su vez, a una integración de los pensamientos y sentimientos del ser humano que nos llevaría a la cooperación y la solidaridad. Es por ello que debe lucharse por que la humanidad logre esa visión totalizante. Esa es la verdadera lucha por el bienestar. Por tal razón, no es suficiente decretar jurídicamente un régimen solidario si el colectivo humano no ha tenido una transformación que los conduzca a la solidaridad.
De ahí que una conclusión del texto es que el avance humano siempre ha sido producto de una elevación de su conciencia. Fundamentados en ello, es que se afirma que el cambio mundial no provendrá del sistema jurídico o del sistema político, sino del ámbito espiritual, por medio del amor.
Es indudable, que esta idea no es nueva, ya en el budismo Zen o tibetano y en el cristianismo se expresa una cosa de este tipo. Lo que podría resultar ciertamente novedoso es que se plantee en la búsqueda de una mejor forma de convivencia colectiva. Es decir, en una materia eminentemente política. Debe reconocerse que la espiritualidad no es un tema contemplado en la ciencia política.
Como puede verse, el énfasis individualista que promueve la competencia motor de ideologías como el neoliberalismo, es sustituida por la comprensión de que la naturaleza no podría sobrevivir solo por dicha competencia, sino que también y de manera más importante, porque se dan las relaciones de cooperación. Del mismo modo, la cooperación es esencial para la vida humana, vida humana que solo es posible por el beneficio de los otros, lo que implica a su vez, mi propio beneficio.
Es así que el orden social debe basarse en la complementariedad más que en la lucha de clases o la competencia. En este punto, podría profundizarse que tal complementariedad podría lograrse en la búsqueda de lenguajes comunes tal y como lo postula J. Habermas.
En suma, el Socialismo Cuántico es ecológico, holístico y autopoietico es decir se auto produce desde el cambio individual y grupal de la mentalidad materialista, competitiva y egoísta que hoy pondera.
Ahora, más que un modelo ideológico, dicho socialismo es un camino que respeta el espacio y tiempo histórico de cada cultura. Aquí debe recordarse que el concepto de espacio y tiempo histórico es fruto de pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre, quienes sostenían que para propiciar el desarrollo debía respetarse el espacio y tiempo en que se encontraba cada país por lo que, modelos hegemónicos (Universales) no eran útiles, ya que forzaban a la quema de estadios por parte de ciertas sociedades.
Desde la perspectiva teórico - política, Araya se ubica en el plano de una nueva izquierda que encuentra su base en las escalas de valores, el crecimiento mental y la espiritualidad. Se aleja así el foco de los cambios jurídicos, las ideologías y los modelos económicos como sí lo hacen el marxismo, el liberalismo y el hoy llamado socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia)
En esta lógica, el rumbo histórico de una sociedad no queda definido por una mayor o menor intervención del Estado o del mercado, sino, por el descubrimiento de sus escalas de valores y sus creencias. Como consecuencia de ello, contrario a una globalización homogenizante, se rescata la diversidad de las idiosincrasias y la unidad en la diversidad.
Tal y como lo concluye literalmente el autor: “No puede haber cambio sin cambiar la conciencia humana, sin la experiencia de nuevas escalas de valores, sin una cosmovisión distinta”.
Precisamente lo que debe fomentarse es la libertad para el cambio de esa conciencia y la experimentación de esas nuevas escalas y cosmovisión. Lo contrario, es una reclusión del ser humano que lo sume en la pobreza total.
Cuando el hombre y la mujer experimentan una verdadera conversión que lleva a una real transformación personal, es cuando verdaderamente inicia la transformación social. Para lograr esto, un insumo es una revolución en el campo educativo de cara al nacimiento de una nueva cosmovisión.
En este sentido, el cambio educativo debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para comenzar a afectar positivamente el crecimiento emocional, mental, espiritual y psicológico. Citamos de nuevo literalmente a Araya para ilustrar el principal objetivo de la educación: “…debe ser el ascenso mental, el despertar de la conciencia. Con ello se acelera también la capacidad de aprender”.
El camino del Socialismo Cuántico es eso, un camino al cambio de la conciencia, una mentalidad nueva dentro de un modelo superior. Tal modelo requiere como fermento un conjunto de seres humanos críticos y con amplia creatividad. Es de lamentar que actualmente el Estado, el derecho y la ideología como discurso “adormecedor” de la realidad, producen un ciudadano sin criticidad ni interés por elevar sus miras.
De la misma forma, el autor del libro plantea la democratización y control de los monopolios en los medios de comunicación para asegurar la democracia y basar el cambio educativo. Lo cierto es que actualmente, dichos monopolios se encuentran muy bien sustentados no solo por la pertenencia e influencia de las transnacionales, sino también, por las líneas editoriales que estos monopolios sustentan, por lo que debería pensarse más bien en un énfasis en los medios de comunicación alternativos que activen el cambio educativo que se espera.
Volviendo a las tesis de Araya, una de sus conclusiones es una idea que el político viene repitiendo en los últimos años: “A lo largo de la historia, la situación de un país depende más de las virtudes del pueblo que lo habita que de la calidad de su gobierno y de los medios económicos y políticos que aplica”. Partiendo de allí, es que debe reconsiderarse lo mejor de nuestro ser costarricense y volver los ojos a nuestros mejores valores que hoy se encuentran subordinados por discursos y acciones egoístas y excluyentes.
Para Araya son los pueblos solidarios los que construyen sociedades socialistas y no al contrario. En este sentido, es de suma importancia que la conducta de las personas refleje los valores del socialismo. Aquí se contrapone esta propuesta al Socialismo Democrático tradicional, donde ante la ausencia de valores socialistas en las personas, corresponde al Estado el ejercicio de la solidaridad a través de políticas públicas que favorezcan a las mayorías.
Lo anterior viene muy ligado a la idea de que la aplicación de ideologías y modelos sin contemplar los contextos sociales, es una solución forzada y por tanto, solo se consigue una dificultad mayor. Tal caso queda ejemplificado con los problemas generados por los regímenes marxistas y liberales, que al forzar la concreción de ciertas medidas generan problemas mayores de violencia, egoísmo y frustración en las personas. Es en este mismo contexto que se sostiene que ninguna política por más avanzada que sea es sostenible si la colectividad, en su conciencia, no está preparada para ella.
Y para el político precisamente ese es el problema de los modelos materialistas en que ha vivido la humanidad, ya que son los valores y las creencias de las sociedades las que se concretan en organizaciones colectivas.
Ahora bien, la característica principal del socialismo no es el tema de la intervención del Estado en la economía, sino, el ejercicio de la solidaridad y la ética del servicio en pro del mejoramiento del prójimo. De ahí se deriva la igualdad como condición ineludible para la mejoría económica y social. Este requisito debe iniciar con el combate y la eliminación del hambre.
En la misma lógica, pero en otro orden de cosas, Araya propone la reducción de la jornada laboral para dar respuesta a la ausencia de empleo, fruto de la sustitución de mano de obra por la tecnología. Del mismo modo, se propone la remuneración del trabajo doméstico y la participación de los obreros en las utilidades de las empresas.
Haciendo referencia al sistema internacional, se expone la regulación antimonopolios y la posibilidad de cobrar impuestos de alcance internacional.
Otro pilar de las recomendaciones en el libro es la distribución de todo tipo de poder, pues por ella, se lograría elevar a las personas y su conciencia. Esto conduce a la descentralización y a la democracia directa donde es fundamental la conciencia de ciudadanía. Esta descentralización será otra característica del socialismo cuántico, contrario a la lógica del socialismo real.
El nivel de distribución de poder dependerá del grado educativo y los valores de una sociedad. Esto llevará a un Estado más participativo.
De seguido, el texto aborda un principio que importantes corrientes espirituales ya han sustentado y que puede resumirse del modo: “la felicidad no está en el ámbito externo del ser humano sino en su interior”. El cumplimiento de este principio llevaría a la equidad entre los sexos y al fomento del crecimiento humano.
Solo por medio de la transformación espiritual será posible una verdadera reforma política, a partir de ésta, se visualiza una real participación ciudadana que diversifica las estructuras de ésta, superando la conocida partidocracia. Tal participación es la base del nuevo socialismo.
Otro tema de interés para Araya es la ecología. La profundidad de su vivencia debe conducir a una nueva economía fruto de un equilibrio integral que produzca una frugalidad opuesta al consumismo.
Adicionalmente, un factor que colabore en el equilibrio material de las sociedades es el control demográfico mundial.
Así como la visión de la política debe cambiar tal y como se ha expuesto, de igual manera, las bases de la economía deben cambiar en el tanto, ésta actualmente no es ciencia, sino, en el parecer del autor, es ideología. Tal cambio debe basarse en la elevación del nivel educativo, teniendo como norte el mejoramiento social.
Así la cuestión económica se resuelve con un cambio de mentalidad y valores. Es con este objetivo que debe orientarse el gasto público en busca del crecimiento humano. ¿Cómo medir dicho crecimiento? Para ello se propone la creación de un Índice de Bienestar General.
Este tipo de indicadores económicos debe contemplar factores de tipo ambiental, cultural y social entre otros, que permitan conceptualizar la prosperidad como bienestar social.
Otro factor que colabora con esta nueva visión económica es el tema de las fuentes energéticas alternativas como el sol y el hidrógeno. En el caso de la economía basada en este último elemento, se observa una importante manera de distribuir el poder y luchar contra la pobreza.
En síntesis, el socialismo cuántico puede resumirse en: “la democracia radical por el amor al ser humano y a su entorno natural”.
El camino del Socialismo Cuántico.
Ocean Castillo Loría.
Este es el título de la más reciente obra del Ing. Dr. Rolando Araya y que, por su aporte a la teoría política vale la pena comentar. En su obra más acabada, Araya analiza la epistemología sobre la que se ha sustentado por largo tiempo el análisis de la realidad (El materialismo), concluyendo que tal paradigma resulta insuficiente, y que ahora lo que conocemos como realidad debe abordarse bajo el concepto unitario de la física cuántica. A partir de allí, el político basa su idea del socialismo cuántico que tiene su raíz en la transformación espiritual, por la cual, se concretará la solidaridad postulada por diversas doctrinas políticas.
Ahora bien, la unidad de la que parte la física cuántica permite observar la interrelación integral de lo que otros estudiosos han denominado los sistemas o subsistemas político, económico y social. La diferencia con esos planteamientos y los de Araya es precisamente que en este último, se parte de la unidad y no de la división analítica (Es decir, en realidad no podría hablarse de objetividad y subjetividad). Para este autor, es precisamente tal división la que ha conducido a exaltar el individualismo, la lucha por el poder y los diversos conflictos.
Así las cosas, por su capacidad de transformación, y relación, tanto el individuo como la sociedad se complementan. Los pensamientos de la colectividad se traducen en la información que permite el cambio del entorno. De modo que, no es por medio de acciones externas que pueden haber cambios perennes en la realidad.
Es por esta razón que la principal acción política debe darse en la conciencia colectiva. Donde debe interiorizarse un pensamiento ecológico (integrador e interesado en la relación con el todo) que impacte a la economía y a la política.
Tal pensamiento debe coadyuvar a la solución de los problemas ambientales, políticos y sociales que son fruto de una cantidad de energía irrecuperable en cada proceso, y que origina lo que se conoce como entropía.
Asimismo, debe comprenderse que el ser humano es más complejo que su rol de oferente y demandante en el ámbito económico. Por lo que, la verdadera libertad humana supera la esfera de la libertad económica.
Adicionalmente, se entiende que la dinámica económica no es comprensible en su totalidad por los modelos científicamente establecidos, esto en el tanto éstos tienen un sustento materialista y reduccionista que es limitado.
Lo que se denomina realidad debe ser comprendido de manera holística basada en la teoría de sistemas y del entendimiento y encuentro de la conciencia de unidad de esa realidad. Tal visión integrada conduciría a su vez, a una integración de los pensamientos y sentimientos del ser humano que nos llevaría a la cooperación y la solidaridad. Es por ello que debe lucharse por que la humanidad logre esa visión totalizante. Esa es la verdadera lucha por el bienestar. Por tal razón, no es suficiente decretar jurídicamente un régimen solidario si el colectivo humano no ha tenido una transformación que los conduzca a la solidaridad.
De ahí que una conclusión del texto es que el avance humano siempre ha sido producto de una elevación de su conciencia. Fundamentados en ello, es que se afirma que el cambio mundial no provendrá del sistema jurídico o del sistema político, sino del ámbito espiritual, por medio del amor.
Es indudable, que esta idea no es nueva, ya en el budismo Zen o tibetano y en el cristianismo se expresa una cosa de este tipo. Lo que podría resultar ciertamente novedoso es que se plantee en la búsqueda de una mejor forma de convivencia colectiva. Es decir, en una materia eminentemente política. Debe reconocerse que la espiritualidad no es un tema contemplado en la ciencia política.
Como puede verse, el énfasis individualista que promueve la competencia motor de ideologías como el neoliberalismo, es sustituida por la comprensión de que la naturaleza no podría sobrevivir solo por dicha competencia, sino que también y de manera más importante, porque se dan las relaciones de cooperación. Del mismo modo, la cooperación es esencial para la vida humana, vida humana que solo es posible por el beneficio de los otros, lo que implica a su vez, mi propio beneficio.
Es así que el orden social debe basarse en la complementariedad más que en la lucha de clases o la competencia. En este punto, podría profundizarse que tal complementariedad podría lograrse en la búsqueda de lenguajes comunes tal y como lo postula J. Habermas.
En suma, el Socialismo Cuántico es ecológico, holístico y autopoietico es decir se auto produce desde el cambio individual y grupal de la mentalidad materialista, competitiva y egoísta que hoy pondera.
Ahora, más que un modelo ideológico, dicho socialismo es un camino que respeta el espacio y tiempo histórico de cada cultura. Aquí debe recordarse que el concepto de espacio y tiempo histórico es fruto de pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre, quienes sostenían que para propiciar el desarrollo debía respetarse el espacio y tiempo en que se encontraba cada país por lo que, modelos hegemónicos (Universales) no eran útiles, ya que forzaban a la quema de estadios por parte de ciertas sociedades.
Desde la perspectiva teórico - política, Araya se ubica en el plano de una nueva izquierda que encuentra su base en las escalas de valores, el crecimiento mental y la espiritualidad. Se aleja así el foco de los cambios jurídicos, las ideologías y los modelos económicos como sí lo hacen el marxismo, el liberalismo y el hoy llamado socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia)
En esta lógica, el rumbo histórico de una sociedad no queda definido por una mayor o menor intervención del Estado o del mercado, sino, por el descubrimiento de sus escalas de valores y sus creencias. Como consecuencia de ello, contrario a una globalización homogenizante, se rescata la diversidad de las idiosincrasias y la unidad en la diversidad.
Tal y como lo concluye literalmente el autor: “No puede haber cambio sin cambiar la conciencia humana, sin la experiencia de nuevas escalas de valores, sin una cosmovisión distinta”.
Precisamente lo que debe fomentarse es la libertad para el cambio de esa conciencia y la experimentación de esas nuevas escalas y cosmovisión. Lo contrario, es una reclusión del ser humano que lo sume en la pobreza total.
Cuando el hombre y la mujer experimentan una verdadera conversión que lleva a una real transformación personal, es cuando verdaderamente inicia la transformación social. Para lograr esto, un insumo es una revolución en el campo educativo de cara al nacimiento de una nueva cosmovisión.
En este sentido, el cambio educativo debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para comenzar a afectar positivamente el crecimiento emocional, mental, espiritual y psicológico. Citamos de nuevo literalmente a Araya para ilustrar el principal objetivo de la educación: “…debe ser el ascenso mental, el despertar de la conciencia. Con ello se acelera también la capacidad de aprender”.
El camino del Socialismo Cuántico es eso, un camino al cambio de la conciencia, una mentalidad nueva dentro de un modelo superior. Tal modelo requiere como fermento un conjunto de seres humanos críticos y con amplia creatividad. Es de lamentar que actualmente el Estado, el derecho y la ideología como discurso “adormecedor” de la realidad, producen un ciudadano sin criticidad ni interés por elevar sus miras.
De la misma forma, el autor del libro plantea la democratización y control de los monopolios en los medios de comunicación para asegurar la democracia y basar el cambio educativo. Lo cierto es que actualmente, dichos monopolios se encuentran muy bien sustentados no solo por la pertenencia e influencia de las transnacionales, sino también, por las líneas editoriales que estos monopolios sustentan, por lo que debería pensarse más bien en un énfasis en los medios de comunicación alternativos que activen el cambio educativo que se espera.
Volviendo a las tesis de Araya, una de sus conclusiones es una idea que el político viene repitiendo en los últimos años: “A lo largo de la historia, la situación de un país depende más de las virtudes del pueblo que lo habita que de la calidad de su gobierno y de los medios económicos y políticos que aplica”. Partiendo de allí, es que debe reconsiderarse lo mejor de nuestro ser costarricense y volver los ojos a nuestros mejores valores que hoy se encuentran subordinados por discursos y acciones egoístas y excluyentes.
Para Araya son los pueblos solidarios los que construyen sociedades socialistas y no al contrario. En este sentido, es de suma importancia que la conducta de las personas refleje los valores del socialismo. Aquí se contrapone esta propuesta al Socialismo Democrático tradicional, donde ante la ausencia de valores socialistas en las personas, corresponde al Estado el ejercicio de la solidaridad a través de políticas públicas que favorezcan a las mayorías.
Lo anterior viene muy ligado a la idea de que la aplicación de ideologías y modelos sin contemplar los contextos sociales, es una solución forzada y por tanto, solo se consigue una dificultad mayor. Tal caso queda ejemplificado con los problemas generados por los regímenes marxistas y liberales, que al forzar la concreción de ciertas medidas generan problemas mayores de violencia, egoísmo y frustración en las personas. Es en este mismo contexto que se sostiene que ninguna política por más avanzada que sea es sostenible si la colectividad, en su conciencia, no está preparada para ella.
Y para el político precisamente ese es el problema de los modelos materialistas en que ha vivido la humanidad, ya que son los valores y las creencias de las sociedades las que se concretan en organizaciones colectivas.
Ahora bien, la característica principal del socialismo no es el tema de la intervención del Estado en la economía, sino, el ejercicio de la solidaridad y la ética del servicio en pro del mejoramiento del prójimo. De ahí se deriva la igualdad como condición ineludible para la mejoría económica y social. Este requisito debe iniciar con el combate y la eliminación del hambre.
En la misma lógica, pero en otro orden de cosas, Araya propone la reducción de la jornada laboral para dar respuesta a la ausencia de empleo, fruto de la sustitución de mano de obra por la tecnología. Del mismo modo, se propone la remuneración del trabajo doméstico y la participación de los obreros en las utilidades de las empresas.
Haciendo referencia al sistema internacional, se expone la regulación antimonopolios y la posibilidad de cobrar impuestos de alcance internacional.
Otro pilar de las recomendaciones en el libro es la distribución de todo tipo de poder, pues por ella, se lograría elevar a las personas y su conciencia. Esto conduce a la descentralización y a la democracia directa donde es fundamental la conciencia de ciudadanía. Esta descentralización será otra característica del socialismo cuántico, contrario a la lógica del socialismo real.
El nivel de distribución de poder dependerá del grado educativo y los valores de una sociedad. Esto llevará a un Estado más participativo.
De seguido, el texto aborda un principio que importantes corrientes espirituales ya han sustentado y que puede resumirse del modo: “la felicidad no está en el ámbito externo del ser humano sino en su interior”. El cumplimiento de este principio llevaría a la equidad entre los sexos y al fomento del crecimiento humano.
Solo por medio de la transformación espiritual será posible una verdadera reforma política, a partir de ésta, se visualiza una real participación ciudadana que diversifica las estructuras de ésta, superando la conocida partidocracia. Tal participación es la base del nuevo socialismo.
Otro tema de interés para Araya es la ecología. La profundidad de su vivencia debe conducir a una nueva economía fruto de un equilibrio integral que produzca una frugalidad opuesta al consumismo.
Adicionalmente, un factor que colabore en el equilibrio material de las sociedades es el control demográfico mundial.
Así como la visión de la política debe cambiar tal y como se ha expuesto, de igual manera, las bases de la economía deben cambiar en el tanto, ésta actualmente no es ciencia, sino, en el parecer del autor, es ideología. Tal cambio debe basarse en la elevación del nivel educativo, teniendo como norte el mejoramiento social.
Así la cuestión económica se resuelve con un cambio de mentalidad y valores. Es con este objetivo que debe orientarse el gasto público en busca del crecimiento humano. ¿Cómo medir dicho crecimiento? Para ello se propone la creación de un Índice de Bienestar General.
Este tipo de indicadores económicos debe contemplar factores de tipo ambiental, cultural y social entre otros, que permitan conceptualizar la prosperidad como bienestar social.
Otro factor que colabora con esta nueva visión económica es el tema de las fuentes energéticas alternativas como el sol y el hidrógeno. En el caso de la economía basada en este último elemento, se observa una importante manera de distribuir el poder y luchar contra la pobreza.
En síntesis, el socialismo cuántico puede resumirse en: “la democracia radical por el amor al ser humano y a su entorno natural”.
El camino del Socialismo Cuántico.
Ocean Castillo Loría.
Este es el título de la más reciente obra del Ing. Dr. Rolando Araya y que, por su aporte a la teoría política vale la pena comentar. En su obra más acabada, Araya analiza la epistemología sobre la que se ha sustentado por largo tiempo el análisis de la realidad (El materialismo), concluyendo que tal paradigma resulta insuficiente, y que ahora lo que conocemos como realidad debe abordarse bajo el concepto unitario de la física cuántica. A partir de allí, el político basa su idea del socialismo cuántico que tiene su raíz en la transformación espiritual, por la cual, se concretará la solidaridad postulada por diversas doctrinas políticas.
Ahora bien, la unidad de la que parte la física cuántica permite observar la interrelación integral de lo que otros estudiosos han denominado los sistemas o subsistemas político, económico y social. La diferencia con esos planteamientos y los de Araya es precisamente que en este último, se parte de la unidad y no de la división analítica (Es decir, en realidad no podría hablarse de objetividad y subjetividad). Para este autor, es precisamente tal división la que ha conducido a exaltar el individualismo, la lucha por el poder y los diversos conflictos.
Así las cosas, por su capacidad de transformación, y relación, tanto el individuo como la sociedad se complementan. Los pensamientos de la colectividad se traducen en la información que permite el cambio del entorno. De modo que, no es por medio de acciones externas que pueden haber cambios perennes en la realidad.
Es por esta razón que la principal acción política debe darse en la conciencia colectiva. Donde debe interiorizarse un pensamiento ecológico (integrador e interesado en la relación con el todo) que impacte a la economía y a la política.
Tal pensamiento debe coadyuvar a la solución de los problemas ambientales, políticos y sociales que son fruto de una cantidad de energía irrecuperable en cada proceso, y que origina lo que se conoce como entropía.
Asimismo, debe comprenderse que el ser humano es más complejo que su rol de oferente y demandante en el ámbito económico. Por lo que, la verdadera libertad humana supera la esfera de la libertad económica.
Adicionalmente, se entiende que la dinámica económica no es comprensible en su totalidad por los modelos científicamente establecidos, esto en el tanto éstos tienen un sustento materialista y reduccionista que es limitado.
Lo que se denomina realidad debe ser comprendido de manera holística basada en la teoría de sistemas y del entendimiento y encuentro de la conciencia de unidad de esa realidad. Tal visión integrada conduciría a su vez, a una integración de los pensamientos y sentimientos del ser humano que nos llevaría a la cooperación y la solidaridad. Es por ello que debe lucharse por que la humanidad logre esa visión totalizante. Esa es la verdadera lucha por el bienestar. Por tal razón, no es suficiente decretar jurídicamente un régimen solidario si el colectivo humano no ha tenido una transformación que los conduzca a la solidaridad.
De ahí que una conclusión del texto es que el avance humano siempre ha sido producto de una elevación de su conciencia. Fundamentados en ello, es que se afirma que el cambio mundial no provendrá del sistema jurídico o del sistema político, sino del ámbito espiritual, por medio del amor.
Es indudable, que esta idea no es nueva, ya en el budismo Zen o tibetano y en el cristianismo se expresa una cosa de este tipo. Lo que podría resultar ciertamente novedoso es que se plantee en la búsqueda de una mejor forma de convivencia colectiva. Es decir, en una materia eminentemente política. Debe reconocerse que la espiritualidad no es un tema contemplado en la ciencia política.
Como puede verse, el énfasis individualista que promueve la competencia motor de ideologías como el neoliberalismo, es sustituida por la comprensión de que la naturaleza no podría sobrevivir solo por dicha competencia, sino que también y de manera más importante, porque se dan las relaciones de cooperación. Del mismo modo, la cooperación es esencial para la vida humana, vida humana que solo es posible por el beneficio de los otros, lo que implica a su vez, mi propio beneficio.
Es así que el orden social debe basarse en la complementariedad más que en la lucha de clases o la competencia. En este punto, podría profundizarse que tal complementariedad podría lograrse en la búsqueda de lenguajes comunes tal y como lo postula J. Habermas.
En suma, el Socialismo Cuántico es ecológico, holístico y autopoietico es decir se auto produce desde el cambio individual y grupal de la mentalidad materialista, competitiva y egoísta que hoy pondera.
Ahora, más que un modelo ideológico, dicho socialismo es un camino que respeta el espacio y tiempo histórico de cada cultura. Aquí debe recordarse que el concepto de espacio y tiempo histórico es fruto de pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre, quienes sostenían que para propiciar el desarrollo debía respetarse el espacio y tiempo en que se encontraba cada país por lo que, modelos hegemónicos (Universales) no eran útiles, ya que forzaban a la quema de estadios por parte de ciertas sociedades.
Desde la perspectiva teórico - política, Araya se ubica en el plano de una nueva izquierda que encuentra su base en las escalas de valores, el crecimiento mental y la espiritualidad. Se aleja así el foco de los cambios jurídicos, las ideologías y los modelos económicos como sí lo hacen el marxismo, el liberalismo y el hoy llamado socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia)
En esta lógica, el rumbo histórico de una sociedad no queda definido por una mayor o menor intervención del Estado o del mercado, sino, por el descubrimiento de sus escalas de valores y sus creencias. Como consecuencia de ello, contrario a una globalización homogenizante, se rescata la diversidad de las idiosincrasias y la unidad en la diversidad.
Tal y como lo concluye literalmente el autor: “No puede haber cambio sin cambiar la conciencia humana, sin la experiencia de nuevas escalas de valores, sin una cosmovisión distinta”.
Precisamente lo que debe fomentarse es la libertad para el cambio de esa conciencia y la experimentación de esas nuevas escalas y cosmovisión. Lo contrario, es una reclusión del ser humano que lo sume en la pobreza total.
Cuando el hombre y la mujer experimentan una verdadera conversión que lleva a una real transformación personal, es cuando verdaderamente inicia la transformación social. Para lograr esto, un insumo es una revolución en el campo educativo de cara al nacimiento de una nueva cosmovisión.
En este sentido, el cambio educativo debe ir más allá de la transmisión de conocimientos para comenzar a afectar positivamente el crecimiento emocional, mental, espiritual y psicológico. Citamos de nuevo literalmente a Araya para ilustrar el principal objetivo de la educación: “…debe ser el ascenso mental, el despertar de la conciencia. Con ello se acelera también la capacidad de aprender”.
El camino del Socialismo Cuántico es eso, un camino al cambio de la conciencia, una mentalidad nueva dentro de un modelo superior. Tal modelo requiere como fermento un conjunto de seres humanos críticos y con amplia creatividad. Es de lamentar que actualmente el Estado, el derecho y la ideología como discurso “adormecedor” de la realidad, producen un ciudadano sin criticidad ni interés por elevar sus miras.
De la misma forma, el autor del libro plantea la democratización y control de los monopolios en los medios de comunicación para asegurar la democracia y basar el cambio educativo. Lo cierto es que actualmente, dichos monopolios se encuentran muy bien sustentados no solo por la pertenencia e influencia de las transnacionales, sino también, por las líneas editoriales que estos monopolios sustentan, por lo que debería pensarse más bien en un énfasis en los medios de comunicación alternativos que activen el cambio educativo que se espera.
Volviendo a las tesis de Araya, una de sus conclusiones es una idea que el político viene repitiendo en los últimos años: “A lo largo de la historia, la situación de un país depende más de las virtudes del pueblo que lo habita que de la calidad de su gobierno y de los medios económicos y políticos que aplica”. Partiendo de allí, es que debe reconsiderarse lo mejor de nuestro ser costarricense y volver los ojos a nuestros mejores valores que hoy se encuentran subordinados por discursos y acciones egoístas y excluyentes.
Para Araya son los pueblos solidarios los que construyen sociedades socialistas y no al contrario. En este sentido, es de suma importancia que la conducta de las personas refleje los valores del socialismo. Aquí se contrapone esta propuesta al Socialismo Democrático tradicional, donde ante la ausencia de valores socialistas en las personas, corresponde al Estado el ejercicio de la solidaridad a través de políticas públicas que favorezcan a las mayorías.
Lo anterior viene muy ligado a la idea de que la aplicación de ideologías y modelos sin contemplar los contextos sociales, es una solución forzada y por tanto, solo se consigue una dificultad mayor. Tal caso queda ejemplificado con los problemas generados por los regímenes marxistas y liberales, que al forzar la concreción de ciertas medidas generan problemas mayores de violencia, egoísmo y frustración en las personas. Es en este mismo contexto que se sostiene que ninguna política por más avanzada que sea es sostenible si la colectividad, en su conciencia, no está preparada para ella.
Y para el político precisamente ese es el problema de los modelos materialistas en que ha vivido la humanidad, ya que son los valores y las creencias de las sociedades las que se concretan en organizaciones colectivas.
Ahora bien, la característica principal del socialismo no es el tema de la intervención del Estado en la economía, sino, el ejercicio de la solidaridad y la ética del servicio en pro del mejoramiento del prójimo. De ahí se deriva la igualdad como condición ineludible para la mejoría económica y social. Este requisito debe iniciar con el combate y la eliminación del hambre.
En la misma lógica, pero en otro orden de cosas, Araya propone la reducción de la jornada laboral para dar respuesta a la ausencia de empleo, fruto de la sustitución de mano de obra por la tecnología. Del mismo modo, se propone la remuneración del trabajo doméstico y la participación de los obreros en las utilidades de las empresas.
Haciendo referencia al sistema internacional, se expone la regulación antimonopolios y la posibilidad de cobrar impuestos de alcance internacional.
Otro pilar de las recomendaciones en el libro es la distribución de todo tipo de poder, pues por ella, se lograría elevar a las personas y su conciencia. Esto conduce a la descentralización y a la democracia directa donde es fundamental la conciencia de ciudadanía. Esta descentralización será otra característica del socialismo cuántico, contrario a la lógica del socialismo real.
El nivel de distribución de poder dependerá del grado educativo y los valores de una sociedad. Esto llevará a un Estado más participativo.
De seguido, el texto aborda un principio que importantes corrientes espirituales ya han sustentado y que puede resumirse del modo: “la felicidad no está en el ámbito externo del ser humano sino en su interior”. El cumplimiento de este principio llevaría a la equidad entre los sexos y al fomento del crecimiento humano.
Solo por medio de la transformación espiritual será posible una verdadera reforma política, a partir de ésta, se visualiza una real participación ciudadana que diversifica las estructuras de ésta, superando la conocida partidocracia. Tal participación es la base del nuevo socialismo.
Otro tema de interés para Araya es la ecología. La profundidad de su vivencia debe conducir a una nueva economía fruto de un equilibrio integral que produzca una frugalidad opuesta al consumismo.
Adicionalmente, un factor que colabore en el equilibrio material de las sociedades es el control demográfico mundial.
Así como la visión de la política debe cambiar tal y como se ha expuesto, de igual manera, las bases de la economía deben cambiar en el tanto, ésta actualmente no es ciencia, sino, en el parecer del autor, es ideología. Tal cambio debe basarse en la elevación del nivel educativo, teniendo como norte el mejoramiento social.
Así la cuestión económica se resuelve con un cambio de mentalidad y valores. Es con este objetivo que debe orientarse el gasto público en busca del crecimiento humano. ¿Cómo medir dicho crecimiento? Para ello se propone la creación de un Índice de Bienestar General.
Este tipo de indicadores económicos debe contemplar factores de tipo ambiental, cultural y social entre otros, que permitan conceptualizar la prosperidad como bienestar social.
Otro factor que colabora con esta nueva visión económica es el tema de las fuentes energéticas alternativas como el sol y el hidrógeno. En el caso de la economía basada en este último elemento, se observa una importante manera de distribuir el poder y luchar contra la pobreza.
En síntesis, el socialismo cuántico puede resumirse en: “la democracia radical por el amor al ser humano y a su entorno natural”.

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