Lamentable injerencia
Lic. Miguel Miranda Sandí*
miguelmcr@hotmail.com
Es muy lamentable la injerencia del dictador cubano, Fidel Castro, y la de algunos de sus testaferros en el continente, en los asuntos de nuestro país, específicamente respecto al proceso del referéndum, donde los costarricenses decidiremos directamente la ratificación o no del Tratado de Libre de Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana.
Más aún viniendo de regímenes totalitarios que no solamente han socavado la democracia, sino que también han lastimado por muchos años lo más sagrado de la esencia humana como las libertades individuales y los derechos humanos. De verdad que no tienen vergüenza esta clase de tiranos que, como Fidel Castro, se atreven a opinar sobre un proceso que él mismo ha eliminado del sistema de terror cubano.
Supongo que un flaco favor les hacen estas malévolas manifestaciones del tirano cubano a algunos dirigentes del no en nuestro país; sin embargo, no espera uno que salgan en defensa de nuestra soberanía, como tampoco lo hicieron cuando el otro tirano, Hugo Chávez, amenazó con cerrar la empresa de Alunasa, poniendo en juego la estabilidad laboral de muchos trabajadores costarricenses.
De todas formas, los costarricense somos personas sensatas y educadas, y personalmente confío en que no caerán en el jueguito de estos habladores de justicia que fuera de sus países expresan solidaridad humana, pero que en sus propias naciones mantienen vigentes regímenes de terror, que cierran medios de comunicación porque piensan distinto y tienen las cárceles llenas de presos políticos.
Los costarricenses —en su gran mayoría— sabemos que nuestra democracia no es perfecta y que nuestro sistema económico por sí solo no podrá resolver los problemas de la pobreza; pero entienden que poseemos un sistema político capaz de procurar mejores condiciones de vida, así lo hemos hecho siempre, sin tener que recurrir a la demagogia de los tiranos, que como Castro y Chávez solo saben manipular y amedrentar a sus pueblos.
No queremos en nuestro país discursos baratos, ni brigadas, ni censura, ni imágenes de dictadores en nuestros edificios, ni relaciones con países cuyos regímenes son inhumanos. Por el contrario, queremos fortalecer nuestra economía, aumentar el empleo, seguir disfrutando de nuestra libertad, asistir a la iglesia sin temores, en fin queremos un país libre y democrático, como el que tenemos ahora mismo, con educación y servicios básicos. Queremos una nación próspera, con una economía pujante donde todos podamos disfrutar de la innovación tecnológica moderna, queremos una Costa Rica del sí. Sí a la democracia, sí al progreso.
*Político, profesor universitario
Periódico La Prensa Libre 22 de mayo de 2007.

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