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RESONOCO

02/06/2007 GMT 1

Un Señor Jimenez (2)

marfuerte @ 01:28

Las cosas se complican con amagues de violencia, y la anulación de unas mesas que favorecían al Echandismo, con lo que se suma un diputado por el Jimenismo en Alajuela y otro en Heredia por el Volismo.

El partido de don Ricardo negocia con los reformistas aceptando cuatro elementos esenciales: 1) Los puntos básicos del programa del partido Reformista, 2) Nombrar al General Volio como segundo o tercer designado a la Presidencia de la República y la Presidencia del Congreso, 3) Enviar un grupo de personas a Roma a gestionar la plena secularización del General (Recuérdese que Volio había sido sacerdote) y 4) Unir las deudas del partido Republicano y Reformista.

Al final, Don Jorge solo mostró interés en la aplicación de los puntos fundamentales de su programa de gobierno y explicó que los reformistas votarían por Don Ricardo, en tanto, el había obtenido la mayoría de los votos de esa elección.

Los Echandistas mantienen una posición en la que consideran que los diputados de ese partido no deben asistir al Congreso ese primero de mayo para concretar la elección de Don Ricardo, pero un diputado suplente del Partido Agrícola asiste a la sesión, éste expresa que antes de cualquier diferencia política, lo primero es cumplir con la constitución.

El resultado de la votación es el siguiente:

Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno: 27 votos.
Lic. Alberto Echandi Montero: 1 voto.
Votos en blanco: 1 voto.

Volio es nombrado Segundo Designado y dos copartidarios, Secretarios de Educación y Fomento. Ante estos hechos se le propone al Sr. Echandi el levantarse en armas contra el gobierno de Don Ricardo. El interpelado responde con una frase que queda grabada en letras de oro en la historia política del país: “La Presidencia de la República no vale una sola gota de sangre derramada por un costarricense”.

Desde el comienzo, el Presidente de la República inicia con gran vigor su gobierno, crea el actual Instituto Nacional de Seguros (INS), dicta la primera Ley de Accidentes de Trabajo, se avoca a apoyar la agricultura y la ganadería (de la que era amplísimo conocedor por posesiones familiares) y crea la Escuela de Ganadería. Trabaja por electrificar el Ferrocarril al Pacífico y construye el muelle de Puntarenas. Además, fundó el Banco Crédito Hipotecario, que es emblema de la positiva situación económica en la que deja el país.

En el campo de la política internacional, se ratifican los tratados de Washington a los que se oponían importantes sectores del país y retira a éste de la Liga de las Naciones. En la esfera hacendaria logra con Estados Unidos un préstamo por ocho millones de dólares y un arreglo para el pago de la deuda contraída con los franceses durante su primer gobierno.

Una vez más, Don Ricardo entrega el poder a Don Cleto González Víquez y se retira de la vida pública. Se refugia en su finca “Pan de Azúcar” en el pacífico, pero expresa sus puntos de vista a los periodistas que lo van a buscar. Es en este periodo, en el que Don Ricardo contrae por primera vez matrimonio con la señora Beatriz Zamora.

Vale la pena hacer un aparte para referir a la figura de Doña Beatriz. Esta tenía una hermana mayor, Vicenta, y según lo cuenta Don Gonzalo Chacón Trejos, una celestina le ofrece a ella un buen porvenir, iniciando también en esos azares a su hermana menor, pues era más bella. Un día en un lugar público, Vicenta se sacudió la enagua y los fustanes dando grititos de espanto melindroso diciendo: “¡una cucaracha, ay, una cucaracha!”. De ahí su apodo, que fue trasladado a la joven Beatriz.

Así describe el señor Chacón Trejos a Beatriz Zamora: “…esbelta, delgada sin ser flaca y su porte, sobre todo al andar, era ligero y altivo. Tenía las manos muy bellas, manos aristocráticas, que cuidaba con esmero y adornaba con sortijas de brillantes, su gema preferida”.

Se sabe que las hermanas Zamora eran cortesanas de personas de dinero y renombre. Lo cierto es que Don Ricardo conoce a Beatriz e inicia relaciones con ella, quien se convierte en su amante. Nuestro personaje descubre en ella inteligencia, buena memoria y sensibilidad artística, por lo que la educa en el buen trato y el idioma Francés. También aprende algo de inglés y piano.

Don Ricardo era amante de la buena cocina y Beatriz era excelente cocinera, por lo que aprendió alta cocina para complacer a Jiménez. Si bien es cierto, ya durante sus primeras dos administraciones ellos eran pareja, en estos periodos se contempla al Presidente bajo el estado civil de soltero.

Pese a esto, en una ocasión, Beatriz compartió el Palco Presidencial en el Teatro Nacional, lo que causó asombro y escándalo en las altas esferas de aquella sociedad tan conservadora.

Observemos el argumento y la reacción del Lic. Jiménez ante esta situación:
“¿Saben?, yo nunca hablé de eso. La vida de los presidentes es la vida de los presidentes, igual que la de los pulperos o la de los albañiles. Siempre creí que había cosas más importantes en qué fijarse, como por ejemplo la forma en que se cumplían las promesas de campaña o se utilizaba el dinero público.
Como liberal que siempre fui nunca me interesó lo que pensara la Iglesia ni lo que pensaran las señoritingas de lo que llaman la "sociedad".
Viví mi vida con honestidad y con honestidad supe llevar mi relación. Eso quizá también me desligó de la política y de los políticos, pero así fui yo toda la vida.
Un ejemplo: cuando era diputado se me pidió el voto a favor de la apertura de un colegio de monjas, que por aquella época estaban prohibidos. Yo voté en contra. Todos mis compañeros pusieron el grito en el cielo, diciendo que nos íbamos a echar a la Iglesia encima y que íbamos a perder las elecciones.
Pero yo prefería perder unas elecciones que actuar contra mis creencias. Voté en contra, y no perdimos las elecciones”.

Pues como ya dijimos, al concluir su segundo gobierno Don Ricardo Jiménez y Beatriz Zamora optan por casarse, por recomendación del Internuncio Apostólico Monseñor Giuseppe Fieta. Al momento del matrimonio él tiene 69 años y ella 57.

El liberal que era Don Ricardo, al ser nombrado por tercera vez presidente, periodo que abordaremos más adelante, expresa que su esposa compartirá honores con él y en la primera cena de gala ella acude a representarlo. Doña Beatriz fue tratada con frialdad por la alta sociedad de su época, pero ella se caracterizó por su humildad y señorío, características que se trasladaron a su obra social con énfasis en el presidio de San Lucas.

Quien había conocido la pobreza se prodigaba en ayudar a los más necesitados. Se cuenta que en Cartago conoció a un talentosísimo pianista que no contaba con instrumento, por lo que le regaló un excelente piano. Páginas adelante, hablaremos de la enfermedad de Doña Beatriz y la actitud de Don Ricardo.

Luego de este paréntesis en el que sin querer nos hemos adelantado en el tiempo, es bueno volver a la historia política. Los tiempos en que gobierna González Víquez son muy duros dada la crisis del 29 que propicia una gran desocupación y la fortísima oposición que enfrenta. Ya para marzo de 1931, comienza a hablarse del posible retorno al Ejecutivo del “brujo del Irazú”. Esta idea es apoyada a través de diversas páginas de los periódicos. Ante ello, se pronuncia en un reportaje: “Si tuviera en la bolsa la receta de la panacea que ha de curar los malos Presidentes, me apretaría la faja unos cuantos puntos y entraría en la lucha; pero no la tengo”.

Un ciudadano le responde: “…su persona al frente de los destinos del país es la mejor panacea para nuestros males. No es necesario que tenga la receta en el bolsillo, basta y sobra con el hombre”.

El 15 de mayo de 1931, Don Ricardo es proclamado candidato por el Partido Republicano Nacional, pese a la ausencia del político. Retirado en sus de sus fincas, éste dice que estudiará la petición y pone como condición el apoyo de un gran cuadro político y el dinero para afrontar la campaña, esto, en el tanto, él no tiene dinero y no va a pedirlo a sus amigos.

El 9 de junio de ese año, Don Ricardo anuncia que debe reunirse con el comité de su partido y con sus amigos para analizar si aceptará la candidatura. Ante la incertidumbre, un importante grupo de partidarios lo visitan en su casa en Cartago.

Indudablemente, para otros postulantes como el Lic. Manuel Castro Quesada, cuya candidatura estuvo rodeada de polémica, el aspirante a derrotar era el Lic. Don Ricardo Jiménez Oreamuno.

Finalmente, el 16 de julio de 1931, Jiménez acepta la candidatura, luego de lograr que tanto Don León Cortés Castro como Don Alberto Echandi, renuncien a sus aspiraciones. Esto le permite al ahora candidato decir: “…Desde el momento en que se juntaron dos grupos con el mío, para hacer de los tres uno solo, eso significaba que mi candidatura representaba un sector muy considerable de la opinión del país. Separados no resistimos; unidos triunfaremos.”

Y agregará: “…me resistí cuanto pude; pero no podía desoír las voces amigas y menos las de quienes habían sido mis adversarios”.

En suma, Don Ricardo se enfrentará a dos de sus ex colaboradores en su primera administración: Don Carlos María Jiménez Ortiz y don Manuel Castro Quesada, pero el ex Presidente cuenta con apoyo popular y dinero para la campaña.
Más adelante, se sumará a modo de protesta la candidatura de Don Max Koberg Bolandi por el Partido Nacionalista.

Cuando se le pregunta a Don Ricardo por su programa de gobierno dice: “La lucha será dura, pero ya estamos en ella y hay que ir adelante. Ni plataforma ni programa. Lo que pienso lo conocen ya todos. No sería capaz de torcer mi línea de conducta por atraer un adepto”.

Su brillantez como polemista queda de nuevo visible cuando un sacerdote, con la clara intención de demostrar el anticlericalismo, pide a los tres candidatos su posición sobre temas relacionados con la religión. Veamos parte de la respuesta del “Brujo: “No es árbol malo el que da buenos frutos, pues cada árbol por sus frutos se conoce. Y mis dos administraciones anteriores han demostrado, en este aspecto, los derroteros de mi política… Mi respeto por la creencia religiosa, cualquiera que fuera su denominación, ha sido en toda las ocasiones absoluta”.

El ex mandatario critica la visita de sus competidores a los pueblos: “no he ido a los pueblos porque ellos me conocen… además, no gusto de ir personalmente donde los costarricenses a pedirles que voten por mí; ni tampoco me siento capaz de irles a prometer el oro y el moro como hacen ciertos candidatos a sabiendas de que no cumplirán todos sus ofrecimientos y menos en la angustiosa situación en que se encuentra el tesoro público…”.

El 14 de febrero de 1932, se llevan a cabo las elecciones. Estos los resultados a la media noche:

Ricardistas: 32.773 votos.
Castristas: 20.063 votos.
Carlistas: 16.032 votos.
Nacionalistas: 1.569 votos.

Como consecuencia de estos resultados, el candidato Castro Quesada ocupa el Cuartel Bellavista, desconociendo las cifras antes dichas. Este episodio del que no entraremos en detalles es lo que se conoce en la historia de Costa Rica como “el Bellavistazo”. Al final, el causante de la crisis se rinde y acaba con su futuro político. Don Manuel justifica la toma del cuartel, diciendo que lo que buscaba era la renuncia de Jiménez, pues según él, ni como candidato ni como Presidente, el cartaginés traería la paz a la patria. Estos acontecimientos y razones no se sostienen si al observar los resultados se mira que quien disputaría la presidencia a Don Ricardo en segundas elecciones era Don Manuel, en el tanto ninguno había alcanzado la mayoría necesaria para ganar.

Castro Quesada renuncia a su candidatura, con lo que se abre el debate de si era necesario llevar a cabo nuevas elecciones, cosa que al final no se concreta. El 1 de mayo de 1932 y con 24 votos, se elige Presidente a Jiménez Oreamuno. Los 17 diputados opositores votarían por el Dr. Ricardo Moreno Cañas.

El resultado final de estas elecciones en primer grado, luego del escrutinio total de los votos fue el siguiente:

Jiménez O: 35.343 votos.
Castro Q.: 22.029 votos.
Jiménez Ortiz: 17.302 votos.
Koberg B: 1.094 votos.

Cuando se le pide al Presidente una reflexión sobre este episodio dirá: “Liquidada la situación, solo un voto tenemos que hacer todos los costarricenses: que se apaguen las brasas encendidas, los odios que despertó la campaña electoral… ahora podría decir como Lincoln al terminar su campaña presidencial: Muchachos ya acabaron sus molestias; ahora comienzan las mías”.

Su tercer gobierno fue más difícil que los anteriores, por la oposición parlamentaria y la crisis económica, fruto de la depresión del 29. Por tal razón toma decisiones importantes: quitó las multas a los impuestos y brindó tiempos extraordinarios para su pago. Estableció una moratoria por un año a quienes debían a los bancos y bajó las tasas de interés. Trató con dureza a los especuladores con penas de cárcel y grandes multas, creó almacenes de depósito, donó terrenos baldíos a los agricultores y fundó colonias agrícolas.

Fiel a su ideario, aumentó la construcción de obra pública y escuelas, no cejó en la pavimentación de San José y dio inicio a la cañería de Puntarenas iniciando en Ojo de Agua. Este incremento de obra pública sirvió de plataforma a la candidatura de su Secretario de Fomento: Lic. Don León Cortés Castro.

Recién iniciada la tercera administración, la Primera Dama cae enferma. Atendida en los Estados Unidos se le diagnostica un avanzado cáncer intestinal. En su agonía, según testimonio del ya citado Gonzalo Chacón Trejos, dirá a Don Ricardo: “Me siento muy mal , muy enferma… quiero decirte que siempre me gustaron el lujo y las comodidades y le tuve horror a la pobreza; por eso cometí faltas que Dios me perdonó puesto que vos me las perdonastes (sic)… quizá por última vez quiero repetirte que en mi vida solo tuve un amor verdadero y ese mi amor, grande y profundo como el cielo y el mar, has sido vos Ricardo…”

El 6 de febrero de 1933, día del cumpleaños 62 de Jiménez, muere su esposa. Ante esto dirá: “En un día como hoy vieron mis ojos la primera luz, y hoy se ha apagado la luz de mis ojos”.

La entierra a las cinco de la mañana para evitar cualquier acto oficial, pero además, para evitar la hipocresía de la sociedad que la había malquerido. En las honras solo se encuentra al desconsolado viudo, un pequeño grupo de cercanos y las damas mercedarias con quienes la difunta realizó obra social.

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