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RESONOCO

08/06/2007 GMT 1

Aparecida: desafío y oportunidad

marfuerte @ 01:57

En el mundo de hoy, la Iglesia no puede darse el lujo de perder más de lo que ya ha perdido

Mauricio Víquez
Presbítero
Concluyó la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, un acontecimiento largamente esperado y preparado a lo largo de varios años que, como sabemos, contó con la presencia en la apertura de Benedicto XVI, quien fue muy claro al marcar pistas.
“Los pueblos latinoamericanos y caribeños –dijo– tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia”.
Aparecida, lo mismo que el resto de las asambleas realizadas desde 1958, está llamada a ser punto de partida y gran referente a la hora de la planificación pastoral y las evaluaciones que se realicen, al menos, en los próximos 10 años, en el camino a recorrer por la Iglesia latinoamericana.
Es un evento vital, que habrá de ser decisivo si la comunidad católica aspira a enfrentar con éxito el cambio de época por el que pasa y que frecuentemente no entiende a cabalidad.
El trabajo en la Asamblea lució intenso en los medios de comunicación que se han referido al tema.
El encuentro, además, no estuvo muy marcado por disputas internas o disidencias aparatosas como ocurrió en 1968 en Medellín o en la Asamblea de Puebla, 10 años después. Incluso, se han dado hechos de gran interés como, por ejemplo, la integración a las discusiones de grupos como “Amerindia”, afín a cierta teología de la liberación, por iniciativa del cardenal Rodríguez Madariaga.
Ya para el 21 de mayo, gracias a las labores de los participantes en la Asamblea a partir de los documentos de trabajo propuestos y por la votación de los obispos, se tenía a mano el conjunto de temas que estarían presentes en el documento final que la Asamblea había decidido publicar, lo mismo que gran claridad en torno al método que se seguiría en las deliberaciones y elaboraciones finales: ver, juzgar y actuar.
Se veía un buen rumbo en los trabajos y ello contrastaba fuertemente, por ejemplo, con las grandes dificultades que mostró la Asamblea de Santo Domingo desde el inicio.
Iglesia-mundo. El 23, en medio de un quehacer intenso que se notaba en el interior de la Asamblea, la idea de promover la comunión Iglesia-mundo, los llamados al compromiso de cara a construir una sociedad nueva, las constataciones de cara a la pluriculturalidad del continente y la preocupación por el tema ecoético aparecían una y otra vez como cuestiones que provocaban la reflexión de los participantes en el evento que comentamos.
La segunda semana de trabajo era también el tiempo de la elaboración del primer esbozo del documento final, a partir de los aportes de las siete comisiones conformadas con ese propósito.
Se podía conocer, ya para entonces, que cuestiones como la necesidad de invitar al católico a la coherencia y la urgencia de una Iglesia trasformada desde dentro para mostrarse como una institución más capaz de decir algo al hombre de hoy y de suscitar fieles renovados en su fe y con una presencia más fresca en la sociedad, eran temas urgentes que se abrían camino poco a poco entre los convocados a la cita de Aparecida.
A estas alturas, la idea de la Misión Continental ya estaba bastante configurada. El cardenal Hummes la leía como “un nuevo Pentecostés” que pasaba de lo puramente proselitista o de poses antiecuménicas. A la vez, se le comenzaba a mirar como una iniciativa urgente que solo podrá ser real en la medida en que los planes pastorales futuros de las Conferencias Episcopales, de las diócesis, de las parroquias y de todas las formas de asociación de los fieles la asuman y la conviertan en su centro. Una idea muy ambiciosa que, a la hora de las horas, puede ser la más difícil de conducir del papel a la praxis pastoral.
Ya llegando al final del encuentro, unas palabras de monseñor Garachana, obispo de San Pedro Sula, hablaban de la necesidad de un documento final sencillo. Posiblemente así ocurra y llegará alrededor de setiembre o poco antes, como se ha anunciado. Según el cardenal Errázuriz, presidente del Celam, este material buscará iniciar una “nueva etapa pastoral”, mediante un texto que, desde sus tres partes, mira cuanto sucede en Latinoamérica e interpela a la evangelización, anima a los católicos a madurar en su fe y, finalmente, ofrece pistas de cara a una misión renovada.
Dramático y sincero. Especialmente significativo e intenso ha sido el “Mensaje a los pueblos de América Latina y el Caribe”. Animando a todo cristiano al discipulado, este mensaje final es un llamado dramático y sincero al clero a potenciar su afán de formación de todos los cristianos en todas las situaciones y estratos sociales. Es una invitación a todos los que son parte de la comunidad eclesial católica a hacer de ella una “casa de comunión” abierta y más acogedora. Es, además, una declaración de “Iglesia en misión permanente” que excluya toda desidia y toda incoherencia, que opte por lo más débiles, combatiendo cuanto daña la vida, la dignidad de las personas, la paz social y el ambiente. Una Iglesia, finalmente, enrumbada hacia la Misión Continental, gran culminación de la V Asamblea. Un texto breve, rico y muy desafiante, redactado en un contexto de conocimiento fresco de una realidad que, como la de Nuestra América, muestra más oscuridades de las que se desearía contemplar.
El gran reto que se plantea, una vez caído el telón de Aparecida, es que el documento y el acontecimiento ocurrido en Brasil no sea un dato más en la historia de la Iglesia del continente o, peor aún, un texto sumado en la biblioteca de algún párroco o casa de formación teológica por ahí. Medellín se quedó a medio camino, Puebla casi corrió la misma suerte y Santo Domingo casi cayó en el olvido desde el día en que concluyó la asamblea de 1992. Aparecida no puede pasar por lo mismo. Las condiciones son tales, que la Iglesia no puede darse el lujo de perder más de lo que ya ha perdido. Hay un instrumento que parece vivo y realista, aprovecharlo será un gran desafío del que dependen muchas cosas para el futuro del catolicismo latinoamericano.
Periódico La Nación 7 de junio de 2007.

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