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RESONOCO

11/06/2007 GMT 1

La invención de Juan R. Mora

marfuerte @ 23:58

Campaña Nacional LA ACTUACIÓN Y LA MUERTE DE MORA HAN SUSCITADO OPINIONES CONTRAPUESTAS Y CAMBIANTES

Iván Molina Jiménez
Escuela de Historia de la UCR
Finalizada la guerra de 1856-1857, Juan Rafael Mora procuró capitalizar políticamente la expulsión de William Walker y sus fuerzas de Centroamérica. Como lo ha demostrado Rafael Méndez, se configuró entonces un discurso que exaltaba sistemáticamente al presidente y lo presentaba, en la documentación oficial y en la prensa, como al gran héroe de la lucha contra los filibusteros.
Tras el derrocamiento de Mora, en 1859, quienes asumieron el poder elaboraron un discurso que enfatizaba las irregularidades y arbitrariedades atribuidas al régimen depuesto. A la vez, comenzaron a promover héroes alternativos de la guerra de 1856-1857, como Lorenzo Salazar y Juan Santamaría, pero sin éxito.
Según David Díaz, el primer intento por rehabilitar la figura de Mora ocurrió en 1873, cuando varios diputados propusieron construir un mausoleo en el cementerio de San José para trasladar allí los restos de Mora ya que “el tiempo ha despejado las nubes que oscurecían [sus] méritos y servicios”.
Sin embargo, tal proyecto no prosperó, en buena medida porque la comisión legislativa que se pronunció a favor, lo complicó al recomendar que se incluyeran en el homenaje a José Joaquín Mora, José María Cañas y a Braulio Carrillo.
El ‘Erizo’. En la década de 1880, los políticos e intelectuales liberales recuperaron de manera sistemática la guerra de 1856-1857 con el fin de preparar a la población para una eventual guerra con Guatemala. Entonces –de acuerdo con Steven Palmer–, la figura central del proceso fue Juan Santamaría.
Ocurrió así por, al menos, dos razones básicas. Por un lado, se requería de un héroe de origen popular, que pudiera ser convertido en el modelo para los campesinos, los artesanos y los trabajadores. Por otro lado, convertir a Mora en un héroe nacional era problemático no sólo por las irregularidades y arbitrariedades atribuidas a su régimen, sino, sobre todo, porque había muerto fusilado por un gobierno costarricense.
En contraste con Santamaría, la figura de Mora tenía una dimensión controversial que podía potenciar las divisiones de la sociedad costarricense en vez de disminuirlas. Pese a lo indicado, a partir del decenio de 1880 se abrió un espacio importante para rehabilitar al presidente que había liderado la lucha contra los filibusteros.
‘Antiimperialista’. La rehabilitación completa de Mora debió esperar a las primeras tres décadas del siglo XX. Luego de 1900, se configuró un círculo de intelectuales radicales (“la nueva intelectualidad”, según Gerardo Morales), en el que destacaron, entre otros, Roberto Brenes Mesén, José María Zeledón, Joaquín García Monge, Omar Dengo y Carmen Lyra.
En una época en la cual el antiimperialismo empezaba a extenderse por América Latina tras la victoria de los Estados Unidos sobre España (1898), esos intelectuales empezaron a interpretar la guerra de 1856-1857 en un sentido antiimperialista.
Ese fue un cambio fundamental ya que –como lo ha enfatizado Palmer– los liberales de la década de 1880 se esforzaron por diferenciar a los filibusteros del gobierno estadounidense, al presentar a Walker y a sus fuerzas como aventureros apoyados por los estados esclavistas del sur (contrapuestos al norte, industrial y democrático).
Al reinterpretar la guerra de 1856-1857 en un sentido antiimperialista, la nueva intelectualidad puso el acento en Mora más que en Santamaría. Este cambio pudo obedecer a los siguientes motivos.
Primero, por alguna desconfianza en relación con la figura de Santamaría, tan manipulada por los liberales y cuyo acto heroico había sido cuestionado fuertemente por Lorenzo Montúfar. Segundo, porque, en términos de la lucha contra Walker, el papel fundamental evidentemente le correspondía a Mora. Tercero, porque, al presentar al presidente de 1856 como un antiimperialista, se facilitaba cuestionar a los políticos de 1900 por su tendencia a pactar con el imperialismo estadounidense.
Además, como lo ha indicado David Díaz, el acento en Mora permitía responsabilizar de su muerte a la oligarquía, y enfatizar la admiración que había por él en algunos círculos intelectuales del resto del istmo, que lo consideraban el prototipo del patriota centroamericano.
‘Antioligarca’. En un texto publicado en 1898, Manuel Argüello Mora, sobrino del expresidente, había indicado, que su tío era “cuasi adorado por el pueblo”, pero que tenía la oposición de importantes capitalistas (un tema parcialmente adelantado por Montúfar en 1888).
Con la interpretación antiimperialista de la guerra de 1856-1857, lo expuesto por el sobrino parece haberse convertido en la base para elaborar una explicación de la caída de Mora como producto de una conspiración de la oligarquía cafetalera, perjudicada por la creación del Banco Nacional Costarricense (1858).
Ya que esa reinterpretación de la guerra de 1856-1857 y de Mora coincidió con el centenario del nacimiento del expresidente (1914) y con la inauguración de su estatua (1929), la figura de Mora adquirió una fuerte dimensión nacionalista –en el sentido de oposición al capital extranjero–, rápidamente aprovechada por políticos como Ricardo Jiménez con fines electorales.
A su vez, el perfil antiimperialista y antioligárquico pronto sería reforzado. En 1928, en San José, se fundó la Liga Cívica Juan Rafael Mora. En la década de 1930, el Partido Comunista dispondría de una célula llamada ‘Juanito Mora’, y en algunos años conmemoraría el 30 de septiembre (fecha de su fusilamiento).
Ya en 1937, el periódico Trabajo , difusor de la interpretación antiimperialista de la guerra de 1856-1857, responsabilizaba al imperialismo y a los plutócratas criollos del asesinato de Juan Rafael Mora por haber tocado “los bolsillos de los adinerados […] que vieron cortados sus abusos en la especulación cuando el Gobernante creó un Banco Nacional”. Según los comunistas, Mora fue un prócer de estatura continental que supo enfrentarse al imperialismo yanqui.
Tarea pendiente. La exaltación sistemática de Mora asociada con el centenario y con la inauguración de la estatua (algunos trataron ya de equipararlo con Bolívar), y su invención como un antiimperialista y un antioligarca, supusieron que aquellos interesados en difundir tales visiones descartasen las irregularidades y arbitrariedades atribuidas al expresidente. Simultáneamente, obviaron el papel que desempeñó su gobierno en promover el capitalismo agrario, en particular mediante la privatización de tierras comunales.
¿Cuál fue el impacto de esos discursos sobre la historiografía? De los más conocidos historiadores costarricenses del siglo XX, el que recuperó parcialmente la versión más radical de la guerra de 1856-1857 y de la figura de Mora fue Rafael Obregón Loría. En contraste, Ricardo Fernández Guardia, Carlos Monge y Carlos Meléndez adoptaron una posición más crítica en relación con el gobierno de Mora.
Ojalá pronto se disponga de un estudio a fondo de los discursos sobre la guerra de 1856-1857 y acerca de la figura de Mora, y de su utilización, con variados fines, en diversos momentos históricos, incluido el actual.

Suplemento Ancora . periódico La Nación 10 de junio de 2007.

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