Chao Rocky
Ana Coralia Fernández, periodista
paradigma@racsa.co.cr
Seguro que Camila, te esperó en las puertas moviendo la cola.
Seguro que Rintintín vino a darte la pata.
A lo mejor que Lassie quiere ser tu novia celestial.
A lo mejor te esparaba un gran huesote de jarrete en un puesto de privilegio allá en el cielo canino.
No sé si los perros van al cielo. Ni siquiera sé si lo hacen las personas.
Lo que sí quisiera creer es que toda criatura que a lo largo de su vida hace el bien, recibe una recompensa porque la bondad engendra bondad y la luz engendra luz.
Rocky, uno de los primeros miembros de la unidad canina del país, murió la semana pasada. Según pude leer, fue de viejito, casi pensionado.
El se entrenó en brigadas contra incendios y ayudó a detectar conatos, rescatar víctimas y, sobre todo, desde su básico instinto, a resguardar y a salvar la vida humana, por encima de los mismos humanos.
La premisa es la misma: cuando se trata de darle un punto a la bondad, no importa que ésta ande en dos o en cuatro patas; tenga raíces o sea invisible como el viento. Ella se abrirá camino por encima del mal y nos devolverá la esperanza de un final feliz.
Rocky dejó cuatro hijos que hoy siguen sus huellas y que se comportan como verdaderos policías.
Sus compañeros humanos lloraron su partida porque un excelente amigo partió a ese valle prometido donde ya no importa si la piel tiene pelo o pecas, o vello, o color.
Ahora descansa en paz, como lo hacen quienes cumplen su cometido y lo hacen bien.
Periódico Al Día 11 de junio de 2007.

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