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RESONOCO

14/06/2007 GMT 1

Libertad de expresión

marfuerte @ 02:03

Reinaldo Lewis P.
rlewis@prensalibre.co.cr
La libertad de expresión es un principio fundamental en los sistemas democráticos. La garantía de poder decir lo que se piensa es esencial para que los ciudadanos puedan intercambiar criterios y formarse opinión sobre los diversos temas de interés.
Pero es común que una inmensa mayoría de los ciudadanos termine por formarse una idea distorsionada sobre el ejercicio de la libertad de expresión. Vean que, por ejemplo, muchas veces se piensa que los periodistas, por esa condición, tenemos mayores posibilidades para ejercitar ese derecho, al ser parte de los equipos de trabajo de los medios de comunicación.
Por otro lado, cada vez son más los que sienten que la libertad de expresión de los ciudadanos está determinada por los medios de comunicación masiva.
Desde nuestro punto de vista, ambas tesis son erróneas. En el primer caso, debe tomarse en cuenta que aunque los periodistas somos parte de los equipos de trabajo de los medios de comunicación, lo que fundamentalmente hacemos es procesar noticias derivadas de un trabajo de reporteo o investigación previa.
Ciertamente, seleccionamos algunos temas de entre muchas posibilidades. Ciertamente, seleccionamos unos entrevistados de entre muchas posibilidades. Ciertamente, seleccionamos algunos enfoques de entre muchas posibilidades. Ciertamente, a veces la falta de espacio obliga, aun después de lo dicho, a recortar las notas. Pero nada de eso implica expresar directamente una opinión propia. Nadie debería insistir en lo contrario.
Cuando se tiene acceso a espacios de opinión como este del que hacemos uso hoy, entonces allí cambia radicalmente la situación. Pasamos al ámbito de la opinión, donde sí estamos haciendo valer el derecho a la libertad de expresión. Pero esta es una excepción a la regla, pues lo normal es que manejemos opiniones ajenas en razón del trabajo que hacemos.
Esa diferencia no muchos ciudadanos la recuerdan, a pesar de ser un concepto ético que marca de manera clara la profesión periodística.
En cuanto a lo segundo, es obvio que se ha generalizado el criterio de que la libertad de expresión solo puede ser ejercitada en tanto se tenga acceso a los medios de comunicación masiva. La gente cree que solo desde foros como este los mensajes pueden llegar a su destinatario. Pero esta es una falacia. Sobre la base de esa falacia se han construido teorías completas en relación con la libertad de expresión.
Por ello es que cada vez que alguien quiere decir algo sobre cualquier tema termina por cuestionar a los medios de comunicación si siente que estos no le dan espacio para hacerlo y, peor aun, si no está de acuerdo con el espacio que estos le hayan asignado a ese asunto en particular.
Esto es lo que han llegado a hacer los miembros del Observatorio de la Libertad de Expresión, quienes pretenden que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) regule o controle a los medios de comunicación durante la campaña electoral de cara al referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.
El argumento que utilizan es el derecho de la población a obtener información oportuna y veraz. Pero es necesario distinguir qué elementos realmente están jugando aquí.
En primer lugar, la gente puede pensar lo que quiera respecto del TLC, independientemente de lo que publiquen o no los medios de comunicación. Segundo, es a los interesados en cada una de las opciones, sea el sí o el no, a los que compete explicar sus posiciones a los legisladores que tendrán que ejercer el voto soberano el día del referéndum.
Más allá de eso, a los medios de comunicación no se les puede responsabilizar por la veracidad de las informaciones en torno al TLC. Porque, indefectiblemente, estarían exigiendo a los periodistas ejercer una censura previa sobre el particular. Anotamos algunos casos para el análisis: a propósito de una manifestación contra el TLC, una educadora dijo que se oponía a este acuerdo porque, de aprobarse, el Gobierno traería educadores de Estados Unidos que vendrían a quitarle el puesto de trabajo. Esto no tiene ningún sentido ni está escrito en ninguna parte del tratado. Pero es la opinión de esa educadora. ¿Será que esa opinión no debió ser publicada?
Oto caso: el presidente de la República, Óscar Arias, frente a un grupo de trabajadores de una empresa en Cartago, se dejó decir que, de aprobarse el TLC, quienes llegan hoy a trabajar en un Hiunday lo podrán hacer en un BMW. Todos sabemos que eso no es cierto. ¿Se debió, acaso, omitir la manifestación del mandatario?
Para más: el ex presidente de la República Rodrigo Carazo Odio ha dicho reiteradamente que en Estados Unidos lo que quieren es que se apruebe el TLC para venir a llevarse el agua de Costa Rica. Otra mentira. Pero, ¿seremos acaso los periodistas los que debemos esconder lo dicho por el señor Carazo?
Hemos citado solo tres ejemplos. Y sería importante que quienes están insistiendo en la responsabilidad de los medios de comunicación colectiva en este asunto expliquen qué piensan. A mí, en lo particular, me parece que todas las opiniones pueden ser publicadas en el tanto a los periodistas nos conste que corresponden a la fuente que citamos.
Veámoslo con un tema que no es relativo al TLC: un grupo de interés, de cualquier tendencia política, se reúne en privado y trata algunos asuntos. Al salir de la reunión, los periodistas preguntan a algunos de los participantes qué temas trataron y qué acuerdos tomaron. Todos dicen más o menos lo mismo. Pero, ¿quién garantiza que lo dicho corresponda a lo que realmente pasó? ¿Lo pueden verificar de otra manera los periodistas si ninguno estuvo en la reunión? Siguiendo este ejemplo, ¿qué responsabilidad tendrían los periodistas si lo dicho por quienes estuvieron allí no es cierto?
Pasa lo mismo con respecto al TLC. El problema, sin embargo, es que las pasiones están tan desbordadas que se quiere dar a todo una perspectiva que no corresponde.
De todo lo dicho también se desprende que hay una diferencia sustancial entre libertad de expresión y libertad de prensa. Lo segundo contribuye a lo primero. Eso no está en duda. Pero son dos cosas diferentes, aunque también suele haber mucha confusión a este respecto. Lo primero, ya lo dijimos, es el derecho que tienen todos a decir lo que piensan. Lo segundo es el derecho que tenemos quienes estamos en los medios de comunicación a hacer nuestro trabajo sin condicionamientos, salvo los que suponen los principios éticos que regulan el periodismo como profesión.

Periódico La Prensa Libre 4 de junio de 2007.

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