COMO SUPERAR LA PREOCUPACION
Juan Luis Mendoza
No es lo mismo “preocuparse” que “ocuparse”; esto es bueno, aquello no. De ahí la máxima que hemos de tener siempre ante los ojos y que nos hemos de repetir con frecuencia: Ocuparse, sí; preocuparse, no. Pero ¿y qué hacer cuando la preocupación se te impone? ¿Cómo superarla?
He aquí a continuación algunas orientaciones prácticas:
Cuando somos víctimas de la preocupación por un problema que nos afecta (una enfermedad, un accidente, un robo, una mala noticia) corremos el peligro de que nos parezca y hasta estemos convencidos de que somos los únicos en el mundo que padecemos semejantes infortunios, insoportables, por lo demás, y eternos. Lo que era un simple grano de arena lo hacemos una montaña.
¿Qué hacer? Salir de sí mismo para percatarse de que no sólo a uno le pasan esas cosas u otras semejantes que lo agobian y sumen en la preocupación sino que a cualquiera le puede suceder, y ponderar la entereza y ánimo con que soportan sus males mientras se “ocupan” en hacer lo posible por superarlos con paz y paciencia.
Es bueno también el que traigamos a cuento las dificultades y problemas del pasado que acertamos a resolver satisfactoriamente con ilusión y coraje.
A fin de que nos ayude a una mejor comprensión de la realidad, sin exageraciones ni dramatismos, convendrá el abrirnos a una persona que nos ofrezca confianza contándole lo que nos pasa; no para ahondar en la preocupación que nos aflige sino para hallar con su concurso la debida objetividad, la dimensión exacta del asunto, la serenidad que nos permita ver cabalmente las cosas. Amén de que, como lo advierten los psicólogos, el mero hecho de “contar a los otros” un problema personal contribuye a disminuir la ansiedad y acrecentar la calma y la seguridad en nosotros mismos. Dos cosas: no nos sentimos solos y nos resulta más fácil el comprobar que el problema no es tan grave.
Prosigo otro día, Dios mediante.
Diario Extra 16 de junio de 2007.

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