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RESONOCO

19/06/2007 GMT 1

Anticipo

marfuerte @ 01:38

La aventura del año 53

En el año 1953, se convocó a elecciones para buscarle sucesor a don Otilio Ulate Blanco. De familia humilde –se dice que de niño anduvo vendiendo cajetas para ayudar a su madre–, descendiente de franceses por línea materna (Blanch), hizo un gobierno muy a la tica. Don Otilio vivía de pared de por medio de la cantina El Limón, en San José. A pie, saludando a la gente, solitario, se iba hasta la Casa Presidencial; en cierta ocasión, al cruzar por la Avenida de las Damas (un árbol), un ciclista atropelló nada menos que al Presidente, lo que conmovió al país. […]
Pues bien, aunque don Otilio había manejado en forma tradicional al país, eran necesarias y urgentes algunas reformas. Al respecto, parecía que el más indicado para llevarlas a cabo era el candidato del recién nacido Partido Liberación Nacional, porque en el otro bando, el candidato era un millonario terrateniente, con Fernando Castro Cervantes. Nosotros estábamos de lleno con don Pepe Figueres, quien, además, había sido nuestro jefe en el 48.
Un excombatiente muy distinguido, temerario en los campos de batalla, don Frank Marshall, fundó un grupo llamado Unión Cívico Revolucionaria y nos convocó a una reunión en Desamparados para explicar sus objetivos. Recordamos que en esa ocasión, Frank (así le decíamos) se subió a un taburete para dirigirnos la palabra. Por largos segundos permaneció en silencio, y finalmente, se bajó del banco y nos dijo: “Yo no sirvo para estas carajadas de discursos, mejor me bajo y les hablo normalmente”.
Al acercarse las elecciones, don Pedro García, nuestro Jefe en el almacén de la Junta, me advirtió “Tengo informes de que la gente de Frank va a tratar de dar un golpe de Estado para entregarle la Presidencia a don Fernando Castro”. Esto por cuanto era evidente que don Pepe tenía mayoría de partidarios. Ante tal noticia, yo me fui a la oficina de Marshall y le dije: “Me han asegurado que ustedes tratarán de dar un golpe de Estado y también, de liquidar físicamente a don Pepe Figueres, en caso de salir electo presidente”.
Don Frank me dijo: “No, Miguelito, cuando uno quiere liquidar a alguien no lo anda diciendo”. Me pareció lógica la respuesta, pero don Pedro García seguía insistiendo con su “servicio secreto”: “Van a ver, Frank y su gente darán el golpe de Estado. Les han ofrecido tres millones de colones, un platal”.
Por esos días, la Junta ya había construido el esqueleto de cemento del actual Hospital Raúl Blanco Cervantes. Don Pedro vivía en una casa contigua al hospital. […]
De acuerdo con el espionaje de don Pedro, no cabía duda: el golpe de Estado era inminente. Don Pedro, convertido en estratega, concluyó que el esqueleto del futuro hospital era idóneo para que lo usaran los alzados como fortaleza. Entonces, formó un grupo de figueristas para defender la estructura, ya que sus cinco pisos ofrecían sitios excelentes para disparar contra otros edificios capitalinos. […]
Precisamente, el sábado víspera de elecciones (en esa época se trabajaba las mañanas de los sábados, pues no se había instaurado aún la semana inglesa) pasó por el almacén un allegado a Frank Marshall, Óscar Saborío Alvarado, para comunicarnos que Frank reuniría a toda su gente en una casa propiedad de su padre, en las cercanías del Paseo Colón. Los convocados éramos Juan Fernández y yo. El enviado nos dijo que a las 9 a. m. nos esperaría Frente a la Iglesia de La Merced, el domingo, o sea al día siguiente. Juan y yo conferenciamos: “¡Qué vaina! Frank cuenta con nosotros y es muy feo no llegar a la cita. Mejor nos presentamos, le decimos que no estamos con él y luego nos vamos para integrarnos al grupo de Pedro García”. […]
Autor: Miguel Salguero
Editorial: EUNED

Suplemento Ancora. Periódico La Nación 17 de junio de 2007

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