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RESONOCO

21/06/2007 GMT 1

Democracia bajo amenazas

marfuerte @ 01:11

Alarma el lanzamiento, desde el exterior, de amenazas contra el país

Fernando F. Sánchez C.

En 1938, Winston Churchill advertía a la Cámara de los Comunes: “No piensen que este es el final. Este es solo el principio. Es el primer sorbo, una libación anticipada de la amarga copa que se nos hará beber”. Así anunciaba las consecuencias que el mundo democrático iba a enfrentar por su debilidad, y por no tomar en serio la violencia verbal de Hitler y sus seguidores. Once meses después, el mundo entero le daba la razón, pero ya era tarde.
El triste catálogo de las tiranías siempre incluye como ingrediente inicial la amenaza y la retórica violenta. Si la resistencia de los demócratas es débil o inexistente, los enemigos de la libertad se van envalentonando, y acaban llevando sus diatribas a los hechos, con funestas consecuencias dentro y fuera de sus países.
Por ello resulta tan alarmante la insistencia con la que se vienen lanzando amenazas, desde fuera del país, contra nuestro sistema democrático, orgullo nacional. Y a la vez es frustrante observar a costarricenses simpatizantes del autoritarismo repitiendo este explícito desafío a nuestra estabilidad política.
Amenazas externas. El tono empleado por el dictador cubano Fidel Castro, amplificado por su pupilo venezolano Hugo Chávez, pareciera sacado de los libros de historia. El diario oficial cubano Granma publicó en octubre pasado una serie de acusaciones cínicas donde se atribuían a nuestro Gobierno prácticas del propio Castro, como militarizar el país, oprimir a la oposición o perseguir a la Iglesia Católica. Más aún, en otra publicación reciente, Castro tildaba de “fraude” el referéndum que decidirá sobre el TLC, y anunció la posibilidad de enviar “observadores” para avalarlo. Ironía de ironías, ¡como si tuviera alguna autoridad para dar lecciones de democracia!
Chávez ha ido aún más lejos. Intentó sabotear la operación de la empresa Alunasa para desquitarse con el presidente Arias. A través de sus voceros del ALBA (que más bien huele a ocaso), pide apoyo de forma explícita para uno de los bandos en el referéndum. Todos entendemos lo que implica esta “intervención”. Está más que probado su interés de “exportar” la revolución “bolivariana”, como lo atestiguan su historial de intromisiones en procesos políticos ajenos (Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, entre otros) y su desdén por la libertad de pensamiento (retratado por el cierre de RCTV).
Amenazas internas. La advertencia de Churchill fue recibida con abucheos por los apaciguadores y los simpatizantes del nazismo. Hoy, en Costa Rica, es probable que surjan los abucheos de aquellos que, envalentonados por los desplantes de Chávez y Castro (mal imitados por Daniel Ortega), aprovechan su sombrilla protectora para amenazar nuestra democracia desde dentro.
A mediados del 2005, desde el Teatro Melico Salazar, se emitió un manifiesto que llamaba a desconocer el resultado de las elecciones nacionales si las ganaba Óscar Arias “por equivocación del pueblo”. ¡Corregir al pueblo en una democracia! Fue un acto mayúsculo de soberbia. En la democracia más estable de Latinoamérica, al votante se le respeta, no se le corrige.
Desde entonces ha sido amenaza tras amenaza. Se cuestiona al Tribunal Supremo de Elecciones por el resultado de febrero del 2006. Acto seguido, se tilda de “mecánica” a la mayoría legislativa y se amenaza con desconocer al Poder Legislativo invocando la “democracia de la calle”. Piden la realización de un referéndum sobre el TLC y, cuando se da, califican de “fraudulenta” la convocatoria y, de nuevo, amenazan con revueltas. Hace pocos días, un “líder” sindical afirmaba explícitamente su intención de ubicar a Costa Rica en la órbita de Venezuela, y sentenciaba que, en caso de perder el “no” en el referéndum, desconocerían el resultado y recurrirían a la violencia “de la calle”. ¡Qué poca distancia hay entre el autoritarismo y la “democracia a conveniencia”!
Una esperanza. Las amenazas a nuestra democracia han sido abundantes y constantes, y llegó el momento de tomarlas en serio. Más allá de nuestra posición a favor o en contra de un tratado comercial, lo que está en la balanza es la estabilidad interna, la paz y la libertad en la que hemos nacido y crecido. Desconocer las instituciones y los resultados electorales es desconocer la democracia, así de simple. De los que hoy la desacreditan y la amenazan, no podemos esperar sino tiranía. Cuba y Venezuela son los espejos que reflejan la realidad a la que algunos quisieran llevarnos, si los demócratas convencidos permanecen en un pasivo y complaciente silencio.
Urge realizar lo que Churchill describió como “un supremo esfuerzo para recuperar nuestra salud moral”. Y eso se logra alzando la voz sin ambages y defendiendo nuestra democracia como lo hemos hecho en los últimos 60 años: desechando las voces de la subversión, debatiendo y dialogando con tolerancia, participando con decisión en los procesos democráticos y, sobre todo, votando.

Periódico La Nación 20 de junio de 2007.

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