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RESONOCO

27/06/2007 GMT 1

¿Cuál ciencia?

marfuerte @ 01:43

Criterio discutible SE PRIVILEGIA la importancia de LAS CIENCIAS NATURALES SOBRE LA DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Róger Churnside
chimi00@racsa.co.cr
Lectoras y lectores: si ustedes tuvieran la paciencia de examinar las definiciones de ‘ciencia’ que ofrece cualquier diccionario, se darían cuenta de que hay un claro sesgo a favor del conocimiento de la naturaleza, de las realidades tangibles (susceptibles de percepción por los sentidos), y contra el conocimiento de la sociedad, de las realidades conceptuales construidas entre las mentes y dentro de ellas.
Con los adjetivos aplicados para diferenciarlos y compararlos, suele ocurrir lo siguiente: (a) cuando al conocimiento de lo físico-natural se lo califica de ‘exacto’, ‘puro’ o ‘básico’, el conocimiento de lo mental-conceptual queda sin calificación; en cambio, (b) si al primero no se le pone calificación, el segundo es designado como ‘social’ o ‘humano’.
Sesgos. En ambos casos se destaca el sesgo: en (a), los adjetivos sugieren que la ciencia natural es más precisa y rigurosa; en (b), la implicación es que la ciencia natural no requiere calificación ni énfasis aclaratorio alguno, mientras la ciencia social sí los necesita.
Por otro lado, en el sistema educativo de Costa Rica ocurre lo siguiente: en los niveles primario y secundario, hay asignaturas que se clasifican como ‘ciencias’, y otras como ‘ciencias sociales’, con la connotación arriba descrita. En el nivel superior, hay carreras o profesiones distribuidas por facultades con esos mismos nombres.
Además, en organizaciones científico- tecnológicas nacionales como el Colegio de Costa Rica y el CONICYT, la representación de ciencias naturales es mucho mayor que la de ciencias sociales. Excepción –que confirma la regla– podría ser el caso de los premios nacionales que otorga el Ministerio de Cultura: no se observa un claro sesgo contra las ciencias sociales propiamente; inclusive podría estar a favor si combinamos estas con humanidades.
¿‘Superiores’? En general, esa supuesta superioridad o preferencia de la ciencia natural sobre la ciencia social, carece de base o justificación. Se deriva de dos confusiones: una de ciencia con tecnología; y otra sobre la tecnología en sí. La aclaración de esas confusiones lleva a concluir que no se requiere meramente un equilibrio entre ambas ramas del conocimiento, sino que ciencia y tecnología social merece atención primaria con respecto a ciencia y tecnología natural.
Promover conceptos y políticas orientados a lo contrario en instituciones educativas y de otra índole constituye un gravísimo error que debemos corregir urgentemente. A continuación, explicaré por qué.
En primer lugar, mediante las disciplinas tecnológicas del área natural, la humanidad ha adquirido enorme capacidad para actuar sobre la naturaleza.
Esa capacidad se confunde con ‘ciencia’, la cual pretende no meramente influir y aprovechar, sino también entender, interpretar, cultivar y crear. Así, al conceptuar la tecnología, cada vez más como ‘ciencia’, se renuncia a entender, interpretar y cultivar la naturaleza y la vida en general.
Es posible mostrar que, durante el Siglo XX, la tecnología avanzó enormemente, mientras la ciencia lo hizo relativamente poco. Por ejemplo, el famoso estudioso de física Richard Feynman (q. e. p. d.) decía que nadie sabe qué es ‘energía’ (Feynman 1963, p. 71), aunque se sabe cómo usarla en todas formas, algunas muy productivas y beneficiosas; otras, sumamente peligrosas y destructivas.
En segundo lugar, la humanidad también ha adquirido gran capacidad para controlar la sociedad, con base en disciplinas prácticas del área social. Así, se sabe organizar, operar y coordinar millares de empresas productoras de mercancías y entidades de servicio, para abastecer ciudades, países y uniones internacionales de millones y centenas de millones de personas.
El conocido sociólogo Anthony Giddens ha argumentado que la práctica social envuelve o supera la tecnología natural, en el sentido de que la primera genera las estructuras para operar y dirigir la segunda (Giddens 1986, pp. 348–354).
Giddens sostiene que es equivocada la idea ampliamente extendida de que en ciencia social no es posible realizar –o no se realizan– experimentos, para someter a prueba hipótesis y teorías; destaca que ello ocurre constantemente, con la diferencia –respecto a la ciencia natural– de que tales hipótesis, teorías y experimentos se convierten en componentes de la realidad social
Conciencia. Por otra parte, quienes estudian las sociedades no suelen conceptuar las prácticas y políticas sociales como ‘tecnologías’, aunque cumplen todas las condiciones respectivas y guardan una relación con la ‘ciencia social’ que es similar a la que existe entre ciencia natural y tecnología natural.
Una notable excepción a ese modo de pensar son las ideas del físico teórico y experimental (convertido en filósofo de la ciencia) Mario Bunge. Él aplica el término sociotecnología para referirse a disciplinas sociales como derecho, gestión o administración y economía normati-va (Bunge 1999, caps. 7-11).
Recordemos a científicos naturales, como Ilya Prigogine, químico orgánico, historiador y filósofo de la ciencia, Nobel de 1977 por su trabajo sobre ‘estructuras disipativas’; y Stephen Hawking, físico cosmólogo, estudioso de ‘hoyos negros’ y los orígenes del universo, titular de la Cátedra Isaac Newton de la Universidad de Oxford.
A pesar de sus profundas diferencias, ambos coincidieron en que el conocimiento natural es y debe ser orientado por el conocimiento social y ético-moral (Prigogine 1984, p. 312; Hawking 1987, p. 175).
Esa posición ha sido compartida por científicos sociales también distinguidos, como la economista Joan Robinson (q. e. p. d.), escritora prolífica, profesora de la Universidad de Oxford, e Immanuel Wallerstein, presidente de la Asociación Mundial de Sociólogos, profesor de las universidades de Yale y Binghamton. (Robinson 1971, cap. 14; Wallerstein 2004, p. 189).
¿Conclusión? Las distinciones y preferencias hechas entre ciencia natural y ciencia social en el sistema educativo costarricense y algunas instituciones nacionales que promueven ciencia y tecnología, no tienen bases racionalmente sostenibles. Son anticuadas, sesgadas y engañosas; por tanto, deben ser desechadas cuanto antes.
Bibliografía
recomendada
Bunge, Mario: Social Science under Debate ; University of Toronto Press, Toronto 1999.Feynman, Richard: Six Easy Pieces ; Perseus Books, Cambridge, Massachussets 1995.Giddens, Anthony: The Constitution of Society ; University of California Press, Berkeley 1986.Hawking, Stephen: A Brief History of Time ; Bantam Books, New York 1988.Prigogine, Ilya, e Isabelle Stengers: Order Out of Chaos ; Bantam Books, New York 1984.Robinson, Joan: Freedom and Necessity ; Vintage Book, New York 1971.Wallerstein, Immanuel: The Uncertainty of Knowledge ; Temple University Press, Philadelphia 2004.
Suplemento Ancora. Periódico La Nación 24 de jun

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