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RESONOCO

28/06/2007 GMT 1

Casablanca y los recuerdos...

marfuerte @ 02:22

Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
En 1943, en Costa Rica se vivía como en una gran aldea. La energía eléctrica recién se conectaba a las cinco de la tarde y muy pocas familias poseían radioreceptores y, menos aún, refrigeradoras y cocinas eléctricas. Se cocinaba en macizas cocinas de hierro, con leña o carbón o en anafres y las planchas se calentaban con brasas colocadas en su hueco interior.
En la mayoría de los hogares, los alimentos se mantenían en pequeñas neveras de madera, forradas, en su interior, con hojalata. Había varios proveedores de hielo, pero el más famoso era la cervecería Traube, que repartía las marquetas o secciones de éstas, de puerta en puerta, mediante un carretón de color verde, tirado por una mula. Era la famosa “mula de Traube”...
La Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo y la gente vivía pendiente de las noticias, que muchas veces se anticipaban, previo ulular de estridentes sirenas, mediante grandes pizarras colocadas en los balcones de los diarios de entonces. Por cierto que el único sobreviviente de aquellos importantes periódicos es LA PRENSA LIBRE, ya que los otros dos, Diario de Costa Rica y La Tribuna, ya no existen. A partir de las cinco de la tarde, quienes poseían aparatos de radio, escuchaban, con avidez, las noticias bélicas y luego buscaban consuelo en programas humorísticos protagonizados por el Concho Vindas, Zolio Peñaranda, Carmencita Granados y otros, o se dejaban cautivar por las misteriosas investigaciones del Príncipe Oshima, que magistralmente interpretaban el Gordo Ortiz y el Flaco Castillo, junto a Isabel Quiros...
Mi padre, el periodista Rubén Hernández Poveda, quien entonces laboraba en la redacción de LA PRENSA LIBRE, dirigida por don Pepe Borrasé, escribía todos los días un comentario sobre la marcha de las acciones bélicas, que a mí me correspondía llevar, en muchas ocasiones, a Radio Nueva Alma Tica, situada en una callecita frente a lo que es hoy el pabellón de emergencias del Hospital de Niños. Yo le entregaba el comentario al recordado hombre de radio, Chico Montero, quien se encargaba de leerlo ante el micrófono.
Pero, la vida seguía su ritmo normal. Todos los fines de semana había bailes en El Sesteo, la Casa España, El Bambú, el Salón Muñoz y otros concurridos salones de entonces. Los domingos había partidos de fútbol en el recién reconstruido Estadio Nacional y los viernes en la noche, animados combates boxísticos o veladas de básquetbol, en el Estadio Mendoza. Al Teatro Nacional llegaban famosas compañías de ópera y zarzuelas y prestigiosos concertistas.
En el boxeo, el ídolo máximo era Emilio Castrillo; en el básquetbol sobresalía “Nancho” Fernández; en el ciclismo rivalizaban Guillermo Brizuela y Evangelista Chavarría; en el fútbol, las figuras cumbres eran Alejandro Morera y Fello Meza; en el beisbol, Danny Hayling, los hermanos Palomo y el “Gallego” Martínez; en el billar, Moisés Quesada...
Fue en ese año de 1943 cuando se estrenó, en Costa Rica, la inolvidable película Casablanca. Recuerdo que los días siguientes a esa proyección, todo el mundo andaba cantando o silbando la nostálgica canción “As time goes by” (El tiempo pasa), que en la película interpreta el cantante Dooley Wilson (Sam), aunque no era él quien tocaba el piano sino Eliot Carpenter. Como datos curiosos sobre Casablanca, cabe recordar que, en un principio, los papeles estelares iban a ser interpretados por Ronald Reagan y Ann Sheridan, pero luego fueron sustituidos, en buena hora, por Humprey Bogart (Rick) e Ingrid Bergman (Ilsa), quienes viven en la pantalla la relación más romántica en la historia del cine...
La otra canción famosa de Casablanca es Perfidia, inmortal bolero que el mexicano Alberto Domínguez había compuesto en 1939. Y, en uno de los momentos cumbres de la película, la mayoría de los asistentes al “Café de Rick”, entona, en forma vibrante y emotiva, La Marsellesa. Injustificadamente, el autor de la canción emblemática de la película, “As time goes by”, es un ilustre desconocido: Herman Hupfeld. Otro dato interesante es que Casablanca se estrenó oficialmente en Nueva York, en enero de 1943, aprovechando la circunstancia de que en esa fecha se realizó la histórica reunión, precisamente en Casablanca, entre el presidente norteamericano, Franklin D. Roosevelt y el primer ministro inglés, Sir Winston Churchill. Desde entonces, a Casablanca se le conoce más por la película, que por haber sido una ciudad del Marruecos francés, punto vital de enlace con Lisboa, para quienes buscaban escapar del Tercer Reich...
Para quienes peinamos canas, Casablanca seguirá siendo la historia inolvidable de un romanticismo perdido en las brumas del tiempo...
Periódico La Prensa Libre 27 de junio de 2007

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