¿Un mundo libre de armas nucleares?
Margaret Beckett *
El régimen de no proliferación nuclear se encuentra bajo presión. Dos países –Irán y Corea del Norte- insisten en un desafío abierto a la comunidad internacional y dan pie a una seria posibilidad de proliferación regional. El terrorismo ha declarado su
disposición a utilizar material nuclear. No obstante, debemos asegurarnos de que los países puedan generar electricidad a partir de combustible nuclear, y al mismo tiempo fortalecer las salvaguardas que evitarán que los materiales o los conocimientos nucleares caigan en las manos equivocadas.
Se trata de retos muy serios, pero no existe razón para pensar que no podamos afrontarlos. A pesar de los recientes estancamientos, el consenso fundamental antiproliferación ha sido muy resistente. La gran mayoría de los Estados no ha desarrollado armas nucleares. Muchos menos Estados de los que alguna vez se temió las han
adquirido y conservado. Los mismos
Estados reconocidos como poseedores de armas nucleares han realizado importantes reducciones en sus arsenales nucleares.
Sin embargo, como lo discutía el lunes pasado en una importante conferencia internacional en Washington, si deseamos lograr resultados en no proliferación, deberemos mostrar mucha más ambición y acciones en torno al desarme nuclear. Los países que en la actualidad poseen armas nucleares deberán conducirse con responsabilidad -y que ésta se note- en torno a un mundo libre de armas nucleares. La mayoría de los
países -cuyo apoyo es vital para el consenso internacional sobre no proliferación- desean y esperan que los anteriores hagan más para cumplir con nuestras obligaciones dentro del TNP. De no hacerlo, los proliferadores potenciales intentarán aprovechar nuestros desacuerdos. Y esa necesidad de revigorizar nuestro compromiso colectivo es igualmente determinante en el ámbito regional. Al claro compromiso de la comunidad internacional con la existencia de zonas libres de armas nucleares, incluyendo el Medio Oriente, constituye uno de los principales pilares del régimen de no proliferación.
Naturalmente, los Estados poseedores de armas nucleares deben de ser mucho más abiertos en cuanto a los pasos que han dado en temas de desarme: la amplia reducción de ojivas militares –unas 40 mil- que han logrado Estados Unidos y Rusia desde el fin de la Guerra Fría, igual que las reducciones que Francia y el Reino Unido hemos hecho a nuestros arsenales, que son mucho más pequeños. El sentido de estancamiento es de verdad suficiente. Existen peligros por la ausencia de un debate a los más altos niveles sobre desarme y una incapacidad colectiva de elaborar un plan claro para avanzar.
Requerimos de visión -el escenario para un mundo libre de armas nucleares- y acción– avances progresivos para reducir la cantidad de ojivas militares y limitar la injerencia de las armas nucleares en las políticas de seguridad.
La historia nos ha mostrado cómo una visión audaz puede llevar a acciones igualmente audaces. Por ejemplo, ¿William Wilberforce habría conseguido siquiera la mitad de lo que logró si solo hubiera intentado “regular” o “reducir” el comercio de esclavos, en lugar de abolirlo? Lo dudo. Lo
mismo ocurre con las armas nucleares. La creencia de que es posible una eventual prohibición de las armas nucleares puede servir de impulso para acciones de desarme. Por el contrario, creer que no es posible constituye la vía más segura para la inacción.
Actuar no significa establecer un calendario poco realista para la abolición de las armas nucleares. Se requeriría de mucho más que una diplomacia de desarme; requeriría de un contexto político mundial mucho más seguro y predecible. Este contexto no existe en la actualidad. De hecho, por eso hace poco el Reino Unido tomó la decisión de conservar nuestra habilidad y contar con capacidad de disuasión nuclear independiente después de 2020.
Pero el reconocimiento de que en la actualidad no existen las condiciones para la prohibición no significa que nos resignemos a la idea de que nunca llegaremos a ese punto. Tampoco evita que demos los pasos necesarios para reducir el número de armas nucleares y empezar a pensar cómo deshacernos de ellas por completo. Por ejemplo, el Reino Unido anunció otra reducción de 20 por ciento en el número de ojivas militares con capacidad operativa. Además, hemos declarado que, de existir las condiciones adecuadas, nos desharemos del resto de ellas.
Requeriremos de tres pasos en el ámbito internacional. Cada uno por sí solo representa un movimiento positivo y un avance hacia un mundo libre de armas nucleares. Primero, reducciones adicionales en las cifras de ojivas militares, especialmente en los mayores arsenales del mundo. En el mundo aún quedan más de 20 mil ojivas militares. Prácticamente nadie -políticos, estrategas militares ni científicos- considera que sea necesaria tal cantidad de ojivas militares para garantizar la seguridad internacional. Segundo, ejercer presión con el Tratado para la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares y con el Tratado para la Prohibición de Material Fisible. Ambos limitan la capacidad de los Estados parte de desarrollar nuevas armas y expandir sus capacidades nucleares. Tercero, volver a analizar nuestra forma de manejar la transparencia y verificación mundial- elaborar un marco que ofrezca a los demás la confianza para realizar recortes más profundos en sus arsenales y, algún día, renunciar a su capacidad nuclear para siempre.
Ya he mencionado que deseo que el Reino Unido sea un “laboratorio de desarme”. Eso significa una nueva forma de pensar. Así, por ejemplo, participaremos en un estudio a profundidad del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos a propósito de los requerimientos para una eventual eliminación de todas las armas nucleares. Y lo respaldaremos con trabajo práctico. Nos concentraremos en el trabajo complejo pero determinante de crear un sistema de verificación robusto, confiable y eficaz que no implique renunciar a la seguridad nacional ni la proliferación de información sensible.
La mía es una generación que siempre ha vivido bajo la sombra de la bomba. Pero existe un riesgo en acostumbrarse a algo tan terrible. Si permitimos que se relajen nuestros esfuerzos por el desarme, si nos damos el lujo de dar por hecho el consenso por la no proliferación, esa sombra nuclear que se cierne sobre todos nosotros será más larga y profunda. Podría, algún día, oscurecer nuestra suerte para siempre. No podemos permitir que eso ocurra.
* Ministra de Relaciones Exteriores del Reino Unido
Periódico La Prensa Libre 28 de junio de 2007

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