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RESONOCO

05/07/2007 GMT 1

Reflexiones sobre Cartas a un ciudadano , de José Figueres

marfuerte @ 00:55

Ningún gobernante después de don Pepe nos hablaría tan claro sobre el buen gobierno

Clara Zomer

Las Cartas a un ciudadano se escribieron en 1955, cuando yo tenía 15 años. En ellas se describen los parámetros de una nueva Costa Rica, la de la Segunda República. Sería muy presuntuoso de mi parte decir que leí las cartas de don Pepe en aquella lejana época, pero puedo atestiguar del sentimiento que me embargaba como la aspirante a ciudadana que era.
Desde El Paso de la Vaca, donde nací, veía abrirse las oportunidades una tras otra. Me habían matriculado en el Liceo de Señoritas Anastasio Alfaro, que fue, durante muchos años, el primer liceo para mujeres que se fundaba después del legendario Colegio de Señoritas. Asistí asombrada a la erradicación del tugurio del Callejón de la Puñalada, que era parte del historial del vecindario.
Frente a mi casa, una vecina, funcionaria de la CCSS, nos ilustraba sobre los beneficios de la Caja a sus asegurados, pero también, en alguna forma, de las ventajas de tener un puesto fijo en una institución del Estado. Para tener acceso a uno de tantos empleos que se creaban en aquel momento en el sector público, hice el examen en el apenas estrenado Servicio Civil.
Era de prosperidad. En 1957, ingresé a la Universidad de Costa Rica, que recién inauguraba la gran reforma de los Estudios Generales liderada por Rodrigo Facio. Había decidido seguir la carrera de Ingeniería Civil, y ya para 1960 me ofrecieron trabajo como asistente de ingeniería en el Instituto Costarricense de Electricidad.
Se hablaba de eliminar los vicios de la corrupción y de cuán orgullosos debíamos sentirnos de las garantías que ofrecía nuestro sistema electoral.
Por todas partes se sentía la presencia de un espíritu nuevo, y la continua creación de nuevas instituciones pronosticaba una era –como en efecto fue– de prosperidad.
Medio siglo después leo las Cartas a un ciudadano con admiración y agradecimiento. Ningún gobernante después de don Pepe volvería a hablarnos con tanta claridad sobre el buen gobierno, pero tampoco de nuestros defectos y malas costumbres ciudadanas que, con sus pacientes explicaciones en las Cartas , pretendía erradicar.
Algunas de las instituciones de las que habla don Pepe en sus Cartas no pudieron pasar la prueba de los años, como el Instituto de Estabilización de Precios o la banca nacionalizada. Otras forman parte del acervo patrio y ningún partido político se atrevería a eliminarlas.
Sin embargo, el robusto edificio estatal que construyó don Pepe con sus compañeros del Movimiento de Liberación Nacional sufre las penurias de medio siglo de duras batallas y asedios. Acechan las corruptelas y la burocracia. Contra el espíritu de cambio que animaba a don Pepe, se yerguen las amenazas del inmovilismo y el temor a lo nuevo. Todavía más que en la época en que escribía don Pepe sus Cartas , es necesario procurar la diversificación de la producción nacional y defender, en forma inteligente, nuestro acceso al comercio mundial.
Voz clara y sonora. Después de cinco décadas y de vivir los cambios que entronizó don Pepe, al releer con tanto gusto las Cartas que en su momento dedicó a los ciudadanos y ciudadanas de este país, descubrí un pequeño gran detalle que en tantos años había pasado inadvertido por mí:
En 1948, al llegar al gobierno el Movimiento de Liberación Nacional se elevaron los sueldos de los magistrados súbitamente, en fuerte proporción, para cubrir el atraso de muchos años.
Don Pepe ejemplifica así dos importantes aspectos: Por una parte, y como primera prioridad, asigna salarios dignos a los impartidores de justicia, ya que un Poder Judicial fuerte, independiente y a prueba de corrupción constituye un pilar fundamental de la democracia; y, por otra parte, razona en la misma forma sobre la necesidad de que los funcionarios que ocupan cargos de responsabilidad en la Administración Pública ganen lo que corresponda a su rango y representación.
¡Qué clara y sonora resuena la voz de don Pepe, tan actual para interpretar los temores y esperanzas de los administrados como cuando escribía sus Cartas a mediados del siglo XX!
Periódico La Nación 2de julio de 2007.

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