ODIARSE A SI MISMO (2)
Juan Luis Mendoza
Sigo con el tema de odiarse a sí mismo y he aquí otra característica: la necesidad de que todo el mundo acepte y apruebe a esas personas víctimas del autoodio. Y se comprende, porque al carecer de la debida consistencia y seguridad en sí mismas, esas personas -no crecidas, no maduras psicológicamente- demandan la constante aceptación y aprobación de lo que son y hacen como un modo, aunque engañoso, de compensar el malestar interior por no aceptarse y amarse a sí mismas como es debido.
Son perfeccionistas en grado extremo. Como se sienten por dentro desprovistas de toda valoración y estima, esas personas tienden al perfeccionismo a fin de recabar de quienes les rodean un afecto que de otro modo no merecen de acuerdo al bajísimo concepto que de sí tienen.
Como lo advierte el psicopedagogo Bernabé Tierno Jiménez “en general, tras el perfeccionismo se esconde una personalidad débil, insegura, y con unos niveles muy bajos de autoestima y de sentimiento de competencia”.
¿Y qué ocurre? Que al no lograr la perfección a la que aspiran, se sienten fracasadas y se hunden en la desesperación.
En lo que concierne a lo religioso, las personas que se autodesprecian corren el riesgo de sumirse en el tormento de los escrúpulos de conciencia, las dudas, los complejos de culpabilidad. Su Dios es un Dios castigador; no el Padre bueno del cielo que nos ama tal como somos, pecadores, y que está dispuesto a ayudarnos en todo con su gracia que sana y salva.
¿Se reconoce usted en esta descripción? Busque ayuda. ¿Sabe de alguien que es así? Hay que ver cómo se le echa una mano, aunque resulte una tarea nada fácil por las características indicadas.
Sigo con el tema en próximos escritos, Dios mediante.
Diario Extra 7 de julio de 2007

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