Reflexión a las lecturas de la eucaristía del 15 de julio de 2007.(2)
Al igual que Él, debemos escoger al ser humano por encima de todo: el dinero, los títulos, las estructuras sociales. El amor cristiano no hace discriminaciones de ninguna clase. ¿Estamos dispuestos a hacer lo mismo?, ¿Estamos dispuestos a ser verdaderos prójimos? Ser verdaderos prójimos es mover el centro de interés de mi mismo a los demás.
Recordemos que la pregunta que originó todo el episodio, era: ¿Qué había que hacer para conseguir la vida eterna? La respuesta es el amor. El amor es la vida. La pregunta del legalista era para entrar en la discusión doctrinal (dogmas, catecismos, lista de verdades, normas morales). Jesús no se deja atrapar por las finas argumentaciones teológicas, responde desde la vida misma, haciendo comprender que la fe no es solo cuestión intelectual sino, del obrar y de un obrar hacia el prójimo: “Poned por obra la palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos… La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo”. (Santiago 1: 22. 27). “Si un hermano o una hermana no tienen con que vestirse ni que comer, y ustedes les dicen: Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso?” (Santiago 2: 15 – 16)
Al final, ya no hay discusión sino una cuestión práctica: “Ve y haz tú lo mismo”. La religión cristiana no es cuestión de discusiones, es cuestión de corazón y de práctica: “Si uno goza de riquezas en este mundo y cierra su corazón cuando ve a su hermano en apuros, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios para afuera, sino de verdad y con hechos. Si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; pues si no ama al hermano suyo a quien ve, no puede amar al Dios a quien no ve” (1 Juan 3: 17 – 18. 20)
El verdadero cristiano no es el que sabe, sino, el que hace. La otra pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” es volcada por Jesús: “¿Quién se portó como prójimo?”.
¿Cómo sería el mundo si hiciéramos caso a las palabras de Jesús? “Ve y haz tú lo mismo”.
Dibuja sonrisas en los rostros de los demás. Evita que se marquen arrugas en sus rostros. No provoques desilusión en los corazones de los demás. No destruyas sus esperanzas, no alimentes sus desesperaciones con frialdad e indiferencia. Solo de esta manera te portarás como prójimo con ellos.
Reflexionemos durante esta semana, ¿Con cuál personaje de la parábola me identifico?, tengamos conciencia de que nosotros escogemos nuestro papel, nosotros hacemos nuestra propia parábola. ¿Cuál es mi nombre en el relato evangélico?, ¿Cuál es mi accionar que queda reflejado en el evangelio? Podemos contemplar en la parábola los personajes y sacar de allí las consecuencias de enseñanza para el día de hoy: un hombre (v 30) anónimo que es victima de los ladrones y cae medio muerto en el camino; un samaritano (v 33) un medio pagano – o tal vez un pagano completo- cuyo trato y relación con los judíos era casi un insulto a sus tradiciones; un sacerdote (v 31) y un levita (v 32), la contraposición y la diferencia entre dos rangos de poder religioso, pues el levita era un clérigo de rango inferior que se ocupaba principalmente de los sacrificios, “testimonios” de un culto oficial y de los rituales a seguir en la religión establecida.
Oremos durante esta semana: “Señor ayúdame a entender y vivir que siempre hay alguien necesitado en mi camino. Ayúdame a ser fuerte para combatir a aquellos asaltantes de la dignidad, la esperanza, de la libertad, de la justicia, de la paz.
Hazme instrumento de tu amor para aquel ser humano herido a la orilla del camino.
Hazme instrumento de ese amor capaz de darlo todo.
Enséñame a andar por el lado correcto del camino.”.

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