Columna Surco
Francisco Barahona R.
Con frecuencia paso sobre el puente del río Tárcoles cerca de Orotina, lugar que se ha convertido en un verdadero mirador turístico para observar a los cocodrilos que se encuentran en su alrededor; cientos de turistas, nacionales o no, se detienen a los lados de la carretera para observar esa maravilla animal de la naturaleza, donde se pueden encontrar ejemplares de cuatro y hasta cinco metros de largo.
No hay duda, el espectáculo bien vale la pena correr los riesgos de un atropello, pues no hay condiciones de seguridad que protejan al turista, hay que caminar dentro del puente, sin acera y atentos a los autos que pasan a velocidades altas; tampoco es seguro el sistema de vigilancia policial contra los ladrones, pues hay una pequeña casilla de vigilancia con uno o dos policías como máximo y frecuentemente se producen asaltos y hasta robos de carros.
Pero en fin, en esta Costa Rica de las contradicciones, el espectáculo bien vale la pena y los riesgos, pues ni modo, hay que correrlos, consciente o inconscientemente. Sin embargo, lo que muchos no conocen es que las aguas de ese río están contaminadas gracias a toda la suciedad de la Meseta Central que convierten a esa altura al río en la mayor cloaca de Centroamérica, para vergüenza de nuestro país.
Poco importa que los cocodrilos subsistan a duras penas, o que más bien hayan logrado sobrevivir, pese a la contaminación de todo tipo, humana, industrial, agrícola, lo importante es que son en ellos mismos un espectáculo único y gratuito; recordemos además que cerca de allí existe un tico domador de esos animales que es famoso en el mundo y que además hay pequeñas empresas que llevan en bote a los turistas para ver de cerca quizás la extinción de esos pobres animales.
Mientras todo esto sucede y otras barbaridades contra la naturaleza como el deficiente proceso de tratamiento aplicado a todos los desechos de nuestro pueblo, la tala de árboles, la degradación de los terrenos deforestados por efecto de las lluvias, la extinción de especies vegetales y animales todos los días y el abuso de buena parte de nuestra población en estas materias, en especial por la falta de una buena educación de responsabilidad ambiental, pues bien mientras todo esto y más sucede, seguimos debilitando nuestra gallina de los huevos de oro, entendamos el turismo, con una fama en mucho hipócrita de nuestro país como potencia ecológica mundial.
Es en este contexto que me parece oportuno dar la bienvenida a la declaración de Paz con la Naturaleza que nuestro presidente acaba de anunciar con bombos y platillos, recogiendo algunos argumentos de un planteamiento anterior hecho por el ex presidente Pacheco, al que se le han incluido otras ideas y objetivos.; pero en suma es de felicitar y dar la bienvenida a este nuevo propósito gubernamental y personal de nuestro Premio Nobel que todos esperamos con entusiasmo pueda ser llevado con éxito a la esfera internacional, pero que presupone necesariamente que aquí en nuestro país, realmente si avancemos en la mejoría radical y extrema de nuestros pecados ecológicos en el presente inmediato; no vaya a ser que por contradictorios y hasta hipócritas, nos salga la jarana a la cara y este buen anuncio resulte un fiasco más en el camino de nuestra propia degradación ambiental y humana. Mucha coherencia en el decir y el hacer.
Periódico La Prensa Libre 19 de julio de 2007

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