Columna Ojo Crítico
Rodolfo Cerdas
Hay varios temas que quisiera comentar. El primero es el desafortunado intento de la Unión de Cámaras de silenciar al rector del TEC en su oposición al TLC, que deja atrás el papel propositivo y de debate de fondo que la entidad tenía con la dirección de su anterior presidente, don Samuel Yankelewitz ,y que no debería perderse. En general, sus propuestas eran aportes reales y sus argumentos, alternativas viables para una mejor orientación de los asuntos públicos, cosa muy distinta de este erróneo intento de acallar al adversario, que, además de mostrar debilidad, evidencia una manera equivocada de afrontar la disidencia y de usar el poder económico.
Es interesante ver cómo, en realidad, no hay ninguna discusión en torno al TLC, sino un diálogo de sordos en que nadie escucha a nadie. Predomina como una desesperación y un uso constante del miedo y la descalificación, lo cual solo sirve para darles vara alta a los más extremistas. Se ahonda, así, por intereses de corto plazo, el foso entre sectores sociales, ya muy profundo, dada la diferencia de ingresos y estilos de vida. En ese foso caben las dos Costa Ricas contra las que nos advirtió la Iglesia Católica.
Otro tema clave es el de la autonomía universitaria, consagrada por la Constitución y base esencial de una educación democrática, que no debemos permitir que se hunda en el abismo de la intolerancia. El régimen jurídico de las universidades se lo dan ellas mismas y sus autoridades están facultadas para adoptar posiciones oficiales sobre determinados temas. Sobre el TLC hubo una consulta formal de la Asamblea, que fue respondida oportunamente. Adoptada una posición oficial, esa y no otra es la de la institución y sus autoridades están obligadas a defenderla. Esto no implica en absoluto que los criterios opuestos estén prohibidos o excluidos; tienen igual derecho de manifestación y eso hay que garantizarlo. Pero la oficial es una y solo la puede tomar el respectivo Consejo Universitario. Para eso fue elegido y para eso decide lo que considera mejor.
Por último está el tema de la hipocresía. Repugna ver los dobles discursos, cómo para algunos lo que es bueno para el ganso no lo es para la gansa; cómo unos se sienten autorizados para todo y niegan el menor derecho a los demás para cualquier cosa. Ya es hora de discutir el tema en serio y a fondo. La democracia también es educación y cultura política.
Para eso hay que dejar de rasgarse las vestiduras y volver a la tierra: si el rector del TEC es el jefe del movimiento por el “no”, el señor presidente de la República es el jefe del movimiento por el “sí”. Todo lo demás son cuentos…ticos.
periódico La Nación 22 de julio de 2007

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